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jueves, 20 de octubre de 2016

El extraño prejuicio de Rallo sobre la “vertiente rothbardiana”


En otro de los posteos que ya se están haciendo regulares en este blog, estamos ante una entrada criticando las interpretaciones de miembros de la llamada "Teoría de la Liquidez". En una conferencia sobre el Patrón Oro, Juan Ramón Rallo realiza el siguiente comentario al pasar sobre la "vertiente rothbardiana":

Rallo, 28 de mayo de 2015: minuto 13:10-13:44:

Hay muchos, ya en la vertiente más rothbardiana, que dicen que producir oro es como generar inflación porque el minero de oro lo que está haciendo es diluir el poder adquisitivo del resto de unidades monetarias de la economía […] Y por lo mismo también producir iPads es depreciar, es robarle el valor a los que producen otro tipo de tablets menos competitivas, etc. porque pierden valor de mercado.

Jeffrey Herbener es uno de los más importantes partidarios académicos de la reserva de 100% y, por ende, de la “vertiente rothbardiana” en temas monetarios dentro de la Escuela Austriaca. Ha participado en el gran debate intra-Escuela Austriaca que comenzó a mitad de los 80s y que continua incluso hoy sobre 100 % VS reserva fraccionaria. En una ponencia de hace unos meses, Herbener, sin quererlo, casi contesta con exactitud el comentario de Rallo. 

Herbener, 26 de julio de 2016: minuto 38:46-39:20 (traducción mía):

Ahora podemos definir “inflación monetaria” analíticamente de una forma precisa. Inflación monetaria no significa “cada vez que la oferta monetaria crece”. Inflación monetaria es un incremento del stock de dinero fuera de los confines del cálculo económico. No hay inflación monetaria en un sistema de dinero mercancía. Solo existe la producción regular de dinero en respuesta a cambios en la demanda. Eso no es inflación. De la misma forma en que no llamamos inflación al incremento de la producción de Smartphones cuando la demanda de los mismos aumenta. Es solo el mercado normal.

Ahí lo tienen, precisamente lo opuesto de lo que Rallo les atribuye e incluso con la increíble coincidencia de usar el mismo ejemplo (con smartphones en lugar de iPads).

No voy a negar que alguien por ahí en Internet pudo haber dicho lo que dice Rallo que afirman. Sin embargo, debe quedar muy claro que al menos en su versión académica y de parte de sus más importantes miembros, la “vertiente rothbardiana” (defensora del 100 % de reserva, dinero mercancía y libertad bancaria) no afirma que “producir oro es como generar inflación”. Porque ni siquiera el propio Rothbard (1962: 990) en su obra magna lo dijo (traducción mía): 

[E]l proceso de emitir dinero más allá de cualquier aumento en el stock de especie (metal precioso -GS), puede ser llamado inflación*... 
*Inflación, en este trabajo, está explícitamente definida para excluir incrementos en el stock de especie (metal precioso -GS)

Guido Hülsmann es otro miembro de la vertiente y tampoco lo afirma, como puede verse a continuación (Hülsmann, 2008: 86) (traducción mía):

En este sentido, a la inflación también se la puede llamar una manera forzosa de incremento de oferta monetaria, distinto de la “natural” producción de dinero a través de la minería y acuñación…

Es claro que Hülsmann ha distinguido perfectamente inflación de la producción de oro. Por tanto, tampoco él está diciendo que “producir oro es como generar inflación”, sino exactamente lo contrario: NO son lo mismo.


Por último, Joseph Salerno es claramente otro perteneciente a la vertiente rothbardiana y explica perfectamente la diferencia entre aumentar la oferta de dinero fiat (inflación) a que se incremente la de dinero mercancía como el oro. Según Salerno (2010: 343) en el primer caso la sociedad pierde y en el segundo gana en términos netos. Por ende, no son lo mismo (traducción mía):

Un incremento de la oferta de dinero mercancía bajo patrón oro otorga beneficios netos para la sociedad asumiendo que todavía hay demanda no monetaria para el oro. Pero el dinero fiat del gobierno, por definición, no tiene usos alternativos no monetarios. Un incremento de la oferta de la moneda fiat, como en el caso de la falsificación, beneficia principalmente a aquellos que crean el nuevo dinero, así como también a los receptores iniciales de su generosidad o de sus gastos, a expensas del resto de la sociedad...







Hülsmann, Jörg G. (2008) The Ethics of Money Production. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. Año 2004. 


Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

miércoles, 20 de enero de 2016

Rallo se equivoca sobre el teorema regresivo


Rothbard (1988) decía que el teorema regresivo era el pons asinorum (ver “Otros usos”) de los críticos de la teoría monetaria de Mises, y lo sigue siendo. Juan Ramón Rallo publica una parte pequeña de su próximo libro contra la teoría monetaria de Mises. El post se trata de una crítica a su teorema regresivo del dinero. Es apenas un precalentamiento de lo que podríamos llamar “el ataque de la liquidez” contra la rama misesiana de la Escuela Austriaca. Sin embargo, como veremos, la crítica de Rallo no invalida para nada la idea de Mises.

Rallo dice que el surgimiento de un nuevo dinero no necesariamente requiere que el objeto dinerario haya tenido un uso directo, es decir, una utilidad no monetaria. El teorema regresivo de Mises supuestamente establece que “sólo” los bienes económicos con utilidad no monetaria previa pueden convertirse en dinero. En sus palabras resumidas: 

[L]a utilidad subjetiva del dinero no estará, por necesidad, históricamente ligada a su utilidad no monetaria originaria, sino que puede estarlo, simple y llanamente, a la aptitud que se espera que exhiba ese bien para actuar como dinero (como medio de cambio indirecto con valor objetivo de cambio estable)... 
Por consiguiente, un objeto podrá pasar a actuar como dinero aunque carezca de utilidad no monetaria previa...  
Si Mises se hubiera limitado a decir que los bienes con una utilidad no monetaria previa tienen muchas más probabilidades de convertirse evolutivamente en dinero que aquellos objetivos sin utilidad no monetaria, habría estado en lo cierto: pero es falso que sólo los bienes económicos con demanda no monetaria previa puedan convertirse en dinero. 

Walter Block y Laura Davidson lanzaron hace poco un paper (Block y Davidson, 2015) que trata de responder si el Bitcoin viola o no el teorema regresivo de Mises, cosa que se viene discutiendo desde la blogósfera e Internet en los últimos años. Coincidentemente, el trabajo de ambos autores contiene una respuesta completa a la crítica de Rallo. Lawrence White ya había ensayado un argumento similar al de ellos en la primera de sus dos posibles respuestas al desafío. Pero Block y Davidson realizan un análisis mucho más detallado

La clave del teorema de Mises es, básicamente, que es imposible para ninguna forma de nuevo dinero (ya sea el primero que surgió o uno nuevo que surja luego de que otro ya está establecido) emerger sin que exista alguna clase de sistema de precios con antelación. Sin precios previamente presentes en alguna forma, los actores no pueden calcular usando el nuevo dinero. Si antes de establecer la novedosa moneda no había precios monetarios para los bienes y servicios, entonces la única manera de obtenerlos es vía el cambio directo de una economía de trueque. En resumen, el teorema solo prohíbe la adopción de una nueva moneda sin un marco de cálculo económico (Block y Davidson, 2015).

Debe quedar claro que Mises, para evitar la acusación de que apelaba a un regressus in infinitum (ir hacia atrás sin límite), se refiere al surgimiento del primer dinero desde un estado puro de trueque, donde no existen precios monetarios (Block y Davidson, 2015). Mucha atención a la palabra “primer”. Es decir, se está explicando el surgimiento del primer dinero original, no de otra clase de dinero que surge luego de que previamente hay uno establecido. El austriaco se refiere al trueque y al uso directo del bien solo y en cuanto al surgimiento del dinero a partir de una situación en que este no existía previamente.

Por lo tanto, el teorema no debe ser interpretado como que, una vez establecido un dinero y el cálculo monetario con precios (monetarios) que permite, todo ulterior medio de intercambio o moneda necesite siempre tener previamente utilidad no monetaria (Block y Davidson, 2015). 

Mises reconoce que un nuevo medio, como el dinero fiat, puede montarse en el existente entramado de precios aun cuando jamás fue valuado directamente como mercancía en sí mismo (Block y Davidson, 2015).

Hay dos circunstancias separadas en las cuales un nuevo medio de intercambio puede surgir como dinero: 1) el nuevo medio emerge de una economía puramente de trueque, en cuyo caso sí necesita tener algún previo valor de uso directo o 2) el nuevo medio emerge cuando ya previamente existe una estructura de precios monetarios o al menos una memoria de la misma. En este caso, el nuevo medio (sea tangible o intangible) no necesita tener ninguna utilidad no monetaria. Ni tampoco ser respaldado o redimible por otra cosa, ni necesita ser establecido a una tasa fija. Nada de eso viola ni invalida el teorema regresivo (Block y Davidson, 2015). Mientras que existan precios (monetarios) en términos de la antigua moneda, eso es todo lo necesario para satisfacer el teorema.

No hay ninguna necesidad praxeológica de que cualquier nuevo medio de intercambio tenga un uso directo a menos que emerja de una situación de puro trueque, en cuyo caso solo lo hace porque no hay ninguna estructura de precios monetarios previa. Debido a que el “primerísimo primer” medio de cambio en emerger lo tuvo que haber hecho necesariamente sin precios monetarios previos, ese bien debió haber sido originalmente valuado, y cambiado, en trueque. El teorema regresivo de Mises NO dice que TODO ulterior medio de cambio deba haber sido intercambiado directamente o necesite tener valor de uso directo. Ni tampoco hay necesidad praxeológica de que el dinero deba tener uso directo para ser vendible, la liquidez del dinero depende de la confianza de los participantes del mercado en que será aceptado luego (Block y Davidson, 2015).

Un nuevo dinero, como por ejemplo el Bitcoin si algún día llegara a serlo, no necesita para nada tener un uso no monetario para emerger como un medio de intercambio, por el simple hecho de que no surge desde una economía de trueque puro. Por lo tanto, ello no viola el teorema regresivo para nada (Block y Davidson, 2015).

Dicho sea de paso, a pesar de usar términos como “regresivo”, el análisis monetario austriaco-misesiano tiene mucho de prospectivo. Para decidir el tamaño de sus tenencias monetarias, a los agentes les interesa el poder adquisitivo futuro esperado del dinero. Pero para poder intentar anticipar la futura estructura de precios, deben fijarse en los precios inmediatamente pasados. Nadie mecánicamente proyecta o extrapola los precios de “ayer” al futuro. Sino que usan los precios de “ayer” para estimar (appraising) la estructura de precios que emergerá y prevalecerá “hoy” como resultado de los cambios anticipados que intervinieron en los datos de la economía ayer (Salerno, 2010: 85-86). Rallo extrañamente parece decir que se puede esperar que un dinero tenga un esperado valor de cambio objetivo futuro estable sin recurrir a la experiencia pasada. Ergo, que las expectativas se pueden formar "de la nada" y no usan de punto de partida el pasado inmediato o no tan inmediato. Lo cual, claramente, es falso.

En resumen, Rallo tiene razón en que “un objeto podrá pasar a actuar como dinero aunque carezca de utilidad no monetaria previa”. Pero es falso que ello sea una crítica al teorema regresivo de Mises o que lo invalide. Rallo erra completamente en pensar que el teorema implica que “sólo los bienes económicos con demanda no monetaria previa puedan convertirse en dinero.”




Rothbard, Murray N. (1988) “Timberlake on the Austrian theory of money: A comment”. The Review of Austrian Economics. Vol. 2, No. 1, 179-187.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Block, Walter y Davidson, Laura (2015), “Bitcoin, the Regression Theorem, and the Emergence of a New Medium of Exchange”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 18, No. 3, 311-38.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Qué es la guerra contra el efectivo y por qué debería importarte


Muy pocos lo han notado, pero desde hace años a nivel internacional se ha recrudecido la guerra contra el efectivo. Los pocos conscientes de ello y de las consecuencias nefastas para nuestras libertades incluyen a economistas de la Escuela Austriaca como Joseph Salerno. La guerra va de a poco globalizándose en Francia (sobre todo luego del ataque a Charlie Ebdo), Suecia, Uruguay, Estados Unidos (el Chase), etc. Pero ¿Qué es la guerra contra el efectivo?

La guerra contra el efectivo (war on cash) significa medidas del gobierno para restringir o, en definitiva, impedir el uso de dinero (físico) en efectivo por parte de la población.

El efectivo al que el Estado apunta incluye, básicamente, dinero físico papel y monedas. El término "efectivo" debe entenderse en su sentido estricto, no en el financiero o contable. La guerra es solo contra el efectivo físico. En finanzas o contabilidad el efectivo a veces incluye, además del dinero en sí, activos (corrientes) inmediatamente convertibles a la par a dinero, cuentas bancarias a la vista, inversiones de corto plazo,
etc.

¿Por qué hacer una guerra contra el uso de efectivo? Los objetivos son varios:
  • 1) Tasas de interés nominales negativas: El plan es básicamente que dejes todo tu dinero en tu cuenta bancaria, de ser posible, sin retirar nada de efectivo físico. Encerrar tu efectivo dentro del sistema bancario. Simplemente que te muevas con tarjetas de débito, cheques o cosas así. Una vez que tu dinero físico está encerrado en el banco, pueden aplicar una tasa de interés nominal negativa. Si la moneda fuera libremente retirable y el banco impone una tasa de interés nominal negativa, la gente tenderá a sacar su dinero efectivo del banco. Ahora, si tienes prohibido sacar tu efectivo o es tremendamente inconveniente hacerlo, sentirás cómo el interés negativo se "come" tu saldo. Por ejemplo, si la tasa de interés nominal anual es -5 % y tienes un depósito de $1.000; entonces a fin de año tendrás solo $950.
Grecia con su crisis y depresión económica se ha convertido en el más reciente laboratorio para probar ir contra el efectivo. Su gobierno propuso lo que es básicamente un impuesto a la retirada de efectivo de los bancos. Por órdenes estatales, los bancos cobrarían un pequeño recargo por retirar el efectivo en cajeros automáticos (en un intento desesperado de evitar que los ciudadanos sigan retirando euros y, de paso, recaudar algo). Ahora los griegos deben pagar 1 euro por cada mil euros que extraigan. No es mucho, pero el porcentaje no es el problema. Como indica Salerno, el problema verdadero es el principio que se pone en marcha al hacer esto. De ejecutarlo, lo que los bancos han hecho es romper el valor par que necesariamente debe haber entre el depósito y el efectivo. Una vez roto, aunque sea solo una mínima parte, deja de ser un valor par. Y, por ende, abre la puerta a cualquier otro porcentaje a aplicar en el futuro (y que dependerá de cuanto interés negativo se quiera cargar). El cambio entre el valor del depósito y el efectivo depositado en el mismo debe o ser par o ser cualquier otro valor, no hay otra posibilidad.

Supongamos, por simplicidad, que el recargo de los bancos griegos es 10 %. Ya no puedes ir a retirar todo tu dinero de inmediato al banco, reclamando un euro en efectivo por cada un euro depositado. Ahora por cada 100 euros físicos que quieras sacar, te cobran 10 euros. Solo puedes sacar del banco un euro, pagando 1,10 euros. O lo que es lo mismo, obtienes 90 euros en efectivo por cada 100 depositados. Y, por supuesto, el gobierno griego deja bien claro que hacer lo contrario no invierte las cosas. Al depositar 100 euros en efectivo en un banco, el cliente no obtiene 110 euros en depósito sino 100. Astutos los tipos, ¿no?

Ahora es más costoso comprar cualquier bien con efectivo retirado que con un depósito bancario. Si quiero comprar algo que vale 100 euros, al sacar el dinero del banco me dan solo 90 en efectivo y no lo puedo comprar. Si lo compro directamente con tarjeta de débito bancaria, puedo adquirirlo. Es decir, si deseo adquirir con el efectivo sacado del banco algo que vale 100 euros, debo pagar 110 euros. Pero comprándolo vía el sistema bancario, solo pago 100 euros.

Observen lo que pueden hacer ahora los políticos: Si pierdes 10 % cada vez que sacas el dinero del banco, ellos pueden bajar la tasa de interés sobre tus depósitos hasta el, digamos, -6 %. Aun con eso, no sacarías el dinero del banco pues perderías más (10 %) de lo que te sacan ahora (6 %). En esas nuevas circunstancias muchas personas ya no sacan inmediatamente el dinero del banco para huir del interés negativo. Ese era el objetivo: imponer tasas de interés nominales negativas y que la gente no huya de ella. Lo que ocurre en Grecia tiene potencialmente esas consecuencias, pavimentar el camino a las tasas de interés nominales negativas.

Como irremediablemente te estarían sacando 6 % de tu efectivo, estarías obligado a gastarlo. Te harían gastar tu dinero sustrayendo un monto de tu cuenta bancaria por cada día que lo dejes ahí y no lo gastes.

Uno de los objetivos de quitarte el efectivo físico es imponer tasas de interés nominales negativas. Y a su vez, el objetivo del interés nominal negativo es obligarte a gastar. La ideología keynesiana/monetarista de mantener un determinado (por el gobierno, claro) nivel de gasto para resolver los problemas, es de gran inspiración en esto. Si te sacan dinero de tu cuenta bancaria por cada día que lo dejes en el banco y no lo gastes, vas a estar obligado a gastarlo.

No solo tu propiedad va a ser arbitrariamente expropiada vía la tasa de interés nominal negativa, sino que además tu libertad de disponer de ella gastándola o no según tu criterio va a ser violada solo porque a los burócratas se les ocurrió que debes gastar más. Estas entre perder parte de tu propiedad o hacer lo que los políticos digan que hagas con ella.
  • 2) Apoyar el sistema bancario de reserva fraccionaria: Cuando la gente pierde la fe en el sistema bancario, comienza a retirar su efectivo del mismo. Al hacerlo, el público está reclamando sus justos derechos de propiedad sobre su dinero. Ello hace que comience a colapsar el sistema bancario. Pero encerrando el efectivo dentro de los bancos e impidiendo que lo puedan sacar, el Estado protege y apuntala el inestable, inflacionario y causante de ciclos económicos sistema de reserva fraccionaria.
Usando tarjetas de débito, cheques, etc. aun cuando algunos bancos pudieran tener problemas cuando unos clientes pasan de unos a otros su dinero, el dinero no se retira del sistema. La mayoría de la gente no suele darse cuenta, pero como depositantes tienen el poder de tirar abajo incluso al más poderoso banco de un día para el otro si muchos de ellos retiran su dinero rápidamente. Washington Mutual (WaMu) el sexto mayor banco de Estados Unidos fundado en 1889, con sucursales en todo el país (El "Walmart de los bancos", le decían) y una historia de solidez; únicamente con una corrida de una semana por parte de sus depositantes desapareció en 2008 en la mayor caída bancaria de la historia. El declive del más poderoso banco es posible en cualquier momento.

No es de extrañar que los bancos apoyen voluntariamente al gobierno en esta guerra, les conviene mucho. Les saca de encima el fantasma de las corridas: la supremacía de los depositantes. Por eso pueden notarse movimientos voluntarios por parte de ellos para facilitarle el trabajo a los políticos.
  • 3) Dificultar el mercado negro: uno de los objetivos explícitos de la guerra contra el efectivo es precisamente ir en contra del mercado negro. Con el pretexto de combatir enemigos reales o imaginarios, se planea eliminar el efectivo. Los narcotraficantes, terroristas, evasores, el lavado de dinero, etc. son la excusa. Como suele ser usual, los gobiernos se toman de problemas artificialmente creados por ellos mismos para usarlos de excusa en restringir aún más la libertad de la gente.
Incluso regalando el argumento al gobierno y asumiendo que esas personas son "malvadas" y hay que combatirlas, el mercado negro no tiene por qué estar limitado a drogas, explosivos para atentados, evasión impositiva, etc. También puede incluir productos básicos que una mala política del gobierno ha hecho desaparecer del mercado legal. Luego de que una política generalizada de precios máximos acaba con la existencia de muchos productos, estos aparecen en el mercado "ilegal". En el mercado negro las cosas se consiguen. A un mayor y real precio, pero se consiguen. Obviamente las cosas se pagan en efectivo, el cual garantiza discreción.

Imaginen que viven en Venezuela y no tienen acceso al mercado negro porque no poseen efectivo y solo pueden comprar en el mercado blanco (donde casi no hay nada) vía el sistema financiero. La mayoría no podrían adquirir las cosas más básicas una vez las pocas que hay se agotasen y luego de horas perdidas en una cola.

Aun cuando, afortunadamente, el ingenio de los participantes del mercado negro seguramente idearía alguna solución a la falta de efectivo (surgiendo espontáneamente alguna moneda en efectivo paralela, etc.), en el corto plazo muchas personas sufrirían mucho la falta de productos.
  • 4) Facilidad de cobrar cualquier impuesto: Pero la violación a tu libertad no se detiene en determinarte desde arriba si debes gastar o no, dificultar que consigas las cosas que deseas pero que el gobierno ha hecho desaparecer y en sostener el fracasado sistema bancario actual. La histórica alianza entre el sistema bancario y el Estado permite todavía más arbitrariedad.
Una vez que tienes todo tu dinero encerrado en una cuenta bancaria, el Estado puede cobrarte cualquier tasa de impuesto que decida de inmediato y no tendrás escapatoria (salvo tener un grupo de abogados y descubrir algún reducto legal, lo cual a la larga tampoco es garantía). El gobierno puede potencialmente cobrar los impuestos excesivos que desee.

El dinero en efectivo es mucho más difícil de expropiar por parte del gobierno. Pero si mañana quiere sacarte el 70 % de tu dinero y está en una cuenta bancaria encerrado, puede hacerlo y ya no podrás conseguir y guardar efectivo fuera de su alcance. La expoliación estatal es enormemente más sencilla sin la existencia de efectivo.

Si el Estado quisiera rescatar a los bancos (insolventes por las malas decisiones de su gerencia, no de los depositantes) con el efectivo de los que depositaron en ellos, podría hacerlo de inmediato.
  • 5) Mover todo a través del monitoreable sistema financiero: El pago y cobro con dinero en efectivo muchas veces significa intimidad. Dado que no quedan registros de la transacción (cuando compras algo, el dinero va y el producto viene. Fin de la historia), la intimidad de las personas queda protegida.
Si todo tu dinero está en el banco y cualquier movimiento debe ser a través del sistema financiero, absolutamente cualquier transacción que hagas con dinero quedará registrada. Y, por ende, el gobierno puede saber qué compraste, cuando lo hiciste, dónde, etc. Por ejemplo, supongamos que compras una muñeca inflable para la despedida de soltero de un amigo. Deberás pasar tu tarjeta de débito para pagarla y la transacción es registrada. Si, luego de un tiempo, por la razón que sea, consigues cierto prestigio y representas una amenaza para el gobierno o sus lobbistas, puede ser que esa transacción se haga pública, sea atribuida a ti y destrocen tu credibilidad (obviamente, no es necesario que el propio gobierno sea el soplón. Puede dar los datos a los medios de comunicación y ellos encargarse de difundir la información). Descontemos el caso de que asuma un dictador sin escrúpulos al cual tus comentarios no le caigan bien y que pueda saber qué remedios tomas, cuando y donde los compras, en que horarios regulares, etc. Suena a película de ciencia ficción, pero, dado el historial homicida de los gobiernos, algo tan simple es perfectamente posible.

La capacidad de espionaje por parte de la inteligencia estatal queda potenciada enormemente. Toda tu intimidad financiera, desde lo que comes hasta lo que usas en el baño, quedará registrada. Y, potencialmente, utilizable en tu contra por parte del gobierno o sus afines.

No es que hoy en día el Estado no se meta en la intimidad de las personas, lo hace muchísimo. Pero la eliminación del efectivo implica la desaparición de la última arma efectiva para evitar el ojo gubernamental en toda nuestra vida comercial.

En resumen, si el Estado gana la guerra contra la efectivo perderás la libertad de disponer de tu propiedad (gastar cuando y como quieras o no hacerlo), el Estado podrá expropiarte cuanto desee o le convenga y no tendrás escapatoria, perderás la poca intimidad que todavía puede tenerse del ojo vigilante del gobierno, en caso de aplicar controles destructivos sobre los precios estarás a la buena del político para conseguir algo y se perderá definitivamente el mínimo control sobre el (inestable, inflacionario y artificialmente mantenido por el Estado) sistema bancario de reserva fraccionaria: la saludable amenaza de corridas bancarias.

Aun en el actual y estatista sistema de dinero fiat, si perdemos el efectivo físico seremos enormemente menos libres y más esclavos de los políticos. Y eso debería preocuparnos a todos.

martes, 2 de junio de 2015

Problemas económicos de la reserva fraccionaria (III): ¿Evidencia histórica?


Termina aquí esta breve trilogía (parte uno y parte dos) de posts sobre los problemas económicos de la reserva fraccionaria.

La historia por sí sola, debido a su alto grado de complejidad, incompletitud y a veces ambiguo carácter; no sirve para llevar a fin este tema de forma definitivamente convincente (Hauwe, 2006). Aun así, la típica forma de contra argumentar de los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria es más o menos así: "Tenemos evidencia histórica de determinados periodos con relativamente mucha libertad bancaria sin Banco Central, y ninguno ha tendido al 100 % de reserva."

Cuando los defensores de la banca libre con reserva fraccionaria hablan de "evidencia histórica", muchas veces, se refieren a uno de los casos más citados y estudiados: la banca libre de Escocia en 1716 (1765)-1845. Particularmente, se apoyan en el estudio de unos de los "free bankers" más importantes: Lawrence White. Sin embargo, el asunto no es tan simple.

Rothbard (1988) ofrece una refutación completa del estudio de White. La banca escocesa no fue libre. No solo eso, sino que el sistema bancario escoces ni siquiera se comportó mejor que el inglés. A él se sumaron otras críticas por parte de Carr y Mathewson (1988) y también Cowen y Kroszner (1989). Recientemente Brian Simpson también critica el caso en su gran obra sobre dinero, banca y ciclos económicos (Simpson, 2014: cap. 6). El caso histórico más llamativo de los defensores de la banca libre con reserva fraccionaria resultó ser increíblemente débil.

Pero aún falta lo mejor. Larry Sechrest fue uno de los teóricos e historiadores más importantes de la banca libre con reserva fraccionaria. Como se observa en cualquiera de sus escritos, siempre ha sido extremadamente crítico con los partidarios del 100 %. Nadie puede dudar de su pedigrí pro-reserva fraccionaria (con libertad bancaria). Sin embargo, realizó una devastadora crítica (Sechrest, 1988; 1991; 1993: 79-93) del caso escoces, y del tratamiento de Lawrence White en particular, como ejemplo de libertad bancaria. Este fue uno de los episodios de "fuego amigo" más importantes en la historia del debate del 100 % vs reserva fraccionaria y un golpe demoledor al hasta hoy en día citado "caso escoces". Las palabras de Sechrest no pueden ser más claras. Con un notable pesar, exclamó en su conclusión: 
"En resumen, la tesis de White de que los escoceses disfrutaron de libertad bancaria no está respaldada por la evidencia." (Sechrest, 1988).
Es muy interesante que hasta el propio Rothbard confiesa (Rothbard, 1988) que, al principio, había aceptado sin muchas críticas el caso de banca libre escocés (como se ve en Rothbard, 1983: 183-86). Luego investigó por sí mismo el tema y cambió radicalmente de opinión (Rothbard, 1988). Y Sechrest (1988) también cuenta que Rothbard le sugirió que revisara el episodio, haciéndolo darse cuenta asimismo de lo cuestionable del asunto. Lo cual habla de la enorme honestidad intelectual de Sechrest.

Un caso histórico que ilustra como la reserva fraccionaria, mantenida artificialmente como privilegio legal, terminó en un Banco Central; es el del periodo de libertad bancaria norteamericano de 1837-1862 (Howden, 2014). Los privilegios legales del sistema bancario americano durante esa era de libertad bancaria de 1837-1862 hicieron que el inestable sistema de reserva fraccionaria se mantuviera artificialmente, no sin provocar sucesivos periodos de inestabilidad y ciclos económicos como el pánico de 1857 (Howden, 2014). Según David Howden: 
"Durante esta era la provisión de dinero fue hábilmente manejada por una banca privada, competitiva en emisión de notas; y en ausencia del privilegio legal de la reserva fraccionaria este sistema habría sido sostenible, eliminando los incentivos a crear el centralizado Sistema de la Reserva Federal 60 años luego." (Howden, 2014)
Lejos de ser un caso favorable a la banca libre con reserva fraccionaria, solo ilustra históricamente como esta llevó a ciclos económicos y pánicos que impulsaron una serie de intervenciones que culminaron en la Reserva Federal. Cosa que el análisis teórico provisto por los partidarios del 100 % ya demostró: que la reserva fraccionaria culmina, para poder subsistir en última instancia, en el establecimiento de un Banco Central. El "pecado original" del periodo 1837-1862 no fue la libertad bancaria, sino el privilegio legal de poder emitir notas contra reservas fraccionarias (Howden, 2014).

Por supuesto, en este post no voy a revisar todos los casos históricos donde pudo haber habido libertad bancaria. Basta con señalar, una vez más, que la banca escocesa, el caso paradigmático y uno de los más estudiados y citados de "banca libre"; no fue libre. El periodo ha sido severamente cuestionado en muchos puntos clave, incluso por los propios "free bankers". No es claro en absoluto que este caso cuente como evidencia. De hecho, hay dudas incluso de que el caso australiano o canadiense hayan sido de libertad bancaria (Simpson, 2014: cap. 6). 

Siempre debe quedar claro algo: el problema que plantean los partidarios del 100 % no es, ni jamás ha sido, la libertad bancaria. Sino que el asunto se trata de la reserva fraccionaria. Como correctamente concluyen Bagus y Howden: 
"Noten que nuestro paper no ha probado que un sistema de banca libre sea inherentemente inestable. Sino que arroja luz a las deficiencias (o lo que llamamos 'trivialidades') sobre la habilidad de un sistema de banca libre para ofrecer estabilidad mientras opere con reserva fraccionaria." (Bagus y Howden, 2012).
Por último, en honor a encontrar algún punto reconciliador en este debate, podemos coincidir con los partidarios de la reserva fraccionaria en que todos queremos completa libertad bancaria, sacar al Estado y al Banco Central absolutamente del tema monetario. Dejemos que el mercado se encargue de la reserva fraccionaria. ¿Va a desarrollarse generalizadamente la reserva fraccionaria como la proponen los "free bankers" en un mercado realmente libre? Podemos apostar, yo estoy seguro que no.



Bagus, Philipp y Howden, David (2012), "Still unanswered quibbles with fractional reserve free banking". Review of Austrian Economics. Vol. 25, No. 2, 159-171.

Carr, Jack L. y Mathewson, Frank G. (1988) "Unlimited Liability as a Barrier to Entry". Journal of Political Economy. Vol. 96, No. 4, 766-784.

Cowen, Tyler y Kroszner, Randall (1989), "Scottish Banking before 1845: A Model for Laissez-Faire?". Journal of Money, Credit and Banking. Vol. 21, No. 2, 221-231.

Hauwe, Ludwig van den (2006), "The Uneasy Case for Fractional-Reserve Free Banking". Procesos de Mercado: Revista Europea de Economía Política. Vol. 3, No. 2, 143-96.

Howden, David (2014), "A Pre-history of the Federal Reserve". En Salerno, Joseph T. y Howden, David Eds. (2014) The Fed at One Hundred: A Critical View on the Federal Reserve System. New York: Springer. 9-21.

Rothbard, Murray N. (1983) The Mystery of Banking. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2008.

Rothbard, Murray N. (1988) "The myth of free banking in Scotland". The Review of Austrian Economics. Vol. 2, No. 1, 229-245.

Sechrest, Larry J. (1988) "White's free-banking thesis: A case of mistaken identity". The Review of Austrian Economics. Vol. 2, No. 1, 247-257.

Sechrest, Larry J. (1991) "Free Banking in Scotland: A Dissenting View". Cato Journal. Vol. 10, No. 3, 799-808.

Sechrest, Larry J. (1993) Free Banking: Theory, History, and a Laissez-Faire Model. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2008.

Simpson, Brian P. (2014) Money, Banking, and the Business Cycle. Volume II: Remedies and Alternative Theories. New York: Palgrave Macmillan.

Problemas económicos de la reserva fraccionaria (II): Los problemas


Ya vimos que la discusión entre "free bankers" y "100 %" puede dirimirse en el campo puramente económico. Veamos ahora cuales son, desde el punto de vista de la Economía, los principales problemas de la reserva fraccionaria.

Problemas económicos 

La reserva fraccionaria tiene, entre otros, tres problemas económicos (Salerno, 2012a y este video): 

1) Inherentemente inflacionaria: En épocas normales (situaciones no recesivas y sin crisis), cuando un banco operando con reserva fraccionaria presta dinero depositado de sus clientes, expande la oferta monetaria. 

Por "inherentemente inflacionaria" se entiende que, en circunstancias normales (no recesivas ni de crisis), el propio sistema endógenamente crea incentivos a expandir la cantidad de medios fiduciarios. Los bancos operando con reserva fraccionaria obtienen beneficios en prestar el dinero depositado (en lugar de solo guardarlo) y, al hacerlo, el sistema bancario expande la oferta monetaria. Está en la propia naturaleza del sistema ser inflacionista, lo cual no implica necesariamente que en absolutamente todas las circunstancias lo será. 

Si una persona deposita un billete de $100 en el banco, el depositante obtiene un aumento de $100 en su cuenta corriente mientras la institución gana $100 más en su baúl. La oferta monetaria (efectivo en manos del público + depósitos) no cambia en ese momento: el efectivo en circulación se reduce en $100 y los depósitos aumentan en $100. Suponiendo que el coeficiente de reserva es 10 % y que la situación es normal (ni recesiva ni de crisis), el banco va a prestar (hasta un máximo de) $90 del efectivo en su baúl, dejando $10 guardados. Los $90 de depósitos que quedan sin respaldo (porque los $90 en efectivo ya no están disponibles inmediatamente pues fueron prestados) son medios fiduciarios (están 0 % amparados por dinero efectivo). El banco tiene grandes incentivos para prestar los $90, porque otorgar un préstamo implica (la probabilidad de) ganar interés. Si la institución guardara los $90, no lo ganaría (aunque estaría más seguro o disponible y no sometido a la probabilidad de no ser recuperado). 

Ese préstamo de $90 aumenta la oferta monetaria en $90, es decir, el stock de dinero pasó de $100 a $190 (!). Recuerden que la fórmula de dinero en sentido amplio es: dinero estándar ($100) + sustitutos monetarios ($100) – reservas ($10). El depositante original todavía tiene disponible para gastar los $100 de su depósito y además el prestatario tiene en sus manos $90 en efectivo disponible para gastar que antes no tenía (Salerno, 2012a). Dicho en palabras simples: en un sistema de reserva fraccionaria, cuando los bancos hacen préstamos, están creando dinero. O, mejor dicho, crean sustitutos monetarios que, en circunstancias normales, actúan como dinero (porque, en situaciones ordinarias, nadie tiene la mínima duda de que puede convertirlo en dinero verdadero a la par al instante).

El prestatario quiere usar el dinero para algo (comprar un bien de consumo o factores para producir o pagar sueldos), dado que va a pagar intereses por él en un tiempo. Por lo que, cuando los gaste, esos $90 terminarán depositados en otro banco. El procedimiento bancario se repite: el banco acredita a la persona $90 en depósito, se guarda $9 en efectivo en su baúl y presta los restantes $81. La oferta monetaria ahora es de $271 ($190 + $81), o lo que es lo mismo: dinero estándar ($100) + sustitutos monetarios ($100 + $90) - reservas ($10 + $9). 


De esta forma continúa el proceso en una serie geométrica, los "pesos-depósitos" se multiplican mucho más allá del efectivo inicialmente depositado. Los $100 (de reservas) generan, luego de un cierto tiempo, una oferta monetaria total máxima de $1.000. El sistema bancario no crea estrictamente pesos (dinero efectivo), pero produce "pesos-depósitos" (sustitutos monetarios). A medida que se gastan, estos "pesos-depósitos" hacen subir progresivamente los precios (por encima de lo que habrían subido sin mayor disponibilidad de sustitutos monetarios), causando la inflación (Salerno, 2012a).

Si le preguntan a cada banquero individual en cada etapa del proceso si él crea dinero, este les responderá indignado que "¡No!", que él simplemente "presta lo que le depositan". Pero es el sistema como un todo el que expande, paso a paso, la oferta monetaria. Es el sistema bancario con reserva fraccionaria lo que hace el "milagro". La emisión de medios fiduciarios causa inflación de precios y además también causa el ciclo económico (Davidson, 2011). 

2) Inherentemente inestable: la propia naturaleza de la reserva fraccionaria (en general, mantener en reserva solo una fracción del efectivo) hace que los bancos estén en la situación de que sus pasivos de depósitos maduran al plazo más corto posible (instantáneamente: en cualquier momento que se los pidan, deben devolver el efectivo al instante) mientras sus activos (préstamos a deudores) inevitablemente están disponibles luego de un periodo corto o largo. La reserva fraccionaria provoca lo que se denomina "descalce de plazos" (maturity mismatching). En situaciones normales (una situación sin crisis ni recesión), solo una parte muy pequeña de sus activos están disponibles en cualquier momento. El resto maduran en meses, años o décadas (hipotecas). Con ello deben hacer frente a sus pasivos que son principalmente de corto plazo o instantáneos. En palabras simples, los bancos "piden prestado a corto plazo y prestan a largo plazo" (Salerno, 2012a). Como tenía muy en claro Rothbard (1983: 98-99), la insania del negocio bancario con reserva fraccionaria se manifiesta en el hecho de incumplir la regla crucial del manejo financiero sano: la estructura temporal de los activos del negocio no debe ser más prolongada que la estructura temporal de sus pasivos. Muchos de los activos de los bancos son más largos (temporalmente) que sus pasivos, que son, en general, instantáneos. Observen que la reserva fraccionaria es incentivadora del descalce de plazos, es su esencia.

El descalce de plazos explica la inestabilidad del sistema bancario con reserva fraccionaria. Pero ello en nada implica que el descalce de plazos per se necesariamente cause el ciclo económico (aunque sí provoca la insana situación bancaria con reserva fraccional). Está demostrado que el descalce de plazos en un mercado libre no causa el ciclo económico (Davidson, 2014). Sin embargo, en una situación donde hay intervención coercitiva estatal (con un prestamista de última instancia o garantías implícitas o explicitas de rescate) y reserva fraccionaria (o no), sí puede ser su detonante (Bagus, 2010; Bagus y Howden, 2009; Bagus y Howden, 2010a; Davidson, 2014).


El alegado "periodo de gracia" de suspender pagos en especie por un tiempo estipulado por contrato para combatir las corridas bancarias y que supuestamente mantendría "solventes" a los bancos con reserva fraccionara, tampoco es convincente. Pues transforma un depósito a la vista (on demand) en uno a plazo, esquivando el problema principal (los depósitos a la vista) dado que ningún partidario del 100 % ha rechazado mantener una fracción en un depósito a plazo y, además, interfiere con el mecanismo de pagos (Block y Barnett II, 2005).

3) Genera el ciclo económico: recuerden que el sistema bancario realiza préstamos en cada ronda de creación de oferta monetaria. Un préstamo, en el ámbito del mercado, implica necesariamente un intercambio de bienes presentes y futuros. La emisión de medios fiduciarios por parte de un sistema bancario operando con reserva fraccionaria va a causar el fenómeno conocido como ciclo económico. La mayor disponibilidad de crédito creado o crédito circulante (Mises, 1946 [1978: 193-94]) induce a una reducción relativa artificial (por debajo de lo que habría sido sin esa expansión) de las tasas de interés. Lo cual incentiva, de manera generalizada, a llevar a cabo malas inversiones y exceso de consumo (Salerno, 2012b) durante un auge que irremediablemente terminará en una corrección (recesión).


La reserva fraccionaria, por lo tanto, es 1) inherentemente inflacionaria porque tiende a aumentar la oferta monetaria, 2) inherentemente inestable debido a que descalza plazos y 3) causa el ciclo económico al expandir artificialmente el crédito y reducir relativamente las tasas de interés. Estas son las conclusiones de la Economía, no de la Ética ni del Derecho.

Por lo explicado, siempre debemos tener en cuenta que, en el fondo, no es un enfrentamiento estrictamente entre los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria contra los defensores de la libertad bancaria y el 100 %. Es una discusión sobre si la creación de medios fiduciarios, independientemente de que sean fraudulentos o no, produce el fenómeno conocido como ciclo económico (Salerno, 2010). Este, y no otro, es el núcleo de la cuestión. La creación de medios fiduciarios, sea a través del Banco Central o sea a través de la reserva fraccionaria o ambos, causará el ciclo económico. 

Los partidarios de la defensa económica del 100 % de reservas saben que esas tres características naturales de la reserva fraccionaria no podrían sostenerse por demasiado tiempo en un mercado verdaderamente libre (es decir, sin Banco Central, sin FDIC, sin garantías explicitas/implícitas de rescate, sin curso legal y forzoso, etc.). Esa es otra conclusión de la Economía, y no de la Ética. La reserva fraccionaria solo es solvente mientras los depositantes tengan confianza de que sus depósitos son reclamaciones sin riesgo a la par de su efectivo. Si, por cualquier razón (real o imaginaria), surge una mínima duda de que los depósitos se pueden cambiar a efectivo; la reputación del banco como emisor de sustitutos monetarios instantáneamente desaparece (Salerno, 2012a). Si una parte importante de gente va a buscar su efectivo, la propia naturaleza de la reserva fraccionaria determina que, en el momento crítico en que eso ocurre, ningún banco puede proveer el dinero en efectivo. Los bancos con reserva fraccionaria deben necesariamente crear una "clase especial de buena fe" para tener una clientela que trate sus depósitos como sustitutos monetarios. En un mercado realmente libre, esa clase de buena fe es muy costosa de adquirir y de mantener. Emitir medios fiduciarios (depósitos sin cobertura de efectivo) es siempre un negocio precario (Salerno, 2012a). Lo mismo ocurre con el descalce de plazos, en un mercado libre tampoco sobreviraría ni sería fenómeno predominantemente general (Bagus y Howden, 2009). 

Como explica Salerno acá y Hülsmann (2003), en un mercado completamente libre de restricciones legales para la producción de dinero y certificados de dinero (genuinos títulos de dinero realmente en depósito), las notas y depósitos de banco con reserva fraccionaria serían desplazadas de la circulación monetaria. Los primeros, y sea en forma de notas o cuentas corrientes, son títulos a dinero presente; el dueño del título mantiene la propiedad del dinero depositado y la institución donde se encuentra está obligada a mantener el 100 %. Los segundos, en cambio, son instrumentos de crédito que "prometen pagar dinero en algún punto en el futuro" cuando se reclame. Es decir, el dueño del título no mantiene la propiedad por el tiempo especificado (o no) del contrato (los bancos con reserva fraccionaria pueden invertir como quieran el dinero de sus depositantes con la única obligación legal de tener dinero disponible al momento en que quien depositó lo demande). 

En un mercado libre la información se transmite, y tiene incentivos para ser transmitida, más eficientemente, por lo que el riesgo de impago sobre los "instrumentos fraccionarios" se manifestaría en su precio. Circularían con un descuento respecto a los certificados de dinero. Como no habría seguro federal de depósito ni Banco Central prestamista de última instancia, las notas fraccionarias serían deshomogeneizadas y reconocidas como "marcas" de las diferentes instituciones que las emiten. Esos descuentos variarían de acuerdo a la reputación de la institución, sus reservas, los riesgos percibidos de sus activos, cuanto descalza plazos entre activos (prestamos, inversiones, reservas) y pasivos (notas y depósitos), etc. Como todo eso fluctúa constante y muy impredeciblemente a media que se alteran las reservas, los riesgos, la madurez de los activos, etc.; los descuentos también lo harán. Los siempre fluctuantes tipos de cambio entre cada marca de notas y depósitos con reserva fraccionaria y las demás marcas y el dinero; harían el cálculo económico monetario imposible. Las notas y depósitos con reserva fraccionaria, en un mercado libre, perderían contra los certificados de dinero en la competencia por ser dinero. Quedando relegados, tal vez, a ser activos muy líquidos en el portafolio financiero. 

Los más importantes partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria, aun cuando claramente admiten que es inflacionaria ("¿Va a haber inflación? Por supuesto que sí…"); argumentan que hay mecanismos endógenos del sistema que impedirían que lo sea por demasiado tiempo ("¿Va a haber inflación? Por supuesto que sí -pero solo por un tiempo"). Por supuesto, los teóricos del 100 % han demostrado que eso es completamente erróneo. Bagus y Howden (2010b; 2011a; 2012) dan al menos tres razones (el uso de un mercado de préstamo interbancario para sustituir reservas, alargar en el tiempo el periodo de clearing y usar expansión crediticia para incrementar la negociabilidad de los activos de reservas reduciendo los riesgos de iliquidez durante esa expansión) por las cuales las reservas precautorias, el principal limitante a la expansión inflacionaria según la banca libre con reserva fraccionaria, son "frenos" insuficientes. 

Los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria (aunque no todos ellos) se basan en la teoría denominada "equilibrio monetario" que básicamente dice que ante un aumento de la demanda (de reserva) de dinero, el sistema bancario con reserva fraccionaria puede emitir medios fiduciarios para compensar y que esta emisión no causa descoordinaciones generales. Manteniendo así una cierta "estabilidad" del "nivel general" de precios. Lamentablemente para ellos, esa teoría ha sido refutada también por los teóricos del 100 % (Davidson, 2012). Es decir, aun asumiendo que los mecanismos de "feedback" alegados por los partidarios de la banca con reserva fraccionaria funcionaran, el fundamento en el que muchos de ellos basan su teoría, el "equilibrio monetario", es falaz. La emisión de adicionales medios fiduciarios, por más que se detuviera endógenamente en un punto, provocaría distorsiones generales en la economía. Y es que ni siquiera uno de los supuestos fundamentales de la teoría del equilibrio monetario, los precios rígidos (sticky prices), causa los problemas de coordinación que sus partidarios alegan que causa mientras sean libres (Salerno, 1991; Davidson, 2012; Bagus y Howden, 2011b). Y aun asumiendo que los causaran, no se solucionarían con la emisión de medios fiduciarios que dicha teoría propugna. Porque, como ya se dijo, su expansión provoca aún más desajustes en lugar de remediar los que se pretende desde el principio (Davidson, 2012; Bagus y Howden, 2011b; Hoppe, Hülsmann y Block, 1998; Hülsmann, 1996; Huerta de Soto, 1998a; 1998b: 525-56)

Gertchev (2012) demuestra, además, que el mercado interbancario de préstamos es un requisito indispensable de la reserva fraccionaria. Y la existencia del primero, por ende, excluye la posibilidad de cualquier límite natural a la creación de medios fiduciarios, yendo más allá incluso de lo que creían los propios Mises y Rothbard (Gertchev, 2012). La defensa de la banca libre con reserva fraccionaria tiene, adicionalmente, otros varios problemas (Hauwe, 2006) que no se cubrirán en este post. 


Un mal entendido que se suele escuchar contra los defensores del 100 % es que supuestamente si los bancos funcionaran con la reserva completa, ello implica que el cobro de dinero propiamente dicho sería perfectamente cierto y seguro. O que no existirían quiebras. Esto no es así en absoluto. Ningún defensor del 100 % ha dicho que, bajo ese sistema, las quiebras desaparecerían o que el 100 % sea una solución perfecta con completa certidumbre para que los depositantes siempre recuperen su dinero (Hülsmann, 1998). Los paraísos en la tierra de completa certidumbre y seguridad jamás son propuestas austriacas. Los economistas austriacos dejan esos delirios paradisíacos a los socialistas. Si nos reducimos solo a ver las quiebras bancarias, los partidarios de la reserva total no dicen que ello impediría que los bancos quiebren. Sino que el 100 % provoca una tendencia a menos quiebras que en un sistema con reserva fraccionaria. La misma existencia de esta última implica una fuente adicional de bancarrotas que no está presente en un sistema dominado por el 100 % de reserva (Hülsmann, 1998).





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