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domingo, 3 de septiembre de 2017

El mito de que las máquinas causan desempleo


La idea popular de que la automatización de los procesos productivos genera desempleo de la mano de obra es tan vieja como la Revolución Industrial. Es un concepto que suele ser resumido en frases como “la máquina reemplaza/desplaza/sustituye al hombre”, “desempleo tecnológico”, “empleos que serán destruidos por máquinas”, etc. y que domina el debate, así como el sentido común, del ciudadano de a pie. 

Como en otros casos, aunque no ocurre siempre, el sentido común se equivoca gravemente. Los economistas han refutado la afirmación anterior desde hace más de cien años. A continuación, veremos una serie de razones económicas por las que es falso que la introducción de máquinas genere desempleo masivo.

(1) Producir la máquina requiere empleo de mano de obra

Buena parte, o todos, los despedidos por la introducción de la máquina se compensan porque para fabricarla necesariamente se requirió mano de obra. Sin hacer esa máquina, ese empleo de construirla no existiría (Hazlitt, 1946: 38).

Lo que crea las máquinas ¡ES UNA INDUSTRIA! O, mejor dicho, en general es alguna industria o una empresa. Y, como toda industria o empresa que se expande, emplea más gente (entre otros insumos como materias primas, energía, terreno, etc. cuya expansión de producción puede también demandar más empleo).

Pero aun asumiendo que la industria de la máquina, y sus ramificaciones, no logran compensar todos los puestos de trabajo perdidos; quedan otras razones.

(2) Los beneficios que gracias a la máquina generan empleo

¿Con qué propósito se introduce la máquina en primer lugar? Para que (se espera) reduzca los costos de hacer un producto. Si no (se esperara), no se habría adquirido. Ello brindará al adquirente beneficios mayores que sin la máquina. En un principio, puede se usen para pagar el costo de adquirir la nueva tecnología, lo que quede después es ganancia para el empresario.

Luego de que la máquina “se paga a sí misma”, el empresario está obteniendo ganancias mayores que antes (asumamos que vende el producto al mismo precio que lo venía haciendo, con sus costos ahora disminuidos por la máquina). Si se ve solo desde el punto de vista individual del empresario, como lo haría un progresista, parece que solo él gana y encima no hay más empleo. Pero cuando hacemos el análisis social y completo, el empleo aumenta y sus ganancias no son permanentes.

Los beneficios adicionales del empresario pueden usarse en (a) ampliar sus instalaciones (comprando más maquinas o contratando más gente) para hacer más productos, (b) invertir en alguna otra industria o (c) aumentar su propio consumo. Cualquiera de esas opciones amplía la cantidad de puestos de trabajo: ya sea fabricando más máquinas, ya sea ocupando empleados adicionales en otras industrias o con los contratados para producir más bienes de consumo adicionales (Hazlitt, 1946: 38-39).

(3) La competencia genera más empleo

Los mayores beneficios en relación a los de los demás productores, tenderán a atraer competidores que imitarán su ejemplo, aumentando la demanda y producción de más máquinas. Si los otros se resisten a adquirir la máquina, el empresario pionero en la mecanización con su eficiencia comenzará a expandir sus operaciones a costa de ellos (absorbiendo a sus empleados ya sea trabajando para el pionero o haciendo máquinas adicionales que este demanda). Y para producir esas máquinas, se demandará trabajadores adicionales.

La mayor producción ofrecida y eficiencia gracias a las máquinas, permitirá reducir el precio del producto, mientras los beneficios “extraordinarios” se agotan en el proceso de competencia entre los adoptantes de la máquina que baja el precio (Hazlitt, 1946: 39). 

(4) El empleo cambia de composición, pero no disminuye, y la productividad aumenta

La introducción de la máquina se hace para aumentar la productividad. Esto significa (a) producir mayor cantidad del mismo producto por unidad de tiempo (más “output” por unidad de “input”) o también (b) producir productos de mejor calidad (inviables sin la introducción de la máquina). Ceteris paribus, el aumento de oferta del bien A (que haya más del mismo producto o que se ofrezca uno de mayor calidad que antes no se ofertaba) disminuye su utilidad marginal respecto de la de los demás bienes. Por ende, la mano de obra tiende a retirarse de la producción de A y queda disponible para ampliar la producción de otros artículos B, C, D, etc. Esos proyectos de producción solo son rentables y viables gracias a la introducción de la máquina y la mejora de fabricación del bien A. Antes de la máquina, esos proyectos no se llevaban a cabo. ¿Por qué? Porque la mano de obra estaba ocupada produciendo al artículo A, cuya demanda era más urgente que la de los demás productos. La causa por la cual se reduce la mano en la industria de A, luego de introducir la máquina y producir más A, es que aumentó la demanda por trabajadores en los demás sectores que ahora se pueden expandir y que antes de la máquina no podían (Mises, 1949: 768).

Una mejora tecnológica o más y/o mejor maquinaria va a incrementar el empleo en una industria donde la demanda de su producto sea “elástica” (ante una baja de precio de un cierto porcentaje, la cantidad demandada del producto aumenta en porcentaje mayor). Si el precio baja, digamos, un 10 % y la cantidad demandada aumenta en 50 %, entonces para producir esa cantidad adicional (posible gracias a la baja de precio, que a su vez es viable por la reducción de costos debida a la introducción previa de la máquina) se demandará más empleados. La ampliación de la producción expande el empleo en la industria. E incluso usando la máquina “ahorradora de trabajo”, se necesitan a todos o buena parte de los trabajadores despedidos para producir más y alcanzar la demanda. Es decir, se precisan más empleados que los que eran necesarios antes de aparecer la máquina.

Pero aun asumiendo que la demanda del producto es “inelástica” (ante una baja de precio de un cierto porcentaje, la cantidad demandada del producto aumenta en porcentaje menor o incluso no aumenta en absoluto), no se pierden empleos netos por mayor innovación tecnológica. A diferencia del caso anterior de demanda “elástica”, esta vez la demanda no aumenta suficiente para absorber a los despedidos. Ciertamente esa industria puede demandar menos trabajadores y otros recursos, pero como el precio del producto disminuyó por la mayor productividad, la gente gasta menos en adquirirlo. Los fondos adicionales que ahora tienen (gracias a la baja de precio del producto), los gastarán en otro lugar* generando más producción y más empleo en otras industrias. Los trabajadores son despedidos de una industria que produce un bien para trabajar en otras que hacen otros productos. En resumen, usar máquinas y disminuir el empleo en industrias con demanda “inelástica” provoca que esos trabajadores vayan a industrias con demanda “elástica”. El empleo cambia de composición, menos en industrias de demanda “inelástica” y más en las de demanda “elástica”, pero no necesariamente se reduce. El trabajo se expande en unas industrias y se contrae en otras.

En los dos casos antes mencionados, además hay una fuente de trabajo adicional ofrecida para trabajadores: la industria que hace maquinas nuevas y se está expandiendo (Rothbard, 1962: 588; Fairchild, 1952: 478-81).

(5) Miopía analítica

En última instancia, la falacia del desempleo tecnológico se debe al limitado, arbitrario e incorrecto punto de vista miope de concentrarse exclusivamente en un sector.

Lo de que “la maquina dejó desempleado” a uno o varios trabajadores únicamente es cierto desde el punto de vista de la industria o empresa. Cuando se hace el análisis global, ya no lo es. Al usar este argumento, los progresistas que siempre acusan (falsamente) a los liberales de ser “atomistas”, “individualistas” o que “no tienen en cuenta que los hombres viven en sociedad”; caen en la contradicción de hacer un análisis individual o sectorial y olvidar el estudio social.

Si una persona que fue despedida, porque una maquina ahora hace su trabajo, encuentra empleo en otro lugar, entonces en este caso no hubo desempleo generado por la mecanización. La persona no está desempleada. Solo si se ve el empleado despedido y no se mira que el mismo encontró otro empleo en otro lugar o industria, tiene sentido la tesis alarmista. 

Cierto, la máquina “hizo que lo despidieran” (que perdiera su antiguo trabajo), pero eso no necesariamente lo hace desempleado (imposibilitado de encontrar un nuevo trabajo)**. La máquina pudo haber quitado su puesto de trabajo anterior, pero de ninguna manera le sacó su potencial nuevo empleo. Por ende, la introducción de la maquina “reemplazando” al hombre no causa desempleo.

¿Y si no hay suficientes empleos adicionales para absorberlo? No hay ninguna razón para pensar ello, al menos en una economía libre. Primero, los servicios del factor trabajo son un factor productivo relativamente escaso (respecto a la tierra, por ejemplo) y no-específico. Dado que es uno de los más escasos, no hay ningún incentivo para mantenerlo ocioso, sino al contrario: economizarlo (utilizarlo en los usos más urgentes siempre que sea posible). Segundo, las necesidades humanas por bienes o servicios útiles intercambiables están muy, pero muy, lejos de estar completamente satisfechas. Y no solo no están satisfechas, encima no son siempre las mismas, cambian constantemente. Es más, aun en el supuesto irreal de que la inmensa mayoría estuvieran satisfechas, ello requeriría una inmensa e intrincadísima estructura de capital. Solo el mantenerla requeriría una brutal cantidad de trabajo (Rothbard, 1962: 587).

Si no hay mayor cantidad y calidad de oportunidades laborales, la razón hay que buscarla en la intervención estatal. Allí donde los impuestos sean muy altos, las regulaciones muy numerosas, amplias y prohibitivas, haya salario mínimo, beneficios de desempleo o sindicatos privilegiados, donde el Estado absorba buena parte de los recursos gastando mucho, etc.; muchos menos proyectos de inversión se llevarán a cabo. Y, por ende, muchas menos oportunidades de trabajo habrá si uno pierde su puesto. Si el gobierno destruye los nuevos empleos y los potenciales, entonces no es la maquina la que genera desempleo. Para sorpresa de nadie en ningún lugar, es el gobierno el que lo hace.





* Obviamente, no gastarán mucho más en el mismo producto o industria pues la propia definición de demanda inelástica (supuesto inicial) implica necesariamente que la cantidad demandada cambia poco o no lo hace ante variaciones de precio. Como sí podíamos asumir, por ejemplo, en el primer caso de la demanda elástica, que todo lo que les sobraba de dinero a los consumidores, gracias a la baja inicial de precio, lo gastaban solo en adquirir más del producto.

** Por supuesto que puede ocurrir un “desempleo” si el trabajador despedido insiste en buscar únicamente el trabajo exacto que ahora hace una máquina al mismo salario o mayor. Pero eso sería desempleo voluntario, el cual no es un problema. Si un trabajador insiste en aceptar solo sus propios términos para un puesto y estos no se pueden cumplir, difícilmente encontrará empleo. Pero eso ocurrirá no solo en el caso de las máquinas, sino también en cualquier otro caso que no las involucre. Si, por ejemplo, para entrar a trabajar a una universidad por primera vez insisto en ingresar como el director cobrando $160.000 al mes, voy a permanecer sin encontrar trabajo allí. El empleado que desee únicamente y sin excepción trabajar hoy haciendo autos en una línea de montaje como en los años 20s, habrá elegido quedarse desempleado en la industria automotriz. Ni siquiera en estos casos ocurre desempleo involuntario.



Fairchild, Fred R. (1952) Understanding Our Free Economy: An Introduction to Economics. D. Van Nostrand Company.

Hazlitt, Henry (1946), Economics in One Lesson. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2008.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2004.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Huerta de Soto le contesta de antemano a Krugman


Acá hay una traducción al español de la siempre citada "refutación" del Premio Nobel Krugman a la teoría austriaca del ciclo económico. Muchos detractores de los economistas austriacos no se cansan de sacar esto como una "carta de victoria". Su argumento principal es el siguiente:

He ahí el problema: como una cuestión de simple aritmética, el gasto total en la economía es necesariamente igual al ingreso total (cada venta es al mismo tiempo una compra y viceversa). Así, si las personas deciden gastar menos en bienes de inversión, ¿no significa eso que deben haber decidido gastar más en bienes de consumo, resultando que una recesión en la inversión deberá estar siempre acompañada del correspondiente boom en el consumo? Y si lo anterior se cumple, ¿por que debería producirse un incremento en el desempleo?...
Tampoco responderán a ésta difícil pregunta esos supuestos sesudos teóricos austriacos. Lo mejor que von Hayek o Schumpeter pudieron proponer fue la vaga afirmación de que el desempleo era de tipo friccional, creado cuando la economía transfería trabajadores desde un inflado sector de la inversión hacia el sector de productos de consumo (de ahí su oposición a cualquier intento de incrementar la demanda: esto dejaría sin hacer “parte del trabajo que la recesión debería hacer”, ya que el desempleo masivo es parte de proceso de “adaptar la estructura de la producción”). [color agregado]

Observen el énfasis en solo dos sectores: consumo e inversión. Krugman escribió eso en diciembre de 1998. El economista austriaco de España Jesús Huerta de Soto publicó su libro a finales de ese año. Aunque desconozco en que mes exacto, en este artículo de octubre ya lo cita. Y además la introducción es de 1997. Por lo tanto, hay mucha probabilidad de que lo siguiente haya sido escrito antes de la "crítica" de Krugman: 

Esto, de acuerdo con Hayek, explicaba que Keynes no considerara la existencia de diferentes etapas en la estructura productiva (como tampoco la tuvo en cuenta Clark ni la tendría Knight) y que, en última instancia, no se diera cuenta de que la decisión esencial de los empresarios no es si se debe invertir en bienes de consumo o en bienes de capital, sino más bien si se debe invertir en procesos productivos que darán lugar a bienes de consumo en un periodo de tiempo más o menos alejado en el futuro. Considerar, por tanto, una estructura productiva constituida únicamente por dos etapas (una de bienes de consumo y otra de bienes de capital), sin tener en cuenta la dimensión temporal de esta segunda, ni las sucesivas etapas en que se divide, es lo que hace que Keynes caiga en el error de la «paradoja del ahorro o frugalidad», cuya falaz fundamentación teórica ya hemos demostrado en el capítulo V.  (página 435-36) [color agregado]

En palabras simples, Huerta de Soto dice: "para los austriacos, el problema NO ES ni jamás ha sido de dos etapas o sectores (consumo e inversión). Sino la estructura y horizonte temporal de la producción". Mientras Krugman dice, posteriormente: "el problema, para los austriacos, es de dos etapas o sectores (consumo e inversión)". Creo que el error de Krugman es evidente.

Es cierto que el libro de Huerta de Soto salió en español primero en 1998 y no se tradujo al inglés hasta el 2006, gracias al Mises Institute. Sin embargo, debe quedar muy claro que los austriacos estaban perfectamente conscientes de las críticas keynesianas y ya las habían refutado. Lo de Krugman ni era nuevo ni era correcto. El hecho de que los austriacos ya habían contestado las críticas que los keynesianos repetían hasta 1998, demuestra que los últimos jamás pudieron comprender la teoría.

Las conclusiones luego de leer a Krugman son:

1) Joseph Salerno señala correctamente que Krugman no critica la teoría usando sus fuentes originales (Mises, Hayek, Rothbard). Solo la versión pasada por agua de Gottfried Haberler.

2) Como consecuencia de ello, su crítica de 1998 ya había sido refutada por Hayek en su libro original.

3) Huerta de Soto, escribiendo en 1997 y contestando críticas anteriores, refuta lo que Krugman escribiría en 1998. Se prueba que los keynesianos no revisaron sus objeciones y simplemente se limitaron a repetirlas.

Por centésima vez, Paul Krugman demuestra que no entendió nunca lo que se empecina en enjuiciar. Su único argumento ante esto, es que solo lo acusamos de que no comprende lo que critica (aun cuando sobran pruebas de ello). Lo cual es un testimonio de que tener un Premio Nobel no garantiza que alguien deje atrás la terquedad.

viernes, 27 de junio de 2014

Uno de los gráficos más erroneos de Internet


En la red de redes solemos ver debates muy intensos sobre temas económicos.

Uno de los clichés favoritos de los no tan amigos de la libertad (como nuestro querido ingeniero en este post) es un gráfico que, en sus diferentes variantes, se ve más o menos así:


Wikipedia

Este es el famoso chart de "productividad desacoplada del salario real" para Estados Unidos. La linea naranja muestra (un índice de) la productividad en términos reales, o sea unidades producidas. La roja muestra (un índice de) los salarios reales, es decir la cantidad de bienes que los trabajadores pueden comprar con el salario. Su mensaje es claro: desde 1947 hasta 1973 la productividad real como el salario real crecían similar y simultaneamente. Pero a partir de 1973 hay una separación o "desacople" permanente: la productividad sigue creciendo, con un pequeño impulso a mitad de los 90s, mientras que los salarios reales se estancan, es decir dejan de crecer. La diferencia entre ambos se hace cada vez más grande a medida que pasan los años. Este gráfico es usado una y otra vez en muchos lados para a) "demostrar" empíricamente que la teoría "ortodoxa" que dice que los salarios (reales) tienden a reflejar la productividad de los trabajadores es falsa (acá) dada su evidente divergencia desde los 70s y b) explicar la desigualdad que comenzó a crecer también desde 1973 pues es "claro" que la diferencia entre la creciente cantidad de bienes producidos (y vendidos) y los salarios que permanecieron igual, se la llevaron los empresarios. Los trabajadores no se beneficiaron del aumento de la productividad y los empresarios se han hecho más ricos por ello.

Sin embargo la contundencia del gráfico es falsa. Esta construido con una gran cantidad de errores fatales (los dos primeros son monumentales):

1) Omisión: El primer error señalado, entre otros, por Feldstein (2008) y Sherk (2013), es que se suele usar como medida de ingreso de los trabajadores el salario monetario únicamente, omitiendo otras cosas. Eso es un error. Siguiendo a Walter Williams, supongamos que entras a una empresa ganando $1.000 al mes. Diez años después seguís ganando $1.000, pero además de ese sueldo recibís un seguro de salud, un plan de jubilación, fines de semana y vacaciones pagas, etc. ¿Podes decir que tu ingreso está estancado? No. El salario monetario es el mismo, pero además al trabajador se le dan compensaciones. Lo que en realidad gana el trabajador es la compensación total: salario en cash + pagos que no son en cash. El trabajador gasta menos de lo que gastaría si tuviera que afrontar las compensaciones con su salario monetario limpio, le están pagando muchos de sus gastos. Por lo tanto el salario monetario por si solo no es una medida de lo que realmente ganan los trabajadores, ocurre muy seguido que muchos aumentos se dan en formas no monetarias. Pues bien, la compensación real (ajustada por deflactor implícito) ha crecido con la productividad, no se ha estancado para nada. Solo este hecho evidente es suficiente para mostrar que los trabajadores han recibido los beneficios del aumento de la productividad. Las tasas de crecimiento de la compensación y la productividad también son similares desde 1973. Aun sin ser exactamente iguales, sí son semejantes y, lo más importante, ambas crecen. De entrada es falso que ese gráfico refute la teoría económica elemental. Los trabajadores estadounidenses ganaron más a medida que se hicieron más productivos. De hecho, como nos recuerda Don Boudreaux, muchos americanos ¡Pasaron de ser clase media a ser clase alta!

2) Peras con manzanas: El segundo error es aun peor y más técnico, como muestran Feldstein (2008) y Sherk (2013). Para convertir en real un variable nominal (un valor en dinero) hay que deflactarla, es decir quitarle el efecto de la inflación (suba de precios). Para quitárselo, se debe dividir el valor nominal (numerador de la división) en un índice de precios (denominador de la división). Si gastaste $150 en comprar pizzas y sabes que el precio de cada pizza es $50, entonces para conocer la cantidad de pizzas simplemente se divide el valor nominal ($150) en el precio ($50) y sabremos que compramos 3 pizzas reales. El índice de precios así usado se llama deflactor (el que va en el denominador de la fracción). Pues bien para deflactar (convertir en real) el valor de la productividad y el valor de los ingresos, el gráfico usa dos deflactores diferentes ¿Cuál es el problema de usar dos deflactores diferentes? Que el deflactor de la productividad (deflactor de precios implícito del sector no-agrícola) se comporta diferente que el deflactor de los salarios/compensaciones (IPC). Ambas crecen, cierto, pero el IPC crece más y en general a mayor tasa que el deflactor implícito. A nadie debería extrañar que un valor nominal dividido en algo que crece más rápidamente tenga un valor relativamente más pequeño que dividirlo en algo que crece menos. No solo eso, ambos no son directamente comparables, estamos mezclando peras con manzanas. Usan metodologías y bienes diferentes. Además el IPC usa datos un poco menos exactos que el deflactor implícito. Pero no es un problema de las metodologías de los diferentes indices en si, sino un problema de mezclar metodologías distintas. La compensación total real cambia su crecimiento de acuerdo al indice de precio.

3) Depreciación: Cuatro quintos de la diferencia entre compensaciones totales y productividad son explicados por el error de mezclar peras con manzanas estadísticas (Sherk, 2013). Lo que queda de diferencia cae en la depreciación. La depreciación es la reducción en la productividad de un activo durante su vida útil ya sea porque se desgasta como un auto a los 200.000 km o porque lo reemplazamos por obsolescencia como cuando pasamos de Windows 2000 al 7. Si al tasa de depreciación permanece constante en el tiempo, no afecta a la de compensaciones. Pero si crece, implica menos ingreso para la empresa y los empleados sin afectar la productividad. La serie de productividad del BLS usada para el gráfico no toma en cuenta la depreciación, mide la productividad bruta, no la neta. Ello sobrestima la productividad. Un cálculo realmente justo debería ver como crece la compensación con la producción neta, no con la bruta. La tasa de depreciación creció desde 1973 reduciendo el ingreso disponible para remunerar a los trabajadores. Este problema de depreciación explica la mitad del cuarto que queda de diferencia en el gráfico.

4) Ignora errores conocidos: Pero hay otra cosa que contribuye a la sobrestimación de la productividad: los errores de medición. El BLS sobrestima sistemáticamente los precios de los bienes que las empresas importan. Al inflar los precios de los bienes importados, se hace creer que las empresas adquieren menos de los que en realidad se compran. Con lo cual con menos factores comprados (que en realidad son más) las empresas producen mayor cantidad de bienes, ergo "aumentó" la productividad. Por supuesto ese aumento es una ilusión estadística, no es cierto. El gobierno reporta erróneamente una reducción del precio de importaciones como un mayor aumento de la eficiencia de la producción domestica (Sherk, 2013).

5) Demografía: Mientras que para calcular el crecimiento de la productividad se toma como base el crecimineto del PBI por habitante o per cápita (PBI dividido en el número total de habitantes), para los ingresos se usa el ingreso medio por hogar (ingreso agregado de todos los hogares dividido en el número total de hogares). ¿Cuál es el problema de comparar algo que esta dividido en habitantes por un lado con algo dividido en hogares por el otro? ¡Que el número de hogares ha crecido a mayor tasa que los habitantes! (Rose, 2007) En USA ha aumentado el numero de divorcios, hogares con un solo padre, jóvenes que se van a vivir solos antes de casarse, hay viudas más ancianas y menos niños por familia. Todo ello contribuyó al mayor crecimiento de los hogares por sobre los habitantes. Por lo tanto el crecimiento del ingreso por hogar (que es el ingreso que se usa a veces en el grafico) es mucho menor que el del PBI por habitante (con el que se calcula productividad). Un matrimonio en el que ganan $50.000 cada uno, equivale a un ingreso medio del hogar de $100.000 y a un per capita de $50.000. Si se divorcian y se van a vivir solos, el ingreso medio del hogar cae a $50.000 (antes había UN solo hogar con $100.000 y ahora hay DOS con $50.000) mientras el per capita sigue igual en $50.000. Esto es algo que también puede explicar el aumento de la desigualdad, como muestra Russ Roberts. Agravando aun más el problema de medición estadística esta el hecho de que muchas veces los nuevos hogares formados son hogares de menos ingresos. Luego del divorcio, si la esposa ganaba menos que el marido, el nuevo hogar de la mujer tiene un ingreso menor. Y finalmente hay beneficios incluidos en el PBI per capita no incluidos en el ingreso de los hogares. No debería extrañar entonces una diferencia entre productividad (calculada con PBI por habitante) e ingresos (con media por hogar).

Queda así explicada la diferencia que se observa en ese gráfico. Lejos de ser una demostración de "las injusticias del capitalismo sobre los obreros" o una "explicación del crecimiento de la desigualdad" o una "refutación de la teoría económica ortodoxa de la productividad"; lo único que demuestra ese gráfico es lo fácil que se pueden manipular las estadísticas para engañar.  






Feldstein, Martin S. (2008) "Did Wages Reflect Growth in Productivity?" NBER Working Paper No. 13953.


Rose, Stephen (2007), "Does Productivity Growth Still Benefit Working Americans?" Information Technology and Innovation Foundation.

Sherk, James (2013), "Productivity and Compensation: Growing Together" The Heritage Foundation: Backgrounder. No. 2825.

viernes, 11 de abril de 2014

La Respuesta Más Demoledora contra el Salario Mínimo


Para los que no lo conocen, Don Boudreaux (foto) es actualmente uno de los más importantes economistas favorables al mercado libre que hay en Estados Unidos, uno de los grandes enemigos intelectuales del super keynesiano Paul Krugman y un firme detractor de la actual moda de elevar el salario mínimo en ese país. Sus credenciales académicas impecables no evitan que destroce a sus oponentes cuando lo cree necesario. Y este es el caso. Lo que sigue es una traducción mía de este post de Boudreaux en el que publica un e-mail que respondió a un tal señor the Aaron sobre el tema del salario mínimo:
Estimado Sr. The Aaron:

Gracias por enviarme el post de Robert Reich detallando su causa a favor de elevar el salario mínimo. Usted lee el argumento de Reich como la "solución de la cuestión" a favor de subir el salario mínimo; yo lo leo simplemente como un torrente de contradicciones internas y un sinsentido económicamente desinformado.

No tengo intenciones de comentar cada uno de los siete puntos. Solo me conformare con mostrar un ejemplo de la inclinación de Reich por el razonamiento económico pobre – un ejemplo tan impresionante que debería desacreditar todo lo que este hombre dice sobre cualquier tema de economía.

Reich escribe que "Un salario mínimo de U$S 15 la hora no resultara en mayores precios debido a que muchos negocios directamente afectados están bajo competencia intensa por obtener consumidores, por lo que esa suba saldrá de sus beneficios en lugar de salir de la suba de sus precios".

Reich tiene razón en que las empresas están en competencia intensa por obtener consumidores. En lo que se equivoca, sin embargo, es en el hecho de que, precisamente por esa competencia intensa, los negocios no tienen ningún exceso de beneficios del cual aprovecharse para pagar los mayores salarios.

Este error expone la incapacidad que tiene Reich de entender incluso los más elementales conceptos económicos. La competencia intensa elimina el exceso de beneficios, sin exceso de beneficios las empresas no pueden, contra lo que dice Reich, simplemente pagar mayores salarios a los trabajadores. Las empresas en cambio deben responder al mayor salario mínimo a través de alguna combinación de contratar menos trabajadores poco calificados, trabajar con los que le queden más duro que antes y reducir su pago extrasalarial y aumentando los precios de sus productos. El hecho de que Reich ignore esta realidad – el hecho de que no entienda que la competencia intensa asegure que las empresas no puedan reaccionar a un aumento de salario mínimo aprovechando sus beneficios – le dice a cualquier persona razonable todo lo que el o ella necesita saber sobre las habilidades analíticas de Reich.

Atentamente,

Donald J. Boudreaux
Profesor de Economía

Y Martha y Nelson Getchell Chair for the Study of Free Market Capitalism at the Mercatus CenterGeorge Mason UniversityFairfax, VA 22030
 OOOUCH!!! Eso debió doler!!!

jueves, 6 de febrero de 2014

La Falacia del Poder Adquisitivo: Una Mentira más en el Relato K


Cuando digo que el gobierno está lleno de chantas, me refiero a "argumentaciones" como esta:
"Pero lo importantes que estamos ante un universo de 7.360.957 argentinos, que van a ser beneficiados por esta medida, que algunos economistas – en estas cadenas nacionales del desánimo – llaman medidas populistas, o tal vez las califican con un término más economicista y académico, las tildan de expansión económica, que por supuesto provoca inflación. Es como que si la gente adquiere poder adquisitivo y poder de consumo invariablemente debe terminar en inflación, adoptando la teoría de los liberales, que en realidad no es la que queremos nosotros, que creemos en el crecimiento y desarrollo de la economía, a partir del consumo popular y de la inversión empresaria. Para asegurar la inversión empresaria, porque es mentira esto de que, primero, está la inversión y luego viene….es al revés, nadie invierte si no hay posibilidades de que la gente le compren lo que produce es que nosotros invertimos esto,..."
La mentira elemental a la que apela Cristina para justificar su intervencionismo es una bastante patética, es el llamado "Argumento del poder adquisitivo" (Purchasing power argument o PPA). Básicamente dice que el prerrequisito de la expansión de la producción es la suba de salarios (ya sea subiendolos, dando más beneficios a los trabajadores o haciendo obras públicas). Si los salarios no suben, no hay incentivos para los negocios de aumentar la cantidad producida o la calidad pues no habrá compradores. Mises (1949: 298-99) describe perfectamente en 1949 lo que Kirchner dijo hoy, demostrando que la falacia es más vieja que ella misma. La teoría está tan llena de falsedades, que decirle "teoría" es un halago increíble. 

1) Falacia de la dirección equivocada: La falacia más elemental de esta explicación es que revierte causa y efecto. Cuando aumenta el ahorro, se produce un cambio en un dato del mercado. Y como todo cambio de datos en el mercado, crea desajustes cuyo arreglo da importantes beneficios. Para poder aprovechar los nuevos bienes de capital disponibles gracias al ahorro y obtener beneficios, los empresarios deberán adquirir factores complementarios de producción (asalariados entre ellos). La inyección de nuevos bienes de capital hace posible producir más bienes de consumo (ya sea aumentando la producción sin cambiar la tecnología o usando nueva tecnología que el mayor ahorro permite adoptar) y consumirlos sin gastar el capital. Es absolutamente necesario que en el proceso de adaptación al nuevo capital disponible los salarios reales suban, pues solo así (pagándoles más) pueden consumir la mayor cantidad o calidad de bienes de consumo que los nuevos bienes de capital pueden proveer, sin tener que dejar de comprar otros. Es la propia búsqueda de beneficios de los empresarios la que desata una tendencia inevitable a la suba de salarios en la medida en que los empresarios tratan de obtener esos beneficios que surgen por la nueva disponibilidad de bienes de capital debidos al ahorro. La suba de salarios reales y la búsqueda de beneficios en una economía con mayor ahorro y acumulación de capital son dos caras del mismo proceso, no pueden ir separados nunca. Pero la causalidad va necesariamente desde el ahorro, inversión, pasando por la acumulación de capital para que luego los salarios suban por la mayor productividad marginal del trabajador (Mises, 1949: 292-99). Es lógicamente imposible que la causa-efecto sea al revés.  Primero hay que producir para luego poder consumir, invertir esa causalidad es absolutamente estúpido. 

2) Falacia del subconsumo: Incluso suponiendo que lo anterior no es cierto y que aceptamos que hay que subir las retribuciones salariales para que puedan consumir, simplemente se da por sentado que sin el aumento de salarios no habría demanda para la producción. Implícitamente se asume que los malvados capitalistas se apropian de lo que les falta a los trabajadores para poder consumir. Eso es falso. Aun suponiendo que los capitalistas se "apoderan" de gran parte de lo que producen los trabajadores, los primeros necesariamente o invertirán o gastarán lo que "explotaron". Los capitalistas "explotan" a los trabajadores por alguna razón, lo que les "sacan" no desaparece del Universo, necesariamente se consume (yates, Ferraris, departamentos en Puerto Madero) o invierte. Así que sí habrá demanda para la producción. Lo que puede ocurrir es que los empresarios se equivoquen en predecir lo que los capitalistas comprarán con lo "explotado" y que es diferente a lo que venían consumiendo los trabajadores. Pero ese tipo de equivocaciones son iguales a cualquier otro error de anticipación, y mientras seamos humanos erraremos algunas veces al anticipar el futuro incierto (Mises, 1949: 298-99). 

3) Falacia de la composición: Aun asumiendo que la teoría fuera correcta y que 1) y 2) no son ciertos, se hace una generalización indebida. La teoría pide un aumento artificial de salarios particulares (o precios de productos). Si, solo si, se dan las condiciones para que exista una demanda derivada inelástica para el trabajo, entonces un aumento de salarios aumentará el poder adquisitivo de los empleados de la empresa o industria. Pero, ¿Qué pasa con la participación de otros factores? Ilegítimamente se generaliza el resultado de una industria o empresa particular (con su estructura de demanda particular) a todas las demás, lo que es falso (Yeager, 2011[1999]: 11). 

4) Falacia de la ventana rota: ¿De dónde saldrá el financiamiento para los salarios elevados que luego "crearán la demanda y la inversión"? Asumiendo que el gobierno los otorga (y no se financia emitiendo dinero), eso solo implica que le sacó a unos y le dio a otros. Hay más salarios y empleo en un lado de la economía (donde el gobierno aumentó los salarios) solo porque hay menos salarios y empleo en otro lado (de donde el gobierno sacó el dinero para darle a los primeros, es decir los que pagaron los impuestos y tienen menos para gastar). Por lo tanto es falso que el aumentar los salarios eleve el empleo y se consuma lo producido, simplemente se crea empleo y consumo en un lado destruyendo al mismo tiempo empleo y consumo en otro lado (Hazlitt, 1946: 51-54).  Si se imprime dinero para subir salarios, el mayor gasto provocará una subida general de precios (baja del poder adquisitivo del dinero) y la "ayuda" a los trabajadores no durará mucho. Para perpetuarla habrá que volver a imprimir una y otra vez y eso llevará al desastre. Pero además el mayor gasto con nuevo dinero que aumenta los precios solo se obtiene a costa de los perjudicados por la inflación (que incluye a muchos trabajadores). 

5) Ignorancia: Además este argumento ignora que aumentando arbitrariamente (es decir diferente a lo que lo haría el mercado libre) los salarios de los trabajadores, se provocará desempleo y no un mayor consumo. Todos sabemos eso eso, así como sabemos que los salarios aumentan sin salario mínimo. 

6) Supuestos "mágicos": No solo teóricamente es una total falacia ridícula, aun los estudios más favorables posibles demuestran que solo podía cumplirse bajo condiciones extremadamente irreales, es decir es empíricamente implausible (Jerger y Michaelis, 2002: "Although we can show that the PPA may be valid even after the adjustment of prices and the capital stock, we refute this argument on the ground of the empirical implausibility of the required conditions... Hence, our analysis implies that higher (nominal) wage demands cannot be defended by pointing to the alleged positive demand effects, as unions regularly argue during wage negotiations. This idea of the PPA... is indeed demonstrably ill-suited as a guide for the judgement of the employment consequences of wage policy." y también Suntum, 2008: "The PPA becomes much less powerful in an open economy, because the demand effect of a wage increase then spreads among several countries, while the cost effect only impacts on one. While it cannot be ruled out generally, that the PPA might even work in an open economy, the conditions for that to apply turned out to be extreme and far away from reality... one has to be very cautious with pure macroeconomic analysis that is based largely on national account identities and aggregate functions for production and saving decisions. Moreover, our analysis has been mainly static. -las cursivas son mías). 

Cristina dijo que "no permitiremos que nos tomen de estúpidos", pero la única que usa argumentos estúpidos y toma de ese modo a la gente es ella.



Bibliografía: 


Hazlitt, Henry (1946), Economics in One Lesson. Mises Institute. Auburn, Alabama. 2008.  

Jerger, Jürgen y Michaelis, Jochen (2002), "Wage Hikes as Supply and Demand Shock". Journal: Metroeconomica. Vol. 54, No. 4, 434–457. 2003.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Mises Institute. Auburn, Alabama. 1998. 

Suntum, Ulrich van (2008), "The Purchasing Power Argument – Could Rising Wages Foster Employment?". CAWM discussion paper / Centrum für Angewandte Wirtschaftsforschung Münster.  

Yeager, Leland B. (1999) "Should Austrians Scorn General-Equilibrium Theory?" Journal: Review of Austrian Economics. Vol. 11, No. 1–2, 19–30. En (2011) Is the Market a Test of Truth and Beauty?: Essays in Political Economy. Auburn, Alabama: Mises Institute. 2011.

lunes, 13 de enero de 2014

Pseudo-economistas


"La teoría cuantitativa ha sido una de las teorías más encarnizadamente criticadas de la Economía. Principalmente porque el reconocer su verdad o falsedad afectaba poderosos intereses comerciales y políticos. Se ha dicho, y no es una exageración, que los teoremas de Euclides hubieran sido encarnizadamente atacados si hubieran tenido algo que ver con intereses financieros y políticos."

Irving Fisher (1911: 14) 

Tal y como se desprende de esa frase de Fisher, la razón por la cual las falacias y mitos en Economía persisten es porque hay intereses políticos o económicos que necesitan que sigan vivos. El gobierno es el gran financiador de mentiras económicas que le sirven para mantener las actuales o provocar nuevas de sus intervenciones. Una de las mentiras más notables a la que acuden los estatistas (muchos de ellos "economistas") es su explicación de la inflación.  

De acuerdo a ellos:
-"La causa principal de la inflación es la soja."

-"La inflación la generan los empresarios porque aumentan los precios; la inflación se da en el campo de los bienes y la hacen los empresarios."

-"El Estado emite dinero porque los precios ya aumentaron y si se dejara de emitir, la economía entraría en recesión."
Como era de esperar, esta gente empieza mintiendo. El primer punto, echando la culpa a la soja, es totalmente falso. 

En cuanto a lo demás la falacia es vieja, James Steuart en 1767 ya la había formulado en sus fundamentos básicos que perduran hasta hoy. Luego Thomas Tooke pensaba que los precios generales estaban determinados por los ingresos de los factores (salarios, rentas, beneficios, etc.) y no por la cantidad de dinero. Por supuesto él no explicó cómo se determinaban esos ingresos de factores que a su vez determinaban los precios. Para los seguidores de esta vieja falacia, la inflación es estructural y por puja salarios-costos. Por lo tanto para ellos la inflación tiene como causa: 1) Algún arbitrario elemento no-monetario en el ambiente institucional (autónomos incrementos en los ingresos por salarios, cuellos de botella, falta de oferta, rigideces institucionales de precios, etc.). 2) La lucha por participación relativa en el ingreso nacional de diferentes sectores (Humphrey, 1977).  

La "teória" es tan falsa y llena de errores/falacias que equivale a decir que la Tierra es plana. Veamos:

1) Falacia Circular: Como los ingresos de los factores son simplemente la suma de los precios de los servicios de los factores, entonces se están explicando los precios en términos de precios. Decir que el precio del servicio del factor trabajo (salario) determina y puede empujar hacia arriba el precio de los bienes, es equivalente decir que el precio sube porque sube el precio. Un razonamiento circular, podríamos decir también que el precio del servicio del factor trabajo subió porque subieron los precios (Fisher, 1920: 14-15). "Si intentamos explicar el precio monetario de un producto terminado en términos del precio monetario de sus materias primas y otros costos monetarios de precios de producción, está claro que solo estamos desviando el tema. Necesitamos todavía explicar estos precios antecedentes." (Fisher, 1911: 176).  Solamente esto invalida completamente esta pseudo-teoría para siempre. El error es tan elemental que podría ser perdonado a un estudiante de cursillo, pero jamás a un economista competente.

2) Confusión de relativo y absoluto: Aun asumiendo que no hay circularidad en el razonamiento (de por sí un supuesto muy fuerte), la teoría sigue siendo falaz. Otro de los errores más elementales de los así llamados "heterodoxos" es confundir precios relativos con precios absolutos, precios específicos y "nivel general" de precios. Un error tan evidente fue aclarado por David Ricardo (Humphrey, 1988, 1998), para que veamos lo viejo que es este desliz intelectual. Si una causa especial afecta algún bien o servicio particular o grupo de bienes y hace que se mueva su oferta o demanda, entonces otras demandas y ofertas de otros bienes deberán moverse en dirección opuesta. Si el precio de un bien sube (sin variar su cantidad o la de otros bienes y tampoco cambia la cantidad de dinero) entonces el de otros bienes debe bajar. El aumento de gasto dinerario en el producto aumentado debe salir necesariamente de las compras de otros bienes, la suba de un precio se hace a expensas de otro u otros (Fisher, 1911: 178). Piénsenlo un segundo, si Coca-Cola eleva el precio al doble, la reacción de los consumidores será: 1) Si son muy dependientes de la misma (demanda "inelástica"), seguirán comprando la misma cantidad de Coca que antes pagando el precio elevado. Como todos tienen ingreso limitado, el mayor gasto en Coca significará menor gasto en otras cosas cuyos precios bajarán al haber menos demanda. ¿Hubo suba general de precios? NO. La suba de Coca-Cola se compensó con la baja de otros precios en otros sectores, hubo un cambio relativo de precios, Coca subió y lo demás bajó. 2) Si no son dependientes de la misma, nadie comprará más Coca; con lo cual Coca-Cola tendrá enormes stocks sin vender y deberá dar marcha atras con el aumento. ¿Hubo suba general de precios? NO. El aumento no pudo llegar a materializarse, un "precio" solo es un precio si alguien lo paga, para existir debió haber habido alguien que puso el billete y se llevó el producto. Si pido U$S 1.000.000 por mi auto Duna modelo 1995, eso no significa que haya una hiperinflación en marcha pues nadie (¡creo!) pagaría jamás esa suma por un auto normal sin ninguna particularidad que lo justifique. Obviamente en el mundo real se da una mezcla de 1) y 2), es raro que se den casos donde solo se cumpla alguno de ellos. Pero ello no invalida para nada el hecho de que solo se mueven los precios relativos. En otras palabras, aun asumiendo que los costos empujaran los precios o que los empresarios los suben (ya sea porque subieron los costos y quieren mantener un margen de beneficios o solo porque son "malvados"), ello como máximo solo puede afectar los precios relativos, no puede mover el nivel absoluto de los mismos. Ni siquiera asumiendo su validez, la teoría se sostiene lógicamente. Esta es la Falacia de Puja de Costos: confundir precios relativos con absolutos, shocks sectoriales reales con los nominales de toda la economía (Humphrey, 1998).

3) Supuestos monetarios ocultos: No hay ninguna razón para pensar que aumentos de costos sectoriales puedan afectar magnitudes globales durante algún periodo de tiempo substancial, no hay ninguna razón para creer que el "empuje de costos" de una explicación válida para el aumento general de precios. Lo máximo que pueden argumentar los que sostienen esta falacia es que la suba de costos y presión en el precio se consigue vía reducción de la producción y el empleo en un sector (o en otro lugar si ese sector tiene demanda muy "inelástica"). Ello "obliga" al gobierno a expandir la cantidad de dinero para mantener el "pleno empleo". Eso es falso, nada obliga al gobierno a tomar esa acción, no hay un link automático entre aumento de costos y expansión de dinero (Humphrey, 1998). Como ya he señalado, las teorías que pretenden desligar el comportamiento del "nivel general de precios" de la cantidad de dinero, en un vergonzoso secreto asumen necesariamente una expansión de la masa monetaria. Como explica Wicksell en 1898: "El intercambio de bienes en sí, y las condiciones de producción y consumo de las que depende, afecta únicamente los valores de cambio o precios relativos: no pueden ejercer ninguna influencia directa en el nivel absoluto de precios monetarios." (Wicksell, 1898: 23). En cualquier bien o grupo de bienes si se establece en el mercado un precio relativo incorrecto, ocurrirá una desigualdad entre oferta y demanda, entre producción y consumo, que tarde o temprano se corregirá. Aun si asumimos que el precio de todos los bienes o nivel general es forzado por cualquier razón hacia arriba o abajo, no hay nada en el mercado de bienes que provoque una reacción. Luego de un intercambio tuvo lugar, cada unidad monetaria retorna a su propietario a quien no le importa pagar más o menos por los bienes que le ofrecen mientras al mismo tiempo pueda vender correspondientemente más caros lo bienes que posee. Si ocurre una reacción que desvíe el nivel general de precios y que lo haga demasiado alto o bajo, esta debe necesariamente ocurrir afuera del mercado de bienes particular, y ello debe provenir del bien que se usa como medio general de intercambio: el dinero. Wicksell así refutó las pésimas ideas de la "Gran Makro" más de un siglo antes de que hablen: "Los precios monetarios, a diferencia de los precios relativos, no pueden nunca ser gobernados por las condiciones del mercado de bienes en sí (o de la producción de bienes)...". La suba de todos los precios se debe a la relación del mercado de bienes con el mercado de dinero. La contradicción elemental de los economistas del gobierno es negar tal relación aun cuando suponen una economía monetaria en sus razonamientos. Ellos asumen que cada suba de costos debe necesariamente ser automáticamente validada por un aumento del stock de dinero. 

4) Falacia de composición: Como consecuencia de lo anterior, estas pseudo-teorías hacen una inválida generalización: El hecho de que un bien suba o baje de precio es usado como fuente del cambio de todos los precios (el nivel general). Los argumentos válidos en la esfera de precios relativos se aplican en una esfera donde ya no tienen sentido: lo precios absolutos de los bienes expresados en dinero. Si la cantidad de dinero permanece igual así como el gasto, cualquier aumento de precios de bienes específicos  por aumentos de costos será compensado por reducciones de precios de otros bienes.

5) Falacia de evidencia incompleta: Por si todo lo previo fuera poco, los "teóricos" cometen la falacia de elegir casos especiales. Los partidarios de esto tienden a recurrir a explicaciones ad-hoc del tipo perturbaciones temporarias, eventos al azar u otros factores especiales. Las "causas" a las que desesperadamente recurren para explicar el aumento general de precios no pueden provocarlo. Tales solo ocurren esporádicamente, tienen vida corta y principalmente solo afectan un determinado número de bienes, por lo tanto no pueden explicar un aumento sostenido del nivel general de precios. Las causas especiales que afectan determinados bienes no pueden ser los suficientemente generales para explicar el aumento general de los precios. La "escasez" de algún bien puede explicar o ser tomado como prueba de la suba de ciertos bienes seleccionados, pero no puede explicar el comportamiento general (Humphrey, 1977, 1998; Fisher, 1920: 16-17).

6) Falsos remedios: Esta pseudo-teoría conduce, como era de esperar, a remedios más falsos aun. La misma solo lleva a controles de precios y políticas de ingreso para "combatir la inflación". Como la teoría es una falacia, la soluciones también son falaces. Por supuesto todos sabemos que el control de precios y las políticas de ingreso jamás han resuelto ni resolverán un problema inflacionario (si no se detiene el aumento de la cantidad de dinero).  Incluso uno puede llegar a dudar si es que su mala teoría los lleva a recomendar estos remedios fallidos o si necesitan esta explicación para justificar la fracasada política de precios.

Y ustedes preguntaran: ¿Por qué algunos "economistas" insisten en el error? ¿Cómo pueden mantenerse falacias tan viejas y elementales? ¿Cómo pueden insistir en que la Tierra es plana? Es simple, el gobierno paga (muy bien) y ellos viven de eso, es un trabajo sucio pero alguien lo debe hacer. Y en cuanto a los que no les pagan, nunca subestimen el poder de la mentalidad anti-capitalista.



Fisher, Irving (1911), The Purchasing Power of Money. New York: The Macmillan Company.

Fisher, Irving (1920), Stabilizing The Dollar. New York: The Macmillan Company. 

Humphrey, Thomas M. (1977) "On Cost-Push Theories of Inflation in the Pre-War Monetary Literature". Journal: FRB Richmond Economic Review. Vol. 63, No. 3, 3-9.

Humphrey, Thomas M. (1988) "Rival Notions of Money". Journal: FRB Richmond Economic Review. Vol. 74, No. 5, 3-9. 

Humphrey, Thomas M. (1998) "Historical Origins of the Cost-Push Fallacy". Journal: FRB Richmond Economic Quarterly. Vol. 84, No. 3, 53-74.  

Wicksell, Knut (1898), Interest and Prices. London: Royal Economic Society. 1936.