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viernes, 5 de enero de 2018

El mito de que el capitalismo causa la brecha salarial de género (II)


En un post anterior vimos cómo el mercado tiene un mecanismo inherente y sistémico cuyo proceso tiende a igualar los salarios de hombres y mujeres cuando la diferencia no sea explicada por el valor de la productividad marginal esperada.  Ahora veremos unos pocos puntos accesorios que se pueden desprender de tal hecho y, de paso, contestaremos ciertas críticas posibles por parte del feminismo socialista que sostiene el mito.

El mercado no “prohíbe por ley”, pero castiga

El socialista moral podría decir que “no alcanza” solo con el incentivo del costo monetario, fundirse y la continua reducción de influencia que propicia el mercado porque “hay que evitar que la discriminación ocurra totalmente” y para ello “el Estado debe prohibirla por ley”. 

Por supuesto, tal argumento suena bien, pero ignora muchas cosas. Primero que nada, el Estado no es omnipotente. Que exista una regulación que lo prohíba, no necesariamente impide que un acontecimiento ocurra de todos modos (fuera de la visión del gobierno). Y mientras suceda fuera del ojo vigilante, la penalidad del Estado no se impone. Por ejemplo, el consumo o producción de ciertas drogas está prohibido con penas severas por parte del Estado en muchos países y aun así estas abundan entre sus habitantes. Segundo, el Estado está compuesto por hombres, muchos de ellos son sobornables y el Estado sistemáticamente favorece la corrupción. El hecho prohibido acontecerá mientras los funcionarios sean corrompidos. Por tanto, por más que se prohíba por ley, el hecho puede ocurrir de todas maneras de la misma forma que puede pasar en el mercado. La pena de cárcel o multa dineraria estatal es “tan incentivo” como lo son las penas que vienen del mercado. Sin embargo, la cuenta de pérdidas y ganancias del mercado es (a) incorruptible, (b) inescapable y (c) actúa de forma absolutamente inmediata. Es igual de severa con todos en cualquier rincón, a cualquier hora y ante ella no hay escapatoria ni soborno que valga. El mercado es inmediato e inescapable, mientras el Estado, no.

Bajo las reglas del mercado, no está “prohibido” discriminar (sin considerar productividad) en el sentido estricto de que nadie nunca jamás lo hará o intentará. Pero el proceso de mercado tiende a provocar que la gente sea menos discriminadora haciendo que lo paguen con su propio patrimonio. En otras palabras, si algunos empresarios quieren discriminar, pueden hacerlo. Pero inmediata e inexorablemente aparecerá la penalidad, la “multa” despiadada del mercado. A causa de ello se volverán sucesivamente una irrelevancia en el mercado o irán a la quiebra y, siendo así, su rango de acción discriminadora será cada vez menor hasta ser impotente. 

A medida que el empleador pierda dinero o gane mucho menos por su decisión tozuda de continuar siendo “sexista”, sus competidores lo desplazarán del mercado y el empresario pasará de seguir siéndolo a ser un asalariado. El emprendedor deja de tener control sobre recursos y puede pasar a ser un empleado más. No solo dejando de influir en el mercado con su “sexismo”, sino convirtiéndose en uno más de los hombres que cada día están más dificultados de encontrar empleo. Su contribución, ahora como oferente laboral adicional, en el margen y ceteris paribus, pone aún más presión a la baja de salarios masculinos en el mercado laboral. En una ironía desconocida para el torpe análisis socialista feminista, al hacer que el empresario expulsado pase a ser un asalariado, el mercado tiende a poner a los empresarios “sexistas” en un lugar que contribuye a la igualación de salarios de hombres y mujeres.

El capitalismo expulsa de su función empresarial a este empresario por su pobre función anticipadora y su insistencia en actuar con criterios no-de mercado sino personales. Al mismo tiempo, el rol de empresario del emprendedor o emprendedores que no se dejaron guiar por su “sexismo patriarcal” se amplía y consolida cada vez más. Bajo el mercado libre, no se tiende a tener preferencias basadas en el “genero” (fuera de la productividad) porque los que las tengan son continuamente expulsados del mercado.

Consumidores sexistas

Dado lo irrefutable del análisis anterior, la única escapatoria para el feminismo socialista es: ¿Y qué pasa si son los clientes los sexistas? Entonces la discriminación podría ser duradera e incluso permanente pues en ese caso ya no hay mecanismo de mercado que castigue el sexismo empresarial. Sin embargo, tampoco acá es cierto que el mercado no penalice. 

Si no es el empresario el que paga con su patrimonio, lo hará su clientela. Los consumidores "sexistas", aquellos que decidan a ir y poner su dinero en lugares o empresas donde deliberadamente solo se contraten hombres (con salarios relativamente elevados) en detrimento de mujeres, ceteris paribus, deberán pagar precios mucho más altos que los consumidores que no discriminan. La penalidad recaerá por completo sobre todos los que discriminen.

En otras palabras, bajo una economía libre, todos los consumidores sexistas son castigados por el mercado con la “multa” de pagar más caro la totalidad de los productos de comercios que también sean sexistas. Si los consumidores “sexistas” desean dejar de pagar el sobreprecio permanente y no ser más pobres de lo que serían si no fueran como son, deberán adquirir productos de empresarios que contraten mujeres y vendan a menor precio, aunque deban hacerlo de manera subrepticia. 

¿Y si todos los empresarios son sexistas-patriarcales por costumbre?

Alguien podría argumentar que todo el análisis anterior no es correcto porque la discriminación sexista es una pauta de comportamiento sistemático social. Es decir que, más allá de las ganancias, TODOS los empleadores (e incluso las empleadoras) van a actuar discriminando por sexo porque así está “establecido socialmente”, porque fueron "criados así", por “costumbre”, “mandato social” o, el término arbitrario, indefinido y multiuso favorito de las feministas; por “patriarcado”. Manteniendo así, el “estatus” de diferencial de salarios masculino-femenino e interrumpiendo el proceso de mercado.

Por supuesto que tal asunción es ridícula en términos teóricos e históricos. No hay ninguna razón por la cual suponer que absolutamente todos los empleadores se comportarán igual. De hecho, solo basta con que uno solo decida poner las ganancias por sobre las “costumbres sociales”, como para que el proceso de igualación se lleve a cabo. 

Este empresario único que contrata mujeres, pagando salarios mucho más bajos que TODOS sus competidores, tendrá, ceteris paribus, costos considerablemente más bajos. Por ende, podrá vender a precios menores que toda la competencia sin sacrificar ganancias. Quienes sean sus rivales e insistan en su comportamiento sexista, verán como venden menos y le compran más al “no sexista”. A medida que este último absorba la cuota de mercado de sus competidores, venderá más, incrementando así todavía más sus ganancias. Para producir más, ganando como gana, deberá contratar más mujeres al tiempo de evitar a los hombres, lo cual tenderá a elevar los salarios de las féminas. Los varones despedidos de las empresas competidoras, las cuales fracasaron porque insistieron tozudamente en ser sexistas, deberán competir con otros masculinos por puestos de trabajo que cada vez se reducen más. Lo cual tenderá a reducir los salarios de los hombres. 

Alguien podría pensar que la tendencia a la baja de salarios masculinos podría aliviar los costos de los empresarios sexistas. Pero el asumir extremamente unas “costumbres patriarcales” por parte de TODOS los empleadores o incluso de un edicto del gobierno lleva a bizarras conclusiones. Dado que “por patriarcado” o ley se “debe” mantener cierto margen diferencial entre salarios de hombres y mujeres, y como ahora los salarios femeninos se han elevado por la demanda siempre creciente del único emprendedor excepcional, entonces los salarios de los varones aún empleados “deben” subir para mantener intacto ese “diferencial patriarcal de costumbre”. Agravando la situación de costos de los empresarios sexistas. Al mismo tiempo, ese salario fijado arbitrariamente y aumentado actúa como un "salario mínimo" que provoca un ejército de hombres desempleados que presionan cada vez más ese salario a la baja.

Si aún con esta elevación de salario de mujeres y baja del de hombres todavía queda un margen importante de diferencia tal que el “no sexista” puede continuar vendiendo a precio reducido y toda la competencia que queda sigue insistiendo con su sexismo, entonces nuestro pionero seguirá derrotándolos con su producto barato. Cada vez más cuota de mercado quedará en manos del pionero a expensas de sus competidores “patriarcales”. Por ende, su demanda de mano de obra femenina será cada vez más importante e influyente y su repulsión por usar trabajo masculino afectará a progresivamente más varones en el mercado laboral. Los salarios de las primeras tenderán a subir todavía más mientras los de los segundos caerán adicionalmente.

Y aun asumiendo el caso más extremo y estúpidamente irreal posible, que absolutamente todos los empresarios “y empresarias” en todo el país son sexistas sin excepción alguna, no se cumple el absurdo patriarcal. Porque bastaría con que aparezca un extranjero interesado en ganancias que ocupe el lugar del empresario “pionero” analizado arriba, como para iniciar el proceso de igualación y derrumbar el relato feminista.

Claro que todo el supuesto anterior es, además de teóricamente absurdo, históricamente falso. Los empresarios más exitosos se han caracterizado siempre, precisamente, por romper con esquemas y costumbres establecidos. Siempre surgió necesariamente una camada que rompió con el "status quo", con lo que aprendieron de niños. Jamás podría asumirse que la diferencia salarial entre hombres y mujeres se debe a que todos los empresarios son esclavos de sus "costumbres patriarcales", porque romperlas y beneficiarse de ello es precisamente una tarea de empresarios.

miércoles, 3 de enero de 2018

El mito de que el capitalismo causa la brecha salarial de género (I)


Este post es sobre Teoría Económica. Es un análisis lógico sobre por qué el capitalismo tiene, inherentemente, un freno automático para cualquier persona o grupo que desee pagar menos a una persona o grupo basado en criterios que no sean el de productividad (por su sexo, su religión, su raza, etc.) No es un post sobre los (muchos muy cuestionables) análisis estadísticos sobre la supuesta “brecha salarial de género”. Ello vendrá, espero, en un futuro post.

Con esto, espero no tener que aclararlo a gente que tiene incorporada la reacción de “eso sucede en la teoría, pero la realidad es…” y a continuación pega el nombre de una noticia redactada incorrectamente o un estudio empírico erróneo, de baja calidad o muy cuestionable.

Básicamente, el feminismo socialista establece que ante un mismo trabajo de una determinada calidad durante un mismo periodo de tiempo en circunstancias similares, a las mujeres se les paga sistemática y considerablemente menos. Observen que necesariamente se debe suponer que el tipo de trabajo, las horas trabajadas y la calidad de su realización son iguales en su ejecución tanto por parte de hombres como mujeres. Porque si no fuera así, ello podría explicar la diferencia en remuneración.

¿A qué se debe que se les pague menos? Al “patriarcado” (ese concepto que es usado como ad hoc para toda explicación que no cierre), es decir, una organización social en la que la autoridad la ejercen, de forma desequilibrada y privilegiada respecto a las mujeres, los varones. Dado eso, ellos pueden pagar sistemáticamente menos a las no privilegiadas féminas por el simple hecho de no pertenecer a la casta que supuestamente ejerce el mando.

De entrada, regalaremos que el argumento feminista es correcto sin siquiera cuestionarlo. Vamos a suponer que realmente es así: el valor de productividad marginal estimado para un determinado trabajo por un cierto periodo de tiempo de una calidad determinada es igual entre hombres y mujeres, pero a estas últimas se les paga un salario menor.

Cuadro basado en el de Walter Block

El feminismo socialista moderno asegura que la productividad de la mujer y el hombre son iguales, pero a la mujer se le paga menos. Por lo tanto, en el cuadro de arriba, tanto el valor de la productividad de los hombres como de las mujeres que trabajan en un lugar determinado es de $100 el día (o la hora o lo que quieran de unidad de tiempo). Esto es lo que le aportan a la empresa, lo que recibe el empresario, sus ingresos. Por otro lado, los costos del empleador son los siguientes: le paga $100 al día a los hombres y $70 a las mujeres. He ahí el tan nombrado 30 % de “brecha salarial”.

Sea cual fuere el diferencial (considerable) de salarios entre hombres y mujeres, algo es claro: ceteris paribus (manteniendo sin cambios los precios de las demás materias primas, insumos, etc. complementarios), los costos salariales contratando solo mujeres serían notablemente menores que empleando hombres. El feminismo socialista pretende decirnos que, al mismo tiempo que asumen que los empresarios son seres egoístas que buscan obtener siempre la máxima ganancia posible, los empleados no van a contratar mayoritariamente mujeres aun cuando por cada día trabajado ganan $30 con ellas mientras que con los hombres ganan $0. Independientemente de esa contracción absurda del feminismo de izquierda, nos quieren hacer creer que la situación del cuadro anterior es estable. Claramente no lo es.

El empresario que tenga un juicio superior y sí contrate féminas, al tener erogaciones salariales menores (invariados los demás costos), estará obteniendo beneficios extraordinarios respecto a sus competidores “sexistas”.

Es evidente que esos beneficios extraordinarios de ese emprendedor inducirán a que (1) sus rivales que ya están en la industria lo imiten contratando más mujeres (en lugar de hombres) para también ganar más y (2) otros productores que se dedicaban a otras industrias o disponen de capital en busca de jugosos rendimientos donde invertirlo entren contratando empleadas dada la tasa de beneficio relativamente más alta.

Por un lado, (a) hay una mayor demanda de empleadas femeninas que puja contra una cantidad (stock) dada de mujeres en un momento del tiempo. (b) En la medida que menos mujeres quedan disponibles para trabajar, porque ya fueron contratadas, más escasa se vuelve relativamente su fuerza laboral. Todo ello, ceteris paribus, necesariamente implica una tendencia a la suba de sus salarios. Por el otro lado, (c) hay una demanda de empleados varones que cae contra una cantidad (stock) dado de hombres en un momento del tiempo. (d) A medida que más hombres quedan desempleados, comienzan a abundar y están dispuestos a tomar el mismo puesto de trabajo por menos. Lo que, ceteris paribus, causa una tendencia a la baja de sus salarios.

En resumen, tenemos unos salarios relativamente bajos (de mujeres) que tienden a subir y otros altos (de hombres) que tienden a bajar. Esos movimientos opuestos hacen que el diferencial que había tienda a achicarse o incluso desaparecer (en términos de ser una diferencia considerable).

Una implicación necesaria es que, descontando el riesgo, en las industrias mano de obra intensivas “dominadas por hombres” (pesca, agricultura, minería, informática, construcción, etc.) debería haber de forma sistemática mucho menor beneficio o tasa de beneficio que en industrias mano de obra intensivas “dominadas por mujeres” (cosmética, venta minorista, salud educación, consumo masivo, publicidad, etc.). Nada en una economía libre impide que ocurra el movimiento de inversión de capital monetario desde las industrias con menores beneficios relativos hacia las de mayor. Tendiendo así a aumentar relativamente los beneficios en las primeras y disminuyéndolo en las últimas. Al producirse la tendencia a la igualación de beneficios, aumenta la inversión (y salarios) en industrias intensivas en trabajo femenino mientras disminuye la inversión (y salarios) en las otras de presencia masculina.

De más está decir, pero debo hacerlo dada cierta tendencia de la heterodoxia a reaccionar con “estas suponiendo X”, que no estoy asumiendo para nada un mundo de “competencia perfecta” ni nada por el estilo. Descontando las críticas irrefutables de la Escuela Austriaca contra esa construcción imaginaria, lo único que se ha descripto en este post es la competencia como proceso de rivalidad, que no existen barreras legales-estatales de entrada o salida. El cómo la intervención del Estado sí puede causar una tendencia a la discriminación sexista será tratado en otro post.

La función del empresario es precisamente anticipar que ciertos factores productivos están sub-valuados dado su potencial valor de producción. En este caso, nos referimos a los servicios laborales que proporcionan las mujeres. Mientras eso pase, necesariamente ello es una oportunidad de ganancia para empresarios. Los beneficios que obtengan, son la recompensa por anticipar el futuro incierto con más exactitud que los demás (comprar servicios de factores productivos a precios de mercado menores que el eventual precio de venta del producto).

Dada la incertidumbre inerradicable del futuro, algunos individuos son más capaces que otros para anticipar las futuras condiciones del mercado. Estas personas tienden a adquirir mayor cantidad de recursos a lo largo del tiempo, mientras los sujetos menos capaces se quedan con menos y hasta son expulsados por el mercado de su función empresarial y pasan a ser asalariados. El proceso de mercado del capitalismo es precisamente el funcionamiento de este “mecanismo de selección” en el cual los empresarios menos exitosos (aquellos que sistemáticamente sobre-valúan los precios de los factores productivos relativamente a las eventuales demandas de los consumidores) son eliminados de su tarea de comandar recursos. En el caso que nos concierne, claramente los más capacitados son los que contratan mujeres antes que hombres y los menos exitosos son los que insisten en seguir con hombres.

Como se ve, no hay nada en el funcionamiento del capitalismo que cause un diferencial considerable, permanente y sistemático de salarios entre hombres y mujeres que sea independiente al valor de productividad esperada (sea por sexo, raza, religión, etc.)

La conclusión es evidente: la propia tendencia de evitar pérdidas y maximizar ganancias es la que asegura que no haya diferencias enormes permanentes en el precio del servicio del factor trabajo (salario) que no vengan justificadas por productividad. Es el propio proceso de beneficios y pérdidas del mercado lo que genera una tendencia a la igualdad de salarios. El mercado libre tiene inherente e inevitablemente una tendencia sistémica a castigar (hacer pagar caro) la discriminación sexista y premiar la inclusión.  

lunes, 23 de noviembre de 2015

El colapso del relato: los salarios reales están estancados en 2001


Usando las estadísticas del INDEC de salarios y el índice de precios al consumidor no manipulado por el INDEC de Natalio Ruiz podemos ver como se comportó el nivel de salarios reales.


En el gráfico se muestra el nivel de salarios reales para el sector privado registrado, el sector privado no registrado, el sector público y el nivel general. Observen el índice general que nos muestra el nivel medio de los salarios en Argentina. Luego de la destrucción durante los primeros meses de 2002, los salarios reales crecieron notablemente hasta 2007 y desde entonces las altas tasas de inflación aplastaron esa rápida recuperación. Finalmente se estancan desde 2011 al igual que la economía.

El nivel general de salarios reales apenas recuperó el nivel de diciembre de 2001. Es decir que luego de 12 años de kirchnerismo jamás se pudo superar con creces el nivel del último mes de la convertibilidad en su momento de crisis.

sábado, 29 de agosto de 2015

Salario mínimo, vital y móvil real: Los noventas VS el modelo


En Argentina las falacias económicas que el gobierno utiliza para justificar su intervencionismo estatal fracasado están a la orden del día. Cristina usa su táctica habitual: mencionar cambios porcentuales en variables nominales desde 2003 a una determinada fecha para mostrar las supuestas ventajas de "El modelo". Claro, los aumentos nominales durante los años en que los Kirchner provocaron una tremenda depreciación del peso, son generalmente de miles por ciento. Con eso, ella cree, impresiona a ciertas personas.

Cuando no nos dejamos engañar por la superficial e irrelevante forma de análisis de los políticos, descubrimos que las variables reales nos pueden dar una sorpresa. El salario mínimo, vital y móvil (SMVM) es una de las vacas sagradas del kirchnerismo. Supuestamente con la "vuelta" del Consejo del Salario en 2003 comienza la "épica" K de garantizar los "derechos" a salarios "dignos" de los trabajadores (como si en los años previos no hubieran habido sindicatos privilegiados por el Estado, lol!). Comparando el SMVM real anual del periodo 1990-2001 contra 2003-2014 nos queda este gráfico:

Salario mínimo, vital y móvil real anual, 1990-2001 y 2003-2014.
Base 1990 = 100 y 2003 = 100
Haciendo un promedio del SMVM nominal (acá y acá) de cada año desde 2003 hasta 2014 y repitiendo lo mismo por año pero con el IPC de Natalio Ruiz (que desde 2007 usa valores de nueve provincias argentinas no manoseados por el INDEC intervenido por el gobierno), podemos construir una serie de SMVM real anual.

De acuerdo con un informe del Ministerio de Trabajo de enero del año 2004 llamado "Salario Mínimo Vital y Móvil", el SMVM real anual entre 1990 y 2001 aumentó 175 % (pasó de 100 en 1990 a 275 en 2001, base 1990 = 100).

Mientras que el mismo se incrementó solo 101,4 % entre 2003 y 2014 (desde 100 en 2003 hasta 201,4 en 2014, base 2003 = 100). Incluso si solo tomamos desde 1990 hasta 1999, la suba fue de 169,6 % que sigue siendo mucho mayor a la de 2003-2014. Pero es que incluso tomando desde 1990 hasta el año cataclísmico de 2002 el SMVM subió un 121,4 % que, nuevamente, es superior al de 2003-2014.

Por supuesto que el salario mínimo es siempre una pésima política y tenemos teoría irrefutable y evidencia empírica abrumadora para demostrar los efectos destructivos de dicha medida. Tal política no debería existir en primer lugar. Pero obviemos eso. 

En resumen, el salario mínimo vital y móvil real por año aumentó mucho más en los noventas que en los años de "el modelo". ¿Cuántos kirchneristas se bancan esa realidad?

viernes, 11 de julio de 2014

Marx y los salarios rebeldes


"Estas pocas indicaciones bastarán para poner de relieve que el propio desarrollo de la moderna industria contribuye por fuerza a inclinar la balanza cada vez más en favor del capitalista y en contra del obrero, y que, como consecuencia de esto, la tendencia general de la producción capitalista no es a elevar el nivel medio de los salarios, sino, por el contrario, a hacerlo bajar, o sea, a empujar más o menos el valor del trabajo a su límite mínimo."
Sin entrar en el viejo debate de "optimistas" vs "pesimistas" sobre como y cuando empezó el aumento del nivel de vida de los trabajadores en Inglaterra, veamos los datos de un "pesimista" como Allen para ver si es cierto.


El gráfico de Allen muestra los salarios reales de albañiles en Londres desde 1264 hasta 1913. La linea roja muestra, aproximadamente, el año (1865) en que Marx escribió esa frase. Claramente las cosas salieron exactamente a la inversa (¿Rebelión?) de lo que dijo Karl. El salario real subió como nunca.


En este otro gráfico hay otro indicador del nivel de vida. El welfare ratio (ratio de bienestar) es el ingreso anual medio de los trabajadores dividido en el costo de una canasta familiar de consumo que se usa de línea de pobreza. O sea que cualquier valor por encima de 1 significa que se gana por encima de la línea de pobreza, menos de uno implica que la familia es pobre. La línea roja muestra el valor 1. Todas las líneas, de los países donde hay datos, cambian su tendencia histórica hacia la pobreza o al estancamiento coincidentemente en el siglo XIX "capitalista explotador". 

Aun adoptando la visión "pesimista" (y muy discutible dada la cantidad de evidencia histórica en contra) del debate sobre el nivel de vida de los trabajadores en Inglaterra, es decir la visión de que este último creció muy poco al inicio de la Revolución Industrial; podemos ver el enorme salto y punto de inflexión en los salarios reales en el último tercio del siglo XIX. 

Algún seguidor de Karl me dirá que no tiene sentido hablar de salarios reales. Según Mandel, Marx se no se refería a una pauperización absoluta, sino a una pauperización relativa. De esta forma la situación de los trabajadores empeora aun si su salario real tiende a aumentar y su nivel de vida mejora (?). ¿Cómo les va a empeorar la situación según la "pauperización relativa"?  Por dos razones:

1) Los trabajadores reciben cada vez menos del valor de lo que producen porque "existe una tendencia hacia un incremento en la tasa de plusvalor (ergo ganancia -GS)" 

Cosa que Juan Ramón Rallo y yo también mostramos que es falso. La tendencia de la "tasa de ganancia" fue constante a largo plazo desde la Revolución Industrial hasta hoy, aun cuando hubo una acumulación de capital brutal e incluso cuando no la hubo tanto.  

2) "aun cuando los salarios aumenten, se hace caso omiso de las necesidades de los trabajadores como seres humanos… se aplica mucho más a las necesidades del trabajador como productor y ciudadano, a su necesidad de desarrollar plenamente su personalidad, de convertirse en un ser humano creativo y rico, etc.; estas necesidades son aplastadas brutalmente por la tiranía del trabajo insensato, mecánico, parcelado, la enajenación de las capacidades productivas y la enajenación de la riqueza humana real." 

Todo esto es retórica, difícilmente hay argumento alguno acá. Pero aun si aceptamos el juego de palabras, no es cierto. Durante toda la era de la moderna industria la gente trabajadora desarrolló su personalidad, capacidad creativa, etc. Hay pruebas de ello en todas las ramas del arte. Aun si no te gusta la música clásica veras que la mayoría de los nombres que alguna vez oíste, es decir los inmortales (Mozart, Beethoven, Schubert, Paganini, Strauss, Chopin, Wagner, Tchaikovsky), son compositores que surgieron en la era industrial. De los 100 mejores libros de todos los tiempos, una cantidad enorme se escribieron en el Siglo XIX. También muchos de los grandes poetas surgieron en ese siglo, de hecho de esta lista posiblemente los nombres que reconozcas (Poe, Whiltman, Dickinson, Blake) serán de esa época. Muchos pintores de renombre (Picasso, Kandinsky, Monet, Van Gogh) surgieron en la era de la industria. También se vieron grandes escultores. Ni hablar de los grandes avances en filosofía, matemáticas, economía, física, química, biología, etc. Pocos de los nombrados heredaron grandes fortunas o era mantenidos por algún capitalista/Rey, la mayoría trabajó toda su vida. Muchos de los grandes hitos culturales de la civilización humana se dieron en la era de la producción capitalista, y fueron posibles gracias a ella. La creatividad, la riqueza cultural y la realización humana explotaron en la época en que, se supone, los trabajadores eran más privados de lograrlas.
 
Pero además, y hablando de "las necesidades de los trabajadores como seres humanos", los países donde la gente es más feliz, no son dictaduras proletarias. Nótese que estoy descontando, claro, que las grandes hambrunas se dieron en los países socialistas mientras los otros países las redujeron notablemente. Incluso cuando se aplicó el socialismo más puro, murieron millones de hambre y la gente no fue feliz ¿Es la gente más feliz donde literalmente muere de hambre? Y por supuesto pueden ver este video donde se muestra como algo tan común como un lavarropas mejoró el nivel de vida y aumentó la felicidad, al sacarles de encima una tarea tediosa a las madres amas de casa.

Tenemos entonces que los marxistas admiten que 1) el salario real y el nivel de vida de los trabajadores tiende a aumentar en el capitalismo y 2) que aun así la situación del trabajador empeora. El punto 1) es cierto y ni siquiera muchos partidarios de Marx lo niegan. Pero el 2) es falso.

lunes, 21 de abril de 2014

Fue la Crisis de 2001-2002 la "Peor de la Historia"?


No. En términos de las cifras de PBI con las que contamos.

¿Cuantas veces oímos que la crisis de 2001 fue la peor de la historia argentina? ¿O que fue una crisis nunca vista en la historia?

En general, a los socialistas (de izquierda y de derecha) les gusta mentir exagerar sobre lo mala que era la situación inicial que encontraron cuando llegaron al gobierno para ensalzar su actual gestión e inflar el impacto de sus políticas. Por ejemplo Allende lo hizo en Chile diciendo que estaban en una "depresión aguda" antes de él y actualmente los fanáticos propagandistas del gobierno kirchnerista llegan a decir que "[L]a crisis de 2001... se constituyó en la peor crisis económica y social de la historia argentina en términos de caída del Producto...".

Según Heymann; Centrángolo y Ramos (2007) eso es mentira:

Heymann et al. (2007)
Como se ve, en términos de PBI por habitante, la crisis de 2002 se ve superada por muy poco por la crisis de 1889-91, aunque el Siglo XIX se recuperó mucho más. También fue superada por el cataclismo de la Primera Guerra Mundial. La caída de 1998-2002 fue muy similar a la de la Gran Depresión (recuerden que la misma no fue solo americana, también fue un ciclo económico internacional), pero con una subida mucho más rápida.

Pero ¿Qué ocurrió con el PBI real? Veamos la serie de PBI real más larga de que disponemos, la de Ferreres (2010) que va desde 1810 hasta 2009:

Ferreres (2010)
El PBI real tuvo su mayor caída anual en 1897, una baja del 18,88 %. Bastante alejado del casi 11 % de caída en un solo año de 2002. Sin embargo, dado que no existían las cuentas nacionales en el Siglo XIX y solo tenemos estimaciones, deberíamos ver a otro autor para comparar si también observa una caída similar en el mismo año. A continuación tenemos la misma serie, en otro gráfico, que esta vez incluye la de Cortés Conde (2009: 308-09):

Ferreres (2010) y Cortés Conde (2009)
Con la serie más corta de Cortés Conde (2009) la situación cambia y observamos que 1) La tremenda caída de 1897 no fue tan grande y 2) La peor disminución del PBI real ahora es la que ocurrió en 1917: Una baja de 13,72 %. Cifra que sigue siendo mayor al 10,89 % [Error en el gráfico] de 2002. Es evidente que en términos de PBI real, de las investigaciones históricas más importantes, el 2002 no fue la caída anual más importante de la historia. 

Ferreres (2010)
¿Qué hay de la caída en la industria? La peor ocurrió en 1880 con un -15,07 % mucho mayor al -10,96 % de 2002. Además se notan varias caídas en otros años que también superan a la crisis de principios de 2000.

Ferreres (2010)
El salario real se desplomó un 19,01 % en 2002 producto de la devaluación y el salto inflacionario. Sin embargo, a pesar que 19 % es una caída muy considerable, la misma palidece ante la mayor caída de toda la serie. En 1976 el salario real colapsó un impresionante 34,50 %, aun cuando ya venía cayendo un 3,91 % en 1975. Mucho menor, pero mayor que la de 2002, fue la baja de 1959, un considerable 25,58 %.

Ferreres (2010)
Dado que no hay disponibles series fiables de desempleo del Siglo XIX, y ni siquiera de los primeros años del Siglo XX, no tenemos mucha "historia" con qué comparar, solo tenemos datos buenos a partir de 1963. No debería extrañar entonces que en esta categoría la crisis de 2002 sí gane con creces. Hay una estimación, por ejemplo, de Bunge para el periodo de la Primera Guerra Mundial que dice que el desempleo llegó a 19,4 % (Cortés Conde, 2009: 56). Aun así no supera el tremendo 22,64 % de 2002.

Ferreres (2010)
En cuanto a la oferta monetaria, por fin podemos decir que la crisis de 2001 fue la peor de la historia. Desde 1863 la mayor contracción monetaria en un año ocurrió en 2001: El M3 se redujo un 22,34 % con respecto al año 2000. Lo único que se acerca a eso es la contracción monetaria de 1900 con una baja de 17,92 %. Esto no debería extrañar pues el caso argentino de 2001 es un ejemplo de manual de la llamada Deflación Confiscatoria (Salerno, 2003) por parte del Estado. El corralito es un buen ejemplo.

Ferreres (2010)
Muchos también se fijan en la deflación de precios que comenzó en 1999 con una caída del IPC del 1,13 %, se aplacó en 2000 cayendo 0,15 % y se profundizó en 2001 con 1,07%. Por supuesto eso se queda chico en comparación con las grandes deflaciones anteriores, en especial la de 1841 cuando los precios cayeron el máximo registrado: 40 % en un año. O con el periodo 1848-52 donde cayeron: 6,51 % en 1848, 10,89 % en 1849, 1,93 % en 1850, 4,32 % en 1851 y un tremendo 21,68 % en 1852. Al lado de eso, la deflación de precios de 1999-2001 fue ínfima.

Como ya debería quedar claro, no estoy diciendo que en 2001-2002 no hubo crisis, ni tampoco estoy diciendo que fue una crisis pequeña o irrelevante. Porque claramente no lo fue. Lo que sí estoy diciendo es que, en términos de las variables vistas, no fue la caída más profunda de la historia argentina.

Lo de que venimos de la "peor crisis de nuestra historia" es otra mentira del realto kirchnerista. ¿Todavía soñas con ir a La Cámpora?





Cortés Conde, Roberto. (2009) The Political Economy of Argentina in the Twentieth Century. New York: Cambridge University Press.

Ferreres, Orlando J. (2010) Dos Siglos de Economía Argentina 1810-2010. Edición Bicentenario. El Ateneo y Fundación Norte y Sur, Buenos Aires.

Heymann, Daniel; Cetrángolo, Oscar y Ramos, Adrián (2007), "Macroeconomía en recuperación: la Argentina post-crisis". En CEPAL (2007), Crisis, recuperación y nuevos dilemas. La economía argentina 2002-2007. Documentos de Proyectos. Nº 20.

Salerno, Joseph T. (2003) "An Austrian Taxonomy of Deflation—With Applications to the U. S." Journal: Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 6, No. 4, 81-109.

miércoles, 2 de abril de 2014

El Mito de que Bajar Salarios Agrava la Crisis


Esta falacia, es una de las más repetidas en todos lados. En sus muchas formas, dice básicamente que si el mercado provoca una baja de (la tasa de) salarios, ello no podrá reducir el desempleo ni reactivar la economía. Pues destruirá el poder adquisitivo de los trabajadores dejando sin demanda a las industrias, deteniendo el incentivo a invertir, afectando al consumo y por ende a los que dan empleo. Metiendo a la economía en una caída imparable. Hasta organismos internacionales conocidos como la OIT (financiada con impuestos a los trabajadores, claro) se ven en la necesidad de repetir esta falacia.

Aun cuando el caso histórico de la recesión de 1920-22 demostró que ante una caída drástica de precios, los salarios cayeron (Gallaway y Vedder, 1987) lo necesario y permitieron que, a diferencia de los 30s, el empleo se restaure y que la economía se empiece a recuperar en solo 9 meses sin ninguna crisis de confianza; les mostraré 10 razones por las cuales es falso que una baja de salarios, provocada por el mercado no intervenido, agravaría una crisis y el desempleo en lugar de mitigarlos. 

1) Alcance limitado y arbitrario: La argumentación, en primer lugar, no puede ser llevada a sus últimas consecuencias, tiene un alcance limitado fijado arbitrariamente. Algunos dicen que en una recesión hay que mantener (no dejar caer) los salarios aun si los demás precios caen. El problema es que de esta manera es cierto que los salarios nominales se mantienen, pero los salarios reales crecen. Si esta suba o mantenimiento del "poder de compra" ayuda a mantener el empleo, ¿Por qué no pedir un drástico aumento de los salarios monetarios? ¿Por qué no se pide un salario mínimo 10, 100 o 1000 veces superior al actual? Esta muy, pero muy claro que nadie pediría tal cosa pues eso, lejos de mantener o aumentar el empleo, paralizaría gran parte de la industria y provocaría un desempleo atroz (Rothbard, 1963: 45). El argumento no puede ser llevado a sus últimas conclusiones lógicas y debe ser detenido en un arbitrario y poco científico punto que cambiará dependiendo a quien se le pregunte. Pero hay más arbitrariedad. Dicen que no podemos bajar salarios porque ese es el ingreso de los trabajadores, y si lo bajamos no solo somos "malvados seres despreciables", sino que además estamos reduciendo su "poder de compra" deshaciendo la justificación para más inversión metiendo a la economía en una espiral descendente. El problema con ese argumento es que, lo que tiene de cierto, es perfectamente aplicable a absolutamente todos los demás precios y costos. El costo monetario de todos es el ingreso de alguien más. El precio del acero es el costo del fabricante de autos, pero también (multiplicándolo por el tonelaje) es el ingreso del productor de acero. El precio de la harina es el costo del panadero, pero (multiplicándolo por el tonelaje o kilos) es el ingreso del harinero. Vemos que solo eligiendo arbitrariamente a un grupo particular, los trabajadores, este argumento parece funcionar. Pero no hay absolutamente ninguna razón para no haber elegido a cualquier otro grupo particular (harineros o productores de acero), su poder adquisitivo se reduce al bajar sus precios de exactamente la misma manera en que se reduce el de los trabajadores al reducir su precio (salario) (Hazlitt, 1959: 269). No hay nada científico en este argumento, solo la elección arbitraria de algunos autores que no tiene más validez que la elección arbitraria de otros. 

2) Confusión entre tasa de salario e ingreso total por salario: Pero además se confunde dos cosas muy importantes: Tasa de salario con ingreso total por salarios (Hutt, 1954; Hazlitt, 1959: 267-69; Rothbard, 1963: 45-6; Friedman, 1966). El hecho que la tasa de salario caiga, no significa necesariamente que el ingreso total caiga. Todo dependerá de la sensibilidad ("elasticidad") de "La" demanda de trabajo. Si la tasa salario cae en un cierto porcentaje y la cantidad de trabajadores empleados aumenta en un porcentaje mayor (demanda "elástica"), entonces el ingreso total aumentará y viceversa. Supongamos un salario de $10 al cual se emplean 50 personas, el ingreso total es $500 ($10 multiplicado por 50 personas). Ahora supongamos que el salario baja a $9 (el salario bajó un 10%) y que ello hace que ahora se contraten 60 personas (la cantidad de contratados subió un 20%). Entonces el ingreso total aumentará de $500 a $540 ($9 multiplicado por 60) porque la demanda es "elástica": Una baja de 10% de salario, provocó un aumento de mayor porcentaje (20%) de cantidad de empleados. Pero cambiemos un poco la situación. Si al caer el salario de $10 a $9 (baja 10%) la cantidad de empleados sube de 50 hasta 52 (aumentó solo 4%), entonces el ingreso total caerá de $500 a $468, es decir una demanda "inelástica" (una baja de 10% de salario provocó un aumento de menor porcentaje: 4% de cantidad de empleados). En absoluto se puede argumentar que una baja de salarios necesariamente disminuirá el ingreso total. Si el precio del acero, de la harina o los salarios están muy elevados en relación con otros precios o en relación con la oferta y la demanda, un aumento de los mismos salarios o precios no podrá llevar a un aumento del ingreso total de los trabajadores, de los productores de acero o de los harineros. Sino más bien lo reducirá vía desempleo o baja de ventas (Hazlitt, 1959: 269).  De hecho en un mercado no intervenido por el Estado ni por sindicatos privilegiados, los salarios que tengan que caer, caerán hasta un nivel que absorba a todos los desempleados (involuntarios) (Rothbard, 1963: 46). Por lo tanto es evidente que el caso de la demanda "elástica" de empleo será la regla. No hay ninguna razón para asumir que el ingreso total por salarios disminuiría. 

3) Confusión entre gasto total y consumo: Aun asumiendo que olvidamos la ridiculez del punto 1) y que en el 2) se cumple que la demanda de trabajo es inelástica; el argumento no funciona. Pues confunde consumo con gasto total de la economía. Una caída de tasas de salarios y una caída de ingreso total por salarios no disminuye necesariamente el gasto total de la economía. Las empresas, al gastar menos en factor trabajo, tendrán más fondos disponibles para comprar bienes de capital (Simpson, 2010). La baja de salarios implica una baja de costos y ello hace que muchos proyectos de inversión que antes no se emprendían, porque los salarios no permitían un margen de rentabilidad deseado, ahora sean rentables. Con la baja de salarios habrá menos gasto en consumo pero también habrá más gasto productivo, la economía se volverá más orientada a la producción y menos orientada al consumo.  Habrá un cambio de composición del gasto, pero no una caída del nivel de gasto. 

4) El error de enfocarse solo en el consumo: Pero aun el punto 3), que de por sí terminaría de refutar el mito analizado, se queda corto pues supone que el gasto de las empresas es similar al consumo. Sin embargo esto no es así. El gasto en consumo es mucho menor de lo que se cree. Los defensores de mantener los salarios por encima de lo que el mercado determinaría no solo confunden consumo y gasto total, sino que, a veces, solo se enfocan en el consumo. Supongamos que el consumo cae porque la demanda de trabajo es inelástica y ello provoca una caída de ingresos totales por salarios, ¿Es eso un problema? ¿La economía e ingreso total caerán? Claro que no. ¿Por qué? Porque el gasto en consumo, correctamente medido como lo hace Skousen (2010), representa apenas el 30% del gasto total en bienes y servicios de la economía. Las cifras comunes de PBI solo tienen en cuenta el valor del gasto en los bienes y servicios finales en un período, el consumo está muy exagerado, no toman en cuenta el enorme gasto en las etapas intermedias (60% de la economía). Es decir que el PBI no mide el gasto de todos los bienes y servicios de la economía, solo mide el gasto en los bienes finales. Sin entrar a ver si es un error incluir o no el gasto en etapas intermedias en el PBI ("doble contabilización"), el hecho indudable es que es gasto. Y es tan válido como el gasto en bienes de consumo, valga la redundancia. Si el consumo (30% de la economía) cae como consecuencia de que la baja de salarios disminuyó el ingreso total de los asalariados, hay otra parte (el gasto de las empresas) muchísimo mayor (60%) de la economía cuyo gasto puede aumentar para compensar esa caída. Cualquier porcentaje de caída de consumo requerirá un porcentaje mucho de menor de aumento de gasto de las empresas para compensar. Por lo tanto se confirma que si caen las tasas de salarios, el ingreso total por salarios y el consumo y, como consecuencia de ello, las empresas tienen más fondos disponibles para comprar bienes de capital; simplemente ocurrirá un cambio de proporción de gasto: Se gastará más en bienes de capital y menos en consumo. Es un cambio relativo de gasto (más en bienes de capital, menos en consumo), pero el nivel o gasto total no tiene por qué disminuir por la baja de salarios y costos (Simpson, 2010). 

5) Aumento del decaído ímpetu para invertir: En el medio de una recesión o depresión, la baja de salarios hará que las empresas gasten más. Una de las principales razones por las que los empresarios no invierten en una recesión es porque esperan que los costos caigan relativamente a los ingresos que esperan recibir. La baja de salarios induce el ímpetu necesario para que los empresarios vuelvan a gastar. Por lo tanto la salida de la depresión es ayudada por la baja de salarios porque produce a) baja de costos y b) induce a aumentar el gasto de las empresas. Cuando los salarios bajan hasta su nuevo nivel de "equilibrio" (que corresponde a la menor cantidad de dinero y mayor demanda del mismo que ocurren como resultado de la expansión inflacionaria anterior), inversiones previas que no eran rentables y esperaban la necesaria baja de salarios y costos, son llevadas a cabo. Los activos adquiridos a costos artificialmente altos durante el boom pueden, gracias a la baja de salarios, usarse ahora y ser competitivos con las actuales inversiones de bajo costo (Reisman, 1996: 884). Y como consecuencia del empuje al gasto empresario provocado por la baja de salarios, los ingresos totales por salario también aumentarán. Como la baja de salarios hace que bajen los costos y además las empresas gasten más, al contratarse cada vez más empleados el ingreso total por salarios crecerá (recordar que hay razones para pensar que, cuando hay desempleo, la contratación de personal será más que proporcional a la caída de salarios). 

6) Los beneficios no caerán: El mejoramiento de la rentabilidad de los negocios será mayor mientras menor sea la porción de gasto productivo en salarios, es decir que la rentabilidad crecerá mientras menor sea el gasto total en salarios. La razón es que los salarios aparecen muy rápido como costos que se deducen de los ingresos por ventas, mientras que los mismos en las maquinarias no lo hacen tan rápidamente. Es decir, cuando tenemos una empresa que no tiene bienes de capital duradero (a más de un año por ejemplo) los beneficios netos a fin de año son simplemente: ingresos menos gastos. Como explica Rallo, cuando la empresa compra bienes de capital que duran más de un año, supongamos que dura 5 años, ese costo de ese bien de capital la empresa lo podría afrontar en el primer año. Pero como la empresa lo usará por 5 años, lo más lógico es repartir ese costo entre 5 ejercicios (de un año). De ahí viene la amortización.  El gasto en bienes de capital durable no se debe reponer en cada periodo (mientras que ese mismo gasto en salarios sí), sino solo una parte en cada uno durante su vida útil. Si se gasta $1 millón en planta y equipamiento duradero en lugar de gastarlo en salarios, los beneficios aumentarían mucho. Esto se debe a que las ventas totales de todos los negocios permanecerían iguales (la demanda de bienes de capital aumentaría por $1 millón mientras que la demanda por bienes de consumo de los asalariados caería en esa cantidad), pero como el costo de amortización (depreciación) es un porcentaje del millón gastado en comparación a si ese millón se hubiera gastado en salarios, los beneficios en la economía tenderán a crecer. Por lo tanto aun si no creciera el ingreso total en salarios y el gasto en consumo, los beneficios de los negocios crecerían. Las menores ventas de los vendedores de bienes de consumo serían compensadas con las mayores ventas de los bienes de capital (las ventas totales permanecerían igual) mientras los costos deducidos de los ingresos por ventas caerán, por lo que los beneficios totales crecerán (Reisman, 1996: 883-84). 

7) La Falacia de quitar el contexto: Pero supongamos que ignoramos el hecho que los beneficios no caen (punto 6)) y compramos el argumento de los anti-mercado laboral libre. Toda esta rebaja de salarios y costos, y mayor gasto en inversión, ¿No llevaría a una baja de la "eficacia marginal del capital" debida a los menores precios de los bienes de consumo que se ofrecen en mayor cantidad, los mayores costos por demandar más bienes de capital y la ley de los rendimientos decrecientes? El contexto que estamos discutiendo es: ¿Puede una baja de tasas de salarios y precios lograr alcanzar el "pleno empleo" (que todos los que desean trabajar encuentren trabajo) o no? Este contexto implica lógicamente menores costos unitarios de producción, esto es evidente pues eso es precisamente lo que logran las rebajas de salarios ya sea directamente y/o a través de menores precios de los materiales, maquinarias y bienes de capital. Caída precios y costos significa baja de precios de lo que los empresarios producen (incluidos los bienes de capital), los empresarios pueden invertir en más bienes de capital porque los precios son menores y sus costos también. Ello provoca un movimiento a lo largo de la curva de demanda de los bienes de capital, la cantidad demandada de bienes de capital aumenta. Los keynesianos en general confunden este movimiento a lo largo de la curva de demanda con un movimiento de la demanda, es decir, confunden un cambio en la cantidad demandada con un cambio de la demanda entera. Una mayor demanda de bienes de capital sí llevaría a mayores precios (la demanda de bienes de capital se traslada a la derecha), pero lo que ocurre en el contexto analizado es que menores salarios llevan a menores costos unitarios y precios de los bienes de capital y de esa manera a mayor cantidad demandada (movimiento a lo largo de la curva de demanda). Es decir que el discutir una mayor demanda de bienes de capital que llevaría a mayores precios es contradictorio con y evade el contexto que estamos discutiendo: Una baja de salarios y precios que aumenta la cantidad demandada de bienes de capital. Los empresarios pueden aguantar recibir menores precios por su producción aumentada con los adicionales bienes de capital debido a los menores costos (salarios y precios de los bienes de capital más bajos), y de hecho esos menores precios para los productos son consecuencia de la baja de costos y mayor oferta. Con lo cual las ganancias no caerán ni desaparecerán. Todo ello es un aumento de la oferta (la curva de oferta se mueve a la derecha), no un cambio de la demanda (ya sea de los bienes de capital o de los bienes en general). Recuerden que el contexto que es analizado acá es: baja de salarios y precios. Ello inevitablemente lleva a una baja de precios de los bienes, incluidos los bienes de capital. En lugar de eso, los keynesianos hablan de un aumento de la demanda de bienes de capital, que es un contexto diferente y contradictorio al que está siendo analizado. Porque un aumento de la demanda de bienes de capital implica un contexto opuesto (suba de precios de bienes de capital que es posible cuando los costos están constantes o subiendo, pero no bajando) al estudiado cuando analizamos si una rebaja de salarios funciona o no (Reisman, 1996: 879-81). 

8) Los salarios bajan aun si caen los precios: Una objeción posible a todo esto es la que popularizo Keynes. Aun si asumiéramos que los trabajadores desempleados están dispuestos a trabajar por un salario (nominal) menor y que los ya empleados también aceptan la rebaja a riesgo de quedar sin empleo, al reducirse los costos (salarios) los empresarios trasladarían esas rebajas a los precios, los cuales bajarían. Si los salarios nominales bajan un 10 %, entonces con esa rebaja de costos los precios caerían 10 %. Por lo tanto todo el aumento de beneficios por la rebaja de salarios los empresarios la perderían en el menor ingreso por ventas debido a que bajaron los precios de los bienes. Asi que los salarios reales (los salarios bajaron 10 % y los precios 10 %) seguirían altos y los trabajadores desempleados. Como demuestra Murphy (2011), este análisis tiene serios problemas: a) Los salarios son gran parte del gasto e ingreso, pero no lo son todo. En Estados Unidos los salarios como porcentaje del ingreso nacional ha variado entre el 60 % y el 52 % desde la Segunda Guerra Mundial. Siguiendo con el ejemplo, significa que si los salarios nominales caen un 10%, los precios bajarán solo un 5 o 6 %. Por lo tanto los salarios reales caerían y el empleo se restauraría pues se contratarían más trabajadores. b) Pero ¿Cuál es el mecanismo por el cual la baja de costos lleva a una baja de precios de los bienes? Supongamos que, por el desempleo masivo, los salarios bajan. Sin bajar los precios, los empresarios están obteniendo más beneficios, entonces ¿Qué los induciría a disminuirlos? El incentivo obvio es que desean capturar una mayor parte del mercado. Quieren vender más cantidad de bienes, ampliar sus clientes para ganar más. Sin embargo no pueden producir más sin antes contratar a más trabajadores, no pueden aumentar la producción con la fuerza laboral antigua. Deben necesariamente contratar más empleados para tener más producción. Luego de bajar el precio, el empresario tendrá menos beneficio por unidad, pero mayor beneficio total (al vender más cantidad). Otras empresas harán lo mismo hasta llegar a una situación de "equilibrio", si todo lo demás no cambia. En el nuevo escenario es cierto que los salarios bajaron y que los precios bajaron, pero también aumentó el empleo: Para producir la mayor cantidad de bien que hizo bajar su precio, se necesitó más mano de obra que antes. c) Algún keynesiano podría decir que como los trabajadores son los clientes de la empresa, al bajarles el sueldo se está bajando la demanda del producto. Por lo que las empresas reducirían sus precios no para vender más cantidad y aumentar sus clientes, sino para evitar perder los antiguos. Pero eso es cometer el error a), es decir, suponer que todos los clientes son los trabajadores. Sin embargo vimos que los trabajadores de post-guerra son el 50 o 60 % del ingreso total. Asique aun suponiendo que es cierto que su demanda caería, también es cierto que i) la demanda no caería uno a uno con los salarios y ii) sería compensada con la demanda de otros grupos que verían subir su ingreso inicialmente. Si los accionistas que tienen mayores beneficios por la baja de salarios compraran lo que los trabajadores dejan de comprar, la demanda no caería. Por supuesto muy probablemente compren cosas diferentes (yates, mansiones, bienes de capital), pero eso solo haría que esas industrias se expandan y las de los bienes que proveían a los trabajadores se contraigan. Sin afectar el nivel de actividad, solo su composición.*

9) Salarios libres no significa que caigan todos: Nadie ha pedido, ni estoy pidiendo, una baja de salarios uniforme y "en bloque" de todos los salarios. Ese es un strawman que hasta economistas premios Nobel usan para defender su argumento de que no se debe permitir la libertad en el mercado de trabajo. El salario promedio del mercado de trabajo no indica para nada la intersección de alguna demanda u oferta agregada de todo el trabajo. ¿Cómo saber exactamente cuales salarios deben bajar, subir o mantenerse en cada situación? Solo el mercado, la interacción entre empleados y empleadores, puede determinarlo en cada caso. Algunos salarios caerán durante una mala situación y bajarán en diferentes proporciones a diferentes momentos, otros podrían mantenerse y otros hasta aumentar. Lo que se reclama es que los salarios sean determinados libremente, sin intervención privilegiada coactiva a empresarios o trabajadores. Lo que se necesita son salarios libres, no salarios bajos. No debe extrañar que los keynesianos usan esta falacia de la baja uniforme contra los liberales desde siempre (Hutt, 1954). E irónicamente es lo que Keynes tenía en mente, según algunos: Una baja uniforme y violenta de salarios reales vía inflación o devaluación manteniendo salarios nominales (Hazlitt, 1959: 279-86. Lo cual es en sí una falacia pues el dinero no es neutral nunca y afecta diferentes precios y salarios en diferentes proporciones a diferentes momentos). Nada más alejado de lo que los liberales que defienden los mercados libres pedirían. 

10) Una falacia basada en parte en otra: Por si todo lo anterior fuera poco, este argumento se también se basa, al menos en parte, en el "argumento del poder adquisitivo". Una teoría tan, pero tan falsa que da risa.


* Nadie acá está haciendo un juicio "ético" del asunto. Simplemente estamos viendo si es cierto que el nivel de gasto y actividad caería ante una baja de salarios. Digo esto porque alguien de izquierda posiblemente salte a juzgar la supuesta "explotación" de la "redistribución", sin demostrar si el nivel de gasto baja o no. 






Friedman, Milton (1966), "Minimum-Wage Rates". Newsweek.

Hazlitt, Henry (1959), The Failure of the 'New Economics'. Princeton, N.J: D. Van Nostrand. 1959. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2007.

Hutt, William H. (1954) "The Significance of Price Flexibility". Journal: South African Journal of Economics. Vol. 22, No. 1, 40-51.

Murphy, Robert P. (2011) "The Critical Flaw in Keynes's System". Mises Daily.   

Reisman, George (1996), Capitalism: A Treatise on Economics. Ottawa, Illinois: Jameson Books.

Rothbard, Murray N. (1963) America’s Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000. 

Simpson, Brian P. (2010) "Keynes’s Theory of Depression: A Critique." National University School of Business and Management. 

Skousen, Mark (2010), "Gross Domestic Expenditures (GDE): the Need for a New National Aggregate Statistic". (Economics Working Papers No. 113). Centre for Comparative Economics, SSEES, UCL: London, UK.

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