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viernes, 25 de marzo de 2016

Un poco más de bibliografía sobre 100 % vs reserva fraccionaria



Fe de erratas: en el post anterior mencioné un trabajo de Block y Barnett (2005) el cual no cité en la bibliografía al final. Lo podrán encontrar en esta entrada.

Mises, clausulas opcionales y errores de los partidarios de la reserva fraccionaria

Jeffrey Herbener (2002) contesta, con abundante evidencia textual, varias erróneas afirmaciones de George Selgin sobre Mises referido al Patrón Oro o sobre que el austriaco prefería implícitamente una política de apuntar al PBI nominal (Nominal GDP Targeting). Sin ser una parte esencial del debate de 100 % VS reserva fraccionaria, la batalla sobre la interpretación correcta de lo que dijo Mises es interesante. También debe consultarse los trabajos de Salerno sobre la correcta interpretación de la evolutiva posición de Mises a lo largo de los años sobre las supuestas “ventajas” de los medios fiduciarios.

Los defensores de la reserva fraccionaria, ante la evidente verdad de que los bancos bajo ese esquema deben tener alguna forma de defenderse ante las inevitables corridas, suelen apelar, entre otras cosas, a las “clausulas opcionales” (option clauses) para asegurar alguna estabilidad de ese sistema. Sin embargo, Parth Shah en un no muy recordado trabajo (Shah, 1997) analiza su funcionamiento e historia y pone en muy serias dudas que las clausulas opcionales tradicionales sean un mecanismo efectivo y deseable para crear un sistema de banca libre con reserva fraccionaria estable. Para criticas adicionales a las clausulas opcionales ver Block y Barnett (2005) y el paper de Hülsmann de 1996

Recientemente el “free banker” favorable a la reserva fraccionaria George Selgin trató de demostrar que el 100 % de reserva hubiera sido muy poco práctico de haberse implantado históricamente dado que supuestamente hace muy costoso manejar cambio chico en transacciones pequeñas, especialmente minoristas (Selgin, 2009). Mark Thornton (2010) demuestra que no es así pues los partidarios de la reserva total buscan el 100 % de reserva en los bancos y un dinero que sea por completo determinado por el mercado, pero no buscan ni jamás buscaron el 100 % de dinero reserva. Selgin confunde ambos. Adicionalmente, muestra evidencia de Richard Cantillon de 1730 de cómo un mercado libre puede con el problema del cambio chico lanzado por Selgin sin violar principios económicos ni recurrir a cuestionables prácticas fraudulentas. El problema del cambio chico solo se da en el caso limitado donde se mantenga intervención del gobierno (bimetalismo, curso legal forzoso, etc.). Pero además, Malavika Nair (2011) critica, no los hechos, sino la interpretación histórica de Selgin usando evidencia propia de este último autor y Mises para mostrar que las monedas privadas eran dinero y no sustitutos monetarios sin respaldo (medios fiduciarios). Hay que tener en cuenta que Malavika Nair no es para nada partidaria del 100 %, de hecho, ha sido muy crítica de ellos. Aun siendo “free banker” favorable a la reserva fraccionaria, ella encuentra el análisis de Selgin cuestionable. No es la primera vez que un propio “free banker” critica un análisis histórico de otro del mismo bando favoreciendo al lado del 100 %, ya ocurrió antes cuando Larry Sechrest cuestionó duramente a otro par como Larry White. La crítica de Selgin, aunque innovadora, en el mejor de los casos no es convincente y en el peor está errada y es irrelevante.

En otro or
den de cosas, Dan Mahoney (2011a) da un golpe demoledor a una defensa clásica de los partidarios de la banca libre con reserva fraccionaria, y en particular la de George Selgin. Según ellos, una expansión crediticia conjunta de los bancos se enfrenta al estricto límite interno impuesto por el incremento de las reservas precautorias. Ello se basa, entre otras cosas, en la “ley de la raíz cuadrada” y la “ley de los grande números”. Mahoney demuestra que la teoría de Selgin implícitamente asume estabilidad en vez de probarla. Lo cual pone en serias dudas las fuerzas sistémicas que impedirían a los bancos progresar con una expansión. En palabras simples, dado que los fuertes supuestos ergódicos de Selgin son muy cuestionables, las fuerzas internas sistémicas que detendrían una expansión crediticia conjunta de los bancos con reserva fraccionaria son dudosas.

Pero
no se detiene allí. Mahoney (2011b) demuestra lo errado de otro argumento “free banker” con reserva fraccionaria: que es el sistema que acomoda mejor cambios en la demanda de dinero sin cambios en la estructura productiva que produzcan ajustes dolorosos innecesarios (debido a la rigidez [“sticky”] de precios). Bajo 100 % de reserva, se dice, ante aumentos de la demanda de dinero y dada la inhabilidad de emitir medios fiduciarios para alcanzar esa demanda incrementada, el ajuste se produciría vía nivel de precios y debido a la rigidez de muchos de ellos habría problemas de cantidades y empleo a corto plazo. Pero a la larga la estructura productiva se reajustaría y seguiría igual aunque con un nivel de precios más bajo. La emisión de medios fiduciarios supuestamente evita ese “sufrimiento” de corto plazo al emitir suficientes al actual nivel de precios saciando la demanda para mantener la misma estructura productiva y precios relativos. Es decir, se asume que en ambos casos no se producen cambios permanentes en la estructura productiva (en ambos casos no cambian los precios relativos) ante modificaciones en la demanda de dinero, solo que el 100 % provoca a corto plazo problemas que la inflación “free banker” solucionaría. Sin embargo, en una economía de 100 % de reserva de dinero mercancía hay y debe haber un cambio no deplorable en la estructura productiva cuando cambia la demanda de dinero (mercancía). Es una inherente parte del proceso ajustar la estructura productiva para reflejar la nueva realidad de la cambiada demanda por un bien real (dinero). No hay solo un ajuste del nivel de precios, como se dice, sino un ajuste de precios relativos. Los cambios en el poder adquisitivo del dinero provenientes del lado monetario no causan lo problemas que los partidarios de la reserva fraccionaria creen. El argumento de los “free bankers” que creen que su sistema es mejor para llegar al mismo estado final de equilibrio con precios relativos iguales no es cierto, pues ambos sistemas no llegan al mismo equilibrio ante cambios en la demanda de dinero ni tienen iguales precios relativos.

El debate sobre el descalce de plazos

Derivada de la discusión de 100 % contra reserva fraccionaria, dentro del ala Misesiana de la Escuela Austriaca surgió el problema de si lo que se conoce como descalce de plazos (maturity mismatching), pedir prestado a corto plazo y prestar a largo plazo, era fraudulento y si causaba el ciclo económico. Recuerden que todo el debate de “100 % VS reserva fraccionaria” giraba en torno a los depósitos a la vista (demand deposits). Luego se entró en el terreno de los depósitos a plazo (time deposits), los cuales eran en principio irrelevantes para la primera discusión.

Block y Barnett dicen que el descalce de plazos es (1) fraudulento y antiético (Block y Barnett, 2009a) como la reserva fraccionaria y además (2) causa el ciclo económico, no porque se creen adicionales cantidades de medios fiduciarios sino porque reduce artificialmente las tasas de interés (Block y Barnett, 2009b).

Bagus
y Howden (2009) critican la afirmación (1) diciendo que, a pesar de ser una actividad riesgosa, potencialmente ruinosa y frágil cuya amplitud sería muy reducida en un mercado libre, no es ni fraudulenta ni antiética. Adicionalmente, (2) sucede si el descalce de plazos va junto con la reserva fraccionaria, es decir, si se crean adicionales medios fiduciarios (expansión crediticia). Laura Davidson (2014a) también critica (1) y está de acuerdo con Bagus y Howden en que la reserva fraccionaria es antiética pero el descalce de plazos no. Sin embargo a diferencia de ambos autores ella lo hace desde el punto de vista de la teoría de transferencia de títulos.

Block y Barnett (2010) contestan y son respondidos por Bagus y Howden (2012a; 2012b; 2013). Laura Davidson (2014b) demuestra definitivamente que el descalce de plazos en un mercado libre no permite (2), es decir, no causa malainversion sistémica porque no crea adicionales medios fiduciarios. En una economía intervenida coactivamente, por otro lado, sí puede ocurrir el ciclo económico por un excesivo descalce de plazos inducido por intervenciones (Bagus, 2010; Bagus y Howden, 2010) que, entre otras cosas, producen expansión del cr
édito.

Por el lado defensor de la reserva fraccionaria, los “free bankers” Nicolás Cachanosky (2011) y Anthony Evans (2013) entraron al debate declarando que ninguna de las dos prácticas, ni el descalce de plazos ni la reserva fraccionaria, son antiéticas. Cachanosky dice contra Block y Barnett que prohibir el descalce limitaría mucho la actividad bancaria haciendo difícil el financiamiento de largo plazo y que el argumento ético de Bagus y Howden a favor del descalce se puede usar a favor de la reserva fraccionaria. Evans, por otro lado, dice que no hay diferencias esenciales entre los contratos de préstamo y depósitos, la custodia de los bancos hacia los depósitos no requiere que el dinero este siempre disponible. Los depósitos a la vista son simplemente préstamos a un plazo no especificado, es decir, una especie de “call loan”. Bagus, Howden y Gabriel (2014) responden los comentarios “free bankers” y para ver los problemas lógicos de ese tipo de “call loan” leer Davidson (2014a). Finalmente, Block, Bagus y Howden (2013) muestran que los contratos de reserva fraccionaria pueden ser considerados contratos aleatorios

Como se ve, el caso favorable al 100 % de reserva bancaria y la teoría monetaria austriaca-misesiana es muy sólido y todavía no ha sido refutado convincentemente por los partidarios de la reserva fraccionaria, a pesar de que algunos de estos últimos suelen dar la sensación inversa. Todo lo contrario, los partidarios de la banca con reserva fraccionaria tienen serios y, hasta hoy, insalvables problemas para justificar la teoría del “equilibrio monetario”, los límites a la expansión crediticia bancaria, si su sistema realmente lleva a un mejor estado final, etc. Como reconocen recientemente Boettke, Coyne y Newman (2016), este debate “continúa sin estar resuelto al día de hoy”.




Bagus, Philipp (2010), “Austrian Business Cycle Theory: Are 100 percent reserves Sufficient to prevent a Business Cycle?” Libertarian Papers. Vol. 2, No. 2, 1-18.

Bagus, Philipp y Howden, David (2009), “The Legitimacy of Loan Maturity Mismatching: A risky, but Not Fraudulent, Undertaking”. Journal of Business Ethics. No. 90, No. 3, 399-406.

Bagus, Philipp y Howden, David (2010), “The Term Structure of Savings, the Yield Curve, and Maturity Mismatching”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 13, No. 3, 64-85.

Bagus, Philipp y Howden, David (2012a), “The Continuing Continuum Problem of Deposits and Loans”. Journal of Business Ethics. Vol. 106, No. 3, 295-300.

Bagus, Philipp y Howden, David (2012b), “The economic and legal significance of “full” deposit availability”. European Journal of Law and Economics. Vol. 41, No. 1, 243-254. 2016.

Bagus, Philipp y Howden, David (2013), “Some ethical dilemmas of modern banking”. Business Ethics: A European Review. Vol. 22, No. 3, 235-245.

Bagus, Philipp; Howden, David y Gabriel, Amadeus (2014), “Oil and Water Do Not Mix, or: Aliud Est Credere, Aliud Deponere”. Journal of Business Ethics. Vol. 128, No. 1, 197-206. 2015.

Block, Walter y Barnett II, William (2005), “In Defense of Fiduciary Media -A Comment; or, What's Wrong with 'Clown' or Play Money?”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 8, No. 2, 55-69.

Block, Walter y Barnett II, William (2009a), “Time Deposits, Dimensions, and Fraud”. Journal of Business Ethics. Vol. 88, No. 4, 711-716.

Block, Walter y Barnett II, William (2009b), “Crash and Carry: Financial intermediaries, the intertemporal Carry Trade, and Austrian Business Cycles” Etica y Politica / Ethics and Politics. Vol. 11, No. 1, 455-469.

Block, Walter y Barnett II, William (2010), “Rejoinder to Bagus and Howden on Borrowing Short and Lending Long”. Journal of Business Ethics. Vol. 100, No. 2, 229-238. 2011.

Block, Walter; Bagus, Philipp y Howden, David (2013), “Deposits, Loans, and Banking: Clarifying the Debate”. American Journal of Economics and Sociology. Vol. 72, No. 3, 627-644.

Boettke, Peter J.; Coyne, Christopher J. y Newman, Patrick (2016), “The History of a Tradition: Austrian Economics from 1871 to 2016”. Research in the History of Economic Thought and Methodology, Forthcoming. Available at SSRN: http://ssrn.com/abstract=2750212

Cachanosky, Nicolas (2011), “A Comment on Barnett and Block on Time Deposit and Bagus and Howden on Loan Maturity Mismatching”. Journal of Business Ethics. Vol. 104, No. 2, 219-221.

Davidson, Laura (2014a), “Ethical Differences Between Loan Maturity Mismatching and Fractional Reserve Banking: A Natural Law Approach”. Journal of Business Ethics. Vol. 131, No. 1, 9-18. 2015.

Davidson, Laura (2014b), “The Economic Consequences of Loan Maturity Mismatching in the Unhampered Economy”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 17, No. 1, 67-91.

Evans, Anthony J. (2013) “In Defence of ‘Demand’ Deposits: Contractual Solutions to the Barnett and Block, and Bagus and Howden Debate”. Journal of Business Ethics. Vol. 124, No. 2, 351-364. 2014.

Herbener, Jeffrey M. (2002) “Ludwig von Mises on the Gold Standard and Free Banking”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 5, No. 1, 67-91.

Mahoney, Dan (2011a), “Free Banking and Precautionary Reserves: Some Technical Quibbles”. Libertarian Papers. Vol. 3, No. 29, 1-15.

Mahoney, Dan (2011b), “Free Banking and the Structure of Production: A Contrast of Competing Banking Systems”. Libertarian Papers. Vol. 3, No. 14, 1-15.

Nair, Malavika (2011), “Money or Money Substitutes?: Implications of Selgin's Small Change Challenge”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 14, No. 2, 143-157.

Selgin, George A. (2009) “100 Percent Reserve Money: The Small Change Challenge”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 12, No. 1, 3-16.

Shah, Parth J. (1997) “The option clause in free-banking theory and history: A reappraisal”. The Review of Austrian Economics. Vol. 10, No. 2, 1-25.

Thornton, Mark (2010), “Short Changing 100 Percent Reserves”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 13, No. 2, 95-103.

miércoles, 20 de enero de 2016

Rallo se equivoca sobre el teorema regresivo


Rothbard (1988) decía que el teorema regresivo era el pons asinorum (ver “Otros usos”) de los críticos de la teoría monetaria de Mises, y lo sigue siendo. Juan Ramón Rallo publica una parte pequeña de su próximo libro contra la teoría monetaria de Mises. El post se trata de una crítica a su teorema regresivo del dinero. Es apenas un precalentamiento de lo que podríamos llamar “el ataque de la liquidez” contra la rama misesiana de la Escuela Austriaca. Sin embargo, como veremos, la crítica de Rallo no invalida para nada la idea de Mises.

Rallo dice que el surgimiento de un nuevo dinero no necesariamente requiere que el objeto dinerario haya tenido un uso directo, es decir, una utilidad no monetaria. El teorema regresivo de Mises supuestamente establece que “sólo” los bienes económicos con utilidad no monetaria previa pueden convertirse en dinero. En sus palabras resumidas: 

[L]a utilidad subjetiva del dinero no estará, por necesidad, históricamente ligada a su utilidad no monetaria originaria, sino que puede estarlo, simple y llanamente, a la aptitud que se espera que exhiba ese bien para actuar como dinero (como medio de cambio indirecto con valor objetivo de cambio estable)... 
Por consiguiente, un objeto podrá pasar a actuar como dinero aunque carezca de utilidad no monetaria previa...  
Si Mises se hubiera limitado a decir que los bienes con una utilidad no monetaria previa tienen muchas más probabilidades de convertirse evolutivamente en dinero que aquellos objetivos sin utilidad no monetaria, habría estado en lo cierto: pero es falso que sólo los bienes económicos con demanda no monetaria previa puedan convertirse en dinero. 

Walter Block y Laura Davidson lanzaron hace poco un paper (Block y Davidson, 2015) que trata de responder si el Bitcoin viola o no el teorema regresivo de Mises, cosa que se viene discutiendo desde la blogósfera e Internet en los últimos años. Coincidentemente, el trabajo de ambos autores contiene una respuesta completa a la crítica de Rallo. Lawrence White ya había ensayado un argumento similar al de ellos en la primera de sus dos posibles respuestas al desafío. Pero Block y Davidson realizan un análisis mucho más detallado

La clave del teorema de Mises es, básicamente, que es imposible para ninguna forma de nuevo dinero (ya sea el primero que surgió o uno nuevo que surja luego de que otro ya está establecido) emerger sin que exista alguna clase de sistema de precios con antelación. Sin precios previamente presentes en alguna forma, los actores no pueden calcular usando el nuevo dinero. Si antes de establecer la novedosa moneda no había precios monetarios para los bienes y servicios, entonces la única manera de obtenerlos es vía el cambio directo de una economía de trueque. En resumen, el teorema solo prohíbe la adopción de una nueva moneda sin un marco de cálculo económico (Block y Davidson, 2015).

Debe quedar claro que Mises, para evitar la acusación de que apelaba a un regressus in infinitum (ir hacia atrás sin límite), se refiere al surgimiento del primer dinero desde un estado puro de trueque, donde no existen precios monetarios (Block y Davidson, 2015). Mucha atención a la palabra “primer”. Es decir, se está explicando el surgimiento del primer dinero original, no de otra clase de dinero que surge luego de que previamente hay uno establecido. El austriaco se refiere al trueque y al uso directo del bien solo y en cuanto al surgimiento del dinero a partir de una situación en que este no existía previamente.

Por lo tanto, el teorema no debe ser interpretado como que, una vez establecido un dinero y el cálculo monetario con precios (monetarios) que permite, todo ulterior medio de intercambio o moneda necesite siempre tener previamente utilidad no monetaria (Block y Davidson, 2015). 

Mises reconoce que un nuevo medio, como el dinero fiat, puede montarse en el existente entramado de precios aun cuando jamás fue valuado directamente como mercancía en sí mismo (Block y Davidson, 2015).

Hay dos circunstancias separadas en las cuales un nuevo medio de intercambio puede surgir como dinero: 1) el nuevo medio emerge de una economía puramente de trueque, en cuyo caso sí necesita tener algún previo valor de uso directo o 2) el nuevo medio emerge cuando ya previamente existe una estructura de precios monetarios o al menos una memoria de la misma. En este caso, el nuevo medio (sea tangible o intangible) no necesita tener ninguna utilidad no monetaria. Ni tampoco ser respaldado o redimible por otra cosa, ni necesita ser establecido a una tasa fija. Nada de eso viola ni invalida el teorema regresivo (Block y Davidson, 2015). Mientras que existan precios (monetarios) en términos de la antigua moneda, eso es todo lo necesario para satisfacer el teorema.

No hay ninguna necesidad praxeológica de que cualquier nuevo medio de intercambio tenga un uso directo a menos que emerja de una situación de puro trueque, en cuyo caso solo lo hace porque no hay ninguna estructura de precios monetarios previa. Debido a que el “primerísimo primer” medio de cambio en emerger lo tuvo que haber hecho necesariamente sin precios monetarios previos, ese bien debió haber sido originalmente valuado, y cambiado, en trueque. El teorema regresivo de Mises NO dice que TODO ulterior medio de cambio deba haber sido intercambiado directamente o necesite tener valor de uso directo. Ni tampoco hay necesidad praxeológica de que el dinero deba tener uso directo para ser vendible, la liquidez del dinero depende de la confianza de los participantes del mercado en que será aceptado luego (Block y Davidson, 2015).

Un nuevo dinero, como por ejemplo el Bitcoin si algún día llegara a serlo, no necesita para nada tener un uso no monetario para emerger como un medio de intercambio, por el simple hecho de que no surge desde una economía de trueque puro. Por lo tanto, ello no viola el teorema regresivo para nada (Block y Davidson, 2015).

Dicho sea de paso, a pesar de usar términos como “regresivo”, el análisis monetario austriaco-misesiano tiene mucho de prospectivo. Para decidir el tamaño de sus tenencias monetarias, a los agentes les interesa el poder adquisitivo futuro esperado del dinero. Pero para poder intentar anticipar la futura estructura de precios, deben fijarse en los precios inmediatamente pasados. Nadie mecánicamente proyecta o extrapola los precios de “ayer” al futuro. Sino que usan los precios de “ayer” para estimar (appraising) la estructura de precios que emergerá y prevalecerá “hoy” como resultado de los cambios anticipados que intervinieron en los datos de la economía ayer (Salerno, 2010: 85-86). Rallo extrañamente parece decir que se puede esperar que un dinero tenga un esperado valor de cambio objetivo futuro estable sin recurrir a la experiencia pasada. Ergo, que las expectativas se pueden formar "de la nada" y no usan de punto de partida el pasado inmediato o no tan inmediato. Lo cual, claramente, es falso.

En resumen, Rallo tiene razón en que “un objeto podrá pasar a actuar como dinero aunque carezca de utilidad no monetaria previa”. Pero es falso que ello sea una crítica al teorema regresivo de Mises o que lo invalide. Rallo erra completamente en pensar que el teorema implica que “sólo los bienes económicos con demanda no monetaria previa puedan convertirse en dinero.”




Rothbard, Murray N. (1988) “Timberlake on the Austrian theory of money: A comment”. The Review of Austrian Economics. Vol. 2, No. 1, 179-187.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Block, Walter y Davidson, Laura (2015), “Bitcoin, the Regression Theorem, and the Emergence of a New Medium of Exchange”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 18, No. 3, 311-38.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Qué es la guerra contra el efectivo y por qué debería importarte


Muy pocos lo han notado, pero desde hace años a nivel internacional se ha recrudecido la guerra contra el efectivo. Los pocos conscientes de ello y de las consecuencias nefastas para nuestras libertades incluyen a economistas de la Escuela Austriaca como Joseph Salerno. La guerra va de a poco globalizándose en Francia (sobre todo luego del ataque a Charlie Ebdo), Suecia, Uruguay, Estados Unidos (el Chase), etc. Pero ¿Qué es la guerra contra el efectivo?

La guerra contra el efectivo (war on cash) significa medidas del gobierno para restringir o, en definitiva, impedir el uso de dinero (físico) en efectivo por parte de la población.

El efectivo al que el Estado apunta incluye, básicamente, dinero físico papel y monedas. El término "efectivo" debe entenderse en su sentido estricto, no en el financiero o contable. La guerra es solo contra el efectivo físico. En finanzas o contabilidad el efectivo a veces incluye, además del dinero en sí, activos (corrientes) inmediatamente convertibles a la par a dinero, cuentas bancarias a la vista, inversiones de corto plazo,
etc.

¿Por qué hacer una guerra contra el uso de efectivo? Los objetivos son varios:
  • 1) Tasas de interés nominales negativas: El plan es básicamente que dejes todo tu dinero en tu cuenta bancaria, de ser posible, sin retirar nada de efectivo físico. Encerrar tu efectivo dentro del sistema bancario. Simplemente que te muevas con tarjetas de débito, cheques o cosas así. Una vez que tu dinero físico está encerrado en el banco, pueden aplicar una tasa de interés nominal negativa. Si la moneda fuera libremente retirable y el banco impone una tasa de interés nominal negativa, la gente tenderá a sacar su dinero efectivo del banco. Ahora, si tienes prohibido sacar tu efectivo o es tremendamente inconveniente hacerlo, sentirás cómo el interés negativo se "come" tu saldo. Por ejemplo, si la tasa de interés nominal anual es -5 % y tienes un depósito de $1.000; entonces a fin de año tendrás solo $950.
Grecia con su crisis y depresión económica se ha convertido en el más reciente laboratorio para probar ir contra el efectivo. Su gobierno propuso lo que es básicamente un impuesto a la retirada de efectivo de los bancos. Por órdenes estatales, los bancos cobrarían un pequeño recargo por retirar el efectivo en cajeros automáticos (en un intento desesperado de evitar que los ciudadanos sigan retirando euros y, de paso, recaudar algo). Ahora los griegos deben pagar 1 euro por cada mil euros que extraigan. No es mucho, pero el porcentaje no es el problema. Como indica Salerno, el problema verdadero es el principio que se pone en marcha al hacer esto. De ejecutarlo, lo que los bancos han hecho es romper el valor par que necesariamente debe haber entre el depósito y el efectivo. Una vez roto, aunque sea solo una mínima parte, deja de ser un valor par. Y, por ende, abre la puerta a cualquier otro porcentaje a aplicar en el futuro (y que dependerá de cuanto interés negativo se quiera cargar). El cambio entre el valor del depósito y el efectivo depositado en el mismo debe o ser par o ser cualquier otro valor, no hay otra posibilidad.

Supongamos, por simplicidad, que el recargo de los bancos griegos es 10 %. Ya no puedes ir a retirar todo tu dinero de inmediato al banco, reclamando un euro en efectivo por cada un euro depositado. Ahora por cada 100 euros físicos que quieras sacar, te cobran 10 euros. Solo puedes sacar del banco un euro, pagando 1,10 euros. O lo que es lo mismo, obtienes 90 euros en efectivo por cada 100 depositados. Y, por supuesto, el gobierno griego deja bien claro que hacer lo contrario no invierte las cosas. Al depositar 100 euros en efectivo en un banco, el cliente no obtiene 110 euros en depósito sino 100. Astutos los tipos, ¿no?

Ahora es más costoso comprar cualquier bien con efectivo retirado que con un depósito bancario. Si quiero comprar algo que vale 100 euros, al sacar el dinero del banco me dan solo 90 en efectivo y no lo puedo comprar. Si lo compro directamente con tarjeta de débito bancaria, puedo adquirirlo. Es decir, si deseo adquirir con el efectivo sacado del banco algo que vale 100 euros, debo pagar 110 euros. Pero comprándolo vía el sistema bancario, solo pago 100 euros.

Observen lo que pueden hacer ahora los políticos: Si pierdes 10 % cada vez que sacas el dinero del banco, ellos pueden bajar la tasa de interés sobre tus depósitos hasta el, digamos, -6 %. Aun con eso, no sacarías el dinero del banco pues perderías más (10 %) de lo que te sacan ahora (6 %). En esas nuevas circunstancias muchas personas ya no sacan inmediatamente el dinero del banco para huir del interés negativo. Ese era el objetivo: imponer tasas de interés nominales negativas y que la gente no huya de ella. Lo que ocurre en Grecia tiene potencialmente esas consecuencias, pavimentar el camino a las tasas de interés nominales negativas.

Como irremediablemente te estarían sacando 6 % de tu efectivo, estarías obligado a gastarlo. Te harían gastar tu dinero sustrayendo un monto de tu cuenta bancaria por cada día que lo dejes ahí y no lo gastes.

Uno de los objetivos de quitarte el efectivo físico es imponer tasas de interés nominales negativas. Y a su vez, el objetivo del interés nominal negativo es obligarte a gastar. La ideología keynesiana/monetarista de mantener un determinado (por el gobierno, claro) nivel de gasto para resolver los problemas, es de gran inspiración en esto. Si te sacan dinero de tu cuenta bancaria por cada día que lo dejes en el banco y no lo gastes, vas a estar obligado a gastarlo.

No solo tu propiedad va a ser arbitrariamente expropiada vía la tasa de interés nominal negativa, sino que además tu libertad de disponer de ella gastándola o no según tu criterio va a ser violada solo porque a los burócratas se les ocurrió que debes gastar más. Estas entre perder parte de tu propiedad o hacer lo que los políticos digan que hagas con ella.
  • 2) Apoyar el sistema bancario de reserva fraccionaria: Cuando la gente pierde la fe en el sistema bancario, comienza a retirar su efectivo del mismo. Al hacerlo, el público está reclamando sus justos derechos de propiedad sobre su dinero. Ello hace que comience a colapsar el sistema bancario. Pero encerrando el efectivo dentro de los bancos e impidiendo que lo puedan sacar, el Estado protege y apuntala el inestable, inflacionario y causante de ciclos económicos sistema de reserva fraccionaria.
Usando tarjetas de débito, cheques, etc. aun cuando algunos bancos pudieran tener problemas cuando unos clientes pasan de unos a otros su dinero, el dinero no se retira del sistema. La mayoría de la gente no suele darse cuenta, pero como depositantes tienen el poder de tirar abajo incluso al más poderoso banco de un día para el otro si muchos de ellos retiran su dinero rápidamente. Washington Mutual (WaMu) el sexto mayor banco de Estados Unidos fundado en 1889, con sucursales en todo el país (El "Walmart de los bancos", le decían) y una historia de solidez; únicamente con una corrida de una semana por parte de sus depositantes desapareció en 2008 en la mayor caída bancaria de la historia. El declive del más poderoso banco es posible en cualquier momento.

No es de extrañar que los bancos apoyen voluntariamente al gobierno en esta guerra, les conviene mucho. Les saca de encima el fantasma de las corridas: la supremacía de los depositantes. Por eso pueden notarse movimientos voluntarios por parte de ellos para facilitarle el trabajo a los políticos.
  • 3) Dificultar el mercado negro: uno de los objetivos explícitos de la guerra contra el efectivo es precisamente ir en contra del mercado negro. Con el pretexto de combatir enemigos reales o imaginarios, se planea eliminar el efectivo. Los narcotraficantes, terroristas, evasores, el lavado de dinero, etc. son la excusa. Como suele ser usual, los gobiernos se toman de problemas artificialmente creados por ellos mismos para usarlos de excusa en restringir aún más la libertad de la gente.
Incluso regalando el argumento al gobierno y asumiendo que esas personas son "malvadas" y hay que combatirlas, el mercado negro no tiene por qué estar limitado a drogas, explosivos para atentados, evasión impositiva, etc. También puede incluir productos básicos que una mala política del gobierno ha hecho desaparecer del mercado legal. Luego de que una política generalizada de precios máximos acaba con la existencia de muchos productos, estos aparecen en el mercado "ilegal". En el mercado negro las cosas se consiguen. A un mayor y real precio, pero se consiguen. Obviamente las cosas se pagan en efectivo, el cual garantiza discreción.

Imaginen que viven en Venezuela y no tienen acceso al mercado negro porque no poseen efectivo y solo pueden comprar en el mercado blanco (donde casi no hay nada) vía el sistema financiero. La mayoría no podrían adquirir las cosas más básicas una vez las pocas que hay se agotasen y luego de horas perdidas en una cola.

Aun cuando, afortunadamente, el ingenio de los participantes del mercado negro seguramente idearía alguna solución a la falta de efectivo (surgiendo espontáneamente alguna moneda en efectivo paralela, etc.), en el corto plazo muchas personas sufrirían mucho la falta de productos.
  • 4) Facilidad de cobrar cualquier impuesto: Pero la violación a tu libertad no se detiene en determinarte desde arriba si debes gastar o no, dificultar que consigas las cosas que deseas pero que el gobierno ha hecho desaparecer y en sostener el fracasado sistema bancario actual. La histórica alianza entre el sistema bancario y el Estado permite todavía más arbitrariedad.
Una vez que tienes todo tu dinero encerrado en una cuenta bancaria, el Estado puede cobrarte cualquier tasa de impuesto que decida de inmediato y no tendrás escapatoria (salvo tener un grupo de abogados y descubrir algún reducto legal, lo cual a la larga tampoco es garantía). El gobierno puede potencialmente cobrar los impuestos excesivos que desee.

El dinero en efectivo es mucho más difícil de expropiar por parte del gobierno. Pero si mañana quiere sacarte el 70 % de tu dinero y está en una cuenta bancaria encerrado, puede hacerlo y ya no podrás conseguir y guardar efectivo fuera de su alcance. La expoliación estatal es enormemente más sencilla sin la existencia de efectivo.

Si el Estado quisiera rescatar a los bancos (insolventes por las malas decisiones de su gerencia, no de los depositantes) con el efectivo de los que depositaron en ellos, podría hacerlo de inmediato.
  • 5) Mover todo a través del monitoreable sistema financiero: El pago y cobro con dinero en efectivo muchas veces significa intimidad. Dado que no quedan registros de la transacción (cuando compras algo, el dinero va y el producto viene. Fin de la historia), la intimidad de las personas queda protegida.
Si todo tu dinero está en el banco y cualquier movimiento debe ser a través del sistema financiero, absolutamente cualquier transacción que hagas con dinero quedará registrada. Y, por ende, el gobierno puede saber qué compraste, cuando lo hiciste, dónde, etc. Por ejemplo, supongamos que compras una muñeca inflable para la despedida de soltero de un amigo. Deberás pasar tu tarjeta de débito para pagarla y la transacción es registrada. Si, luego de un tiempo, por la razón que sea, consigues cierto prestigio y representas una amenaza para el gobierno o sus lobbistas, puede ser que esa transacción se haga pública, sea atribuida a ti y destrocen tu credibilidad (obviamente, no es necesario que el propio gobierno sea el soplón. Puede dar los datos a los medios de comunicación y ellos encargarse de difundir la información). Descontemos el caso de que asuma un dictador sin escrúpulos al cual tus comentarios no le caigan bien y que pueda saber qué remedios tomas, cuando y donde los compras, en que horarios regulares, etc. Suena a película de ciencia ficción, pero, dado el historial homicida de los gobiernos, algo tan simple es perfectamente posible.

La capacidad de espionaje por parte de la inteligencia estatal queda potenciada enormemente. Toda tu intimidad financiera, desde lo que comes hasta lo que usas en el baño, quedará registrada. Y, potencialmente, utilizable en tu contra por parte del gobierno o sus afines.

No es que hoy en día el Estado no se meta en la intimidad de las personas, lo hace muchísimo. Pero la eliminación del efectivo implica la desaparición de la última arma efectiva para evitar el ojo gubernamental en toda nuestra vida comercial.

En resumen, si el Estado gana la guerra contra la efectivo perderás la libertad de disponer de tu propiedad (gastar cuando y como quieras o no hacerlo), el Estado podrá expropiarte cuanto desee o le convenga y no tendrás escapatoria, perderás la poca intimidad que todavía puede tenerse del ojo vigilante del gobierno, en caso de aplicar controles destructivos sobre los precios estarás a la buena del político para conseguir algo y se perderá definitivamente el mínimo control sobre el (inestable, inflacionario y artificialmente mantenido por el Estado) sistema bancario de reserva fraccionaria: la saludable amenaza de corridas bancarias.

Aun en el actual y estatista sistema de dinero fiat, si perdemos el efectivo físico seremos enormemente menos libres y más esclavos de los políticos. Y eso debería preocuparnos a todos.

martes, 28 de julio de 2015

Definiciones


A continuación se exponen unas cuantas definiciones muy elementales que es siempre necesario tener claras. Cualquiera interesado en la Teoría Económica sana, que es la de la Escuela Austriaca de Economía, debe conocerlas. Además, serán muy útiles para el próximo post.

Bien: cosas o algo que se crea (subjetivamente) que está en conexión causal con, y que sea posible utilizar para, la satisfacción de una necesidad humana.

Se habla de "cosas o algo" (things) porque no importa qué es lo que se considera. Ya sea algo tangible (material) o intangible (servicio), esa distinción es irrelevante para la definición general de bien.

Bien económico: es un bien que es escaso.

Escaso quiere decir que sus servicios no están disponibles en suficiente cuantía para satisfacer todos los fines en que los individuos desean utilizarlos. Como no se pueden satisfacer todos los deseos, debe necesariamente haber elección o, mejor dicho, acción.


Esta es solo una distinción terminológica. Un "bien" debe necesariamente ser "económico" (escaso). Hay cosas que no son escasas y que, por tanto, no son bienes (el aire, por ejemplo). Ellas son condiciones generales de bienestar humano (Mises, 1949: 93; Rothbard, 1962: 4), no son bienes en el sentido económico.

Para el fundador de la Escuela Austriaca, Carl Menger, hay cuatro prerrequisitos simultáneos que algo debe tener necesariamente para ser un bien (Menger, 1871: 52):
  • 1) Una necesidad humana
  • 2) Las propiedades de la cosa estén en conexión causal con la satisfacción de la necesidad humana
  • 3) Conocimiento humano de esta conexión causal
  • 4) Control suficiente sobre la cosa como para dirigirla a la satisfacción de las necesidades (propiedad o control)
Es absolutamente necesario que los cuatro se cumplan. Si solo falta uno de ellos, la cosa deja de ser un bien.

Años más tarde, Ludwig von Mises corrige un error de la teoría de Menger. Para Mises, las condiciones 2) y 3) son incorrectas. Menger, uno de los principales desarrolladores de la teoría subjetiva del valor, no aplica el subjetivismo lo suficiente. De hecho, Mises (1928) logra reparar el desacierto de Menger usando sus propias citas. Lo que realmente importa a la ciencia económica es que el ser humano crea o tenga la opinión que la cosa tiene capacidad para causar la satisfacción de la necesidad (Mises, 1928).

Por lo tanto, la lista mejorada por Mises de prerrequisitos necesarios para que algo sea un bien queda así:
  • 1) Una necesidad humana
  • 2) Las propiedades de la cosa estén en conexión causal con la satisfacción de la necesidad humana
  • 3) Conocimiento humano de esta conexión causal
  • 2) La opinión (o creencia) para el individuo economizador que la cosa es capaz de satisfacer sus necesidades
  • 3) Control suficiente sobre la cosa como para dirigirla a la satisfacción de las necesidades (propiedad o control)
Una vez más, es absolutamente necesario que se cumplan las tres y no falte ni una sola para que algo sea un bien.

Antes de sus usos en motores de combustión, el petróleo no era un bien. No se conocía una conexión causal para satisfacer ninguna necesidad. Al contrario, en lugar de ser un bien era un mal. Cuando se hacía un pozo y se encontraba, podía destruir la cosecha o el hermoso jardín del descubridor. La necesidad humana de energía o transporte existía, así como la posibilidad de cavar para conseguir petróleo. Se cumplían 1) y 3), pero el punto 2) no. Cuando se descubrió la conexión causal, el mal que era el líquido negro se convirtió en un bien.

Existe una necesidad humana para la luz solar o de un día soleado. Y se sabe subjetivamente que hay una conexión causal entre el día soleado y la satisfacción de nuestras necesidades (por ejemplo, tener uno para nuestra boda). Pero, hasta ahora, no podemos controlar (tener la propiedad de) el clima o el sol.  Por lo tanto, el sol o el clima no está sujeto a la acción humana. No es un bien, sino una condición general de bienestar humano. Como se dijo, el aire también lo es (Rothbard, 1962: 4).  Se cumple 1) y 2), pero no el 3).

La corrección de Mises permite explicar un hecho evidente de la realidad: muchas veces, la gente se equivoca en creer que algo satisface su necesidad. La definición de Menger implica que la conexión causal es una propiedad de la cosa, que está en el objeto. Si fuera así, la gente no se equivocaría. Sin embargo, hay personas que van a curanderos, buscan médiums para hablar con sus familiares muertos, etc. debido a que creen que con eso satisfacen alguna necesidad. Pero se pueden, y se suelen, equivocar porque su opinión era errónea.

Intercambio: un intercambio es una renuncia mutua y condicional al derecho de propiedad de bienes económicos.

Se dice que es mutua porque se hace recíprocamente entre dos (o más) personas. Es condicional debido a que las partes que ceden su derecho de propiedad, lo hacen solo porque esperan o saben que la otra hará lo mismo con el suyo. Yo renuncio a mi derecho de propiedad debido a que espero que tu renuncies al tuyo también (do ut des). No es un regalo, porque ello es una renuncia incondicional. El derecho de propiedad es el derecho de control sobre un bien económico.


Es importante aclarar que lo que realmente se intercambia son derechos de propiedad. No hay que entender el intercambio como necesariamente una transferencia de bienes que, al cambiar de dueños, se "mueven" de uno hacia otro. Al intercambiar zapatos por manzanas, ciertamente ambos se mueven de un dueño a otro al ceder mutuamente los derechos de propiedad. Pero si se intercambian pedazos de tierra en dos continentes distintos, es claro que los bienes no se trasladan. En todos los casos siempre se intercambian derechos de control, ya sea que los bienes se muevan o no.   

Dinero: es un medio de intercambio generalmente aceptado o comúnmente usado (Mises, 1949: 395, 398).

Un medio de intercambio es un bien económico que se adquiere no por sus  servicios como bien de consumo ni como factor de producción, sino que se demanda con la intención de cambiarlo ulteriormente por los bienes o servicios que el agente realmente necesita consumir o usar para producir. Cuando se generaliza su aceptación, esa es, según la Escuela Austriaca, su función esencial.

Bienes presentes: los bienes y servicios cuyos servicios están directa e instantáneamente disponibles (no necesitan ninguna posterior transformación) para ser consumidos o utilizados son bienes presentes. 

Los bienes presentes rinden sus servicios (por lo que son deseados) sin necesidad de ninguna transformación física previa (Hülsmann, 2009). Los bienes o servicios presentes existen (están disponibles) en este momento.

Bienes futuros: un bien o servicio futuro es la expectativa (presente) de disponer de (una cierta cantidad de) un bien o servicio en algún punto del futuro.

Es una deuda (I.O.U.) redimible en algún punto del futuro o, más correctamente, un derecho a bienes en el futuro. Los bienes o servicios futuros no existen (no están disponibles) todavía.

Préstamo: un préstamo o una transacción crediticia es un intercambio (o transferencia) de (títulos de propiedad de) una cantidad de bienes o servicios presentes por bienes o servicios futuros. 

La parte A inicialmente es propietaria (tiene el título) de U$S100. Entonces A decide contractualmente ceder (voluntariamente) su título de propiedad (derecho de control) sobre ese monto a favor de la parte B por un periodo de un año, bajo la condición de que B le devolverá un importe equivalente más intereses cuando transcurra ese tiempo. Ocurrido ese contrato, ahora B tiene el título de propiedad (derecho de control) de los bienes (U$S100) y a cambio A recibe una deuda (I.O.U.) por U$S100 más intereses a ser entregados de acá a doce meses. El título de propiedad solo puede ser aplicado a los bienes presentes debido a que existen, nadie puede ser propietario (tener el título de propiedad) de un bien futuro pues este no existe todavía. El sujeto A sí puede ceder el título de propiedad de sus bienes presentes, pero B no puede ceder la propiedad de bienes futuros específicos que aún no existen. El bien que recibe A es una deuda, no el dinero futuro en sí (Davidson, 2014). Uno no puede ser dueño (tener el título) del bien futuro específico pues todavía no se materializa, pero sí puede ser propietario del título de deuda a esos bienes futuros. Es meramente un título a un todavía no existente bien futuro, el cual no crea un correspondiente bien presente (Block et al. 2013). 

Observen que la definición de bien futuro dada arriba como "expectativa", implica que uno intercambia bienes presentes existentes no por los bienes futuros en sí mismos, pues no existen todavía; sino por algo que también existe (una deuda) y que dará disposición de bienes en un punto del tiempo. Es claro que, al hablar de un préstamo como "un intercambio de bienes presentes por bienes futuros", uno no se está refiriendo a que, al momento de hacer el cambio, se transfieran inmediatamente los bienes futuros específicos (inexistentes aún), sino a una deuda por los mismos. Lo que existe en la actualidad, y lo que se intercambia por bienes presentes, es la expectativa presente a los bienes futuros, pero los mismos todavía no.

Esta es una diferencia fundamental: un bien/servicio o es presente o es futuro. Un bien o servicio presente existe en este momento. Y, por ende, esta disponible para el uso en cualquier instante del presente o en cualquiera momento (presente) del futuro. Mientras que, por otro lado, un bien futuro no existe, todavía. No se puede disponer de él aún. De ningún modo es una cuestión de grado, sino que es de sustancia (Hoppe et al., 1998). O es uno o es otro, no hay tercera posibilidad.

La distinción entre bienes futuros (no existentes, todavía) y presentes (existentes ahora) es categórica. En cualquier punto del tiempo una suma de dinero, un auto o lo que sea existe o no existe. Otra verdad absoluta es que nadie, en un momento dado, puede actuar con otra cosa que no sean bienes presentes. Para alcanzar a realizar los bienes en el futuro, se deben emplear bienes presentes ahora. Los free bankers tratan erróneamente de negar esta distinción categórica como si fuera una de grado (Hoppe et al., 1998). El hecho de que un préstamo (de dinero, de un auto o lo que sea) madure en un minuto, una hora o un día, en absoluto cambia todo lo expresado y mucho menos impide diferenciar bienes presentes de futuros. No existe un "grado" intermedio entre existir y no existir.






Block, Walter; Bagus, Philipp y Howden, David (2013) "Deposits, Loans, and Banking: Clarifying the Debate". American Journal of Economics and Sociology. Vol. 72, No. 3, 627-644.

Davidson, Laura (2014) "Ethical Differences Between Loan Maturity Mismatching and Fractional Reserve Banking: A Natural Law Approach". Journal of Business Ethics.

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Hülsmann, Jörg G. (2009) "The Demand for Money and the Time-Structure of Production". En Hülsmann, Jörg G. y Kinsella, Stephan (2009), Property, Freedom, and Society: Essays in Honor of Hans-Hermann Hoppe. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

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Mises, Ludwig von (1928), "Remarks on the Fundamental Problem of the Subjective Theory of Value". En Mises, Ludwig von (1933), Epistemological Problems of Economics. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2003.

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Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2004.

sábado, 25 de julio de 2015

Vistazo al debate sobre reserva fraccionaria VS 100 por ciento


Una de las divisiones más definitorias e irreconciliables dentro de la Escuela Austriaca está en si la emisión de medios fiduciarios es siempre inflacionaria, descoordinadora y causante de ciclos económicos o si no lo es. No hay tercera posición en ese análisis. 

Desde el punto de vista económico (no el ético o legal), el conocido debate dentro de la Escuela Austriaca de banca (libre) con reserva fraccionara V.S. banca (libre) con reserva de 100 % para los depósitos a la vista (demand deposits) y similares es, en definitiva, una discusión de si la expansión de medios fiduciarios produce o no inflación y el fenómeno conocido como ciclo económico (Salerno, 2010). Entendido de este modo, el enfrentamiento no es otra cosa que la plasmación de dos movimientos de teoría monetaria que históricamente jamás han sido reconciliados: la Escuela neo-Monetaria y la Escuela neo-Bancaria. Los predecesores de ambas, la Escuela Monetaria (Currency School) y la Escuela Bancaria (Banking School), tuvieron un debate titánico a mitad del siglo XIX principalmente en Gran Bretaña (Salerno, 2010). Este es uno de los temas principales que diferencian la rama misesiana de las demás, dentro de la Escuela Austriaca.

A continuación, se presenta solo un pequeño vistazo de la controversia cuyos participantes ya traté de listar. Además debo aclarar que, dada la gran cantidad de bibliografía citada, no he linkeado cada uno de los trabajos en sus respectivas fechas como suelo hacer en este blog. Sin embargo, cada uno está explicitado al final del post y la mayoría de ellos se consiguen fácilmente en Internet.

Desde Mises hasta los 80's

Como explica Hülsmann (2000), desde que Ludwig von Mises publicara su primera obra fundamental monetaria en 1912 (Mises, 1912) llamada La Teoría del Dinero y del Crédito (de los Medios Fiduciarios, en realidad), la posición de la Escuela Austriaca respecto de los efectos de la emisión por parte del sistema bancario de medios fiduciarios siempre fue principalmente escéptica. En 1912, aun cuando el joven Mises de 31 años destacaba algunos aspectos probablemente positivos, expresaba serias reservas económicas sobre la actividad bancaria con reserva fraccionaria y su capacidad de expandir el crédito circulatorio. Posteriormente el mucho más maduro y sabio Mises de los años 40's (Mises, 1940; 1949), cuando completó íntegramente su teoría monetaria (Salerno, 2010), se opuso firmemente a cualquier expansión de medios fiduciarios descartando las cualidades positivas que destacó de joven (Salerno, 1993; 2010; 2012). A tal punto, que favorecía el arreglo institucional que, dentro de lo humanamente posible, él creía que podría traer la supresión casi total de la emisión de nuevos medios fiduciarios: la libertad bancaria (Salerno, 2012). 

Su gran alumno y futuro premio Nobel (precisamente por sus trabajos de esta época), Friedrich von Hayek, en sus primeros escritos monetarios y sobre ciclos (Hayek, 1929; 1931; 1937) examinaba los efectos nefastos de la creación de medios fiduciarios. En particular, cómo provocaban inevitablemente un ciclo de auge y depresión. Hay que notar, sin embargo, que a pesar de que el joven Hayek de 30 años conocía perfectamente las consecuencias perturbadoras (Hayek, 1929), veía los efectos cíclicos como "el precio que hay que pagar" por usar la expansión de medios fiduciarios para acelerar el desarrollo económico más allá de lo que la gente ahorra (Block y Garschina, 1996). Es decir, Hayek parecía sugerir que se debía continuar con el sistema que permite la expansión de medios fiduciarios (reserva fraccionaria), aun cuando inevitablemente causen ciclos, si se quería seguir acelerando el progreso técnico y comercial (Block y Garschina, 1996). A pesar de eso, se equivocaba en su análisis de costos y beneficios, comparación que ni siquiera es posible (Block y Garschina, 1996). Un par de años después (Hayek, 1931; 1937), cambió de opinión a favor del 100 % de reserva (Huerta de Soto, 1998b: 366-71, 564-65). 

Continuando con la tradición misesiana, Murray Rothbard fue probablemente el más enfático opositor al negocio bancario de emitir medios fiduciarios vía la reserva fraccionaria antes de los años 80's y durante toda su vida (1962a; 1962b; 1963; 1983; 1994).

Debido al peso intelectual de todos ellos, hasta la década del 80 se puede considerar que el "mainstream" dentro de la Escuela Austriaca en temas monetarios era la oposición a la emisión de medios fiduciarios por parte del sistema bancario. 

Sin embargo, la "ortodoxia" austriaca en temas monetarios seria desafiada...

Los "renegados" free bankers 

A mitad de los años 80's ocurre un cisma dentro de la Escuela Austriaca: en 1984 un economista austriaco, Lawrence White, se desvía del mainstream monetario con su defensa histórica y teórica de la banca libre con reserva fraccionaria (White, 1984; 1989; 1999). La exposición de White es apoyada y extendida por su alumno, y también austriaco (en ese momento, porque ya no lo es), George Selgin (1988; 1996). A ellos se unieron también Larry Sechrest (1993) y Steven Horwitz (1988; 1989; 1992) junto con monetaristas y miembros de la escuela subjetivista inglesa (Huerta de Soto, 1998a; 1998b: 525-27), entre otros. Así nació el bando opuesto al 100 % de reserva para depósitos a la vista que se suele llamar, por su nombre en inglés, Free Banking (banca libre) y cuyos partidarios son los denominados "free bankers".

Aparte de Rothbard (1988), Walter Block (1988) y Joseph Salerno (1991a; 1991b; 1993; 1994), casi nadie defendió directamente la posición "ortodoxa" austriaca a finales de los años 80's y principios de los 90's. Como consecuencia de ello, la posición free banker a favor de la reserva fraccionaria ganó cada vez mayor aceptación, al punto de que estuvo cerca de convertirse en la nueva ortodoxia dentro de la escuela (Hülsmann, 2000). 

Fue precisamente este éxito lo que despertó el interés en el tema y provocó que, a mitad de la década del 90, apareciera la crítica a sus respectivos análisis. Iniciando así el épico debate de la reserva fraccionaria V.S. el 100 % de reserva. Hans-Hermann Hoppe inicia la defensa de la posición monetaria tradicional (Hoppe, 1994), criticando a Selgin y White. Seguido de Jesús Huerta de Soto (1995), Jörg Hülsmann (1996) y Mark Skousen (1996).

La gran batalla a favor y en contra de los medios fiduciarios

Luego de esas reacciones, los propios Selgin y White (1996) contraatacaron apuntando explícitamente contra Hoppe y Huerta de Soto (el artículo de Hülsmann era muy reciente, así que no lo abordaron directamente). Argumentaron que la reserva fraccionaria, en un entorno libre, ni era un fraude ni era inestable económicamente. Su paper (cuyo título es, por lejos, el más original del debate) era básicamente una defensa de su posición favorable a la emisión de medios fiduciarios por parte del sistema bancario solo bajo ciertas condiciones: para ajustar un aumento previo de la demanda para retener los mismos. Es decir, para mantener un "equilibrio monetario". En esas circunstancias, la emisión de medios fiduciarios no solo no era distorsiva, sino que, además de estabilizar (el flujo de gasto de) la economía, incluso podía inducir a aumentar el stock de capital.

La respuesta completa vino dos años después cuando Hoppe, Hülsmann y Block contestaron la defensa tanto legal como económica de la reserva fraccionaria presentada por Selgin y White (Hoppe et al. 1998). La emisión de medios fiduciarios incluso ante cambios en su demanda provoca una adicional descoordinación económica, no la soluciona. Emitirlos para ajustar un aumento de su demanda lejos de ayudar a equilibrar la economía, solo la descoordina más e impide el ajuste de precios relativos que, suponen los free bankers, logra conseguir. Luego Hülsmann desarrolló su teoría del error, continuando la crítica a la reserva fraccionaria (Hülsmann, 1998a). Huerta de Soto añadió una nota final al debate en 1998 (Huerta de Soto, 1998a) junto con su obra magna en temas monetarios (Huerta de Soto, 1998b). Y Pascal Salin (1998) se enfrentó a Hülsmann (1998b).

El enfrentamiento de Salin, White y Selgin contra Hoppe, Hülsmann, Block y Huerta de Soto fue la batalla central y ocurrió a finales de los 90's. Entrado el nuevo milenio, la guerra continuaba. Selgin (2000), Salin (2001), Horwitz (2000) y White (2003) por un lado y Hülsmann (2000; 2003; 2004; 2008a; 2008b) por otro. Block y Barnett II (2005) ofrecen argumentos económicos adicionales contra Selgin y White y, además, Hauwe (2006) hace un análisis crítico de toda la teoría de la banca libre con reserva fraccionaria.

La nueva generación

En la actualidad, el debate está aún lejos de concluir y ha llegado a las nuevas generaciones de economistas austriacos. Por dar un ejemplo: los pupilos de Huerta de Soto, David Howden y Philipp Bagus, se atrevieron a desafiar la teoría de George Selgin en el año 2010 (Bagus y Howden, 2010).

Selgin (2011) y Horwitz y Evans (2011) respondieron junto con los jóvenes Alexander Salter y William Luther (2012). Bagus y Howden replicaron a cada uno: a Selgin (Bagus y Howden, 2011a), a Horwitz y Evans (Bagus y Howden, 2012a) y a Salter y Luther (Bagus y Howden,  2012b). También Block, Bagus y Howden (2013) contestaron a Michael Rozeff (2010), Bagus, Howden y Gabriel (2014) a Evans (2013), entre otros trabajos.

Recientemente Laura Davidson (2012) ha refutado completamente la teoría del "(des)equilibrio monetario" que es la base en la que muchos free bankers construyen su fundamentación económica de la reserva fraccionaria. También ha salido al cruce de alumnos free bankers y contra la reserva fraccionaria en términos de la teoría de la transferencia de títulos (Davidson, 2014). Además es destacable el ataque al "equilibrio monetario" y los precios rígidos (sticky prices) de Bagus y Howden (2011b). Y hay muchos más ejemplos. Por nombrar uno más, el debate ha decantado, incluso entre defensores del 100 %, en si el descalce de plazos es legítimo o no y si causa el ciclo económico o no.

A diferencia de lo que suelen dar a entender los free bankers, la discusión y la defensa del coeficiente de caja del 100 % continúa hoy viva y mejorándose. Y, al menos hasta ahora, el caso contra los medios fiduciarios está lejos de ser correctamente refutado. Todavía no se ha dado fin al sano debate académico que divide a la Escuela Austriaca.








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