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domingo, 15 de septiembre de 2019

Tal vez están mutando a la izquierda socialista: crítica de la crítica de Benegas a Hoppe


Es con pesar que tengo que realizar esta crítica a José Benegas porque siempre fue una personalidad respetada dentro del Liberalismo de Argentina y yo mismo he visto cómo él fue uno de los poquísimos que realmente se opusieron en esencia, y no en detalles, al kirchnerismo cuando este estuvo en su máximo auge (2003-2008). Es muy fácil ver el desastre kirchnerista hoy o en 2015, pero en pleno 2004, cuando casi toda la sociedad estaba “enamorada” de su presidente, la valentía para criticar no abundaba y Benegas era de los poquísimos que la tenían en televisión.

Como bien reza el dicho de finanzas “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”, el hecho de que antes Benegas haya sido brillante no garantiza que lo siga siendo. En los años recientes, estimo que desde 2015, se ha montado en algo así como una búsqueda y denuncia de (según él) supuestos “fascistas dentro del Liberalismo” que implicó la publicación de su libro “Lo Impensable: El curioso caso de los liberales mutando al fascismo”, que no es otra cosa que una recopilación de varios artículos relacionados a lo largo de estos años. Para ello, Benegas desafortunadamente ha adoptado la retórica y el “bando” de lo que se suele denominar “Libertarianismo/Liberalismo de izquierda”, muy de moda en los últimos años. El capítulo central del libro, llamado “La izquierda de Hoppe” y del que me encargaré en parte ahora, es, predeciblemente, uno que tiene como objetivo al filósofo Hans-Hermann Hoppe. Decía Murray Rothbard que “el trabajo escrito de Hoppe parece que tiene una notable capacidad de exasperar a ciertos lectores, subirles la presión sanguínea, que murmuren y mastiquen la alfombra.” y vaya si tenía razón.

Lamentablemente, veremos que Benegas fracasa en su búsqueda refutar lo que Hoppe dijo y, en su intento de criticarlo en ese y otros temas, apela en ocasiones a trucos retóricos que solían caracterizar el método discursivo de la izquierda socialista. El discurso liberal, solía ser inmune a eso. Pero acá se deja un peligroso antecedente. Irónicamente, su convicción de que lo que escribía antes Hoppe era bueno pero lo de los últimos años ya no lo es también se puede decir del propio Benegas.

Al igual que Benegas, y por simplicidad, voy a usar los términos “liberal” y “libertario” indistintamente.

Un error de origen y de interpretación

Benegas comienza su exposición con un error elemental sobre el origen de la corriente conocida como “Paleo-libertarianismo”, algo muy extraño dado que lleva décadas en las filas liberales: él cree que el discurso de Hoppe, titulado “A realistic libertarianism” (traducción al español), es el documento de fundación del “paleo-libertarianismo”:

[M]e encuentro con lo que parece ser el documento sagrado de fundación del “paleo-liberalismo”… Se trata del ensayo de Hans-Herman Hoppe llamado ‘A Realistic Libertarianism’.

Es completamente incorrecto afirmar que este artículo de Hoppe de 2014 sea fundacional del paleolibertarianismo por la sencilla razón de que ya existió un artículo fundacional y ¡es de hace 29 años! En 1990, Llewellyn Rockwell publicó “The Case for Paleo-Libertarianism” (traducción al español): un manifiesto que luego fue continuado y reforzado por Murray Rothbard, ese mismo año, en su artículo “Why Paleo” (traducción al español). Allí se declaran sus principios, características, intenciones, origen, así como las razones que llevaron a su creación. Ambos, pero en particular el de Rockwell que incluso ideó el nombre, sí son lo que Benegas llama “documento de fundación del paleolibertarianismo”. Por tanto, el de Hoppe no lo es para nada. 

Y es que tampoco pretende serlo. De hecho, lejos de ello, el artículo de Hoppe trata principalmente sobre: una abstracción teórica y lógica pura, que esta debe complementarse con hechos empíricos del mundo real (ser “realista”), un análisis sobre una característica esencial que (según Hoppe) tiene la izquierda y la derecha ideológica, de su compatibilidad o no con el libertarianismo y luego transita a una larga crítica hacia ciertos aspectos (discriminación, inmigración, etc.) del libertarianismo de izquierda. El análisis y las críticas, correctas o no, las comparta Benegas o no; no son necesariamente un “documento de fundación”.

Por último, y como hecho definitivo, ni siquiera la palabra “paleo-libertarianism” aparece en todo el artículo que Benegas menciona. Por lo que el “documento de fundación del paleolibertarianismo” hasta carece de mención alguna del nombre de lo que supuestamente funda. Dada la pertenencia durante años por parte de Benegas a los círculos liberales o a la propia doctrina en sí, es imperdonable y asombrosa una equivocación o ignorancia de esta colosal magnitud.

En cuanto a lo de “sagrado”, es una simple chicana que solo busca a inducir a pensar, de entrada, en que el artículo de Hoppe está imbuido de algún dogmatismo místico, como si fuera algo religioso. Podríamos usar esa misma retórica contra su artículo (o libro) y decir que es el documento “sagrado” del left-libertarianism (izquierda libertaria). Por supuesto, esto no tendría sentido pues ese no es el objetivo de Benegas, como tampoco es el objetivo de Hoppe el que Benegas le atribuye. La crítica de Benegas no tiene un comienzo venturoso si empieza con una forma arbitraria de adjetivación que carece de relevancia analítica alguna y que solo busca deslegitimar. Ese modus operandi es característico de la izquierda socialista (y la derecha socialista nacionalista u otras variantes de socialismo).

La no refutación de Hoppe

Luego del primer error, Benegas pasa a intentar refutar la primera parte del artículo de Hoppe, que es una exposición puramente teórica. Para simplicidad del lector, podemos resumir las posiciones de ambos de la forma más escueta posible de este modo: Hoppe explica que sin escasez, no habría conflictos entre la gente. Benegas dice que aun sin escasez, existirían una serie de conflictos

Según Hoppe:

“If there were no scarcity in the world, human conflicts would be impossible. Interpersonal conflicts are always and everywhere conflicts concerning scarce things. I want to do X with a given thing and you want to do Y with the same thing.”

A lo que Benegas responde:

“Ahora intentaré refutar lo irrefutable… En primer lugar, no todo conflicto humano es consecuencia de la escasez, causado, como afirma, porque uno quiera hacer algo con determinada cosa y otro otra. Hay conflictos de todo tipo fuera de la cuestión de los bienes entre las personas e incluso los habrá una vez que hipotéticamente todos estén asignados... Conflictos por sentimientos, malos entendidos, envidia, amor, en fin, hay una innumerable gama de cuestiones que nos llevan a enfrentarnos unos a otros que no tienen relación con el reparto de bienes y que subsistirán después de su privatización total.”

El error de Benegas es pensar que lo que explica Hoppe se reduce a la escasez únicamente de bienes y servicios. Cuando también puede haber escasez de (los servicios que pueden prestar) las personas, sus cuerpos físicos o mentes y, por ende, conflictos. Tal y como el propio Hoppe lo expone en su libro previo al artículo:


In the Garden of Eden only two scarce goods exist: the physical body of a person and its standing room. Crusoe and Friday each have only one body and can stand only at one place at a time. Hence, even in the Garden of Eden conflicts between Crusoe and Friday can arise: Crusoe and Friday cannot occupy the same standing room simultaneously without coming thereby into physical conflict with each other. Accordingly, even in the Garden of Eden rules of orderly social conduct must exist—rules regarding the proper location and movement of human bodies.”

Si no hay escasez de bienes y servicios, no habrá conflictos sobre ellos y si hay escasez de personas y sus cuerpos, sí habrá conflictos sobre ellos. No siendo escasos, no los habría. Benegas no refuta lo que dice Hoppe si se refiere a conflictos que ocurren con eso que precisamente es escaso, y que el propio Hoppe admite que ocurrirán por esa escasez, pues es la consecuencia lógica de su razonamiento. Observen que todos los conflictos que menciona Benegas (“sentimientos, malos entendidos, envidia, amor…”) envuelven la disposición de, o relaciones entre, personas físicas. Es decir, precisamente entre lo que, según el propio Hoppe, incluso en el Jardín del Edén sería escaso y podría causar existencia de conflictos. En otras palabras, toda la “gama de cuestiones” que presenta Benegas, los cuales implican (relaciones entre) la existencia de personas y cuerpos físicos, son de elementos escasos y Hoppe ya lo tuvo en cuenta. Por lo tanto, los casos que Benegas usa para refutar el razonamiento de Hoppe, no solo no lo logran, sino que, al contrario, lo confirman. Pero veamos más de cerca cada uno de los conflictos de Benegas para que quede claro.

La envidia es un estado mental de malestar causado por un deseo de algo que no se posee y que se conoce que otro sí. Si otro lo posee, y el envidioso no, ¡entonces hay escasez! Existe algo (que puede ser un bien o servicio, una habilidad e incluso una persona) que otro sujeto sí tiene en disponibilidad y que el envidioso no (y sufre psíquicamente por no tener). Si lo tuviera, entonces (a) ciertamente no habría escasez (tanto el envidioso como el otro, al que en situación de escasez envidia, lo tendría) y (b) no tendría envidia en primer lugar porque, dada la no escasez, él ya tiene eso que envidiaría si solo lo tuviera otro. Si otra persona tiene un bien, servicio o habilidad que el envidioso no, pero que este último querría tener y que es la causa de su envidia, entonces en el conflicto (la envidia) interviene la escasez (del bien, servicio o habilidad). De exactamente el mismo modo, si otro sujeto tiene una persona* que el envidioso no, pero que este último querría tener y que es la causa de su envidia, entonces en el conflicto (la envidia) interviene la escasez (de la persona). El hecho de que haya envidia, el correspondiente conflicto, implica necesariamente que hay escasez. Por lo tanto, la envidia no es un caso que refute los conflictos por escasez, sino que, muy por el contrario, confirma la idea de Hoppe.

En cuanto al amor, posibles conflictos amorosos incluyen, por ejemplo, que se ama a una persona que (a) está con otro sujeto, (b) simplemente no quiere estar con quien sí quiere estar con ella o (c) ambas. En cualquiera de los casos, ello implica escasez de la persona que se ama y está con otra o/y que no quiere estar. Si realmente no hay escasez (de bienes y personas), tampoco la hay de la persona que se ama. Precisamente el conflicto amoroso (de que un sujeto desea estar con otra persona que, a su vez, no quiere estar con él o está con otra) es debido a la escasez (de la persona y su cuerpo físico, del afecto sentimental que solo esa persona, vía acciones de su cuerpo, puede otorgar). Por lo tanto, aun cuando se esté en el Jardín del Edén en cuanto a disponibilidad de bienes y servicios, pero haya escasez de cuerpos físicos y conflictos amorosos entre estos, el hecho de que existan tales conflictos solo demuestra que la escasez interviene. En este caso, también vemos que el argumento de Hoppe se mantiene.

No es necesario ponerme a analizar cómo la escasez puede aparecer en todos los posibles conflictos amorosos, pues extendería este post innecesariamente y creo que el punto quedó claro. Brevemente menciono que otro ejemplo de conflictos referidos al amor pueden ser los celos. Sin embargo, el celo es una respuesta emocional por la expectativa o sospecha de una posible pérdida, o preferencia de estar, de alguien o algo que se tiene, en manos de otra persona. Obviamente, aquí está clara la escasez: nadie tiene temor de perder algo que abunda absolutamente. Tenemos otro conflicto donde interviene la escasez, corroborando los expuesto por Hoppe.

En cuanto a los malos entendidos, es claro que no existirán si no hay escasez de información o conocimiento. Una vez más, el conflicto es causado por la escasez. Pero alguien podría replicar que aun cuando la información o conocimiento sea absolutamente abundante (no escaso) y esté disponible para todos, ello no significa que todos la interpretarán correctamente y el mal entendido perdurará. Incluso en ese caso, ello solo implicaría que o (a) la habilidad para interpretar correctamente o (b) la interpretación correcta es lo escaso en este caso. Cualquiera de ambos que sea, implica escasez. Nuevamente, tenemos escasez (de información/conocimiento, de habilidad o interpretación correcta) y tenemos conflicto (mal entendido). Y esa escasez viene acompañada del mal entendido.

Además, Benegas dice que esos conflictos (refutarían la idea de Hoppe porque) seguirían pues “no tienen relación con el reparto de bienes y que subsistirán después de su privatización total”. Acá el problema de Benegas es terminológico. Hoppe está hablando de un (supuesto) mundo sin escasez de bienes y sus implicaciones lógicas (que Benegas intenta refutar), mientras que Benegas (para refutar a Hoppe) habla de un (supuesto) mundo con reparto y privatización total de bienes. Son dos situaciones absolutamente distintas y hasta incompatibles. Un mundo donde no existe escasez de bienes (el de Hoppe) no requiere en absoluto un sistema de completos derechos de propiedad (“privatización total”), mientras que un mundo después de su privatización total (el de Benegas) implica necesariamente un sistema de completos derechos de propiedad. “Privatización total” es un sistema de completos derechos de propiedad, y si hay un sistema de derechos de propiedad completo sobre bienes, entonces hay escasez de bienes (que NO es el mundo que asume Hoppe para su razonamiento y que Benegas trata de refutar)

En resumen, los conflictos que supuestamente no implican escasez y que Benegas utiliza para refutar el argumento de Hoppe, de que sin escasez no existirían conflictos (que impliquen un choque físico), no solo no lo refutan, sino que lo apoyan. Porque es fácilmente demostrable que esos conflictos también implican algún tipo de escasez. Por lo tanto, la primera afirmación de Benegas de que “no todo conflicto humano es consecuencia de la escasez” queda invalidada por los propios ejemplos y razones del mismo Benegas.

Es cuestión de especulación el por qué Benegas cree que simplemente lanzando ejemplos varios, sin siquiera detenerse a explicar o analizar mínimamente (porque no hacía falta muchos párrafos adicionales) cada uno, va a supuestamente refutar el argumento de Hoppe. Esa falta de rigurosidad suele ser característica de la izquierda socialista y, los que venimos lidiando con ella hace años, estamos acostumbrados a que brote de ellos. Pero ver ese “modus operandi” dentro del Liberalismo es sorprendente y alarmante. 

No es que su refutación es tan buena como para no necesitar detenerse en ella para profundizar, es que precisamente el no haberse detenido a hacerlo causa que cualquiera que sí lo haga pueda fácilmente demostrar que todos los conflictos que Benegas menciona implican algún grado de escasez y, por ende, terminan reforzando el argumento que quería desmantelar.

Pero la reafirmación de lo que dijo Hoppe continúa. Adicionalmente, dice Benegas:

“Redactamos contratos entre propietarios para evitar las innumerables disputas que pueden surgir y para achicar esa gama de cuestiones. Conflictos que incluso nos llevarán a tener una visión sesgada acerca de a quién le pertenecen determinados bienes. En la colaboración hay conflictos. La asignación de bienes en propiedad y su traspaso por medios pacíficos, ni siquiera está exenta de muchísimos problemas de interpretación. Además, por supuesto de los conflictos en el terreno familiar, de sucesiones, etc.”

Al hablar de que se redactan contratos "entre propietarios" para evitar o reducir el margen para conflictos, Benegas ya está asumiendo que hay escasez. El término “propietarios” implica individuos a los que les fue asignado derechos de propiedad sobre algo. Y si tienen asignados derechos de propiedad, fue sobre necesariamente bienes escasos. Sobre bienes no escasos, no se establecen derechos de propiedad. Por ende, el autor solo está hablando de cómo se lidia con posibles conflictos que surgen en ámbitos de escasez. Y dado que habla sobre conflictos sobre bienes escasos, no está refutando lo que dice Hoppe sino, nuevamente, reafirmándolo. Lo mismo se aplica al resto de su argumento. Conflictos que lleven a una visión sesgada de a quién le pertenecen ciertos bienes, implica necesariamente un conflicto por escasez de, ¡precisamente!, esos bienes determinados a ser asignados. Si no hubiese esa escasez, no habría una visión sesgada de a quién pertenecen ni habría el conflicto resultante. Adicionalmente, si hay una “asignación de bienes en propiedad” que puede tener problemas de interpretación, entonces estamos hablando de un conflicto sobre bienes escasos. El término “asignación de bienes en propiedad” implica, por enésima vez, la participación de bienes que no son abundantes. Por ende, es un caso más que no solo no refuta lo que dijo Hoppe, sino que lo reafirma: todas son ocasiones de conflictos que involucran escasez. Sin esa escasez, todos estos conflictos no se desarrollan.

Descontando, por supuesto, que conflictos familiares y de sucesiones se dan siempre por bienes escasos (dinero, inmuebles, ropa, joyas, electrodomésticos, etc). Nadie podría tener un conflicto familiar o de sucesión por bienes no escasos, como por el aire.

Queda claro que una de las partes importantes del artículo crítico de Benegas, que es tratar de refutar el argumento de Hoppe, fracasa en su intento.

Benegas se deja llevar 

Luego de lo anterior, Benegas se mete a criticar la visión de Hoppe sobre posesión sobre uno mismo, el homestead principle, etc. pero ponerme a contar qué está mal en eso extendería innecesariamente este, ya de por sí, largo post. El punto que quería dejar claro, que la crítica esencial de Benegas no es correcta, ya está expuesto. Pero ahora me detengo en un par de críticas adicionales que realiza el autor y que encienden las alarmas por lo incorrectamente planteadas. 

Debido a que Hoppe es muchas veces deliberadamente provocador al expresarse, es muy usual ver malas críticas por parte de gente de izquierda que utiliza sus frases aisladas y arma un personaje que harán que termine diciendo lo que ellos presumen diría alguien con la ideología que ellos le atribuyen. Benegas apela a este proceder absurdo: aparentemente, se ha armado una imagen mental de Hoppe como una especie de, en su cabeza, “fascista xenófobo supremacista blanco” y este dirá lo que alguien así diría. 

“Así como la izquierda utiliza a las víctimas en función de su proyecto autoritario, también lo hace Hoppe cuando victimiza al varón hombre heterosexual del “lobby gay”, que es un fantasma, una conspiración que introduce por ahí ¿No es un poco “marxista cultural” el hecho de declararse víctima para sostener una posición preferente?” 

No puedo calificar lo del “lobby gay” más que como un invento total de Benegas. En ningún lugar del texto de Hoppe aparece el término “lobby gay” que, según Benegas, Hoppe “introduce por ahí”. El lector que no esté interesado en leer todo el artículo para comprobarlo, puede descargar ya mismo el escrito de Hoppe aquí (acá hay una traducción al español gracias a los muchachos del centro Mises), donde está eso más otros tres trabajos adicionales, y usar el buscador de Adobe Acrobat para ahorrarse la lectura. La palabra “lobby” directamente no existe ni en el texto que critica Benegas, ni en los otros tres textos relacionados. La palabra “gay” aparece en otros artículos, pero no en el que Benegas critica (y donde, al menos, debería aparecer) y en contexto de enumerar derechos (“gay rights”). ¿Qué pretende Benegas inventando que Hoppe introdujo términos que jamás utilizó? La rigurosidad del autor de la crítica está severamente cuestionada a estas alturas. 

Es cierto que Hoppe es muy crítico en su artículo con la absurda tendencia actual de la nueva izquierda y la izquierda libertaria de “identificar” y polarizar ciertos grupos (arbitrariamente escogidos) como supuestas “víctimas” y a otros como supuestos “victimarios”. De criticar esa crítica a inventar que Hoppe introdujo un “lobby gay” hay un mundo de distancia.

Benegas continúa con una afirmación no menos mala:

“Hoppe fue echado de una posición académica por hacer comentarios sobre los gays. Tal vez de ahí venga su resentimiento tan izquierdista que llega a torcer sus posiciones políticas. Pero él no fue echado por “los gays”, sino por unos que estaban en su clase. Y la vícitma fue él, no los varones blancos heterosexuales.” 

Aquí Benegas utiliza un problema personal de público conocimiento de Hoppe (“Hoppe fue echado de una posición académica por hacer comentarios sobre los gays”) para intentar argumentar que, debido a ello, probablemente posea un sesgo sentimental que vicia su posición analítica o política (“Tal vez de ahí venga su resentimiento tan izquierdista que llega a torcer sus posiciones políticas”).

Un problema de esta forma de argumentar, para implicar algún sesgo sentimental basado en un asunto personal más que uno teórico, es que ella puede ser utilizada fácilmente en contra del propio Benegas en este y otros temas. Y lamento tener que utilizar el siguiente caso, pero es la forma de mostrar la arbitrariedad de aplicarle un criterio de (mal) análisis (por problemas personales conocidos con alguien) a Hoppe y no a sí mismo.

Debido a un problema personal que Benegas tuvo, “tal vez de ahí venga su resentimiento tan izquierdista” contra la Iglesia Católica**, dado el historial abrumador de abusos sexuales y pederastia masiva probados de la institución a nivel mundial. Observen cómo fácilmente cualquier crítica (correcta o no) que haga Benegas contra la Iglesia en general, y a los sacerdotes en particular, queda inundada de sospecha (dado su propio criterio que él mismo aplicó a Hoppe) por un posible resentimiento.

La idea implícita de Benegas de “X tuvo problemas personales con un gay, por ende, a X no le agradan los gays y eso vicia su análisis contra ellos” también se puede aplicar a él mismo como “X tuvo problemas de abuso siendo menor, por ende, a X no le agrada la Iglesia y eso vicia su análisis contra ella”. Noten que nadie está aquí comparando algo tan repugnante y miserable como un abuso sexual con despedir injustamente a alguien de una institución. Claramente no se comparan los problemas en sí; sino que se critica el uso de problemas personales, cualesquiera sean, como crítica a un análisis o supuesta demostración de un sesgo. Y lo repito nuevamente, dada la actual tendencia hipersensible de mucha gente de ofenderse antes que esforzarse en leer bien una expresión: nadie acá está comparando un abuso sexual a un menor con despedir a alguien injustamente de una institución, sino que se critica el argumento que se arma en función de utilizar cualesquiera sean los temas (en este caso: problemas personales conocidos).

Ni es cierto que los problemas personales conocidos que tuvo Hoppe demuestran necesariamente resentimiento hacia los gays que vicia sus críticas ni tampoco es cierto que los problemas personales conocidos que tuvo Benegas demuestran necesariamente resentimiento hacia la Iglesia que vicia sus críticas. Benegas está en la disyuntiva de (a) rechazar lo primero y aceptar lo segundo, lo cual implica arbitrariedad (dado que las dos formas de proceder son iguales, independientemente del asunto al que se refieran) y, por ende, un mal análisis o (b) aceptar ambas, lo cual deja su crítica a Hoppe como errónea. Es un callejón sin salida por hacer una mala apreciación.

Pero aun asumiendo que lo anterior no se aplica, la interpretación de Benegas es o forzada o maliciosa. Hoppe jamás dice, y ni siquiera deja implícito, que “fue echado por ‘los gays’”. Por lo que el “pero él no fue echado por ‘los gays’” de Benegas, que lanza como si él estuviera clarificando algo que Hoppe implicó o dijo, no tiene ningún sentido. El alemán deja bien en claro, las veces que contó por escrito la anécdota (ej: “My battle with the thought police” y “Coming of age with Murray”), que fue una determinada persona (lo individualiza) y lo hace describiéndolo sin nombrarlo. Como puede verse tanto en el texto anteriormente linkeado y en este otro: 

“In a lecture I had hypothetically suggested that homosexuals, on average, and owing to their characteristic lack of children, had a comparatively higher degree of time preference, i.e., of present-orientation. A cry-baby student complained, and the university’s affirmative action commissar immediately, as if he had only waited for this opportunity, initiated official proceedings against me, threatening severe punitive measures if I were not to instantly and publicly recant and apologize.” 

“During my lecture no question was raised. (You can hear the same lecture, given some time later, on Mises.org.) However, two days later an informal complaint was filed by a student with the university’s affirmative action "commissar." The student claimed that he as a homosexual had been made to "feel bad" by my lecture. Based on this "evidence" the commissar, who, as I would find out only weeks later, was a former clergyman turned "certified" gay activist, called me at home to inform me that he would shut down my class if I continued making such remarks.” 

Como se ve, Hoppe nunca deja implícito ni explícito que “fue echado por ‘los gays’”. Claramente menciona que fue un estudiante particular, a veces incluso adjetivándolo (“cry-baby”), y es claro también que lo individualiza (no menciona que fue un grupo) tanto a él como al “comisario”. 

En resumen, Benegas, de entrada, comete un error básico del origen de la doctrina que critica, además de mal identificar el objetivo del texto de Hoppe. Luego intenta refutar la afirmación lógica de Hoppe y no solo no lo logra, además termina reforzando el argumento del alemán. Finalmente, mostré solo un par de otros errores groseros de interpretación y crítica. Hay muchos errores más en el libro de Benegas, pero, como se ve, desmantelarlos ocupa espacio y tiempo. Mientras tanto, el veredicto es claro: este es probablemente uno de los peores libros que he visto ha dado el Liberalismo argentino en los últimos años. Está escrito con más emoción que razón y eso solía ser el modus operandi absurdo de la izquierda, no del Liberalismo. Si hay alguna refutación para lo que dijo Hoppe, algo es seguro: esta crítica de Benegas no es ella.





*Obviamente, nadie está hablando de poseer en el sentido de ejercer derechos de propiedad sobre una persona como sobre un objeto no humano o servicio. Sino de tener voluntariamente su compañía, cariño, etc.

**Claramente, esto no es una defensa en absoluto de la Iglesia Católica y el enorme historial de abusos sexuales a menores que han sido demostrados (cosa ya aclarada en lo que redacté). Sino que se usa el caso de la misma como ejemplo de un tema.

sábado, 2 de abril de 2016

La "Rota" URSS


Me entero hace poco de la existencia de este documental llamado "La Otra URSS" que supuestamente muestra los “logros” no contados de la Unión Soviética. Sin embargo, en este post veremos que solo los primeros dos minutos están repletos de mitos y errores.


Luego del primer minuto de presentación, los siguientes dos minutos contienen (a) un deliberado intento de engañar o (b) un error flagrante. Me refiero especialmente al siguiente gráfico del minuto 01:11 en el que se ve el PBI de la época zarista:


Sin importar cuál sea el caso, el hecho es que veremos que es falso decir que el PBI estuvo “prácticamente estancado” en los años finales del régimen zarista si nos fijamos solo en el gráfico como hace el documental. La serie de la imagen es la de Maddison, que es idéntica a la del trabajo clásico de Gregory (1982: 60-61) que estima el ingreso per cápita (en rublos a precios de 1913) desde 1885 hasta 1913.

Hay dos claros fallos en el gráfico del vídeo, uno más elemental que el otro:

(1) Dejando de lado el obvio yerro del título del gráfico, pues no es la “Evolución del PBI” sino la del “PBI per cápita”, claramente si se está hablando del régimen zarista es un error incluir un periodo que no pertenece al régimen zarista. Cualquiera sabe que este último cayó en la revolución
de octubre (noviembre) de 1917 y lo que le sigue no puede pertenecer a él. 


No existe ninguna razón por la cual haya que incluir 1918-1921 (periodo conocido como "comunismo de guerra")si se está mencionando al periodo de los zares. Por lo tanto, el gráfico debería ser este:


Observen que si solo se mira el gráfico, como se hace en el documental, en la tendencia del periodo 1885-1917 no hay un estancamiento. Es cierto que entre 1885 y 1891 se nota claramente un estancamiento y es cierto que el PBI per cápita ruso entre 1885 y 1917 tiene numerosas subidas y bajadas, crisis y auges. Pero la tendencia es irrefutablemente creciente, si tomamos en cuenta todo el periodo y solo vemos el gráfico como lo hace el documental.

De hecho, si se desea ser justos en el análisis, ni siquiera hay que incluir los años de un acontecimiento anómalo como una guerra mundial. Una guerra así de grande puede en algunos casos reducir o agrandar irregularmente un PBI de forma artificial y temporal. Es por ello que las guerras mundiales, como otras circunstancias muy singulares, se suelen sacar del análisis. De la misma forma en que se deberían quitar los años de la Segunda Guerra Mundial al analizar la URSS. Por lo que el periodo zarista, correctamente observado, queda así:


Si solo lo observamos a simple vista, de nuevo, como se hace en el documental, la tendencia es aún más reconociblemente ascendente que antes. Si vamos más allá de lo visual, la tasa anual de crecimiento compuesto del periodo es de 1,8 % para un periodo de casi 30 años. Por lo tanto, usando la forma visual de análisis del propio documental, no es correcto decir que el PBI per cápita ruso del periodo zarista, correctamente tomado y partiendo desde 1885, estuvo “prácticamente estancado” porque incluso tomando en cuenta los años 1914-1917 la tendencia es claramente creciente.

La opción de la mala intención adquiere más fuerza pues es ampliamente sabido que el PBI de un país beligerante que sufre daños o que es invadido, usualmente cae durante una guerra como la de 1914-1918. Adicionalmente, el PBI se desmorona cuando se aplica una política colosalmente destructora como por ejemplo el socialismo total, tal y como ocurrió en Rusia en 1917-1921. Hay una gran probabilidad de que quien hizo el gráfico deliberadamente incluyó el periodo 1914-1921 mientras menciona al zarismo porque esa caída monstruosa e inusual (guerra mundial + socialismo puro) hacia el final de la serie le sirve para aportar un punto muy bajo y apuntalar la tesis de “estancamiento”.

(2) Pero aún si tomáramos el periodo 1885-1917 donde no existe visualmente una tendencia plana que marque estancamiento, podemos buscar una forma de aparentar que la hay. El segundo y más burdamente grosero error del gráfico es poner una escala absurdamente elevada en el eje vertical (donde están los valores de PBI per cápita). 

Observen la “magia” que ocurre al colocar un eje que llega hasta 600 para una serie de datos que va de 50 hasta 100:


¡Es un milagro! La línea de antes con tendencia creciente ahora aparenta verse plana. Claro, esta vez puedo aceptar el pretexto de que este error no es mala fe. Pues el gráfico se muestra “cortado” de uno mucho más amplio cuyos valores posteriores crecen hasta 500. Pero aun asumiendo que no hay mala fe para mostrar el “estancamiento”, sigue siendo un craso error presentar el periodo 1885-1921 sin una escala seriamente ajustada.

Per
o incluso suponiendo que el documental estuviera en lo correcto y no cometió los dos ridículos errores mostrados antes, no es cierto que la URSS fue un éxito en términos comparativos de PBI per cápita. Si se compara su PBI per cápita con el de Estados Unidos en igual periodo, la URSS jamás fue rival. Incluso si se compara la Unión Soviética con países que no eran potencias pero tenían un ingreso similar en 1930 se ve como el crecimiento soviético no fue nada extraordinario. De hecho, a partir de los 70’s e incluso antes la URSS se queda atrás de algunos. Descontando el fracaso que fue Stalin. Y espero que no se contra argumente que el PBI no mide “todo el bienestar” o que “no lo es todo”, porque el documental pone al inicio como primer trofeo de victoria el PBI. Por tanto, este post se circunscribe solo a eso: el inicio del documental y al PBI que se muestra en el comienzo.

Además de lo anterior, en 01:29-01:35 se le echa la culpa a la Primera Guerra Mundial y a la “guerra civil” de que los años 1918-1921 fueran “complicados”. Afirmación falsa pues el colapso económico de 1918-1921 se debió en una abrumadora mayoría a la política de socialismo puro implantada por Lenin. Usar la palabra “complicado” para resumir los años en que la política comunista casi destruyó la economía rusa y mató de hambre a seis millones de personas es un eufemismo muy burdo.

Por último, antes de terminar los tres minutos, el documental apela, sin demasiada profundidad, al mito de la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial.
 

Como se ve, desde el vamos los primeros tres minutos están plagados de errores o mala leche. Todo el resto del documental está dominado por absurdos desaciertos similares. Pero ello tendrá que esperar a otro post.

Do svidaniya!




Grego
ry, Paul R. (1982) Russian National Income, 1885-1913. Cambridge, U.K.: Cambridge University Press.

martes, 2 de junio de 2015

Problemas económicos de la reserva fraccionaria (III): ¿Evidencia histórica?


Termina aquí esta breve trilogía (parte uno y parte dos) de posts sobre los problemas económicos de la reserva fraccionaria.

La historia por sí sola, debido a su alto grado de complejidad, incompletitud y a veces ambiguo carácter; no sirve para llevar a fin este tema de forma definitivamente convincente (Hauwe, 2006). Aun así, la típica forma de contra argumentar de los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria es más o menos así: "Tenemos evidencia histórica de determinados periodos con relativamente mucha libertad bancaria sin Banco Central, y ninguno ha tendido al 100 % de reserva."

Cuando los defensores de la banca libre con reserva fraccionaria hablan de "evidencia histórica", muchas veces, se refieren a uno de los casos más citados y estudiados: la banca libre de Escocia en 1716 (1765)-1845. Particularmente, se apoyan en el estudio de unos de los "free bankers" más importantes: Lawrence White. Sin embargo, el asunto no es tan simple.

Rothbard (1988) ofrece una refutación completa del estudio de White. La banca escocesa no fue libre. No solo eso, sino que el sistema bancario escoces ni siquiera se comportó mejor que el inglés. A él se sumaron otras críticas por parte de Carr y Mathewson (1988) y también Cowen y Kroszner (1989). Recientemente Brian Simpson también critica el caso en su gran obra sobre dinero, banca y ciclos económicos (Simpson, 2014: cap. 6). El caso histórico más llamativo de los defensores de la banca libre con reserva fraccionaria resultó ser increíblemente débil.

Pero aún falta lo mejor. Larry Sechrest fue uno de los teóricos e historiadores más importantes de la banca libre con reserva fraccionaria. Como se observa en cualquiera de sus escritos, siempre ha sido extremadamente crítico con los partidarios del 100 %. Nadie puede dudar de su pedigrí pro-reserva fraccionaria (con libertad bancaria). Sin embargo, realizó una devastadora crítica (Sechrest, 1988; 1991; 1993: 79-93) del caso escoces, y del tratamiento de Lawrence White en particular, como ejemplo de libertad bancaria. Este fue uno de los episodios de "fuego amigo" más importantes en la historia del debate del 100 % vs reserva fraccionaria y un golpe demoledor al hasta hoy en día citado "caso escoces". Las palabras de Sechrest no pueden ser más claras. Con un notable pesar, exclamó en su conclusión: 
"En resumen, la tesis de White de que los escoceses disfrutaron de libertad bancaria no está respaldada por la evidencia." (Sechrest, 1988).
Es muy interesante que hasta el propio Rothbard confiesa (Rothbard, 1988) que, al principio, había aceptado sin muchas críticas el caso de banca libre escocés (como se ve en Rothbard, 1983: 183-86). Luego investigó por sí mismo el tema y cambió radicalmente de opinión (Rothbard, 1988). Y Sechrest (1988) también cuenta que Rothbard le sugirió que revisara el episodio, haciéndolo darse cuenta asimismo de lo cuestionable del asunto. Lo cual habla de la enorme honestidad intelectual de Sechrest.

Un caso histórico que ilustra como la reserva fraccionaria, mantenida artificialmente como privilegio legal, terminó en un Banco Central; es el del periodo de libertad bancaria norteamericano de 1837-1862 (Howden, 2014). Los privilegios legales del sistema bancario americano durante esa era de libertad bancaria de 1837-1862 hicieron que el inestable sistema de reserva fraccionaria se mantuviera artificialmente, no sin provocar sucesivos periodos de inestabilidad y ciclos económicos como el pánico de 1857 (Howden, 2014). Según David Howden: 
"Durante esta era la provisión de dinero fue hábilmente manejada por una banca privada, competitiva en emisión de notas; y en ausencia del privilegio legal de la reserva fraccionaria este sistema habría sido sostenible, eliminando los incentivos a crear el centralizado Sistema de la Reserva Federal 60 años luego." (Howden, 2014)
Lejos de ser un caso favorable a la banca libre con reserva fraccionaria, solo ilustra históricamente como esta llevó a ciclos económicos y pánicos que impulsaron una serie de intervenciones que culminaron en la Reserva Federal. Cosa que el análisis teórico provisto por los partidarios del 100 % ya demostró: que la reserva fraccionaria culmina, para poder subsistir en última instancia, en el establecimiento de un Banco Central. El "pecado original" del periodo 1837-1862 no fue la libertad bancaria, sino el privilegio legal de poder emitir notas contra reservas fraccionarias (Howden, 2014).

Por supuesto, en este post no voy a revisar todos los casos históricos donde pudo haber habido libertad bancaria. Basta con señalar, una vez más, que la banca escocesa, el caso paradigmático y uno de los más estudiados y citados de "banca libre"; no fue libre. El periodo ha sido severamente cuestionado en muchos puntos clave, incluso por los propios "free bankers". No es claro en absoluto que este caso cuente como evidencia. De hecho, hay dudas incluso de que el caso australiano o canadiense hayan sido de libertad bancaria (Simpson, 2014: cap. 6). 

Siempre debe quedar claro algo: el problema que plantean los partidarios del 100 % no es, ni jamás ha sido, la libertad bancaria. Sino que el asunto se trata de la reserva fraccionaria. Como correctamente concluyen Bagus y Howden: 
"Noten que nuestro paper no ha probado que un sistema de banca libre sea inherentemente inestable. Sino que arroja luz a las deficiencias (o lo que llamamos 'trivialidades') sobre la habilidad de un sistema de banca libre para ofrecer estabilidad mientras opere con reserva fraccionaria." (Bagus y Howden, 2012).
Por último, en honor a encontrar algún punto reconciliador en este debate, podemos coincidir con los partidarios de la reserva fraccionaria en que todos queremos completa libertad bancaria, sacar al Estado y al Banco Central absolutamente del tema monetario. Dejemos que el mercado se encargue de la reserva fraccionaria. ¿Va a desarrollarse generalizadamente la reserva fraccionaria como la proponen los "free bankers" en un mercado realmente libre? Podemos apostar, yo estoy seguro que no.



Bagus, Philipp y Howden, David (2012), "Still unanswered quibbles with fractional reserve free banking". Review of Austrian Economics. Vol. 25, No. 2, 159-171.

Carr, Jack L. y Mathewson, Frank G. (1988) "Unlimited Liability as a Barrier to Entry". Journal of Political Economy. Vol. 96, No. 4, 766-784.

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Problemas económicos de la reserva fraccionaria (II): Los problemas


Ya vimos que la discusión entre "free bankers" y "100 %" puede dirimirse en el campo puramente económico. Veamos ahora cuales son, desde el punto de vista de la Economía, los principales problemas de la reserva fraccionaria.

Problemas económicos 

La reserva fraccionaria tiene, entre otros, tres problemas económicos (Salerno, 2012a y este video): 

1) Inherentemente inflacionaria: En épocas normales (situaciones no recesivas y sin crisis), cuando un banco operando con reserva fraccionaria presta dinero depositado de sus clientes, expande la oferta monetaria. 

Por "inherentemente inflacionaria" se entiende que, en circunstancias normales (no recesivas ni de crisis), el propio sistema endógenamente crea incentivos a expandir la cantidad de medios fiduciarios. Los bancos operando con reserva fraccionaria obtienen beneficios en prestar el dinero depositado (en lugar de solo guardarlo) y, al hacerlo, el sistema bancario expande la oferta monetaria. Está en la propia naturaleza del sistema ser inflacionista, lo cual no implica necesariamente que en absolutamente todas las circunstancias lo será. 

Si una persona deposita un billete de $100 en el banco, el depositante obtiene un aumento de $100 en su cuenta corriente mientras la institución gana $100 más en su baúl. La oferta monetaria (efectivo en manos del público + depósitos) no cambia en ese momento: el efectivo en circulación se reduce en $100 y los depósitos aumentan en $100. Suponiendo que el coeficiente de reserva es 10 % y que la situación es normal (ni recesiva ni de crisis), el banco va a prestar (hasta un máximo de) $90 del efectivo en su baúl, dejando $10 guardados. Los $90 de depósitos que quedan sin respaldo (porque los $90 en efectivo ya no están disponibles inmediatamente pues fueron prestados) son medios fiduciarios (están 0 % amparados por dinero efectivo). El banco tiene grandes incentivos para prestar los $90, porque otorgar un préstamo implica (la probabilidad de) ganar interés. Si la institución guardara los $90, no lo ganaría (aunque estaría más seguro o disponible y no sometido a la probabilidad de no ser recuperado). 

Ese préstamo de $90 aumenta la oferta monetaria en $90, es decir, el stock de dinero pasó de $100 a $190 (!). Recuerden que la fórmula de dinero en sentido amplio es: dinero estándar ($100) + sustitutos monetarios ($100) – reservas ($10). El depositante original todavía tiene disponible para gastar los $100 de su depósito y además el prestatario tiene en sus manos $90 en efectivo disponible para gastar que antes no tenía (Salerno, 2012a). Dicho en palabras simples: en un sistema de reserva fraccionaria, cuando los bancos hacen préstamos, están creando dinero. O, mejor dicho, crean sustitutos monetarios que, en circunstancias normales, actúan como dinero (porque, en situaciones ordinarias, nadie tiene la mínima duda de que puede convertirlo en dinero verdadero a la par al instante).

El prestatario quiere usar el dinero para algo (comprar un bien de consumo o factores para producir o pagar sueldos), dado que va a pagar intereses por él en un tiempo. Por lo que, cuando los gaste, esos $90 terminarán depositados en otro banco. El procedimiento bancario se repite: el banco acredita a la persona $90 en depósito, se guarda $9 en efectivo en su baúl y presta los restantes $81. La oferta monetaria ahora es de $271 ($190 + $81), o lo que es lo mismo: dinero estándar ($100) + sustitutos monetarios ($100 + $90) - reservas ($10 + $9). 


De esta forma continúa el proceso en una serie geométrica, los "pesos-depósitos" se multiplican mucho más allá del efectivo inicialmente depositado. Los $100 (de reservas) generan, luego de un cierto tiempo, una oferta monetaria total máxima de $1.000. El sistema bancario no crea estrictamente pesos (dinero efectivo), pero produce "pesos-depósitos" (sustitutos monetarios). A medida que se gastan, estos "pesos-depósitos" hacen subir progresivamente los precios (por encima de lo que habrían subido sin mayor disponibilidad de sustitutos monetarios), causando la inflación (Salerno, 2012a).

Si le preguntan a cada banquero individual en cada etapa del proceso si él crea dinero, este les responderá indignado que "¡No!", que él simplemente "presta lo que le depositan". Pero es el sistema como un todo el que expande, paso a paso, la oferta monetaria. Es el sistema bancario con reserva fraccionaria lo que hace el "milagro". La emisión de medios fiduciarios causa inflación de precios y además también causa el ciclo económico (Davidson, 2011). 

2) Inherentemente inestable: la propia naturaleza de la reserva fraccionaria (en general, mantener en reserva solo una fracción del efectivo) hace que los bancos estén en la situación de que sus pasivos de depósitos maduran al plazo más corto posible (instantáneamente: en cualquier momento que se los pidan, deben devolver el efectivo al instante) mientras sus activos (préstamos a deudores) inevitablemente están disponibles luego de un periodo corto o largo. La reserva fraccionaria provoca lo que se denomina "descalce de plazos" (maturity mismatching). En situaciones normales (una situación sin crisis ni recesión), solo una parte muy pequeña de sus activos están disponibles en cualquier momento. El resto maduran en meses, años o décadas (hipotecas). Con ello deben hacer frente a sus pasivos que son principalmente de corto plazo o instantáneos. En palabras simples, los bancos "piden prestado a corto plazo y prestan a largo plazo" (Salerno, 2012a). Como tenía muy en claro Rothbard (1983: 98-99), la insania del negocio bancario con reserva fraccionaria se manifiesta en el hecho de incumplir la regla crucial del manejo financiero sano: la estructura temporal de los activos del negocio no debe ser más prolongada que la estructura temporal de sus pasivos. Muchos de los activos de los bancos son más largos (temporalmente) que sus pasivos, que son, en general, instantáneos. Observen que la reserva fraccionaria es incentivadora del descalce de plazos, es su esencia.

El descalce de plazos explica la inestabilidad del sistema bancario con reserva fraccionaria. Pero ello en nada implica que el descalce de plazos per se necesariamente cause el ciclo económico (aunque sí provoca la insana situación bancaria con reserva fraccional). Está demostrado que el descalce de plazos en un mercado libre no causa el ciclo económico (Davidson, 2014). Sin embargo, en una situación donde hay intervención coercitiva estatal (con un prestamista de última instancia o garantías implícitas o explicitas de rescate) y reserva fraccionaria (o no), sí puede ser su detonante (Bagus, 2010; Bagus y Howden, 2009; Bagus y Howden, 2010a; Davidson, 2014).


El alegado "periodo de gracia" de suspender pagos en especie por un tiempo estipulado por contrato para combatir las corridas bancarias y que supuestamente mantendría "solventes" a los bancos con reserva fraccionara, tampoco es convincente. Pues transforma un depósito a la vista (on demand) en uno a plazo, esquivando el problema principal (los depósitos a la vista) dado que ningún partidario del 100 % ha rechazado mantener una fracción en un depósito a plazo y, además, interfiere con el mecanismo de pagos (Block y Barnett II, 2005).

3) Genera el ciclo económico: recuerden que el sistema bancario realiza préstamos en cada ronda de creación de oferta monetaria. Un préstamo, en el ámbito del mercado, implica necesariamente un intercambio de bienes presentes y futuros. La emisión de medios fiduciarios por parte de un sistema bancario operando con reserva fraccionaria va a causar el fenómeno conocido como ciclo económico. La mayor disponibilidad de crédito creado o crédito circulante (Mises, 1946 [1978: 193-94]) induce a una reducción relativa artificial (por debajo de lo que habría sido sin esa expansión) de las tasas de interés. Lo cual incentiva, de manera generalizada, a llevar a cabo malas inversiones y exceso de consumo (Salerno, 2012b) durante un auge que irremediablemente terminará en una corrección (recesión).


La reserva fraccionaria, por lo tanto, es 1) inherentemente inflacionaria porque tiende a aumentar la oferta monetaria, 2) inherentemente inestable debido a que descalza plazos y 3) causa el ciclo económico al expandir artificialmente el crédito y reducir relativamente las tasas de interés. Estas son las conclusiones de la Economía, no de la Ética ni del Derecho.

Por lo explicado, siempre debemos tener en cuenta que, en el fondo, no es un enfrentamiento estrictamente entre los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria contra los defensores de la libertad bancaria y el 100 %. Es una discusión sobre si la creación de medios fiduciarios, independientemente de que sean fraudulentos o no, produce el fenómeno conocido como ciclo económico (Salerno, 2010). Este, y no otro, es el núcleo de la cuestión. La creación de medios fiduciarios, sea a través del Banco Central o sea a través de la reserva fraccionaria o ambos, causará el ciclo económico. 

Los partidarios de la defensa económica del 100 % de reservas saben que esas tres características naturales de la reserva fraccionaria no podrían sostenerse por demasiado tiempo en un mercado verdaderamente libre (es decir, sin Banco Central, sin FDIC, sin garantías explicitas/implícitas de rescate, sin curso legal y forzoso, etc.). Esa es otra conclusión de la Economía, y no de la Ética. La reserva fraccionaria solo es solvente mientras los depositantes tengan confianza de que sus depósitos son reclamaciones sin riesgo a la par de su efectivo. Si, por cualquier razón (real o imaginaria), surge una mínima duda de que los depósitos se pueden cambiar a efectivo; la reputación del banco como emisor de sustitutos monetarios instantáneamente desaparece (Salerno, 2012a). Si una parte importante de gente va a buscar su efectivo, la propia naturaleza de la reserva fraccionaria determina que, en el momento crítico en que eso ocurre, ningún banco puede proveer el dinero en efectivo. Los bancos con reserva fraccionaria deben necesariamente crear una "clase especial de buena fe" para tener una clientela que trate sus depósitos como sustitutos monetarios. En un mercado realmente libre, esa clase de buena fe es muy costosa de adquirir y de mantener. Emitir medios fiduciarios (depósitos sin cobertura de efectivo) es siempre un negocio precario (Salerno, 2012a). Lo mismo ocurre con el descalce de plazos, en un mercado libre tampoco sobreviraría ni sería fenómeno predominantemente general (Bagus y Howden, 2009). 

Como explica Salerno acá y Hülsmann (2003), en un mercado completamente libre de restricciones legales para la producción de dinero y certificados de dinero (genuinos títulos de dinero realmente en depósito), las notas y depósitos de banco con reserva fraccionaria serían desplazadas de la circulación monetaria. Los primeros, y sea en forma de notas o cuentas corrientes, son títulos a dinero presente; el dueño del título mantiene la propiedad del dinero depositado y la institución donde se encuentra está obligada a mantener el 100 %. Los segundos, en cambio, son instrumentos de crédito que "prometen pagar dinero en algún punto en el futuro" cuando se reclame. Es decir, el dueño del título no mantiene la propiedad por el tiempo especificado (o no) del contrato (los bancos con reserva fraccionaria pueden invertir como quieran el dinero de sus depositantes con la única obligación legal de tener dinero disponible al momento en que quien depositó lo demande). 

En un mercado libre la información se transmite, y tiene incentivos para ser transmitida, más eficientemente, por lo que el riesgo de impago sobre los "instrumentos fraccionarios" se manifestaría en su precio. Circularían con un descuento respecto a los certificados de dinero. Como no habría seguro federal de depósito ni Banco Central prestamista de última instancia, las notas fraccionarias serían deshomogeneizadas y reconocidas como "marcas" de las diferentes instituciones que las emiten. Esos descuentos variarían de acuerdo a la reputación de la institución, sus reservas, los riesgos percibidos de sus activos, cuanto descalza plazos entre activos (prestamos, inversiones, reservas) y pasivos (notas y depósitos), etc. Como todo eso fluctúa constante y muy impredeciblemente a media que se alteran las reservas, los riesgos, la madurez de los activos, etc.; los descuentos también lo harán. Los siempre fluctuantes tipos de cambio entre cada marca de notas y depósitos con reserva fraccionaria y las demás marcas y el dinero; harían el cálculo económico monetario imposible. Las notas y depósitos con reserva fraccionaria, en un mercado libre, perderían contra los certificados de dinero en la competencia por ser dinero. Quedando relegados, tal vez, a ser activos muy líquidos en el portafolio financiero. 

Los más importantes partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria, aun cuando claramente admiten que es inflacionaria ("¿Va a haber inflación? Por supuesto que sí…"); argumentan que hay mecanismos endógenos del sistema que impedirían que lo sea por demasiado tiempo ("¿Va a haber inflación? Por supuesto que sí -pero solo por un tiempo"). Por supuesto, los teóricos del 100 % han demostrado que eso es completamente erróneo. Bagus y Howden (2010b; 2011a; 2012) dan al menos tres razones (el uso de un mercado de préstamo interbancario para sustituir reservas, alargar en el tiempo el periodo de clearing y usar expansión crediticia para incrementar la negociabilidad de los activos de reservas reduciendo los riesgos de iliquidez durante esa expansión) por las cuales las reservas precautorias, el principal limitante a la expansión inflacionaria según la banca libre con reserva fraccionaria, son "frenos" insuficientes. 

Los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria (aunque no todos ellos) se basan en la teoría denominada "equilibrio monetario" que básicamente dice que ante un aumento de la demanda (de reserva) de dinero, el sistema bancario con reserva fraccionaria puede emitir medios fiduciarios para compensar y que esta emisión no causa descoordinaciones generales. Manteniendo así una cierta "estabilidad" del "nivel general" de precios. Lamentablemente para ellos, esa teoría ha sido refutada también por los teóricos del 100 % (Davidson, 2012). Es decir, aun asumiendo que los mecanismos de "feedback" alegados por los partidarios de la banca con reserva fraccionaria funcionaran, el fundamento en el que muchos de ellos basan su teoría, el "equilibrio monetario", es falaz. La emisión de adicionales medios fiduciarios, por más que se detuviera endógenamente en un punto, provocaría distorsiones generales en la economía. Y es que ni siquiera uno de los supuestos fundamentales de la teoría del equilibrio monetario, los precios rígidos (sticky prices), causa los problemas de coordinación que sus partidarios alegan que causa mientras sean libres (Salerno, 1991; Davidson, 2012; Bagus y Howden, 2011b). Y aun asumiendo que los causaran, no se solucionarían con la emisión de medios fiduciarios que dicha teoría propugna. Porque, como ya se dijo, su expansión provoca aún más desajustes en lugar de remediar los que se pretende desde el principio (Davidson, 2012; Bagus y Howden, 2011b; Hoppe, Hülsmann y Block, 1998; Hülsmann, 1996; Huerta de Soto, 1998a; 1998b: 525-56)

Gertchev (2012) demuestra, además, que el mercado interbancario de préstamos es un requisito indispensable de la reserva fraccionaria. Y la existencia del primero, por ende, excluye la posibilidad de cualquier límite natural a la creación de medios fiduciarios, yendo más allá incluso de lo que creían los propios Mises y Rothbard (Gertchev, 2012). La defensa de la banca libre con reserva fraccionaria tiene, adicionalmente, otros varios problemas (Hauwe, 2006) que no se cubrirán en este post. 


Un mal entendido que se suele escuchar contra los defensores del 100 % es que supuestamente si los bancos funcionaran con la reserva completa, ello implica que el cobro de dinero propiamente dicho sería perfectamente cierto y seguro. O que no existirían quiebras. Esto no es así en absoluto. Ningún defensor del 100 % ha dicho que, bajo ese sistema, las quiebras desaparecerían o que el 100 % sea una solución perfecta con completa certidumbre para que los depositantes siempre recuperen su dinero (Hülsmann, 1998). Los paraísos en la tierra de completa certidumbre y seguridad jamás son propuestas austriacas. Los economistas austriacos dejan esos delirios paradisíacos a los socialistas. Si nos reducimos solo a ver las quiebras bancarias, los partidarios de la reserva total no dicen que ello impediría que los bancos quiebren. Sino que el 100 % provoca una tendencia a menos quiebras que en un sistema con reserva fraccionaria. La misma existencia de esta última implica una fuente adicional de bancarrotas que no está presente en un sistema dominado por el 100 % de reserva (Hülsmann, 1998).





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