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jueves, 29 de octubre de 2015

El mito del "recalentamiento de la economía"


De acuerdo con la corriente principal (mainstream) de la ciencia económica, el "recalentamiento de la economía" ocurre cuando hay un exceso de demanda agregada (gasto monetario) respecto de la oferta agregada (producción potencial o tendencial). Ese exceso provoca desequilibrios como que la inflación aumente.

La analogía es la de un motor (la economía de un país) que, en el principio, comienza a funcionar (nivel de actividad del país) desde su mínimo y está frío. Luego mientras sigue funcionando, a medida que pasa el tiempo y llega al máximo de su potencial o lo sobrepasa, su temperatura (inflación) aumenta hasta llegar a valores preocupantes.

Alan Greenspan explica el caso clásico del supuesto recalentamiento (Salerno, 2010: 546). Cuando las empresas invierten (realizan gasto en inversión) en nuevo equipo capital o procesos tecnológicos demandan crédito adicional a los bancos. Cuando ese crédito se gasta en esos proyectos, los precios de los factores, incluyendo salarios, suben. Al subir esos costos, las empresas reaccionan aumentando los precios de los productos. Ello aumenta el costo de vida que incentiva a los trabajadores a pedir ulteriores aumentos de salarios. Lo que aumenta los costos y precios todavía más, precipitando una potencialmente explosiva "espiral salarios-precios" que puede hacer salir de control la inflación.

Esta historia, aceptada tanto por el mainstream como por la supuesta "heterodoxia", es, sin embargo, completamente errónea.

Si las empresas demandaran más crédito para invertir en bienes de capital o nueva tecnología, suponiendo que el ahorro permanece igual, las tasas de interés tenderán a subir y otras empresas van a pedir prestado menos de lo que lo hacían a las anteriores menores tasas. Si el banco central decide "acomodarse" a esta mayor demanda de crédito, solo puede hacerlo inyectando adicionales reservas en el sistema bancario y expandiendo la cantidad de dinero (en sentido amplio). Es decir, el incremento de la oferta de crédito no es inflacionario a menos que aumente la oferta monetaria (Salerno, 2010: 546-48; Lewin, 2012).

Si no se produce un aumento del crédito sin respaldo (o sea, un incremento por emisión de medios fiduciarios) ni del crédito verdadero (respaldado por ahorro genuino), una expansión adicional de la demanda de recursos para invertir y ampliar el aparato productivo por parte de los empresarios provocará un aumento de 1) el precio de los factores de producción (materias primas, trabajadores, herramientas, etc.) complementarios necesarios y 2) las tasas de interés de los fondos requeridos (Hayek, 1929, 2008: 35, 37, 41; Mises, 1949: 583). Ni los recursos reales (maquinas, trabajadores, instalaciones, hierro, etc.) ni los fondos prestables disponibles han aumentado mientras que sí lo ha hecho la demanda por ellos. La suba de costos, 1) y 2), por la mayor demanda para las inversiones adicionales abortará inmediatamente el intento de expansión desmesurada de los inversores. El valor actual de muchos proyectos cae porque suben las tasas.

Pero además, el proceso de crecimiento económico es posible porque los hogares deciden ahorrar más de su ingreso corriente que antes. Ese ahorro adicional provee a las empresas de fondos y recursos para invertir en construir bienes de capital, incluyendo los nuevos y diferentes necesarios para implementar los innovadores procesos tecnológicos. Luego, una vez que los bienes de capital estén completos y los nuevos procesos tecnológicos estén en marcha, la productividad del trabajo sube permitiendo que los negocios oferten más cantidad de productos de consumo a menor costo por unidad. De esta forma la economía crece aumentando la oferta de numerosos bienes de consumo resultando en una baja de sus precios. Aun en esas circunstancias, los beneficios continúan siendo altos y las empresas crecen sanas a pesar de la baja de precios de venta debido a que los costos medios caen más (inducidos por la acumulación de adicionales bienes de capital y mayor productividad del trabajo).

En palabras simples, el crecimiento económico, entendido como un aumento de la oferta y disponibilidad de bienes de consumo que desea la población gracias a la acumulación de capital, no es inflacionario. Repito, el crecimiento económico no es inflacionario. Si no se produce un aumento del dinero sin respaldo, la economía no se "recalienta" por mayor nivel de actividad. Al contrario, la expansión de la producción por mayor ahorro y acumulación de capital presiona todavía más los precios de los bienes a la baja. Es falso también que "para crecer necesitamos 'un poco' de inflación". 

Eso es lo que ocurrió con la industria de la electrónica, los videojuegos y las computadoras. La enorme acumulación de capital permitió que sus precios bajaran de manera brutal casi constantemente desde los 70s hasta hoy. Al mismo tiempo que mantenía márgenes de beneficios positivos y crecía el sector enormemente. En 1970 una computadora valía, y no estoy exagerando, unos U$S 4.600.000. Hoy una Dell de escritorio está en U$S 400 y no necesito ni si quiera explicar lo infinitamente superior que es en hardware y software a una de 1970. O veamos como evolucionó el precio de las computadoras portátiles y de escritorio desde 1992 hasta hoy.


Y para que vean que no estoy cometiendo una falacia de la composición con ese ejemplo (lo que es cierto para la industria informática particular no es cierto para la economía toda), les daré un caso histórico de una economía entera que creció con deflación: Estados Unidos en 1865-1896. Los precios tendieron a bajar todo ese periodo.




La tasa compuesta de crecimiento anual basada en los datos de PBN real de Balke y Gordon para 1869-1896 fue 3,74 %, con los datos de Romer en ese mismo periodo fue 4,06 % y según Officer y Williamson (Measuring Worth) fue 3,79 % para el intervalo más amplio 1865-1896. Incluso el PBI real per capita, según estos dos últimos autores, crece a una nada despreciable tasa de 1,46 % anual entre 1865 y 1896. Y no es despreciable porque debemos tener en cuenta que la población se duplicó en ese lapso desde 36 a 71 millones. Nadie puede negar que la economía creció notablemente entre 1865 y 1896. 

Mientras tanto, en los 31 años entre 1865 y 1896 los precios de los bienes de consumo cayeron (es decir, deflación) a una tasa anual de 1,86 % según el índice del nivel general de precios del NBER, 1,95 % según el IPC de la FED de Minneapolis y 2,11 % según el IPC de Officer y Williamson (Measuring Worth).

La economía americana crece (no sin algunas crisis en el medio, claro) hasta más o menos triplicarse en todas las series de producto bruto real estimado. Y ello ocurrió cuando los precios de los bienes finales tendieron a bajar todo el periodo.



Observen, además, que los salarios reales de los trabajadores se duplicaron en el lapso deflacionario de 1865-1896. Lo cual muestra que la productividad del trabajo ciertamente aumentó.

La inflación en absoluto es necesaria para crecer. La teoría del recalentamiento de la economía es uno de los grandes mitos de la Macroeconomía.








Hayek, Friedrich A. von (1929) Monetary Theory and the Trade Cycle. London: Routledge. 1933. En Salerno, Joseph T. Ed. (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Lewin, Peter (2012), "Austrian Capital Theory: Why It Matters". New York: Foundation for Economic Education.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

martes, 2 de junio de 2015

Problemas económicos de la reserva fraccionaria (III): ¿Evidencia histórica?


Termina aquí esta breve trilogía (parte uno y parte dos) de posts sobre los problemas económicos de la reserva fraccionaria.

La historia por sí sola, debido a su alto grado de complejidad, incompletitud y a veces ambiguo carácter; no sirve para llevar a fin este tema de forma definitivamente convincente (Hauwe, 2006). Aun así, la típica forma de contra argumentar de los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria es más o menos así: "Tenemos evidencia histórica de determinados periodos con relativamente mucha libertad bancaria sin Banco Central, y ninguno ha tendido al 100 % de reserva."

Cuando los defensores de la banca libre con reserva fraccionaria hablan de "evidencia histórica", muchas veces, se refieren a uno de los casos más citados y estudiados: la banca libre de Escocia en 1716 (1765)-1845. Particularmente, se apoyan en el estudio de unos de los "free bankers" más importantes: Lawrence White. Sin embargo, el asunto no es tan simple.

Rothbard (1988) ofrece una refutación completa del estudio de White. La banca escocesa no fue libre. No solo eso, sino que el sistema bancario escoces ni siquiera se comportó mejor que el inglés. A él se sumaron otras críticas por parte de Carr y Mathewson (1988) y también Cowen y Kroszner (1989). Recientemente Brian Simpson también critica el caso en su gran obra sobre dinero, banca y ciclos económicos (Simpson, 2014: cap. 6). El caso histórico más llamativo de los defensores de la banca libre con reserva fraccionaria resultó ser increíblemente débil.

Pero aún falta lo mejor. Larry Sechrest fue uno de los teóricos e historiadores más importantes de la banca libre con reserva fraccionaria. Como se observa en cualquiera de sus escritos, siempre ha sido extremadamente crítico con los partidarios del 100 %. Nadie puede dudar de su pedigrí pro-reserva fraccionaria (con libertad bancaria). Sin embargo, realizó una devastadora crítica (Sechrest, 1988; 1991; 1993: 79-93) del caso escoces, y del tratamiento de Lawrence White en particular, como ejemplo de libertad bancaria. Este fue uno de los episodios de "fuego amigo" más importantes en la historia del debate del 100 % vs reserva fraccionaria y un golpe demoledor al hasta hoy en día citado "caso escoces". Las palabras de Sechrest no pueden ser más claras. Con un notable pesar, exclamó en su conclusión: 
"En resumen, la tesis de White de que los escoceses disfrutaron de libertad bancaria no está respaldada por la evidencia." (Sechrest, 1988).
Es muy interesante que hasta el propio Rothbard confiesa (Rothbard, 1988) que, al principio, había aceptado sin muchas críticas el caso de banca libre escocés (como se ve en Rothbard, 1983: 183-86). Luego investigó por sí mismo el tema y cambió radicalmente de opinión (Rothbard, 1988). Y Sechrest (1988) también cuenta que Rothbard le sugirió que revisara el episodio, haciéndolo darse cuenta asimismo de lo cuestionable del asunto. Lo cual habla de la enorme honestidad intelectual de Sechrest.

Un caso histórico que ilustra como la reserva fraccionaria, mantenida artificialmente como privilegio legal, terminó en un Banco Central; es el del periodo de libertad bancaria norteamericano de 1837-1862 (Howden, 2014). Los privilegios legales del sistema bancario americano durante esa era de libertad bancaria de 1837-1862 hicieron que el inestable sistema de reserva fraccionaria se mantuviera artificialmente, no sin provocar sucesivos periodos de inestabilidad y ciclos económicos como el pánico de 1857 (Howden, 2014). Según David Howden: 
"Durante esta era la provisión de dinero fue hábilmente manejada por una banca privada, competitiva en emisión de notas; y en ausencia del privilegio legal de la reserva fraccionaria este sistema habría sido sostenible, eliminando los incentivos a crear el centralizado Sistema de la Reserva Federal 60 años luego." (Howden, 2014)
Lejos de ser un caso favorable a la banca libre con reserva fraccionaria, solo ilustra históricamente como esta llevó a ciclos económicos y pánicos que impulsaron una serie de intervenciones que culminaron en la Reserva Federal. Cosa que el análisis teórico provisto por los partidarios del 100 % ya demostró: que la reserva fraccionaria culmina, para poder subsistir en última instancia, en el establecimiento de un Banco Central. El "pecado original" del periodo 1837-1862 no fue la libertad bancaria, sino el privilegio legal de poder emitir notas contra reservas fraccionarias (Howden, 2014).

Por supuesto, en este post no voy a revisar todos los casos históricos donde pudo haber habido libertad bancaria. Basta con señalar, una vez más, que la banca escocesa, el caso paradigmático y uno de los más estudiados y citados de "banca libre"; no fue libre. El periodo ha sido severamente cuestionado en muchos puntos clave, incluso por los propios "free bankers". No es claro en absoluto que este caso cuente como evidencia. De hecho, hay dudas incluso de que el caso australiano o canadiense hayan sido de libertad bancaria (Simpson, 2014: cap. 6). 

Siempre debe quedar claro algo: el problema que plantean los partidarios del 100 % no es, ni jamás ha sido, la libertad bancaria. Sino que el asunto se trata de la reserva fraccionaria. Como correctamente concluyen Bagus y Howden: 
"Noten que nuestro paper no ha probado que un sistema de banca libre sea inherentemente inestable. Sino que arroja luz a las deficiencias (o lo que llamamos 'trivialidades') sobre la habilidad de un sistema de banca libre para ofrecer estabilidad mientras opere con reserva fraccionaria." (Bagus y Howden, 2012).
Por último, en honor a encontrar algún punto reconciliador en este debate, podemos coincidir con los partidarios de la reserva fraccionaria en que todos queremos completa libertad bancaria, sacar al Estado y al Banco Central absolutamente del tema monetario. Dejemos que el mercado se encargue de la reserva fraccionaria. ¿Va a desarrollarse generalizadamente la reserva fraccionaria como la proponen los "free bankers" en un mercado realmente libre? Podemos apostar, yo estoy seguro que no.



Bagus, Philipp y Howden, David (2012), "Still unanswered quibbles with fractional reserve free banking". Review of Austrian Economics. Vol. 25, No. 2, 159-171.

Carr, Jack L. y Mathewson, Frank G. (1988) "Unlimited Liability as a Barrier to Entry". Journal of Political Economy. Vol. 96, No. 4, 766-784.

Cowen, Tyler y Kroszner, Randall (1989), "Scottish Banking before 1845: A Model for Laissez-Faire?". Journal of Money, Credit and Banking. Vol. 21, No. 2, 221-231.

Hauwe, Ludwig van den (2006), "The Uneasy Case for Fractional-Reserve Free Banking". Procesos de Mercado: Revista Europea de Economía Política. Vol. 3, No. 2, 143-96.

Howden, David (2014), "A Pre-history of the Federal Reserve". En Salerno, Joseph T. y Howden, David Eds. (2014) The Fed at One Hundred: A Critical View on the Federal Reserve System. New York: Springer. 9-21.

Rothbard, Murray N. (1983) The Mystery of Banking. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2008.

Rothbard, Murray N. (1988) "The myth of free banking in Scotland". The Review of Austrian Economics. Vol. 2, No. 1, 229-245.

Sechrest, Larry J. (1988) "White's free-banking thesis: A case of mistaken identity". The Review of Austrian Economics. Vol. 2, No. 1, 247-257.

Sechrest, Larry J. (1991) "Free Banking in Scotland: A Dissenting View". Cato Journal. Vol. 10, No. 3, 799-808.

Sechrest, Larry J. (1993) Free Banking: Theory, History, and a Laissez-Faire Model. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2008.

Simpson, Brian P. (2014) Money, Banking, and the Business Cycle. Volume II: Remedies and Alternative Theories. New York: Palgrave Macmillan.

Problemas económicos de la reserva fraccionaria (II): Los problemas


Ya vimos que la discusión entre "free bankers" y "100 %" puede dirimirse en el campo puramente económico. Veamos ahora cuales son, desde el punto de vista de la Economía, los principales problemas de la reserva fraccionaria.

Problemas económicos 

La reserva fraccionaria tiene, entre otros, tres problemas económicos (Salerno, 2012a y este video): 

1) Inherentemente inflacionaria: En épocas normales (situaciones no recesivas y sin crisis), cuando un banco operando con reserva fraccionaria presta dinero depositado de sus clientes, expande la oferta monetaria. 

Por "inherentemente inflacionaria" se entiende que, en circunstancias normales (no recesivas ni de crisis), el propio sistema endógenamente crea incentivos a expandir la cantidad de medios fiduciarios. Los bancos operando con reserva fraccionaria obtienen beneficios en prestar el dinero depositado (en lugar de solo guardarlo) y, al hacerlo, el sistema bancario expande la oferta monetaria. Está en la propia naturaleza del sistema ser inflacionista, lo cual no implica necesariamente que en absolutamente todas las circunstancias lo será. 

Si una persona deposita un billete de $100 en el banco, el depositante obtiene un aumento de $100 en su cuenta corriente mientras la institución gana $100 más en su baúl. La oferta monetaria (efectivo en manos del público + depósitos) no cambia en ese momento: el efectivo en circulación se reduce en $100 y los depósitos aumentan en $100. Suponiendo que el coeficiente de reserva es 10 % y que la situación es normal (ni recesiva ni de crisis), el banco va a prestar (hasta un máximo de) $90 del efectivo en su baúl, dejando $10 guardados. Los $90 de depósitos que quedan sin respaldo (porque los $90 en efectivo ya no están disponibles inmediatamente pues fueron prestados) son medios fiduciarios (están 0 % amparados por dinero efectivo). El banco tiene grandes incentivos para prestar los $90, porque otorgar un préstamo implica (la probabilidad de) ganar interés. Si la institución guardara los $90, no lo ganaría (aunque estaría más seguro o disponible y no sometido a la probabilidad de no ser recuperado). 

Ese préstamo de $90 aumenta la oferta monetaria en $90, es decir, el stock de dinero pasó de $100 a $190 (!). Recuerden que la fórmula de dinero en sentido amplio es: dinero estándar ($100) + sustitutos monetarios ($100) – reservas ($10). El depositante original todavía tiene disponible para gastar los $100 de su depósito y además el prestatario tiene en sus manos $90 en efectivo disponible para gastar que antes no tenía (Salerno, 2012a). Dicho en palabras simples: en un sistema de reserva fraccionaria, cuando los bancos hacen préstamos, están creando dinero. O, mejor dicho, crean sustitutos monetarios que, en circunstancias normales, actúan como dinero (porque, en situaciones ordinarias, nadie tiene la mínima duda de que puede convertirlo en dinero verdadero a la par al instante).

El prestatario quiere usar el dinero para algo (comprar un bien de consumo o factores para producir o pagar sueldos), dado que va a pagar intereses por él en un tiempo. Por lo que, cuando los gaste, esos $90 terminarán depositados en otro banco. El procedimiento bancario se repite: el banco acredita a la persona $90 en depósito, se guarda $9 en efectivo en su baúl y presta los restantes $81. La oferta monetaria ahora es de $271 ($190 + $81), o lo que es lo mismo: dinero estándar ($100) + sustitutos monetarios ($100 + $90) - reservas ($10 + $9). 


De esta forma continúa el proceso en una serie geométrica, los "pesos-depósitos" se multiplican mucho más allá del efectivo inicialmente depositado. Los $100 (de reservas) generan, luego de un cierto tiempo, una oferta monetaria total máxima de $1.000. El sistema bancario no crea estrictamente pesos (dinero efectivo), pero produce "pesos-depósitos" (sustitutos monetarios). A medida que se gastan, estos "pesos-depósitos" hacen subir progresivamente los precios (por encima de lo que habrían subido sin mayor disponibilidad de sustitutos monetarios), causando la inflación (Salerno, 2012a).

Si le preguntan a cada banquero individual en cada etapa del proceso si él crea dinero, este les responderá indignado que "¡No!", que él simplemente "presta lo que le depositan". Pero es el sistema como un todo el que expande, paso a paso, la oferta monetaria. Es el sistema bancario con reserva fraccionaria lo que hace el "milagro". La emisión de medios fiduciarios causa inflación de precios y además también causa el ciclo económico (Davidson, 2011). 

2) Inherentemente inestable: la propia naturaleza de la reserva fraccionaria (en general, mantener en reserva solo una fracción del efectivo) hace que los bancos estén en la situación de que sus pasivos de depósitos maduran al plazo más corto posible (instantáneamente: en cualquier momento que se los pidan, deben devolver el efectivo al instante) mientras sus activos (préstamos a deudores) inevitablemente están disponibles luego de un periodo corto o largo. La reserva fraccionaria provoca lo que se denomina "descalce de plazos" (maturity mismatching). En situaciones normales (una situación sin crisis ni recesión), solo una parte muy pequeña de sus activos están disponibles en cualquier momento. El resto maduran en meses, años o décadas (hipotecas). Con ello deben hacer frente a sus pasivos que son principalmente de corto plazo o instantáneos. En palabras simples, los bancos "piden prestado a corto plazo y prestan a largo plazo" (Salerno, 2012a). Como tenía muy en claro Rothbard (1983: 98-99), la insania del negocio bancario con reserva fraccionaria se manifiesta en el hecho de incumplir la regla crucial del manejo financiero sano: la estructura temporal de los activos del negocio no debe ser más prolongada que la estructura temporal de sus pasivos. Muchos de los activos de los bancos son más largos (temporalmente) que sus pasivos, que son, en general, instantáneos. Observen que la reserva fraccionaria es incentivadora del descalce de plazos, es su esencia.

El descalce de plazos explica la inestabilidad del sistema bancario con reserva fraccionaria. Pero ello en nada implica que el descalce de plazos per se necesariamente cause el ciclo económico (aunque sí provoca la insana situación bancaria con reserva fraccional). Está demostrado que el descalce de plazos en un mercado libre no causa el ciclo económico (Davidson, 2014). Sin embargo, en una situación donde hay intervención coercitiva estatal (con un prestamista de última instancia o garantías implícitas o explicitas de rescate) y reserva fraccionaria (o no), sí puede ser su detonante (Bagus, 2010; Bagus y Howden, 2009; Bagus y Howden, 2010a; Davidson, 2014).


El alegado "periodo de gracia" de suspender pagos en especie por un tiempo estipulado por contrato para combatir las corridas bancarias y que supuestamente mantendría "solventes" a los bancos con reserva fraccionara, tampoco es convincente. Pues transforma un depósito a la vista (on demand) en uno a plazo, esquivando el problema principal (los depósitos a la vista) dado que ningún partidario del 100 % ha rechazado mantener una fracción en un depósito a plazo y, además, interfiere con el mecanismo de pagos (Block y Barnett II, 2005).

3) Genera el ciclo económico: recuerden que el sistema bancario realiza préstamos en cada ronda de creación de oferta monetaria. Un préstamo, en el ámbito del mercado, implica necesariamente un intercambio de bienes presentes y futuros. La emisión de medios fiduciarios por parte de un sistema bancario operando con reserva fraccionaria va a causar el fenómeno conocido como ciclo económico. La mayor disponibilidad de crédito creado o crédito circulante (Mises, 1946 [1978: 193-94]) induce a una reducción relativa artificial (por debajo de lo que habría sido sin esa expansión) de las tasas de interés. Lo cual incentiva, de manera generalizada, a llevar a cabo malas inversiones y exceso de consumo (Salerno, 2012b) durante un auge que irremediablemente terminará en una corrección (recesión).


La reserva fraccionaria, por lo tanto, es 1) inherentemente inflacionaria porque tiende a aumentar la oferta monetaria, 2) inherentemente inestable debido a que descalza plazos y 3) causa el ciclo económico al expandir artificialmente el crédito y reducir relativamente las tasas de interés. Estas son las conclusiones de la Economía, no de la Ética ni del Derecho.

Por lo explicado, siempre debemos tener en cuenta que, en el fondo, no es un enfrentamiento estrictamente entre los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria contra los defensores de la libertad bancaria y el 100 %. Es una discusión sobre si la creación de medios fiduciarios, independientemente de que sean fraudulentos o no, produce el fenómeno conocido como ciclo económico (Salerno, 2010). Este, y no otro, es el núcleo de la cuestión. La creación de medios fiduciarios, sea a través del Banco Central o sea a través de la reserva fraccionaria o ambos, causará el ciclo económico. 

Los partidarios de la defensa económica del 100 % de reservas saben que esas tres características naturales de la reserva fraccionaria no podrían sostenerse por demasiado tiempo en un mercado verdaderamente libre (es decir, sin Banco Central, sin FDIC, sin garantías explicitas/implícitas de rescate, sin curso legal y forzoso, etc.). Esa es otra conclusión de la Economía, y no de la Ética. La reserva fraccionaria solo es solvente mientras los depositantes tengan confianza de que sus depósitos son reclamaciones sin riesgo a la par de su efectivo. Si, por cualquier razón (real o imaginaria), surge una mínima duda de que los depósitos se pueden cambiar a efectivo; la reputación del banco como emisor de sustitutos monetarios instantáneamente desaparece (Salerno, 2012a). Si una parte importante de gente va a buscar su efectivo, la propia naturaleza de la reserva fraccionaria determina que, en el momento crítico en que eso ocurre, ningún banco puede proveer el dinero en efectivo. Los bancos con reserva fraccionaria deben necesariamente crear una "clase especial de buena fe" para tener una clientela que trate sus depósitos como sustitutos monetarios. En un mercado realmente libre, esa clase de buena fe es muy costosa de adquirir y de mantener. Emitir medios fiduciarios (depósitos sin cobertura de efectivo) es siempre un negocio precario (Salerno, 2012a). Lo mismo ocurre con el descalce de plazos, en un mercado libre tampoco sobreviraría ni sería fenómeno predominantemente general (Bagus y Howden, 2009). 

Como explica Salerno acá y Hülsmann (2003), en un mercado completamente libre de restricciones legales para la producción de dinero y certificados de dinero (genuinos títulos de dinero realmente en depósito), las notas y depósitos de banco con reserva fraccionaria serían desplazadas de la circulación monetaria. Los primeros, y sea en forma de notas o cuentas corrientes, son títulos a dinero presente; el dueño del título mantiene la propiedad del dinero depositado y la institución donde se encuentra está obligada a mantener el 100 %. Los segundos, en cambio, son instrumentos de crédito que "prometen pagar dinero en algún punto en el futuro" cuando se reclame. Es decir, el dueño del título no mantiene la propiedad por el tiempo especificado (o no) del contrato (los bancos con reserva fraccionaria pueden invertir como quieran el dinero de sus depositantes con la única obligación legal de tener dinero disponible al momento en que quien depositó lo demande). 

En un mercado libre la información se transmite, y tiene incentivos para ser transmitida, más eficientemente, por lo que el riesgo de impago sobre los "instrumentos fraccionarios" se manifestaría en su precio. Circularían con un descuento respecto a los certificados de dinero. Como no habría seguro federal de depósito ni Banco Central prestamista de última instancia, las notas fraccionarias serían deshomogeneizadas y reconocidas como "marcas" de las diferentes instituciones que las emiten. Esos descuentos variarían de acuerdo a la reputación de la institución, sus reservas, los riesgos percibidos de sus activos, cuanto descalza plazos entre activos (prestamos, inversiones, reservas) y pasivos (notas y depósitos), etc. Como todo eso fluctúa constante y muy impredeciblemente a media que se alteran las reservas, los riesgos, la madurez de los activos, etc.; los descuentos también lo harán. Los siempre fluctuantes tipos de cambio entre cada marca de notas y depósitos con reserva fraccionaria y las demás marcas y el dinero; harían el cálculo económico monetario imposible. Las notas y depósitos con reserva fraccionaria, en un mercado libre, perderían contra los certificados de dinero en la competencia por ser dinero. Quedando relegados, tal vez, a ser activos muy líquidos en el portafolio financiero. 

Los más importantes partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria, aun cuando claramente admiten que es inflacionaria ("¿Va a haber inflación? Por supuesto que sí…"); argumentan que hay mecanismos endógenos del sistema que impedirían que lo sea por demasiado tiempo ("¿Va a haber inflación? Por supuesto que sí -pero solo por un tiempo"). Por supuesto, los teóricos del 100 % han demostrado que eso es completamente erróneo. Bagus y Howden (2010b; 2011a; 2012) dan al menos tres razones (el uso de un mercado de préstamo interbancario para sustituir reservas, alargar en el tiempo el periodo de clearing y usar expansión crediticia para incrementar la negociabilidad de los activos de reservas reduciendo los riesgos de iliquidez durante esa expansión) por las cuales las reservas precautorias, el principal limitante a la expansión inflacionaria según la banca libre con reserva fraccionaria, son "frenos" insuficientes. 

Los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria (aunque no todos ellos) se basan en la teoría denominada "equilibrio monetario" que básicamente dice que ante un aumento de la demanda (de reserva) de dinero, el sistema bancario con reserva fraccionaria puede emitir medios fiduciarios para compensar y que esta emisión no causa descoordinaciones generales. Manteniendo así una cierta "estabilidad" del "nivel general" de precios. Lamentablemente para ellos, esa teoría ha sido refutada también por los teóricos del 100 % (Davidson, 2012). Es decir, aun asumiendo que los mecanismos de "feedback" alegados por los partidarios de la banca con reserva fraccionaria funcionaran, el fundamento en el que muchos de ellos basan su teoría, el "equilibrio monetario", es falaz. La emisión de adicionales medios fiduciarios, por más que se detuviera endógenamente en un punto, provocaría distorsiones generales en la economía. Y es que ni siquiera uno de los supuestos fundamentales de la teoría del equilibrio monetario, los precios rígidos (sticky prices), causa los problemas de coordinación que sus partidarios alegan que causa mientras sean libres (Salerno, 1991; Davidson, 2012; Bagus y Howden, 2011b). Y aun asumiendo que los causaran, no se solucionarían con la emisión de medios fiduciarios que dicha teoría propugna. Porque, como ya se dijo, su expansión provoca aún más desajustes en lugar de remediar los que se pretende desde el principio (Davidson, 2012; Bagus y Howden, 2011b; Hoppe, Hülsmann y Block, 1998; Hülsmann, 1996; Huerta de Soto, 1998a; 1998b: 525-56)

Gertchev (2012) demuestra, además, que el mercado interbancario de préstamos es un requisito indispensable de la reserva fraccionaria. Y la existencia del primero, por ende, excluye la posibilidad de cualquier límite natural a la creación de medios fiduciarios, yendo más allá incluso de lo que creían los propios Mises y Rothbard (Gertchev, 2012). La defensa de la banca libre con reserva fraccionaria tiene, adicionalmente, otros varios problemas (Hauwe, 2006) que no se cubrirán en este post. 


Un mal entendido que se suele escuchar contra los defensores del 100 % es que supuestamente si los bancos funcionaran con la reserva completa, ello implica que el cobro de dinero propiamente dicho sería perfectamente cierto y seguro. O que no existirían quiebras. Esto no es así en absoluto. Ningún defensor del 100 % ha dicho que, bajo ese sistema, las quiebras desaparecerían o que el 100 % sea una solución perfecta con completa certidumbre para que los depositantes siempre recuperen su dinero (Hülsmann, 1998). Los paraísos en la tierra de completa certidumbre y seguridad jamás son propuestas austriacas. Los economistas austriacos dejan esos delirios paradisíacos a los socialistas. Si nos reducimos solo a ver las quiebras bancarias, los partidarios de la reserva total no dicen que ello impediría que los bancos quiebren. Sino que el 100 % provoca una tendencia a menos quiebras que en un sistema con reserva fraccionaria. La misma existencia de esta última implica una fuente adicional de bancarrotas que no está presente en un sistema dominado por el 100 % de reserva (Hülsmann, 1998).





Bagus, Philipp (2010), "Austrian Business Cycle Theory: Are 100 Percent Reserves Sufficient to Prevent a Business Cycle?". Libertarian Papers. Vol. 2, No. 2, 1-18.

Bagus, Philipp y Howden, David (2009) "The Legitimacy of Loan Maturity Mismatching: A Risky, but not Fraudulent, Undertaking". Journal of Business Ethics. Vol. 90, No. 3, 399-406.

Bagus, Philipp y Howden, David (2010a), "The term structure of savings, the yield curve, and maturity mismatching". Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 13, No. 3, 64-85.

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lunes, 1 de junio de 2015

Problemas económicos de la reserva fraccionaria (I): Las dos formas de discusión


El tema de dinero y banca es uno de los más complejos de toda la ciencia económica. Debido a su dificultad, muchas veces puede dividir posturas incluso entre personas que, en términos generales, comparten las mismas ideas. La Escuela Austriaca claramente entra en este caso. Sus partidarios tienen ideas generales muy similares. Por ejemplo, todos hacen hincapié esencial en la libertad del individuo. Pero en el tema particular de dinero y banca, hay una división casi irreconciliable: por un lado están los que genéricamente podemos llamar "free bankers" (banca libre) cuyo análisis los lleva a defender lo que se llama reserva fraccionaria. Y por otro lado están los que genéricamente podemos denominar "100 % o reserva total o dinero sano" cuyo análisis los lleva a ser contrarios a la reserva fraccionaria.

Un fenómeno que muchas veces se observa en las discusiones académicas o en Internet de "free bankers" (Escuela Neo-bancaria) vs "100 %" (Escuela Neo-monetaria) es la tendencia a hablar predominantemente de los aspectos legales, contractuales o éticos de la reserva fraccionaria. La discusión económica suele quedar en un segundo plano. En este post, se muestran los problemas económicos de la reserva fraccionaria para notar que el "argumento económico" puede ser tanto o más importante que el Derecho o la Ética. Por supuesto, no estoy despreciando estos últimos aspectos. Solo creo que no se les dan la importancia debida en muchas discusiones. Porque, como veremos, podríamos "regalar" todo el argumento legal y ético a los "free bankers" y aun así quedan problemas sumamente graves que tienen que enfrentar.

Dos formas de discutir el problema

Hay dos formas en que se discute este tema (Salerno, 2010) y que pueden, aunque no es en absoluto necesario, tomarse complementariamente: 

1) El enfoque ético-legal: discutir la situación inherentemente fraudulenta o no de la reserva fraccionaria. Es decir, si la misma es un fraude o un privilegio legal estatal o si no lo es. 

2) El enfoque económico-utilitario: discutir si, independientemente de si la reserva fraccionaria es un fraude o no, esta causa o no el fenómeno conocido como ciclo económico.

Salerno (2010) explica que el argumento principal contra los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria es económico, no ético. Se puede decir que el enfoque puramente económico contra la reserva fraccionaria llevado a cabo por sus partidarios es un análisis positivo, no normativo. Block y Davidson (2011) coinciden plenamente con la tesis económica de Salerno, pero únicamente se diferencian en que ellos ponen el argumento ético primero y luego el económico contra la reserva fraccionaria. 

Como sea, es necesario dejar sentado que la discusión entre los defensores de la reserva fraccionaria y los partidarios del 100 % no tiene por qué lidiarse solo en términos de ética, legalidad o derecho. Es decir, aun asumiendo que damos por sentado que la reserva fraccionara es éticamente justificable, no es un fraude, es legal y bonita; todavía queda el poderoso argumento económico: la reserva fraccionaria (y la creación de medios fiduciarios) causa, entre otras cosas, principalmente el ciclo económico.

Muchos dirán que en las discusiones es mejor tratarlos complementariamente. Ello dependerá de las circunstancias, pero el hecho es que operativamente podemos llevarlos de manera independiente.






Block, Walter y Davidson, Laura (2011), "The Case Against Fiduciary Media: Ethics is the Key". Journal of Business Ethics. Vol. 98, No. 3, 505-511.

Salerno, Joseph T. (2010) "White contra Mises on Fiduciary Media". Mises Institute: Mises Daily. (mises.org) https://mises.org/library/white-contra-mises-fiduciary-media.

lunes, 18 de mayo de 2015

Los increíbles errores de Kliksberg


Bernardo Kliksberg tiene un impresionante currículum: Se graduó en cinco carreras universitarias (Licenciado en Sociología, Licenciado en Administración y Contador Público), dos de ellas con doctorados (Ciencias Económicas y en Ciencias Administrativas), y con las máximas distinciones. Ello más la Medalla de Oro de la UBA y dos veces el Diploma de Honor. Sumado a decenas de doctorados honoris causa por todos lados del mundo. Asesor de la ONU, UNESCO, UNICEF, OIT, OEA, OPS y otros. Autor de 55 libros y cientos de publicaciones. Y un gran Etc.

En el canal estatal Encuentro tiene una serie documentales llamados "El Informe Kliksberg". Uno de sus "Informes" está dedicado a las causas de la crisis económica mundial que comenzó desde 2007. Como veremos, está plagado de errores y clichés. 


De acuerdo con Kliksberg, las causas "son éticas" y son cuatro (min. 04:22 - 04:27. Aunque Kliksberg solo desarrolla tres… no es la primera ni la última incoherencia del video). Veámoslas una por una

Desregulación

De acuerdo con Kliksberg (min. 04:58 - 06:52):
Durante el periodo de Bush en los Estados Unidos, se dejó de regularse debilitaron las regulaciones y eso permitió que se desarrollaran las hipotecas basura, lo derivativos basura… las burbujas… Durante el periodo de Bush, la total desregulación en nombre de que el mercado lo iba a hacer todo produjo efectos… generaron pobreza, desocupación y todas las posibilidades para la especulación desenfrenada.
Kliksberg está repitiendo un cliché que es un mito característico desde 2007 hasta hoy. Jamás demuestra en qué cuantía o da una cifra cuantitativa o cualitativa de la supuesta desregulación. Sin embargo, es muy fácil demostrar la falsedad de esa acusación.

George W. Bush gobernó Estados Unidos desde enero de 2001 hasta enero de 2009. Por lo tanto, hay que demostrar que las regulaciones disminuyeron partiendo del año 2000, inmediatamente previo al mandato de Bush, hasta 2008, el ultimo en donde tomó decisiones. Una "total desregulación" necesariamente significa una disminución considerable y progresiva tanto de la cantidad de regulaciones como del gasto estatal regulatorio en un periodo.  


El Registro Federal (Federal Register) norteamericano es el equivalente a nuestro Boletín Oficial. Contiene publicadas todas las leyes, reglas, regulaciones, propuestas, reglamentaciones, etc. Su cantidad de páginas es un buen proxy amplio de la cantidad de regulación.

Con excepción de un solo año (2001), la cantidad total de páginas del Registro Federal durante el resto del mandato del Bush hijo jamás bajó de las 70.000 páginas. Para que fuera cierto el cliché de la "desregulación" es absolutamente necesario que esa cifra baje. Lo cual no ocurrió. De hecho, si tomamos punta a punta desde 2001 hasta 2008, la cantidad de páginas aumentaron 23 %. Un incremento así, implica mayor regulación, no menor.

Pero, como ya expliqué hace años, alguien podría objetar la amplitud del Registro Federal pues este puede contener discusiones sobre leyes, interpretaciones, etc. que aumentan la cantidad de páginas. Por lo que podemos ver una de las más exactas medidas de regulación. La cantidad de páginas del Código Federal de Regulaciones (Code of Federal Regulations o CFR), el cual incluye solo regulaciones existentes.


No hay mucho que comentar. Claramente la tendencia de la cantidad de páginas con regulaciones ha sido creciente durante todo el mandato de Bush. Solo en un año (2003) la cantidad bajó, pero esa disminución fue mucho más que compensada por posteriores incrementos. La tendencia, sin embargo, fue claramente creciente. Desde el año 2000 hasta 2008 la cantidad total de páginas solo con regulaciones aumentó 14 %.

Pero no solo la CANTIDAD de regulaciones aumentaron o, en su defecto, no se redujeron en los años de Bush hijo. Tampoco el GASTO real en regulación se redujo a lo largo de su periodo.


Como se ve en el gráfico, el gasto, descontando la inflación a dólares del año 2000, en regulación económica aumentó casi 35 % y en regulación social un 54 % entre el año 2000 y 2008. En cuanto a la regulación específicamente bancaria y financiera, en los informes no se especifican los datos desde 2001 hasta 2003 por lo que esa caída de 2005 con respecto al 2000 no se sabe si fue constante o solo de ese año particular. De cualquier manera, hacia 2008, el gasto real en regulación financiera y bancaria aumentó casi 10 % con respecto al año 2000. Por lo tanto, si tomamos el año 2000 y 2008 cuando Bush aún no asumía y el último de su administración, no hubo desregulación financiera. Tanto la CANTIDAD como el GASTO real en regulaciones son mayores al final de su periodo de lo que eran antes de él.

Como porcentaje del PBI, el gasto total en regulación social y económica pasó desde el 0,25 % en 2000 al 0,32 % en 2008. Ni siquiera en esto se observa ningún intento por desregular en la era de Bush. 

El primer punto de Kliksberg colapsa por si solo por el simple hecho de que es falso. Con los datos cuantitativos mostrados, se prueba que no ha habido desregulación durante la era de Bush hijo. Repito: NO la ha habido. Bernardo Kliksberg simplemente está repitiendo y, peor aún, basándose en un cliché para demostrar su punto.

Codicia desenfrenada

Kliksberg dice (min. 09:07 - 09:40):
Era egoísmo exacerbado, llevado a su máxima expresión... Una cantidad de altos directivos, presidentes y gerentes de empresas financieras faltos de toda ética hundieron sus empresas, hundieron a la población, causaron daños gravísimos al mundo.
Este punto es solo otro cliché. Kliksberg simplemente describe y da por hecho la avaricia. Pero jamás se pregunta por qué ocurrió la codicia desenfrenada en primer lugar. Livianamente la toma como dada del propio sistema. Hace años mostré que era falso culpar a la avaricia de la crisis. Ahora solo daré un comentario general suponiendo que los datos de Kliksberg son ciertos. Voy a descontar la evidencia empírica que muestra que los bancos con incentivos menos alineados entre CEOs y los intereses de los accionistas no mostraron peor performance (lo cual, de por sí, destruiría el argumento de Kliksberg).

Lo cierto es que en un mercado libre, ese al que Kliksberg culpa de la crisis, las pérdidas y las bancarrotas son absolutamente necesarias. En exactamente la misma medida en que los beneficios son absolutamente necesarios. Las pérdidas y bancarrotas permiten liberar recursos que están mal invertidos para trasladarlos a inversiones que sí sean rentables. Los rescates (bailouts) por parte del Estado (dar apoyo financiero a un empresa en mala situación financiera o bancarrota) o las garantías implícitas o explicitas de rescate; impiden ese saludable proceso. Si una empresa o banco hace mal las cosas y tiene pérdidas o está por quebrar y luego es rescatada por el Estado; entonces no tiene que preocuparse por dejar de hacer las cosas mal.

Cometer errores y perder dinero provoca temor, y el temor es un motivador. El miedo a perder dinero o a ir a la bancarrota es un incentivo. El miedo pone un límite estricto a la avaricia. Si se remueve ese miedo a las pérdidas o a la bancarrota con rescates, entonces ¿Qué limita a la avaricia? Nada. Kliksberg habla de "codicia desenfrenada", pero jamás menciona la verdadera razón que quitó el freno.

Pero además, otro hecho nunca mencionado por Kliksberg es la expansión crediticia deliberadamente provocada por la FED desde el año 2001 y la correspondiente caída relativa de las tasas de interés que creó incentivos y recursos para "especular sin frenos", hacer inversiones arriesgadas y malas inversiones.

Para que hubiera habido un mercado libre, no debieron existir rescates estatales ni promesas explicitas o implícitas de rescate antes y después de la crisis. Ni tampoco expansión artificial del credito. Dado que los hubo por todos lados, es falso decir que el mercado promovió la "codicia desenfrenada". Es simple lógica. Los clichés de Kliksberg no la tienen.

Por lo tanto, aun asumiendo que todos los casos que presenta Kliksberg son ciertos, ellos fueron provocados por una intervención estatal que promovió artificialmente la codicia. Repito: no es la codicia en sí misma la causa de la crisis, como falsamente argumenta Kliksberg, sino una intervención del Estado que cambió artificialmente los incentivos.

Por lo tanto su punto número 2, de culpar a la codicia per se de la crisis, es también falso. Y su nula mención de las intervenciones estatales que promovieron artificialmente la avaricia, hacen dudar, a esta altura, de su honestidad intelectual en este "Informe".

En cuanto a Enron, aun asumiendo que damos por sentado lo que dice Kliksberg de que fue causado por "la avaricia", recuerden que no fue la agencia reguladora estatal SEC sino un administrador de hedge funds, James Chanos, el que detectó a los que defraudaron a la compañía. Él leyó los informes financieros e inmediatamente supo que eran fraudulentos. El afán de lucro lo hizo tener posiciones de corto en sus acciones y ganar beneficios al exponer el caso. La SEC, por años, falló en ver lo que ocurría. Fue "la avaricia" de Chanos lo que más ayudó a iluminar el caso Enron, en contra de lo que dice Kliksberg. Por lo que ni siquiera es cierto que mayor regulación estatal necesariamente ayude a evitar esto. Incluso dando por certera la descripción de Kliksberg, no se desprende que "la avaricia" per se sea la principal causa. Y, de hecho, el caso Enron demostró que fue precisamente el afán de lucro lo que sacó a la luz al fraude.

Insolidaridad

Los problemas argumentativos de Kliksberg se agravan en lugar de disminuir. Apelando a la autoridad del tercer hombre más rico del mundo, Warren Buffett, Kliksberg lo cita (min. 14:41 - 15:20):
No puede ser. Yo pago de impuestos el 16 % de mis ingresos. Mi secretaria paga el 35 %. Y ¿Por qué?
Pero empeora cuando dice:
Porque durante el periodo de Bush, desgravó totalmente a los muy ricos, al 1 %. Les quitó gran parte de los impuestos hasta convertirlo en que podían pagar menos impuestos, de la mitad, del promedio de la población.
Como demostraron Stephen Moore, Mark Perry acá, acá, acá y acá, entre otros que muy respetuosamente también lo muestran; Buffett se equivoca completamente en temas de impuestos. La "Regla Buffett" es falsa. La premisa entera de Buffett es incorrecta.


Como se observa, en el año 2008 (último del mandato de Bush hijo cuando, según Kliksberg, la tasa de impuestos al 1 % más rico debería ser ultra baja con respecto al resto de la población), según la AFIP norteamericana (el IRS), los que recibieron 1 millón o más de ingreso bruto ajustado pagaron en promedio 23,3 %. Los que ganaron entre U$S 50.000 y U$S 100.000, eso posiblemente ganaría la secretaria de Buffett, pagaron en promedio 8,9 %. Los millonarios en 2008 pagaron en promedio más de dos veces y media la tasa que pagó la secretaria de Buffett, con los ingresos presentados.

Es falso que los CEOs paguen en promedio menos tasas de impuestos que sus secretarias. La premisa de Buffett es falsa. Kliksberg se basa en y repite esa premisa de Buffett. Por lo tanto, lo que dice Kliksberg es falso. También es falso que el 1 % más rico pague, en promedio, la mitad del promedio de la población.

En cuanto a los países nórdicos, el Washington Post, difícilmente clasificable como un diario de derecha, demuestra que ciertamente tienen problemas. En Suecia hay un creciente problema racial así como que un partido muy renuente a la inmigración obtuvo bastantes votos. El desempleo juvenil es relativamente alto tanto en Suecia, Finlandia como en Dinamarca. También tiene una deuda por hogar alta y una posible burbuja inmobiliaria de la que hasta Krugman está nervioso. Dinamarca fue muy golpeada por la crisis y hasta sus sistema educativo ya no es tan bueno.

Su proselitismo hacia gobiernos latinoamericanos, y particularmente el argentino (el cual subsidió sus "Informes" con dinero de impuestos), es irrelevante. Bastará esta referencia y además decir que la pobreza en Argentina (que ya no se mide) está a niveles de los 90s. Solo los fanáticos K y Kliksberg con sus clichés pueden pretender "profundizar" eso y decir que Argentina tiene un gobierno al cual "le importa la gente".

Kliksberg falla enormemente la mayor parte de su "Informe" sobre la crisis. Muchos de los informes dedicados a otros temas que he visto tienen problemas similares a este. Esto debe tomarse solo como un ejemplo de que no se puede hacer algo basado únicamente en clichés y frases trilladas. Uno debe, al menos, probar mínimamente lo que dice.