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martes, 26 de julio de 2016

Menem contra el siglo XIX: el mito del Estado mínimo de los 90s


Observen parte de este discurso de Carlos Menem de 1990 sobre “Reforma del Estado y Privatizaciones”, en especial los segundos 03:45-04:05:


El ex presidente es muy claro:
No caigo en la simplificación de muchos que proclaman la exterminación del Estado, su desaparición de nuestra vida comunitaria. No caigo en la torpeza de muchos que pretenden hacernos retroceder al Estado del siglo diecinueve, totalmente ausente frente a la injusticia y la opresión.
Por lo tanto, jamás estuvo en la agenda de Menem volver a un auténtico Estado mínimo, nunca. Ni en las ideas ni en los hechos de los 90s alguna vez estuvo cerca de ser liberal clásico. 

Cualquiera que diga que (1) Menem era liberal clásico, (2) aplicó medidas para un Estado mínimo o (3) era su objetivo volver a un tamaño del Estado como el del exitoso siglo XIX argentino, miente. Sin ignorar, claro, que ciertamente hubieron algunas privatizaciones y desregulaciones necesarias y exitosas. Mezclar menemismo en general con liberalismo clásico o con el siglo XIX es mostrar una ignorancia de las ideas y los hechos descomunal. Esa mezcla mentirosa solo se sostiene en la repetición absurda proveniente de ideologías vacías.

sábado, 4 de junio de 2016

Algunas estadísticas de bienestar durante el siglo XIX


Continuamos viendo cómo era la vida en el siglo XIX en el mundo con datos provistos por van Zanden et al. (2014). Ahora veremos unas cuantas estadísticas que dan una idea de cómo evolucionó el nivel de vida a escala mundial y en las dos regiones donde más se desarrolló el capitalismo entre 1820 y 1910.

PBI per cápita 

Cualquier investigación sobre bienestar de una época comienza observando el PBI per cápita. Usualmente se toma como un indicador para medir la performance de los países, el cual es motor del bienestar (van Zanden et al., 2014: 58).

PBI per cápita mundial y promedio regional en dólares de 1990 PPP, 1820-1910.
Los ejes no comienzan en cero.

Partiendo de 1820 hasta 1910, el PBI per cápita mundial aumentó sin parar desde los 605 dólares norteamericanos a PPPs de 1990 hasta los 1399. Por lo que aquí tenemos una primera pista sobre lo que ocurrió con el bienestar planetario durante el siglo XIX. Es evidente que esto indica que tendió a incrementarse. Pero ese dato global incluye regiones con PBI per cápita muy bajos. Las regiones más “capitalistas” como Europa occidental (Gran Bretaña, Países Bajos, Francia, Alemania, Italia, España y Suecia) y el Vástago occidental (Australia, Canadá y Estados Unidos) obtuvieron mejores resultados. Entre 1820 y 1910, Europa occidental pasó de 1226 a 3172 y el Vástago occidental desde 1294 hasta 4915. Todas las regiones del mundo de las que hay datos muestran un claro crecimiento entre 1820 y 1910.

Población

Veamos ahora como se comportó la población mundial. Desde la época de Cristo hasta el siglo XVIII la población mundial crecía poquísimo, apenas un 0,06 % anual. En los siglos XVIII y XIX gracias a la revolución industrial y a la baja de la mortalidad en Europa y el vástago occidental aceleró hasta 0,5 % anual (van Zanden et al., 2014: 41).

Población total mundial y por región, 1820-1910.
Los ejes no comienzan en cero.

Tasa de crecimiento de la población mundial y regional (por década), 1820s-1900s
(hay un error en el gráfico: no aparece el 1900s).

Desde 1820 hasta 1910 la población mundial aumentó década a década sin parar casi un 72 % en total, de 1.091 a 1.873 millones de personas (van Zanden et al., 2014: 42). Ello ya nos da una segunda pista importante de incremento de bienestar y riqueza. El crecimiento poblacional mundial está determinado por las tasas de nacimiento y muerte y, por tanto, en gran parte por cambios en el riesgo individual de tener hijos y de morir (van Zanden et al., 2014: 46). Sin un aumento considerable de riqueza material (que incluye salud y alimentación, entre otros) y sin ciertas expectativas de mejora en el nivel de vida para las siguientes generaciones, es difícil explicar el cambio abrupto, en términos históricos de largo plazo, en la tasa de crecimiento poblacional. Allí donde la comida escasea, las enfermedades diezman a los pobladores y donde se espera que los hijos tengan un futuro igual o peor, la población tiende a disminuir. Ya sea por disminución de natalidad y aumento de mortandad, porque los jóvenes huyen mientras pueden o una combinación de ambas. El aumento poblacional es una señal de aumento de bienestar. 

En los últimos 200 años el cambio demográfico se caracterizó por la baja de la tasa de mortalidad seguida por una baja de la de fertilidad (van Zanden et al., 2014).

Educación

Tener una educación básica directamente mejora el bienestar de las personas al proveer mayor control de sus vidas. Saber leer, escribir y operaciones matemáticas básicas son cosas elementales para moverse en las acciones y transacciones de la vida diaria comercial o en la economía del hogar (van Zanden et al., 2014: 88). No solo ayuda en actividades laborales sino también para el disfrute del ocio y placer interno personal como poder leer un buen libro, escribir o ir a un museo (van Zanden et al., 2014: 88).

Población con educación básica mundial y por región, 1870-1910.
Los ejes no comienzan en cero.

Años de educación mundial y por región, 1850-1910.

Tanto la población que recibió al menos educación básica como el número medio de años de educación aumentaron constantemente a fines del siglo XIX. El porcentaje de la población por encima de los 15 años enrolada en educación formal pasó de 23,9 % en 1870 al 35,6 % a nivel mundial. Mientras los años de educación pasaron de 0,9 años en 1850 a 2 años en 1910 en el planeta. Debe quedar claro que esta es otra variable que apoya el aumento del bienestar de la población mundial durante el siglo XIX. Pero, dado que se incluyen zonas históricamente muy pobres, estos números globales ocultan que ciertas regiones lograron niveles mucho mejores. En 1870 la población educada con lo básico era el 60 % en Europa occidental con 3,5 años de educación y 82,3 % en el Vástago Occidental con 5,5 años de educación. Hacia 1910 esos valores crecieron a 82,6 % con 5,5 años de educación en Europa occidental y a 96,7 % y 7,5 años de educación en el Vástago Occidental. Las regiones más “capitalistas” fueron, por lejos, las que más y mejor educaron gente a fines del siglo XIX.

Expectativa de vida

Es claro que la salud es un concepto clave de bienestar y uno de los más evidentes indicadores de cambio en las condiciones de vida de la gente. Una buena salud contribuye al bienestar general de los individuos directa (estar sano es universalmente valorado) e indirectamente (influye en la calidad y la cantidad de tiempo usado en su empleo, educación, deberes cívicos y conexiones sociales), por lo que es importante (van Zanden et al., 2014: 102). Una medida de la salud poblacional es la mortalidad, que tiene en cuenta aspectos relacionados con la muerte como el tiempo y la causa del fallecimiento, etc. Y un concepto clave para medir la mortalidad es la expectativa de vida al nacer.

Esperanza de vida al nacer mundial y por región, 1820s-1900s.
El eje no comienza en cero.

A nivel mundial, el promedio de expectativa de vida al nacer de la década de los 1880s era de 27 años y luego aumentó en la década de 1900s hasta casi 31 años. Claramente este indicador de bienestar aumentó considerablemente a nivel global. En la región del Vástago occidental se pasó de 40,3 años promedio en la década 1880s a 50,8 años en la década de los 1900s. Europa occidental tenía en la década de los 1830s en promedio 33,4 años, hacia 1880s unos 40,4 años y en 1900s llegó a 46,3 años.

Altura

La altura promedio de un gran número de personas es otro indicador importante de bienestar. El cuerpo humano tiende a reducir su crecimiento si el nivel nutricional empeora más allá de cierto mínimo o si enfermedades reducen sus nutrientes. Con lo que, este indicador, da ulteriores indicios del estado de salud y bienestar de la gente (van Zanden et al., 2014: 118).

Altura promedio de la población mundial y por región, 1820s-1900s.
El eje no comienza en cero.

En el mundo el promedio de la década de los 1820s era de 163,4 centímetros, pero hacia 1900s se incrementó a 165,2 centímetros. Lo cual, nuevamente, es un claro indicio de mejora de nivel de vida global. En Europa occidental se pasó de 165,6 a 168 centímetros promedio de esas décadas. Sin embargo, en el Vástago occidental cayó de 172,1 en 1820s hasta 170,1 centímetros en los 1900s.

¿Como puede ser que con un crecimiento económico fenomenal y muchos indicadores de aumento de bienestar como el que tuvieron los norteamericanos a lo largo del siglo XIX la altura media tendió a caer? En Estados Unidos esta paradoja se llama “Antebellum Puzzle”. La respuesta no se conoce con seguridad. Una explicación es que la ola inmigratoria, el crecimiento económico rápido, la urbanización, la mejora del transporte, etc. contribuyeron a esparcir ciertas enfermedades localizadas a lo largo del país y ello pudo haber afectado el promedio de altura. A medida que la economía crece, aumenta la necesidad de transporte y al producirse más de él y reducirse costos, transportarse se abarató. El mayor y más barato transporte se sumó a la inmigración europea (trayendo sus diferentes enfermedades) aumentando la densidad poblacional y la capacidad de esparcimiento de virus y bacterias. Otra explicación puede ser un cambio de dieta.

Seguridad personal

Es más que evidente que el bienestar de la gente es mayor si no son victimas de un crimen y si no temen serlo, especialmente de un crimen serio como el homicidio. Además la persona no tiene que ser la victima directa para que afecte su bienestar, un crimen sobre un ser cercano también lo influye mucho (van Zanden et al., 2014: 140).

Tasa de homicidio por región, 1820s-1900s

Sobre las tasa de homicidios previa a 1900 solo disponemos de datos para Europa occidental. Aun así puede observarse que los países “capitalistas” vieron una casi constante caída en la tasa de homicidios desde la década de 1820s hasta los 1900s. Lo cual, nuevamente, da una notable pista de aumento de bienestar de la gente en el “mundo capitalista salvaje” del siglo XIX.

Por último, observen que este periodo no estuvo exento de defectos. Nadie jamás ha afirmado que esta etapa fue perfecta o que todo estuvo bien y anduvo sobre ruedas, pues es claro que no fue así.

Pero incluso teniendo en cuenta todo lo malo, el siglo XIX ha sido el periodo más próspero de la historia de la raza humana hasta ese momento y el antecedente necesario de nuestra actual civilización y todos sus logros. La gran mayoría de los 7 mil millones de personas del actual mundo le deben el poder existir al trabajo duro, ahorro, acumulación de capital y sacrificio de la gente del siglo XIX.






van Zanden, J.L., et al. (eds.) (2014), How Was Life?: Global Well-being since 1820, OECD Publishing.

viernes, 27 de mayo de 2016

Jornada laboral y vacaciones a fines del siglo XIX


Otro de los estereotipos usados para describir la vida durante el siglo XIX es el del capitalista que, dado que supuestamente no habían sindicatos o si existían eran muy débiles y además el Estado no intervenía, hace trabajar cada vez más horas al trabajador so pena de despedirlo y que muera de hambre. La terrorífica “explotación” se verificaría en observar que los empleados trabajan cada vez más horas a la semana y al año a medida que pasa el tiempo.


Veamos ahora el comportamiento de la jornada de trabajo a fines del siglo XIX en el mundo, el Viejo Mundo (Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Países Bajos, España, Suecia, Suiza, Reino Unido) y en el Nuevo Mundo (Australia, Canadá, Estados Unidos) según Huberman y Minns (2007):

Horas de trabajo por semana, 1870-1913.
El eje vertical no comienza en cero.

Primero veamos  las horas de trabajo semanales a tiempo completo de trabajadores (femeninos y masculinos) en actividades no agrícolas. Como se observa, a nivel mundial las horas de trabajo semanales disminuyeron todo el periodo 1870-1913. Así también ocurrió tanto en el Viejo como el Nuevo Mundo. No se percibe, para nada, una tendencia al aumento de las horas de trabajo en la era más "capitalista salvaje" de la historia.

Pero, pensará alguien, seguramente la "explotación" al trabajador debió venir por el lado de hacerlo trabajar sin descanso. Pues, no. Miremos las vacaciones en esa época según Huberman y Minns (2007):
 
Número de días de vacaciones y feriados, 1870 y 1900.

Este es el número de días de descanso (vacaciones y feriados nacionales) en 1870 y 1900. La cantidad de días de vacaciones y feriados se incrementó globalmente. La divergencia que se observa entre el Nuevo y Viejo Mundo de un año a otro se debe en parte a que las empresas con grandes inversiones en capital fijo tenían presiones para trabajar tantos días como pudieran (Huberman y Minns, 2007). Aun con eso, el Nuevo Mundo tuvo un aumento de días de vacaciones y feriados. Por supuesto, las vacaciones pagadas eran algo raro en todos lados.

Pero tal vez, creerá el escéptico, la baja de horas laborales semanales se compensó aumentando las horas totales trabajadas a tiempo completo al año. Pues, tampoco según Huberman y Minns (2007).
 
Horas de trabajo anuales, 1870-1913.
El eje vertical no comienza en cero.

Estas son las horas de trabajo por año a tiempo completo de trabajadores estimado del número de semanas trabajadas (ajustadas por días de ausencia) y horas por semana. Tanto a nivel planetario como en el Nuevo y Viejo Mundo las horas de trabajo por año cayeron considerablemente entre 1870 y 1913. 

¿Estas caídas de horas de trabajo fueron gracias a los sindicatos? No. La densidad sindical era baja en Europa en esa época. En Canadá las huelgas eran predominantemente por temas salariales y en Estados Unidos si habían huelgas sindicales por recortes de jornada, estas tenían poco impacto en los empleadores (Huberman y Minns, 2007).

No en muchos casos la legislación estatal provocaba la reducción de semana laboral, como por ejemplo en Bélgica. Pero en ese país la legislación comienza luego de 1893 (con el sufragio universal masculino) cuando las horas por semana ya venían descendiendo en desde 1870 (72,2 en 1870, 69,3 en 1880 y 66,5 en 1890) así como las horas por año (3483 en 1870, 3344 en 1880 y 3177 en 1890). Por lo que no necesariamente fue la causa exclusiva de la caída y probablemente hubieran bajado de todos modos sin ella (Huberman y Minns, 2007).

Sin embargo, en el Nuevo Mundo los trabajadores eran menos dependientes de la legislación estatal. En Estados Unidos, por ejemplo, donde los trabajadores y empleadores negociaban, las reducciones de horas laborables fueron resultado de las fuerzas del mercado (Huberman y Minns, 2007).

En su gran mayoría, otro de los efectos del capitalismo del siglo XIX fue reducir la jornada laboral y aumentar los días de vacaciones. Todo casi sin intervenciones del Estado ni privilegios y v
iolencia sindical. La moderna evidencia demuestra que la realidad era muy diferente al delirante relato socialista.


 


Huberman, Michael y Minns, Chris (2007), "The Times They Are Not Changin': Days and Hours of Work in the Old and New Worlds, 1870-2000". Explorations in Economic History. Vol. 44, No. 4, 538-567.

sábado, 21 de mayo de 2016

El capitalismo del siglo XIX redujo la pobreza mundial


Uno de los tantos mitos sobre la revolución industrial es ese extendido por la izquierda y los malos historiadores (los que no buscan datos sino que usan únicamente retórica para basar sus afirmaciones) que dice que la pobreza aumentó considerablemente en ese periodo. Las imágenes estereotipadas de trabajadores, e incluso niños, sucios en fábricas suelen ser la "prueba" de ese relato. Pues veamos los mejores datos disponibles para comprobar si es cierto o no que la pobreza aumentó a lo largo del siglo XIX.

Morrisson y Bourguignon (2002) estiman la tasa de pobreza y pobreza extrema mundial para el periodo 1820-1992. A continuación está graficado 1820-1910:

Tasa de pobreza y pobreza extrema (absolutas) mundial, 1820-1910. 
El eje vertical no comienza en cero. Fuente: Morrisson y Bourguignon (2002)

No hay mucho para decir. Noten que tanto la tasa de pobreza como la de pobreza extrema mundiales descienden constantemente desde 1820 hasta 1910. Partiendo de valores muy altos pre-expansión de la revolución industrial en 1820, casi 95 % de pobreza y casi 85 % de pobreza extrema, ambas no paran de descender en todo el periodo hasta aproximadamente el 82 % y 66 % respectivamente en 1910. 

Nadie niega, por supuesto, que las condiciones de vida de muchos en cualquier año dado pudieron ser malas. Lo que se establece es que no tendieron a empeorar, sino al contrario las de muchos mejoraron con el paso de los años.

Iba a terminar este post acá, pero recordé algo.

Ante esta demoledora evidencia, los de izquierda tienen un escape al que típicamente apelan: “¿Qué pasó con la desigualdad?”. En varias ocasiones en que se presenta una prueba de mejora en el nivel de vida gracias al capitalismo, aparece el “As bajo la manga” de la desigualdad “inherente” al sistema capitalista. 

Como si fuera igual o más importante ver la diferencia en remuneraciones antes que aceptar el hecho de que mucha gente dejó de sufrir tanta carencia. Que poblaciones enteras logren amainar el flagelo de la escasez de forma sostenible (es decir, con una mayor abundancia de bienes y servicios útiles disponibles creados por su esfuerzo y acumulación de capital bien invertido), es siempre y en todo lugar algo bueno, independientemente de lo demás. 

Sin embargo, asumamos por un momento que aceptamos la retórica izquierdista. Pues veamos la desigualdad global según el índice Gini y el índice Theil (mejorados respecto al de Morrisson y Bourguignon) que muestra Milanovic (2009):

Indice Gini y Theil mundial, 1820-1913.
El eje vertical no comienza en cero. Fuente: Milanovic (2009)

Es claro que los índices Gini y Theil, la desigualdad mundial, han aumentado en 1820-1913. Pero antes de que el socialista pueda cantar victoria, debo decir que ese aumento de desigualdad no implica necesariamente que haya sido debido a que el capitalismo tiene una tendencia “inherente” a la inequidad. 

Previamente vimos que el Gini global basado en el promedio no ponderado de los Gini regionales mostraba una tendencia mundial decreciente. Pero este Gini (o Theil) global de Milanovic se calcula con la suma del Gini (o Theil) ajustado por población dentro de los países más el Gini (o Theil) entre los países. Es decir, la desigualdad dentro de Alemania, dentro de Francia, etc. más la desigualdad o distancia entre Alemania y Francia, etc. Por lo tanto, para saber si la desigualdad del siglo XIX se debe necesariamente al capitalismo debemos ver cómo se comportan por separado.

Indice de Gini mundial desagregado en desigualdad entre y dentro de los países.
El eje vertical no comienza en cero. Fuente: Milanovic (2009)

Indice de Theil mundial desagregado en desigualdad entre y dentro de los países.
Fuente: Milanovic (2009)

Como se observa, la desigualdad dentro de los países según el índice Gini no paró de caer a lo largo del siglo XIX mientras que en el caso del índice Theil aumentó un poco en 1870 pero volvió a caer luego. En ambos casos se observa una clara e indiscutible tendencia a la baja de la desigualdad dentro de los países.

Por ende, la razón por la cual la desigualdad en ambos índices globales aumentó es que la desigualdad entre países subió y lo hizo en mayor medida que la necesaria para compensar la caída de la desigualdad dentro de los países. En resumen, el incremento de la desigualdad en 1820-1913 se explica por la suba de la desigualdad entre los países.

Como correctamente señala Daniel Fernández, el hecho de que la mayor parte del aumento de la desigualdad mundial se debe a la misma entre países es un indicador que la desigualdad no deriva del capitalismo. Sino que proviene la propagación de la industrialización y las instituciones de mercado en diferentes lugares en diferentes momentos. Si la mitad del mundo adopta instituciones de mercado y la otra mitad no lo hace, el evidente desarrollo a lo largo del tiempo de la mitad capitalista hará que la desigualdad mundial se eleve. Pero ese hecho no dice absolutamente nada sobre la desigualdad en el área que adoptó las instituciones de mercado. Por ende, observar a lo largo del tiempo solo el Gini o Theil mundiales, definidos como la suma de desigualdades intra y entre países, no prueba que el capitalismo tienda a ser “inherentemente desigual”.

Si el país A comienza a adoptar los métodos de producción de la revolución industrial en 1800 y el país B lo empieza a hacer recién en 1870, es más que evidente que el país A en 1870 llevará una ventaja de 70 años volviéndose progresivamente más rico respecto al país B. Consecuentemente, la desigualdad entre las naciones A y B será más grande de lo que sería si ambas hubieran adoptado la revolución industrial al mismo tiempo. Como es evidente para cualquiera que haga un análisis honesto, ello no tiene nada que ver con una “tendencia inherente” del capitalismo a la inequidad. Al contrario, esa desigualdad se debe a la falta de capitalismo en algunos lugares respecto a otros en un momento dado. El rezago del país B no se debe al capitalismo sino a la ausencia de él.

En conclusión, la moderna evidencia histórica demuestra que el capitalismo del siglo XIX redujo considerablemente la pobreza y la pobreza extrema a nivel planetario. Este monumental logro de la civilización humana no puede ser oscurecido ni siquiera adoptando el punto de vista izquierdista de concentrarse principalmente en la desigualdad. 










Milanovic, Branko (2009), “Global Inequality and the Global Inequality Extraction Ratio: The Story of the Past Two Centuries”. Policy Research Working Paper 5044. The World Bank Development Research Group Poverty and Inequality Team.

Morrisson, Christian y Bourguignon, François (2002), “Inequality among World Citizens: 1820-1992”. The American Economic Review. Vol. 92, No. 4, 727-744.

martes, 3 de mayo de 2016

El capitalismo del siglo XIX redujo la desigualdad mundial


Los socialistas (de izquierda y de derecha) desde hace décadas han instaurado el mito abrumadoramente dominante de que el siglo XIX fue una especie de pesadilla para la gente de a pie. La imagen estereotipada de trabajadores sucios, cansados y realizando todo tipo de trabajos insalubres mientras el no menos estereotipado industrialista de traje, galera y fumando un cigarro los explotaba sin piedad es recurrente desde los libros de historia de los niños en la escuela hasta otros supuestamente más serios para adultos. Con todo eso incrustado en la mente de las personas desde su más tierna e inocente edad, la posterior afirmación (sin ningún dato concreto que lo corrobore) de que la desigualdad de rentas fue brutal y creciente en esa época es automáticamente creída sin la menor duda. En resumen, de acuerdo al relato genérico socialista, dado que el siglo XIX vio el inicio del capitalismo moderno y la cúspide de la Revolución Industrial, la desigualdad de renta y la explotación de las masas debieron haber ido en aumento.

Ya vimos como el capitalismo durante buena parte del siglo XIX logró elevar los salarios reales de los trabajadores, particularmente en las regiones más “capitalistas”. Veamos ahora lo que ocurrió con la desigualdad entre 1820 y 1910*. 

Primero la correspondiente aclaración: ¿Que índice se usa para medir la desigualdad? El trabajo de Moatsos, et al. (2014) usa la distribución del ingreso bruto de hogares antes de deducir impuestos. La desigualdad en esa distribución es descrita con el coeficiente de Gini. ¿Por qué el ingreso bruto antes de impuestos y no el disponible después de retárselos? Simplemente por disponibilidad de datos. Mientras más atrás en el tiempo vamos, más encontramos ingresos brutos antes de impuestos que de otros tipos. ¿Por qué el índice de Gini y no el de Theil o algún otro? Porque es el de uso más generalizado en la literatura, el más común. 

Lamentablemente no existe ninguna serie de datos del índice Gini para cada año y cada país, en especial cuando vamos tan lejos como principios del siglo XIX. Por ende, los datos de esa época son casi puramente estimaciones a ciertos años (Moatsos, et al. 2014). Sin embargo, son lo mejor que tenemos, científicamente hablando, y ciertamente son muy superiores a las ya mencionadas afirmaciones de la nada que se hacen para confirmar un sesgo ideológico. Veamos los datos de desigualdad según Moatsos, et al. (2014):

Coeficiente de Gini en Europa occidental, del este
y el Vástago occidental, 1820-1910

Los países donde relativamente existió más capitalismo como la Europa occidental (Gran Bretaña, Países Bajos, Francia, Alemania, Italia, España, Suecia) y el Vástago occidental (Estados Unidos, Canada y Australia), experimentan una tendencia a la caída de la desigualdad. En Europa del este (Rusia y Polonia) también. Es decir, si miramos solo la tendencia de los datos, se observa en las tres regiones una propensión a la disminución de la inequidad distributiva (según Gini), aunque en diferentes grados. Pero si vemos solo las puntas, 1820 y 1910, nuevamente es claro que la desigualdad indudablemente se redujo en los tres casos

Algo muy recurrente son las súbitas subidas y bajadas del índice Gini cada 20 o 30 años en todas las regiones para las estimaciones del siglo XIX. Es por ello que me enfoco principalmente en la tendencia y en las puntas.

Coeficiente de Gini en Latinoamérica, 1820-1910

En América Latina y el Caribe (México, Brasil y Argentina), si tomamos las puntas 1820 y 1910, la desigualdad prácticamente no cambió. Aun así, la tendencia sí se ve levemente creciente porque el Gini cayó más en 1850 que en 1890 con subidas más pronunciadas.

Coeficiente de Gini en este de Asia, sur y sudeste de Asia,
Medio oriente y Africa del norte y Africa subsahariana
, 1820-1910

En todas las demás regiones del globo se nota la tendencia a la baja de la desigualdad en diferente magnitud. El Medio oriente y Africa del norte (Egipto y Turquía) junto con Africa subsahariana (Kenia, Nigeria y Sudáfrica) disminuyen mucho más la desigualdad que el este (China y Japón) y sur de Asia (India, Tailandia e Indonesia). Esta última región casi no cambia su nivel de desigualdad entre puntas 1820 y 1910.

Coeficiente de Gini mundial, 1820-1910

Si observamos las puntas del periodo 1820-1910, la desigualdad mundial se redujo. Por otro lado, la tendencia del mundo del siglo XIX también fue la de reducir la desigualdad global. Aun cuando no la redujo de forma constante cada 20 años. 

Las mejores estimaciones y evidencia histórica y científica que tenemos del siglo XIX demuestran que, aun con fluctuaciones amplias, la desigualdad mundial medida con el índice de Gini terminó más baja en 1910 de lo que estaba en 1820 y además tendió a disminuir durante el periodo. 



* Noten que, a diferencia del post anterior en que se tomaban promedios de décadas (1820s, 1830s, 1910s, etc.), acá se estima a años específicos (1820, 1850, 1910, etc.) 









Moatsos, Michail, et al. (2014), “Income inequality since 1820”, in Jan Luiten van Zanden, et al. (eds.), How Was Life?: Global Well-being since 1820, OECD Publishing. 

sábado, 30 de abril de 2016

Como el capitalismo del siglo XIX benefició a los trabajadores

New York, 1900. Fuente: Alamy

En el año 2014 se publicó un libro (van Zaden, et al. 2014) con las más modernas estimaciones de estadísticas de bienestar a nivel mundial desde 1820 en adelante. En este post, veremos cómo evolucionaron los salarios reales de los trabajadores desde 1820 hasta 1900.

Primero una aclaración obvia: como todo el mundo supone, en el siglo XIX no habían abundantes estadísticas precisas con índices de precios o salarios. Por ende, los economistas e historiadores hacen cuanto pueden con lo que tienen y con los pocos datos que consiguen. Por ejemplo, calcular un Indice de Precios al Consumidor (IPC) a lo largo de un tiempo largo es muy problemático. Hay que considerar cambios en los precios relativos entre bienes complementarios y la introducción de nuevos bienes (vía mejoras tecnológicas o mediante comercio internacional) que pueden causar que se sobre o subestimen las verdaderas subas de precios, existen adicionales problemas que surgen de hacer comparaciones internacionales de salarios reales dado que dietas y patrones de consumo difieren radicalmente, etc. (de Zwart, et al. 2014) 

Para lidiar con eso, se puede usar una canasta de bienes basada en la cantidad estándar de proteínas (40 gramos por día, mínimo) y calorías (1940 calorías por día, mínimo) que se consumen y que provienen de los carbohidratos más baratos del área (en Asia el arroz, en Africa el maíz y la yuca, en Europa del norte avena, etc.). Además, la canasta contiene unas comidas más aparte de las anteriores, algo de ropa y combustible (de Zwart, et al. 2014). A continuación se muestra cuantas de estas canastas de subsistencia diaria puede comprar un salario diario de un trabajador (no calificado, hombre) de la construcción. Este índice refleja el nivel absoluto del salario real basado en una canasta de mínima subsistencia y, por ende, también puede ser una medida absoluta de bienestar. Es una especie de línea de pobreza dado que se relaciona con la cantidad de veces que un trabajador no calificado de la construcción puede comprar la canasta mínima requerida para subsistir a diario (de Zwart, et al. 2014). En palabras simples, 1 es la "línea de pobreza" absoluta. Para "subsistir" se necesita poder comprar 1 canasta al día. 

Dado que tampoco existía un "índice de salarios" en 1820 para los salarios nominales, se usan los sueldos de los trabajadores de la industria de la construcción. ¿Por qué? Porque la construcción fue una de las más importantes industrias en el mundo pre-industrial. Además, la naturaleza del trabajo no ha cambiado mucho desde la era medieval. La evidencia sugiere que los salarios de los trabajadores de la construcción son indicativos de la tendencia de la media de los ingresos (de Zwart, et al. 2014).

Veamos ahora cómo se comportaron los salarios reales en algunas zonas del mundo desde 1820 hasta 1900 por década:

Salario real (en cantidad de canastas de subsistencia) de
Europa occidental, promedio por década, 1820-1900

En Europa occidental los trabajadores pasaron de poder comprar aproximadamente 11 canastas de subsistencia diaria en los 1850s a 19 en 1900s.

Particularmente importante es ver la evolución del salario real en Europa occidental (Reino Unido, Países Bajos, Francia, Alemania, Italia, España y Suecia). ¿Por qué? Porque allí es donde la revolución industrial surge primero y donde más desarrollado se encuentra el capitalismo relativamente a otras partes del mundo en el periodo. Por ende, según las doctrinas marxistas, es ahí donde debería haber una tendencia de los salarios reales a mantenerse en el nivel de subsistencia.

Ahora bien, la evidencia histórica disponible demuestra que no existió ninguna tendencia de los salarios reales a caer  o mantenerse en el nivel de subsistencia durante la era del capitalismo de la segunda mitad del siglo XIX en la región que era más "capitalista": Europa occidental.

Este incremento descomunal en el ingreso real de los trabajadores no calificados occidentales respecto a otras partes del mundo es un fenómeno que se conoce como "la gran divergencia". Es decir, el incremento desigual del nivel de vida entre el mundo occidental y otras partes como la región asiática.

Salario real (en cantidad de canastas de subsistencia) de 
Europa del este, promedio por década, 1820-1900

Observen que incluso Europa del este (Rusia y Polonia) se benefició de la explosión capitalista.

Salario real (en cantidad de canastas de subsistencia) de 
Vástago occidental, promedio por década, 1820-1900
 

Aunque los datos para el Vástago occidental (Estados Unidos, Australia y Canadá) están incompletos, se observa también la tendencia al incremento del nivel de vida. 

Adicionalmente, se puede ver que el nivel de salarios reales es muy superior al de las demás regiones. Una posible explicación para esa desproporcionada diferencia son los precios relativos: los precios de los principales alimentos básicos, que son la parte principal de la canasta de subsistencia, eran relativamente bajos en esos países ricos en tierras (de Zwart, et al. 2014).

Salario real (en cantidad de canastas de subsistencia) de 
Latinoamérica, promedio por década, 1820-1900
 

Incluso en Latinoamérica (México, Brasil y Argentina) se ve una suba importante.


Salario real (en cantidad de canastas de subsistencia) del este de Asia, sur y sudoeste de Asia, medio oriente y Africa del norte y Africa subsahariana, promedio por década, 1820-1900

Por otro lado, tanto el sur y sudeste de Asia (India, Indonesia y Tailandia) como el medio oriente y el norte de Africa (Egipto y Turquía) se mantuvieron estancados en el periodo. Mientras tanto el salario real del este de Asia (China y Japón) y Africa subsahariana (Kenia, Nigeria y Sudáfrica) claramente aumenta desde mitad del siglo XIX. Pero como parten de mucha mayor pobreza que occidente, en términos de nivel, su suba no aparenta ser importante. 

Dado que el capitalismo no se extendió uniformemente por el planeta, sino que comenzó en ciertas regiones primero para ulteriormente desplegarse; no debería extrañar a nadie el desigual aumento del nivel de vida que caracteriza a la "gran divergencia". Tampoco debería asombrar que en regiones aún poco afectadas por el capitalismo no hayan tenido crecimiento de salarios reales. 

La distancia entre la cantidad de canastas que compraba un occidental y las que podían comprar los de las demás regiones determinaba niveles de vida completamente diferentes. Un salario de un trabajador hombre en Europa occidental compraba, digamos, 12 veces su consumo mínimo diario. Debido a ello le quedaba más renta disponible y podía aumentar su inversión en educación, salud y productos industriales (de Zwart, et al. 2014).

Salario real (en cantidad de canastas de subsistencia)
del 
mundo, promedio por década, 1820-1900

Gracias al capitalismo de la segunda mitad del siglo XIX, el salario real medio de los trabajadores no calificados aumentó constantemente en el mundo.

Toda la moderna evidencia científica e histórica demuestra que el capitalismo del siglo XIX en general y el de su segunda mitad en particular elevó el salario real y bienestar de los trabajadores como nunca en la historia. Y ello ocurrió con un Estado que, en términos relativos al de hoy, era pequeño, bajo Patrón Oro y sin estado de bienestar.

La verdadera "revolución proletaria"* fue la del capitalismo.





* Entendiendo "revolución" en su sentido estricto de un cambio rápido y profundo en el nivel de vida de los trabajadores.


 



van Zanden, Jan L., et al. [Eds.] (2014), How Was Life?: Global Well-being since 1820. OECD Publishing.

de Zwart, Pim; van Leeuwen, Bas y van Leeuwen-Li, Jieli (2014), "Real wages since 1820". En Jan Luiten van Zanden, et al. (Eds.) How Was Life?: Global Well-being since 1820. OECD Publishing.