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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Pseudo Patrones Oro: El Patrón de Cambio Oro (1925-1931)


Enorme es la confusión siempre que se habla del Patrón Oro. Tanto historiadores como incluso economistas profesionales suelen expresarse sobre él genéricamente, como si el Patrón Oro de fines del siglo XIX fuera el mismo que el de entre guerras. En este post vamos a ver que hay diferencias brutales entre un verdadero Patrón Oro y el sistema impuesto entre la Primera y Segunda Guerra Mundial que ha sido denominado como Patrón de Cambio Oro.  

Luego de terminada la Primera Guerra Mundial, el mundo se encontraba en medio de un caos monetario puesto que, para desenvolverse en el conflicto bélico, la mayoría de los países habían abandonado el Patrón Oro Clásico. El sistema de flotación sucia de tipos de cambio que quedó luego de la conflagración global llevó a un desastre monetario en Europa. Las devaluaciones "competitivas" y emisión sin restricción de dinero causó hiperinflaciones en Alemania, Austria, Hungría, Rusia, Polonia, etc. Durante ese caos, se decidió que era necesario retornar de alguna forma al oro para paliar el desorden.

El origen del Patrón de Cambio Oro se encuentra en las conferencias de Génova de 1922. El objetivo de estas no era otro que intentar volver al Patrón Oro. Pero el retorno no sería al Patrón Oro Clásico, pues este constreñía demasiado la capacidad de expandir el dinero, sino a una versión distinta y más manipulable por parte de los gobiernos y bancos centrales.

¿Es el Patrón de Cambio Oro similar al Patrón Oro Clásico? ¿Es el Patrón de Cambio Oro un Patrón Oro auténtico siquiera? Para saberlo, veamos si el Patrón de Cambio Oro cumple con al menos las características mínimas de un verdadero Patrón Oro:


(a) El oro es el dinero. Por ende, no existen monedas distintas ni tipo de cambio fijo. Salvo por Gran Bretaña y Estados Unidos, en los demás países el oro no era el dinero, sino que ese lugar lo ocupaba la libra o el dólar. Y en Gran Bretaña tampoco el dinero era el oro por completo: se prohibió que circularan las monedas y el bullion solo se permitía a extranjeros. Es un sistema de tipo de cambio fijo tanto porque el bullion de países centrales (por ejemplo Gran Bretaña) se compra y vende a precio fijo y también porque los demás países tienen tipo de cambio fijo con la moneda reserva.


(b) Su cantidad está determinada por las fuerzas del mercado: la demanda y también la oferta. No existe peligro de que una nación no tenga suficiente dinero. Al permitir convertir las divisas solo en bullion (para extranjeros), se hizo posible incrementar el circulante independientemente de la proporción a la producción de oro.


(c) La unidad monetaria es (de hecho y legalmente) definida en términos de peso de oro de una determinada fineza. Las reservas en oro de gran parte del sistema bancario están centralizadas en una agencia del gobierno (banco central) y, por ende, estas se vendían a un "precio fijo" a los bancos. La unidad monetaria ya no es un nombre sino que hay un precio.


(d) Las notas de banco y depósitos a la vista son redimibles instantáneamente por oro a valor par. Las libras esterlinas, las notas de banco y depósitos a la vista ya no son redimibles instantáneamente en monedas de oro por parte de los británicos, ni en bullion (a los extranjeros con libras, sí).


(e) Las monedas de oro, así como el bullion, circulan con total libertad junto con las notas de banco y depósitos (es decir, sustitutos monetarios). Las monedas de oro no son usadas en los intercambios diarios. Solo se redimía bullion para transacciones grandes y para los extranjeros.


(f) Se permite funcionar correctamente lo que se conoce como mecanismo Flujo Precio-Especie. El mecanismo de flujo especie no funciona. Ya no hay proceso de reversión que detenga la expansión monetaria ni que equilibre la balanza de pagos. Inflación y desequilibrio crónicos.



Veamos más de cerca cada característica:

Sobre el punto (a) debe quedar claro que, bajo el Patrón de Cambio Oro, un país (en este caso Gran Bretaña, aunque también Estados Unidos) se queda en el Patrón Oro (su divisa libra esterlina es redimible por oro, no obstante solo bullion para extranjeros, o dólares) mientras el resto de los estados, aunque nominalmente bajo "Patrón Oro", realmente están bajo Patrón Libra Esterlina. Es decir, solo dos bancos (la Fed y el Banco de Inglaterra) cumplirían la tarea de banco central. Todos los demás bancos centrales nacionales mantendrían como reserva notas dólares americanos o notas libras esterlinas (ellas serían las "divisas clave"). Cualquier país europeo tendría como reservas para su divisa ya no oro, sino libras esterlinas (letras o depósitos pagables en libras en Londres) (Rothbard, 2002: 385). Por dar un ejemplo, cualquier español que fuera con pesetas al banco a pedir redención, recibiría libras en lugar de oro. Además, parte del acuerdo es que el resto de países europeos mantengan sus saldos en Londres y eviten usar su derecho legal a reclamar el oro (Rothbard, 2002: 386). A todos usos prácticos, el oro deja de ser el dinero.


Los demás países que usan la divisa clave como reserva, en lugar de oro en sí, tienen un tipo de cambio fijo respecto a ella. Más aún, en las naciones que sí están bajo Patrón Oro (Gran Bretaña y Estados Unidos), y gracias a la creciente monopolización de emisión de notas y centralización de reservas vía bancos centrales, el oro es comprado y vendido a un "precio fijo" en términos de divisa nacional (Salerno, 2010: 351). Por ende, existía a usos prácticos un sistema de tipo de cambio fijo.

En cuanto a (b), las notas de banco y libras esterlinas ya no son redimibles en monedas de oro, como sí lo solían ser en el Patrón Oro clásico, sino que ahora solo se cambian por barras de oro (bullion) a los extranjeros poseedores de libras. Las monedas que en el curso de las transacciones llegan al banco central no son vueltas a poner a circular, sino que son fundidas en barras. De esta forma, se quita de circulación buena parte de ellas. En la medida que se funden monedas en barras es posible para los bancos centrales sustituir el oro circulante por notas y depósitos en divisa en montos varias veces mayores a la cantidad de piezas de metal que previamente se movían en el comercio. En resumen, se incrementa la cantidad de objetos monetarios fuera de cualquier proporción a la producción actual de oro, así como muchas más cuentas por las ahora mayores reservas auríferas en el central, muy por encima de la producción de las minas.

Los bancos centrales adquirían un cada vez mayor porcentaje de la producción de oro de la minería desde 1914. Ya para 1931, retenían prácticamente todo. El oro de las minas iba directamente al banco central. Es precisamente en base a esas reservas en el banco central que el crédito era creado.

En síntesis, el banco central no solo tomó el oro directo de las minas, sino que además se apropió como reservas de gran parte del metal precioso que antes circulaba como monedas. Por ende, el banco central y el gobierno tienen ahora el control sobre la oferta monetaria y ya no el mercado (Phillips et al., 1937: 45-46, 49; Rothbard, 2002: 383).

Vamos al punto (c). Como ya se mencionó, la monopolización de la emisión de notas y la centralización de las reservas de oro llevadas a cabo por parte de bancos centrales controlados por el gobierno, dieron origen a la ficción de que esas notas y los depósitos de los bancos privados denominados en ellas ya no eran meras reclamaciones a dinero mercancía, sino dinero en sí. En ese momento, las notas y el oro se perciben como dos bienes distintos y, por ende, el banco central "compra" y "vende" el metal precioso a un "precio fijo" en términos de la divisa nacional. El oro es una "reserva" que "respalda" la oferta de dinero notas (Salerno, 2010: 351). 

En cambio, bajo un Patrón Oro auténtico, las divisas nacionales no existen como entidades independientes y distintas del oro (Salerno, 2010: 350). Con el Patrón Oro Clásico el dinero es el oro y la unidad monetaria es simplemente un (nombre para un) cierto peso del metal; mientras que, por otro lado, bajo Patrón de Cambio Oro el dinero es la divisa.

En (d) una de las características esenciales del Patrón de Cambio Oro es que tanto las notas del Banco de Inglaterra (libras esterlinas) así como los depósitos a la vista ya no serían redimibles en monedas de oro para los británicos. Solo se permitiría redimir las libras en bullion. Es decir, en barras de oro (de más de 400 onzas) que, al tener un valor mucho mayor que las monedas, se usaban para transacciones grandes. Pero ni siquiera eso era completo. Los residentes de Gran Bretaña tampoco podían adquirir oro bullion libremente, sino que solo se redimía a extranjeros tenedores de libras. Lejos de ser un verdadero Patrón Oro, era un "Patrón Oro Bullion Internacional" (Rothbard, 2002: 381-84). 

Cuando a un banco central se le da el monopolio legal o de facto para centralizar las reservas de oro del público, sus notas y depósitos ya no son tratados como títulos de propiedad inmediatamente redimibles al dinero verdadero guardado en sus baúles (oro). Como ya se dijo, ahora el oro entra en la categoría de "activos" del banco central que sirven como "reservas" para emitir notas y depósitos. Estas, a medida que pasa el tiempo, pasan a ser generalmente aceptadas como dinero en sí en lugar de ser lo que son en realidad: reclamaciones de dinero (Salerno, 2010: 504).

La característica (e) es muy importante. Como consecuencia de que las monedas de oro ya no circulaban en transacciones diarias de la gente en el mercado británico, uno de los mecanismos esenciales del verdadero Patrón Oro que restringía las expansiones desmesuradas de crédito quedó trunco. Aunque esto, per se, es más que suficiente para demostrar que el Patrón de Cambio Oro jamás fue ni podría haber sido nunca un verdadero Patrón Oro, vale la pena aclarar que ni siquiera los británicos podían al menos pedir bullion por sus libras. Solo los tenedores de libras extranjeros estaban habilitados.

La ausencia de monedas en circulación crea un obstáculo muy grande para el ciudadano ordinario tanto para pedir la redención de las notas o depósitos en oro, así como para el atesoramiento del metal.

Técnicamente en Estados Unidos todavía se podía redimir en monedas de oro. Sin embargo, los bancos ya no tenían reservas en monedas sino en notas de la Fed. Las reservas de oro fueron centralizadas en el banco central (la Reserva Federal) por ley en junio de 1917 y a los bancos se los incentivó a entregar notas de la Fed para redimir en efectivo los cheques y depósitos. Por lo tanto, muy poco oro circulaba para transacciones diarias en los años 20s incluso en Estados Unidos (Salerno, 2010: 573-74). Claramente, una intervención coactiva del Estado que terminó con una de las características centrales del Patrón Oro auténtico.

Finalmente, (f) es fundamental. El eliminar la circulación de monedas y bullion a los británicos no fue el mayor obstáculo para el funcionamiento del mecanismo flujo precio especie.


Antes, bajo Patrón Oro clásico, si Gran Bretaña inflaba la cantidad de libras provocaba un déficit de balanza de pagos que hacía que la divisa escapara fuera del país y cayera en manos de países extranjeros que pedían oro a cambio. El oro salía del banco central disminuyendo sus reservas, lo que provocaba una reversión y el abandono de su inicial política inflacionaria e incluso contraer el crédito. Con Patrón Cambio Oro la cosa era muy diferente. La expansión de libras, nuevamente, provoca un déficit de balanza de pagos y que estas se acumulen en manos extranjeras. Hasta allí, todo igual. Pero ahora viene el cambio radical: las demás naciones han sido "inducidas" (presionadas) a usar libras como reservas en lugar de utilizar el oro en sí. Las libras ya no vuelven desde el exterior a Gran Bretaña para reclamar el oro (deteniendo el intento inflacionario británico). Esas divisas ahora son guardadas y usadas por los países como reservas para expandir sobre ellas su propia moneda. Por ende, ya no hay reversión. Gran Bretaña aumenta su oferta monetaria y, sobre esa expansión, los demás países inflan la de ellos. Los británicos "exportan" su inflación al resto del mundo. Gran Bretaña podía continuar la expansión monetaria, su déficit acumularse y las demás naciones expandir sin mecanismo de reversión del mercado que los detuviera (Rothbard, 2002: 385).

Pero el vértice de la pirámide expansionista monetaria no tenía que ser solo la libra, pues también era redimible en dólares. Los americanos, asimismo todavía en el Patrón Oro, también podían participar de "catapulta inflacionaria". La Fed piramidaba su oferta monetaria de dólares sobre las reservas de oro, muchos de esos dólares creados iban hasta Gran Bretaña. El Banco de Inglaterra usaba esos dólares en reserva para piramidar un ulterior aumento de libras. Muchas de esas libras viajaban hasta países europeos, los cuales las usaban como reservas para piramidar sus respectivas ofertas monetarias. El dólar y la libra eran las "divisas clave", iniciadoras del proceso expansivo.

¿Podía continuar ello indefinidamente? Claro que no. A medida que se acumularan los desequilibrios en los demás países, la mínima pérdida de confianza llevaría al colapso. En 1931 llegó ese día: Francia venía reclamando oro a cambio de las numerosas libras que tenía desde 1927 y además la bancarrota de varios bancos en Europa llevó a los británicos a abandonar el Patrón de cambio oro completamente.

En conclusión, el Patrón de Cambio Oro no es ni jamás fue un Patrón Oro auténtico. No tenía ninguna de las características esenciales de un auténtico Patrón Oro. Por otro lado, el Patrón Oro Clásico sí las cumplía. Nunca hay que confundir ambos. Ni el Patrón de Cambio Oro era igual al Patrón Oro Clásico, y ni siquiera llegaba a ser un verdadero Patrón Oro. Solo fue un pseudo Patrón Oro.







Phillips, Chester A.; McManus, Thomas F. y Nelson, Richard W. (1937) Banking and the Business Cycle: A Study of the Great Depression in the United States. New York: The MacMillan Company.

Rothbard, Murray N. [Salerno, Joseph T. Ed.] (2002) A History of Money and Banking in the United States: The Colonial Era to World War II. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

jueves, 14 de enero de 2016

Podemos despedir a los empleados públicos sin crisis (I)


Argentina tiene actualmente un enorme problema fiscal y hoy en día está muy de moda hablar sobre despidos de empleados estatales. El país tiene aproximadamente 4,43 millones de empleados públicos. De ellos, 2 millones se agregaron durante la “década K”. La creencia popular es que no se los puede despedir porque solo engordarían las filas de desempleados, empeorando la situación económica y alimentando un descontento generalizado que podría terminar en una revuelta. ¿Puede Argentina despedir a miles o incluso millones de empleados estatales sin que ello provoque una crisis económica y un masivo desempleo? Un caso histórico nos ayudará a comprender que sí puede.

Luego de terminada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos bajó de manera brutal el gasto público. Millones de empleados del estado, soldados y civiles, fueron despedidos de la noche a la mañana. Con todo eso, la economía americana se mantuvo con pleno empleo y creciendo de manera formidable. La lección: se puede hacer un ajuste fiscal monumental, de manera rápida y sin crisis, ni desempleo, ni depresión económica. Como veremos, fue puro shock. No hubo nada de gradualismo. Las explicaciones keynesianas por el “milagro” de posguerra tienen tantos defectos que son descartables (Vedder y Gallaway, 1991; Higgs, 1999; Anderson, 2010).

Debido a la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos aumentaron el gasto público total (federal + state + local), principalmente defensa, desmesuradamente. Pasó de 18,82 % del PBI en 1941 a 51,79 % en 1945. 


Pero luego de la guerra, Estados Unidos bajó el gasto público total de más del 50 % del PBI de nuevo al 20 % en solo 3 años. 

Por otro lado, Argentina tiene hoy un gasto público consolidado (nación + provincias + municipios) de más del 50 % del PBI. La mayor parte del mismo no es otra cosa que salarios de empleados y jubilaciones.

Estados Unidos retrajo el nivel del gasto público* consolidado desde los 118 mil millones de dólares de 1945 hasta unos 79 mil millones en 1946. Es decir, el gasto estatal total cayó casi 33 % en solo un año. Luego, en 1947, se retrajo otro 27 % respecto al año anterior. Y finalmente disminuyó un casi 5 % en 1948. En total, el gasto estatal consolidado bajó un 53 % entre 1945 y 1948. El gasto público total se redujo a la mitad en solo 3 años.


Los déficits fiscales federales, dado el gasto total, para pagar la segunda gran guerra fueron monumentales. El rojo de las cuentas estatales absorbía el 29 % del PBI en 1943. Hacia 1944 bajó un poco hasta el 25 % para volver a subir el año siguiente hasta el 27 %. Terminada la guerra y con el brutal recorte de gasto de 1946, el déficit fiscal cae desde el 27 % hasta el 12 % del PBI (menos de la mitad de déficit en solo un año). Para 1947 el déficit era solo el 1 % (90 % de reducción en un solo año) y ya en 1948 se produce un superávit fiscal de más de 2 %.


En la actualidad, Argentina no tiene, ni de cerca, un déficit fiscal tan abultado. Pero aun así es muy elevado para un país que no está en guerra: un 8 % del PBI. El más alto de los últimos 28 años.

La FED tampoco realizó mucha expansión en esos años. El agregado de la base monetaria se estancó entre 1946 y 1951. Y la oferta monetaria M1 creció solo 9 % entre septiembre de 1945 y septiembre de 1948, mientras el M2 únicamente un 13 %. Nada fuera de lo normal.

Observen el siguiente cuadro que es el que presentan Vedder y Gallaway (1991) para Estados Unidos:


La Segunda Guerra Mundial terminó en septiembre de 1945. Solo en un año, desde junio de 1945 a junio de 1946, el gobierno despidió a casi 10 millones de personas. Leyeron bien: el gobierno en solo un año dejó sin empleo a 10 millones de americanos, 16 % de la fuerza de trabajo, que nosotros llamamos Población Económicamente Activa (PEA), de 1946.

En la Argentina actual, la PEA es de aproximadamente 19 millones de personas. Con lo que el total de empleados públicos representa un 23 % de la misma. Pero que ese porcentual sea mayor en el caso argentino no afecta el argumento. Ambos son porcentajes muy amplios de la PEA y ambos pueden bajarse a cero o un poco más de cero. En el caso argentino, si se quiere, se pueden despedir a varios millones, dejando solo el personal mínimo necesario para que el Estado realice las funciones básicas. Podemos incluso solo limitarnos a los 2 millones de empleados agregados en los últimos 12 años y que representan solo el 10,50 % de la PEA.

¿Acaso toda esa gente en la calle en tan poco tiempo provocó una subida fenomenal de la desocupación en Norteamérica? ¿Hubo una depresión luego de recortar drásticamente el gasto y empleo público como pronosticaban algunos economistas (varios keynesianos, claro) en años previos al fin de la guerra? ¿El sector privado pudo con toda esa mano de obre desocupada? Veamos:

A pesar de 10 millones de despedidos del Estado en solo un año, la tasa de desempleo llegó a un muy razonable 4,15 % en ese periodo. ¿Cómo fue posible esto?
  • 1) Hubo una caída en la oferta laboral: Noten que la población total apta para trabajar aumentó casi en un millón de personas en el año. A pesar de ese crecimiento neto del total, la PEA disminuyó en casi 5,6 millones de personas. Al terminar la segunda gran guerra mucha gente se retiró del mercado laboral. En particular, millones de mujeres voluntariamente decidieron salir de la fuerza laboral para volver a sus trabajos de madres, esposas y amas de casa**. Muchas otras, al igual que muchos hombres, decidieron también volver a la escuela o universidad. La participación de las mujeres en el empleo civil baja bastante, del 36,39 % al 29,65 %. Siempre recuerden que esta caída de la oferta laboral fue voluntaria. Con lo cual el desempleo potencial de 10 millones cayó en 56 % al ser absorbido por la salida voluntaria de 5,6 millones de personas del mercado laboral. La oferta de trabajo se contrajo y volvió a los niveles normales (históricos) que habían sido alterados por el hecho insólito de la guerra mundial (Vedder y Gallaway, 1991). Sin embargo, es falso decir que “el desempleo no fue alto solo porque las mujeres dejaron sus puestos en plantas y volvieron al hogar”. De las 4,9 millones de mujeres que entraron a la PEA entre 1941 y 1944, 2,4 millones permanecieron en el mercado laboral (Anderson, 2010).
  • 2) Ocurrió un aumento de la demanda del sector civil: A pesar de lo anterior, todavía quedaban 4,4 millones de desempleados. El otro factor que contribuyó a aminorar el desempleo fue que la industria civil (no empleo en el gobierno), en su mayoría sector privado, le dio trabajo a 2,7 millones de trabajadores en solo un año. El 27 % del desempleo potencial de los 10 millones fue absorbido por la producción civil entre junio de 1945 y junio de 1946 (Vedder y Gallaway, 1991). El restante 1,7 millón de personas, en adición a los 0,89 millones anteriores, son el 4,15 % de desempleo.
Alguien podría argumentar, mirando el cuadro, que el desempleo claramente subió desde más de 1 % en junio de 1945 hasta el 4 % en junio de 1946. Pero hay que aclarar que el desempleo de junio de 1945 está ficticiamente disminuido debido a que muchos trabajadores estaban “empleados” de soldado y peleando la guerra o haciendo municiones. En circunstancias normales (o sea, sin conflictos militares mundiales), menos de 5 % de desempleo es o “pleno empleo” o casi “pleno empleo”. Por si eso fuera poco, esa tasa menor a 5 % está por debajo de la tasa de desempleo promedio de Estados Unidos de todo el siglo XX. Es más, está incluso por debajo del promedio de los “prósperos” años 20s y 50s (Vedder y Gallaway, 1991). Para más inri, una intervención del Estado (los seguros de desempleo para veteranos) hizo que esa tasa de desempleo sea más alta de lo que habría sido sin la intervención (Higgs, 1999). Por lo tanto, el 4,15 % de desempleo de junio de 1946, ya terminada la guerra, es claramente “pleno empleo”.

Adicionalmente, el porcentaje de personas absorbidas por el sector civil fue mayor. Si incluimos las industrias de defensa, se despidieron en total a 11 millones de personas de las cuales 4 millones (más del 36 %) fueron absorbidos por la economía civil. Esto es debido a que, en el primer año de posguerra en que aumentó el empleo en 2,7 millones, las industrias de consumo todavía no alcanzaban la producción completa y también el empleo en fábricas de junio de 1946 estaba todavía más de 10 % debajo de los niveles de junio de 1945 (por la baja de producción relacionada con la defensa). Lo que implica que el crecimiento en el empleo no manufacturero y no del gobierno fue, de hecho, de 4 millones (Vedder y Gallaway, 1991). La tasa de desempleo continuó siendo asombrosamente baja hasta 1948. Entre 1944 y 1948, luego de que el gobierno despidiera a casi 11 millones de personas, el sector privado (comercio minorista y mayorista, servicios, construcción, vehículos y equipamiento, finanzas y bienes raíces, etc.) añadió 5,12 millones de empleos (Anderson, 2010).


Por otro lado, el PBI real norteamericano cayó un inédito 20,60 % en 1946, una bestialidad que superaba con creces el peor año de la Gran Depresión: 1932. También se desplomó antes en 1945 un 4 % y en 1947 un 1,5 %. ¿Qué ocurrió? ¿Hubo otra Gran Depresión en 1945-1947? No. Lo que hubo fue “magia estadística”. El PBI incluye el gasto público, el cual había subido tanto que absorbía gran parte del producto. Una baja desorbitada del gasto de gobierno implicaba una caída enorme del PBI. Si restamos el gasto público del PBI nos queda el producto del sector privado o Producto Bruto Privado (PBP). En 1946 el PBP real creció un increíble 29,50 %, cifra jamás igualada, mientras el PBI real caía 20,60 %. El PBP creció en 1945 aproximadamente 10 % y en 1947 un 3 % (Higgs, 1999). En total, el crecimiento del sector privado real en 1945-1947 fue de 33,80 % según cifras deflactadas con dudosos índices oficiales. Usando alternativos, el crecimiento pudo ser de 44,50 % (Higgs, 1999). En palabras simples, el sector privado surgió con toda su fuerza gracias a que el Estado se apartó.

¿Cómo ocurrió que el sector civil no manufacturero aumentó tanto como para absorber tamaña cantidad de empleados públicos despedidos?
  • a) Los salarios reales ajustados por productividad bajaron: se permitió que el mercado laboral hiciera los ajustes necesarios ante ese masivo exceso de oferta laboral de 11 millones en un solo año. Los mercados laborales actuaron rápido y eficientemente. Primero, como vimos, vía una reducción de la oferta. Segundo y adicionalmente, a través de una reducción de los salarios reales ajustados por productividad. Estos cayeron aproximadamente un 2,35 % en 1946 y un 7,15 % en 1947. Millones de trabajadores consiguieron trabajo y fueron contratados por empresas a pesar del futuro incierto simplemente porque “el precio era el correcto” (Vedder y Gallaway, 1991). Exactamente lo contrario de lo que ocurrió en la Gran Depresión, cuando el Estado no permitió al mercado laboral ajustar. Aun así, Higgs (1999) pone dudas de que todos hayan bajado.
  • b) Bajaron los impuestos: con la “Revenue Act” de 1945 se bajaron las tasas superiores de impuestos a los ingresos de las empresas y se eliminó el impuesto a las ganancias excesivas (un típico impuesto de guerra). Este último no era poca cosa. Solo entre 1941 y 1945 el acumulado de los pagos netos por ese impuesto fue de 40 mil millones de dólares (Higgs, 1999), que equivalen a 527 mil millones hoy. Con lo cual, las empresas disfrutaron de una suba de beneficios entre 1946 y 1948 (Higgs, 1999; Vedder y Gallaway, 1991). El ahorro bruto que permitían esos crecientes beneficios entre 1945-1948, habilitó buena parte de los fondos para el financiamiento de la gran inversión de posguerra que absorbió a los desempleados. La tasa marginal más baja también fue disminuida (Anderson, 2010).
  • c) Desregulación en tiempo record: la gran mayoría de los siempre cambiantes controles y regulaciones de guerra que asfixiaban la economía se quitaron en 1945, y en 1946 la mayor parte del resto (Higgs, 1999). Los controles de precios, regulaciones, prohibiciones, prioridades, programación de fechas, asignaciones físicas, conservación y limitación de órdenes, cuotas, subsidios, rechazos, racionamiento de bienes, racionamiento de crédito, control de tasas de interés, servicio militar obligatorio, la masiva inversión estatal, etc. desaparecieron en tiempo record (Higgs, 1999). En un lapso mínimo, dos años o menos, la economía norteamericana se despojó de una inmensa cantidad de regulaciones (Anderson, 2010). Ello validó la confianza e incentivó a los empresarios a actuar. Además, precisamente el hecho de que se esperaba que muchas regulaciones del mercado laboral fueran solo transitorias y se terminarían luego de la guerra, como finalmente ocurrió, fue otro factor fundamental para lograr el muy bajo desempleo.
  • d) El Estado no haciendo crowding-out: el Estado dejó de “desplazar” al sector privado al cancelar contratos militares inmediatamente, vender muchas fábricas estatales a privados, trasformar su déficit en superávit, etc. (Higgs, 1999)
Sí, es posible reducir el tamaño e influencia del Estado y despedir a todos los miles o millones de empleados públicos que se quiera en muy poco tiempo y sin un Apocalipsis de desempleo alto, crisis y depresión económica. En resumen, podemos “echarlos a todos”.

Vengan de a uno.




*Observen que el nivel del gasto público no regresa a la altura que tenía en 1940, sino que, luego de la tremenda subida, baja hasta una cota superior. Eso es lo que se conoce como "efecto trinquete" y es lo que refuta las absurdas teorías de Naomi Klein.

**Amiga/o feminista, si en caso de leer esto estás pensando en que yo quiero o estoy mandando a que las mujeres vuelvan a sus “roles” supuestamente “impuestos” por la “sociedad heteropatriarcal” o algo así, no entendiste nada. Contar los hechos históricos como fueron deja fuera cualquier intencionalidad que se invente el lector prejuicioso sobre quien escribe. 






Anderson, David R. (2010) “The U.S. postwar miracle”. George Mason University: Mercatus Center. Working paper 10-67.

Higgs, Robert (1999), “From Central Planning to the Market: The American Transition, 1945-1947”. The Journal of Economic History. Vol. 59, No. 3, 600-23.

Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell E. (1991) “The great depression of 1946”. The Review of Austrian Economics. Vol. 5, No. 2, 3-31.

jueves, 29 de octubre de 2015

El mito del "recalentamiento de la economía"


De acuerdo con la corriente principal (mainstream) de la ciencia económica, el "recalentamiento de la economía" ocurre cuando hay un exceso de demanda agregada (gasto monetario) respecto de la oferta agregada (producción potencial o tendencial). Ese exceso provoca desequilibrios como que la inflación aumente.

La analogía es la de un motor (la economía de un país) que, en el principio, comienza a funcionar (nivel de actividad del país) desde su mínimo y está frío. Luego mientras sigue funcionando, a medida que pasa el tiempo y llega al máximo de su potencial o lo sobrepasa, su temperatura (inflación) aumenta hasta llegar a valores preocupantes.

Alan Greenspan explica el caso clásico del supuesto recalentamiento (Salerno, 2010: 546). Cuando las empresas invierten (realizan gasto en inversión) en nuevo equipo capital o procesos tecnológicos demandan crédito adicional a los bancos. Cuando ese crédito se gasta en esos proyectos, los precios de los factores, incluyendo salarios, suben. Al subir esos costos, las empresas reaccionan aumentando los precios de los productos. Ello aumenta el costo de vida que incentiva a los trabajadores a pedir ulteriores aumentos de salarios. Lo que aumenta los costos y precios todavía más, precipitando una potencialmente explosiva "espiral salarios-precios" que puede hacer salir de control la inflación.

Esta historia, aceptada tanto por el mainstream como por la supuesta "heterodoxia", es, sin embargo, completamente errónea.

Si las empresas demandaran más crédito para invertir en bienes de capital o nueva tecnología, suponiendo que el ahorro permanece igual, las tasas de interés tenderán a subir y otras empresas van a pedir prestado menos de lo que lo hacían a las anteriores menores tasas. Si el banco central decide "acomodarse" a esta mayor demanda de crédito, solo puede hacerlo inyectando adicionales reservas en el sistema bancario y expandiendo la cantidad de dinero (en sentido amplio). Es decir, el incremento de la oferta de crédito no es inflacionario a menos que aumente la oferta monetaria (Salerno, 2010: 546-48; Lewin, 2012).

Si no se produce un aumento del crédito sin respaldo (o sea, un incremento por emisión de medios fiduciarios) ni del crédito verdadero (respaldado por ahorro genuino), una expansión adicional de la demanda de recursos para invertir y ampliar el aparato productivo por parte de los empresarios provocará un aumento de 1) el precio de los factores de producción (materias primas, trabajadores, herramientas, etc.) complementarios necesarios y 2) las tasas de interés de los fondos requeridos (Hayek, 1929, 2008: 35, 37, 41; Mises, 1949: 583). Ni los recursos reales (maquinas, trabajadores, instalaciones, hierro, etc.) ni los fondos prestables disponibles han aumentado mientras que sí lo ha hecho la demanda por ellos. La suba de costos, 1) y 2), por la mayor demanda para las inversiones adicionales abortará inmediatamente el intento de expansión desmesurada de los inversores. El valor actual de muchos proyectos cae porque suben las tasas.

Pero además, el proceso de crecimiento económico es posible porque los hogares deciden ahorrar más de su ingreso corriente que antes. Ese ahorro adicional provee a las empresas de fondos y recursos para invertir en construir bienes de capital, incluyendo los nuevos y diferentes necesarios para implementar los innovadores procesos tecnológicos. Luego, una vez que los bienes de capital estén completos y los nuevos procesos tecnológicos estén en marcha, la productividad del trabajo sube permitiendo que los negocios oferten más cantidad de productos de consumo a menor costo por unidad. De esta forma la economía crece aumentando la oferta de numerosos bienes de consumo resultando en una baja de sus precios. Aun en esas circunstancias, los beneficios continúan siendo altos y las empresas crecen sanas a pesar de la baja de precios de venta debido a que los costos medios caen más (inducidos por la acumulación de adicionales bienes de capital y mayor productividad del trabajo).

En palabras simples, el crecimiento económico, entendido como un aumento de la oferta y disponibilidad de bienes de consumo que desea la población gracias a la acumulación de capital, no es inflacionario. Repito, el crecimiento económico no es inflacionario. Si no se produce un aumento del dinero sin respaldo, la economía no se "recalienta" por mayor nivel de actividad. Al contrario, la expansión de la producción por mayor ahorro y acumulación de capital presiona todavía más los precios de los bienes a la baja. Es falso también que "para crecer necesitamos 'un poco' de inflación". 

Eso es lo que ocurrió con la industria de la electrónica, los videojuegos y las computadoras. La enorme acumulación de capital permitió que sus precios bajaran de manera brutal casi constantemente desde los 70s hasta hoy. Al mismo tiempo que mantenía márgenes de beneficios positivos y crecía el sector enormemente. En 1970 una computadora valía, y no estoy exagerando, unos U$S 4.600.000. Hoy una Dell de escritorio está en U$S 400 y no necesito ni si quiera explicar lo infinitamente superior que es en hardware y software a una de 1970. O veamos como evolucionó el precio de las computadoras portátiles y de escritorio desde 1992 hasta hoy.


Y para que vean que no estoy cometiendo una falacia de la composición con ese ejemplo (lo que es cierto para la industria informática particular no es cierto para la economía toda), les daré un caso histórico de una economía entera que creció con deflación: Estados Unidos en 1865-1896. Los precios tendieron a bajar todo ese periodo.




La tasa compuesta de crecimiento anual basada en los datos de PBN real de Balke y Gordon para 1869-1896 fue 3,74 %, con los datos de Romer en ese mismo periodo fue 4,06 % y según Officer y Williamson (Measuring Worth) fue 3,79 % para el intervalo más amplio 1865-1896. Incluso el PBI real per capita, según estos dos últimos autores, crece a una nada despreciable tasa de 1,46 % anual entre 1865 y 1896. Y no es despreciable porque debemos tener en cuenta que la población se duplicó en ese lapso desde 36 a 71 millones. Nadie puede negar que la economía creció notablemente entre 1865 y 1896. 

Mientras tanto, en los 31 años entre 1865 y 1896 los precios de los bienes de consumo cayeron (es decir, deflación) a una tasa anual de 1,86 % según el índice del nivel general de precios del NBER, 1,95 % según el IPC de la FED de Minneapolis y 2,11 % según el IPC de Officer y Williamson (Measuring Worth).

La economía americana crece (no sin algunas crisis en el medio, claro) hasta más o menos triplicarse en todas las series de producto bruto real estimado. Y ello ocurrió cuando los precios de los bienes finales tendieron a bajar todo el periodo.



Observen, además, que los salarios reales de los trabajadores se duplicaron en el lapso deflacionario de 1865-1896. Lo cual muestra que la productividad del trabajo ciertamente aumentó.

La inflación en absoluto es necesaria para crecer. La teoría del recalentamiento de la economía es uno de los grandes mitos de la Macroeconomía.








Hayek, Friedrich A. von (1929) Monetary Theory and the Trade Cycle. London: Routledge. 1933. En Salerno, Joseph T. Ed. (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Lewin, Peter (2012), "Austrian Capital Theory: Why It Matters". New York: Foundation for Economic Education.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

sábado, 10 de octubre de 2015

Liberalismo VS keynesianismo en Estados Unidos


En este post vamos a ver las tasas compuestas de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) de Estados Unidos para los periodos de oro del liberalismo y del keynesianismo.

Siempre debemos recordar que no había contabilidad nacional en el siglo XIX. Las cuentas nacionales son una creación del siglo XX. Por lo tanto, lo único que podemos hacer son estimaciones de esa época. Las más modernas son las de Balke y Gordon (1988), Romer (1989) y las de Williamson y Johnston (Measuring Worth).

Debido a que estamos hablando de estimaciones, suele ocurrir que, en general, mientras más atrás en el tiempo vamos, más difícil y menos seguros son los resultados al realizarlas. Probablemente las más sólidas y revisadas comienzan en 1869. 

El periodo de 1869-1913 en Estados Unidos (y el mundo) suele ser llamado la "Era de oro del liberalismo". Durante esos años se impuso el Patrón Oro a nivel internacional, en Estados Unidos y varios países aún no había Banco Central, el comercio y los precios eran relativamente libres y el Estado era pequeño (en general, 10 % del PBI). Esa era termina claramente con el inicio de la Primera Guerra Mundial y el abandono del Patrón Oro. 

Mientras que el lapso de 1951-1973 suele ser llamado en Estados Unidos y el mundo la "Era de oro del keynesianismo" por los propios keynesianos (Skidelsky, 2009: 24, 115). En la cual los gobiernos intervinieron sin precedentes, fiscal y monetariamente, para “manejar” la economía (conseguir "pleno empleo" y crecimiento alto).

El siguiente gráfico muestra los resultados de las respectivas tasas de crecimiento:

Tasas compuestas de crecimiento anual del PBI en Estados Unidos
para los periodos de oro del keynesianismo y del liberalismo
Para el periodo de oro del keynesianismo, 1951-1973, el PBI real (en miles de millones de dólares encadenados de 2009 y haciendo un promedio de los 12 meses de cada año para el valor anual sin estacionalidad) de Estados Unidos según el U. S. Bureau of Economic Análisis (BEA), tiene una tasa anual compuesta de crecimiento de 3,86 %. Y si hacemos un promedio de las tasas de crecimiento anuales en esos 22 años nos da 3,88 %, no muy diferente.

Mientras que para el periodo de oro del liberalismo, 1870-1913, la tasa de crecimiento compuesta anual del Producto Bruto Nacional (PBN)* real en Estados Unidos, según las estimaciones modernas, es 3,90 % según Balke y Gordon, 4,07 % de acuerdo con Romer y 3,97 % según Williamson y Johnston. Y el promedio de tasas anuales de cada uno de los 43 años es 4,06 % de Balke y Gordon, 4,05 % de Romer y 4,06 % de Williamson y Johnston.

Claramente, aunque la diferencia es pequeña, la era de oro del liberalismo (1870-1913) supera en tasa de crecimiento anual promedio del PBI a la keynesiana (1951-1973) en cualquiera de las estimaciones modernas y revisadas. Se puede conseguir "alto crecimiento" sin el manejo deliberado del Estado.

Siempre hay que tener en cuenta algo muy importante: estamos comparando 22 años (1951-1973) contra casi el doble, 43 años (1870-1913). Por lo tanto, nadie razonable puede quedarse únicamente con la tasa promedio de crecimiento sin ver la cantidad de tiempo que duraron. Aun cuando las tasas de crecimiento entre la Era de oro del liberalismo y del keynesianismo son muy similares, la economía americana creció mucho más tiempo, a la misma tasa promedio, en el primer caso que en el segundo. Ello, por lo tanto, la hace superior. No es lo mismo crecer 22 años al 4 % anual promedio, que hacerlo durante 43 años.

Además, el crecimiento de la era keynesiana fue artificial e insostenible. Descontando crecimiento alto por posibles efectos "catch up" de posguerra, su fin llegó por su propia política inflacionaria y expansiva. Algo que hasta los propios keynesianos dicen. Skidelsky (2009: 128), aunque lo intenta minimizar como algo "limitado" y no esencial, lo admite: "[K]eynesian policy as practised in the 1960s brought the golden age into crisis….". De hecho, el fin no llegó abruptamente con el "shock petrolero" de 1973. Sino que la erosión y el fin de la "Era de oro del keynesianismo" comienzan, como mínimo, en 1968 y por sus propias tensiones internas (Glyn et al., 1988).





* Aun cuando hay diferencias entre PBN y PBI, se comportan casi idénticamente entre 1951 y 1973 y en absoluto cambia la tasa de crecimiento si la tomamos del PBN. Por lo que comparar tasas de crecimiento del PBN del siglo XIX y el PBI del XX no es problemático.





Balke, Nathan S. y Gordon, Robert J. (1988) "The Estimation of Prewar GNP: Methodology and New Evidence". NBER Working Paper No. 2674. Y también Journal of Political Economy. Vol. 97, No. 1, 38-92. 1989.

Glyn, Andrew; Hughes, Alan; Lipietz, Alain y Singh, Ajit (1988), "The Rise and Fall of the Golden Age". Cambridge Working Papers in Economics. World Institute for Development Economics Research.

Louis Johnston and Samuel H. Williamson, , "The Annual Real and Nominal GDP for the United States, 1790 - 2014" MeasuringWorth.

Romer, Christina D. (1989) "The Prewar Business Cycle Reconsidered: New Estimates of Gross National Product, 1869-1908". Journal of Political Economy. Vol. 97, No. 1, 1-37.

Skidelsky, Robert J. (2009) Keynes: The Return of the Master. New York: PublicAffairs. 2010.

viernes, 11 de septiembre de 2015

El mito del "bloqueo invisible" contra Allende



Cuando un experimento "revolucionario" fracasa, los socialistas, en general, tratan de buscar una excusa que justifique el desastre. El caso de Chile y Salvador Allende es paradigmático. Según el relato socialista, dado el contexto de la Guerra Fría, a Allende le realizaron un "bloqueo invisible" (llamado así por el propio Allende) impulsado por el gobierno norteamericano de Nixon y su secretario de Estado Henry Kissinger, para desestabilizar la economía, fomentar el descontento y tumbar su gobierno. La prueba que siempre presentan prima facie es una instrucción escrita a mano por Nixon a la CIA que pedía "hacer gritar la economía (chilena)" (make the economy scream) o el memorandum 93 de Seguridad Nacional de Kissinger pidiendo medidas financieras y económicas contra Chile.

Pseudoerasmus tiene un genial post sobre si el supuesto "bloqueo invisible" contra Salvador Allende fue determinante o no en el fracaso absoluto de su gestión económica. En el me baso para lo siguiente. ¿Fue la intervención norteamericana responsable en mayor medida del desastre económico de Chile en 1970-1973? No, y veamos las razones.
  • 1) La CIA no imprimió los billetes: Como ya vimos, los déficits de Allende eran brutales. En porcentaje del PBI fueron 6,69 % en 1970, 15,28 % en 1971, 24,53 % en 1972 y 30,48 % en 1973. Eso es increíblemente grande. Recuerden que ya un déficit de 6,69 % del PBI es un problema, por lo que uno de 30 % es una catástrofe.
¿Por qué hubo tal crecimiento del déficit? Hacia 1971, debido al aumento desorbitado de salarios y seguridad social. Ese era el plan populista de Allende: subir salarios nominales enormemente mientras se aplicaban controles de precios sobre los bienes. De los gastos corrientes del Estado, los salarios y la seguridad social, que ya representaban una parte importante, crecen de 15,83 % a 19,54 % y de 8,60 % a 11,87 % respectivamente entre 1970 y 1971 como porcentaje del PBI.

¿Cómo se financió ese agujero fiscal? Casi la totalidad con impresión de billetes. La emisión monetaria para financiar el déficit o "financiación interna neta" fue, en porcentaje del PBI, 6,60 % en 1970, 13,61 % en 1971, 22,71 % en 1972 y 30,40 % en 1973. Comparen esos porcentajes con los déficits en sus respectivos años.

En 1972 los ingresos fiscales en términos reales empiezan a caer. ¿Fue esa caída algún acto de la CIA? Por supuesto que no. Se debió al efecto Olivera-Tanzi: en periodos de inflación alta, la demora en la recaudación tributaria implica ingresos menores en términos reales. 

Pero además el precio internacional del cobre cayó durante 1971 y 1972 un 25 %. Lo cual trastornó aún más los ingresos públicos y la entrada de dólares. ¿Acaso la CIA conspiró para bajar el precio internacional del cobre solo para perjudicar a un solo presidente latinoamericano? 

Hacia 1973 el mayor factor que causaba el déficit fiscal eran los subsidios a las empresas estatales que no producían cobre. Solo esos subsidios representaban el 9,49 % del PBI. ¿A qué se debía ese brutal monto de subsidios? A la caída de producción como resultado de la nacionalización, problemas de gerencia y en especial a la política estatal deliberada de mantener bajos los precios minoristas para los consumidores.

El desastre era evidente y en absoluto hace falta una "intervención externa" para causarlo. Los gastos brutales en salarios, seguridad social y subsidios industriales combinados con una caída del precio del cobre y la erosión real de los ingresos tributarios por la inflación explican casi la totalidad del déficit de 30 % del PBI de 1973. La CIA ni controlaba el aumento de salarios, ni agrandaba el déficit, ni imprimía los billetes.

Pero es que recuerden que los propios miembros de Unidad Popular decían que deliberadamente dejaron de preocuparse de los déficits fiscales crecientes porque ello era "ortodoxo". Queda, por lo tanto, más que demostrado que los déficits bestiales son responsabilidad completa de Allende y Unidad Popular. Ellos buscaron el rojo de las cuentas públicas y eran conscientes de ello.
  • 2) Los controles destruyeron la producción: Otra parte de la teoría del "bloqueo invisible" es que Chile tuvo problemas para importar piezas de repuestos debido a la insuficiente financiación comercial. Ello afectó la producción, contribuyendo a la escasez de productos y al desfinanciamiento estatal por la menor producción de cobre (debiendo aumentar el financiamiento inflacionario).
Por supuesto, esto tampoco es muy plausible dadas las medidas de Unidad Popular. Para combatir la inflación, casi toda la oferta chilena estaba sujeta a los controles de precios, racionamiento y nacionalización de la distribución de Allende. Predeciblemente, ello provocó escasez, acaparamiento y colas, reduciendo la producción. Hacia el final del gobierno de Allende, el tipo de cambio del dólar de mercado negro era 40 veces (¡CUARENTA!) el del mercado oficial.

Recuerden que el plan de Unidad Popular incluía mantener artificialmente bajo el dólar. El aumento en esa prima de mercado negro acompaña la caída de la producción industrial.
  • 3) No solo los camioneros estaban molestos: Otra pata de la teoría conspiracionista externa es que la CIA financió directa o indirectamente a los camioneros y dueños de compañías transportistas para realizar importantes paros que desestabilizaran al gobierno y agravaran la escasez. 
Aun si asumiéramos que de verdad la CIA mandó fondos a los transportistas para realizar huelgas, ellos solo eran una parte de un mucho mayor descontento con los resultados de las medidas del gobierno en un país que ya de por sí era propenso a los paros. Solo en 1973 hubo 2.050 paros que involucraban más de 700 mil trabajadores. En 1972 ocurren 3.325 paros con más de 390 mil trabajadores y en 1971, antes de los paros "financiados por la CIA", 2.696 huelgas de casi 300 mil trabajadores. Difícilmente alguien podría argumentar jamás que todos los trabajadores estaban contentos. Había una proporción importante que no lo estaba. ¿Acaso todos ellos estaban financiados por Estados Unidos también?

Las amplias huelgas de 1973 demandaban la indexación de los salarios a la inflación y se realizó en simpatía con la huelga de los mineros de cobre de 74 días. La cual fue reprimida con la policía por parte de Allende, detalle que muchos socialistas siempre "olvidan" mencionar.

¿Cómo se puede culpar de ese malestar de los trabajadores a factores externos? La hiperinflación (causada por la emisión monetaria del gobierno) les destruía los salarios reales a los trabajadores, ¿Puede alguien de izquierda coherentemente decir que debieron quedarse sin hacer nada ni protestar? Los sindicatos socialistas y comunistas ciertamente eran parte de la coalición de Unidad Popular, pero claramente tenían poco control sobre los trabajadores.
  • 4) La CIA no controlaba el precio del cobre ni realizó la reforma agraria: La balanza de pagos Chilena tuvo dos problemas principales coincidentes y que no se pueden imputar a la CIA: primero que el precio del cobre cayó 25 % en 1971-1972 mientras que el precio en dólares de las importaciones subía por la inflación de la moneda americana y segundo la producción agrícola se desplomó por la reforma agraria y por los controles de precios.
Incluso suponiendo que damos por cierto el absurdo supuesto de que la CIA de alguna manera controlaba el precio del cobre, ¿Por qué lo redujo solo en 1971 y 1972 y no en 1973? ¿Por qué ayudar a Allende con el repunte del precio en ese último año?

Pseudoerasmus nota que la reforma agraria también tuvo mucho que ver con la brutal caída en la producción de trigo y otros productos agrícolas. Es verdad que la reforma agraria comenzó con los gobiernos previos de Alessandri (1958-1964) y Frei (1964-1970), pero Allende la aceleró enormemente y el ambiente político incitaba la ocupación espontánea por parte de los campesinos de las tierras.

Los ingresos de exportaciones de Chile cayeron por la baja del precio del cobre y el menor poder adquisitivo de los dólares por la inflación internacional al mismo tiempo que aumentaba la demanda de importaciones de comida. Si el déficit de balanza de cuenta corriente no es compensado con ingresos de divisas (préstamos externos, ayudas o inversiones externas), entonces el déficit de balance de pagos se paga con reservas del Banco Central. Y eso fue lo que ocurrió en 1971-1973.

Solo en 1972 la mayor importación de alimento se pagó en parte importando menos bienes de capital e intermedios, donde van incluidos los repuestos. Si Chile no hubiera tenido que importar esa gran cantidad de comida, porque su producción interna se desplomó debido a los controles de precios y su desastrosa reforma agraria, no hubiera tenido problemas en conseguir repuestos importados aun con la caída del precio del cobre.
  • 5) ¿Bloqueo del crédito?: El último escape socialista para justificar el fracaso de Allende es el "bloqueo del crédito internacional". Según ellos, como Estados Unidos impuso una restricción del crédito internacional, Chile tuvo que vivir solo de sus reservas para importar. Las cuales inevitablemente se terminaron agotando pues Allende no tuvo acceso a préstamos o ayuda internacional para compensar.
Es cierto que Chile se "comió" gran parte de las reservas y hacia septiembre de 1973 estaba en camino a una crisis de balanza de pagos. Pero todavía no había tenido una. Allende había logrado "llegar a fin de mes" durante todos los años de gobierno hasta el final de su vida.

Com
o muestra Pseudoerasmus, a excepción de 1971, cuando hubo una fuga de capitales, los ingresos de capital netos de Chile en 1970-1973 como porcentaje del PBI fueron muy similares a los de los años 60s. Ergo, en comparación con el periodo previo, el ingreso neto de capitales en proporción al PBI no cayó durante casi todo el periodo de Allende. Además, a fines de 1971 Chile declaró una moratoria sobre gran parte de su deuda externa, que incluía a Estados Unidos, por lo que los dólares ahorrados y no transferidos se consideran de facto ingreso de capitales. Por lo que si Chile vivió de sus reservas en los años de Allende fue por las mayores importaciones de alimentos y la caída del precio del cobre, no debido a una restricción externa del crédito.

Es más, Chile se las arregló para tomar préstamos del Club de Paris, del bloque socialista, Europa occidental y Latinoamérica, aun cuando varias veces los créditos debían pagarse en parte con importaciones desde los países acreedores. Por eso la deuda externa Chilena aumentó desde 2.067 millones de dólares en 1970 a 2.703 millones en 1973. Incluso suponiendo que Estados Unidos paralizó todos sus créditos y ayuda (lo cual no es cierto. Los bancos privados americanos redujeron gradualmente sus líneas de crédito, nunca las eliminaron totalmente), Allende claramente consiguió obtener ambos de varias otras partes del mundo. Y si los bancos privados norteamericanos redujeron gradualmente el crédito, fue en respuesta a la deteriorada solvencia de Chile, no por cuestiones políticas. Los bancos no hacen caridad, y aun si la hicieran ello solo quiere decir que el socialismo se sostiene de la caridad.

Es verdad, si Allende hubiera obtenido mucho más ingreso de capitales, suficiente para cubrir la demanda de importaciones, no habría tenido el apretón de divisas que tuvo. Pero eso necesariamente implica que la "revolución socialista" solo se sostiene con financiamiento de los capitalistas imperialistas. La frase de que "el socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero… de los demás" sería una descripción completamente correcta.

En conclusión, incluso aceptando que hubo alguna intervención de Estados Unidos en Chile, sus efectos en la economía chilena fueron mínimos en comparación con los resultados nocivos de las medidas tomadas por Salvador Allende.

Que los socialistas se hagan cargo de sus desastres y no inventen excusas. La catástrofe económica chilena entre 1970 y 1973 fue responsabilidad, en su inmensa mayoría, de las acciones de Allende y Unidad Popular, no de la CIA.