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jueves, 20 de octubre de 2016

El extraño prejuicio de Rallo sobre la “vertiente rothbardiana”


En otro de los posteos que ya se están haciendo regulares en este blog, estamos ante una entrada criticando las interpretaciones de miembros de la llamada "Teoría de la Liquidez". En una conferencia sobre el Patrón Oro, Juan Ramón Rallo realiza el siguiente comentario al pasar sobre la "vertiente rothbardiana":

Rallo, 28 de mayo de 2015: minuto 13:10-13:44:

Hay muchos, ya en la vertiente más rothbardiana, que dicen que producir oro es como generar inflación porque el minero de oro lo que está haciendo es diluir el poder adquisitivo del resto de unidades monetarias de la economía […] Y por lo mismo también producir iPads es depreciar, es robarle el valor a los que producen otro tipo de tablets menos competitivas, etc. porque pierden valor de mercado.

Jeffrey Herbener es uno de los más importantes partidarios académicos de la reserva de 100% y, por ende, de la “vertiente rothbardiana” en temas monetarios dentro de la Escuela Austriaca. Ha participado en el gran debate intra-Escuela Austriaca que comenzó a mitad de los 80s y que continua incluso hoy sobre 100 % VS reserva fraccionaria. En una ponencia de hace unos meses, Herbener, sin quererlo, casi contesta con exactitud el comentario de Rallo. 

Herbener, 26 de julio de 2016: minuto 38:46-39:20 (traducción mía):

Ahora podemos definir “inflación monetaria” analíticamente de una forma precisa. Inflación monetaria no significa “cada vez que la oferta monetaria crece”. Inflación monetaria es un incremento del stock de dinero fuera de los confines del cálculo económico. No hay inflación monetaria en un sistema de dinero mercancía. Solo existe la producción regular de dinero en respuesta a cambios en la demanda. Eso no es inflación. De la misma forma en que no llamamos inflación al incremento de la producción de Smartphones cuando la demanda de los mismos aumenta. Es solo el mercado normal.

Ahí lo tienen, precisamente lo opuesto de lo que Rallo les atribuye e incluso con la increíble coincidencia de usar el mismo ejemplo (con smartphones en lugar de iPads).

No voy a negar que alguien por ahí en Internet pudo haber dicho lo que dice Rallo que afirman. Sin embargo, debe quedar muy claro que al menos en su versión académica y de parte de sus más importantes miembros, la “vertiente rothbardiana” (defensora del 100 % de reserva, dinero mercancía y libertad bancaria) no afirma que “producir oro es como generar inflación”. Porque ni siquiera el propio Rothbard (1962: 990) en su obra magna lo dijo (traducción mía): 

[E]l proceso de emitir dinero más allá de cualquier aumento en el stock de especie (metal precioso -GS), puede ser llamado inflación*... 
*Inflación, en este trabajo, está explícitamente definida para excluir incrementos en el stock de especie (metal precioso -GS)

Guido Hülsmann es otro miembro de la vertiente y tampoco lo afirma, como puede verse a continuación (Hülsmann, 2008: 86) (traducción mía):

En este sentido, a la inflación también se la puede llamar una manera forzosa de incremento de oferta monetaria, distinto de la “natural” producción de dinero a través de la minería y acuñación…

Es claro que Hülsmann ha distinguido perfectamente inflación de la producción de oro. Por tanto, tampoco él está diciendo que “producir oro es como generar inflación”, sino exactamente lo contrario: NO son lo mismo.


Por último, Joseph Salerno es claramente otro perteneciente a la vertiente rothbardiana y explica perfectamente la diferencia entre aumentar la oferta de dinero fiat (inflación) a que se incremente la de dinero mercancía como el oro. Según Salerno (2010: 343) en el primer caso la sociedad pierde y en el segundo gana en términos netos. Por ende, no son lo mismo (traducción mía):

Un incremento de la oferta de dinero mercancía bajo patrón oro otorga beneficios netos para la sociedad asumiendo que todavía hay demanda no monetaria para el oro. Pero el dinero fiat del gobierno, por definición, no tiene usos alternativos no monetarios. Un incremento de la oferta de la moneda fiat, como en el caso de la falsificación, beneficia principalmente a aquellos que crean el nuevo dinero, así como también a los receptores iniciales de su generosidad o de sus gastos, a expensas del resto de la sociedad...







Hülsmann, Jörg G. (2008) The Ethics of Money Production. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. Año 2004. 


Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

miércoles, 24 de agosto de 2016

El Patrón Oro requiere la circulación de monedas



Cuando la sociedad se encuentra bajo un Patrón Oro estricto, la forma física del bien que se usa como dinero (oro) puede ser variada. Por ejemplo, no es inverosímil que se presente en formato de joyería. Pero lo más común históricamente ha sido que el oro circule entre los agentes ya sea como (a) monedas para transacciones diarias normales o como (b) bullion (barras o lingotes de un cierto grado de pureza y peso) para grandes sumas. Por lo tanto, es esperable que las monedas circulen y cambien de manos con mayor frecuencia que el bullion. Adicionalmente, podría ocurrir y ha ocurrido que a las monedas de oro se les complementen otras de plata para operaciones con montos muy pequeños. Ese oro físico se encontrará en los saldos de tesorería de los miembros de la sociedad junto con una cierta cantidad de sustitutos monetarios.

La demanda de oro por parte del público, principalmente en forma de monedas aunque también bullion, es de importancia fundamental para el correcto funcionamiento del Patrón Oro por varias razones:


  • (1) Familiaridad con el verdadero dinero: la primera razón es que el público general debe estar habituado al uso del bien que ha sido escogido como dinero luego de un proceso evolutivo de miles de años. Es por eso que las monedas, u otras formas de dar formato a cantidades pequeñas de metal precioso (lo que no excluye las monedas de plata), son fundamentales: el público general, desde el más pobre al más rico comenzando todos a su más temprana edad, debe conocer y reconocer el oro o plata, además de los sustitutos monetarios. Debe acostumbrarse a intercambiar con ellas, saber distinguir si son verdaderas (así como hoy lo hace con billetes) y verlas de forma regular. El efectivo debe ser el metal precioso, la gente debe saber que el oro es el dinero. Tener monedas de oro en sus casas para sus compras del día a día y guardadas en baúles. El público conoce así, la solidez del dinero sonante. Tristemente, hoy en día hay mucha gente con más de 40 años que jamás vio en su vida una moneda de oro. Nunca conocieron el dinero real, más allá de los billetes papel fiat, chequeras o números en una cuenta bancaria.

A pesar de que este primer punto es una opinión personal, luego de escribirlo he notado, con inmenso gusto, que el propio Mises (posteriormente en su vida) pensaba muy similar (Hülsmann, 2007: 650-51, 921-23). Para el economista austriaco la principal función de que la gente este acostumbrada a usar oro es que siempre estarán conscientes de que el dinero del país es el oro y que están bajo Patrón Oro. Esta concientización no es solo por un tema pedagógico, sino que permite que el ciudadano medio pueda saber si su gobierno está apegado a políticas de dinero sano o si está tratando de manipular el sistema monetario (Hülsmann, 2007: 650-51). La verdadera defensa del Patrón Oro la hacen los ciudadanos y su comercio, no el Estado. Mientras la gente tuviera en las manos dinero real, notarían cualquier desviación de políticas sanas. Cualquier banco o gobierno que se negara a redimir cheques sería inmediatamente reconocido como fraude (Hülsmann, 2007: 922).


  • (2) Control sobre la banca: en el sistema de Patrón Oro, un incremento de la demanda de oro implica necesariamente un factor de decrecimiento de las reservas de los bancos comerciales. La gente va a los bancos, disminuye su tenencia de depósitos a la vista o notas y pide su oro de regreso. Los bancos o deben usar sus reservas o, en caso de existir banco central, deben ir hasta este a comprar oro, depredando sus reservas. Inversamente, una caída en la demanda de oro provoca un incremento de las reservas de los bancos (Rothbard, 1983: 148).

En palabras simples, un aumento de la demanda de oro por parte del público disminuye las reservas de los bancos en el mismo monto. Ese oro es, en general, en forma de monedas. Pero no se detiene ahí, el decrecimiento monetario bancario va más allá de la caída de reservas cuando los bancos actúan con reserva fraccionaria. A lo largo de los meses, la caída de reservas hará desaparecer de forma multiplicativa el “dinero bancario” (en este caso, sustitutos monetarios sin respaldo, conocidos como medios fiduciarios). La demanda de oro del público ejerce un efecto muy significativo en las reservas de los bancos y, por ende, en la expansión y contracción de medios fiduciarios bajo el sistema de reserva fraccionaria (Rothbard, 1983: 148-49).

Adicionalmente a este drenaje interno de oro, el escape externo también es una fuerza que contribuye a deflactar la previa inflación monetaria del sistema de reserva fraccionaria. Por ejemplo, para el comercio exterior y para transacciones importantes de grandes comerciantes, en lugar de monedas se usa bullion. En cualquier caso, los efectos son exactamente los mismos: contraer las reservas de los bancos. La forma física del bien monetario es irrelevante para sus efectos económicos.


  • (3) Corridas bancarias: No solo es importante el control antes mencionado para evitar en la medida de lo posible que se hagan mal las cosas, sino también poder castigar y hacer caer a quienes ya lo hayan hecho mal. Las corridas bancarias son un suceso en el cual un número importante de los clientes (depositantes y los tenedores de notas) pierden la confianza en el banco y temen que no pueda redimir inmediatamente el efectivo. Los depositantes y tenedores de notas simultáneamente se apresuran al banco a cambiar por efectivo (monedas de oro y bullion) sus depósitos y notas, otros clientes se enteran y la corrida se intensifica. A veces, una corrida contra ciertos bancos puede desembocar en una corrida contra todo el sistema bancario.

Dado que el efectivo es el oro y que los bancos son requeridos a redimir sus notas o depósitos de inmediato en ese metal precioso, el público ejerce una muy saludable presión sobre el sistema bancario que actúa con reserva fraccionaria. Las corridas bancarias o simplemente la amenaza de ellas son suficientes para que la banca actúe mucho más prudentemente en sus aventuras inflacionarias de lo que actuaría sin ese apremio.

La corrida bancaria es un método rápido y eficiente para limpiar la economía de bancos tóxicos y muy inflacionarios. Es maravillosamente efectiva porque (a) es irresistible, en el sentido de que una vez comenzada es muy difícil de detener y (b) es un mecanismo dramático para llamar la atención de la gente sobre la inherente insolvencia e iliquidez del sistema de reserva fraccionaria por lo que (c) las corridas se retroalimentan entre sí, pues una puede inducir que siga otra en otro banco (Rothbard, 1983: 113). A pesar de estas propiedades curativas para el sistema económico, su desventaja principal es que es un evento que no ocurre seguido. Cierto es que, cuando pasa, es devastadoramente rápido. Pero una corrida puede suceder luego de una considerable expansión del crédito por parte de la banca. El miedo constante de los bancos a la corrida pone un cierto freno a que la orgía inflacionaria no sea muy grande, pero aun así la banca puede montarse una buena cantidad de expansión crediticia antes de la catástrofe. Las corridas no son una restricción continua e importante en el día a día, sino un fenómeno de una vez que actúa mucho después de que la inflación ocurrió (Rothbard, 1983: 114).


  • (4) Correcto funcionamiento del Mecanismo Flujo-Precio-Especie: esto está relacionado con los puntos (2) y (3). La fuerza combinada de los drenajes de reservas internas y externas (internal and external drain) son parte del sano funcionamiento del Patrón Oro y de los grandes límites a la inflación que tanto el banco central estatal como del sistema bancario pueden lograr.

La
reversión de la expansión monetaria que provocan las retiradas de oro es esencial. A continuación se presenta la explicación convencional del mecanismo, pero en un futuro post notaremos que el asunto es un poco más complicado. Veamos cómo funciona: ya sea porque se descubren nuevos yacimientos de oro o luego de una expansión de medios fiduciarios por parte del sistema bancario o iniciada por el central, los precios de los bienes y servicios del país que expande se elevan por encima de lo que serían en ausencia de ese crecimiento monetario.

Dado que los precios internos ahora son relativamente mayores que los de otros países, quienes no experimentan inflación monetaria, las exportaciones caen mientras las importaciones aumentan, creando un déficit de balanza de pagos. El país vende menos bienes y servicios al exterior y menos turistas llegan, pues sus precios son más caros. Al mismo tiempo, los residentes dejan de comprar los productos nacionales y se vuelcan a adquirir los extranjeros más baratos, hacen turismo en otros países y los vendedores foráneos notan que en el país pueden vender sus productos a mayor precio que en sus respectivas naciones.

Ese déficit de balanza de pagos crea una salida de oro del lugar que infló su stock de dinero. Más dinero está saliendo del país de lo que entra. Los extranjeros no desean los sustitutos monetarios de la nación con déficit, no quieren los dólares, sino que buscan el oro para así conseguir sus propios sustitutos monetarios en sus territorios. La sangría externa de metal precioso, así como la conversión de notas y depósitos bancarios a oro interna, contraen la oferta monetaria.

La amenaza de ese drenaje externo puede hacer que el sistema bancario contraiga sus préstamos. Y así, las dificultades de muchos negocios y quiebras pueden despertar desconfianza hacia los bancos. Puede, de esta forma, desencadenarse una corrida bancaria importante. E incluso si no empieza, la creciente amenaza de su posibilidad hará a los bancos endurecer su posición prestamista.

Ba
jo Patrón Oro, ninguna nación puede mantener continuamente déficits de balanza de pagos, pues todas sus reservas saldrán del sistema. El dinero (metal precioso, oro) no puede fluir fuera del país constantemente por demasiado tiempo. La salida de oro provoca una contracción de la cantidad de dinero doméstica. Ello reduce los precios internos, promueve exportaciones y restringe importaciones hasta que se repone la cantidad de dinero domestica desde el exterior. Y mucho antes de perder las reservas, habrían corridas bancarias dentro del país que, al tratar todos los clientes de convertir sus depósitos y notas a oro, acabarían con el sector bancario deflacionando la oferta monetaria.

Tanto si aumenta la demanda de oro interna como la externa (dada la pérdida de competitividad por los mayores precios internos), la contracción monetaria es parte del mecanismo equilibrador. La deflación dineraria hace que los precios internos del país que previamente infló, caigan. Su desplome puede llegar ya sea a la misma altura de los precios internacionales o por debajo de estos. Si ocurre que caen por debajo, el movimiento se revierte: las exportaciones nacionales aumentan mientras las importaciones caen. Incrementando la entrada de oro y la oferta monetaria y reiniciando lo antes explicado hasta llegar a algún equilibrio.

Si a la demanda externa, que generalmente se satisface con barras de oro para comercio exterior, se le suma un incremento
de la demanda doméstica de metálico en monedas depredando las reservas de los bancos, el ajuste contractivo deflacionario será mayor y más rápido. Con lo cual el mecanismo funcionará y se saldrá de la situación de engaño inflacionario a mayor velocidad.








Hülsmann, Jörg G. (2007) Mises: The Last Knight of Liberalism. Auburn, Alabama: Mises Institute.

Rothbard, Murray N. (1983) The Mystery of Banking. Auburn, Alabama: Mises Institute. 2008
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viernes, 25 de marzo de 2016

Un poco más de bibliografía sobre 100 % vs reserva fraccionaria



Fe de erratas: en el post anterior mencioné un trabajo de Block y Barnett (2005) el cual no cité en la bibliografía al final. Lo podrán encontrar en esta entrada.

Mises, clausulas opcionales y errores de los partidarios de la reserva fraccionaria

Jeffrey Herbener (2002) contesta, con abundante evidencia textual, varias erróneas afirmaciones de George Selgin sobre Mises referido al Patrón Oro o sobre que el austriaco prefería implícitamente una política de apuntar al PBI nominal (Nominal GDP Targeting). Sin ser una parte esencial del debate de 100 % VS reserva fraccionaria, la batalla sobre la interpretación correcta de lo que dijo Mises es interesante. También debe consultarse los trabajos de Salerno sobre la correcta interpretación de la evolutiva posición de Mises a lo largo de los años sobre las supuestas “ventajas” de los medios fiduciarios.

Los defensores de la reserva fraccionaria, ante la evidente verdad de que los bancos bajo ese esquema deben tener alguna forma de defenderse ante las inevitables corridas, suelen apelar, entre otras cosas, a las “clausulas opcionales” (option clauses) para asegurar alguna estabilidad de ese sistema. Sin embargo, Parth Shah en un no muy recordado trabajo (Shah, 1997) analiza su funcionamiento e historia y pone en muy serias dudas que las clausulas opcionales tradicionales sean un mecanismo efectivo y deseable para crear un sistema de banca libre con reserva fraccionaria estable. Para criticas adicionales a las clausulas opcionales ver Block y Barnett (2005) y el paper de Hülsmann de 1996

Recientemente el “free banker” favorable a la reserva fraccionaria George Selgin trató de demostrar que el 100 % de reserva hubiera sido muy poco práctico de haberse implantado históricamente dado que supuestamente hace muy costoso manejar cambio chico en transacciones pequeñas, especialmente minoristas (Selgin, 2009). Mark Thornton (2010) demuestra que no es así pues los partidarios de la reserva total buscan el 100 % de reserva en los bancos y un dinero que sea por completo determinado por el mercado, pero no buscan ni jamás buscaron el 100 % de dinero reserva. Selgin confunde ambos. Adicionalmente, muestra evidencia de Richard Cantillon de 1730 de cómo un mercado libre puede con el problema del cambio chico lanzado por Selgin sin violar principios económicos ni recurrir a cuestionables prácticas fraudulentas. El problema del cambio chico solo se da en el caso limitado donde se mantenga intervención del gobierno (bimetalismo, curso legal forzoso, etc.). Pero además, Malavika Nair (2011) critica, no los hechos, sino la interpretación histórica de Selgin usando evidencia propia de este último autor y Mises para mostrar que las monedas privadas eran dinero y no sustitutos monetarios sin respaldo (medios fiduciarios). Hay que tener en cuenta que Malavika Nair no es para nada partidaria del 100 %, de hecho, ha sido muy crítica de ellos. Aun siendo “free banker” favorable a la reserva fraccionaria, ella encuentra el análisis de Selgin cuestionable. No es la primera vez que un propio “free banker” critica un análisis histórico de otro del mismo bando favoreciendo al lado del 100 %, ya ocurrió antes cuando Larry Sechrest cuestionó duramente a otro par como Larry White. La crítica de Selgin, aunque innovadora, en el mejor de los casos no es convincente y en el peor está errada y es irrelevante.

En otro or
den de cosas, Dan Mahoney (2011a) da un golpe demoledor a una defensa clásica de los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria, y en particular la de George Selgin. Según ellos, una expansión crediticia conjunta de los bancos se enfrenta al estricto límite interno impuesto por el incremento de las reservas precautorias. Ello se basa, entre otras cosas, en la “ley de la raíz cuadrada” y la “ley de los grande números”. Mahoney demuestra que la teoría de Selgin implícitamente asume estabilidad en vez de probarla. Lo cual pone en serias dudas las fuerzas sistémicas que impedirían a los bancos progresar con una expansión. En palabras simples, dado que los fuertes supuestos ergódicos de Selgin son muy cuestionables, las fuerzas internas sistémicas que detendrían una expansión crediticia conjunta de los bancos con reserva fraccionaria son dudosas.

Pero
no se detiene allí. Mahoney (2011b) demuestra lo errado de otro argumento “free banker” con reserva fraccionaria: que es el sistema que acomoda mejor cambios en la demanda de dinero sin cambios en la estructura productiva que produzcan ajustes dolorosos innecesarios (debido a la rigidez [“sticky”] de precios). Bajo 100 % de reserva, se dice, ante aumentos de la demanda de dinero y dada la inhabilidad de emitir medios fiduciarios para alcanzar esa demanda incrementada, el ajuste se produciría vía nivel de precios y debido a la rigidez de muchos de ellos habría problemas de cantidades y empleo a corto plazo. Pero a la larga la estructura productiva se reajustaría y seguiría igual aunque con un nivel de precios más bajo. La emisión de medios fiduciarios supuestamente evita ese “sufrimiento” de corto plazo al emitir suficientes al actual nivel de precios saciando la demanda para mantener la misma estructura productiva y precios relativos. Es decir, se asume que en ambos casos no se producen cambios permanentes en la estructura productiva (en ambos casos no cambian los precios relativos) ante modificaciones en la demanda de dinero, solo que el 100 % provoca a corto plazo problemas que la inflación “free banker” solucionaría. Sin embargo, en una economía de 100 % de reserva de dinero mercancía hay y debe haber un cambio no deplorable en la estructura productiva cuando cambia la demanda de dinero (mercancía). Es una inherente parte del proceso ajustar la estructura productiva para reflejar la nueva realidad de la cambiada demanda por un bien real (dinero). No hay solo un ajuste del nivel de precios, como se dice, sino un ajuste de precios relativos. Los cambios en el poder adquisitivo del dinero provenientes del lado monetario no causan lo problemas que los partidarios de la reserva fraccionaria creen. El argumento de los “free bankers” que creen que su sistema es mejor para llegar al mismo estado final de equilibrio con precios relativos iguales no es cierto, pues ambos sistemas no llegan al mismo equilibrio ante cambios en la demanda de dinero ni tienen iguales precios relativos.

El debate sobre el descalce de plazos

Derivada de la discusión de 100 % contra reserva fraccionaria, dentro del ala Misesiana de la Escuela Austriaca surgió el problema de si lo que se conoce como descalce de plazos (maturity mismatching), pedir prestado a corto plazo y prestar a largo plazo, era fraudulento y si causaba el ciclo económico. Recuerden que todo el debate de “100 % VS reserva fraccionaria” giraba en torno a los depósitos a la vista (demand deposits). Luego se entró en el terreno de los depósitos a plazo (time deposits), los cuales eran en principio irrelevantes para la primera discusión.

Block y Barnett dicen que el descalce de plazos es (1) fraudulento y antiético (Block y Barnett, 2009a) como la reserva fraccionaria y además (2) causa el ciclo económico, no porque se creen adicionales cantidades de medios fiduciarios sino porque reduce artificialmente las tasas de interés (Block y Barnett, 2009b).

Bagus
y Howden (2009) critican la afirmación (1) diciendo que, a pesar de ser una actividad riesgosa, potencialmente ruinosa y frágil cuya amplitud sería muy reducida en un mercado libre, no es ni fraudulenta ni antiética. Adicionalmente, (2) sucede si el descalce de plazos va junto con la reserva fraccionaria, es decir, si se crean adicionales medios fiduciarios (expansión crediticia). Laura Davidson (2014a) también critica (1) y está de acuerdo con Bagus y Howden en que la reserva fraccionaria es antiética pero el descalce de plazos no. Sin embargo a diferencia de ambos autores ella lo hace desde el punto de vista de la teoría de transferencia de títulos.

Block y Barnett (2010) contestan y son respondidos por Bagus y Howden (2012a; 2012b; 2013). Laura Davidson (2014b) demuestra definitivamente que el descalce de plazos en un mercado libre no permite (2), es decir, no causa malainversion sistémica porque no crea adicionales medios fiduciarios. En una economía intervenida coactivamente, por otro lado, sí puede ocurrir el ciclo económico por un excesivo descalce de plazos inducido por intervenciones (Bagus, 2010; Bagus y Howden, 2010) que, entre otras cosas, producen expansión del cr
édito.

Por el lado defensor de la reserva fraccionaria, los “free bankers” Nicolás Cachanosky (2011) y Anthony Evans (2013) entraron al debate declarando que ninguna de las dos prácticas, ni el descalce de plazos ni la reserva fraccionaria, son antiéticas. Cachanosky dice contra Block y Barnett que prohibir el descalce limitaría mucho la actividad bancaria haciendo difícil el financiamiento de largo plazo y que el argumento ético de Bagus y Howden a favor del descalce se puede usar a favor de la reserva fraccionaria. Evans, por otro lado, dice que no hay diferencias esenciales entre los contratos de préstamo y depósitos, la custodia de los bancos hacia los depósitos no requiere que el dinero este siempre disponible. Los depósitos a la vista son simplemente préstamos a un plazo no especificado, es decir, una especie de “call loan”. Bagus, Howden y Gabriel (2014) responden los comentarios “free bankers” y para ver los problemas lógicos de ese tipo de “call loan” leer Davidson (2014a). Finalmente, Block, Bagus y Howden (2013) muestran que los contratos de reserva fraccionaria pueden ser considerados contratos aleatorios

Como se ve, el caso favorable al 100 % de reserva bancaria y la teoría monetaria austriaca-misesiana es muy sólido y todavía no ha sido refutado convincentemente por los partidarios de la reserva fraccionaria, a pesar de que algunos de estos últimos suelen dar la sensación inversa. Todo lo contrario, los partidarios de la banca con reserva fraccionaria tienen serios y, hasta hoy, insalvables problemas para justificar la teoría del “equilibrio monetario”, los límites a la expansión crediticia bancaria, si su sistema realmente lleva a un mejor estado final, etc. Como reconocen recientemente Boettke, Coyne y Newman (2016), este debate “continúa sin estar resuelto al día de hoy”.




Bagus, Philipp (2010), “Austrian Business Cycle Theory: Are 100 percent reserves Sufficient to prevent a Business Cycle?” Libertarian Papers. Vol. 2, No. 2, 1-18.

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Thornton, Mark (2010), “Short Changing 100 Percent Reserves”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 13, No. 2, 95-103.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Qué es la guerra contra el efectivo y por qué debería importarte


Muy pocos lo han notado, pero desde hace años a nivel internacional se ha recrudecido la guerra contra el efectivo. Los pocos conscientes de ello y de las consecuencias nefastas para nuestras libertades incluyen a economistas de la Escuela Austriaca como Joseph Salerno. La guerra va de a poco globalizándose en Francia (sobre todo luego del ataque a Charlie Ebdo), Suecia, Uruguay, Estados Unidos (el Chase), etc. Pero ¿Qué es la guerra contra el efectivo?

La guerra contra el efectivo (war on cash) significa medidas del gobierno para restringir o, en definitiva, impedir el uso de dinero (físico) en efectivo por parte de la población.

El efectivo al que el Estado apunta incluye, básicamente, dinero físico papel y monedas. El término "efectivo" debe entenderse en su sentido estricto, no en el financiero o contable. La guerra es solo contra el efectivo físico. En finanzas o contabilidad el efectivo a veces incluye, además del dinero en sí, activos (corrientes) inmediatamente convertibles a la par a dinero, cuentas bancarias a la vista, inversiones de corto plazo,
etc.

¿Por qué hacer una guerra contra el uso de efectivo? Los objetivos son varios:
  • 1) Tasas de interés nominales negativas: El plan es básicamente que dejes todo tu dinero en tu cuenta bancaria, de ser posible, sin retirar nada de efectivo físico. Encerrar tu efectivo dentro del sistema bancario. Simplemente que te muevas con tarjetas de débito, cheques o cosas así. Una vez que tu dinero físico está encerrado en el banco, pueden aplicar una tasa de interés nominal negativa. Si la moneda fuera libremente retirable y el banco impone una tasa de interés nominal negativa, la gente tenderá a sacar su dinero efectivo del banco. Ahora, si tienes prohibido sacar tu efectivo o es tremendamente inconveniente hacerlo, sentirás cómo el interés negativo se "come" tu saldo. Por ejemplo, si la tasa de interés nominal anual es -5 % y tienes un depósito de $1.000; entonces a fin de año tendrás solo $950.
Grecia con su crisis y depresión económica se ha convertido en el más reciente laboratorio para probar ir contra el efectivo. Su gobierno propuso lo que es básicamente un impuesto a la retirada de efectivo de los bancos. Por órdenes estatales, los bancos cobrarían un pequeño recargo por retirar el efectivo en cajeros automáticos (en un intento desesperado de evitar que los ciudadanos sigan retirando euros y, de paso, recaudar algo). Ahora los griegos deben pagar 1 euro por cada mil euros que extraigan. No es mucho, pero el porcentaje no es el problema. Como indica Salerno, el problema verdadero es el principio que se pone en marcha al hacer esto. De ejecutarlo, lo que los bancos han hecho es romper el valor par que necesariamente debe haber entre el depósito y el efectivo. Una vez roto, aunque sea solo una mínima parte, deja de ser un valor par. Y, por ende, abre la puerta a cualquier otro porcentaje a aplicar en el futuro (y que dependerá de cuanto interés negativo se quiera cargar). El cambio entre el valor del depósito y el efectivo depositado en el mismo debe o ser par o ser cualquier otro valor, no hay otra posibilidad.

Supongamos, por simplicidad, que el recargo de los bancos griegos es 10 %. Ya no puedes ir a retirar todo tu dinero de inmediato al banco, reclamando un euro en efectivo por cada un euro depositado. Ahora por cada 100 euros físicos que quieras sacar, te cobran 10 euros. Solo puedes sacar del banco un euro, pagando 1,10 euros. O lo que es lo mismo, obtienes 90 euros en efectivo por cada 100 depositados. Y, por supuesto, el gobierno griego deja bien claro que hacer lo contrario no invierte las cosas. Al depositar 100 euros en efectivo en un banco, el cliente no obtiene 110 euros en depósito sino 100. Astutos los tipos, ¿no?

Ahora es más costoso comprar cualquier bien con efectivo retirado que con un depósito bancario. Si quiero comprar algo que vale 100 euros, al sacar el dinero del banco me dan solo 90 en efectivo y no lo puedo comprar. Si lo compro directamente con tarjeta de débito bancaria, puedo adquirirlo. Es decir, si deseo adquirir con el efectivo sacado del banco algo que vale 100 euros, debo pagar 110 euros. Pero comprándolo vía el sistema bancario, solo pago 100 euros.

Observen lo que pueden hacer ahora los políticos: Si pierdes 10 % cada vez que sacas el dinero del banco, ellos pueden bajar la tasa de interés sobre tus depósitos hasta el, digamos, -6 %. Aun con eso, no sacarías el dinero del banco pues perderías más (10 %) de lo que te sacan ahora (6 %). En esas nuevas circunstancias muchas personas ya no sacan inmediatamente el dinero del banco para huir del interés negativo. Ese era el objetivo: imponer tasas de interés nominales negativas y que la gente no huya de ella. Lo que ocurre en Grecia tiene potencialmente esas consecuencias, pavimentar el camino a las tasas de interés nominales negativas.

Como irremediablemente te estarían sacando 6 % de tu efectivo, estarías obligado a gastarlo. Te harían gastar tu dinero sustrayendo un monto de tu cuenta bancaria por cada día que lo dejes ahí y no lo gastes.

Uno de los objetivos de quitarte el efectivo físico es imponer tasas de interés nominales negativas. Y a su vez, el objetivo del interés nominal negativo es obligarte a gastar. La ideología keynesiana/monetarista de mantener un determinado (por el gobierno, claro) nivel de gasto para resolver los problemas, es de gran inspiración en esto. Si te sacan dinero de tu cuenta bancaria por cada día que lo dejes en el banco y no lo gastes, vas a estar obligado a gastarlo.

No solo tu propiedad va a ser arbitrariamente expropiada vía la tasa de interés nominal negativa, sino que además tu libertad de disponer de ella gastándola o no según tu criterio va a ser violada solo porque a los burócratas se les ocurrió que debes gastar más. Estas entre perder parte de tu propiedad o hacer lo que los políticos digan que hagas con ella.
  • 2) Apoyar el sistema bancario de reserva fraccionaria: Cuando la gente pierde la fe en el sistema bancario, comienza a retirar su efectivo del mismo. Al hacerlo, el público está reclamando sus justos derechos de propiedad sobre su dinero. Ello hace que comience a colapsar el sistema bancario. Pero encerrando el efectivo dentro de los bancos e impidiendo que lo puedan sacar, el Estado protege y apuntala el inestable, inflacionario y causante de ciclos económicos sistema de reserva fraccionaria.
Usando tarjetas de débito, cheques, etc. aun cuando algunos bancos pudieran tener problemas cuando unos clientes pasan de unos a otros su dinero, el dinero no se retira del sistema. La mayoría de la gente no suele darse cuenta, pero como depositantes tienen el poder de tirar abajo incluso al más poderoso banco de un día para el otro si muchos de ellos retiran su dinero rápidamente. Washington Mutual (WaMu) el sexto mayor banco de Estados Unidos fundado en 1889, con sucursales en todo el país (El "Walmart de los bancos", le decían) y una historia de solidez; únicamente con una corrida de una semana por parte de sus depositantes desapareció en 2008 en la mayor caída bancaria de la historia. El declive del más poderoso banco es posible en cualquier momento.

No es de extrañar que los bancos apoyen voluntariamente al gobierno en esta guerra, les conviene mucho. Les saca de encima el fantasma de las corridas: la supremacía de los depositantes. Por eso pueden notarse movimientos voluntarios por parte de ellos para facilitarle el trabajo a los políticos.
  • 3) Dificultar el mercado negro: uno de los objetivos explícitos de la guerra contra el efectivo es precisamente ir en contra del mercado negro. Con el pretexto de combatir enemigos reales o imaginarios, se planea eliminar el efectivo. Los narcotraficantes, terroristas, evasores, el lavado de dinero, etc. son la excusa. Como suele ser usual, los gobiernos se toman de problemas artificialmente creados por ellos mismos para usarlos de excusa en restringir aún más la libertad de la gente.
Incluso regalando el argumento al gobierno y asumiendo que esas personas son "malvadas" y hay que combatirlas, el mercado negro no tiene por qué estar limitado a drogas, explosivos para atentados, evasión impositiva, etc. También puede incluir productos básicos que una mala política del gobierno ha hecho desaparecer del mercado legal. Luego de que una política generalizada de precios máximos acaba con la existencia de muchos productos, estos aparecen en el mercado "ilegal". En el mercado negro las cosas se consiguen. A un mayor y real precio, pero se consiguen. Obviamente las cosas se pagan en efectivo, el cual garantiza discreción.

Imaginen que viven en Venezuela y no tienen acceso al mercado negro porque no poseen efectivo y solo pueden comprar en el mercado blanco (donde casi no hay nada) vía el sistema financiero. La mayoría no podrían adquirir las cosas más básicas una vez las pocas que hay se agotasen y luego de horas perdidas en una cola.

Aun cuando, afortunadamente, el ingenio de los participantes del mercado negro seguramente idearía alguna solución a la falta de efectivo (surgiendo espontáneamente alguna moneda en efectivo paralela, etc.), en el corto plazo muchas personas sufrirían mucho la falta de productos.
  • 4) Facilidad de cobrar cualquier impuesto: Pero la violación a tu libertad no se detiene en determinarte desde arriba si debes gastar o no, dificultar que consigas las cosas que deseas pero que el gobierno ha hecho desaparecer y en sostener el fracasado sistema bancario actual. La histórica alianza entre el sistema bancario y el Estado permite todavía más arbitrariedad.
Una vez que tienes todo tu dinero encerrado en una cuenta bancaria, el Estado puede cobrarte cualquier tasa de impuesto que decida de inmediato y no tendrás escapatoria (salvo tener un grupo de abogados y descubrir algún reducto legal, lo cual a la larga tampoco es garantía). El gobierno puede potencialmente cobrar los impuestos excesivos que desee.

El dinero en efectivo es mucho más difícil de expropiar por parte del gobierno. Pero si mañana quiere sacarte el 70 % de tu dinero y está en una cuenta bancaria encerrado, puede hacerlo y ya no podrás conseguir y guardar efectivo fuera de su alcance. La expoliación estatal es enormemente más sencilla sin la existencia de efectivo.

Si el Estado quisiera rescatar a los bancos (insolventes por las malas decisiones de su gerencia, no de los depositantes) con el efectivo de los que depositaron en ellos, podría hacerlo de inmediato.
  • 5) Mover todo a través del monitoreable sistema financiero: El pago y cobro con dinero en efectivo muchas veces significa intimidad. Dado que no quedan registros de la transacción (cuando compras algo, el dinero va y el producto viene. Fin de la historia), la intimidad de las personas queda protegida.
Si todo tu dinero está en el banco y cualquier movimiento debe ser a través del sistema financiero, absolutamente cualquier transacción que hagas con dinero quedará registrada. Y, por ende, el gobierno puede saber qué compraste, cuando lo hiciste, dónde, etc. Por ejemplo, supongamos que compras una muñeca inflable para la despedida de soltero de un amigo. Deberás pasar tu tarjeta de débito para pagarla y la transacción es registrada. Si, luego de un tiempo, por la razón que sea, consigues cierto prestigio y representas una amenaza para el gobierno o sus lobbistas, puede ser que esa transacción se haga pública, sea atribuida a ti y destrocen tu credibilidad (obviamente, no es necesario que el propio gobierno sea el soplón. Puede dar los datos a los medios de comunicación y ellos encargarse de difundir la información). Descontemos el caso de que asuma un dictador sin escrúpulos al cual tus comentarios no le caigan bien y que pueda saber qué remedios tomas, cuando y donde los compras, en que horarios regulares, etc. Suena a película de ciencia ficción, pero, dado el historial homicida de los gobiernos, algo tan simple es perfectamente posible.

La capacidad de espionaje por parte de la inteligencia estatal queda potenciada enormemente. Toda tu intimidad financiera, desde lo que comes hasta lo que usas en el baño, quedará registrada. Y, potencialmente, utilizable en tu contra por parte del gobierno o sus afines.

No es que hoy en día el Estado no se meta en la intimidad de las personas, lo hace muchísimo. Pero la eliminación del efectivo implica la desaparición de la última arma efectiva para evitar el ojo gubernamental en toda nuestra vida comercial.

En resumen, si el Estado gana la guerra contra la efectivo perderás la libertad de disponer de tu propiedad (gastar cuando y como quieras o no hacerlo), el Estado podrá expropiarte cuanto desee o le convenga y no tendrás escapatoria, perderás la poca intimidad que todavía puede tenerse del ojo vigilante del gobierno, en caso de aplicar controles destructivos sobre los precios estarás a la buena del político para conseguir algo y se perderá definitivamente el mínimo control sobre el (inestable, inflacionario y artificialmente mantenido por el Estado) sistema bancario de reserva fraccionaria: la saludable amenaza de corridas bancarias.

Aun en el actual y estatista sistema de dinero fiat, si perdemos el efectivo físico seremos enormemente menos libres y más esclavos de los políticos. Y eso debería preocuparnos a todos.

sábado, 25 de julio de 2015

Vistazo al debate sobre reserva fraccionaria VS 100 por ciento


Una de las divisiones más definitorias e irreconciliables dentro de la Escuela Austriaca está en si la emisión de medios fiduciarios es siempre inflacionaria, descoordinadora y causante de ciclos económicos o si no lo es. No hay tercera posición en ese análisis. 

Desde el punto de vista económico (no el ético o legal), el conocido debate dentro de la Escuela Austriaca de banca (libre) con reserva fraccionara V.S. banca (libre) con reserva de 100 % para los depósitos a la vista (demand deposits) y similares es, en definitiva, una discusión de si la expansión de medios fiduciarios produce o no inflación y el fenómeno conocido como ciclo económico (Salerno, 2010). Entendido de este modo, el enfrentamiento no es otra cosa que la plasmación de dos movimientos de teoría monetaria que históricamente jamás han sido reconciliados: la Escuela neo-Monetaria y la Escuela neo-Bancaria. Los predecesores de ambas, la Escuela Monetaria (Currency School) y la Escuela Bancaria (Banking School), tuvieron un debate titánico a mitad del siglo XIX principalmente en Gran Bretaña (Salerno, 2010). Este es uno de los temas principales que diferencian la rama misesiana de las demás, dentro de la Escuela Austriaca.

A continuación, se presenta solo un pequeño vistazo de la controversia cuyos participantes ya traté de listar. Además debo aclarar que, dada la gran cantidad de bibliografía citada, no he linkeado cada uno de los trabajos en sus respectivas fechas como suelo hacer en este blog. Sin embargo, cada uno está explicitado al final del post y la mayoría de ellos se consiguen fácilmente en Internet.

Desde Mises hasta los 80's

Como explica Hülsmann (2000), desde que Ludwig von Mises publicara su primera obra fundamental monetaria en 1912 (Mises, 1912) llamada La Teoría del Dinero y del Crédito (de los Medios Fiduciarios, en realidad), la posición de la Escuela Austriaca respecto de los efectos de la emisión por parte del sistema bancario de medios fiduciarios siempre fue principalmente escéptica. En 1912, aun cuando el joven Mises de 31 años destacaba algunos aspectos probablemente positivos, expresaba serias reservas económicas sobre la actividad bancaria con reserva fraccionaria y su capacidad de expandir el crédito circulatorio. Posteriormente el mucho más maduro y sabio Mises de los años 40's (Mises, 1940; 1949), cuando completó íntegramente su teoría monetaria (Salerno, 2010), se opuso firmemente a cualquier expansión de medios fiduciarios descartando las cualidades positivas que destacó de joven (Salerno, 1993; 2010; 2012). A tal punto, que favorecía el arreglo institucional que, dentro de lo humanamente posible, él creía que podría traer la supresión casi total de la emisión de nuevos medios fiduciarios: la libertad bancaria (Salerno, 2012). 

Su gran alumno y futuro premio Nobel (precisamente por sus trabajos de esta época), Friedrich von Hayek, en sus primeros escritos monetarios y sobre ciclos (Hayek, 1929; 1931; 1937) examinaba los efectos nefastos de la creación de medios fiduciarios. En particular, cómo provocaban inevitablemente un ciclo de auge y depresión. Hay que notar, sin embargo, que a pesar de que el joven Hayek de 30 años conocía perfectamente las consecuencias perturbadoras (Hayek, 1929), veía los efectos cíclicos como "el precio que hay que pagar" por usar la expansión de medios fiduciarios para acelerar el desarrollo económico más allá de lo que la gente ahorra (Block y Garschina, 1996). Es decir, Hayek parecía sugerir que se debía continuar con el sistema que permite la expansión de medios fiduciarios (reserva fraccionaria), aun cuando inevitablemente causen ciclos, si se quería seguir acelerando el progreso técnico y comercial (Block y Garschina, 1996). A pesar de eso, se equivocaba en su análisis de costos y beneficios, comparación que ni siquiera es posible (Block y Garschina, 1996). Un par de años después (Hayek, 1931; 1937), cambió de opinión a favor del 100 % de reserva (Huerta de Soto, 1998b: 366-71, 564-65). 

Continuando con la tradición misesiana, Murray Rothbard fue probablemente el más enfático opositor al negocio bancario de emitir medios fiduciarios vía la reserva fraccionaria antes de los años 80's y durante toda su vida (1962a; 1962b; 1963; 1983; 1994).

Debido al peso intelectual de todos ellos, hasta la década del 80 se puede considerar que el "mainstream" dentro de la Escuela Austriaca en temas monetarios era la oposición a la emisión de medios fiduciarios por parte del sistema bancario. 

Sin embargo, la "ortodoxia" austriaca en temas monetarios seria desafiada...

Los "renegados" free bankers 

A mitad de los años 80's ocurre un cisma dentro de la Escuela Austriaca: en 1984 un economista austriaco, Lawrence White, se desvía del mainstream monetario con su defensa histórica y teórica de la banca libre con reserva fraccionaria (White, 1984; 1989; 1999). La exposición de White es apoyada y extendida por su alumno, y también austriaco (en ese momento, porque ya no lo es), George Selgin (1988; 1996). A ellos se unieron también Larry Sechrest (1993) y Steven Horwitz (1988; 1989; 1992) junto con monetaristas y miembros de la escuela subjetivista inglesa (Huerta de Soto, 1998a; 1998b: 525-27), entre otros. Así nació el bando opuesto al 100 % de reserva para depósitos a la vista que se suele llamar, por su nombre en inglés, Free Banking (banca libre) y cuyos partidarios son los denominados "free bankers".

Aparte de Rothbard (1988), Walter Block (1988) y Joseph Salerno (1991a; 1991b; 1993; 1994), casi nadie defendió directamente la posición "ortodoxa" austriaca a finales de los años 80's y principios de los 90's. Como consecuencia de ello, la posición free banker a favor de la reserva fraccionaria ganó cada vez mayor aceptación, al punto de que estuvo cerca de convertirse en la nueva ortodoxia dentro de la escuela (Hülsmann, 2000). 

Fue precisamente este éxito lo que despertó el interés en el tema y provocó que, a mitad de la década del 90, apareciera la crítica a sus respectivos análisis. Iniciando así el épico debate de la reserva fraccionaria V.S. el 100 % de reserva. Hans-Hermann Hoppe inicia la defensa de la posición monetaria tradicional (Hoppe, 1994), criticando a Selgin y White. Seguido de Jesús Huerta de Soto (1995), Jörg Hülsmann (1996) y Mark Skousen (1996).

La gran batalla a favor y en contra de los medios fiduciarios

Luego de esas reacciones, los propios Selgin y White (1996) contraatacaron apuntando explícitamente contra Hoppe y Huerta de Soto (el artículo de Hülsmann era muy reciente, así que no lo abordaron directamente). Argumentaron que la reserva fraccionaria, en un entorno libre, ni era un fraude ni era inestable económicamente. Su paper (cuyo título es, por lejos, el más original del debate) era básicamente una defensa de su posición favorable a la emisión de medios fiduciarios por parte del sistema bancario solo bajo ciertas condiciones: para ajustar un aumento previo de la demanda para retener los mismos. Es decir, para mantener un "equilibrio monetario". En esas circunstancias, la emisión de medios fiduciarios no solo no era distorsiva, sino que, además de estabilizar (el flujo de gasto de) la economía, incluso podía inducir a aumentar el stock de capital.

La respuesta completa vino dos años después cuando Hoppe, Hülsmann y Block contestaron la defensa tanto legal como económica de la reserva fraccionaria presentada por Selgin y White (Hoppe et al. 1998). La emisión de medios fiduciarios incluso ante cambios en su demanda provoca una adicional descoordinación económica, no la soluciona. Emitirlos para ajustar un aumento de su demanda lejos de ayudar a equilibrar la economía, solo la descoordina más e impide el ajuste de precios relativos que, suponen los free bankers, logra conseguir. Luego Hülsmann desarrolló su teoría del error, continuando la crítica a la reserva fraccionaria (Hülsmann, 1998a). Huerta de Soto añadió una nota final al debate en 1998 (Huerta de Soto, 1998a) junto con su obra magna en temas monetarios (Huerta de Soto, 1998b). Y Pascal Salin (1998) se enfrentó a Hülsmann (1998b).

El enfrentamiento de Salin, White y Selgin contra Hoppe, Hülsmann, Block y Huerta de Soto fue la batalla central y ocurrió a finales de los 90's. Entrado el nuevo milenio, la guerra continuaba. Selgin (2000), Salin (2001), Horwitz (2000) y White (2003) por un lado y Hülsmann (2000; 2003; 2004; 2008a; 2008b) por otro. Block y Barnett II (2005) ofrecen argumentos económicos adicionales contra Selgin y White y, además, Hauwe (2006) hace un análisis crítico de toda la teoría de la banca libre con reserva fraccionaria.

La nueva generación

En la actualidad, el debate está aún lejos de concluir y ha llegado a las nuevas generaciones de economistas austriacos. Por dar un ejemplo: los pupilos de Huerta de Soto, David Howden y Philipp Bagus, se atrevieron a desafiar la teoría de George Selgin en el año 2010 (Bagus y Howden, 2010).

Selgin (2011) y Horwitz y Evans (2011) respondieron junto con los jóvenes Alexander Salter y William Luther (2012). Bagus y Howden replicaron a cada uno: a Selgin (Bagus y Howden, 2011a), a Horwitz y Evans (Bagus y Howden, 2012a) y a Salter y Luther (Bagus y Howden,  2012b). También Block, Bagus y Howden (2013) contestaron a Michael Rozeff (2010), Bagus, Howden y Gabriel (2014) a Evans (2013), entre otros trabajos.

Recientemente Laura Davidson (2012) ha refutado completamente la teoría del "(des)equilibrio monetario" que es la base en la que muchos free bankers construyen su fundamentación económica de la reserva fraccionaria. También ha salido al cruce de alumnos free bankers y contra la reserva fraccionaria en términos de la teoría de la transferencia de títulos (Davidson, 2014). Además es destacable el ataque al "equilibrio monetario" y los precios rígidos (sticky prices) de Bagus y Howden (2011b). Y hay muchos más ejemplos. Por nombrar uno más, el debate ha decantado, incluso entre defensores del 100 %, en si el descalce de plazos es legítimo o no y si causa el ciclo económico o no.

A diferencia de lo que suelen dar a entender los free bankers, la discusión y la defensa del coeficiente de caja del 100 % continúa hoy viva y mejorándose. Y, al menos hasta ahora, el caso contra los medios fiduciarios está lejos de ser correctamente refutado. Todavía no se ha dado fin al sano debate académico que divide a la Escuela Austriaca.








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