Mostrando entradas con la etiqueta ciclo economico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciclo economico. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de julio de 2016

¿Qué es una recesión y una depresión económica?


Argentina está en una recesión que continua hasta el día de hoy de forma tal que aún no podemos estimar con precisión cuándo terminará. En esta entrada simplemente veremos qué es una recesión y también qué es una depresión.

Desde el punto de vista convencional, en Economía no hay una definición estricta y formal, universalmente usada, para una recesión. Lo cual ya les anticipa que vamos a dar un par de vueltas en este post. Las que se conocen suelen ser, en general, definiciones arbitrarias y sujetas a constantes críticas. Pero, aún así, se ha llegado a una cierta convención entre los expertos y economistas de usar determinados conceptos.

Una de las más usadas es la del National Bureau of Economic Research (NBER), una de las mayores ONG de investigación económica de Estados Unidos y que, entre otras cosas, informa sobre si el país está o no en recesión. Tienen hasta un comité de expertos para ello, ¿Adivinen como se llama? Sí, el Comité de Fechado de Ciclo Económico (Business Cycle Dating Committee).

Ellos antes definían recesión como una caída significativa de la actividad a lo largo de la economía que puede durar desde unos meses a más de un año. Esa era la definición general. Observen que no es demasiado precisa: ¿Cuánto es “significativa”? Si es, digamos, 5 % ¿Una caída de 4,98 % no es significativa? ¿Cómo medimos la “actividad”? ¿Usamos el PBI? ¿La industria manufacturera? ¿La ocupación? ¿A lo largo de qué y cuántos sectores nos referimos cuando se dice “a lo largo de la economía”? ¿Cuántos son “unos meses”? Dada esa vaguedad, tenemos alternativamente una definición técnica.

La definición técnica de recesión económica que se utiliza usualmente es la que también solía usar el NBER: dos o más trimestres consecutivos de caída (crecimiento negativo) del PBI real desestacionalizado (Knoop, 2004: 11-12). Se desprende, lógicamente, que una expansión económica significa dos o más trimestres consecutivos de crecimiento del PBI real desestacionalizado.

Observen que son trimestres porque el PBI se mide trimestralmente. ¿Pero por qué son dos? Perché mi piace, es decir, porque sí. No hay ninguna regla ni fórmula científica que lo diga. Pero se ve bastante razonable que medio año de caída signifique algo. Y se saca la estacionalidad para evitar que las variaciones estacionales nos engañen con caídas consecutivas que no son recesiones.

Posteriormente el NBER aclaró que desde hace unos años usan otra definición general de recesión: una caída significativa de la actividad económica a lo largo de la economía, que dure más de unos pocos meses, normalmente visible en el PBI real, el ingreso real, empleo, producción industrial y venta mayorista-minorista. Es decir, ahora no tienen una regla fija como lo de los dos trimestres de caída.

Más complicado aún es el tema de las depresiones. De hecho, no hay una definición formal de depresión. Las definiciones informales que existen (The Economist; Knoop, 2004: 14), establecen que hay una depresión cuando se produce:
  • (a) una caída de 10 % o más del PBI real 
o/y
  • (b) una recesión (caída del PBI real) que dura tres años o más.
En el punto (b) no es necesario que el PBI real caiga 10 %, solo basta que la recesión dure tres años o más. Es decir, que una recesión es un periodo donde el PBI real se contrae menos de un 10 %. Y una depresión es simplemente una recesión severa o muy duradera. Sin embargo, a pesar de ser diferentes, ambas definiciones tienen la misma fecha de inicio.

Estados Unidos durante la Gran Depresión en los 30s cumple los puntos (a) y (b) con creces. Pero veamos el caso argentino.


A fines de los 80s el PBI real cayó en 1988, en 1989 y en 1990. Es decir, tres años de recesión = depresión. Pero además, el PBI real en 1987-1990 se contrajo 10,37 %. O sea, más de 10 %.

Terminando los 90s se repite la historia. El PBI real se desplomó en 1999, en 2000, en 2001 y brutalmente en 2002. Cuatro años de recesión = depresión, con el agravante de que en 2002 la caía de más de 10 % por sí sola ya equivalía a una depresión. Prácticamente una depresión dentro de la depresión. Y por si fuera poco, la economía argentina se destruyó un 18,36 % en 1998-2002.

En ambas ocasiones se cumplieron en simultáneo los dos criterios de una depresión. El desastre fiscal y monetario del Estado se paga, Argentina sufrió dos depresiones en menos de 10 años. Un triste record.



Knoop, Todd A. (2004) Recessions and Depressions: Understanding Business Cycles. Westport, Conn.: Praeger. 2010.

miércoles, 15 de julio de 2015

Keynesianos confirmando a Rothbard


Observen el siguiente párrafo, traducido por mí, de Rothbard (1963: 304-05): 
Así, la administración de Hoover persiguió una gigantesca política inflacionaria desde marzo hasta julio de 1932, aumentando las reservas controladas en $1.000 millones por medio de la compra de títulos públicos por parte de la FED. Si todos los demás factores se hubieran mantenido constantes, y los bancos hubieran prestado todo, la oferta monetaria habría crecido abrupta y salvajemente en alrededor de $10 mil millones en ese periodo. En lugar de eso, y afortunadamente, la política inflacionaria fue revertida y derrotada. ¿Qué la derrotó? Los extranjeros que perdieron confianza en el dólar, en parte como resultado del programa, y sacaron el oro fuera. Los ciudadanos americanos que perdieron la confianza en los bancos y cambiaban sus depósitos a notas de la Reserva Federal. Y finalmente los banqueros, que se resistían a seguir poniéndose en peligro, usando los recientemente aumentados recursos ya sea para pagar sus deudas con la Reserva Federal o permitiendo que se acumularan en sus bóvedas. De este modo, afortunadamente, la inflación provocada por el gobierno fue transformada en deflación gracias a las decisiones del público y de los bancos. La oferta monetaria cayó unos $3.5 mil millones. Como veremos más abajo, la economía americana alcanzó el punto más bajo de la depresión durante 1932 y 1933, y aun así ya había empezado un movimiento ascendente a mitad de 1932. No es descabellado pensar que la considerable deflación de julio de 1931-julio de 1932, totalizando $7.5 mil millones de efectivo y depósitos o 14 %, fue en parte responsable del repunte de mediados del verano.
El programa inflacionario al que se refiere el autor austriaco ya lo vimos. Ahora bien, si uno mira las fechas convencionales del NBER va a notar que la Gran Depresión fue una recesión que duró desde el pico de agosto de 1929 hasta marzo de 1933. Un total de 43 meses de contracción de la actividad (tomando desde luego del pico). Obviamente, las fechas del NBER indicarían que Rothbard se equivocaba. A mitad (y durante todo el resto) del año 1932, la económica americana todavía estaba en recesión y no había comenzado a ascender.

Sin embargo, debe siempre tomarse en cuenta que las fechas del NBER no son absolutamente seguras. Han sido, y continúan siendo, criticadas y revisadas por los economistas. Por ejemplo, la nuevo keynesiana Christina Romer hace unos años realizó un mucho mejor fechado no solo para parte del siglo XIX, sino también para el lapso entre guerras (1918-1939). Veamos el periodo 1929-1933 según el NBER y según las cifras mejoradas de Romer:

Gran Depresión: la recesión de 1929-1933 según el NBER y Romer

El "pico" es el punto máximo del ciclo e indica que, a partir de ahí, comienza una contracción de la actividad. Mientras que el "valle" es el fondo del ciclo y suele implicar que, desde allí, empieza la expansión.

Como se puede notar, según Romer, la recesión de la Gran Depresión terminó en julio de 1932 y comenzó la expansión. Justo donde Rothbard aclaraba en 1963 que hubo un repunte.

jueves, 11 de junio de 2015

El exceso de consumo


Además de la mala inversión, otro concepto fundamental en la Teoría Austriaca del Ciclo Económico, aunque pasado por alto en general, es el de exceso de consumo. Muy enfatizado por la rama misesiana de la Escuela Austriaca, no se puede entender completamente la teoría del ciclo si no se toma en cuenta. De hecho, como demuestra Salerno (2012), las críticas contra la teoría del ciclo austriaca de Paul Krugman, Bryan Caplan, Brad DeLong y otros son falsas precisamente porque no lo toman en cuenta.

El exceso de consumo (overconsumption) es desahorrar y desacumular capital, para poder aumentar el consumo temporalmente. Es decir, significa consumir el capital.

Un exceso de consumo es causado directamente por dos vías (Salerno, 2012): 

1) Beneficios ficticios: los empresarios consumen parte de los beneficios ilusorios del proceso inflacionario. Cuando el poder adquisitivo del dinero no varía de manera brusca y arbitraria (impredeciblemente); el cálculo monetario contable de los empresarios puede realizar la tarea de informar los beneficios con la mayor veracidad humanamente posible (Mises, 1949: 225). Sin embargo, durante el auge inflacionario, aparecen beneficios artificiales (Huerta de Soto, 1998: 291-92; Rothbard, 1962: 993-94; 1963a: 17-18; 1963b: 52-54; Mises, 1949: 546-47). Las "ganancias ilusorias" explican el aumento del consumo empresario a costa de la descapitalización (Machlup, 1935; Baxter, 1955; Bach, 1958; Baer y Simonsen, 1965; Lacey, 1944a; 1944b; 1953; Huerta de Soto, 2008). La inflación hace muy difícil para los empresarios el distinguir un aumento de demanda de los consumidores transitorio y artificial; de un aumento verdadero y permanente (Rothbard, 1963b: 52).

2) Efecto riqueza neta: las familias consumen más por el aumento artificial del valor de sus activos. El consumo de los hogares está determinado por a) sus ingresos y b) la riqueza de activos que poseen. Estos activos son, en general, el hogar donde viven (real estate) y la tenencia de acciones o títulos. Un incremento en el valor de alguna o ambas clases de activos (ya sea este aumento real o que los agentes solo perciban que son más ricos); tiende a provocar un aumento del gasto en consumo. Ello es así porque los agentes están más cómodos y seguros de su riqueza (De Bonis y Silvestrini, 2011; Sousa, 2009; Iacoviello, 2011; Sierminska y Takhtamanova, 2007; Shen, Holmes y Lim, 2013). La expansión crediticia tiende a elevar artificialmente el valor de los activos (Bagus, 2007): tanto los precios de los hogares (housing wealth effect), como el de los activos financieros (financial wealth effect), y además predispone a crear burbujas (Bordo y Landon-Lane, 2013a; 2013b; Taylor, 2007). 

Alguien podría preguntar ¿"exceso" con respecto a qué? Como ya se aclaró con la mala inversión, este consumo es mayor respecto a lo que hubiera sido sin la intervención inflacionaria que distorsiona del cálculo económico monetario. En la medida que el auge comienza, el consumo es mayor relativo a lo que era antes del boom y sin la distorsión.


Veamos un ejemplo simple de cómo se puede consumir el capital. Si una maquina se compra a $50.000 en el año 2004, y se estima que va a durar 10 años; entonces el porcentaje de amortización se calcula en base a ese costo histórico. Todos los meses se destina el mismo monto basado en $50.000. Suponiendo una cuota de amortización anual, en este caso se ahorra $5.000 al año. Para cuando llega el décimo año y la máquina ya no sirve, hay que reemplazarla para mantener la capacidad productiva. Como hubo inflación en el periodo, entonces para el año 2014 la maquina vale, digamos, $65.000. Sin embargo, el empresario solo tiene $50.000 y no la puede adquirir. El emprendedor no ha detraído suficiente amortización. Los beneficios aparentaron ser más grandes de lo que realmente eran. Los $1.500 por año que le ha faltado ahorrar, se consumieron o repartieron como dividendos, descapitalizando la empresa. El empresario gastó la renta neta más una parte de la bruta que debe dejar a un lado para mantener su producción en el mismo nivel. Su consumo aumentó temporalmente (los años que gastó los $1.500 adicionales), pero al costo de desacumular capital. Cabe destacar que el uso de números índice no ayuda a arreglar el problema (Hayek, 1931: 321; Salerno, 2012).

Al igual que el caso de la mala inversión, en el mercado continuamente se produce exceso de consumo ya sea deliberado o por error. También existe simultáneamente acumulación de capital (Mises, 1949: 488-89). Pero, a menos que sea inducida, el exceso de consumo no es un fenómeno generalizado y sistemático. Puede haber casos particulares de exceso de consumo producidos ya sea deliberada o erróneamente, pero el mercado no crea incentivos a la desacumulación de capital sino al contrario. 

A pesar de ser causado directamente por los beneficios ficticios y el efecto riqueza, el exceso de consumo se financia con la expansión monetaria; aun cuando posteriormente se impulse de la caída de la demanda de dinero a medida que aumentan las expectativas inflacionarias (Salerno, 2012). 

El mayor consumo por parte de empresarios y hogares eleva aún más el precio y rentabilidad de los bienes de consumo. Como consecuencia, más factores productivos y trabajadores se dedican a producirlos, quedando menos recursos disponibles para aumentar el stock de bienes de capital e incluso reponer los existentes. Esta es la esencia del consumo de capital (Salerno, 2012). Dado que el exceso de consumo provoca esta disminución de la oferta de bienes de capital, es inconcebible que ocurra un "exceso de inversión" (Salerno, 2012). Una razón más que se suma a la ya expuesta de por qué el llamar a la Teoría Austriaca del Ciclo Económico una teoría de "exceso de inversión" es un absurdo.







Bach, G. L. (1958) "How Important is Price Stability in Stable Economic Growth". En United States. Congress. Joint Economic Committee. (1958) The Relationship of Prices to Economic Stability and Growth. Compendium of Papers Submitted by Panelists Appearing Before the Joint Economic Committee. Washington, D.C.: United States Government Printing Office. 33-47.

Baer, Werner y Simonsen, Mario H. (1965) "Profit Illusion and Policy-Making in an Inflationary Economy". Oxford Economic Papers New Series. Vol. 17, No. 2, 279-290.

Bagus, Philipp (2007), "Asset Prices - An Austrian Perspective". Procesos de Mercado: Revista Europea de Economía Política. Vol. 4, No. 2, 57-93.

Baxter, W. T. (1955) "The Accountant's Contribution to the Trade Cycle". Economica New Series. Vol. 22, No. 86, 99-112.

Bordo, Michael D. y Landon-Lane, John S. (2013a) "What Explains House Price Booms?: History and Empirical Evidence". NBER Working Paper No. 19584.

Bordo, Michael D. y Landon-Lane, John S. (2013b) "Does Expansionary Monetary Policy Cause Asset Price Booms; Some Historical and Empirical Evidence". NBER Working Paper No. 19585.

De Bonis, Riccardo y Silvestrini, Andrea (2011), "The Effects of Financial and Real Wealth on Consumption: New Evidence from OECD Countries". Bank of Italy. Research and International Relations. Working Papers No. 837.

Hayek, Friedrich A. von (1931) Prices and Production. London: Routledge and Sons. En Salerno, Joseph T. Ed. (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Huerta de Soto, Jesús (1998), Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Madrid, España: Unión Editorial S.A. 2009.

Huerta de Soto, Jesús (2008), "Crisis Financiera: El Fracaso de la Reforma Contable". Universidad Rey Juan Carlos. España.

Iacoviello, Matteo (2011), "Housing Wealth and Consumption". Board of Governors of the Federal Reserve System: International Finance Discussion Papers No. 1027.

Lacey, Kenneth (1944a), "Commodity Stocks and the Trade Cycle". Economica New Series. Vol. 11, No. 41, 12-18.

Lacey, Kenneth (1944b), "Commodity Stocks and the Trade Cycle: A Reply". Economica New Series. Vol. 11, No. 43, 140-142.

Lacey, Kenneth (1953), Profit Measurement and Price Changes. London: Pitman Publishing.

Machlup, Fritz (1935), "The Consumption of Capital in Austria". The Review of Economics and Statistics. Vol. 17, No. 1, 13-19.


Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.


Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2004.


Rothbard, Murray N. (1963a) America's Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000.

Rothbard, Murray N. (1963b) What Has Government Done to Our Money? Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2010.

Salerno, Joseph T. (2012) "A Reformulation of Austrian Business Cycle Theory in Light of the Financial Crisis". Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 15, No. 1, 3-44.

Shen, Xin; Holmes, Mark J. y Lim, Steven (2013), "Wealth Effects and Consumption: A Panel VAR Approach". Department of Economics, University of Waikato.

Sierminska, Eva y Takhtamanova, Yelena F. (2007) "Wealth Effects Out of Financial and Housing Wealth: Cross Country and Age Group Comparisons". Federal Reserve Bank of San Francisco. Working Paper Series No. 2007-01.

Sousa, Ricardo M. (2009) "Wealth effects on consumption: evidence from the euro area". European Central Bank: Eurosystem. Working Paper Series No. 1050.

Taylor, John B. (2007) "Housing and Monetary Policy". NBER Working Paper No. 13682.

martes, 9 de junio de 2015

Sobre la mala inversión (III): Qué hacer con ella


Ya vimos qué es y cómo ocurre la mala inversión. Pero, una vez que ya se llevó a cabo, ¿Qué puede pasar con la inversión erróneamente realizada? Para saberlo, debemos entender el concepto de convertibilidad de los bienes de capital.

La convertibilidad es la oportunidad ofrecida por los bienes de capital para ajustar su utilización ante un cambio en los datos del mercado (Mises, 1949: 501). 

Una vez la inversión se realiza, y los bienes de capital se producen apuntando a algún fin; un cambio en las condiciones puede revelar que un error se ha cometido. Si en un determinado proceso de producción se cambia el objetivo al que ya se viene enfilando; entonces pueden ocurrir cuatro cosas con los bienes de capital ya producidos (Mises, 1949: 499-500):

1) Utilización: Es posible que, en un golpe de suerte o habilidad, el bien de capital sea tan útil para el nuevo fin como lo era para el primero.

2) Subutilización: El bien de capital es útil para el propósito cambiado sin alterarlo. Pero, si se hubiera sabido que se usaría para el nuevo fin, no se habría dedicado tanto esfuerzo a producir ese bien de capital. Se hubieran fabricado, a menor costo, otros bienes que rendirían el mismo servicio.

3) Adaptación: Que sean útiles para el nuevo fin, pero solo después de ser sometidos a un ajuste o a una adaptación muy costosa. Se habría podido ahorrar este costo si se hubiera empezado desde cero apuntando al nuevo fin y no al primero.

4) Desperdicio: Puede ser que los bienes de capital se vuelvan totalmente inservibles para alcanzar el nuevo fin y que todo el esfuerzo gastado en ellos fue una pérdida.

Lamentablemente, en el mundo real, la opción 1) es la menos frecuente de todas. Los bienes de capital no son perfectamente convertibles para todos los fines. Pero puede ocurrir que la inversión pasada en un bien que apunta al objetivo A no se pierda. Pues el mismo también sirve para el fin B, que es al que hay que apuntar en las presentes circunstancias.

Las opciones 2) y 3) son muy comunes. Bajo las nuevas circunstancias, los bienes de capital anteriormente creados para otra coyuntura, o bien se infrautilizan o hay que someterlos a un costosa adaptación. En ambos casos hay una pérdida. Pero, al menos, no es total. En términos coloquiales, algo se puede "salvar de la quema".

La última opción 4) es la pérdida total. No se puede salvar nada. Al cambiar las circunstancias, el bien es inútil y no se espera que sirva. Sin ser lo poco frecuente que es el punto 1); sí suele ser menos común que los puntos 2) y 3).

Pero estas frecuencias de ocurrencia cambian durante un periodo de mala inversión sistemática inducida (el auge del ciclo económico). Durante este, muchos bienes de capital están muy avanzados temporalmente en las etapas y, por ende, son menos convertibles. Por lo que una parte importante devienen en inservibles para los nuevos fines de consumo. Otros deben ser readaptados pagando un gran costo. Algunos, aún siendo útiles, se producen durante el auge en una escala mucho mayor de la necesaria. Finalmente, una minoría, es probable que sirvan perfectamente para los nuevos fines de la estructura productiva más orientada hacia el consumo.

El problema de la convertibilidad ante cambios en fines, no es un asunto que afecta solo a los bienes de capital. También ocurre con los bienes de consumo final. Si alguien adquiere un bien para consumirlo y luego cambian las condiciones bajo las cuales se compra en primer lugar; el adaptar su uso a las nuevas circunstancias es un problema de convertibilidad (Mises, 1949: 501-02).

Por regla general, en cualquier proceso de producción determinado, mientras más cerca del fin se encuentre el actor, más difícil es la reconversión de los bienes de capital hacia otro fin (Mises, 1949: 500; Huerta de Soto, 1998: 224-26).

Por ejemplo, el caso de los lingotes de acero recién salidos del horno (etapa inicial del proceso productivo). Estos pueden ser convertidos a una variedad de fines: acero para autos o, si cambia la demanda, se pueden usar para barcos, estructuras de edificios, tornillos, etc. Pero un vez que se usan los lingotes para hacer una lancha (bien de consumo), y a su vez se descubre que los consumidores demandan autos en realidad; ya no se pueden recuperar. 





Huerta de Soto, Jesús (1998), Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Madrid, España: Unión Editorial S.A. 2009.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

sábado, 6 de junio de 2015

Sobre la mala inversión (II): Como ocurre


Ya hemos visto la definición de mala inversión y su importancia. Ahora que sabemos qué es, hay que examinar como ocurre.

Como explica Mises (1931), la mala inversión puede surgir de cinco maneras: 

1) No se anticipan mejores métodos de producción o localización: la construcción de una planta de producción está justificada en el momento de hacerla, pero, como luego surgen mejores métodos de producción o se descubren mejores ubicaciones, ya no es rentable. 

2) Se anticipan mal los posteriores cambios del mercado: la planta construida en su momento era rentable, pero ya no lo es debido a un cambio de los datos del mercado. Como, por ejemplo, una caída en la demanda que no es anticipada. 

3) Se anticipa mal directamente al mercado: la planta construida nunca fue rentable desde el inicio. Su construcción es una mala especulación. A diferencia del caso 2), donde la planta al menos era rentable al inicio y luego, por un cambio imprevisto, deja de serlo; esta es una inversión errónea desde el momento de empezar a hacerla. 

4) Depende de una intervención estatal: es posible que la inversión sea ruinosa desde el inicio, como el punto 3). Pero es llevada a cabo gracias a una intervención estatal que, al ser quitada, deja en evidencia que es un error haberla montado. 

5) Falsificación de cálculo económico: La especulación incorrecta del punto 3) ocurre porque se falsifica el cálculo económico monetario del empresario sobre la rentabilidad esperada de la inversión. La tasa de interés bruta de mercado artificialmente baja por una expansión del crédito (medios fiduciarios); hace rentable un proyecto que, en ausencia de la financiación barata, resulta ser en realidad inviable. Esto es lo que describe la Teoría Austriaca del Ciclo Económico.

Observen que los puntos comparten algo en común: todos tienen que ver con la anticipación de circunstancias futuras y en todos se yerra. La única diferencia es que en unos casos el error es humanamente inevitable (1), 2) y 3)) y en otros es inducido (4) y 5)). 

De hecho, se podría interpretar que los puntos 1) y 2) son solo dos aspectos de los fenómenos que mutan permanentemente y que hacen que una inversión previamente rentable deje de serlo. Siendo el punto 1) un cambio tecnológico y el 2) uno de la demanda.  

Dado que ningún empresario tiene previsión perfecta sobre el futuro, la mala inversión en el mercado, es decir, los puntos 1), 2) y 3); es algo puntualmente recurrente. Sin embargo, que ocurra todo el tiempo no implica que sea un fenómeno general. Malas inversiones sectoriales o puntuales por anticipar mal las condiciones del mercado, ocurren siempre. El mecanismo de beneficios y pérdidas, junto con las quiebras, son el sano proceso por el cual el mercado evita que las malas inversiones se expandan y sigan desperdiciando recursos de forma general. Las pérdidas y las quiebras de empresas, lejos de ser algo que parezca negativo, son la forma de liberar recursos productivos para que se reasignen a satisfacer las verdaderas necesidades de los consumidores en los negocios que dan beneficios. El mercado es un proceso donde hay beneficios y pérdidas, necesariamente abarca ambos (Mises, 1951). Los beneficios de las empresas indican que un desajuste en la economía es encontrado por los empresarios que mejor anticipan el futuro y además está siendo combatido. Muchos factores de producción están siendo subvaluados con respecto al precio del bien terminado.

Mientras mayores sean las pérdidas, más grande es la contribución del empresario al desajuste de la economía. Los emprendedores, al tratar de evitar las primeras, reducen el segundo al mínimo posible. Debido a que las mismas no solo reducen su posición en el proceso de producción, sino que también los pueden hacer salir del negocio completamente con una quiebra (Rothbard, 1962: 514-16). Aun asumiendo que el empresario se empeñara tozudamente en seguir manteniendo y aumentando sus pérdidas, contribuyendo al desajuste, el mercado se encarga de ponerle un límite. Primero, al reducir su influencia al mínimo al darle una cuota cada vez menor en la producción. Y, segundo, saca al inversor completamente del proceso productivo con la quiebra. El mecanismo continuo de pérdidas y ganancias, por lo tanto, evita que las primeras sean un fenómeno general.

Por lo tanto, el problema de una economía no son las malas inversiones per se, siempre las hubo y las habrá porque los humanos no pueden anticipar el futuro con completa certidumbre. Pero los incentivos del mercado las mantienen siempre a raya para que no se generalicen. 

El problema real, sin embargo, son las políticas que incentivan a que haya malas inversiones adicionales. Muchas más de las que hubieran existido sin la intervención. Ahí es donde entra el caso 4) y, en especial, el 5). Como correctamente explica Mises (1949: 391-92):
"El hombre no es infalible. Una cierta cantidad de mala inversión es inevitable. Lo que debe hacerse es evitar políticas que, como la expansión crediticia, fomentan artificialmente la mala inversión."




Mises, Ludwig von (1931), "Inconvertible Capital". En Mises, Ludwig von (1933), Epistemological Problems of Economics. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2003.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Mises, Ludwig von (1951), "Profit and Loss". Paper para Beauvallon, France: Mont Pèlerin Society. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2008. También incluido en Greaves, Bettina B. Ed. (1952) Planning for Freedom: Let the Market System Work. A Collection of Essays and Addresses. South Holland, Ill.: Libertarian Press. 1952. Indianapolis: Liberty Fund. 2008.

Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2004.

viernes, 5 de junio de 2015

Sobre la mala inversión (I): Definición


El fenómeno de la mala inversión (malinvestment) es uno de los aspectos más fundamentales de la Teoría Austriaca del Ciclo Económico (TACE). A tal punto que su ausencia en exposiciones de esta última, muchas veces implica una mala forma de explicarla. La mala inversión es clave para comprender los ciclos económicos desde el punto de vista de la Escuela Austriaca de Economía.

Comencemos con la definición, tomando algunos elementos de Greaves (1974): 

El término "mala inversión" significa invertir en líneas equivocadas de producción debido a una anticipación errónea del futuro estado de los datos del mercado y que inevitablemente lleva a desperdicio y pérdidas de capital.

La esencia definitoria de la mala inversión es esa. Es "equivocada" en el sentido de que se llevó a cabo (en el pasado) un curso de acción que, dadas las circunstancias de ahora (en el futuro), se descubre que es menos satisfactorio de lo que otro curso de acción (que en el pasado se consideraba peor) hubiera sido, pero no se realizó por hacer el ahora considerado erróneo.

Difícil, ¿No? Lo hagamos más fácil.

Realizaste el acto A que antes, en el momento de hacerlo, parecía lo correcto. Pero ahora descubres que tuvo malos resultados y fue un error. Te das cuenta que deberías haber realizado el acto B, que previamente no te parecía bueno. 

Por ejemplo, tu gato que quieres mucho se enfermó y un amigo te dijo que le dieras la medicina Y. Se la suministraste y debido a ello murió. Mientras lloras, te das cuenta que deberías haberle dado otra medicina o incluso, posiblemente, no haberle dado nada y dejar que se cure solo.

Los errores se cometen al momento de la elección, pero solo se revelan en el futuro. Siempre hay un lapso temporal, más corto o más largo, entre la elección errónea y el descubrimiento de que es una elección errónea.

Se deben distinguir, por lo tanto, dos momentos: 1) cuando se comete el error y 2) cuando se descubre que se ha cometido un error. Durante el momento 1), la persona (empresario, trabajador, etc.) cree que está logrando el fin más importante de los que puede conseguir (es la etapa de auge artificial). Mientras más tiempo pase antes de ser descubierto, más decisiones se toman en base este erróneo supuesto. La crisis es el momento 2), cuando se descubre que la decisión es un error. Se revela la extensión del daño que ocurrió en el pasado. Se gana la visión de las opciones reales que la persona enfrenta (Hülsmann, 1998).

La inversión es "mala" porque está equivocada, no es correcta. Es una inversión incorrecta tanto desde el punto de vista individual de quien invierte, pues obtiene pérdidas no deseadas, como desde el punto de vista de la sociedad, dado que se desperdicia escaso capital que pudo haber sido invertido en satisfacer otras necesidades más urgentes de la gente.

Es necesario el énfasis en la palabra equivocado o erróneo de la definición porque hace décadas que la TACE se describe como una teoría de "exceso de inversión" (overinvestment). Ello, en sentido agregado, es erróneo. Lo que ocurre en cualquier economía durante un periodo de auge general insostenible del ciclo económico es inversión en líneas equivocadas (mala inversión), no exceso de inversión general.

En cualquier momento dado, en cualquier economía en agregado, hay una cantidad X de ahorro, trabajadores, materias primas, productos semielaborados, capital fijo, etc. No se puede invertir X + 1. Es imposible emplear más de X, porque el "1" adicional no existe en ese momento.

El término "exceso de inversión" solo es correcto cuando se aplica: a) a empresas, sectores, industrias o líneas de producción particulares y b) en términos relativos (a la inversión es un sector particular que se hubiera realizado sin la distorsión-expansión crediticia). Dado que la TACE analiza el fenómeno general de una economía (el auge general, la depresión general, etc.), si se la denomina como una teoría de "exceso de inversión" se puede entender que el exceso de inversión es general. Lo cual no es, ni puede ser, correcto.

La mala inversión generalizada surge debido a precios relativos erróneos. Y son erróneos porque fueron afectados por la expansión crediticia artificial. La contracción luego de la expansión, tenderá a corregir esos errores (Sechrest, 2006).


Por último, la dilapidación de recursos es la consecuencia inevitable de la mala inversión. Los errores se pagan.





Greaves, Percy L. Jr. (1974) Mises Made Easier. New York: Free Market Books. Edición online en www.mises.org. Desafortunadamente, cuando la página del Mises Institute cambió su tradicional forma, la muy simple versión en HTML que existía (entre muchos otros recursos) se perdió y no ha sido "resubida" nuevamente todavía.

Hülsmann, Jörg G. (1998) "Toward a General Theory of Error Cycles". Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 1, No. 4, 1-23.

Sechrest, Larry J. (2006) "Explaining malinvestment and overinvestment". Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 9, No. 4, 27-38.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Huerta de Soto le contesta de antemano a Krugman


Acá hay una traducción al español de la siempre citada "refutación" del Premio Nobel Krugman a la teoría austriaca del ciclo económico. Muchos detractores de los economistas austriacos no se cansan de sacar esto como una "carta de victoria". Su argumento principal es el siguiente:

He ahí el problema: como una cuestión de simple aritmética, el gasto total en la economía es necesariamente igual al ingreso total (cada venta es al mismo tiempo una compra y viceversa). Así, si las personas deciden gastar menos en bienes de inversión, ¿no significa eso que deben haber decidido gastar más en bienes de consumo, resultando que una recesión en la inversión deberá estar siempre acompañada del correspondiente boom en el consumo? Y si lo anterior se cumple, ¿por que debería producirse un incremento en el desempleo?...
Tampoco responderán a ésta difícil pregunta esos supuestos sesudos teóricos austriacos. Lo mejor que von Hayek o Schumpeter pudieron proponer fue la vaga afirmación de que el desempleo era de tipo friccional, creado cuando la economía transfería trabajadores desde un inflado sector de la inversión hacia el sector de productos de consumo (de ahí su oposición a cualquier intento de incrementar la demanda: esto dejaría sin hacer “parte del trabajo que la recesión debería hacer”, ya que el desempleo masivo es parte de proceso de “adaptar la estructura de la producción”). [color agregado]

Observen el énfasis en solo dos sectores: consumo e inversión. Krugman escribió eso en diciembre de 1998. El economista austriaco de España Jesús Huerta de Soto publicó su libro a finales de ese año. Aunque desconozco en que mes exacto, en este artículo de octubre ya lo cita. Y además la introducción es de 1997. Por lo tanto, hay mucha probabilidad de que lo siguiente haya sido escrito antes de la "crítica" de Krugman: 

Esto, de acuerdo con Hayek, explicaba que Keynes no considerara la existencia de diferentes etapas en la estructura productiva (como tampoco la tuvo en cuenta Clark ni la tendría Knight) y que, en última instancia, no se diera cuenta de que la decisión esencial de los empresarios no es si se debe invertir en bienes de consumo o en bienes de capital, sino más bien si se debe invertir en procesos productivos que darán lugar a bienes de consumo en un periodo de tiempo más o menos alejado en el futuro. Considerar, por tanto, una estructura productiva constituida únicamente por dos etapas (una de bienes de consumo y otra de bienes de capital), sin tener en cuenta la dimensión temporal de esta segunda, ni las sucesivas etapas en que se divide, es lo que hace que Keynes caiga en el error de la «paradoja del ahorro o frugalidad», cuya falaz fundamentación teórica ya hemos demostrado en el capítulo V.  (página 435-36) [color agregado]

En palabras simples, Huerta de Soto dice: "para los austriacos, el problema NO ES ni jamás ha sido de dos etapas o sectores (consumo e inversión). Sino la estructura y horizonte temporal de la producción". Mientras Krugman dice, posteriormente: "el problema, para los austriacos, es de dos etapas o sectores (consumo e inversión)". Creo que el error de Krugman es evidente.

Es cierto que el libro de Huerta de Soto salió en español primero en 1998 y no se tradujo al inglés hasta el 2006, gracias al Mises Institute. Sin embargo, debe quedar muy claro que los austriacos estaban perfectamente conscientes de las críticas keynesianas y ya las habían refutado. Lo de Krugman ni era nuevo ni era correcto. El hecho de que los austriacos ya habían contestado las críticas que los keynesianos repetían hasta 1998, demuestra que los últimos jamás pudieron comprender la teoría.

Las conclusiones luego de leer a Krugman son:

1) Joseph Salerno señala correctamente que Krugman no critica la teoría usando sus fuentes originales (Mises, Hayek, Rothbard). Solo la versión pasada por agua de Gottfried Haberler.

2) Como consecuencia de ello, su crítica de 1998 ya había sido refutada por Hayek en su libro original.

3) Huerta de Soto, escribiendo en 1997 y contestando críticas anteriores, refuta lo que Krugman escribiría en 1998. Se prueba que los keynesianos no revisaron sus objeciones y simplemente se limitaron a repetirlas.

Por centésima vez, Paul Krugman demuestra que no entendió nunca lo que se empecina en enjuiciar. Su único argumento ante esto, es que solo lo acusamos de que no comprende lo que critica (aun cuando sobran pruebas de ello). Lo cual es un testimonio de que tener un Premio Nobel no garantiza que alguien deje atrás la terquedad.

jueves, 21 de agosto de 2014

Julio Olivera: EstructurAustriaco por un día


Ok. Como estoy ocupado en un proyecto personal, no he tenido mucho tiempo para actualizar el blog.

En la primera entrada que publiqué, veíamos la ocasión en que Mises visitó Argentina en 1959. En la conferencia que dio sobre el calculo económico bajo el socialismo; uno de los padres del Estructuralismo económico latinoamericano (resumen acá), el economista argentino Julio Olivera, debatía con el austriaco sobre la solución estática y sobre el uso de ecuaciones diferenciales.

Hay que tener en cuenta que difícilmente hayan similitudes generales entre el Estructuralismo y la Escuela Austriaca. De hecho, el primero es mucho más cercano al (post) keynesianismo. Con lo cual debe quedar claro que, en términos de teoría general, los austriacos y estructuralistas son absolutamente opuestos. Descontando, claro, posibles convergencias en temas particulares. Como, por ejemplo, críticas a la teoría neoclásica.

Aclarado lo anterior, pasemos al hecho sorprendente. Dicho en pocas palabras: Julio Olivera aplica la Teoría Austriaca del Ciclo Económico para explicar, valga la redundancia, los ciclos económicos en economías socialistas.

La ideología oficial de los socialistas, desde los años 30s hasta los 70s (cuando la URSS deja de ser TAN represiva con las opiniones disidentes), sostenía que bajo el colectivismo no sucedían ciclos económicos. Supuestamente el socialismo había acabado con las "contradicciones antagonistas" dentro del capitalismo que los producían y bla, bla, bla... Olivera rompió con esa "prohibición" en 1960. 

Básicamente lo que el estructuralista dice es: Los planificadores (que controlan los factores de producción) tienen una preferencia temporal más baja que la población que consume. Por lo tanto el comité central tiende a invertir sistemáticamente en industrias capital-intensivas que producirán sus bienes en un futuro mucho más lejano que lo que los patrones de consumo de la población permiten. El "mal ajuste" productivo empeora mientras más tiempo pasa y más recursos se dedican a los deseos de los planificadores. Finalmente la cada vez mayor escasez que experimenta la gente (que no ha restringido su consumo) obliga a un reajuste asignando recursos a las industrias de consumo para disminuir la tensión.

En otras palabras: alargamiento artificial de la estructura productiva con respecto al tiempo que los agentes están dispuestos a esperar para consumir (ahorrar), un boom o "upswing", mala inversión de recursos, consumo de capital y posteriormente el necesario reajuste a las valoraciones temporales reales de los que consumen. En resumen, la Teoría Austriaca del Ciclo Económico canónica. Por supuesto, Olivera lo sabía perfectamente.

Veamos un par de extractos: 
"The foregoing argument, inasmuch as it constitutes the logical premise of the considerations that are to follow, may be recapitulated in three points: (1) from the essential characteristics of centralized collectivism there arises a time-preference disequilibrium, in that the central planning authority has both an average and a marginal time preference lower than that of the consuming population; (2) the average time-preference disequilibrium implies a positive, and the marginal time-preference disequilibrium an increasing, margin of consumers’ insatisfaction; (3) this involves general and increasing value disequilibria, and a growing lag of real wages behind the productivity of labour."
"The time-preference disequilibrium operates at the level of both average and marginal time preferences. As time elapses it results in numerous and growing maladjustments in the allocation of resources among particular industries, the wage-productivity relationships and the structure of prices. This makes both economic planning and control of economic efficiency increasingly difficult; indeed, it finally renders them impracticable. The only possible way to restore a certain (minimum) degree of order in the value relationships implies some reallocation of factors in the direction of demand. Thus, at some stage of the process, the planning board is induced by the technique of economic decisionmaking and control of performance to adjust the time structure of production to some extent. Time preferences higher than before come to prevail. This has to continue until the basis of economic calculation is sufficiently reorganized, and the tensions diminished that provoked the adjustment. Then a phase of “expansion” will set in, initiating the described sequence all over again."
Es muy importante notar la palabra "maladjustment". Porque en este contexto, prácticamente equivalente a "malinvestment". 
"It means, undoubtedly, that factor prices diverge from their respective value-marginal productivity in their different employments, and that the divergence increases as total output grows; the factors being, in this sense, over-remunerated in capital-goods production, and under-remunerated in the manufacture of consumers’ goods. Thus, the “imputation” (Zurechnung) process becomes increasingly distorted."
Si interpretamos "under-remunerated" como pagar por debajo de la productividad descontada; entonces ese margen de beneficios relativamente mayor en las industrias de consumo respecto de las de capital indica que la tasa pura u originaria de interés es muy alta y no permitiría que el alargamiento temporal de la producción se extienda mucho tiempo. 
"Now, this “macroeconomic” disequilibrium implies general and increasing “microeconomic” maladjustments in the value relations. It involves, especially, a general and continually widening dissociation between prices and production costs, prices being progressively higher than corresponding average costs in the consumption-goods industries, and progressively lower in the capital-goods industries."
Decir eso último y decir "Gran aumento relativo en los beneficios contables de las empresas de las etapas más próximas al consumo final" es casi exactamente lo mismo. Olivera está describiendo los eventos del "upper turning point" del ciclo de la misma manera en que lo hacen los austriacos. Además noten que, al usar esta teoría, el argentino afirma que el problema es de "mal ajustes" microeconómicos.

Por último esta sentencia es mortal para el sueño de izquierda de "ausencia de ciclos económicos" bajo el socialismo: 
"The structure of centralized collectivism thus involves a propensity to cyclical economic growth."
Q.E.P.D. otro mito socialista.