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jueves, 26 de abril de 2018

DLC, pases de temporada, expansiones y micropagos: ¿La culpa es de las empresas?


Dentro de la comunidad de videojugadores, hoy en día es permanente escuchar quejas sobre que los juegos actuales ya no se venden “enteros” de salida. Es decir que, cuando un videojuego nuevo sale, ya no lo hace con todo el contenido incluido, sino “por partes”. Al ponerse un nuevo software en el mercado al precio estándar de salida, además, se suele anunciar que en un futuro se le agregará contenido extra por el que habrá que pagar adicionalmente. Lo que todos conocemos como DLC (downloadable content o contenido descargable), expansiones, pases de temporada e incluso las tan odiadas microtransacciones (pagar pequeñas cantidades de dinero real por extras dentro del videojuego que no vienen incluidas o son difíciles de desbloquear normalmente). La reacción común de la gente es directamente culpar a las empresas. Sin embargo, en un análisis profundo, ¿Son realmente las culpables de tener que realizar esta práctica por su avaricia? ¿O están forzadas a adaptar su negocio a factores externos? Desafortunadamente, la respuesta es un poco más complicada que simplemente quejarse de las compañías de videojuegos. Para saber si son o no las únicas culpables de esta práctica tan criticada, debemos comprender cómo reaccionan las empresas ante las circunstancias en las que vive la industria del videojuego. 

Primero hay que aclarar unos conceptos: ¿Qué es la inflación? La inflación es, en su definición estándar, el aumento constante (o sostenido) y generalizado de los precios de una economía durante un periodo de tiempo. En español simple significa que “todo aumenta todos los años”. ¿A qué se debe la inflación? A que la cantidad de dinero en sentido amplio en la economía aumenta constantemente en un periodo. ¿Quién hace aumentar la cantidad de dinero en sentido amplio? El Estado: principalmente el banco central orquestando, y los bancos comerciales siguiendo. Cuando el banco central decide aumentar la cantidad de dinero, se dice que se lleva a cabo una política monetaria laxa o expansiva. En resumen, la secuencia es: el banco central realiza una política monetaria laxa -> aumenta la cantidad de dinero -> hay inflación (los precios suben). 

Por Economía 101 sabemos que cuando se incrementa la oferta de dinero, los precios y costos nominales (permaneciendo igual todo lo demás) tienden a subir, aunque sin hacerlo al mismo tiempo ni en la misma proporción que el aumento de la cantidad de moneda. Los precios no se determinan de forma automática, sino que hay decisiones consientes detrás (tanto de oferentes como de demandantes). Y aquí viene una de las claves: para muchos empresarios, sobre todo los que se mueven en mercados cuya demanda es sensible al precio o “elástica” (las compras de los clientes y los ingresos totales de la empresa reaccionan mucho ante cambios de precio), que sus costos aumenten no significa que pueden simplemente subir el precio de los bienes y ya. Las empresas siempre tratan de establecer los precios que piden a un nivel tal que maximice sus beneficios, no ponen “el precio que sea o el que se les antoje”. Por encima de ese óptimo, las firmas estiman que sus ingresos disminuirían y, por ende, no lo suben más. Por lo tanto, para industrias con demanda previsiblemente sensible al precio, elevarlo implica perder ingresos y beneficios. 

Como demuestra la ciencia económica, dos estrategias son las principales (aunque hay otras menos relevantes) cuando los costos aumentan constantemente debido a un proceso inflacionario mientras al mismo tiempo el precio del producto final no lo hace: (1) disminuir la cantidad del producto y (2) disminuir la calidad del producto. También es posible alguna combinación de ambas. 

El punto (1) significa reducir la cantidad del producto manteniendo su precio nominal igual. Por ejemplo, un paquete de galletas de 12 unidades se vende a $12. Ello significa que cada galleta vale $1 (precio ajustado por cantidad = precio nominal/cantidad). Ante el hecho de no poder subir el precio del paquete mientras está sufriendo subas de costos, la empresa puede empezar a venderlo (advirtiendo con más o menos claridad) conteniendo solo 10 galletas. Luego de eso, cada galleta ahora vale $1,2. El precio nominal del paquete de galletas no cambió (sigue siendo $12) pero el precio efectivo sí lo hizo (aumentó desde $1 a $1,2). Los clientes seguirán comprando su paquete de galletas a $12 como antes, aun cuando ahora solo tenga 10 galletas. 

¿Por qué las compañías adoptan esta práctica? La reducción de cantidad sin subir el precio es un intento por parte de las empresas de mantener los beneficios cuando se enfrentan a clientes sensibles al precio mientras ven subir sus costos monetarios. Pero noten que esto no ocurre únicamente por “la infinita avaricia” de los empresarios, sino debido al incremento de la cantidad de dinero y, por ende, a la suba de precios y costos. A causa de esos aumentos, el empresario debe perder tiempo, dinero y recursos escasos ideando estrategias para hacer menores empaques de forma poco obvia. 

En otras palabras, debido a la política monetaria laxa del banco central, los costos dinerarios están subiendo. Pero al mismo tiempo el empresario sabe que se enfrenta a una demanda que reaccionará mucho (dejarán de comprar considerablemente) si eleva el precio del producto y sus ingresos totales caerán. Las empresas se encuentran entre la espada y la pared. Es la inflación lo que induce a los empresarios a adoptar este comportamiento dada la estructura de su demanda. Las prácticas generalizadas de reducir la cantidad o calidad de los productos para venderlo al mismo precio no son el resultado de “la voluntad codiciosa o de la avaricia desenfrenada de las empresas”, sino que ello es el producto de su esfuerzo de permanecer en el negocio en un entorno inflacionario y además competitivo. En lugar de ofrecer mayor cantidad de producto o de mejor calidad al mismo precio, la inflación (causada por el Estado) instiga a los empresarios a invertir sus escasos recursos monetarios, trabajo y tiempo para hacer que pase desapercibido el incremento del precio efectivo por la reducción de la cantidad o calidad. La inflación provoca que se bajen costos vía reducción de gasto en inversión e innovación que beneficia a los consumidores. 

Pero ahora viene la pregunta: ¿Qué tiene que ver todo esto con los videojuegos y los contenidos extra? Seguramente el lector atento ya estará intuyendo la respuesta. 

Hay que recordar que los videojuegos no son productos de necesidad. Es decir que son lo que suele llamarse “bienes de lujo”, su consumo no es absolutamente necesario para la vida o salud. Adicionalmente, los videojuegos compiten con muchas otras formas de actividades para disfrutar el tiempo de ocio (leer, ver series, el cine, TV cable, etc.). Todo ello hace que la demanda de videojuegos sea muy sensible (“elástica”) a modificaciones de precio. Como ya se aclaró, esto quiere decir que cambios de determinada proporción en el precio pueden ocasionar una reacción en los ingresos totales de la empresa de mayor proporción. La mejor prueba de ello son los enormes descuentos (pueden ir de 20 % a 90 %) en videojuegos que se suelen ver en plataformas digitales o en las versiones físicas. Incluso se pueden observar descuentos de 50 % o 60 % en juegos con unos pocos meses en el mercado. Hace años el presidente de Valve, Gabe Newell, contaba en una entrevista que experimentaron realizar un muy promocionado descuento de 75 % sobre un determinado videojuego en su plataforma llamada Steam. Para sorpresa incluso de ellos, sus ingresos totales por ese juego se multiplicaron por 40 (!). Por otro lado, en Suecia, una tienda online de venta de juegos bajó sus precios un 75 % y vio sus unidades vendidas aumentar un increíble 5.500 %, así como sus ingresos totales incrementarse un 1.300 %.

Además, hay que tomar en cuenta que, en Estados Unidos, así como en Europa también, ha habido una notable inflación de precios y costos (causada por el banco central) desde mitad de los 90s hasta hoy. 

Por lo tanto, tenemos en la industria del videojuego las características esenciales del contexto que describimos anteriormente de forma general: inflación de precios y costos que repercute sobre empresas que se desenvuelven en un mercado competitivo. Veamos unos datos para comprenderlo mejor. 

Usando el trabajo de Jonathan Gitlin en el sitio Arstechnica, tenemos un buen aproximado del precio nominal de los videojuegos de consola nuevos en disco desde 1996 hasta 2013. Desde 2013 en adelante, simplemente coloqué el que es, hasta hoy mismo, el precio estándar de los grandes lanzamientos: 59.99 dólares.


Como se ve, si tomamos de punta (1996) a punta (2017), el precio de los videojuegos prácticamente no ha cambiado. Pagabas, en general, casi 60 dólares en 1996 por tus juegos de PlayStation 1 y Saturn tal y como lo haces hoy en 2017 por los de PlayStation 4 y Xbox One. Siempre recuerden que estos son precios nominales, no se toma en cuenta la inflación, porque lo que nos interesa es ver cómo han variado a lo largo del tiempo lo precios que los consumidores ven en el mostrador. La competencia los hizo caer a lo largo de la segunda mitad de los 90s. Pero, en promedio, prácticamente los precios (nominales) de los videojuegos se han mantenido constantes.

Para mostrar que detrás del proceso inflacionario está un incremento en el circulante, a continuación, se muestra cómo ha evolucionado la oferta de dinero amplia en Estados Unidos (usando los agregados monetarios MZM, M1 y M2). Cualquiera sea el agregado que tomemos, claramente ha habido un aumento significativo desde 1996.


Para medir aproximadamente cómo aumentó el precio de lo que pagan los consumidores por los demás productos, se usa el índice de precios al consumidor (IPC) e igualmente para los mayoristas se usa el índice de precios mayoristas (IPM). Reflejando el hecho de que los costos laborales en general también aumentaron, se usa el índice de costo de empleo, que mide cuánto pagan las empresas en salarios más beneficios (vacaciones pagas, horas extras, seguros de vida o trabajo, aportes patronales, etc.) a los trabajadores del sector privado. Al hablar de precios en dólares, obviamente, estos son datos de Estados Unidos.


Para simplificar la exposición, he hecho que todas las series de datos comiencen en valor 100 en 1996 (a excepción del costo de empleo, el cual empieza en 100 en 2001 porque recién desde ese año arrancan sus valores).

Claramente pueden notar que entre 1996 y 2017 los precios de los videojuegos se mantuvieron prácticamente constantes (aumentaron casi 0 %) mientras los precios del consumidor, así como mayoristas, crecieron aproximadamente 56 % y 52 % respectivamente. Al mismo tiempo, solo entre 2001 y 2017, los costos salariales totales (salarios + beneficios) de las empresas privadas crecieron un 46 % (es seguro que, si pudiéramos tomar desde 1996, el aumento sería todavía mayor). Está más que claro que los videojuegos, en general, mantuvieron sus precios nominales casi sin cambios en una era fuertemente inflacionaria.

De hecho, si los videojuegos hubiesen subido como aumentaron los precios al consumidor entre 1996 y 2017, hoy estarían en aproximadamente 94 dólares. ¿Les parece muy caro? Pues el reciente Dragon Ball FighterZ vale prácticamente eso (está a 95 dólares) en su versión completa digital, así como el todavía más actual Far Cry 5 que cuesta 90 dólares con todo su contenido. En resumen, si sumamos todo, los videojuegos completos ya han subido de precio. El hecho de que, para muchos, leer esto sea una sorpresa o les suene extraño es una de las razones por las que las compañías deciden no hacer completamente explícito el aumento.

En conclusión, la política monetaria laxa de los bancos centrales ha causado una notable inflación en las últimas décadas. Debido a eso, solo en Estados Unidos, precios y costos han subido considerablemente desde 1996. Al mismo tiempo, las empresas productoras de videojuegos sufren el fenómeno inflacionario mientras se desenvuelven en un mercado cuyos clientes son muy sensibles a cambios de precio. Dada la estructura de su demanda, la inflación causada por el banco central indujo a las empresas a adoptar la táctica de reducir la cantidad de contenido de los videojuegos de salida mientras mantienen el precio. Antes obteníamos el software completo de salida a 60 dólares, actualmente y a causa de la inflación obtenemos el software menos cierta cantidad de contenido pagando lo mismo. Tal y como ocurría en el ejemplo del paquete de galletas que pasaba de tener 12 a 10 unidades manteniendo el precio, hoy
en los videojuegos se pasó de tener juegos completos de salida pagando 60 dólares a que salga el juego base a ese precio histórico más el resto en forma de onerosos DLC, expansiones o micropagos. Recibimos menos cantidad de (contenido de) videojuego pagando lo mismo.

Por
último, no voy a negar que detrás de la suba de costos de producción de videojuegos (sobre todo salariales y de cantidad de empleados) puede haber factores reales. Después de todo, la expansión de la industria del videojuego ha sido enorme las últimas décadas. Cuando una determinada rama de la producción promete una tasa de rentabilidad mayor a la de otros sectores, ceteris paribus, aumenta la inversión en ese sector (mientras se tiende a “desinvertir” en sectores de menor tasa) y, consecuentemente, el precio de los factores no específicos complementarios de producción también lo hace. Pero la caída del precio de los equipos informáticos, así como de los costos de distribución por la vía de descarga digital, puede, a pesar de la inflación, compensar en cierta parte la suba de costos de personal en el desarrollo de juegos. Sin embargo, es un hecho que la inflación importante que ha sufrido Estados Unidos desde 1996 es un factor que afecta a todas las industrias, incluida la del videojuego.

La causa de estas prácticas va mucho más allá de la visión superficial general de unas malvadas empresas avaras que explotan al pobre jugador. Detrás del telón, se esconde el origen principal de los problemas: el Estado.

sábado, 8 de octubre de 2016

Funcionamiento del Patrón Oro: los efectos de cambios en la demanda de oro


En un post anterior vimos que la oferta de oro respondía a cambios en los costos de producirlo. Ahora veremos que la oferta no es el único factor. Bajo un contexto de Patrón Oro, la cantidad de dinero también responde a fuerzas del lado de la demanda. Supongamos el caso de que, ceteris paribus, aumenta la demanda de dinero (monedas de oro, por ejemplo) por la razón que sea (mayor incertidumbre futura o por aumento del ingreso real/producción nacional). La consecuencia principal será, en principio, una caída de los precios de la economía. Entre ellos se incluyen los precios de los recursos empleados en la minería (Rueff, 1947: 242-43; Salerno, 2010: 345, 359). Al incrementarse la demanda de dinero, cae la demanda de todos los demás bienes y de los recursos que los producen.

Ahora vamos a analizar que modificaciones en la demanda de dinero provocan:

(1) A corto plazo, que el poder adquisitivo (precio) del dinero y la rentabilidad de producirlo cambie

(2) Como consecuencia de (1) y a largo plazo, que la producción de oro (dinero), así como su acuñación y emisión de sustitutos monetarios, cambie

(3) También debido a (1), cambia el valor y la disponibilidad de oro para usos de consumo y producción

(4) Desequilibrios en la balanza de pagos que cesan cuando la modificada demanda de dinero está satisfecha y el proceso de ajuste monetario se completa

Si un trabajador decide aumentar sus tenencias de dinero (manteniendo todo lo demás constante, incluida la demanda de dinero del resto de la sociedad); necesariamente su abstención de gastar tiene como consecuencia la disminución de las tenencias de dinero de otros miembros de la sociedad por debajo de lo que desean mantener (recordar que su demanda de dinero no cambió). Para volver a tener el efectivo (oro) atesorado que estiman correcto, estos últimos agentes deben ofrecer adicionales bienes y servicios a cambio de dinero. Es decir, que aumentan la oferta de bienes, sin gastar en otros, para así recuperar moneda. Esto provoca una tendencia a la baja de los precios de los bienes y servicios en términos de oro, así como también de los costos de minarlo (los factores de producción necesarios para extraer oro se consiguen a menor precio). Pero hay un precio que no baja, a pesar que todos los demás están cayendo: el precio del oro (Rueff, 1947: 242-50). Como ya notamos antes, este es fijo respecto a sí mismo y se valora a la par. Una onza de oro se cambia por una onza de oro siempre. Hay, por lo tanto, una transferencia de recursos desde las industrias donde los precios están bajando (consumo e inversión) por la abstención de gasto producto del atesoramiento, hacia las industrias donde los precios no bajan (extracción de oro). La producción de bienes de consumo o inversión cae y se expande la minería del bien metálico que se usa como dinero (oro o también la plata). 

Entre los bienes que bajan relativamente de precio están los elementos que entran en los costos de las mineras: explosivos y otros químicos, maquinaria e insumos necesarios para que funcionen (repuestos, gasolina, neumáticos, etc.), la cal, la energía eléctrica, el agua, los salarios del factor trabajo necesario para operar las maquinas, hacer ingeniería o geología, etc. Dado el precio fijo del oro, esta circunstancia impulsa la rentabilidad de las empresas extractoras, entre otras.

La producción de oro se vuelve relativamente más rentable respecto a producir otros bienes y servicios. Por ejemplo, una minera producía/extraía antes del cambio en la demanda de dinero, digamos, 100 onzas de oro al mes mientras pagaba un total de 95 onzas en salarios a los trabajadores y en precios de otros factores complementarios por esa producción mensual. Otorgándole un margen de beneficio de 5 onzas o un 5,3 %. Pero ahora, luego del aumento en la demanda de oro como dinero, los precios han caído hasta el punto de que actualmente la minera gasta 80 onzas por lo que antes pagaba 95 mientras continúa reportando ingresos por 100 onzas. Su margen pasó de 5,3 % hasta un 25 % con las 20 onzas que ahora gana. 

Ante esta nueva situación, los empresarios responden (a) incrementando la tasa de producción de las minas que ya operan, (b) reabriendo viejas minas previamente montadas y abandonadas porque al precio del oro anterior eran irrentables, (c) iniciando por primera vez la explotación de depósitos de oro submarginales ya conocidos pero nunca emprendidos por ser considerados muy costosos y (d) aumentando la inversión en buscar nuevas fuentes de oro desconocidas y también en desarrollar novedosos métodos menos onerosos de extracción. Y todavía más que eso, el mayor valor monetario del oro le da a los agentes incentivos para reasignar cantidades adicionales de oro desde su uso en consumo e industria hacia empleo dinerario (Salerno, 2010: 345, 359).

Por lo tanto, el incremento de la demanda de dinero metálico inicialmente, a corto plazo, se satisface con un aumento del poder adquisitivo de la unidad monetaria. Es precisamente eso lo que al mismo tiempo produce una gradual expansión de la oferta dineraria que tiende a, en el largo plazo, satisfacer la aumentada demanda de dinero del resto de la sociedad y contrarrestar la declinación inicial de precios restaurando el poder adquisitivo (Salerno, 2010: 345, 359). La caída de precios y el consecuente traslado de factores productivos destinados a aumentar la oferta de dinero metálico continúan mientras la causa (la insuficiente tenencia de efectivo actual con respecto a la deseada) persista. El aumento de la demanda de dinero, traslada mano de obra desde la producción de bienes de consumo e inversión donde no se necesitan; hacia la producción de metal que es monetizado para satisfacer la necesidad de dinero de la gente (Rueff, 1947: 243-44). 

Y aun en el caso extremo de que se agotara todo el oro a minar, los agentes tienen serios incentivos para usar su función empresarial en buscar otro sustituto próximo cuya producción sí se pueda ampliar. Los empresarios y la gente seleccionarán otra mercancía que pueda ser usada como dinero. Por ejemplo, se moverán desde el oro a producir plata. Y si la plata se agotase también, podrían pasar a, digamos, el cobre, etc. 

Incluso es posible suponer que el país es incapaz de producir oro o plata porque no tiene ninguna mina. En ese caso, puede satisfacer su mayor demanda de dinero metálico exportando bienes y servicios de consumo o de inversión a cambio del requerido oro. Dado que la demanda monetaria por bienes de consumo e inversión cae por el no gasto debido a la incrementada tenencia de saldos de tesorería, esos bienes liberados pueden venderse a otros países a menor precio para conseguir dinero metálico. El país exporta más mercancías, servicios y activos financieros al resto del mundo mientras importa menos. Los factores desempleados del sector consumo e inversión, entonces, encuentran empleo en industrias de exportación (Rueff, 1947: 245). De esta forma, oro (dinero) adicional fluye hacia el país a través de un superávit de balanza de pagos incrementando la cantidad de dinero. Vender (exportar) bienes, activos financieros y servicios a países que sí tienen minas de oro o que sin tenerlas están dispuestos a entregar la moneda que tienen porque les urge demandar productos, se puede considerar una forma, un tanto indirecta, de “producir” o conseguir metal precioso. 

El exceso de demanda de dinero en una nación implica un superávit de balanza de pagos a medida que los agentes desean incrementar sus tenencias de efectivo aumentando lo que venden (exportando más) y disminuyendo lo que compran (importando menos). Es decir, al desear mayores saldos de tesorería, los agentes tienden a exportar más bienes, servicios y activos que antes e importar menos durante el tiempo necesario para adquirir el efectivo adicional. Que la gente dentro del país haya dejado de demandar bienes para retener más dinero no implica que en el mercado mundial también cayó la demanda (Salerno, 2010: 170; Hayek, 1937: 353). La oferta de oro mundial se distribuye entre los países de acuerdo a las demandas de saldos de tesorería de los individuos habitantes de cada nación. A largo plazo, y descontando modificaciones en el stock global aurífero, las transferencias netas de oro de un territorio a otro ocurren solo por cambios en la demanda relativa de dinero entre ambos. No hay ninguna razón para que el oro se apile excesivamente en un lugar y haya carestía en otro, pues cada agente se encargará de no permitir que sus saldos de tesorería excedan o estén por debajo de lo que estima necesario en vista de su ingreso y riqueza (Salerno, 2010: 390-91).

Al aumentar los deseos de dinero, su poder adquisitivo (precio) tiende a ser mayor de lo que sería en otra circunstancia y es precisamente ello lo que pone inmediatamente en funcionamiento los incentivos para producir más dinero y moderar la caída de precios. Cualquiera sea la razón por la cual los agentes desean tener más liquidez, en la media en que el incremento de la demanda de dinero se esparce de un agente a otro, pone sucesivamente presión a la baja sobre los precios. Aun asumiendo que ciertos precios son “rígidos a la baja” o no se ajustan inmediatamente y ello provoca un exceso de oferta (desempleo) en algunos bienes de consumo, de capital y trabajo; el proceso de ajuste continua. El exceso de oferta de esos recursos significa que están disponibles para la minería, lo cual puede reducir sus costos aun sin bajas nominales. La empresa minera, por ejemplo, puede ahora conseguir dos trabajadores por mismo el precio que pagaba uno antes o el doble de horas alquiladas de maquinaria por el mismo precio de alquiler. Tanto el efecto precio como el efecto cantidad estimulan producción de metal precioso (Garrison, 1985: 64).

La propensión a la baja de los precios como consecuencia del aumento de poder adquisitivo de la unidad monetaria debido al actual exceso de demanda de dinero, tiende también a facilitar el ajuste de determinados otros precios. Por ejemplo, dado que los precios de los bienes y servicios han caído o están cayendo, es más sencillo renegociar a la baja salarios nominales en la industria minera u otras pues sus salarios reales pueden permanecer iguales. Esa disminución nominal reduce los costos de los productores de dinero. Aun bajo el supuesto de que ciertos precios son “rígidos”, el sistema da incentivos para ayudar que se coordinen.

No solo la minería es incentivada, también lo es el servicio de certificación y acuñación de monedas metálicas. Luego de producido el mayor atesoramiento de dinero, el valor de las monedas de oro ha aumentado relativamente y además la demanda de recursos para producir los demás bienes que no son dinero ha caído. El precio de los insumos de las empresas encargadas de la acuñación disminuye mientras el del producto que acuñan y su demanda sube. Como consecuencia obtienen mayores beneficios y, concomitantemente, aumentan su producción de servicios de certificación. A medida que producen y ofrecen más, su precio cae. Además, al incrementar la demanda por recursos los precios de estos suben. La tasa de beneficios que en un principio es alta, es a la larga reducida para ulterior producción (Herbener, 2012). Junto a las mineras, esto emplea recursos y factor trabajo adicional. 

Hay que tener en cuenta que, debido a que se cambia según peso, todas las formas de oro pueden potencialmente ser dinero. Un collar, un anillo, un reloj, un diente o cualquier ornamento de oro puede, aparte de su utilización exclusiva como bien de consumo o producción, ser usado como medio de intercambio. El problema es que la forma que adopta el oro en esos usos podría no ser la más conveniente o adecuada para los intercambio. Sin embargo, existe la posibilidad de fundirlos nuevamente para hacer barras bullion o, con más trabajo, acuñarse en monedas para ser usadas correctamente como dinero. Por supuesto, cambiar el oro de una forma a la otra consume recursos, en especial pasar desde bullion a monedas; fundir las monedas u otras cosas para hacer bullion suele ser menos caro (Rothbard, 1962: 33). 

Al aumentar la demanda de dinero metálico oro, se vuelve más rentable y atractivo transformar bienes ornamentales, así como insumos de producción dorados usados para esos y otros productos, en bullion o monedas. Esta oferta se suma a la de la extracción minera para satisfacer la creciente demanda. Además, esas actividades generan demanda de trabajo y otros recursos complementarios en fundición y todo el procesado del metal.

Por seguridad o conveniencia los agentes tal vez pueden desear mantener sus aumentados saldos de tesorería metálicos en los bancos. Si estos últimos producen certificados de dinero (sustitutos monetarios completamente cubiertos por dinero que equivalen a títulos de propiedad sobre un monto), su rentabilidad también aumenta. A diferencia de los medios fiduciarios, producir certificados de dinero es un negocio costoso y riesgoso aunque al menos insertado en el ámbito de cálculo económico monetario*. Los bancos, en estas circunstancias, producen y mantienen cuentas corrientes si los clientes que las usan están dispuestos a pagar honorarios que generen ingresos suficientes para cubrir los costos de administrarlas. Al incrementarse la demanda por cuentas corrientes, los bancos ofrecerán más para intentar captar los beneficios. Al aumentar la oferta de servicio de cuentas corrientes, los honorarios que cobran tienden a bajar. Además al demandar más recursos para administrar la mayor cantidad de cuentas hacen subir sus precios. Los beneficios extraordinarios caerán con la adicional producción de cuentas corrientes (Herbener, 2012).

En resumen, el aumento de la demanda de dinero metálico (oro, plata, etc.) se satisface o acomoda (1) a corto plazo ajustando al alza su poder adquisitivo y (2) a largo plazo incrementando gradualmente su cantidad. Cuán fuerte va a actuar cada uno de los dos factores dependerá de las condiciones de oferta de la industria minera (Garrison, 1985: 64) o capacidad exportadora. 

Los recursos (mano de obra, bienes de capital y usos de la tierra) liberados o desempleados desde el consumo y la inversión por el aumento de la demanda de dinero mercancía, encuentran empleo en: (a) principalmente minería y extracción, (b) industrias de exportación, (c) fundición, acuñación y certificación, (d) sector bancario administrando cuentas adicionales. Por supuesto, el empleo no se tenderá a expandir exclusivamente en estas actividades, sino también en ramas que surgen alrededor de ellas. Es falaz pensar que, en un régimen monetario respaldado con algún metal, al disminuir el gasto en consumo e inversión para demandar dinero necesariamente no hay más o no hay suficientes oportunidades de empleo.

Por otro lado, una caída de la demanda de dinero produce, mutatis mutandi, efectos inversos. La suba general de precios consecuente, eleva los costos de producción de las mineras. A medida que los beneficios de las compañías extractoras de oro caen, la tasa de producción anual se reduce. Minas antiguas y submarginales se abandonan, se deja de invertir en buscar nuevas y las actuales funcionando reducen su tasa de producción. Esa misma elevación de precios se transmite a todos los insumos industriales, incluyendo el oro, por lo que se incentiva a reasignar unidades de metal precioso desde los saldos de tesorería (demanda de dinero) hacia los usos de consumo o industria. Los factores se trasladan desde la producción de oro (las minas) hacia las industrias de consumo y de inversión. Eventualmente, a largo plazo, la oferta monetaria se contrae contrarrestando el efecto de corto plazo inicial de suba de precios, reestableciendo así el poder adquisitivo de la unidad monetaria (Salerno, 2010: 345, 359-60).

Irónicamente el Patrón Oro es el único sistema monetario contra el cual se usan dos argumentos contradictorios entre sí para criticarlo. Algunos dicen que el esfuerzo de minar oro usa demasiados recursos (monetaristas) y, por tanto, es un sistema con mucho desperdicio. Otros afirman que, por el contrario, utiliza demasiados pocos recursos (keynesianos) y, consecuentemente, deja muchos recursos desempleados.





*El hecho de si, como indica Mises, la libertad bancaria y un patrón dinero mercancía tendería a eliminar tanto la emisión de medios fiduciario como también la de certificados de dinero (Salerno, 2012) no entra en este post.



Garrison, Roger W. (1985) “The ‘Costs’ of a Gold Standard”. En Rockwell, Llewellyn H. Jr. Ed. (1985) The Gold Standard: An Austrian Perspective. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. Año 1992, pp. 61-79.

Hayek, Friedrich von (1937) Monetary Nationalism and International Stability. En Hayek, Friedrich von [Salerno, Joseph T. Ed.] (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Herbener, Jeffrey M. (2012) “Written Testimony by Jeffrey M. Herbener Professor of Economics Grove City College Before the Subcommittee on Domestic Monetary Policy and Technology Committee on Financial Services U.S. House of Representatives”.

Rothbard, Murray N. (1962) The Case for a 100 Percent Gold Dollar. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. Año 2001.

Rueff, Jacques (1947), “The fallacies of Lord Keynes’ General Theory”. En Hazlitt, Henry Ed. (1960) The Critics of Keynesian Economics. Irvington-on-Hudson, New York: The Foundation for Economic Education, Inc. Año 1995, pp. 238-63.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2012) “Ludwig von Mises as Currency School Free Banker”. En Hülsmann, Jörg G. Ed. (2012) Theory of Money and Fiduciary Media. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, pp. 95-125. También en Procesos de mercado: revista europea de economía política. Vol. 9, No. 2, pp. 13-50. Año 2012.

lunes, 3 de octubre de 2016

Funcionamiento del Patrón Oro: los efectos de cambios en los costos de producir oro

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Una de las particularidades del Patrón Oro y de los patrones dinero mercancía es que el oro o el bien económico que el mercado escoja tiene un precio fijo. Una onza de oro se intercambia por una onza. Mientras que el precio, medido en oro, de los demás bienes se modifica todo el tiempo. Un auto, por ejemplo, puede valer 100 onzas de oro y posteriormente 120 u 80 onzas. En el caso de cualquier bien (salvo el oro), ceteris paribus, su producción tiende a aumentar cuando su precio sube y a disminuir cuando su precio baja. Sin embargo, que el precio del oro medido en oro no cambie, no implica que su poder adquisitivo (en términos de todos los otros bienes) permanezca invariado. A diferencia de su precio en oro, los costos de producirlo sí varían constantemente a medida que el poder adquisitivo también lo hace (Kemmerer, 1944: 144-45).

Veremos que modificaciones en los costos de producir oro provocan:

(1) Cambios en la producción de oro y de oferta de dinero

(2) Como consecuencia de (1), cambios en el poder adquisitivo del oro usado como medio general de intercambio (dinero)

(3) También junto con (2), cambios en la producción de bienes útiles auríferos no usados como dinero

(4) Desequilibrios en la balanza de pagos que cesan luego de finalizado el proceso de ajuste monetario a la nueva situación de cambio en la producción de oro

Supongamos, por simplicidad, que partimos de una situación de “equilibrio” en la cual tanto oferta, demanda y, por ende, el poder adquisitivo son constantes. Bajo esas condiciones, las empresas mineras maximizan sus beneficios produciendo cierta cantidad de oro por año que es exactamente igual a la cantidad anual asignada en usos no monetarios más el monto gastado o destruido en empleo monetario durante el año (Salerno, 2010: 342-43, 358). Es decir, se produce lo suficiente como para reponer el oro (usado como dinero) que se ha perdido y para satisfacer los usos industriales o de consumo del metal (joyas, dentaduras, procesadores, etc.), nada más.

Ahora ocurre una mejora tecnológica en la industria minera o se descubre un yacimiento nuevo y fácilmente accesible. Ello significa que en la nueva situación los costos de las mineras han disminuido, aumentando su margen de beneficios y, por lo tanto, incentivando el incremento de la producción anual de oro. Por ejemplo, asumamos que hay una empresa minera y que esta saca 1.000 onzas de oro al año (sus ingresos) y que sus costos totales anuales son 950 onzas, entonces su margen de beneficios es 50 onzas o una tasa de 5,3 % anual. Si por la mejora tecnológica sus costos caen a 900 onzas mientras sus ingresos siguen igual, entonces su tasa de beneficio aumenta a 11,1 % o 100 onzas. O si por el descubrimiento de un nuevo yacimiento fácilmente accesible sus ingresos aumentan a 1050 onzas cuando sus costos siguen igual, su margen de rentabilidad también sube hasta aproximadamente 11 % o 100 onzas. En cualquier caso, el margen de beneficios pasó de 5,3 % a 11 % lo cual es un incentivo potente para que se produzca más.

Como la demanda de dinero no ha cambiado, la mayor oferta de oro (disponible para su función de medio de intercambio general) hará subir los precios en el mercado de bienes, servicios y activos financieros y, por consiguiente, reduce el poder adquisitivo de la unidad monetaria. Es decir que el incremento de la cantidad de dinero perturba el previo equilibrio monetario existente, haciendo que ciertos agentes tengan un exceso de efectivo en sus saldos de tesorería que llevará a un exceso de demanda en el mercado de bienes, servicios y activos financieros (Salerno, 2010: 155, 342-43, 358).

Cada unidad monetaria (onza de oro) ahora compra menos bienes y servicios y activos financieros. Ceteris paribus, la producción de cualquier unidad adicional de dinero hace que esta sea menos valorada para su poseedor de lo que sería de otro modo, vale menos comparado con los demás bienes y servicios que no son dinero. Con mayor ingreso y ante unas tenencias de efectivo mayores de lo que serían en otra situación, los agentes se inclinan a aumentar sus compras y disminuir sus ventas. Como comprador tenderá a pagar más a cambio de los bienes y servicios que desea y como vendedor de estos procurará pedir precios más altos. En definitiva, la producción de dinero implica una tendencia de los precios monetarios a subir. Sin embargo, la subida no será ni proporcional en todos los precios ni simultánea. La tendencia al aumento se manifiesta primero y con más fuerza solo en los precios pagados por el productor de dinero. Ciertos precios de determinados bienes que el productor de dinero desea sufren el impacto monetario en primera instancia. Solo en un momento posterior se esparce por el resto de la economía pues los individuos que vendieron bienes y servicios al productor de dinero ahora tienen ingresos más altos y excedentes dinerarios mayores de lo que serían en otra circunstancia. Los precios de los bienes que ellos desean también tienden a subir. Unos terceros agentes tendrán saldos de tesorería más altos de lo que sería de otro modo, con lo cual comienza otra ronda de suba de algunos precios. El proceso de suba sigue paso a paso y en diferentes proporciones hasta que todos los precios han subido (por encima de lo que habrían aumentado sin el dinero adicional en circulación) en distinto grado y se ajustaron a una mayor existencia de dinero. Ello necesariamente implica la disminución del poder adquisitivo de la unidad monetaria (Hülsmann, 2008: 44-45).

Este proceso de desvalorización paso a paso de la unidad monetaria genera una redistribución a favor del productor de dinero. Sin embargo, esa redistribución no es per se mala ni indeseable. Lo favorece porque ha sido eficiente y ha disminuido sus costos a la vez que produce algo demandado por la sociedad, con lo cual su rentabilidad ha aumentado. Como también aumenta la rentabilidad en cualquier otro negocio en el mercado y más recursos van hacia los productores más eficientes, ese tipo de redistribuciones de riqueza e ingresos son un elemento esencial del proceso de mercado (Hülsmann, 2008: 49).

El mecanismo del mercado tiene, sin embargo, un freno “automático” o espontáneo que comienza a operar inmediatamente para poner coto a cualquier expansión de la producción de oro. El aumento de la oferta de metálico relativo a la demanda tiende a incrementar la disponibilidad de oro para fines de uso monetario. El incremento de precios de los bienes, servicios y activos que ese adicional stock de dinero provoca, hace al oro menos valioso, cae su poder de compra. Entre los bienes que suben de precio están los elementos que entran en los costos de las mineras: explosivos y otros químicos, maquinaria e insumos necesarios para que funcionen (repuestos, gasolina, neumáticos, etc.), la cal, la energía eléctrica, el agua, los salarios del factor trabajo necesario para operar las maquinas, hacer ingeniería o geología, etc. Estos costos en ascenso presionan contra el precio fijo del oro, erosionando el margen de beneficios que, previo a las acciones llevadas a cabo para aprovecharse de él, era relativamente alto. Esa caída de beneficios tiende a reducir la producción aurífera (Kemmerer, 1944: 145-46).

Por regla general, cuando el nivel de precios es alto o está creciendo la minería tiende a ser menos rentable que las otras ramas de la industria. En consecuencia, menos dinero se producirá y los precios monetarios tendrán propensión a bajar. Y la minería tiende a ser más rentable cuando el nivel de precios es más bajo o está cayendo. Impulsando mayor producción de oro y presionando hacia arriba los precios (Hülsmann, 2008: 73). O, expresado de otro modo, la producción de oro tiende a aumentar cuando el poder adquisitivo o valor del oro aumenta y a disminuir cuando el mismo cae (Kemmerer, 1944: 146). En el caso que nos incumbe, la producción adicional de dinero, al elevar sucesivamente los precios, también tiende a bajar la rentabilidad de seguirlo produciendo.

La suba general de precios en la economía incluye los de los bienes y servicios en los que el oro es su insumo (las mencionadas joyas, dentaduras, procesadores, etc.). Luego del cambio, el oro utilizado en industria da un beneficio neto mayor en términos del oro monetario, es decir, el metal precioso es relativamente más rentable en usos no monetarios que en los monetarios. Al haber más oro disponible gracias a la mayor producción, no solo aumenta su oferta para usos monetarios sino que también se incrementa la oferta de insumos para los que producen utilizando el metal precioso. La mayor oferta de insumo, ceteris paribus, hace caer el precio pedido por él, reduciendo los costos de productores de bienes de consumo o capital dorados. La caída del valor monetario del oro reduce los costos de oportunidad de emplearlo en alternativos usos no monetarios. Los empresarios son incentivados a emplear y asignar cantidades adicionales de oro a producir bienes de consumo y de capital. La adicional oferta de estos productos de oro, a lo largo del tiempo tiende a disminuir sus precios y reducir o eliminar la discrepancia entre los valores monetarios e industriales del metal dinerario. De paso, satisfaciendo necesidades humanas y, en definitiva, mejorando el bienestar (Salerno, 2010: 342-43, 358).

El mercado tiene un mecanismo interno espontáneo para incentivar que se “retire” de la circulación monetaria una buena parte del excedente de oro producido. Además, ese metal precioso que se “saca” de la oferta monetaria no va al vacío o se pierde inútilmente, sino que tiende a satisfacer necesidades humanas y aumentar el bienestar.  

Como se ve, en un sistema de Patrón Oro la reducción del poder adquisitivo de la unidad monetaria NO es, afortunadamente, el único efecto de un incremento de la oferta de oro. El nuevo oro en el mercado como consecuencia de su incrementada producción es en una considerable parte absorbido por usos no monetarios (industriales) y ello ayuda a mitigar el efecto del excedente de metálico en la oferta monetaria. Adicionalmente a ello, y mientras exista demanda industrial de oro, aumenta el bienestar humano al incrementar la producción de bienes útiles auríferos. Que haya más joyas, más dentaduras, más procesadores, etc. implica que alcanza para más usos y para mayor número de personas; ello mejora el bienestar social o al menos el bienestar de muchos se eleva sin perjudicar el de otros, dado que son bienes útiles con demanda. Aun así, no se desconoce que incluso en el ejemplo anterior, bajo el nuevo “equilibrio” la oferta de oro para uso monetario aumentó, produciendo una suba general de precios o, lo que es lo mismo, una baja del poder adquisitivo de dinero (Salerno, 2010: 342-43, 358).

El mecanismo de flujo-precio-especie también entra en juego para el proceso de ajuste monetario a la nueva situación. Al incrementarse la oferta monetaria se tiende a hacer crecer los precios dentro del país. La suba de precios relativos provoca que las exportaciones se contraigan al ya no ser competitivas. La salida de oro del país vía déficit de balanza de pagos es la consecuencia. Pero la equilibración no se produce solo vía ascenso de precios. Dado que también están subiendo ingresos y precios monetarios de activos en la nación, más dinero se gastará en importaciones. Este “efecto ingreso” o efecto balance de efectivo generalmente actúa más rápido que el efecto precio (Rothbard, 1995: 426-27). A medida que aumenta el ingreso de los agentes nacionales, experimentan un excedente dinerario respecto a su demanda. Es así como los habitantes aumentan sus compras externas.

Tarde o temprano, y ello dependerá de cada caso concreto, el exceso de demanda en los mercados de bienes y activos debido al excedente de dinero respecto a su demanda monetaria resulta en una salida neta de oro del país a través de las cuentas corriente y capital. El déficit de balanza de pagos continuará hasta que los residentes consideren que se han deshecho del exceso de efectivo, el equilibrio vuelve al mercado monetario doméstico y concomitantemente cesa el escape neto de dinero (Salerno, 2010: 155).

Cuando los costos de producir oro aumentan, el caso es, mutatis mutandi, el inverso. Ello puede ocurrir, por ejemplo, porque se agotan las minas y depósitos más fácilmente accesibles. La tasa de producción anual de oro cae. A largo plazo, ello implica una caída de los usos industriales del metal precioso así como una contracción de la oferta monetaria y, por ende, una baja general de precios o una subida del poder adquisitivo del dinero (Salerno, 2010: 359).

Por último, vale la pena indicar que aunque ciertamente los cambios en los costos de producir oro afectan la oferta monetaria, dadas las características del oro ese efecto tiende siempre a ser mínimo. Las razones básicas son que (a) el oro es, en comparación con otros bienes reproducibles, extremadamente escaso y también (b) altamente durable. Su producción anual tiende a ser muy pequeña respecto a su stock existente total, es decir, su ratio flujo/stock es muy bajo. Por ende, incluso unas inusualmente pronunciadas bajas o subas de costos de producción del metal precioso no causarán a corto plazo grandes fluctuaciones de oferta monetaria (Salerno, 2010: 359).





Kemmerer, Edwin W. (1944) Gold and the Gold Standard: The Story of Gold Money Past, Present and Future. New York and London: McGraw-Hill Book Company.

Hülsmann, Jörg G. (2008) The Ethics of Money Production. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Rothbard, Murray N. (1995) An Austrian Perspective on the History of Economic Thought: Economic Thought Before Adam Smith. Volume I. Vermont: Edward Elgar Publishing.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Oferta monetaria bajo Patrón Oro

Sustituto monetario de 1908 en EE.UU.
Fuente: Wikimedia

Cuando se pone en discusión la vuelta al Patrón Oro o cómo funcionaba en el pasado, suele surgir la pregunta: bajo un sistema monetario de dinero duro, ¿Cuál sería la oferta monetaria? Como veremos a continuación, la respuesta es simple: consiste en el oro de varias formas y denominaciones de peso que haya, más las reclamaciones en forma de notas bancarias y depósitos a la vista.
 
Tanto las notas de banco como los depósitos a la vista sujetos a cheque, en circunstancias normales (no de crisis y no depresivas), son aceptados en transacciones monetarias como sustitutos del bien monetario físico. Por esta razón son “sustitutos monetarios”, porque ocupan el lugar del dinero material per se en los intercambios. En términos económicos, los debates jurídico-legales son irrelevantes para este caso, equivalen a recibos de almacenamiento (warehouse receipt), cambiables por oro en cualquier momento en las instituciones emisoras. Por eso sustituyen al metal precioso (bien monetario): dado que se sabe que uno puede ir a la institución en cualquier momento y obtener de inmediato exactamente la cantidad de oro que dice el papel. Tener esos sustitutos monetarios equivale a ser el dueño de ese monto de oro, poseerlos corresponde económicamente a detentar un título de propiedad sobre el monto dinerario.

En cuanto a los depósitos a la vista, recuerden que, al momento de pagar, no es el cheque en sí mismo lo que actúa como sustituto de dinero. El cheque solo es la orden escrita de transferir el deposito a la vista (o una fracción del mismo) de una persona a otra. Es el depósito a la vista (demand deposit), y no el cheque, lo que funciona como si fuera dinero (sustituto monetario); pues es un recibo de almacén (no escrito) equivalente al dinero (Rothbard, 1983: 105). Los depósitos y las notas de banco deben ser redimidos en dinero, pero no son ese dinero a ser redimido. Pueden ser tratados como sustitutos de dinero, pero no son dinero.

Veamos los conceptos con más precisión:

¿Qué son los sustitutos monetarios? Son reclamaciones (claims) a una determinada cantidad de dinero y que son (i) seguras y ciertas, (ii) instantáneamente redimibles (iii) a valor par y, por supuesto, (iv) en especie (metal precioso, dinero). Además, y este punto es importante, (v) el público sabe, piensa o percibe los puntos anteriores.

Esos sustitutos monetarios, a su vez, pueden estar (a) cubiertos completamente por dinero (se llaman “certificados de dinero”) o (b) no estarlo (denominándose “medios fiduciarios”).

¿Qué es una nota de banco? Simplemente es un recibo (escrito en un papel, claro) que el banco da a sus depositantes en el cual se explicita que la institución se compromete a entregar en demanda una cierta cantidad de oro (o papel moneda del gobierno u otras formas de efectivo). En otras palabras, es un pagaré o nota promisoria pagadera en demanda al portador en dinero equivalente a su monto nominal (face value). Por supuesto, no genera interés.

¿Qué es un depósito a la vista (demand deposit)? Luego de que se usaran las notas de banco, emergió otra forma de recibo: el depósito a la vista. Es una cuenta intangible, a diferencia de la pieza tangible de papel como la nota, en una institución en la cual los fondos depositados pueden ser redimidos en cualquier momento en dinero en efectivo. El retiro de fondos de la cuenta a cambio de efectivo se puede realizar sin ninguna necesidad de anoticiar previamente a la institución.

Económicamente, los depósitos a la vista y las tangibles notas de banco son simplemente dos formas tecnológicas de la misma cosa: un recibo cambiable con seguridad por dinero efectivo (oro) inmediatamente a valor par (Rothbard, 1983: 106).

Recordando la clasificación del dinero, sabemos que bajo Patrón Oro la oferta monetaria consiste de (Salerno, 2010: 357; Heilperin, 1939: 25-26):

(1) Oro físico: que puede presentarse en (a) varias formas (monedas, barras, joyería) y (b) distintas denominaciones de peso (onzas, gramos, granos).


(2) Reclamaciones de oro: que pueden presentarse en forma de (a) notas de banco papel y (b) depósitos a la vista sujeto a cheques.

Es decir que en un verdadero sistema de Patrón Oro las reclamaciones, sean notas de banco o depósitos a la vista (y equivalentes), son sustitutos monetarios (Mises, 1949: 429). Desde el punto de vista y para el análisis económico, los sustitutos monetarios no son dinero. Se puede decir que, bajo ciertas circunstancias, actúan como si fueran dinero, pero no que son dinero en sentido estricto. En resumen:


Dinero = oro = monedas, bullion, etc. en granos, onzas, gramos, etc.

Sustitutos monetarios = notas de banco y depósitos a la vista

Oferta monetaria = dinero + sustitutos monetarios

Descontando ciertos episodios de fraude y falsificación, la oferta total de dinero en la economía es en última instancia siempre igual al peso total de oro que mantienen en sus saldos de tesorería el público no bancario más las reservas de los bancos (Salerno, 2010: 357).

En definitiva, bajo Patrón Oro las notas de banco y depósitos a la vista (y equivalentes) son sustitutos monetarios redimibles inmediatamente por oro a valor par.





Heilperin, Michael A. (1939) International Monetary Economics. New York: Longmans, Green and Co.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action: The Scholar’s Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Rothbard, Murray N. (1983) The Mystery of Banking. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2008.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mis
es Institute.

sábado, 9 de mayo de 2015

Más sobre la FED siendo expansiva en los 30s


Continuando con el post anterior sobre la FED en los 30s, veamos un par de puntos más. 

De acuerdo con el relato monetarista clásico de Friedman y Schwartz (1963), que también pueden ver en este video (desde 11:50 hasta 15:25), la Reserva Federal se comportó magníficamente en los años 20s. ¿Quién era el artífice de ese logro? Benjamin Strong, el presidente el Banco de la Reserva Federal de Nueva York y prácticamente quien dirigía las políticas de todo el sistema de la Reserva Federal desde que comenzó a funcionar en 1914. Lamentablemente, Strong murió en 1928. Al ocurrir eso, sus sucesores cambiaron las medidas que Strong pudo haber realizado de haber estado vivo en 1929-1933. La FED y sus oficiales fueron inconsistentes con la política previa que llevaba a cabo Strong y, por ello, el Banco Central no evitó el colapso de la oferta monetaria. El órgano central monetario, de haber actuado consistentemente con lo que hacía su fallecido predecesor, habría sido expansiva y no pasiva.

Recuerden que, para Friedman y Schwartz y los monetaristas, lo que causó la depresión fue la contracción de la oferta monetaria. No es que la FED causó directamente la Gran Depresión, sino que ella falló en realizar las políticas que hubieran evitado que la recesión se convierta en depresión.

A continuación, algunos datos para observar que tan "pasiva" fue la FED en 1929-33:

Tasa de Descuento del Banco de la 
Reserva Federal de Nueva York
La tasa de descuento del Banco de la Reserva Federal de Nueva York (Board of Governors, 1943: 441), fue reducida casi constantemente entre octubre de 1929 (cuando cae la bolsa, barra azul) y fines de 1931. Llegando así al mínimo de toda la historia de la FED hasta ese momento: 1,5 %. En noviembre de 1931 aumentó hasta el 3,5 % debido al abandono del Patrón Oro de Gran Bretaña. Rothbard (1963: 262-63), correctamente, evita caer en la "falacia de la tasa de interés" en la que caen muchos al basarse solo en esa suba como una muestra de que la FED estaba teniendo una política monetaria "restrictiva". Aun cuando la tasa de interés ciertamente subió, las reservas controladas aumentaron en ese periodo. Por lo tanto, la Reserva Federal seguía siendo decididamente inflacionaria. En 1932 vuelve a bajar al 2,5 % y en 1933 hasta el 2 %.

Bonos del Tesoro comprados 
por la FED, octubre de 1929 = 100
Como se observa en el gráfico, entre octubre de 1929 y diciembre de 1933, tomando el promedio (diario) en cada mes, las compras de bonos del Tesoro aumentaron un 1.479 % (Board of Governors, 1943: 371). En particular, luego de octubre de 1929 y de febrero de 1932, ocurren dos saltos muy importantes. Difícilmente puede tomarse un 1.400 % de aumento como una actitud tímida por parte de la FED.

Reservas por bonos del Tesoro comprados 
por la FED, octubre de 1929 = 100
En el gráfico de arriba se muestran nuevamente las compras de bonos del Tesoro, con octubre de 1929 = 100 también usando el promedio de todos los días de cada mes (Board of Governors, 1943: 370-71), pero hasta 1931. Observen como, inmediatamente producido el crash de la bolsa de octubre de 1929 (barra azul), la FED triplicó su tenencia de bonos del Tesoro. Llegando a quintuplicarla a fines de 1931.

En cuanto a que la FED no actuó de manera consistentemente inflacionaria en 1930-33, tanto los economistas austriacos como hace pocas décadas otros economistas, han expresado su gran desacuerdo. La Reserva Federal fue todo lo expansiva que pudo de acuerdo a los austriacos y, según otros economistas (incluyendo algunos monetaristas), la FED no se comportó muy diferente a como Strong hubiera actuado en 1929-1933.

El que es posiblemente el mejor economista monetario de la Escuela Austriaca vivo hoy, Joseph Salerno, se enfrentó al monetarista Richard Timberlake en 1999-2000 sobre si la FED fue o no inflacionaria en 1930-1933. Salerno (1999) demostró, entre otras cosas, que la FED sí fue consistentemente expansiva durante 1930-33. Su artículo se subtitula: "La política monetaria de la Reserva Federal fue consistentemente inflacionista." Y su conclusión es:
Nuestra conclusión, entonces, es que la política monetaria de la FED, a excepción de periodos muy breves en 1929 y 1936-37 cuando se volvió levemente desinflacionista; fue incansable y consistentemente inflacionista en los 1920s y 1930s.
Allan Meltzer (uno de los fundadores del monetarismo moderno y el más grande heredero de Milton Friedman) unos años luego, en su monumental obra sobre la historia de la Reserva Federal, confirma la conclusión de Salerno de que la FED fue consistentemente expansiva en 1929-33 (Meltzer, 2003: 273-74):
Un problema con algunas de estas explicaciones es que la Reserva Federal no fue enteramente pasiva durante los tres y medio años del declive. Más de un vez compró títulos o bajo la tasa de redescuento. Respondió activamente a eventos tales como la salida del Patrón Oro de Gran Bretaña en octubre de 1931 aumentando la tasa de redescuento para contrarrestar una salida de oro, como las reglas del Patrón Oro requerían… Como notan Wicker (1966), Brunner y Meltzer (1968b) y Wheelock (1990, 1992); los oficiales de la Reserva Federal se comportaron consistentemente en los declives de 1923-24, 1926-27 y 1929-33.
Por supuesto, a pesar de esta confesión, y como todo buen monetarista, más adelante Meltzer se ve obligado a recordar que él acepta la esencia de la explicación de la Escuela de Chicago: que la FED pudo haber evitado el desastre expandiendo lo suficiente. Según Meltzer (2003: 728-29): 
Si la Reserva Federal hubiera mantenido el crecimiento monetario, el país y el mundo habrían evitado años de depresión. El fracaso de actuar durante la Gran Depresión fue el más grande error de la Reserva Federal, pero estaba lejos de ser el único.
En el último párrafo de la conclusión del libro del economista monetarista David Wheelock (1991: 117), a quien vimos defender muy deshonestamente la Reserva Federal contra el Patrón Oro; se puede leer:
El comportamiento de la Reserva Federal durante la depresión fue, por lo tanto, ampliamente consistente con sus políticas previas. La FED quería limitar la depresión y deseaba una política monetaria laxa para alcanzar su objetivo.
De hecho, hasta (nuevos) keynesianos como Romer y Romer (2012) dicen que, según Friedman y Schwartz, la FED fue consistentemente expansiva los primeros meses luego del crac del 1929: 
Más aún, como describen Friedman y Schwartz, a fines de 1929 y principios de 1930 la Reserva Federal incrementó el stock de dinero de alta potencia agresivamente. Por sus propios registros, la Reserva Federal actuó apropiadamente, o al menos dentro de los parámetros normales, para un banco central en su época.

Aun asumiendo que la política monetaria hubiese sido del tamaño de la expansión de 1932 pero practicada en 1930 (evitando así, el lema monetarista de que los mil millones de bonos del Tesoro comprados en solo cinco meses de 1932 fueron "demasiado poco y demasiado tarde"), ello no hubiera evitado la depresión. ¿Por qué? Porque, para salir de la depresión, los precios relativos, costos y tasas de interés debían ajustarse. Unos debían bajar mientras otros subían relativamente. Un incremento de la cantidad de dinero interrumpe ese proceso poniendo presión (artificial) al alza de muchos precios que deben bajar y aumentando artificialmente otros que habrían subido relativamente menos. Seymour Harris en 1933, antes de convertirse en uno de los mayores economistas keynesianos, tenía muy claro esto y lo expresó sucintamente (citado por Rothbard, 1963: 305-06). Sobre las enormes compras de bonos del Tesoro americano desde 1930 a 1932 dijo: "[H]an retrasado el proceso de liquidación y reducción de costos y, por lo tanto, han acentuado la depresión."

Tanto el gobierno como la FED, se esforzaron en evitar el reajuste en 1929-1933 y, gracias a ello, ocurrió el mayor cataclismo económico del siglo XX en Estados Unidos. Esa es la verdadera lección a aprender.




Board of Governors of the Federal Reserve System (U.S.) (1943) Banking and Monetary Statistics, 1914-1941. Washington, D.C.

Friedman, Milton y Schwartz, Anna J. (1963) A Monetary History of the United States, 1867-1960. Princeton, NJ: Princeton University Press. 1993.

Meltzer, Allan H. (2003) A History of the Federal Reserve, Volume 1: 1913-1951. Chicago: The University of Chicago Press.

Romer, Christina D. y Romer, David H. (2012) "Friedman and Schwartz’s Monetary Explanation of the Great Depression: Old Challenges and New Evidence". Preliminary Draft.

Rothbard, Murray N. (1963) America's Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000.

Salerno, Joseph T. (1999) "Money and Gold in the 1920s and 1930s: An Austrian View. The Federal Reserve's Monetary Policy Was Consistently Inflationist". Foundation for Economic Education: The Freeman. En Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 421-39.

Wheelock, David C. (1991) The Strategy and Consistency of Federal Reserve Monetary Policy, 1924–1933. Cambridge, U.K.: Cambridge University Press.