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viernes, 2 de diciembre de 2016

El mito de que el Patrón Oro causó la Gran Depresión

 
Si en algo coinciden monetaristas, keynesianos y demás variantes de buena parte del mainstream (corriente principal) económico es en culpabilizar al Patrón Oro de la Gran Depresión de los 30s. Ya sea porque supuestamente el Patrón Oro tenía "defectos inherentes" restringiendo la política monetaria gubernamental que lo hicieron fallar y colapsar el sistema financiero (keynesianos) o debido a que, por razones políticas o sociales, no se aplicaron las "reglas de juego" del Patrón Oro al esterilizar los flujos de oro, lo que lanzó la economía al precipicio (monetaristas).
 
Como correctamente señala Salerno (2010: 580), el caso en contra del Patrón Oro, como culpable de causar la Gran Depresión, agravarla, propagarla internacionalmente y retrasar la recuperación; es de principio a fin un caso de error de identificación.
 
Lo que fracasó en los años 20s y 30s ni era el Patrón Oro Clásico y ni siquiera era un Patrón Oro verdadero. El Patrón Oro Clásico ya había sido destruido por las políticas del gobierno luego de 1914 y jamás volvió, nunca.
 
El sistema monetario que causó los problemas fue un pseudo Patrón Oro inflacionario y manipulado por los gobiernos y los bancos centrales: el Patrón de Cambio Oro.
 
Tanto el banco central manipulando el Patrón de Cambio Oro (inflando el crédito en los 20s, causando el auge artificial e intentando inflar durante la crisis) como las políticas intervencionistas del gobierno (sobre precios y salarios) fueron los causantes de la mayor catástrofe económica del siglo XX en Estados Unidos y el resto del mundo.
 
No fue el oro, fue el Estado.









Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

miércoles, 22 de junio de 2016

La “paradoja del ahorro”: el mito keynesiano que jamás morirá


La "paradoja del ahorro" se ha hecho conocida particularmente gracias a John M. Keynes, aunque no es una creación original de él. Después de todo, Keynes se dedicó en gran parte a revivir viejas falacias inflacionistas ya refutadas. El mito es repetido ad nauseam por el keynesianiso más extremo y, a veces, por el que no lo es tanto.

Básicamente lo que dice la paradoja del ahorro es que suponiendo que el ahorro es beneficioso a nivel individual, ello no implica para nada que lo sea a nivel general. Los defensores de que el progreso de la sociedad es gracias al ahorro, dicen los keynesianos, cometen una falacia de la composición: que el ahorro sea benéfico a nivel particular no significa que sea bueno socialmente.

Recuerden el aforismo keynesiano: mi gasto es tu ingreso y mi ingreso es tu gasto. Por ende, es cierto que un individuo puede aumentar su riqueza incrementando su ahorro, pero solo a expensas de otra gente. Más ahorro, por definición, significa menos gasto en consumo. Menos gasto en consumo es menos ingreso para las empresas de consumo.

Imaginen ahora si todos ahorran simultáneamente, es decir, si todo el mundo disminuye su gasto en consumo al mismo tiempo. El ingreso de todas las empresas de consumo caería sincrónicamente provocándoles pérdidas. Un círculo vicioso se pone en marcha: por la caída de ingresos, la inversión cae. Por tanto, disminuyen los ingresos de los factores de producción (salarios y rentas). Al bajar los ingresos de los factores, el gasto en consumo se retrae todavía más y la economía se hunde en una espiral deflacionaria prácticamente interminable. Como los ingresos han caído, para ahorrar lo mismo que antes (cuando se disponía de un nivel de ingreso mayor), se deberá dedicar una fracción mayor de ingreso al ahorro. Desmoronando más el consumo y, ulteriormente, más el ingreso y así sucesivamente.

He ahí la paradoja: si todos tratan de aumentar su ahorro al mismo tiempo, producirán efectos que hacen que todos terminen ahorrando menos simultáneamente. El intento de aumentar el ahorro total termina disminuyendo el ahorro total. La falacia de la composición no puede ser más evidente: es completamente erróneo generalizar los benéficos efectos individuales del ahorro a la sociedad en su conjunto.

Demoledora refutación, ¿No? Pues… no.

Como correctamente señala Hülsmann (2012), es cierto que una reducción de gasto en consumo hará que se reduzca la inversión en empresas de bienes de consumo. Pero es falso que se pueda generalizar ese hecho.

Si una empresa se enfrenta a una reducción de ingresos, solo podrá permanecer en el mercado si disminuye sus costos, es decir, si baja su gasto en factores de producción renegociando los contratos con los dueños de los factores. Dado que solo una firma confronta una caída de ingresos, por ejemplo, debido a que cambió la demanda de los consumidores; le será muy difícil renegociar porque los factores de producción tienen otras alternativas. Se pueden ir a servir a otra compañía, posiblemente (aunque no únicamente) a la que experimenta una expansión de demanda dado el cambio que produjo la caída en ingresos de la primera empresa, en lugar de quedarse y que les bajen enormemente la paga. La oferta adicional de factores en busca de empleo hará que sus nuevos empleadores tiendan a pagarles menos de lo que ganaban antes en la industria que tuvo problemas, pero esos ingresos no son lo bajos que serían si seguían trabajando con sus antiguos empleadores que pasan dificultades. La firma que sufrió la caída de ingresos por el cambio de demanda se queda, de esta forma, con pérdidas y fuera del negocio (Hülsmann, 2012).

Como resultado, la economía en agregado progresa como antes, e incluso más que antes (Hülsmann, 2012). Primero porque la reducción parcial del precio de factores hace que ciertos proyectos, antes inviables por el previo precio más elevado, ahora sean rentables. Y segundo porque el cambio en la demanda implica que las empresas, cuyos bienes no son ya demandados y daban pérdidas, estaban destruyendo riqueza y mal asignando recursos si seguían produciendo. Su salida del mercado significa dejar de destruir valor. No hay un aparente juego de suma cero en el cual uno se beneficia a costa de otro como dan a entender los keynesianos, sino que la sociedad en su conjunto continúa progresando y se beneficia.

Pero las cosas cambian cuando todas las empresas experimentan una caída de ingresos monetarios, por ejemplo, a causa de que aumenta la demanda de dinero. Que caigan los ingresos de todas las firmas no implica para nada que todas tendrán pérdidas. ¿Por qué? Porque todas las compañías están involucradas en esto y, por ende, todas las empresas tendrán que reducir su gasto en factores de producción. Los dueños de los factores, a diferencia del escenario de la industria individual, ahora no tienen alternativas cuando su compañía quiera renegociar una baja considerable y tenderán a aceptar porque en todos los otros lados están en una situación similar (Hülsmann, 2012). Por tanto, no va a ocurrir que todas las empresas tengan pérdidas. Márgenes de beneficios pueden ser mantenidos y no sucede ninguna espiral deflacionaria sin fin.

¿Notan el error? La paradoja del ahorro se basa en generalizar indebidamente el caso de una empresa individual a toda la economía. Es decir, el usual argumento keynesiano contra la frugalidad se sustenta en una falacia de la composición. Los keynesianos llevan décadas acusando a otros del error que ellos cometen.

En conclusión, el núcleo de la paradoja se apoya en la falacia que los keynesianos proyectan sobre el análisis contrario. El ahorro voluntario es y seguirá siendo beneficioso tanto a nivel individual como colectivamente. En el único lugar donde ello no es así es en el mundo de fantasía de los keynesianos.   




Hülsmann, 
Jörg G. (2012) "The Meaning of Macroeconomics". Romanian Economic and Business Review. Vol. 7, No. 3, 40-54.

sábado, 10 de octubre de 2015

Liberalismo VS keynesianismo en Estados Unidos


En este post vamos a ver las tasas compuestas de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) de Estados Unidos para los periodos de oro del liberalismo y del keynesianismo.

Siempre debemos recordar que no había contabilidad nacional en el siglo XIX. Las cuentas nacionales son una creación del siglo XX. Por lo tanto, lo único que podemos hacer son estimaciones de esa época. Las más modernas son las de Balke y Gordon (1988), Romer (1989) y las de Williamson y Johnston (Measuring Worth).

Debido a que estamos hablando de estimaciones, suele ocurrir que, en general, mientras más atrás en el tiempo vamos, más difícil y menos seguros son los resultados al realizarlas. Probablemente las más sólidas y revisadas comienzan en 1869. 

El periodo de 1869-1913 en Estados Unidos (y el mundo) suele ser llamado la "Era de oro del liberalismo". Durante esos años se impuso el Patrón Oro a nivel internacional, en Estados Unidos y varios países aún no había Banco Central, el comercio y los precios eran relativamente libres y el Estado era pequeño (en general, 10 % del PBI). Esa era termina claramente con el inicio de la Primera Guerra Mundial y el abandono del Patrón Oro. 

Mientras que el lapso de 1951-1973 suele ser llamado en Estados Unidos y el mundo la "Era de oro del keynesianismo" por los propios keynesianos (Skidelsky, 2009: 24, 115). En la cual los gobiernos intervinieron sin precedentes, fiscal y monetariamente, para “manejar” la economía (conseguir "pleno empleo" y crecimiento alto).

El siguiente gráfico muestra los resultados de las respectivas tasas de crecimiento:

Tasas compuestas de crecimiento anual del PBI en Estados Unidos
para los periodos de oro del keynesianismo y del liberalismo
Para el periodo de oro del keynesianismo, 1951-1973, el PBI real (en miles de millones de dólares encadenados de 2009 y haciendo un promedio de los 12 meses de cada año para el valor anual sin estacionalidad) de Estados Unidos según el U. S. Bureau of Economic Análisis (BEA), tiene una tasa anual compuesta de crecimiento de 3,86 %. Y si hacemos un promedio de las tasas de crecimiento anuales en esos 22 años nos da 3,88 %, no muy diferente.

Mientras que para el periodo de oro del liberalismo, 1870-1913, la tasa de crecimiento compuesta anual del Producto Bruto Nacional (PBN)* real en Estados Unidos, según las estimaciones modernas, es 3,90 % según Balke y Gordon, 4,07 % de acuerdo con Romer y 3,97 % según Williamson y Johnston. Y el promedio de tasas anuales de cada uno de los 43 años es 4,06 % de Balke y Gordon, 4,05 % de Romer y 4,06 % de Williamson y Johnston.

Claramente, aunque la diferencia es pequeña, la era de oro del liberalismo (1870-1913) supera en tasa de crecimiento anual promedio del PBI a la keynesiana (1951-1973) en cualquiera de las estimaciones modernas y revisadas. Se puede conseguir "alto crecimiento" sin el manejo deliberado del Estado.

Siempre hay que tener en cuenta algo muy importante: estamos comparando 22 años (1951-1973) contra casi el doble, 43 años (1870-1913). Por lo tanto, nadie razonable puede quedarse únicamente con la tasa promedio de crecimiento sin ver la cantidad de tiempo que duraron. Aun cuando las tasas de crecimiento entre la Era de oro del liberalismo y del keynesianismo son muy similares, la economía americana creció mucho más tiempo, a la misma tasa promedio, en el primer caso que en el segundo. Ello, por lo tanto, la hace superior. No es lo mismo crecer 22 años al 4 % anual promedio, que hacerlo durante 43 años.

Además, el crecimiento de la era keynesiana fue artificial e insostenible. Descontando crecimiento alto por posibles efectos "catch up" de posguerra, su fin llegó por su propia política inflacionaria y expansiva. Algo que hasta los propios keynesianos dicen. Skidelsky (2009: 128), aunque lo intenta minimizar como algo "limitado" y no esencial, lo admite: "[K]eynesian policy as practised in the 1960s brought the golden age into crisis….". De hecho, el fin no llegó abruptamente con el "shock petrolero" de 1973. Sino que la erosión y el fin de la "Era de oro del keynesianismo" comienzan, como mínimo, en 1968 y por sus propias tensiones internas (Glyn et al., 1988).





* Aun cuando hay diferencias entre PBN y PBI, se comportan casi idénticamente entre 1951 y 1973 y en absoluto cambia la tasa de crecimiento si la tomamos del PBN. Por lo que comparar tasas de crecimiento del PBN del siglo XIX y el PBI del XX no es problemático.





Balke, Nathan S. y Gordon, Robert J. (1988) "The Estimation of Prewar GNP: Methodology and New Evidence". NBER Working Paper No. 2674. Y también Journal of Political Economy. Vol. 97, No. 1, 38-92. 1989.

Glyn, Andrew; Hughes, Alan; Lipietz, Alain y Singh, Ajit (1988), "The Rise and Fall of the Golden Age". Cambridge Working Papers in Economics. World Institute for Development Economics Research.

Louis Johnston and Samuel H. Williamson, , "The Annual Real and Nominal GDP for the United States, 1790 - 2014" MeasuringWorth.

Romer, Christina D. (1989) "The Prewar Business Cycle Reconsidered: New Estimates of Gross National Product, 1869-1908". Journal of Political Economy. Vol. 97, No. 1, 1-37.

Skidelsky, Robert J. (2009) Keynes: The Return of the Master. New York: PublicAffairs. 2010.

miércoles, 15 de julio de 2015

Keynesianos confirmando a Rothbard


Observen el siguiente párrafo, traducido por mí, de Rothbard (1963: 304-05): 
Así, la administración de Hoover persiguió una gigantesca política inflacionaria desde marzo hasta julio de 1932, aumentando las reservas controladas en $1.000 millones por medio de la compra de títulos públicos por parte de la FED. Si todos los demás factores se hubieran mantenido constantes, y los bancos hubieran prestado todo, la oferta monetaria habría crecido abrupta y salvajemente en alrededor de $10 mil millones en ese periodo. En lugar de eso, y afortunadamente, la política inflacionaria fue revertida y derrotada. ¿Qué la derrotó? Los extranjeros que perdieron confianza en el dólar, en parte como resultado del programa, y sacaron el oro fuera. Los ciudadanos americanos que perdieron la confianza en los bancos y cambiaban sus depósitos a notas de la Reserva Federal. Y finalmente los banqueros, que se resistían a seguir poniéndose en peligro, usando los recientemente aumentados recursos ya sea para pagar sus deudas con la Reserva Federal o permitiendo que se acumularan en sus bóvedas. De este modo, afortunadamente, la inflación provocada por el gobierno fue transformada en deflación gracias a las decisiones del público y de los bancos. La oferta monetaria cayó unos $3.5 mil millones. Como veremos más abajo, la economía americana alcanzó el punto más bajo de la depresión durante 1932 y 1933, y aun así ya había empezado un movimiento ascendente a mitad de 1932. No es descabellado pensar que la considerable deflación de julio de 1931-julio de 1932, totalizando $7.5 mil millones de efectivo y depósitos o 14 %, fue en parte responsable del repunte de mediados del verano.
El programa inflacionario al que se refiere el autor austriaco ya lo vimos. Ahora bien, si uno mira las fechas convencionales del NBER va a notar que la Gran Depresión fue una recesión que duró desde el pico de agosto de 1929 hasta marzo de 1933. Un total de 43 meses de contracción de la actividad (tomando desde luego del pico). Obviamente, las fechas del NBER indicarían que Rothbard se equivocaba. A mitad (y durante todo el resto) del año 1932, la económica americana todavía estaba en recesión y no había comenzado a ascender.

Sin embargo, debe siempre tomarse en cuenta que las fechas del NBER no son absolutamente seguras. Han sido, y continúan siendo, criticadas y revisadas por los economistas. Por ejemplo, la nuevo keynesiana Christina Romer hace unos años realizó un mucho mejor fechado no solo para parte del siglo XIX, sino también para el lapso entre guerras (1918-1939). Veamos el periodo 1929-1933 según el NBER y según las cifras mejoradas de Romer:

Gran Depresión: la recesión de 1929-1933 según el NBER y Romer

El "pico" es el punto máximo del ciclo e indica que, a partir de ahí, comienza una contracción de la actividad. Mientras que el "valle" es el fondo del ciclo y suele implicar que, desde allí, empieza la expansión.

Como se puede notar, según Romer, la recesión de la Gran Depresión terminó en julio de 1932 y comenzó la expansión. Justo donde Rothbard aclaraba en 1963 que hubo un repunte.

domingo, 1 de marzo de 2015

La Gran Depresión en USA, 1932: El colapso del primer New Deal

Hoover y Roosevelt. Fuente

"En todas partes, vemos la burocracia crecer en tamaño. Como resultado, los impuestos están subiendo en todos lados. En un momento cuando la necesidad de reducir los costos de producción es universalmente discutida, nuevos impuestos se están imponiendo sobre la producción. Por lo tanto, la crisis económica es, al mismo tiempo, una crisis en las finanzas públicas."

Ludwig von Mises (1931)



El New Deal fue un conjunto amplio de medidas gubernamentales para intervenir y planificar la economía. Por ejemplo, impulsar al alza salarios y precios, expansión del crédito, salvar empresas débiles, aumentar el gasto público, etc. (Rothbard, 1963: 186) En palabras simples, un mecanismo para estropear los mercados y prevenir el mecanismo de precios en favor de los intereses de clases especiales (Anderson, 1949: 115). Así fue denominado el programa de Franklin Roosevelt. Sin embargo, no fue una creación del gobierno del presidente demócrata. A pesar de que Anderson (1949: 115) dice que empieza en 1924 como un programa deliberado y consciente debido a la manipulación monetaria, lo cierto es que el New Deal comenzó con toda su fuerza en el gobierno previo de Herbert Hoover (Anderson, 1949: 219-26; Rothbard, 1963: 185-87, 209-10, 217-37, 285-320; Ohanian, 2009; Horwitz, 2011).

El año 1932 es particularmente importante. Debido a la profundización de la depresión en 1930 y 1931 y a que no se veía la más mínima señal de recuperación posible, el intervencionismo de Hoover se vuelve más drástico (Rothbard, 1963: 285-320). Dado su carácter intervencionista, las medidas de 1932 son el verdadero comienzo del New Deal en su máxima expresión.

Más intervención estatal

1) Por si todas las anteriores intervenciones estatales en la fijación de salarios fueran insuficientes, Hoover firma la Norris-La Guardia Act en marzo de 1932. Continuando, de esta manera, su política de cartelización previa. Hoover no se daba por vencido para seguir interviniendo la economía. Básicamente prohibía a las cortes realizar acciones contra los piquetes, huelgas o boicots y además también prohibía los contratos de "perro amarillo" así como exoneraba a los sindicatos de que se les apliquen leyes antitrust (Reynolds, 1982). Dándoles una inédita capacidad y ámbito de realizar sus actos violentos y agresivos. De hecho, luego de la Wagner Act, es la mayor legislación favorable para sindicatos de la historia de Estados Unidos. Ambas legislaciones pasadas para "combatir" una inexistente "falla de mercado" (Reynolds, 1982).

2) La intervención del mercado laboral continuó con la legalización por parte del Congreso de la prohibición ejecutiva de la inmigración y la restricción artificial de la oferta de trabajo que implica. La inmigración cae a mínimos históricos.

Homeland Security
3) Empeñado en evitar la liquidación a toda costa, Hoover impulsa, en enero de 1932, la creación de la Reconstruction Finance Corporation. A esta altura los keynesianos que lo suelen llamar "liquidacionista" demuestran que nunca revisaron la historia. Fue creada para otorgar préstamos y financiamiento con dinero de los contribuyentes a organizaciones que estaban a punto de quebrar. La mayor parte fue prestada a bancos y ferrocarriles (Rothbard, 1963: 296-300). Una vez más, se evitaba la liquidación de malas empresas que tenían pérdidas para usar sus recursos en cosas verdaderamente valoradas por la gente y salir de la depresión. De hecho, desde enero de 1932 hasta febrero de 1933, el organismo otorgó préstamos colateralizados de corto plazo a bancos en problemas. Está demostrado (Calomiris; Mason; Weidenmier y Bobroff, 2012) que los préstamos de la Reconstruction Finance Corporation no solo no evitaron las quiebras de los bancos, sino que hizo que sea más probable que quebraran. Luego, desde marzo de 1933, cambió su política a comprar acciones preferentes (preferred stock). Ello aumentó la probabilidad de supervivencia de los bancos a costa de que los contribuyentes soportaran el riesgo de sus quiebras.

4) En julio de 1932, Hoover pasa una ley para crear la Federal Home Land Banks. Era un sistema de 12 bancos que proveían financiación estable y de bajo costo (subsidiada) para que extendieran préstamos hipotecarios más accesibles a los americanos. En realidad, simplemente proveía ayuda al sector de la construcción. Interrumpiendo, aún más, el proceso de liquidación y purga de malas inversiones que la economía necesitaba.

5) Hoover crea, en 1932, la primer legislación federal para dar ayuda social a los desempleados, la Temporary Emergency Relief Administration. Eran préstamos directos a los gobiernos de los estados para gasto en ayuda social. Este fue uno de los programas claves de Roosevelt luego, al punto de que solo le cambió el nombre. Una vez más, se ve que el verdadero padre del New Deal fue Herbert Hoover. 

Ya en 1932 los empresarios, al ver que el país se seguía hundiendo y dado que la presión sobre los beneficios se hizo insoportable, deciden desacatar el plan de Hoover de mantener los salarios. Es por ello que recién en 1932 bajan considerablemente (Rothbard, 1963: 331-33; Vedder y Gallaway, 1987). Pero la baja de salarios se toparía con un obstáculo que, combinado con la caída brutal de productividad y toda la legislación favorable a los sindicatos, haría que la baja no fuera suficiente: la contracción monetaria.

La FED: Ni pasiva ni deliberadamente contractiva

La FED consistentemente intentó reinflar el crédito durante el periodo 1929-33. De hecho, lo hizo de manera desesperada desde la primera etapa de la Gran Depresión. La Reserva Federal trató desesperadamente de reinflar el crédito incrementando todo lo que estaba bajo su control (Salerno, 1999; Herbener, 2014; Rothbard, 1963: 214-16, 239-41, 260-63; 2002: 274-78). 

Esto no es una idea únicamente austriaca. En la actualidad, incluso un monetarista respetado como Allan Meltzer, en el que se conoce como el mejor libro sobre la historia de la Reserva Federal, reconoce que: "[L]a Reserva Federal no fue enteramente pasiva en los tres años y medio del declive. Más de una vez compró títulos o bajó la tasa de descuento." (Meltzer, 2003: 273). Incluso pone en duda la tesis de Friedman de que si Benjamin Strong, el presidente de la FED desde que se puso en marcha en 1914, no hubiera muerto en 1928; el banco central hubiera tenido una política más consistentemente expansiva (inflacionaria): "[L]os oficiales de la Reserva Federal se comportaron consistentemente en los declives de 1923-24, 1926-27 y 1929-33." (Meltzer, 2003: 274).

Rothbard (1963) y Friedman y Schwartz (1963)
Como se observa en el gráfico, tomando los valores de diciembre de cada año (con diciembre de 1929 igual a 100), tanto la oferta monetaria de Rothbard (1963: 240, 302, 325; Salerno, 1999) como el M1 y M2 de Friedman y Schwartz (1963: 712-14) se contraen desde 1930 hasta 1933. Nadie niega que ocurrió una contracción monetaria importante en 1930-1933, aunque la oferta monetaria austriaca cae mucho menos que la monetarista. Pero no es cierto que la misma fue causada deliberadamente por o debido a la inacción de la Reserva Federal. La deflación o contracción de la oferta monetaria se debió a hechos totalmente fuera del control del órgano monetario.

La FED fue derrotada. El banco central, aun siendo una institución legalmente privilegiada y distorsionadora, no es omnipotente. Puede ser superado si la gente pierde la confianza en el sistema bancario. La autoridad monetaria actuó consistentemente inflando el crédito y aumentando las reservas de los bancos. A partir del segundo trimestre de 1932 surgió el fenómeno de las reservas excedentes (reservas por encima del mínimo legal), como se ve en el gráfico basado en Board of Governors (1943: 396). 
Así es como surgió la primera Flexibilización Cuantitativa (Quantitative Easing).

Board of Governors (1943: 396)
La contracción de la oferta monetaria se debió a factores fuera del control de la FED: 1) La pérdida de confianza de los inversores internos (cambiando sus depósitos a dólares papel) y externos (reclamando su oro) en el pseudo-patrón oro (que no era el Patrón oro Clásico) manejado por el banco central. Lo que supuso un incremento del efectivo en manos de la gente y una caída de reservas de oro de la FED, provocando la declinación de las reservas de los bancos. 2) Los bancos comerciales, actuando prudentemente, trataban de salvarse a ellos mismos y sus depositantes restringiendo préstamos a empresas en ruina y usando esos fondos para repagar las deudas con la FED. Dando otro impulso a la disminución de reservas bancarias. 3) El ya mencionado incremento de las reservas excedentes a partir del segundo trimestre de 1932 (Salerno, 1999; Rothbard, 1963: 304-05).

La deflación monetaria de 1930-33 no fue causada por la Reserva Federal, quien intentó todo cuanto pudo para combatirla. Sino que se debió a los agentes privados internos y externos tenedores de dólares y oro que intentaban reclamar sus justos derechos de propiedad contra un sistema financiero con un banco central que había estafado su confianza con sus manipulaciones inflacionarias del pseudo-patrón oro vigente (Salerno, 1999). No hay nada de malo ni ninguna "falla" de mercado en ese comportamiento. Las corridas bancarias son una forma de deflación crediticia bancaria (bank credit deflation) y ayuda a acelerar el proceso para deshacer las distorsiones de la inflación previa (Salerno, 2003). La deflación de la oferta monetaria bancaria es benigna y purgatoria como cualquier otro proceso de mercado. Los bancos deben caer así como también cae cualquier empresa de otro sector que realice malas maniobras y pierda la confianza de sus consumidores (Salerno, 2003). Lo que provocó y profundizó la depresión no fue la contracción monetaria en sí, sino mantener los precios más altos de lo que hubieran sido sin intervención estatal. Ya sea por la vía gubernamental de mantener salarios y precios o inyectando dinero. De hecho, Rothbard (1963: 304-05) cree que la considerable deflación de julio de 1931 hasta julio de 1932 fue responsable del repunte de actividad de mitad de 1932.

La gran subida de impuestos

Fiscalmente, Hoover tampoco fue completamente contractivo. Como señalan los de The American Presidency Project, antes de 1977 el año fiscal empezaba el 1 de julio y terminaba el 30 de junio. Hay que recordar que Calvin Coolidge fue presidente hasta marzo de 1929. Hoover asumió ese mes del mismo año. Para ese momento, el presupuesto del año fiscal 1930 fue preparado por Coolidge.

Casa Blanca y FRED II
Casa Blanca
Casa Blanca
En primer lugar es importante observar el gasto público real. Es verdad que en el año fiscal de 1933 hubo una baja nominal mínima. Pero debido a la mucho mayor deflación de precios, el efecto real sobre la economía nunca decreció. Tanto el gasto público como el déficit fiscal en porcentaje del PBI muestran una tendencia creciente todo el periodo de la Gran Depresión. De hecho, ambos porcentajes son mucho más grandes que los de Roosevelt en tiempos de paz (antes de prepararse para la Segunda Guerra Mundial en 1941).

Rothbard (1963: 347)
El peso fiscal del gobierno sobre la economía es lo que depreda, del producto nacional del sector privado (calculado como el Producto Bruto Privado o PBP), el sector público total con su gasto. El cociente de la depredación fiscal (gasto público) sobre el producto privado, da el peso fiscal del gobierno sobre la economía (Rothbard, 1963: 253-54, 339-48). El mismo crece todo el periodo de la Gran Depresión (Rothbard, 1963: 253-56, 263-64, 289, 347) desde el 14,3 % del PBP en 1929 hasta el 24,8 % en 1932. El Estado jamás redujo su tamaño real en toda la crisis. Muy al contrario, aumentó sin cesar su depredación del sector privado profundizando la depresión.

Por supuesto, la única excusa de los keynesianos ante esto es que "los déficits y gasto público de Hoover, así como los de Roosevelt, no fueron suficientemente grandes" y por eso no funcionaron. Sin embargo, eso es falso. Gene Smiley (1987) demuestra que una política fiscal más expansiva no hubiera acelerado la recuperación debido a que 1) el análisis keynesiano no toma en cuenta efectos expulsión y 2) incrementos en el gasto neto vía gasto público no alteran los precios relativos de manera que promuevan coordinación a mayores niveles de producción y empleo sostenibles.

Como consecuencia de sus propios déficits fiscales, aparece finalmente el último clavo en el ataúd para terminar de hundir la economía. En 1932, el Presidente Hoover subió los impuestos de manera descomunal. No se salvó nadie, ni los ricos ni los pobres. Todos sufrieron la brutal rapiña del Estado. Comparen solo las tasas marginales de impuestos de 1931 contra las de 1932:

Tax Foundation
Tax Foundation
Los pobres, los que ganaban entre $0 y $4.000, pasaron de pagar 1,5 % en 1931 a que les quiten 4 % en 1932. Un aumento de 167 % en solo un año. Pero es peor aún. Los tramos de escala se redujeron. Los que ganaban entre $4.000 y $8.000 antes de 1932 pagaban 3 %. En 1932 los que tenían ingresos entre $4.000 y $6.000 pagaban ahora 8 %. Entre $8.000 y $10.000 tenían tasa de 5 % en 1931. Para 1932, entre $6.000 y $10.000 pagaban 9 %. Y por si todo lo anterior fuera poco, se amplió el alcance de los impuestos. En 1931, si se ganaba por encima de $100.000, se pagaba 25 % cualquiera sea la suma. A partir de 1932 el máximo se corrió, subiendo la tasa progresivamente hasta el millón. Si se ganaba más de $1.000.000, se pagaba un enorme 63 %. El impuesto máximo subió de 25 % a 63 %, un 152 %. Para los que ganaban un poco más de $100.000 (hasta $150.000) y que en 1931 pagaban 25 %, la carga les subió hasta 56 %. Un aumento de 124 %. Todo esto de un año para el otro.

Y esas son solo las tasas marginales, muchos más impuestos se incrementaron. Incluso se revivieron "impuestos de guerra" de la Primera Guerra Mundial. Se pusieron impuestos de venta a la gasolina, neumáticos, autos, energía eléctrica, artículos de tocador, pieles, joyas, etc. Se aumentaron los de transferencias de acciones, se crearon nuevos impuestos a los cheques, transferencias de bonos, teléfono, telégrafo, mensajes de radio, etc. Incremento las tasas de ingresos corporativos y la exención a los pequeños negocios fue eliminada y mucho más (Rothbard, 1963: 286-88). 

Todo el intervencionismo anterior terminó en el año de mayor colapso de la Gran Depresión. Su propio desastre le costó la presidencia a Hoover. Las elecciones de 1932 fueron una catástrofe. Hoover perdió su re-elección "por goleada" un 57 % a 39 % y en prácticamente todos los estados. Mientras que Roosevelt obtuvo la mayor victoria de la historia para un candidato que se presentaba por primera vez con 472 votos electorales.




Anderson, Benjamin M. (1949) Economics and the Public Welfare. Financial and Economic History of the United States. New Jersey: Van Nostrand.

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Friedman, Milton y Schwartz, Anna J. (1963) A Monetary History of the United States, 1867-1960. Princeton, NJ: Princeton University Press. 1993.


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martes, 6 de enero de 2015

¿Necesitamos banco central? El Patrón Oro VS la FED


Suele pensarse que los bancos centrales estatales se crean para poder controlar y regular que las actividades del mercado no sean tan volátiles. Para evitar que caigamos en las especulativas manos de gente sin escrúpulos que maneja las finanzas pensando en su provecho personal y no le importa hundir la economía, etc. Se necesita un prestamista de última instancia que evite las crisis y los pánicos financieros o bancarios. Esas eran las excusas detrás de la creación del banco central de Estados Unidos (FED) luego de la crisis de 1907. La (nueva) keynesiana Christina Romer tiene un paper donde exhibe una medida para saber qué tan cierto es esto (página 32, la tabla 5). Son muy recomendables este y este post al respecto.

El siguiente gráfico muestra la suma del porcentaje (puntos porcentuales) de caída o pérdida de producción industrial en cada mes desde su pico hasta que el mismo se alcanza de nuevo desde 1886 hasta 1997. Es decir, muestra cuanto cae la industria hasta que se recupera de nuevo como antes. Mientras mayor sea, más cayó la industria y más grande fue la crisis. El paper de Romer es de 1999. Por lo tanto no toma en cuenta ni la crisis "punto com" del año 2000 ni la última crisis financiera. De acuerdo con el (nuevo) keynesiano Paul Krugman, esta última equivale a 455 puntos porcentuales (aunque él mismo admite que se queda corto). Así que en términos puramente keynesianos veamos cómo fue la era de Patrón Oro Clásico vs la FED.


La brutal caída de la Gran Depresión se sale de la escala y evita que veamos más de cerca las otras crisis.


El peor episodio del Patrón Oro es el pánico de 1907. ¿Fue acaso producido por el sistema monetario metálico o por el libre mercado? Claro que no. La regulación estatal y la inflación provocada por el secretario del tesoro Leslie Shaw dos años antes, causaron ese declive y los anteriores. Es evidente que el Patrón Oro no era a prueba de crisis. Pero se suponía que el banco central se creaba para impedirlas o al menos aminorarlas. Para tener un prestamista de última instancia. 

Noten que luego de creado el banco central ocurrieron, entre otras cosas: 1) la recesión de 1920-21. 2) el mayor cataclismo sin precedentes de la Gran Depresión. 3) la gran inflación con recesión de los 70s. 4) la crisis financiera actual. Con algunas magnitudes que superan por mucho a lo ocurrido en 1907.

Ahora veamos el promedio de esos porcentajes del Patrón Oro Clásico contra el promedio de la FED.


La FED (356,4) pierde ampliamente frente al Patrón Oro (158,1). Incluso si tomamos el promedio del periodo con banco central y hacemos de cuenta que la Gran Depresión nunca existió (193,8), la pérdida de producción promedio de la industria es bastante peor. Y recuerden que tampoco estamos tomando en cuenta la crisis del año 2000, así que probablemente ese promedio con la FED sería un poco más alto.

Es claro que, en términos de producción perdida, la creación del banco central en Estados Unidos no aminoró ni la cantidad ni la magnitud de las crisis en comparación con el Patrón Oro Clásico, sino exactamente lo contrario.

sábado, 3 de enero de 2015

La recesión de 1920-21 y la FED


Como ya vimos antes, entre 1920 y 1922 hubo una recesión en Estados Unidos que en muchos aspectos fue igual o peor que la Gran Depresión. Se salió de ella en pocos meses aun cuando se bajó brutalmente el gasto público, se pagó la deuda pública, se empezó a bajar los impuestos, se dejaron caer como nunca los salarios y los precios, no se devaluó, ni se aplicó lo que los keynesianos recomendarían para salir de una recesión.

Ante este panorama, a los seguidores de Keynes (y a los monetaristas) aún les quedaba la política monetaria en busca de ayuda para explicar esto. De acuerdo con ellos, y como explica acá George Selgin, la explicación es simple: la baja de las tasas de interés (de descuento) indican que la política monetaria expansiva de la FED permitió salir de una recesión provocada por su anterior decisión contractiva para combatir la inflación. Pero, ¿Fue la FED realmente expansiva como para permitir a la economía salir de la recesión? ¿O la economía ya había salido cuando se implementó? 


El término "política monetaria expansiva" significa que una autoridad monetaria manipula a discreción con diversas medidas (por eso es "política") la cantidad y disponibilidad de dinero en circulación (por eso es "monetaria") de manera de aumentarla o mantener una tasa de crecimiento positiva (por eso es "expansiva"). Mediante eso puede influir, entre otras cosas, la tasa de interés o la inflación. 


Por lo tanto, si es cierto que la política monetaria expansiva sacó a Estados Unidos de la recesión de 1920-21, debemos ver que la cantidad de dinero aumenta. Observar únicamente la tasa de interés como un indicador de que la política monetaria es expansiva (o contractiva) es caer en la falacia de la tasa de interés identificada por Friedman (y antes por Mises). Los movimientos de las tasas de interés, por si solos, no indican qué tipo de política monetaria se lleva a cabo.


Empecemos por este gráfico sacado de FRASER (página 369 del Banking and Monetary Statistics, 1914-1941). En él se ven los activos de la FED desde abril de 1919 hasta junio de 1923. Observen el decrecimiento masivo del "Total" de los activos que no son oro de la FED. También se vendieron títulos públicos prácticamente hasta enero de 1922. La recesión según el NBER duró 18 meses desde enero de 1920 hasta julio de 1921 (el área rosada del gráfico).

Lo importante es observar como la recesión empieza mientras el total crece inicialmente y termina cuando la contracción continúa. Es decir, la recesión terminó cuando la FED todavía seguía con una política contractiva vendiendo masivamente, entre otras cosas, letras descontadas. El total se contrajo hasta el mínimo en agosto de 1922, pero la recesión terminó en julio de 1921. Como señala Selgin, la expansión monetaria que ciertamente pudo haber ayudado a la recuperación fue debido al ingreso de oro. Lo cual no es gracias a la activista FED sino al mecanismo de precios (la caída enorme de los mismos).


Ahora veamos lo que ocurrió con la producción industrial. Observen que el índice cae cuando el total aún no empieza a contraerse de forma importante. Luego deja de disminuir y empieza a crecer nuevamente aun cuando el total de activos seguía disminuyendo. Es decir, la actividad se empieza a recuperar incluso cuando la oferta monetaria era contraída intencionalmente por la FED.


Con los datos de la base monetaria que da la FED pasa algo similar. La misma se contrae hasta febrero de 1922. Varios meses luego de terminada la recesión.


El índice industrial comienza a crecer incluso a medida que cae la base monetaria. De nuevo, no se observa una política monetaria expansiva para ayudar la recuperación.


Según Friedman y Schwartz (páginas 709-10, 801-03), el dinero de alta potencia sigue el mismo patrón. Continúa contrayéndose hasta enero de 1922 y la recesión ya había terminado.


La industria ya empieza su recuperación cuando el dinero de alta potencia sigue cayendo.


El M1 y M2 caen hasta el mínimo en enero de 1922. A pesar de que decrece poco, no se puede decir para nada que la política monetaria fuera expansiva y sacó a la economía de la recesión. La cantidad no se incrementa hasta luego de enero de 1922 cuando la caída de actividad ya había terminado meses atrás.


El índice industrial confirma que la economía ya se movía en la senda de crecimiento cuando la cantidad amplia de dinero M1 y M2 seguía bajando.


Si tomamos la variación anual de M1 y M2 las cosas empeoran para la tesis keynesiana y monetarista. Noten como la recesión ya está terminada y la oferta monetaria amplia se sigue contrayendo (¡M1 a tasa de dos dígitos!) con respecto al año anterior.


El comportamiento del índice industrial es aún más elocuente. Crece casi continuamente en el periodo con la oferta monetaria contrayéndose con respecto al año anterior. Por lo que, por enésima vez, es muy difícil decir que fue la política monetaria expansiva lo que sacó a la economía de la recesión.


Incluso tomando la variación anual de la industria se ve que comienza a crecer a tasas de más de 20 % antes de que el crecimiento anual monetario sea positivo. Como explica correctamente Jeffrey Herbener, en 1922 el dinero de alta potencia aumentó 6,4 % y el M2 un 11,6 %. La expansión de la oferta monetaria fue mucho mayor que el impulso de la FED. Lo cual implica que aumentó la confianza de los negocios, la inversión, los préstamos y la creación de depósitos; no que la FED fuera muy expansiva.

En conclusión no puede decirse que la economía salió de la crisis de 1920-21 únicamente debido a la política monetaria (manejo de la oferta de dinero) expansiva de la FED. La cantidad de dinero continuaba contrayéndose cuando la economía ya había salido de la recesión.