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jueves, 26 de abril de 2018

DLC, pases de temporada, expansiones y micropagos: ¿La culpa es de las empresas?


Dentro de la comunidad de videojugadores, hoy en día es permanente escuchar quejas sobre que los juegos actuales ya no se venden “enteros” de salida. Es decir que, cuando un videojuego nuevo sale, ya no lo hace con todo el contenido incluido, sino “por partes”. Al ponerse un nuevo software en el mercado al precio estándar de salida, además, se suele anunciar que en un futuro se le agregará contenido extra por el que habrá que pagar adicionalmente. Lo que todos conocemos como DLC (downloadable content o contenido descargable), expansiones, pases de temporada e incluso las tan odiadas microtransacciones (pagar pequeñas cantidades de dinero real por extras dentro del videojuego que no vienen incluidas o son difíciles de desbloquear normalmente). La reacción común de la gente es directamente culpar a las empresas. Sin embargo, en un análisis profundo, ¿Son realmente las culpables de tener que realizar esta práctica por su avaricia? ¿O están forzadas a adaptar su negocio a factores externos? Desafortunadamente, la respuesta es un poco más complicada que simplemente quejarse de las compañías de videojuegos. Para saber si son o no las únicas culpables de esta práctica tan criticada, debemos comprender cómo reaccionan las empresas ante las circunstancias en las que vive la industria del videojuego. 

Primero hay que aclarar unos conceptos: ¿Qué es la inflación? La inflación es, en su definición estándar, el aumento constante (o sostenido) y generalizado de los precios de una economía durante un periodo de tiempo. En español simple significa que “todo aumenta todos los años”. ¿A qué se debe la inflación? A que la cantidad de dinero en sentido amplio en la economía aumenta constantemente en un periodo. ¿Quién hace aumentar la cantidad de dinero en sentido amplio? El Estado: principalmente el banco central orquestando, y los bancos comerciales siguiendo. Cuando el banco central decide aumentar la cantidad de dinero, se dice que se lleva a cabo una política monetaria laxa o expansiva. En resumen, la secuencia es: el banco central realiza una política monetaria laxa -> aumenta la cantidad de dinero -> hay inflación (los precios suben). 

Por Economía 101 sabemos que cuando se incrementa la oferta de dinero, los precios y costos nominales (permaneciendo igual todo lo demás) tienden a subir, aunque sin hacerlo al mismo tiempo ni en la misma proporción que el aumento de la cantidad de moneda. Los precios no se determinan de forma automática, sino que hay decisiones consientes detrás (tanto de oferentes como de demandantes). Y aquí viene una de las claves: para muchos empresarios, sobre todo los que se mueven en mercados cuya demanda es sensible al precio o “elástica” (las compras de los clientes y los ingresos totales de la empresa reaccionan mucho ante cambios de precio), que sus costos aumenten no significa que pueden simplemente subir el precio de los bienes y ya. Las empresas siempre tratan de establecer los precios que piden a un nivel tal que maximice sus beneficios, no ponen “el precio que sea o el que se les antoje”. Por encima de ese óptimo, las firmas estiman que sus ingresos disminuirían y, por ende, no lo suben más. Por lo tanto, para industrias con demanda previsiblemente sensible al precio, elevarlo implica perder ingresos y beneficios. 

Como demuestra la ciencia económica, dos estrategias son las principales (aunque hay otras menos relevantes) cuando los costos aumentan constantemente debido a un proceso inflacionario mientras al mismo tiempo el precio del producto final no lo hace: (1) disminuir la cantidad del producto y (2) disminuir la calidad del producto. También es posible alguna combinación de ambas. 

El punto (1) significa reducir la cantidad del producto manteniendo su precio nominal igual. Por ejemplo, un paquete de galletas de 12 unidades se vende a $12. Ello significa que cada galleta vale $1 (precio ajustado por cantidad = precio nominal/cantidad). Ante el hecho de no poder subir el precio del paquete mientras está sufriendo subas de costos, la empresa puede empezar a venderlo (advirtiendo con más o menos claridad) conteniendo solo 10 galletas. Luego de eso, cada galleta ahora vale $1,2. El precio nominal del paquete de galletas no cambió (sigue siendo $12) pero el precio efectivo sí lo hizo (aumentó desde $1 a $1,2). Los clientes seguirán comprando su paquete de galletas a $12 como antes, aun cuando ahora solo tenga 10 galletas. 

¿Por qué las compañías adoptan esta práctica? La reducción de cantidad sin subir el precio es un intento por parte de las empresas de mantener los beneficios cuando se enfrentan a clientes sensibles al precio mientras ven subir sus costos monetarios. Pero noten que esto no ocurre únicamente por “la infinita avaricia” de los empresarios, sino debido al incremento de la cantidad de dinero y, por ende, a la suba de precios y costos. A causa de esos aumentos, el empresario debe perder tiempo, dinero y recursos escasos ideando estrategias para hacer menores empaques de forma poco obvia. 

En otras palabras, debido a la política monetaria laxa del banco central, los costos dinerarios están subiendo. Pero al mismo tiempo el empresario sabe que se enfrenta a una demanda que reaccionará mucho (dejarán de comprar considerablemente) si eleva el precio del producto y sus ingresos totales caerán. Las empresas se encuentran entre la espada y la pared. Es la inflación lo que induce a los empresarios a adoptar este comportamiento dada la estructura de su demanda. Las prácticas generalizadas de reducir la cantidad o calidad de los productos para venderlo al mismo precio no son el resultado de “la voluntad codiciosa o de la avaricia desenfrenada de las empresas”, sino que ello es el producto de su esfuerzo de permanecer en el negocio en un entorno inflacionario y además competitivo. En lugar de ofrecer mayor cantidad de producto o de mejor calidad al mismo precio, la inflación (causada por el Estado) instiga a los empresarios a invertir sus escasos recursos monetarios, trabajo y tiempo para hacer que pase desapercibido el incremento del precio efectivo por la reducción de la cantidad o calidad. La inflación provoca que se bajen costos vía reducción de gasto en inversión e innovación que beneficia a los consumidores. 

Pero ahora viene la pregunta: ¿Qué tiene que ver todo esto con los videojuegos y los contenidos extra? Seguramente el lector atento ya estará intuyendo la respuesta. 

Hay que recordar que los videojuegos no son productos de necesidad. Es decir que son lo que suele llamarse “bienes de lujo”, su consumo no es absolutamente necesario para la vida o salud. Adicionalmente, los videojuegos compiten con muchas otras formas de actividades para disfrutar el tiempo de ocio (leer, ver series, el cine, TV cable, etc.). Todo ello hace que la demanda de videojuegos sea muy sensible (“elástica”) a modificaciones de precio. Como ya se aclaró, esto quiere decir que cambios de determinada proporción en el precio pueden ocasionar una reacción en los ingresos totales de la empresa de mayor proporción. La mejor prueba de ello son los enormes descuentos (pueden ir de 20 % a 90 %) en videojuegos que se suelen ver en plataformas digitales o en las versiones físicas. Incluso se pueden observar descuentos de 50 % o 60 % en juegos con unos pocos meses en el mercado. Hace años el presidente de Valve, Gabe Newell, contaba en una entrevista que experimentaron realizar un muy promocionado descuento de 75 % sobre un determinado videojuego en su plataforma llamada Steam. Para sorpresa incluso de ellos, sus ingresos totales por ese juego se multiplicaron por 40 (!). Por otro lado, en Suecia, una tienda online de venta de juegos bajó sus precios un 75 % y vio sus unidades vendidas aumentar un increíble 5.500 %, así como sus ingresos totales incrementarse un 1.300 %.

Además, hay que tomar en cuenta que, en Estados Unidos, así como en Europa también, ha habido una notable inflación de precios y costos (causada por el banco central) desde mitad de los 90s hasta hoy. 

Por lo tanto, tenemos en la industria del videojuego las características esenciales del contexto que describimos anteriormente de forma general: inflación de precios y costos que repercute sobre empresas que se desenvuelven en un mercado competitivo. Veamos unos datos para comprenderlo mejor. 

Usando el trabajo de Jonathan Gitlin en el sitio Arstechnica, tenemos un buen aproximado del precio nominal de los videojuegos de consola nuevos en disco desde 1996 hasta 2013. Desde 2013 en adelante, simplemente coloqué el que es, hasta hoy mismo, el precio estándar de los grandes lanzamientos: 59.99 dólares.


Como se ve, si tomamos de punta (1996) a punta (2017), el precio de los videojuegos prácticamente no ha cambiado. Pagabas, en general, casi 60 dólares en 1996 por tus juegos de PlayStation 1 y Saturn tal y como lo haces hoy en 2017 por los de PlayStation 4 y Xbox One. Siempre recuerden que estos son precios nominales, no se toma en cuenta la inflación, porque lo que nos interesa es ver cómo han variado a lo largo del tiempo lo precios que los consumidores ven en el mostrador. La competencia los hizo caer a lo largo de la segunda mitad de los 90s. Pero, en promedio, prácticamente los precios (nominales) de los videojuegos se han mantenido constantes.

Para mostrar que detrás del proceso inflacionario está un incremento en el circulante, a continuación, se muestra cómo ha evolucionado la oferta de dinero amplia en Estados Unidos (usando los agregados monetarios MZM, M1 y M2). Cualquiera sea el agregado que tomemos, claramente ha habido un aumento significativo desde 1996.


Para medir aproximadamente cómo aumentó el precio de lo que pagan los consumidores por los demás productos, se usa el índice de precios al consumidor (IPC) e igualmente para los mayoristas se usa el índice de precios mayoristas (IPM). Reflejando el hecho de que los costos laborales en general también aumentaron, se usa el índice de costo de empleo, que mide cuánto pagan las empresas en salarios más beneficios (vacaciones pagas, horas extras, seguros de vida o trabajo, aportes patronales, etc.) a los trabajadores del sector privado. Al hablar de precios en dólares, obviamente, estos son datos de Estados Unidos.


Para simplificar la exposición, he hecho que todas las series de datos comiencen en valor 100 en 1996 (a excepción del costo de empleo, el cual empieza en 100 en 2001 porque recién desde ese año arrancan sus valores).

Claramente pueden notar que entre 1996 y 2017 los precios de los videojuegos se mantuvieron prácticamente constantes (aumentaron casi 0 %) mientras los precios del consumidor, así como mayoristas, crecieron aproximadamente 56 % y 52 % respectivamente. Al mismo tiempo, solo entre 2001 y 2017, los costos salariales totales (salarios + beneficios) de las empresas privadas crecieron un 46 % (es seguro que, si pudiéramos tomar desde 1996, el aumento sería todavía mayor). Está más que claro que los videojuegos, en general, mantuvieron sus precios nominales casi sin cambios en una era fuertemente inflacionaria.

De hecho, si los videojuegos hubiesen subido como aumentaron los precios al consumidor entre 1996 y 2017, hoy estarían en aproximadamente 94 dólares. ¿Les parece muy caro? Pues el reciente Dragon Ball FighterZ vale prácticamente eso (está a 95 dólares) en su versión completa digital, así como el todavía más actual Far Cry 5 que cuesta 90 dólares con todo su contenido. En resumen, si sumamos todo, los videojuegos completos ya han subido de precio. El hecho de que, para muchos, leer esto sea una sorpresa o les suene extraño es una de las razones por las que las compañías deciden no hacer completamente explícito el aumento.

En conclusión, la política monetaria laxa de los bancos centrales ha causado una notable inflación en las últimas décadas. Debido a eso, solo en Estados Unidos, precios y costos han subido considerablemente desde 1996. Al mismo tiempo, las empresas productoras de videojuegos sufren el fenómeno inflacionario mientras se desenvuelven en un mercado cuyos clientes son muy sensibles a cambios de precio. Dada la estructura de su demanda, la inflación causada por el banco central indujo a las empresas a adoptar la táctica de reducir la cantidad de contenido de los videojuegos de salida mientras mantienen el precio. Antes obteníamos el software completo de salida a 60 dólares, actualmente y a causa de la inflación obtenemos el software menos cierta cantidad de contenido pagando lo mismo. Tal y como ocurría en el ejemplo del paquete de galletas que pasaba de tener 12 a 10 unidades manteniendo el precio, hoy
en los videojuegos se pasó de tener juegos completos de salida pagando 60 dólares a que salga el juego base a ese precio histórico más el resto en forma de onerosos DLC, expansiones o micropagos. Recibimos menos cantidad de (contenido de) videojuego pagando lo mismo.

Por
último, no voy a negar que detrás de la suba de costos de producción de videojuegos (sobre todo salariales y de cantidad de empleados) puede haber factores reales. Después de todo, la expansión de la industria del videojuego ha sido enorme las últimas décadas. Cuando una determinada rama de la producción promete una tasa de rentabilidad mayor a la de otros sectores, ceteris paribus, aumenta la inversión en ese sector (mientras se tiende a “desinvertir” en sectores de menor tasa) y, consecuentemente, el precio de los factores no específicos complementarios de producción también lo hace. Pero la caída del precio de los equipos informáticos, así como de los costos de distribución por la vía de descarga digital, puede, a pesar de la inflación, compensar en cierta parte la suba de costos de personal en el desarrollo de juegos. Sin embargo, es un hecho que la inflación importante que ha sufrido Estados Unidos desde 1996 es un factor que afecta a todas las industrias, incluida la del videojuego.

La causa de estas prácticas va mucho más allá de la visión superficial general de unas malvadas empresas avaras que explotan al pobre jugador. Detrás del telón, se esconde el origen principal de los problemas: el Estado.

viernes, 8 de mayo de 2015

La FED en 1929-1933: Ni pasiva ni contractiva


Una de las explicaciones más extendidas sobre las causas de la Gran Depresión es, por lejos, la monetarista expuesta en el trabajo clásico de Friedman y Schwartz (1963). La cual establece, básicamente, que la Gran Depresión en Estados Unidos se debió a que la Reserva Federal deliberadamente no actuó lo suficiente para evitar la contracción monetaria. Es decir, la política de la FED en los 30s fue "en gran medida, pasiva" y "mató de hambre monetariamente" al país debido a las ideas "liquidacionistas" y a la lucha de poder interna de los sucesores de Benjamin Strong. Como vamos a ver a continuación, los economistas austriacos, por el contrario, dicen que la FED fue consistentemente inflacionaria durante el periodo 1929-1933 (Anderson, 1949; Rothbard, 1963, 2002; Salerno, 1999; Herbener, 2014).

La contracción (deflación) monetaria

Comencemos con los hechos: nadie niega, ni siquiera los economistas austriacos, que hubo una contracción monetaria en el periodo 1930-1933. De hecho, podemos ver la oferta monetaria austriaca (de Rothbard) de la época, con diciembre de 1929 igual a 100, y observaremos el colapso. Solo en este hecho evidente, Rothbard coincide con los monetaristas. En lo que no están de acuerdo, sin embargo, es en las causas del colapso.

Oferta monetaria de Rothbard 1929-1933,
diciembre de 1929 = 100
Desde diciembre de 1929 hasta diciembre de 1933, la oferta monetaria austriaca cayó 16 %. Una vez más, lo que diferencia la explicación austriaca de la monetarista es el por qué se contrajo y si fue esa contracción per se lo que causó el declive económico.

Lo que la FED puede y no puede controlar

Una de las formas de generar una expansión monetaria y crediticia por parte del sistema bancario, es el aumento de sus reservas totales (la otra es cambiar los requerimientos de reserva de los bancos). De hecho, lo que produjo el auge artificial durante los años 20s fue precisamente una expansión crediticia impulsada, principalmente (en un 81,5 %), por el aumento en las reservas totales de los bancos (Rothbard, 1963: 101-02). Por el contrario, una disminución de las reservas totales puede provocar una contracción crediticia. Ahora que ya sabemos que una forma de generar inflación (deflación) monetaria es aumentar (disminuir) las reservas totales de los bancos, debemos preguntar: ¿Qué factores provocan que aumenten o disminuyan esas reservas? Y, además, ¿Cuáles de esos factores controla la FED o el Tesoro americano y cuáles no? En resumidas cuentas, los factores controlados son los que domina el gobierno (sea la FED o el Tesoro americano) y los no controlados son los gobernados por el público o los bancos. Empecemos con lo que controla: 

Letras descontadas por la Reserva Federal: estas letras no son compradas a los bancos, sino que son préstamos a ellos. Al ser un préstamo, deben pagarlas en una fecha posterior. Pero en el intervalo en que están sin vencer, proveen fondos que aumentan las reservas de los bancos como lo hace cualquier otro tipo de activo. Acá hay que hacer una aclaración muy importante: solo cuando el monto neto de letras descontadas de un periodo a otro da un resultado positivo (es decir, aumenta), entonces esa expansión se toma como un factor controlado por la FED. Por otro lado, cuando la diferencia neta entre distintos periodos de los montos de letras descontadas da negativo y, por ende, disminuye las reservas totales de los bancos; ello se toma como un factor no controlado por las autoridades (FED o Tesoro). Debido a que el repago neto de Letras descontadas depende únicamente de la decisión de los bancos. Tanto la velocidad como el monto del repago de ellas (disminución de la deuda con la FED) son voluntad de los bancos (Rothbard, 1963: 104-05; Salerno, 1999).

Letras compradas: siempre que el Banco Central compra un activo a un banco miembro, a cambio le otorga un incremento de reservas por el monto del mismo. Las reservas de los bancos aumentan en la misma medida en que aumentan los activos de la FED y son un factor controlado por la misma. 

Bonos del Tesoro: son una de las partes más importantes de las operaciones de mercado abierto. Y, de igual modo, son un factor de incremento de reservas controlado por la FED. La Reserva Federal compra bonos del Tesoro a los bancos y, a cambio, les aumenta sus reservas. Por el contrario, las ventas de bonos del Tesoro por parte de la FED hacia los bancos, disminuyen las reservas de estos últimos (Rothbard, 1963: 103-04). 

Otros: el no muy importante factor Otros (cheques en bancos comerciales que permanecen temporalmente sin ser reclamados por la FED. Es decir, son un préstamo sin interés a los mismos), también es uno que aumenta las reservas y es controlado por la Reserva Federal (Rothbard, 1963: 105-06).

La categoría que se llama Crédito de la Reserva Federal son los activos que la FED compra a los bancos a cambio de reservas. Se conforma de la suma de lo anterior: letras descontadas + letras compradas + bonos del Tesoro + otros (Board of Governors, 1943: 325).

Dinero del Tesoro pendiente de pago: cuando este aumenta, se deposita en la Reserva Federal en la cuenta del Tesoro. A medida que se gasta a través del gasto público, ese dinero fluye hacia las reservas de los bancos comerciales. Por lo tanto, cuando aumenta, es un factor que incrementa las reservas y es controlado por el Tesoro (Rothbard, 1963: 106).

Tenencias de efectivo del Tesoro: el Tesoro retiene ese dinero sin gastarlo. Una disminución de las mismas implica que se gasta en la economía y tiende a ir hacia los bancos, aumentando sus reservas. Por lo tanto, cualquier aumento de las tenencias de efectivo del Tesoro, es un factor de disminución de reservas y es controlado por el mismo. 

Exactamente lo mismo ocurre con los Depósitos del Tesoro en los bancos de la Reserva Federal. Son un factor de decremento de reservas bancarias controlado por el Tesoro (Rothbard, 1963: 106).

El no muy relevante factor Otras cuentas de la Reserva Federal es lo que Rothbard (1963: 106-07) llama "Fondos de capital no gastados". Fondos de capital de la Reserva Federal que todavía no se gastan en activos. Si no se gastan, esos fondos se detraen de las reservas de los bancos. Por lo tanto, al aumentar, son un factor controlado por la FED que disminuye las reservas de los bancos.

Pasemos ahora a lo que no controla el gobierno: los Depósitos de bancos no miembros son un factor no controlado por el gobierno. Además, cuando aumentan, implica que disminuyen las reservas de los bancos miembros de la FED. Es decir que, cuando ocurre un incremento en los depósitos de bancos no miembros, ello es un factor de decrecimiento de las reservas de los bancos (miembros) y, además, no es controlado por la FED ni el Tesoro (Rothbard, 1963: 106). 

Valor monetario del stock de oro: es el único factor no controlado ni por la FED ni por el Tesoro que aumenta las reservas de bancos miembros. Cuando una persona deposita oro en un banco comercial, este lo debe depositar, a su vez, en la Reserva Federal. Y esta última le otorga al banco reservas por exactamente el valor de ese oro. Por otro lado, una baja del stock de oro provoca una reducción de las reservas de los bancos. La gran mayoría del ingreso/egreso de oro es por inversores extranjeros y transacciones externas, aunque una parte relativamente pequeña proviene internamente de ciudadanos americanos. Los depósitos o retiros de oro son decididos por el público (aunque, a largo plazo, las políticas de la FED pueden influir su movimiento), por ello no son controlados por las autoridades. En los años previos y en los de la Gran Depresión, este es un factor importante (Rothbard, 1963: 103).

Finalmente, el aumento del Dinero en circulación fuera de los bancos es el principal factor de decrecimiento de reservas y es, además, no controlado ni por la FED ni el Tesoro. Siendo completamente decidido por el público y sus escalas valorativas respecto del efectivo en sus manos contra sus depósitos. Cualquier aumento en el dinero en circulación, implica una disminución en la misma medida de reservas bancarias (Rothbard, 1963: 106).

La FED en 1929-1933

El siguiente cuadro (click para agrandar), que es una copia del de Rothbard (1963: 109) pero para fechas distintas, resume la variación en volumen monetario de los factores para diferentes periodos del intervalo 1929-1933:

Factores controlados y no controlados por la FED que modifican 
las reservas bancarias en diferentes periodos de 1929-1933. 
En millones de dólares
Los datos para el periodo 1914-1941 se encuentran en el Board of Governors (1943: 368-94) en forma anual, mensual (promedio diario), mensual al último día del mes e incluso de forma semanal (al día miércoles). Recuerden que las tenencias de efectivo del Tesoro, sus depósitos en la FED, las otras cuentas de la FED, el dinero en circulación y depósitos de los bancos no miembros son factores que, al aumentar, disminuyen reservas bancarias. Por lo tanto, en el cuadro de arriba sus valores, luego de ser restados, se ponen con el signo opuesto. Por ejemplo, si al restar un valor del año 1930 al del año 1929 da un resultado negativo, se pone el mismo resultado pero positivo. Otro aspecto importante a recordar, es que las letras descontadas se consideran como factor controlado solo si la resta de un periodo a otro da un valor positivo. Cuando sea negativo, su valor entra como factor no controlado. Además, aclaro que por "deliberadamente expansiva" se entiende que la FED, de un periodo a otro, aumenta lo que puede controlar de reservas de los bancos (miembros).

Empecemos por la primera columna (1) con el miércoles 23 de octubre del año 1929 (Board of Governors, 1943: 384). Justo el día antes del "jueves negro". Solo en la semana en que se produjo el crash de la bolsa, jueves 24 y martes 28 de octubre, la FED inyectó enormes cantidades de reservas (Rothbard, 2002: 425). Los bonos del Tesoro se más que duplicaron, pasando desde 136 millones el 23 de octubre a 293 millones el día 30. Este fue el factor controlado por la FED que, por lejos, más aumentó. También lo hicieron las letras descontadas en 195 millones, un 24 % de incremento. Por lo que es otro factor bajo control de la Reserva Federal que se incrementó. En total, los factores controlados por la FED aumentaron 310 millones las reservas de los bancos solo en esa semana para prevenir la liquidación del mercado de valores y para permitir al Banco de Nueva York adquirir préstamos de brokers liquidados por bancos no miembros (Rothbard, 2002: 425). En otras palabras, desde el principio, la FED actuó deliberada y enormemente para prevenir la liquidación de las malas inversiones. El aumento de los factores controlados superó, con creces, la disminución de los no controlados de solo 36 millones. De hecho, George Harrison (que no es el guitarrista de los Beatles), el sucesor en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York de Benjamin Strong, dijo en los días posteriores a la caída de la bolsa: "Caballeros, estoy listo para otorgarles todos los fondos de reserva que puedan necesitar para permitir que los bancos de Nueva York adquieran todos los activos de los bancos fuera de la ciudad…" La columna (2) lo demuestra: entre el 23 de Octubre y el 31 de Diciembre de 1929, las compras de bonos del Tesoro se casi cuadriplicaron pasando de 136 a 511 millones, un aumento de 375 millones. Ese intento expansivo por parte de la FED fue contrarrestado principalmente por los bancos cancelando letras descontadas, los inversores retirando oro y el público demandando dinero en efectivo. Lo controlado por la FED claramente aumentó 359 millones. Por lo tanto, no hay signos de una política deliberada de deflación hasta ahora.


A lo largo de 1930 (desde el último día de diciembre de 1929 hasta el mismo de 1930), como se observa en la columna (3), la FED aumentó las reservas que controlaba en 209 millones contra una reducción no controlada de 95 millones. En resultado neto, logró incrementar las reservas de los bancos en 114 millones. Aun así, las mayores reservas no estimularon un crecimiento de la oferta monetaria. La cual se contrae un poco a fines de 1930 porque los bancos estaban recuperando liquidez (Herbener, 2014) y por las no demasiado importantes quiebras bancarias de fines de ese año (Rothbard, 2002: 426).


1931 debe ser dividido en dos partes porque en los tres últimos meses la caída de reservas es enorme. Desde el último día de 1930 hasta el fin de septiembre de 1931, columna (4), las reservas controladas por el gobierno aumentaron 195 millones. Ese intento de incremento es destruido por una caída de lo no controlado de 300 millones, con lo cual las reservas netas cayeron 105 millones. La FED fue derrotada, principalmente, por el público que aumentó sus tenencias de efectivo en 356 millones. Pero esto era solo el precalentamiento. El 20 de septiembre de 1931, Gran Bretaña abandona el Patrón Oro luego de violar prolongadamente todas las reglas del mismo (Anderson, 1949: 248). Otros países europeos también lo hicieron antes (Austria y Alemania) y después de los británicos. Los colapsos europeos y los abandonos del oro afectaban la economía norteamericana porque: a) hacían dudar de la firmeza con la cual Estados Unidos se adhería al Patrón Oro y b) las quiebras bancarias europeas provocaban un "contagio" interno pues muchos bancos americanos tenían activos europeos (Rothbard, 1963: 258). Como consecuencia, el oro comienza a ser retirado del sistema norteamericano principalmente por parte del público extranjero (Anderson, 1949: 257-59). Solo en los últimos tres meses del año, desde el último día de septiembre al último de diciembre, las reservas netas de los bancos caen 404 millones como muestra la columna (5). Ello a pesar de los esfuerzos de la FED de inflar el crédito aumentando lo que controla en 268 millones (letras descontadas, principalmente). El público demandando dinero en circulación se cargó el intento inflacionario de la Reserva Federal de 1930-1931, como se ve en la columna (6).


En febrero de 1932 se pasa la primer ley Glass-Steagall (previa a la de 1933 que conoce todo el mundo) que ampliaba las capacidades expansionistas de la FED para combatir la deflación (Rothbard, 1963: 301-02). La Reserva Federal se lanzó a un gigantesco programa de compras de bonos del Tesoro. La columna (7) lo muestra. Solo en los cinco meses entre el fin de febrero y el de julio de 1932, la Reserva Federal compró el bestial volumen de 1.101 millones. Las reservas controladas aumentaron 990 millones, pero la mayor parte de ese esfuerzo fue absorbido por factores fuera del control del gobierno como el desendeudamiento bancario con la FED (290 millones de letras descontadas), la disminución del stock de oro (380 millones) y el público demandando efectivo (122 millones). La Reserva Federal estaba siendo furiosamente expansiva. En la columna (8) se muestra el resto del año 1932 y en la (9) se registra todo el periodo. El mayor incremento en las reservas de los bancos vino en la segunda mitad de 1932, pero no fue debido a la FED (que ya había dejado de comprar bonos). Sino a que, debido a que el Banco C
entral dejó de inflar, los inversores recuperaron algo de confianza y retornaron el oro junto con algo de efectivo (incluso violando el patrón estacional) a los bancos (Rothbard, 1963: 305). Hacia la segunda mitad de 1932, la gente dejó de combatir la política inflacionaria. En total, hubo un monumental incremento de reservas de los bancos miembros de 660 millones, sin precedentes en la historia de la FED (Rothbard, 1963: 302). ¿Por qué, entonces, se contrajo la oferta monetaria en 1932 cuando las reservas de los bancos aumentaron como nunca? Debido al fenómeno de las "reservas excedentes". En tiempos de crisis o recesión, los bancos pueden ser renuentes a prestar e invertir para 1) evitar perder la confianza de sus clientes y 2) evitar los riesgos de invertir en proyectos con riesgo de impago (Rothbard, 1963: 302-04).

Reservas excedentes de los bancos
miembros, octubre de 1929 = 100
En el gráfico, que muestra el promedio diario de cada mes, se puede ver la inédita acumulación de reservas excedentes por parte de los bancos a partir de febrero de 1932. Hasta ese momento, siempre permanecieron, en general, bajas (Board of Governors, 1943: 371).

Observen que es precisamente cuando el gobierno detiene, en gran medida, sus desmesurados intentos de inflación a mitad de 1932; que la confianza (reflejada en la reversión de las salidas de oro así como del efectivo) mínimamente retorna. Por lo tanto, la hipótesis de que "si la FED hubiera actuado con suficiente contundencia habría podido mantener el crecimiento monetario", es enormemente dudosa. De hecho, una esperanzadora recuperación comenzaba a surgir a mitad de 1932. El público, los inversores externos y los bancos combatieron gran parte de los intentos para realizar inflación por parte del gobierno.

Justo cuando parecía que se estaba empezando a salir de la depresión luego de julio de 1932, ocurrió el colapso monetario final. El pánico bancario definitivo estaba a las puertas del nuevo año 1933. Franklin D. Roosevelt, luego de aplastar a Hoover en las elecciones, iba a asumir el 4 de marzo. Fuertes rumores sobre que los asesores y el propio Roosevelt tenían ideas radicales estatistas y de salirse del Patrón Oro, se esparcieron. La columna (10) muestra la variación desde el último día de enero y el mismo de febrero. En ese mes de 1933 el gobierno llevó a cabo una titánica campaña inflacionaria. Todo lo que controlaba tanto la FED como el Tesoro aumentó. Únicamente en febrero, las reservas bajo control de las autoridades se incrementaron en 785 millones. Aun con ese monstruoso esfuerzo expansivo, el gobierno fue abrumadoramente derrotado por un incremento del dinero en circulación descomunal. Los inversores externos detrayendo oro y los bancos no miembros de la FED aumentando sus depósitos también contribuyeron al declive de reservas. En total, los factores no controlados disminuyeron las reservas en 1.089 millones solo en el mes de febrero. Incluso hasta ese momento de mayor "emergencia", la FED fue enormemente inflacionaria. 


En conclusión: La contracción monetaria de 1930-33 no fue causada deliberadamente por la Reserva Federal. Todo lo contrario, la FED hizo todo cuanto pudo para reinflar el crédito, incluyendo medidas inéditas. El Banco Central americano actuó de manera consistentemente expansiva, al menos, desde el crash de la bolsa de 1929. Las causas del colapso de la oferta monetaria no hay que buscarlas en la "insuficiente acción" de la FED. La Reserva Federal fue derrotada por los inversores externos, el público y los bancos. La contracción de la oferta monetaria se debió a: 1) la pérdida de confianza del público (aumentando el efectivo en circulación) y los inversores (sacando el oro) en el falso "Patrón Oro" que la FED manejaba. 2) los bancos prudentemente trataron de salvarse ellos mismos y sus depositantes evitando prestar sus fondos a negocios ruinosos y bajando su endeudamiento con la FED (reduciendo las reservas no controladas). 3) la acumulación de "reservas excedentes" en los bancos se constituyó en un factor adicional no controlado que reforzó la deflación monetaria (Salerno, 1999; Rothbard, 1963: 304). Por último, debe quedar claro que la contracción monetaria por sí misma no causó el cataclismo de 1930-33. Sino las políticas estatales (monetarias de la FED y sindicales del gobierno de Hoover) que mantenían los precios por encima de lo que hubieran sido sin esa intervención.


La Reserva Federal, a pesar de ser un órgano estatal privilegiado, un monopolio legal y un completo regulador de la actividad económica; no es omnipotente. Puede ser, y ha sido, derrotada.






Anderson, Benjamin M. (1949) Economics and the Public Welfare. Financial and Economic History of the United States. New Jersey: Van Nostrand.

Board of Governors of the Federal Reserve System (U.S.) (1943) Banking and Monetary Statistics, 1914-1941. Washington, D.C.

Friedman, Milton y Schwartz, Anna J. (1963) A Monetary History of the United States, 1867-1960. Princeton, NJ: Princeton University Press. 1993.

Herbener, Jeffrey M. (2014) "Fed Policy Errors of the Great Depression".‖En Salerno, Joseph T. y Howden, David Eds. (2014) The Fed at One Hundred: A Critical View on the Federal Reserve System. New York: Springer. 43-54.

Rothbard, Murray N. (1963) America's Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000.

Rothbard, Murray N. [Salerno, Joseph T. Ed.] (2002) A History of Money and Banking in the United States: The Colonial Era to World War II. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (1999) "Money and Gold in the 1920s and 1930s: An Austrian View. The Federal Reserve's Monetary Policy Was Consistently Inflationist". Foundation for Economic Education: The Freeman. En Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 421-39.

sábado, 3 de enero de 2015

La recesión de 1920-21 y la FED


Como ya vimos antes, entre 1920 y 1922 hubo una recesión en Estados Unidos que en muchos aspectos fue igual o peor que la Gran Depresión. Se salió de ella en pocos meses aun cuando se bajó brutalmente el gasto público, se pagó la deuda pública, se empezó a bajar los impuestos, se dejaron caer como nunca los salarios y los precios, no se devaluó, ni se aplicó lo que los keynesianos recomendarían para salir de una recesión.

Ante este panorama, a los seguidores de Keynes (y a los monetaristas) aún les quedaba la política monetaria en busca de ayuda para explicar esto. De acuerdo con ellos, y como explica acá George Selgin, la explicación es simple: la baja de las tasas de interés (de descuento) indican que la política monetaria expansiva de la FED permitió salir de una recesión provocada por su anterior decisión contractiva para combatir la inflación. Pero, ¿Fue la FED realmente expansiva como para permitir a la economía salir de la recesión? ¿O la economía ya había salido cuando se implementó? 


El término "política monetaria expansiva" significa que una autoridad monetaria manipula a discreción con diversas medidas (por eso es "política") la cantidad y disponibilidad de dinero en circulación (por eso es "monetaria") de manera de aumentarla o mantener una tasa de crecimiento positiva (por eso es "expansiva"). Mediante eso puede influir, entre otras cosas, la tasa de interés o la inflación. 


Por lo tanto, si es cierto que la política monetaria expansiva sacó a Estados Unidos de la recesión de 1920-21, debemos ver que la cantidad de dinero aumenta. Observar únicamente la tasa de interés como un indicador de que la política monetaria es expansiva (o contractiva) es caer en la falacia de la tasa de interés identificada por Friedman (y antes por Mises). Los movimientos de las tasas de interés, por si solos, no indican qué tipo de política monetaria se lleva a cabo.


Empecemos por este gráfico sacado de FRASER (página 369 del Banking and Monetary Statistics, 1914-1941). En él se ven los activos de la FED desde abril de 1919 hasta junio de 1923. Observen el decrecimiento masivo del "Total" de los activos que no son oro de la FED. También se vendieron títulos públicos prácticamente hasta enero de 1922. La recesión según el NBER duró 18 meses desde enero de 1920 hasta julio de 1921 (el área rosada del gráfico).

Lo importante es observar como la recesión empieza mientras el total crece inicialmente y termina cuando la contracción continúa. Es decir, la recesión terminó cuando la FED todavía seguía con una política contractiva vendiendo masivamente, entre otras cosas, letras descontadas. El total se contrajo hasta el mínimo en agosto de 1922, pero la recesión terminó en julio de 1921. Como señala Selgin, la expansión monetaria que ciertamente pudo haber ayudado a la recuperación fue debido al ingreso de oro. Lo cual no es gracias a la activista FED sino al mecanismo de precios (la caída enorme de los mismos).


Ahora veamos lo que ocurrió con la producción industrial. Observen que el índice cae cuando el total aún no empieza a contraerse de forma importante. Luego deja de disminuir y empieza a crecer nuevamente aun cuando el total de activos seguía disminuyendo. Es decir, la actividad se empieza a recuperar incluso cuando la oferta monetaria era contraída intencionalmente por la FED.


Con los datos de la base monetaria que da la FED pasa algo similar. La misma se contrae hasta febrero de 1922. Varios meses luego de terminada la recesión.


El índice industrial comienza a crecer incluso a medida que cae la base monetaria. De nuevo, no se observa una política monetaria expansiva para ayudar la recuperación.


Según Friedman y Schwartz (páginas 709-10, 801-03), el dinero de alta potencia sigue el mismo patrón. Continúa contrayéndose hasta enero de 1922 y la recesión ya había terminado.


La industria ya empieza su recuperación cuando el dinero de alta potencia sigue cayendo.


El M1 y M2 caen hasta el mínimo en enero de 1922. A pesar de que decrece poco, no se puede decir para nada que la política monetaria fuera expansiva y sacó a la economía de la recesión. La cantidad no se incrementa hasta luego de enero de 1922 cuando la caída de actividad ya había terminado meses atrás.


El índice industrial confirma que la economía ya se movía en la senda de crecimiento cuando la cantidad amplia de dinero M1 y M2 seguía bajando.


Si tomamos la variación anual de M1 y M2 las cosas empeoran para la tesis keynesiana y monetarista. Noten como la recesión ya está terminada y la oferta monetaria amplia se sigue contrayendo (¡M1 a tasa de dos dígitos!) con respecto al año anterior.


El comportamiento del índice industrial es aún más elocuente. Crece casi continuamente en el periodo con la oferta monetaria contrayéndose con respecto al año anterior. Por lo que, por enésima vez, es muy difícil decir que fue la política monetaria expansiva lo que sacó a la economía de la recesión.


Incluso tomando la variación anual de la industria se ve que comienza a crecer a tasas de más de 20 % antes de que el crecimiento anual monetario sea positivo. Como explica correctamente Jeffrey Herbener, en 1922 el dinero de alta potencia aumentó 6,4 % y el M2 un 11,6 %. La expansión de la oferta monetaria fue mucho mayor que el impulso de la FED. Lo cual implica que aumentó la confianza de los negocios, la inversión, los préstamos y la creación de depósitos; no que la FED fuera muy expansiva.

En conclusión no puede decirse que la economía salió de la crisis de 1920-21 únicamente debido a la política monetaria (manejo de la oferta de dinero) expansiva de la FED. La cantidad de dinero continuaba contrayéndose cuando la economía ya había salido de la recesión.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Inflacionistas, Inflacionistas Everywhere!

Advertencia: Este es un post largo, pero si tenés paciencia serás recompensado con que nadie te vuelva a mentir sobre este tema.



Desde que la Economía se empezó a estudiar con seriedad, los economistas han tratado de desenmascarar las falacias de los inflacionistas. Un inflacionista es alguien que cree que aumentando la cantidad de dinero en circulación o el crédito podrá solucionar algún problema, o a veces todos los problemas. Al principio parecía que los economistas habían ganado la batalla, a tal punto que los inflacionistas no merecían el nombre ni estatura de economistas sino que se los llamaba despectivamente “Maniáticos Monetarios” (Monetary Cranks) [1]. Sin embargo, y a pesar de haber sido refutados una y otra vez, el Siglo XX vio como no solo eran cada vez más admitidos seriamente sino que incluso llegaron a convertirse en parte influyente de la “ortodoxia” (aun cuando a ellos les gusta definirse como la “heterodoxia”). 

Muchos hoy en día con tal de justificar su doctrina inflacionaria se encargan de tratar de engañarnos incluso en el ámbito donde la mayoría de la gente, espontáneamente y sin conocimiento alguno de Economía, sabe que algo esta andando mal. Todos hemos sufrido la suba de precios de alguna u otra manera, todos sabemos que estaríamos mejor sin ella, pero hay gente que intentará engañarte al punto de incluso decirte que la inflación es buena para vos y la gente. Veamos uno de los tantos casos a favor de la inflación con la cual intentarán engañarte. 

Noah Smith pone el siguiente ejemplo en su crítica sobre que la inflación sea un “robo”:


Supongamos que: 

· el precio del litro de leche es $4 

· el precio de la gasolina es $4 

· el precio de una casa es $200 mil 

El Banco Central aumenta la oferta monetaria de tal forma que el peso vale la mitad, o sea los precios son el doble de antes: 

· el precio del litro de leche ahora es $8 

· el precio de la gasolina ahora es $8 

· el precio de una casa ahora es $400 mil 

Terrible ¿No?, ¡Los precios ahora se han duplicado! Sin embargo, el salario también aumentará: 

Antes de la inflación: 

· el salario era $40 mil al año 

Luego de la inflación: 

· el salario es $80 mil al año 

Eso sucede porque el salario es un precio más, al igual que el de los demás bienes (leche, gasolina, casa), con lo cual la inflación (aumento de los precios) lo terminara subiendo. 

Ahora bien, a menos que uno tenga una clase especial de bono (algún TIPS por ejemplo), la inflación no aumentará el tamaño de la cuenta del banco. 

Antes de la inflación: 

· los ahorros [2] en el banco eran $80 mil 

Luego de la inflación: 

· los ahorros en el banco son $80 mil 

Mientras los precios y el salario subieron el doble, los ahorros no. El ahorrador se ha empobrecido: 

Antes de la inflación: 

· los ahorros compraban 20.000 litros de gasolina ($80 mil/$4) 

Luego de la inflación: 

· los ahorros compran 10.000 litros de gasolina ($80 mil /$8) 

La inflación le ha robado dinero al ahorrista. Aún los inflacionistas aceptan el hecho evidente de que la inflación es un robo hacia el sector tenedor de efectivo e ingresos fijos. 

Acá es donde entra la justificación inflacionista: 

¿Que pasa si alguien tiene una deuda? Si alguien ya compro una casa (antes de la inflación) y esta pagando una hipoteca. ¿Que le ocurre a esa deuda cuando hay inflación? Al igual que con la cuenta de ahorro del banco la deuda permanece igual: 

Antes de la inflación: 

· la deuda de la hipoteca era $160 mil 

Luego de la inflación: 

· la deuda de la hipoteca es $160 mil 

Sin embargo el salario se ha duplicado, con lo cual pagar la hipoteca será mucho más fácil: 

Antes de la inflación: 

· la hipoteca se pagaba con 4 años de salarios ($160 mil/$40 mil) 

Luego de la inflación: 

· la hipoteca se paga con 2 años de salarios ($160 mil/$80 mil) 

Con lo cual es verdad que este trabajador ha perdido $40 mil de sus tenencias de efectivo, pero también es verdad que ha ganado al mismo tiempo $80 mil que no tiene que pagar de hipoteca, mientras su salario permaneció igual. 

Es decir que este trabajador gana los mismo en términos reales (los precios aumentaron el doble, lo mismo que su salario), perdió $40 mil de su cuenta bancaria y gano $80 mil de no pago de su hipoteca. Evidentemente hay una ganancia neta de $40 mil para el. ¡El trabajador se ha enriquecido gracias a la inflación! La inflación daña a los que tienen más ahorros que deuda y ayuda a los que tienen más deuda que ahorros. 

Los que tienen mas ahorros que deuda son los ricos y la gente mayor. La gente mayor, al estar al final de su vida, no tiene una hipoteca de la que preocuparse pues en general ya la han terminado de pagar a esa altura, así como su auto, etc. Los que tienen más deuda que ahorro son los pobres y la gente joven que trabaja. Los trabajadores jóvenes están mas próximos a estar endeudados para acceder a una casa, auto o estudios superiores, recién están empezando a pagar esa deuda. 

La lección inflacionista es: la inflación daña a las personas que ahorran y beneficia a los que están endeudados, o la frase más corta y conocida: beneficia a los deudores a costa de perjudicar a los acreedores. Supuestamente hay una gran mayoría que tiene mas deuda que ahorros, con lo cual con inflación se esta ayudando a la mayoría. 

El slogan político diría algo así: “¡Trabajador no te quejes de ella, es una incomprendida, la inflación es tu amiga!” 

Hasta acá parece convincente, pero veremos que esa “defensa” tiene numerosas falacias.


1. Los supuestos: Esa historia solo puede funcionar bajo los supuestos que él plantea, el problema del ejemplo de Noah no es que sea “simple” sino los supuestos que usa. Si la pregunta es: ¿La inflación beneficia a los deudores? La respuesta es que eso es incierto [3]. Depende de: 1) Que el deudor tenga un préstamo de tasa variable o fija y 2) de las expectativas de inflación actual e inflación esperada. Si el deudor tiene un préstamo a tasa fija y si la inflación actual es mayor que la esperada, entonces se beneficia. Si el que tiene que pagar la hipoteca paga 8% a tasa fija cuando se espera que la inflación sea 3%, entonces esta pagando una tasa de interés real del 5%. Si la inflación real es 6% en lugar de 3%, la tasa de interés real será solo 2% en lugar de 5%. La inflación beneficia a los deudores cuando: 1) la deuda tiene una tasa nominal fija 2) la inflación actual es mayor que la esperada [4]. 

2. La neutralidad: Los precios no aumentan ni simultánea ni proporcionalmente. Esta es la falacia básica de todo su ejemplo. Si algo sabe y ha demostrado fuera de toda duda razonable la Teoría Austriaca del Dinero [5] es que el dinero no es neutral, no puede serlo. Cuando se aumenta la cantidad de dinero, los precios suben desigualmente: primero unos, luego otros, después los siguientes, etc. Suponer que los precios suben e instantáneamente lo hacen los salarios proporcionalmente esta fuera del alcance humano porque no es posible el ajuste instantáneo cuando el dinero se inyecta por determinados canales, es un supuesto demasiado irreal, solo útil para el entendimiento pero inaplicable en el mundo. Precisamente esa forma desigual de subir los precios en diferentes proporciones y momentos, es la fuente del robo al que son sometidos los ciudadanos. Unos pocos (los que reciben primero el nuevo dinero) tienen el enorme privilegio de comprar a precios que todavía no suben, tienen mas dinero y los precios son los mismos que los de ayer cuando no se disponía de ese efectivo. Al comprar sacan una enorme cantidad de bienes de mercado y eso provoca un tendencia a la suba de sus precios (a la demanda antigua con el dinero antiguo se le suma la demanda nueva con dinero nuevo). Todos los demás, la inmensa mayoría, que no han recibido el dinero nuevo aun están en la horrible situación de comprar a precios subidos con los mismos ingresos. Unos pocos (los que tienen el dinero nuevo) se han beneficiado (comprado bienes y servicios) a costa de la mayoría que ahora debe comprar menos pues sus ingresos todavía no aumentan mientras los precios si lo hacen.


3. Los ricos no son necesariamente los acreedores: Los ricos que tienen muchos ahorros, ¡Los tienen invertidos en algo! Bill Gates no puede comerse 1.000 filetes al día, a pesar que su situación económica se lo permite, tiene que guardar. Lo que ahorra esta invertido en algo: plantas, bodegas, casas, acciones, etc., los ricos son deudores mas que acreedores.  Los pobres en cambio son más acreedores que deudores. De hecho ¿Cuál es el “patrimonio” de una persona muy pobre? El efectivo que tiene en mano, nada más. No tiene casa ni auto, solo el efectivo que lleva en el bolsillo, y la inflación actuara exactamente sobre ese “patrimonio” (dinero). Además los ahorros de los trabajadores no solo son el dinero en banco o en su colchón, también han ahorrado para la seguridad social o seguro de vida anteriormente, si sumamos eso difícilmente haya una “ganancia neta” de $40 mil luego de la inflación. La idea de que los acreedores son los ricos y los deudores los pobres tiene raíz en que esa era situación en la Edad Media, pero desde el Siglo XIX esto ya no es así. En la época en que la gente que era rica lo era por poseer tierras, los desafortunados que no las tenían eran pobres, muy pobres, solo de vez en cuando podían juntar algo de dinero pero no podían acumular nada. En esas circunstancias los pobres no ahorraban nada, solo escondían unas monedas contra robos o para futuro, no prestaban a interés, solo los ricos podían ahorrar y prestar. Durante el Siglo XIX eso cambio totalmente. Desde entonces los que antes eran muy pobres ahora son comparativamente mucho más ricos, pueden darse el lujo de ahorrar. Esos ahorros son canalizados a ser invertidos indirectamente en  negocios. Los ricos son los dueños de las acciones de las empresas pero esas empresas para financiarse muchas veces han emitido bonos o emplean dinero de bancos y lo deben, amabas formas de financiamiento vienen de los ahorros de los trabajadores. Pero además los trabajadores ahorran sistemáticamente (vía seguros de vida, depositando en banco, llegando a acuerdos con sus jefes, etc.) para su futuro por ejemplo. Si los trabajadores llevan años ahorrando para jubilarse, esos ahorros acumulados podrían superar lo que vale la hipoteca y claramente muchos no estarán de acuerdo en sacrificar su futura jubilación para terminar de pagarla pudiendo hacerlo sin perder su retiro al mismo tiempo. Los trabajadores siguen siendo los que mas sufren por la inflación. Decir que los trabajadores se benefician de la inflación es un completo non sequitur. Lo contrario es más probable en el mundo moderno: Un grupo reducido de deudores ricos [6] se beneficiara reduciendo sus deudas y además ellos, al tener más recursos, tienen más margen de maniobra y asesoramiento sobre como defenderse contra la inflación.

4. Castiga a los futuros tomadores de deuda: El argumento inflacionista no toma en cuenta que los futuros préstamos serán más onerosos para los futuros tomadores. Es verdad que la inflación podría ayudar a reducir la deuda de lo que ya estaban endeudados, perjudicando a sus acreedores. Pero esa “ayuda” también es a costa de los futuros tomadores de deuda, que deberán pagar mayores intereses. El interés de mercado subirá, luego de la expropiación inflacionaria, debido a que los acreedores no querrán ser embaucados de nuevo, sube a cargo de que se produzca de nuevo una medida confiscatoria similar. La inflación solo beneficia a los que están endeudados ahora, al momento de la inflación, pero perjudica a los que luego quieran endeudarse. Con la inflacion los ya endeudados obtienen dinero quitándoselo, vía mayores intereses, también a lo próximos en querer endeudarse. Si, como en el ejemplo, queremos aplicarle la quita y la obtención de dinero a la misma persona: ella gana dinero al reducirse su deuda que ya tiene, pero pierde cuando desee endeudarse luego al pagar mayores intereses producidos por obtener dinero vía virtual impago de su deuda. Aun cuando al trabajador se le subió salario al doble, al interés se le aplico una prima de inflación del doble también, además de esa prima de inflación doble se le suma el aumento por riesgo de futuras expropiaciones con lo cual el interés será mas. La inflación no hace mas barato endeudarse, al contrario, lo hace mas caro en el futuro.

5. Es un sistema inviable: Llevar el argumento inflacionista a sus últimas consecuencias terminaría con el merado de préstamos. Cuando se aplica la anterior medida de devaluación monetaria, los políticos deben convencer que nunca jamás se volverá a repetir. Si se dejara ver que el robo a los acreedores es algo que se seguirá repitiendo, los préstamos desaparecerían. El que los préstamos existan depende de la expectativa de que el robo no será sistemático y decretado. El robo a los acreedores no es viable, de la misma manera que no es viable cualquier economía basada en robo sistemático: Si la persona A vive de robar lo que produce B en cada periodo, ese “sistema” durará hasta que B deje de producir o se vaya fuera del alcance de A. No es sostenible un sistema donde uno gana lo que otro pierde, solo es viable un sistema en que al menos se tienda a que ganen ambos en un acuerdo voluntario. La inflación llevada a sus últimas consecuencias solo logrará hacer desaparecer el mercado de préstamos.

6. Stefan Karlsson [7] demuestra que, para que la inflación ayude a los deudores, se necesitan determinadas circunstancias precisas de precios, a saber: solo si aumenta la renta nominal de los deudores más de lo que aumenta el costo nominal de los pagos que no son para cancelar esa deuda.


7. Consumo de Capital: La inflación lleva a una tendencia a consumir el capital [8] con lo que se provocará una tendencia a la baja de los salarios reales de los trabajadores, lo que los empobrecerá y definitivamente empeorará su situación para pagar sus deudas. Para aumentar la cantidad de capital per cápita la condición sine qua non es ahorro, la inflación desalienta el ahorro.


Como se ve [9], no hay defensa lógica posible de la inflación. Aumentar la cantidad de dinero no resolverá los problemas de deuda, ni ningún otro problema. Homero tiene mucha razón en llorar…