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jueves, 26 de abril de 2018

DLC, pases de temporada, expansiones y micropagos: ¿La culpa es de las empresas?


Dentro de la comunidad de videojugadores, hoy en día es permanente escuchar quejas sobre que los juegos actuales ya no se venden “enteros” de salida. Es decir que, cuando un videojuego nuevo sale, ya no lo hace con todo el contenido incluido, sino “por partes”. Al ponerse un nuevo software en el mercado al precio estándar de salida, además, se suele anunciar que en un futuro se le agregará contenido extra por el que habrá que pagar adicionalmente. Lo que todos conocemos como DLC (downloadable content o contenido descargable), expansiones, pases de temporada e incluso las tan odiadas microtransacciones (pagar pequeñas cantidades de dinero real por extras dentro del videojuego que no vienen incluidas o son difíciles de desbloquear normalmente). La reacción común de la gente es directamente culpar a las empresas. Sin embargo, en un análisis profundo, ¿Son realmente las culpables de tener que realizar esta práctica por su avaricia? ¿O están forzadas a adaptar su negocio a factores externos? Desafortunadamente, la respuesta es un poco más complicada que simplemente quejarse de las compañías de videojuegos. Para saber si son o no las únicas culpables de esta práctica tan criticada, debemos comprender cómo reaccionan las empresas ante las circunstancias en las que vive la industria del videojuego. 

Primero hay que aclarar unos conceptos: ¿Qué es la inflación? La inflación es, en su definición estándar, el aumento constante (o sostenido) y generalizado de los precios de una economía durante un periodo de tiempo. En español simple significa que “todo aumenta todos los años”. ¿A qué se debe la inflación? A que la cantidad de dinero en sentido amplio en la economía aumenta constantemente en un periodo. ¿Quién hace aumentar la cantidad de dinero en sentido amplio? El Estado: principalmente el banco central orquestando, y los bancos comerciales siguiendo. Cuando el banco central decide aumentar la cantidad de dinero, se dice que se lleva a cabo una política monetaria laxa o expansiva. En resumen, la secuencia es: el banco central realiza una política monetaria laxa -> aumenta la cantidad de dinero -> hay inflación (los precios suben). 

Por Economía 101 sabemos que cuando se incrementa la oferta de dinero, los precios y costos nominales (permaneciendo igual todo lo demás) tienden a subir, aunque sin hacerlo al mismo tiempo ni en la misma proporción que el aumento de la cantidad de moneda. Los precios no se determinan de forma automática, sino que hay decisiones consientes detrás (tanto de oferentes como de demandantes). Y aquí viene una de las claves: para muchos empresarios, sobre todo los que se mueven en mercados cuya demanda es sensible al precio o “elástica” (las compras de los clientes y los ingresos totales de la empresa reaccionan mucho ante cambios de precio), que sus costos aumenten no significa que pueden simplemente subir el precio de los bienes y ya. Las empresas siempre tratan de establecer los precios que piden a un nivel tal que maximice sus beneficios, no ponen “el precio que sea o el que se les antoje”. Por encima de ese óptimo, las firmas estiman que sus ingresos disminuirían y, por ende, no lo suben más. Por lo tanto, para industrias con demanda previsiblemente sensible al precio, elevarlo implica perder ingresos y beneficios. 

Como demuestra la ciencia económica, dos estrategias son las principales (aunque hay otras menos relevantes) cuando los costos aumentan constantemente debido a un proceso inflacionario mientras al mismo tiempo el precio del producto final no lo hace: (1) disminuir la cantidad del producto y (2) disminuir la calidad del producto. También es posible alguna combinación de ambas. 

El punto (1) significa reducir la cantidad del producto manteniendo su precio nominal igual. Por ejemplo, un paquete de galletas de 12 unidades se vende a $12. Ello significa que cada galleta vale $1 (precio ajustado por cantidad = precio nominal/cantidad). Ante el hecho de no poder subir el precio del paquete mientras está sufriendo subas de costos, la empresa puede empezar a venderlo (advirtiendo con más o menos claridad) conteniendo solo 10 galletas. Luego de eso, cada galleta ahora vale $1,2. El precio nominal del paquete de galletas no cambió (sigue siendo $12) pero el precio efectivo sí lo hizo (aumentó desde $1 a $1,2). Los clientes seguirán comprando su paquete de galletas a $12 como antes, aun cuando ahora solo tenga 10 galletas. 

¿Por qué las compañías adoptan esta práctica? La reducción de cantidad sin subir el precio es un intento por parte de las empresas de mantener los beneficios cuando se enfrentan a clientes sensibles al precio mientras ven subir sus costos monetarios. Pero noten que esto no ocurre únicamente por “la infinita avaricia” de los empresarios, sino debido al incremento de la cantidad de dinero y, por ende, a la suba de precios y costos. A causa de esos aumentos, el empresario debe perder tiempo, dinero y recursos escasos ideando estrategias para hacer menores empaques de forma poco obvia. 

En otras palabras, debido a la política monetaria laxa del banco central, los costos dinerarios están subiendo. Pero al mismo tiempo el empresario sabe que se enfrenta a una demanda que reaccionará mucho (dejarán de comprar considerablemente) si eleva el precio del producto y sus ingresos totales caerán. Las empresas se encuentran entre la espada y la pared. Es la inflación lo que induce a los empresarios a adoptar este comportamiento dada la estructura de su demanda. Las prácticas generalizadas de reducir la cantidad o calidad de los productos para venderlo al mismo precio no son el resultado de “la voluntad codiciosa o de la avaricia desenfrenada de las empresas”, sino que ello es el producto de su esfuerzo de permanecer en el negocio en un entorno inflacionario y además competitivo. En lugar de ofrecer mayor cantidad de producto o de mejor calidad al mismo precio, la inflación (causada por el Estado) instiga a los empresarios a invertir sus escasos recursos monetarios, trabajo y tiempo para hacer que pase desapercibido el incremento del precio efectivo por la reducción de la cantidad o calidad. La inflación provoca que se bajen costos vía reducción de gasto en inversión e innovación que beneficia a los consumidores. 

Pero ahora viene la pregunta: ¿Qué tiene que ver todo esto con los videojuegos y los contenidos extra? Seguramente el lector atento ya estará intuyendo la respuesta. 

Hay que recordar que los videojuegos no son productos de necesidad. Es decir que son lo que suele llamarse “bienes de lujo”, su consumo no es absolutamente necesario para la vida o salud. Adicionalmente, los videojuegos compiten con muchas otras formas de actividades para disfrutar el tiempo de ocio (leer, ver series, el cine, TV cable, etc.). Todo ello hace que la demanda de videojuegos sea muy sensible (“elástica”) a modificaciones de precio. Como ya se aclaró, esto quiere decir que cambios de determinada proporción en el precio pueden ocasionar una reacción en los ingresos totales de la empresa de mayor proporción. La mejor prueba de ello son los enormes descuentos (pueden ir de 20 % a 90 %) en videojuegos que se suelen ver en plataformas digitales o en las versiones físicas. Incluso se pueden observar descuentos de 50 % o 60 % en juegos con unos pocos meses en el mercado. Hace años el presidente de Valve, Gabe Newell, contaba en una entrevista que experimentaron realizar un muy promocionado descuento de 75 % sobre un determinado videojuego en su plataforma llamada Steam. Para sorpresa incluso de ellos, sus ingresos totales por ese juego se multiplicaron por 40 (!). Por otro lado, en Suecia, una tienda online de venta de juegos bajó sus precios un 75 % y vio sus unidades vendidas aumentar un increíble 5.500 %, así como sus ingresos totales incrementarse un 1.300 %.

Además, hay que tomar en cuenta que, en Estados Unidos, así como en Europa también, ha habido una notable inflación de precios y costos (causada por el banco central) desde mitad de los 90s hasta hoy

Por lo tanto, tenemos en la industria del videojuego las características esenciales del contexto que describimos anteriormente de forma general: inflación de precios y costos que repercute sobre empresas que se desenvuelven en un mercado competitivo. Veamos unos datos para comprenderlo mejor. 

Usando el trabajo de Jonathan Gitlin en el sitio Arstechnica, tenemos un buen aproximado del precio nominal de los videojuegos de consola nuevos en disco desde 1996 hasta 2013. Desde 2013 en adelante, simplemente coloqué el que es, hasta hoy mismo, el precio estándar de los grandes lanzamientos: 59.99 dólares.


Como se ve, si tomamos de punta (1996) a punta (2017), el precio de los videojuegos prácticamente no ha cambiado. Pagabas, en general, casi 60 dólares en 1996 por tus juegos de PlayStation 1 y Saturn tal y como lo haces hoy en 2017 por los de PlayStation 4 y Xbox One. Siempre recuerden que estos son precios nominales, no se toma en cuenta la inflación, porque lo que nos interesa es ver cómo han variado a lo largo del tiempo lo precios que los consumidores ven en el mostrador. La competencia los hizo caer a lo largo de la segunda mitad de los 90s. Pero, en promedio, prácticamente los precios (nominales) de los videojuegos se han mantenido constantes.

Para mostrar que detrás del proceso inflacionario está un incremento en el circulante, a continuación, se muestra cómo ha evolucionado la oferta de dinero amplia en Estados Unidos (usando los agregados monetarios MZM, M1 y M2). Cualquiera sea el agregado que tomemos, claramente ha habido un aumento significativo desde 1996.


Para medir aproximadamente cómo aumentó el precio de lo que pagan los consumidores por los demás productos, se usa el índice de precios al consumidor (IPC) e igualmente para los mayoristas se usa el índice de precios mayoristas (IPM). Reflejando el hecho de que los costos laborales en general también aumentaron, se usa el índice de costo de empleo, que mide cuánto pagan las empresas en salarios más beneficios (vacaciones pagas, horas extras, seguros de vida o trabajo, aportes patronales, etc.) a los trabajadores del sector privado. Al hablar de precios en dólares, obviamente, estos son datos de Estados Unidos.


Para simplificar la exposición, he hecho que todas las series de datos comiencen en valor 100 en 1996 (a excepción del costo de empleo, el cual empieza en 100 en 2001 porque recién desde ese año arrancan sus valores).

Claramente pueden notar que entre 1996 y 2017 los precios de los videojuegos se mantuvieron prácticamente constantes (aumentaron casi 0 %) mientras los precios del consumidor, así como mayoristas, crecieron aproximadamente 56 % y 52 % respectivamente. Al mismo tiempo, solo entre 2001 y 2017, los costos salariales totales (salarios + beneficios) de las empresas privadas crecieron un 46 % (es seguro que, si pudiéramos tomar desde 1996, el aumento sería todavía mayor). Está más que claro que los videojuegos, en general, mantuvieron sus precios nominales casi sin cambios en una era fuertemente inflacionaria.

De hecho, si los videojuegos hubiesen subido como aumentaron los precios al consumidor entre 1996 y 2017, hoy estarían en aproximadamente 94 dólares. ¿Les parece muy caro? Pues el reciente Dragon Ball FighterZ vale prácticamente eso (está a 95 dólares) en su versión completa digital, así como el todavía más actual Far Cry 5 que cuesta 90 dólares con todo su contenido. En resumen, si sumamos todo, los videojuegos completos ya han subido de precio. El hecho de que, para muchos, leer esto sea una sorpresa o les suene extraño es una de las razones por las que las compañías deciden no hacer completamente explícito el aumento.

En conclusión, la política monetaria laxa de los bancos centrales ha causado una notable inflación en las últimas décadas. Debido a eso, solo en Estados Unidos, precios y costos han subido considerablemente desde 1996. Al mismo tiempo, las empresas productoras de videojuegos sufren el fenómeno inflacionario mientras se desenvuelven en un mercado cuyos clientes son muy sensibles a cambios de precio. Dada la estructura de su demanda, la inflación causada por el banco central indujo a las empresas a adoptar la táctica de reducir la cantidad de contenido de los videojuegos de salida mientras mantienen el precio. Antes obteníamos el software completo de salida a 60 dólares, actualmente y a causa de la inflación obtenemos el software menos cierta cantidad de contenido pagando lo mismo. Tal y como ocurría en el ejemplo del paquete de galletas que pasaba de tener 12 a 10 unidades manteniendo el precio, hoy
en los videojuegos se pasó de tener juegos completos de salida pagando 60 dólares a que salga el juego base a ese precio histórico más el resto en forma de onerosos DLC, expansiones o micropagos. Recibimos menos cantidad de (contenido de) videojuego pagando lo mismo.

Por
último, no voy a negar que detrás de la suba de costos de producción de videojuegos (sobre todo salariales y de cantidad de empleados) puede haber factores reales. Después de todo, la expansión de la industria del videojuego ha sido enorme las últimas décadas. Cuando una determinada rama de la producción promete una tasa de rentabilidad mayor a la de otros sectores, ceteris paribus, aumenta la inversión en ese sector (mientras se tiende a “desinvertir” en sectores de menor tasa) y, consecuentemente, el precio de los factores no específicos complementarios de producción también lo hace. Pero la caída del precio de los equipos informáticos, así como de los costos de distribución por la vía de descarga digital, puede, a pesar de la inflación, compensar en cierta parte la suba de costos de personal en el desarrollo de juegos. Sin embargo, es un hecho que la inflación importante que ha sufrido Estados Unidos desde 1996 es un factor que afecta a todas las industrias, incluida la del videojuego.

La causa de estas prácticas va mucho más allá de la visión superficial general de unas malvadas empresas avaras que explotan al pobre jugador. Detrás del telón, se esconde el origen principal de los problemas: el Estado.

sábado, 23 de septiembre de 2017

¿Son caras las consolas actuales?


Esta es una de las preguntas más frecuentes que se hace el público gamer. Una manera de responderlo, es comprar los precios de las distintas consolas históricamente. El evidente problema de esta comparación es que los dólares de los años 70s no valen lo mismo que los dólares actuales. Es por ello que, como mínimo, la comparación de precio debe tener un ajuste por inflación.

Usando los datos de IPC de Estados Unidos del Bureau of Labor Statistics (BLS) y los precios de salida reportados por el sitio de IGN, podemos ver cuanto costarían las consolas antiguas en dólares a agosto de 2017


Las barras de color naranja son los precios en dólares ajustados por inflación mientras que las de color azul son los precios el año que salieron. La lista está ordenada de mayor a menor de acuerdo a los precios ajustados por inflación.

Lanzada en octubre de 1993, es muy claro que históricamente la consola más cara fue, por lejos, la 3DO de Panasonic, con un precio entonces (U$S 699) que hoy equivale a 1.178 dólares. Seguida muy de cerca por la Neo Geo Advance de SNK que con sus actuales 1.170 dólares (U$S 649 al salir) superaba en potencia en 1991 a sus competidoras SNES y Sega Genesis llevando a los hogares la calidad que solo se veía en los salones de arcade. La consola más potente de su época, y vaya que lo valía.

Volviendo a la actual generación, la primera consola que aparece en el ranking es la Xbox One en el décimo lugar. Lanzada en noviembre de 2013, la última consola de Microsoft fue puesta a la venta a un precio de 499 dólares, que ajustados por la inflación que hubo en Estados Unidos en los últimos 4 años da un precio actual de poco más de U$S 525. Microsoft cometió una serie de errores al inicio de la generación y uno de ellos fue lanzar la Xbox One junto con Kinect en un pack a un precio muy superior a PlayStation 4. Los resultados negativos de esa disposición provocaron que Xbox One bajara luego de precio. Aun así, está muy lejos de los primeros lugares de consolas caras.

Detrás de Xbox One, en el undécimo lugar, se encuentra la futura Xbox One X, que tendrá en noviembre de este año el mismo precio de salida que Xbox One en 2013.

PlayStation 4 aparece recién en el decimonoveno lugar, por debajo de la mitad de la lista. Y PlayStation 4 Pro está todavía más barata en el vigésimo primer escaño.

Finalmente, la Nintendo Switch se corona no solo como la consola de actual generación más económica en su precio de salida, sino también como una de las más baratas de la historia al momento de entrar al mercado. 

En resumen, al menos en términos históricos, las consolas actuales no son caras. 

jueves, 29 de septiembre de 2016

Funcionamiento del Patrón Oro: los efectos de un cambio real


Un factor fundamental para el análisis austriaco de la balanza de pagos es el individualismo metodológico. En este caso, aplicado para distinguir entre el equilibrio del actor individual y el equilibrio interindividual. Es decir, el equilibrio de cada agente y entre los agentes. Esta es una diferencia fundamental con el análisis agregado de la macroeconomía tradicional. En particular, este enfoque distinto se nota mucho en el análisis de las variaciones de la balanza de pagos ante cambios provenientes del lado real (Salerno, 2010: 174).

Como ya vimos, en el largo plazo, las causas de desequilibrios de balanza de pagos son estrictamente monetarias. Los desequilibrios de balanza de pagos son una fase integral del proceso de ajuste monetario por el cual las tenencias de dinero de los individuos (y de la nación) se adaptan a los niveles que desean. ¿Pero qué hay del corto plazo?

Supongamos que partimos de un sistema internacional con patrón mercancía puro como el Patrón Oro y de una situación de equilibrio monetario y en la balanza de pagos. Dados esos supuestos, asumamos que los consumidores nacionales aumentan su demanda y sus gastos en importaciones. ¿Por qué? Por la simple razón de que cambiaron sus gustos (en sus escalas valorativas ahora son más importantes los productos extranjeros relativamente a los nacionales). Adicionalmente, supongamos que la demanda de dinero y otros datos reales y monetarios de la economía, a excepción del antojo previamente mencionado, permanecen igual (Salerno, 2010: 174). No hay modificaciones en la oferta y demanda de dinero, solo en el lado real.

Como consecuencia del cambio a favor de las importaciones, aparece inicialmente un déficit de balanza de pagos y, por ende, una salida de dinero mercancía desde la nación donde se demandan más productos exteriores. Desde el punto de vista individual de los consumidores domésticos implicados, la salida de dinero es equilibrante pues les ayuda a alcanzar su fin: conseguir los productos exteriores que desean. Individualmente la acción es equilibradora, sin embargo, interindividualmente no lo es. La fuga monetaria perturba o desequilibra la previa distribución de dinero de equilibrio entre los agentes causando ulteriores interacciones que revertirán el déficit (Salerno, 2010: 175).

Por ejemplo, una persona que solía gastar cierta suma de dinero en (comprar bienes de) la nación A, ahora cambia a gastarlo en el país B. Económicamente, es irrelevante que el individuo esté domiciliado en A o en B. El primer efecto es un cambio de flujo de pagos desde A hacia B, una balanza de pagos desfavorable para A. Emergerá un inicial déficit de balanza de pagos y el correspondiente escape externo de dinero desde la nación A hacia B. Debido a esto, en la nación A los ingresos monetarios de alguien han disminuido mientras en B los de otro han aumentado. En ambos países los cambios en ingresos serán sucesivamente diseminados (Hayek, 2008: 353-54; Salerno, 2010: 175).

Lo que ocurrirá es que: (1) Los productores domésticos de los bienes cuya demanda ha colapsado y los que trabajan con ellos experimentan una caída de precios e ingresos que amenaza con dejarlos sin suficientes saldos de tesorería. (2) Los productores externos, por el contrario, a quienes les aumentó la demanda de lo que venden, ven aumentar sus precios e ingresos y, consecuentemente, tienen un excedente de dinero respecto a su demanda (Hayek, 2008: 353-54; Salerno, 2010: 175).

Los cambios en ingresos y flujo de balanza de pagos entre los dos países pueden ocurrir de dos maneras en cada una de las naciones: (a) La reducción sucesiva en ingresos en A puede llevar a dejar de comprar en B o (b) la caída de precios de algunos bienes en A puede implicar incrementar las exportaciones hacia B. Por otro lado, (a) el incremento de ingresos monetarios en B puede llevar a aumentar las compras en A o (b) aumentar los precios de ciertos bienes en B y disminuir las exportaciones hacia A (Hayek, 2008: 354).

En resumen, los de (1) aumentan sus ventas hacia el exterior (exportan porque en el interior ya no les compran) y disminuyen sus compras desde allí (importaciones) en su esfuerzo de recomponer el nivel dinerario que desean. Sus acciones causan que tienda a entrar dinero. Mientras tanto, los de (2), quienes tienen un exceso de saldos de tesorería por mayor ingreso, están motivados a gastar más en productos y activos (importaciones) a la vez que ofertan (exportan) menos. Estos actos provocan una tendencia a la salida de oro. Ese proceso de interacciones sucesivas hace que se reajuste la balanza de pagos y se revierta el déficit transformándolo en un superávit. El contramovimiento se detendrá cuando se reestablezca la distribución de dinero original de equilibrio entre los agentes y, por ende, entre las naciones.

Las acciones de ambos grupos para reajustar sus desequilibrios de dinero tienden a hacer que vuelvan a la misma distribución monetaria de equilibrio entre individuos previa al cambio de gustos (Salerno, 2010: 175-76). En el corto plazo, lo desequilibrios de balanza de pagos por cambios reales se terminan revertiendo.

Con la salida de dinero vía el déficit de balanza de pagos, primero caerán precios, ingresos y tenencias de efectivo específicos: los de los productores de los bienes que se dejan de demandar. Segundo, disminuirán en particular los precios, ingresos y tenencias de efectivo de los proveedores de bienes de consumo y capital directamente relacionados al primer sector afectado. Y con ellos, ulteriores bajas de precios a ritmo decreciente en sectores relacionados, ingresos y tenencias de efectivo. Es precisamente esta sucesión de caídas de precios, ingresos y saldos de tesorería lo que da a los agentes los incentivos para actuar y ajustar el déficit (Salerno, 2010: 407-08):

(a) Los extranjeros son incentivados a incrementar sus compras por la caída de los precios de los bienes, servicios y activos nacionales directamente afectados y de los que participan en la cadena de sucesivas contracciones causadas por la caída inicial de demanda. Por lo tanto, las exportaciones del país con déficit se incrementan, provocando una entrada de dinero.


(b) Además, a consecuencia de sus relativamente mayores precios internos, a las naciones foráneas les conviene más comprar afuera. La tendencia al ingreso monetario en la nación que recibió el shock de demanda de su producto se refuerza.


(c) Los productores extranjeros favorecidos por el cambio de gustos pueden tener una alta elasticidad ingreso (es decir, demandan mucho más ante aumentos de sus ingresos) por otros productos de la nación con déficit. Por lo que una de las respuestas inmediatas al desequilibrio de balanza de pagos es un aumento de la demanda y precios de estos bienes. Incentivando todavía más la entrada de dinero al país deficitario.


(d) Por otro lado, (i) la disminución de ingresos y su consecuente (ii) amenaza de insuficientes tenencias de efectivo induce una caída en el gasto en importaciones de los afectados por la baja de demanda de sus productos en la nación deficitaria. Esto contribuye a reducir la salida de oro del territorio.


(e) Las importaciones van a disminuir todavía más debido a que los residentes de la nación con déficit exterior son incentivados a sustituir los productos importados por los ahora relativamente más baratos bienes nacionales. La disminución de los precios de los bienes involucrados en la cadena de bajas sucesivas iniciada por la caída de demanda de productos nacionales, hace que actualmente sean más atractivos tanto para los extranjeros como para los nacionales de lo que eran antes.


(f) En la medida en que el proceso continúa a lo largo de la economía mundial, ocurren ulteriores redistribuciones de ingreso y gasto que pueden muy probablemente causar que aumente la demanda y precios de otros bienes del país con déficit externo.


El mecanismo anterior se encargará de, en última instancia, compensar el flujo de dinero de una nación a otra. Cuánto tiempo llevará este proceso hasta detenerse dependerá de la cantidad de eslabones en la cadena de sucesos que lleven a un país y de regreso. Durante el intervalo, el dinero fluirá desde A hacia B y el total que se mueva corresponderá exactamente a la cantidad de saldos de tesorería disminuidos en un país y aumentados en otro (Hayek, 2008: 355).

Veamos un ejemplo: Ocurre una caída de la demanda mundial de trigo en Estados Unidos. Lo cual causa un déficit de balanza de pagos en Norteamérica. Esto iniciará la cadena secuencial de sucesos. Como efecto primario, la baja del precio del trigo, de los ingresos y de los saldos de tesorería de los granjeros. Pero hay efectos secundarios también: se hundirán precios, ingresos y saldos de tesorería de otros sectores directa e indirectamente relacionados. Caerán precios e ingresos de maquinaria agrícola y otras industrias que proveen bienes de capital o de consumo a los granjeros de trigo. Si los granjeros dejan de tomar cerveza doméstica, su precio, los ingresos y saldos de tesorería de los cerveceros se desplomarán (Salerno, 2010: 407).

Los países del mundo serán incitados a comprar trigo americano cuyo precio se ha desplomado. Pero además son empujados a adquirir maquinaria agrícola y cerveza, cuyos precios también colapsaron. Todo ello estimula las exportaciones americanas. Además de eso, los menores ingresos hacen que las importaciones estadounidenses caigan aún más por la sustitución de productos importados por internos relativamente más baratos, como la cerveza nacional en lugar de la importada (Salerno, 2010: 407).

Noten que todos estos efectos equilibradores secuenciales de redistribución y cambio de precios ocurren sin importar para nada las fronteras nacionales. Por ejemplo, supongamos que la caída de demanda internacional de trigo americano se debió a que se trasladó hacia los productores de cebada de otros países, siendo ellos los favorecidos. Estos pueden tener una muy alta elasticidad ingreso por los vinos (y otros productos) americanos, por lo que una de las respuestas inmediatas al desequilibrio de balanza de pagos es un aumento de la demanda y precios de estos bienes (Salerno, 2010: 407-08). Mientras el proceso continúa a lo largo de la economía mundial, las posteriores redistribuciones de ingreso y gasto pueden muy probablemente causar que aumente la demanda y precios de otros bienes de Estados Unidos.

En conclusión, el análisis austriaco de la balanza de pagos bajo patrón monetario mercancía demuestra que los cambios de corto plazo en factores o datos reales son solo un fenómeno temporal. Las modificaciones en el lado real de la economía ciertamente pueden tener un efecto desequilibrador en la balanza aun cuando la oferta y demanda de dinero permanecen igual. Pero esas perturbaciones son solo transitorias, de corto plazo. Es precisamente una de las funciones del mecanismo de ajuste de la balanza de pagos revertir los flujos de dinero desequilibrantes y restaurar la distribución monetaria mundial de equilibrio que está determinada únicamente por la configuración de las demandas individuales de dinero. A la larga, las causas de los desequilibrios en la balanza de pagos son de naturaleza puramente monetaria (Salerno, 2010: 171-72).






Hayek, Friedrich von [Salerno, Joseph T. Ed.] (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

viernes, 23 de septiembre de 2016

El mito de que el Patrón Oro no puede funcionar hoy


Cuando se propone la vuelta al Patrón Oro, es muy usual que los detractores digan, entre otras cosas, que su funcionamiento es inviable hoy en día. No nos vamos a referir a las críticas sobre los planes de implementación del Patrón Oro en la actualidad, sino a las objeciones sobre su mecanismo de funcionamiento una vez ya implementado. ¿Quién controlaría la oferta monetaria? ¿Cómo harían los países para tener “suficiente” dinero si no pueden controlar su cantidad? ¿Seríamos esclavos de las naciones que tienen minas? ¿Los países que no las tienen pueden quedarse sin dinero para sus transacciones? Siguiendo una de las mejores exposiciones sobre el Patrón Oro que se pueden ver en YouTube que es la de Joseph Salerno del año 2005, así como también Salerno (2010: 409-13; 1985: 92-93) y Hayek (2008: 357), vamos a explicar como funciona.

Ya vimos algunas características del mecanismo de flujo-precio-especie. Noten que el punto (2) es crítico porque demuestra que el dispositivo de ajuste con el que funciona el Patrón Oro es uno que hoy en día sigue operando en cualquier parte del planeta dentro de cada área monetaria. 

Tomemos, por ejemplo, un país cualquiera como Argentina y dos de sus provincias: San Juan y Mendoza. Argentina es un área monetaria única usando el peso. Es decir, el área monetaria es todo el territorio nacional y es donde impera el uso del peso. Por simplicidad, la podemos llamar “área peso”. Tanto San Juan como Mendoza tienen permanentemente movimientos de entrada (superávit de balanza de pagos) y salida (déficits de balanza de pagos) de la “moneda común” que comparten (el peso). Nadie sabe cuánto es, ni nadie se preocupa ni a nadie le importa porque, afortunadamente, ni las provincias ni el gobierno llevan esa estadística de balanza de pagos interprovincial. Veamos ahora cómo se mueve el dinero.

Supongamos que hay un incremento de la producción en San Juan debido a, digamos, un aumento de la productividad en alguna rama de tecnología o por el descubrimiento de nuevos yacimientos de mineral valioso o porque sale beneficiada de un cambio en los gustos nacionales de turismo. Por otro lado, ocurre una caída de la producción en Mendoza por alguna contracción de la demanda de una mercancía importante que procesan. En esa situación, las exportaciones de Mendoza al resto del país tenderán a caer mientras las de San Juan aumentarán. Los habitantes de Mendoza estarán en la situación en que sienten que tienen menos pesos a medida que sus ingresos bajan. La demanda por producción mendocina ha caído, por lo tanto los ingresos allí se desploman y, consecuentemente, la gente demanda menos dinero para retener. Recuerden que cuando el ingreso de alguien cae, la persona tiende a demandar menos dinero. Es así como en el área de Mendoza cae la oferta monetaria. Mientras tanto, los agentes de San Juan ven como sus ingresos suben y tienen más dinero. 

El dinero es redistribuido desde Mendoza hacia San Juan, desde la zona donde la demanda por sus productos cae hacia el área cuya mercancía experimenta un incremento de demanda. La salida de dinero desde Mendoza es nada más que el acto voluntario de sus habitantes que demandan menos dinero al haberse reducido sus ingresos. Dentro del área peso, el mercado mantiene el balance dinerario entre las provincias a medida que crecen o decrecen.

Ahora bien, ¿Cuál es el “área oro” bajo Patrón Oro internacional? Simple, todo el mundo. Cada una de las naciones no es un área monetaria independiente, sino que constituyen un área monetaria mundial que emplea el oro como medio general de intercambio. De igual modo que las provincias argentinas no son un área monetaria independiente, sino parte de un área monetaria nacional que emplea el peso. En otras palabras, lo que funciona hoy y siempre ha funcionado entre provincias, estados y regiones bajo una misma moneda fiat dentro de cada país, también funciona entre países bajo una misma moneda mercancía homogénea internacional como el oro.

Si, por ejemplo, cae la demanda internacional de manufacturas textiles mientras aumenta la de trigo, entonces los ingresos en Gran Bretaña caen mientras dentro de Estados Unidos crecen. Al disminuir precios e ingresos manufactureros en el país europeo, su demanda de dinero también lo hace provocando un déficit de balanza de pagos y su correspondiente salida de oro. Lo contrario ocurre en USA donde el precio del trigo e ingresos de granjeros suben y, por ende, sus saldos de tesorería. El superávit externo y la entrada de oro hacen aumentar el stock de dinero norteamericano. Como podemos comprobar, el proceso es exactamente el mismo que el antes visto con provincias operando en la misma área monetaria fiat: una redistribución de dinero dentro de un sistema cerrado. Cualquier país bajo Patrón Oro (sin importar que tenga minas o no) puede asegurarse, vía la balanza de pagos temporalmente aumentando sus exportaciones y disminuyendo sus importaciones, la cantidad de oro que sus residentes necesiten por la razón que sea. Las transferencias netas de dinero de un país a otro, a largo plazo, solo ocurren como respuesta a cambios relativos en la demanda de dinero entre las dos naciones.

Así como son irrelevantes (no hay estadísticas, a nadie le importa ni preocupa) los resultados de la balanza de pagos interprovincial dentro del área peso en Argentina, también son irrelevantes los resultados de la balanza de pagos de cada país en el área oro. Tal y como lo leen: en un sistema de Patrón Oro internacional, en los países que operen con ese dinero mercancía los déficits y superávits de balanza de pagos son irrelevantes. De exactamente la misma manera en que son irrelevantes los déficits y superávits entre, digamos, New York y New Jersey en el área dólar (Estados Unidos) o entre Tokio y Saitama en el área yen (Japón), etc. 

Además, esa redistribución de un determinado stock de dinero en un área monetaria no implica inflación o deflación en ciertas zonas. Cierto es que luego del proceso hay más dinero fiat y precios e ingresos más elevados en San Juan mientras existe menos circulante y precios más bajos en Mendoza. Por ejemplo, en el inicio hay $100 de oferta monetaria fiat en Argentina, San Juan tiene $30 y Mendoza $70. Luego del cambio productivo, San Juan tiene $40 y Mendoza $60. ¿Ha habido inflación en San Juan y deflación en Mendoza? No. El dinero se ha redistribuido desde Mendoza hacia San Juan. Ese cambio relativo es simplemente el resultado del hecho de que la demanda de cierto producto ha caído en una determinada área (Mendoza) y, por tanto, los ingresos allí han bajado. Lo que trae como consecuencia que, como los ingresos son menores, la gente demande menos dinero. Concomitantemente la oferta monetaria en la zona mendocina cae. La salida de dinero de Mendoza es un acto voluntario de la población que cuenta con menor ingreso. Si en un hogar el ingreso con el que vive la familia es reducido a la mitad, ceteris paribus, ya no se guardará tanta tenencia de efectivo como antes del recorte. El dinero fluirá fuera de la casa (tendrá un déficit de balanza de pagos) por un tiempo hasta lograr tener las nuevas y menores tenencias de efectivo que sean subjetivamente óptimas en la actual situación de menor ingreso. Así ocurrirá con muchos hogares mendocinos.

Por otro lado, la mayor riqueza e ingresos de San Juan causan una mayor entrada de dinero (demandan más para sus aumentadas transacciones y dado sus ingresos más elevados). Solo habría inflación si la cantidad de pesos en toda el área peso subiera a más de $100 y deflación cuando baje a menos de $100. Inflación (o deflación) significa un incremento (o disminución) de la cantidad de dinero* en un sistema cerrado. El área cerrada bajo Patrón Oro puro es todo el mundo. La redistribución de dinero dentro de esa área no es inflación ni deflación. A medida que ciertas zonas del mundo se hacen ricas más rápido que otras partes, el dinero (oro) sale de las regiones con rezago hacia donde los ingresos están subiendo. 

Otra conclusión importante y que refuta una concepción muy popular es que la entrada de dinero en sí misma no hace rico a un área o a una nación, sino que es al revés. La entrada de dinero es el resultado de que la nación o el área es más rica, produce más. Dado que lo que produce San Juan se volvió más valioso, la consecuencia es que experimenta un aumento de ingresos monetarios, demanda más circulante y por ello ingresa más. 

En resumen, el mecanismo fundamental del Patrón Oro actúa incluso hoy en día en cada área monetaria del mundo. Prácticamente en todos los lugares del planeta, actualmente y a cada minuto opera el principio básico que operaría internacionalmente con Patrón mercancía. No existe, bajo Patrón Oro, ningún peligro de que una nación no disponga de dinero suficiente ni que esté condenada a ello por no tener minas. Decir que el funcionamiento de los flujos internacionales de dinero del Patrón Oro sería inviable en la actualidad es tan absurdo como negar la viabilidad de lo que funciona hoy cada minuto, cada hora, cada día, dentro de todos los países del mundo con moneda fiat propia y que no causa ningún problema.







*Estrictamente, es un incremento o disminución de sustitutos monetarios o medio de intercambio respecto al incremento o disminución neta de especie (metales preciosos, dinero mercancía) producida por el mercado. Cuando el sistema bancario de reserva fraccionaria expande y piramida una cantidad mayor de depósitos o notas de banco sobre el oro, eso sí es inflación. Y cuando la salida de oro del país o región contrae esos adicionales sustitutos monetarios sin respaldo (medios fiduciarios), eso sí es deflación. Con la intervención de la reserva fraccionaria el país no solo pierde, digamos, 1.000 onzas de oro, sino que además los bancos que son despojados del metal deben contraer los préstamos y dinero papel exacerbando la salida de oro. En síntesis, la entrada (salida) neta de oro a un país o región en sí misma no es inflación (deflación). Pero aumentar la cantidad de sustitutos monetarios por encima de la cantidad de metal que entró sí lo es. Es la reserva fraccionaria lo que causa la contracción adicional cuando el oro sale o la expansión extra cuando el metal entra. Esa inflación y deflación añadida no es culpa del Patrón Oro en sí, sino de la reserva fraccionaria.





Hayek, Friedrich von [Salerno, Joseph T. Ed.] (2008) Prices and production and other works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (1985), "Gold and the international monetary system: The contribution of Michel A. Heilperin". En Rockwell, Llewellyn H. Ed. (1992) The Gold Standard: Perspectives in the Austrian School. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Teoría monetaria 101: el proceso de ajuste monetario


Antes de continuar con la serie de posts sobre el Patrón Oro, detengámonos un momento en el proceso de ajuste monetario.

¿Qué es la demanda de dinero? Es el stock de dinero retenido para eventos futuros inciertos que no se ha deseado gastar en consumo e inversión. La demanda de dinero es la cantidad de dinero que las personas subjetivamente (cuya intensidad está enteramente determinada por juicios de valor) desean y están capacitadas de obtener y guardar. Ello se suele denominar también como atesoramiento o tenencia de efectivo (cash holding), saldos de tesorería o balance de efectivo (cash balance). La cantidad de dinero que un individuo decida retener está determinada por la utilidad marginal del dinero atesorado en su escala de valoración.

El proceso de ajuste monetario es la serie de reacciones concatenadas que ocurren ante un desequilibrio monetario, tanto a nivel individual como agregado. Veamos, resumidamente, el inicio de la cadena de sucesos:

¿Cómo se lidia con un excedente de dinero respecto a su demanda?
Gastándolo:
(a) aumentando las compras
(b) disminuyendo las ventas
(c) una combinación de ambos
¿Cómo se lidia con una falta de dinero respecto a su demanda?
No gastándolo:
(a) aumentando las ventas
(b) disminuyendo las compras
(c) una combinación de ambos
Primero una aclaración: no se debe entender el término “venta” solo como ser el dueño de un negocio o empresa y vender artículos o servicios. También cuando una persona trabaja en cualquier puesto útil está “vendiendo”. Lo que vende es su trabajo, un servicio que presta por un determinado tiempo. Al trabajar más, vende más, incrementa su producción y, por ende, contribuye a aumentar la oferta de lo que ayude a producir.

Dada una determinada demanda de dinero, es decir, la persona subjetivamente estima que tiene la cantidad de saldos de tesorería que necesita para cualquier imprevisto y dada una cierta existencia global de dinero; obtener un adicional stock de moneda provocará un desequilibrio al mismo nivel de precios. La cantidad de dinero que la gente tiene es ahora mayor que la cantidad que demanda para retener. Quien tiene más dinero del que cree que necesita a un cierto nivel de precios, gastará en consumo, en inversión o una combinación de ambas para deshacerse del excedente. En otras palabras, una de las primeras inclinaciones de la gente es provocar (1) un exceso de demanda monetaria que se manifiesta en el mercado de bienes, factores o activos financieros. Si se inclina por la inversión, puede gastar en factores de producción ya sea para iniciar un emprendimiento o ampliar uno existente o también comprar activos financieros que le rindan cierto interés. Si gasta en consumo, va adquirir bienes o servicios de consumo*. También puede dividir el sobrante en ambos: invertir una parte y con la otra comprar bienes de consumo. 

Adicionalmente, otra inclinación relacionada con quien tiene más dinero del que asume que necesita es que (2) tenderá a restringir sus ventas. Es evidente que en esta nueva situación no necesita esforzarse en conseguir tanto dinero como antes dado que ahora tiene un relativo excedente. Además, mayores ventas implican inyectar más dinero al exceso. Por ende, su oferta de bienes o servicios es disminuida. Un trabajador tenderá a emplearse por menos horas y los vendedores de bienes, al ver que tienen tenencias de efectivo mayores de las que desean, estarán menos incentivados a vender sus existencias. Y si lo hacen, ahora se desprenderán de menos bienes al mismo precio o de la misma cantidad de productos que antes pero a mayor precio.

Un ejemplo extremo de ello sería que imaginen que se sacan diez millones de dólares en la lotería hoy mismo. ¿Acaso van a guardar y mantener retenido todo ese exceso de dinero en sus cuentas corrientes o en efectivo en una caja en sus casas o en la billetera? Claro que no. Seguramente saldrán a gastarlo, ya sea en bienes de consumo, invirtiéndolo o ambas. Adicionalmente, es probable que ya no deseen trabajar tanto como antes o que renuncien directamente a su empleo mientras sientan que tienen un excedente dinerario. Por lo que reducen drásticamente la oferta de sus servicios y lo que producen.

Como podemos ver, individualmente cada agente puede deshacerse del sobrante de dinero (comprando cosas con él). Sin embargo, en agregado no se puede hacer. El stock total de dinero necesariamente sigue existiendo, por lo que no desaparece, sino que se ajusta su rendimiento. Ya sea que actúe uno de ellos o los dos juntos, ambos factores, (1) más demanda monetaria y (2) menor oferta de bienes y servicios, provocan una tendencia a la elevación relativa del precio de estos últimos. A medida que el dinero es gastado una y otra vez, tiende sucesivamente a elevar los precios. Es decir, una caída del precio (poder adquisitivo) del dinero: los precios suben por encima de lo que habrían subido si el exceso de dinero no hubiera estado presente en primer lugar.

Consecuentemente, dado que su poder adquisitivo está cayendo, su cantidad demandada aumenta. El exceso de dinero hace que los precios suban (el poder adquisitivo del dinero baja) hasta absorber ese excedente. Se propende a compensar el desequilibrio de sobrante dinerario al rendir este menos servicios (compra menos). Entonces el dinero ya no se estima tan excedente como con antelación pues su poder de compra es menor que antes. En agregado, los individuos no se pudieron librar del dinero, pero sí consiguieron subir los precios para terminar con el excedente en sus tenencias de efectivo. 

La caída del poder adquisitivo (la elevación de precios) continuará hasta el momento en que ya los agentes no estimen que tienen dinero en exceso. En ese momento, se detiene tanto el aumento del gasto como la retirada de inventarios y horas de trabajo del mercado. Es la propia caída del poder adquisitivo lo que tiende a eliminar el excedente: a medida que baja el precio del dinero, su cantidad demandada aumenta pues se necesita más para la misma cantidad de compras anticipadas. 

Veamos ahora el caso opuesto. Quien tiene menos dinero del que estima que necesita se comportará de forma inversa. Su esfuerzo por incrementar sus saldos de tesorería se manifiesta en una restricción de compras e incremento de ventas. Al molestarse en adquirir unidades monetarias adicionales, produce efectos contrarios a lo visto anteriormente. El primero es (1) una carencia de demanda monetaria, o sea, disminuir sus gastos tanto en el mercado de bienes y factores como de activos financieros. Sus desembolsos en inversión pueden caer mientras mantiene los de consumo igual o disminuir este último mientras los mantiene en el primero o disminuir ambos.

En segundo lugar puede ocurrir que (2) incremente sus ventas. El dinero obviamente no se compra con dinero, sino con bienes y servicios. Para adquirir más efectivo, el sujeto debe aumentar la disponibilidad de ya sea los servicios que ofrece o los bienes o activos financieros que posee. La oferta de bienes y servicios es, de esta forma, incrementada.

Nuevamente en forma individual la gente puede obtener más dinero (gastando menos), pero a nivel global no. La totalidad del stock de dinero sigue siendo la misma, no la pueden aumentar. Como ocurría antes, la acción individual o conjunta de estas medidas, (1) menos demanda monetaria y (2) mayor oferta de bienes y servicios, causará que se contraigan los precios de estos últimos. O, lo que es lo mismo, que el poder adquisitivo (precio) del dinero aumente, cayendo, de esta forma, la cantidad demandada de dinero. Por lo tanto, el desequilibrio a causa de la falta de dinero se tiende a compensar gracias a que la unidad monetaria rinde más servicios (compra más).




*El hecho de que en los casos mostrados al aumentar el gasto el consumo y no el de inversión o viceversa esté cambiando la preferencia temporal es una discusión que excedería mucho este post. Por simplicidad, acá no se tomará en cuenta.

miércoles, 10 de agosto de 2016

El mito del Patrón Oro y el tipo de cambio fijo


Cuando se habla sobre Patrón Oro clásico buena parte del mainstream económico, vía innumerables libros de texto de Economía, suele describirlo como un sistema de “tipo de cambio fijo” o que el Estado “fija el precio del oro” (Sachs y Larraín, 2006: 251-52; Mankiw, 2014: 516-17; Eichengreen, 1996: 260; Mastrianna, 2013: 328).


Los partidarios de la Escuela de Chicago, quienes en buena parte son responsables de ligar al Patrón Oro clásico con los tipos de cambio fijos, suelen criticar a los de la Escuela Austriaca más o menos en estos términos: “Mantener un precio fijo entre el dólar y una unidad de oro es simplemente un control de precios. ¿Por qué ustedes austriacos, que creen en el mercado libre con tanta pasión, impulsan ese intervencionismo? ¿Cómo es posible que favorezcan el Patrón Oro clásico si en él el Estado aplica un control de precios? ¿Por qué si son liberales no dejan fluctuar el precio del oro libremente?” Como veremos a continuación, esa identificación de “Patrón Oro clásico = tipo de cambio fijo” es completamente errónea.

Recuerden que el término “tipo de cambio” es solo otro nombre para “precio”. En particular, el precio de una divisa extranjera en términos de la nacional. Por lo tanto, “tipo de cambio fijo” implica por necesidad un precio fijado, generalmente por la autoridad.

¿Qué es un precio? Simplemente es un cociente (una división o ratio) entre cantidades intercambiadas de dos bienes distintos. Por ejemplo, si para obtener (la cantidad de) una pizza la persona debe entregar (la cantidad de) 100 pesos, entonces el precio es $100/1 pizza o como comúnmente lo expresa la gente: “la pizza vale $100”. Noten que son dos bienes diferentes, dos mercancías independientes (pizzas por un lado y pesos-dinero por otro). No necesariamente deben ser desiguales en términos físicos, sino en términos subjetivos de los actores que intercambian. Es fundamental entender que en el caso de cualquier precio las entidades intercambiadas son independientes o distintas las unas de las otras, ya sea que estemos en una economía de trueque (bienes pizzas a cambio de bienes zapatos) o monetaria (bienes pizzas a cambio de bien dinero). La propia idea de un mercado únicamente tiene sentido entre diferentes entidades, distintos bienes y servicios (Rothbard, 2011: 743-44; Salerno, 2010: 350-51). En resumen, cualquier mercado, cualquier intercambio o cualquier precio, única y exclusivamente tiene sentido con bienes o servicios considerados diferentes.

Con el dinero bajo Patrón Oro clásico la historia es opuesta. El oro y el dólar (o la libra, el franco, el marco, el peso y cualquier otra denominación) NO son dos bienes independientes o diferentes. El dólar y el oro son uno y el mismo bien, solo que uno (el dólar) es la unidad de peso del otro (el oro). Dado que son lo mismo, es absurdo que haya un mercado y, por ende, un precio para un bien en términos de sí mismo. Se estaría intercambiando el bien por el mismo bien.

A nivel mundial, en ese sistema los nombres de las diferentes monedas nacionales no son entidades independientes, como frutillas y zapatos, sino solo motes de la misma cosa. Son denominaciones para distintos pesos de oro o plata. Por ende, deben tener el mismo estatus que cualquier definición fija de peso o medida. Un mercado y precios no tienen sentido entre distintas unidades de la misma entidad. Hay mercado para intercambiar entre bienes distintos como el cobre, la leche, la carne o las frutillas; pero no lo hay para cambiar entre onzas de cobre y kilos de cobre o entre litros de leche y galones de leche o entre metros de tela y pies de tela (Rothbard, 2011: 744; Salerno, 2010: 350-51).

Pero aun suponiendo el caso absurdo de que se creara un mercado para, por ejemplo, centavos y dólares, sería completamente caótico que la relación fija de 100 centavos = 1 dólar fluctuara día a día u hora a hora. Por supuesto, algo con tal volatilidad jamás podría cumplir la función de unidad de medida para contabilidad o cálculo económico. Las unidades de medida (1 dólar = 100 centavos, 1 onza = 28,35 gramos, 1 metro = 3,28 pies, etc.) deben ser necesariamente fijas para que cumplan su propósito, sino no sirven. Cualquier intento de medida se desvanece cuando se cambian las relaciones entre, por ejemplo, metros y pies. Para los cálculos humanos, las unidades de medida o son fijas o no son unidades de medida (Rothbard, 2011: 743). Una libra es universalmente definida como consistente de 16 onzas, un dólar es definido como consistente en 100 centavos. Los estándares de peso o medición se establecen por definiciones comunes y es precisamente para que sean fijos para todos los que los usan.

Decir que, bajo Patrón Oro, el gobierno “fijó arbitrariamente” el tipo de cambio entre varias monedas es como decir que definió arbitrariamente 1 libra de peso como compuesta de 16 onzas o 1 metro como 3,28 pies o un dólar como 100 centavos. Esas definiciones, todas las de peso o medida, no tienen por qué haber sido necesariamente impuestas por el gobierno. No hay nada que impida que puedan ser fijadas por grupos de científicos o costumbre y uso común del público general (Rothbard, 2011: 745-46). De hecho, la libra es universalmente definida como consistente en 16 onzas, no por un edicto del gobierno sino porque los estándares de peso y medida se establecen por definición de uso común.


Otra forma de verlo es como explica George Selgin: "Patrón Oro significa que una masa estándar de oro (tantos gramos u onzas de oro puro) define la unidad monetaria doméstica. La unidad monetaria ("dólar") no es otra cosa que una unidad de oro, no es un bien por separado con un potencial precio fluctuante contra el oro... la moneda doméstica (y las cuentas corrientes) estaba denominada y era redimible en oro, pero no tenían un precio en oro."

Veamos un ejemplo con diferentes monedas de distintos países como el de Rothbard (2011: 745-46): un dólar fue definido como aproximadamente un veinteavo de onza de oro, la libra esterlina como un poco menos de un cuarto de onza de oro y el franco como un centésimo de onza de oro. Es decir:


1 dólar = 1/20 de onza de oro

1 libra = 1/4 de onza de oro

1 franco = 1/100 de onza de oro

Dadas esas definiciones, las equivalencias son simples operaciones aritméticas. Por ejemplo, para saber cuánto equivale una libra en términos de otras monedas hay que hacer: (1/4)/(1/20) para el dólar y (1/4)/(1/100) para el franco. Por lo tanto, la libra se cambiaba por cinco veces lo que se cambiaba por un dólar, la “tasa de cambio” entre dólar y libra es cinco dólares. Re
pitiendo el proceso tenemos:



1 dólar = 1/5 libra y 1 dólar = 5 francos

1 libra = 5 dólares y 1 libra = 25 francos

1 franco = 1/5 dólar y 1 franco = 1/25 libra

Una libra es igual a cinco dólares por el simple hecho matemático de que 0,25 (1/4) es cinco veces 0,05 (1/20). La libra tenía aproximadamente cinco veces la cantidad de oro y por ello era cinco veces más valiosa que el dólar y veinticinco veces el franco. Pero noten que ello es así no por las leyes del mercado ni porque el gobierno “fijó el precio del oro”, sino simplemente por las leyes de la aritmética (Salerno, 2010: 350). 5/20 onzas de oro (5 dólares) es igual a 1/4 de onzas de oro (una libra). ¿Hay algo arbitrario allí? ¿Existe control de precios en eso? No y no. Había 5 veces la cantidad de oro en una libra, porque fue definida como 1/4 de onza, de lo que había en un dólar americano, que fue definido como 1/20 de onza. Es, por tanto, incorrecto usar el término “tipo de cambio” o “tasa de cambio” para describir la relación entre dólares y libras. Como ya se repitió varias veces, los tipos de cambio o precios designan una división de cantidades de dos bienes distintos, mientras la libra y el dólar designan dos pesos diferentes del mismo bien, el oro.

Si
la gente llevaba su oro al banco, se hacía un contrato con este por el cual devolvería la propiedad del depositante (el oro) cuando el cliente redimiera la nota de banco o dólar. Pero la nota de banco o la chequera o el dólar no eran dinero en si mismos, eran un recibo que permitía redimir esa nota por dinero (oro). Podían usarla de sustituto monetario porque era más conveniente si querían. Aun así, la nota o el dólar no era dinero y, lo más importante, la gente lo comprendía perfectamente. Si le dan a alguien un título de propiedad de un auto, esa persona sabe perfectamente que el título no es el vehículo. De la misma forma, el banco no les vendía oro a sus depositantes cambio de la nota de banco o dólar, sino que cumplía un contrato de redimir la propiedad a cambio del título de la misma. Por ende, la tasa a la cual el banco devolvía oro a cambio de redimir la nota no era un precio. En Patrón oro clásico, todas las naciones del sistema tienen el mismo dinero: el oro. Aunque sí pueden tener diferentes nombres que designan distintas unidades o pesos del dinero (oro).


Como se ve, la paridad fija se establece tanto (a) entre las notas de banco o billetes y el oro, como (b) entre distintas monedas de diferentes países (y distintos bancos centrales). En ambos casos el dinero es el oro. En cuanto a (a), el banco, banco central o gobierno cumplen su contrato para redimir dinero (oro) a cambio del título de propiedad, no están vendiendo oro. Y en cuanto a (b), todas las naciones usan un solo dinero: oro. Las divisas son solo nombres de distintos pesos de la misma cosa y, por ende, las diferencias de cambio siguen las leyes de la aritmética, no las de oferta y demanda.

En conclusión, bajo Patrón oro clásico no hay tipo de cambio fijo ni hay fijación por parte del gobierno del precio del oro. Un tipo de cambio es un precio entre dos cosas diferentes. Lo que conocemos como nombres de distintas divisas nacionales no son entidades independientes en absoluto. No son, en esencia, cosas diferentes, sino diferentes pesos de la misma cosa (oro o plata). Dado que son eso, deben tener necesariamente el mismo estatus de definición fija que el peso o la medida (Rothbard, 2011: 743). La equivalencia entre e
llas está regida por las leyes de la aritmética y no por las leyes de oferta y demanda o por una fijación de precio del gobierno. Describir el Patrón oro como “fijar el precio del oro” o como “tipo de cambio fijo” es un grave malentendido. Bajo Patrón Oro clásico, el dinero es el oro y el oro es el dinero (Mises, 1949: 425) y, contra lo que dicen los monetaristas, no hay ningún control de precios.








Eichengreen, Barry (1996), La globalización del capital: historia del sistema monetario internacional. Barcelona, España: Antoni Bosch editor, S.A.

Mankiw, N. Gregory (2014) Macroeconomía, 8ª ed. Barcelona, España: Antoni Bosch editor, S.A.

Mastrianna, Frank V. (2013) Basic Economics, 16ª ed. Estados Unidos: South-Western, Cengage Learning.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar’s Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Rothbard, Murray N. [Ludwig von Mises Institute Ed.] (2011) Economic controversies. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Sachs, Jeffrey D. y Larraín B., Felipe (2006), Macroeconomía en la economía global. Buenos Aires, Argentina: Pearson Education, S.A.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute
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