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martes, 7 de julio de 2015

Cuando "la causa" de la Gran Depresión NO provocó una gran depresión


La explicación más extendida sobre las causas del cataclismo de 1929-1933 en Estados Unidos es la monetarista y dice, en general, algo así: la Gran Depresión fue causada por la Reserva Federal (FED) debido a que no hizo lo suficiente para evitar que la cantidad de dinero se contraiga un tercio (Friedman y Schwartz, 1963: 352) y que el número de bancos también lo haga en la misma medida (Friedman y Schwartz, 1963: 299). De allí viene el comentario de Friedman de que por cada 3 dólares en depósito que había en 1929, solo quedaban 2 dólares en 1933. Y por cada 3 bancos de 1929, existían solo 2 en 1933.

En este blog hemos revisado la visión de la Escuela Austriaca de Economía sobre la Gran Depresión. La misma no culpa a la contracción monetaria en sí (de hecho, demuestra que la FED hizo todo cuanto pudo para reinflar el crédito), sino a la política del gobierno de Hoover y a los intentos de la Reserva Federal de mantener artificialmente altos precios y salarios.

Sin embargo, hay un caso histórico que sirve para ilustrar que la explicación austriaca tiene mucho más sentido para comprender los hechos acaecidos en los años 30s que la monetarista.

Casi a mediados del siglo XIX en Estados Unidos ocurrió un ciclo económico cuya fase de contracción se comienza a manifestar con el pánico de 1837. Sin meternos demasiado en cuales fueron las causas, veamos como se desarrollaron los hechos posteriores.

Dado que, en general, no hay datos completamente seguros de los hechos concernientes al siglo XIX; siempre es bueno usar varias fuentes o una sola que haga un análisis con ese criterio. Friedman y Schwartz (1970: 231-32) enseñan tres fuentes diferentes de oferta monetaria para los años previos a 1867. El siguiente cuadro las muestra para el periodo 1837-1843:

Oferta Monetaria de Estados Unidos, 1837-1843 según
autores. Fuente Friedman y Schwartz (1970: 231-32)
Noten que todas registran una caída de más de un tercio en la oferta monetaria, desde el pico de 1838 hasta el valle de 1842. Lo mismo que ocurrió en el periodo 1929-1933 y que, según los monetaristas, fue la causa principal del cataclismo de la Gran Depresión. Los propios Friedman y Schwartz mencionan el episodio del siglo XIX (Friedman y Schwartz, 1963: 299-300), aunque el trabajo más importante sobre esa crisis es el de Temin (1969) y su estimación de la oferta monetaria también se encuentra en Temin (1968). Veamos algunos datos de ese periodo:
  • La oferta monetaria se redujo un 34,2 % entre 1839 y 1842. Es decir, la cantidad de dinero se contrajo un tercio en 1839-1842 
  • La cantidad de bancos se redujo en un 23 %, incluyendo el Banco de Estados Unidos. O sea, un cuarto de los bancos colapsaron (Rothbard, 2002: 101; Salerno, 2010: 277 basados en Temin, 1969) 
  • Según Measuring Worth, el índice de precios al consumidor cayó un 12,4 % entre 1839 y 1842 y, si tomamos hasta 1843, bajó un 20,5 %. Mientras tanto, los precios mayoristas se desplomaron un 42 % (Rothbard, 2002: 101; Salerno, 2010: 277 basados en Temin, 1969) 
  • De acuerdo con Measuring Worth, el PBI real (en dólares de 2009) aumentó un 5,8 % entre 1839 y 1842. Y, si tomamos 1839-1843 (porque hasta 1843 los precios aún seguían bajando), el PBI real creció 11 % 
  • El consumo real aumentó 21 % entre 1839 y 1843 (Rothbard, 2002: 103; Salerno, 2010: 277-78 basados en Temin, 1969) 
  • Sin embargo, la inversión bruta real se desplomó un 23 % en 1839-1843 (Rothbard, 2002: 103; Salerno, 2010: 278 basados en Temin, 1969) 
¿Cual fue el "secreto" para que factores similares a los que causaron la Gran Depresión no provocaran en 1839-1843 un cataclismo similar al de 1929-1933? Simple, no hubo intervención estatal para evitar que salarios y precios se ajustaran a la situación económica y monetaria. Es decir, los salarios eran flexibles (Rothbard, 2002: 103-04; Salerno, 2010: 277-78). Como dice Margo (2000: 159): "Los salarios nominales antes de la Guerra Civil eran flexibles en respuesta a shocks nominales o reales sostenidos, pero no de inmediato."

En conclusión, para los monetaristas la causa principal del colapso de la Gran Depresión en 1929-1933 fue (que la FED permitió) la reducción de un tercio de la cantidad de dinero en ese periodo con las quiebras bancarias. Sin embargo, en 1838-1842 la cantidad de dinero también se redujo en más de un tercio, junto con una desaparición importante de bancos y una deflación fenomenal, sin causar un cataclismo ni remotamente similar. Es decir, sin desempleo masivo y permanente del 25 %, sin una caída catastrófica del PBI real, sin una reducción descomunal del consumo real. Por supuesto, la crisis no fue un paseo por el parque. Gente quedó temporalmente desempleada y mucha riqueza se perdió en mala inversión.

La brutal caída de la inversión real refleja la muy saludable liquidación de las malas inversiones del auge previo (Salerno, 2010: 278) y la flexibilidad de salarios explica que, aun con una contracción monetaria, quiebras bancarias y una deflación similares; la economía pudo funcionar en el siglo XIX sin colapsar como en los años 30s del siglo XX.

Como ya se aclaró, la contracción monetaria y la quiebra de bancos per se no fue la causa de la Gran Depresión. Sino los esfuerzos del gobierno (y de la FED) para evitar el reajuste de precios y salarios relativos.





Friedman, Milton y Schwartz, Anna J. (1963) A Monetary History of the United States, 1867-1960. Princeton, NJ: Princeton University Press. 1993.

Friedman, Milton y Schwartz, Anna J. (1970) Monetary Statistics of the United States: Estimates, Sources, Methods. New York: Columbia University Press for the National Bureau of Economic Research.

Margo, Robert A. (2000) Wages and Labor Markets in the United States, 1820-1860. Chicago: University of Chicago Press.

Rothbard, Murray N. [Salerno, Joseph T. Ed.] (2002) A History of Money and Banking in the United States: The Colonial Era to World War II. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Temin, Peter (1968) "The Economic Consequences of the Bank War". Journal of Political Economy. Vol. 76, No. 2, 257-274.

Temin, Peter (1969), The Jacksonian Economy (The Norton essays in American history). New York: W. W. Norton & Company.

jueves, 12 de febrero de 2015

La Gran Depresión en USA, 1930-31: La intervención en los salarios

Fuente

"Si todo lo posible se hace para prevenir que el mercado cumpla su función de balancear oferta y demanda, no debería sorprender que una seria desproporción entre ambas persista, que mercancías permanezcan sin vender, fabricas estén ociosas, muchos millones desempleados, que la miseria e indigencia estén creciendo y que finalmente, a raíz de todo esto, el radicalismo destructivo sea rampante en la política."

Ludwig von Mises (1931)


Ese pasaje de Mises resume muy bien la visión austriaca de la Gran Depresión: La política intervencionista del gobierno con los salarios a principio de los años 30s fue el factor causante principal (aunque no el único). Esa explicación ha sido confirmada por el análisis económico moderno como el del economista Lee Ohanian (2009). Ohanian comenta y demuestra, en paralelo con los austriacos, que esta política es el evento único más importante que precipitó la Gran Depresión.

La intervención estatal de los salarios

a) Ni bien ocurrió el crac de la bolsa en los últimos días de octubre de 1929, el Presidente de Estados Unidos desde marzo, Herbert Hoover, se puso a actuar inmediatamente. En noviembre convocó a los "capitanes de la industria" (los mayores empresarios industriales de la época, Ford, el presidente de la Standard Oil, de la cámara de comercio, DuPont, etc.) a una serie de reuniones en la Casa Blanca para "convencerlos" de que no bajaran los salarios o los redujeran menos que el costo de vida (Anderson, 1949: 220-21; Rothbard, 1963: 209-14; Ohanian, 2009). Afortunadamente tenemos acceso al comunicado de prensa que en una parte dice: 
"El Presidente fue autorizado por los empleadores que estaban presentes en la conferencia de la mañana para declarar de su parte que no van a iniciar ningún movimiento para reducir salarios, y que su mayor recomendación es que esta actitud debería persuadir a todo el país. Consideraron que, más allá de las consideraciones humanas, el poder de consumo del país será mantenido."
Veamos como se comporta del desempleo luego de la primera reunión.

NBER y FRED II
¿Por qué los empresarios "sedientos de ganancias" seguirían el consejo de Hoover? Porque básicamente fueron chantajeados. Si no mantenían sus salarios, el Presidente Hoover no iba a protegerlos de los sindicatos. En esos momentos, las empresas eran muy temerosas de los gremios (expropiaciones, huelgas para apropiarse de ganancias de capital, la mucho mayor prima por estar en el sindicato, etc.) y de las decisiones de la corte muy favorables a ellos y sus políticas (Ohanian, 2009; Baird, 2011). También eran temerosos de las acciones que la Casa Blanca pudiera tomar contra ellos (Horwitz, 2011). Muchas de esas políticas sindicales habían sido impulsadas y firmadas a leyes por el propio Hoover. Como secretario de comercio (1921-28), Hoover impulsó legislación (como la Railway Labor Act) que incrementó la probabilidad de organización sindical y aumentó su poder de negociación (Ohanian, 2009; Rothbard, 1963: 199-207). Claramente había serios incentivos y amenazas para los empresarios. Difícilmente puede decirse que seguir el pedido de Hoover fue algo completamente "voluntario" en muchos casos.

b) Incluso Hoover prohibió la inmigración por decreto para ayudar tanto a mantener los salarios altos como a solucionar el problema del desempleo. Los inmigrantes que "trabajaban por salarios bajos" desde Europa cayeron en un 90 % en unos meses (Rothbard, 1963: 243-44; Horwitz, 2011). Esto no debería extrañar dado que para Hoover: "[N]o muchos años atrás, el empleador consideraba que era de su interés usar las oportunidades que dan el desempleo e inmigración para bajar salarios" (Ohanian, 2009). El 9 de septiembre de 1930, el Presidente realmente pretendía decididamente prohibir por ley toda posterior inmigración para "salvar" empleos y mantener salarios altos. Evitando de esta manera que las fuerzas del mercado global establezcan los salarios.

c) Por si todo eso fuera poco, en marzo de 1931 Hoover firma la Davis-Bacon Act para aumentar aún más la intervención estatal de salarios y mantenerlos altos. Según esa ley todos los proyectos de construcción financiados o asistidos por fondos federales debían pagar los "salarios imperantes" (es decir, los salarios por encima del mercado de los sindicatos) y limitaba horas. Cerrando el paso completamente a la mano de obra no sindicalizada, en especial inmigrantes y no-blancos, en la construcción y además elevando el costo para los contribuyentes que ya estaban en una muy mala posición (Horwitz, 2011). 


Claramente Hoover estaba bajo la ilusión de la extremadamente falaz teoría del poder adquisitivo. El Presidente hizo todo cuanto pudo para mantener el "poder adquisitivo de los salarios reales" de los trabajadores. Como la mayoría de los intelectuales y políticos de la época, Hoover creía que si las principales empresas bajaban salarios, los trabajadores no tendrían poder adquisitivo para comprar los productos. 


Los austriacos reconocieron en su momento que esto era claramente un error con consecuencias terribles. Mises destaca lo pernicioso de ello en 1931 (Mises, 1931). Lionel Robbins en 1934 (Robbins, 1934: 69-72) reportaba que esta política implicaba que el consumo se mantenía a expensas del capital. Anderson (1949: 220) sabe que tuvo resultados no satisfactorios.


Como señala Vedder y Gallaway (1987) es cierto que los salarios terminaron bajando, la política de Hoover no podía seguir para siempre. Pero lo que fue definitivamente importante eran los momentos en que decrecían los salarios. La intervención estatal de Hoover impidió que los salarios se ajustaran rápidamente desde el inicio, exacerbando el desequilibrio e incrementando la severidad de la depresión (Vedder y Gallaway, 1987). Entre 1929 y gran parte de 1930, en promedio, los salarios industriales nominales (por hora) prácticamente no se movieron.

Las consecuencias nocivas de no permitir que los salarios se ajusten

Como consecuencia de que los precios de los bienes y servicios caían en el mismo periodo por la recesión, los salarios reales (el salario nominal ajustado por precios) aumentaban. Primero modestamente y luego ampliamente a medida que la depresión se profundizaba (Ohanian, 2009). La subida de salarios reales se debe, claramente, al mantenimiento constante o no caída proporcional de los salarios mientras los precios de los bienes se desplomaban. Esto se observa en el siguiente gráfico:

Ohanian (2009)
La forma de ver que este episodio de los años 30s es radicalmente diferente a los anteriores, es compararlo con una crisis importante previa. En la recesión de 1920-21 los salarios se ajustaron brutalmente a la no menos brutal caída de precios (recuerden que la caída de precios de 1920-21 fue más profunda que la de los años 30s). El ajuste de salarios y precios fue completamente diferente en 1920-21 que en la Gran Depresión. Durante la recesión 1920-21 los salarios eran mucho más flexibles (Caplan, 1996). En el gráfico de abajo se puede ver el salario real ajustado por productividad y la cantidad de empleo para los periodos 1920-22 y 1929-32. Es claro como el ajuste a la baja de los años 20s hace que el empleo vuelva a crecer. Mientras el ajuste abortado de los 30s hace que se pierda empleo todo el periodo.

Vedder y Gallaway (1987)
Vedder y Gallaway (1987; 1993) tienen el tino de ajustar los salarios reales con los cambios en la productividad. La caída de la productividad es importante porque es otro factor a tener en cuenta (Vedder y Gallaway, 1993: 14-16). Un decrecimiento en la productividad del trabajo disminuye la demanda por ese factor. Es cierto que los salarios nominales anuales promedio terminaron bajando (27 % entre 1929-33, similar a los precios). Sin embargo, esa disminución fue insuficiente para contrarrestar el efecto combinado de 1) la caída de precios y 2) la baja en la productividad (Vedder y Gallaway, 1987). Por dar un ejemplo simple: si los precios caen 8 % y la productividad 4 %, entonces los salarios nominales deben caer, como mínimo, 12 % para que el salario real ajustado no suba. Además de que la caída tardía de salarios no compensa los momentos en que debieron haber bajado. Por ejemplo, a principios de 1930.

Es esencial entender que precisamente el mantener los salarios por encima de sus niveles de mercado durante el primer año tuvo consecuencias nefastas que hundieron la economía los años siguientes. Los salarios artificialmente altos provocados por el gobierno tuvieron efectos secundarios que explican la caída brutal de la Gran Depresión. Cuando se mantienen los salarios sin variar mientras al mismo tiempo caen los demás precios y la productividad, las empresas sufren una demoledora reducción de beneficios. Observen los siguientes gráficos. En uno se muestran los beneficios antes de impuestos y no distribuidos. En el otro, los beneficios netos de todas las empresas en USA. Noten como se destruyen, e incluso a veces se vuelven negativos, entre 1930 y 1931.


FRED II y FRED II
FRED II
Para mediados de 1930 eso fue lo que ocurrió. Según Vedder y Gallaway (1987), los beneficios empresariales antes de impuestos cayeron 63 % entre 1929 y 1930, las ganancias no distribuidas pasaron desde 2.820 millones de dólares en 1929 a un negativo 2.613 millones de dólares en 1930. A mitad de 1929 menos de 6 % de las empresas perdían dinero, en el tercer trimestre de 1930 era el 29 % y la mayoría de las que quedaban no cubrían el pago de dividendos. Los beneficios en el segundo trimestre de 1930 eran menos de la mitad de nueve meses antes (Vedder y Gallaway, 1987).

Esa destrucción de beneficios provocó problemas financieros. Las emisiones de nuevo capital se desplomaron a menos de la mitad. El precio de las acciones (que en mayo de 1930 eran mayores que noviembre de 1929) se desplomó 36 % llegando a fines de 1930. Una caída mayor que el crack del 29 (Vedder y Gallaway, 1987).


Eliminar así los beneficios empresarios, tiene un efecto destructivo descomunal. La reducción brutal de ganancias implica menor demanda de acciones de la empresa. Esa disminución de demanda causa que la deuda corporativa sea menos atractiva. Por la incapacidad de las empresas de pagar sus deudas con su flujo de caja, el riesgo de prestarles aumenta enormemente. La prima de riesgo de los préstamos a empresas se dispara. Lo que Bernanke (1983) llama el "costo de intermediación crediticia" (el costo de canalizar fondos de los ahorradores a los prestatarios) se comienza a disparar. A ello se suma el hecho de que los balances deteriorándose provocan que la deuda corporativa tenga peor nota. La prima de riesgo en bonos empresariales subió más de 100 puntos en 1930 y todavía más en 1931 (Vedder y Gallaway, 1987).


Como si todo lo anterior fuera poco, la destrucción de los beneficios empresariales tiene otro efecto nocivo. Los ahorros caen en picada junto con las ganancias así como también lo hacen los fondos prestables. El ahorro cayó un brutal 40 % entre 1929 y 1930 y otro 47 % en 1931. Una baja de 68 % en 1929-31. Casi el 90 % de la destrucción del ahorro entre 1929 y 1930 es atribuible a la caída de las ganancias no distribuidas de las empresas. Mientras que solo causó la mitad del desplome del ahorro en 1930-31. 30 % de la caída se debió al financiamiento del déficit del gobierno. La bestial baja del ahorro contribuye a que la tasa de interés real aumente así como el costo real de financiamiento para las empresas que encima están en mala situación (Vedder y Gallaway, 1987).


Es muy importante notar que la reducción de los beneficios empresariales comenzó antes de las crisis bancarias. El ratio deposito/moneda aún en octubre de 1930 era relativamente alto. El miedo de los depositantes no se manifestaba todavía. Pero para octubre de 1930 los beneficios retenidos de las empresas ya eran negativos y las primas de riesgo asociadas con los préstamos corporativos ya estaban altas y en crecimiento (Vedder y Gallaway, 1987).


El colapso de los beneficios corporativos causa el deterioro del valor de mercado y calidad de los préstamos a las empresas. Disminuyendo así gran parte del valor neto de las instituciones financieras. A medida que los agentes se daban cuenta de que los activos de los bancos perdían valor, los depositantes  iban a retirar su dinero. Lo cual llevó a las corridas bancarias. La hipótesis tentativa de 
Vedder y Gallaway es muy convincente y soportada por muchos datos: La crisis bancaria fue la consecuencia del desajuste del mercado laboral. Los pánicos bancarios no fueron la causa de la profundización de la Gran Depresión y del desajuste en el inicio (Vedder y Gallaway, 1987). La tesis monetarista no es tan correcta, en este sentido. Observen como la oferta monetaria M1 y M2 según Friedman y Schwartz (1963: 712-13) cae muy poco, 4 % y 1 % respectivamente entre enero de 1929 y octubre de 1930 antes del primer pánico bancario que empieza en noviembre. Mientras tanto la producción industrial se desploma 23 % (Ohanian usa las horas industriales trabajadas per cápita en el mismo gráfico y caen aún más), lo que indica que la depresión ya estaba en marcha antes de la contracción monetaria severa.

Friedman y Schwartz (1963: 712-13) y FRED II
De hecho, Wicker (1996: 30-32) demuestra que el primer pánico bancario de noviembre de 1930-enero de 1931 fue solo regional y no una crisis nacional. Sin efectos macroeconómicos nacionales importantes.

Por supuesto que la caída de la oferta monetaria por la crisis bancaria y la segunda ola de deflación de precios que provocó mientras los salarios no caían en la misma medida y además luego de que ya las empresas estaban arrasadas por la destrucción de beneficios; fue un factor de agravamiento. Pero la historia no es tan simple como culpar a la caída de la oferta monetaria o a la deflación por la Gran Depresión. La causa iniciadora principal del cataclismo al comienzo y lo que hizo que la "contracción monetaria" posterior tuviera efectos más devastadores de lo que hubieran sido, fue la política de salarios del gobierno. 


Lo que explica esa gran y persistente no-neutralidad del dinero al contraerse (efectos reales sobre la producción y el empleo) es precisamente la falta de flexibilidad de los salarios (Ohanian, 2009). Rigidez provocada por la intervención estatal. Lo que no dejó actuar normalmente a las fuerzas del mercado de la forma en que actuarían para deshacer esa no-neutralidad monetaria, fue un factor exógeno y estatal (Ohanian, 2009). La contracción monetaria per se, que hizo desaparecer un tercio de la cantidad de dinero, no fue la causa principal del problema. Fue el impedir que salarios y costos se ajusten a la relación dineraria alterada. Como demostró la recesión de 1920-21, los salarios pueden adaptarse a deflaciones tanto o más importantes que la de la Gran Depresión. La causa no fue la deflación monetaria sino la rigidez salarial inducida por el gobierno.


La causa de la profundización de la Gran Depresión no fueron solo los pánicos bancarios. Estos son importantes luego de mitad de 1931. El segundo pánico bancario de abril-agosto de 1931 también fue regional y no nacional (Wicker, 1996: 72). La depresión en el sector industrial comenzó más profunda y severa de lo normal desde el inicio. Y lo hizo desde el principio porque la intervención en el mercado laboral del sector industrial fue inmediata. Las horas trabajadas y la producción industrial mensuales caen 20 % desde fines de 1929 hasta junio de 1930. Y casi 40 % en finales de 1931 (Ohanian, 2009).


Ohanian (2009) demuestra con un modelo de crecimiento que el programa de Hoover para mantener los salarios artificialmente altos explica 18 % de la caída del PBN real desde el cuarto trimestre de 1929 hasta el mismo de 1931. Es decir, las políticas de intervención en los salarios de Hoover son responsables de 2/3 de la Gran Depresión hacia finales de 1931.


Como señalaba correctamente Mises en 1931, el Estado hizo todo lo posible para mantener el precio del factor trabajo (salarios) artificialmente alto y evitó que este balancee oferta y demanda. 
Horwitz (2011) es muy certero al señalar que la política de salarios altos de Hoover es un ejemplo claro y contundente de que 1) el Presidente no tenía la más mínima fe en las fuerzas correctivas del mercado y 2) de su voluntad contundente de usar el poder del gobierno para combatir la depresión. Hoover no fue un presidente que "dejó hacer al mercado", ni tampoco "dejó que el mercado caiga", ni fue un "liquidacionista". Sino un convencido intervencionista cuyas acciones provocaron la mayor catástrofe atribuida sin ninguna justificación al capitalismo.



Anderson, Benjamin M. (1949) Economics and the Public Welfare. Financial and Economic History of the United States. New Jersey: Van Nostrand.

Baird, Charles W. (2011) "Freeing Labor Markets by Reforming Union Laws". CATO Institute.

Bernanke, Ben S. (1983) "Non-monetary Effects of the Financial Crisis in the Propagation of the Great Depression". NBER Working Paper No. 1054.

Caplan, Bryan (1996), "Wage Adjustment and Aggregate Supply in the Depression of 1920-1921: Extending the Bernanke-Carey Model". Princeton University.

Friedman, Milton y Schwartz, Anna J. (1963) A Monetary History of the United States, 1867-1960. Princeton, NJ: Princeton University Press. 1993.

Mises, Ludwig von (1931), "The Causes of the Economic Crisis: An Address". En Greaves, Percy L. Jr. Ed. (1978) The Causes of the Economic Crisis: And Other Essays Before and After the Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2006.


Horwitz, Steven (2011), "Herbert Hoover: Father of the New Deal". Cato Institute Briefing Papers. No. 122.

Ohanian, Lee E. (2009) "What - or who - started the great depression?". Journal of Economic Theory. Vol. 144, No. 6, 2310-2335.

Robbins, Lionel (1934), The Great Depression. Freeport, New York: Books for Libraries Press. 1971.

Rothbard, Murray N. (1963) America‘s Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000. 

Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell E. (1987) "Wages, Prices, and Employment: von Mises and the Progressives". Review of Austrian Economics. Vol. 1, No. 1, 33-80.

Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell E. (1993) Out of Work: Unemployment and Government in Twentieth-Century America. Oakland, Calif.: The Independent Institute. New York University Press. 1997.

Wicker, Elmus (1996) The Banking Panics of the Great Depression. Cambridge, UK: Cambridge University Press. 2004.

miércoles, 2 de abril de 2014

El Mito de que Bajar Salarios Agrava la Crisis


Esta falacia, es una de las más repetidas en todos lados. En sus muchas formas, dice básicamente que si el mercado provoca una baja de (la tasa de) salarios, ello no podrá reducir el desempleo ni reactivar la economía. Pues destruirá el poder adquisitivo de los trabajadores dejando sin demanda a las industrias, deteniendo el incentivo a invertir, afectando al consumo y por ende a los que dan empleo. Metiendo a la economía en una caída imparable. Hasta organismos internacionales conocidos como la OIT (financiada con impuestos a los trabajadores, claro) se ven en la necesidad de repetir esta falacia.

Aun cuando el caso histórico de la recesión de 1920-22 demostró que ante una caída drástica de precios, los salarios cayeron (Gallaway y Vedder, 1987) lo necesario y permitieron que, a diferencia de los 30s, el empleo se restaure y que la economía se empiece a recuperar en solo 9 meses sin ninguna crisis de confianza; les mostraré 10 razones por las cuales es falso que una baja de salarios, provocada por el mercado no intervenido, agravaría una crisis y el desempleo en lugar de mitigarlos. 

1) Alcance limitado y arbitrario: La argumentación, en primer lugar, no puede ser llevada a sus últimas consecuencias, tiene un alcance limitado fijado arbitrariamente. Algunos dicen que en una recesión hay que mantener (no dejar caer) los salarios aun si los demás precios caen. El problema es que de esta manera es cierto que los salarios nominales se mantienen, pero los salarios reales crecen. Si esta suba o mantenimiento del "poder de compra" ayuda a mantener el empleo, ¿Por qué no pedir un drástico aumento de los salarios monetarios? ¿Por qué no se pide un salario mínimo 10, 100 o 1000 veces superior al actual? Esta muy, pero muy claro que nadie pediría tal cosa pues eso, lejos de mantener o aumentar el empleo, paralizaría gran parte de la industria y provocaría un desempleo atroz (Rothbard, 1963: 45). El argumento no puede ser llevado a sus últimas conclusiones lógicas y debe ser detenido en un arbitrario y poco científico punto que cambiará dependiendo a quien se le pregunte. Pero hay más arbitrariedad. Dicen que no podemos bajar salarios porque ese es el ingreso de los trabajadores, y si lo bajamos no solo somos "malvados seres despreciables", sino que además estamos reduciendo su "poder de compra" deshaciendo la justificación para más inversión metiendo a la economía en una espiral descendente. El problema con ese argumento es que, lo que tiene de cierto, es perfectamente aplicable a absolutamente todos los demás precios y costos. El costo monetario de todos es el ingreso de alguien más. El precio del acero es el costo del fabricante de autos, pero también (multiplicándolo por el tonelaje) es el ingreso del productor de acero. El precio de la harina es el costo del panadero, pero (multiplicándolo por el tonelaje o kilos) es el ingreso del harinero. Vemos que solo eligiendo arbitrariamente a un grupo particular, los trabajadores, este argumento parece funcionar. Pero no hay absolutamente ninguna razón para no haber elegido a cualquier otro grupo particular (harineros o productores de acero), su poder adquisitivo se reduce al bajar sus precios de exactamente la misma manera en que se reduce el de los trabajadores al reducir su precio (salario) (Hazlitt, 1959: 269). No hay nada científico en este argumento, solo la elección arbitraria de algunos autores que no tiene más validez que la elección arbitraria de otros. 

2) Confusión entre tasa de salario e ingreso total por salario: Pero además se confunde dos cosas muy importantes: Tasa de salario con ingreso total por salarios (Hutt, 1954; Hazlitt, 1959: 267-69; Rothbard, 1963: 45-6; Friedman, 1966). El hecho que la tasa de salario caiga, no significa necesariamente que el ingreso total caiga. Todo dependerá de la sensibilidad ("elasticidad") de "La" demanda de trabajo. Si la tasa salario cae en un cierto porcentaje y la cantidad de trabajadores empleados aumenta en un porcentaje mayor (demanda "elástica"), entonces el ingreso total aumentará y viceversa. Supongamos un salario de $10 al cual se emplean 50 personas, el ingreso total es $500 ($10 multiplicado por 50 personas). Ahora supongamos que el salario baja a $9 (el salario bajó un 10%) y que ello hace que ahora se contraten 60 personas (la cantidad de contratados subió un 20%). Entonces el ingreso total aumentará de $500 a $540 ($9 multiplicado por 60) porque la demanda es "elástica": Una baja de 10% de salario, provocó un aumento de mayor porcentaje (20%) de cantidad de empleados. Pero cambiemos un poco la situación. Si al caer el salario de $10 a $9 (baja 10%) la cantidad de empleados sube de 50 hasta 52 (aumentó solo 4%), entonces el ingreso total caerá de $500 a $468, es decir una demanda "inelástica" (una baja de 10% de salario provocó un aumento de menor porcentaje: 4% de cantidad de empleados). En absoluto se puede argumentar que una baja de salarios necesariamente disminuirá el ingreso total. Si el precio del acero, de la harina o los salarios están muy elevados en relación con otros precios o en relación con la oferta y la demanda, un aumento de los mismos salarios o precios no podrá llevar a un aumento del ingreso total de los trabajadores, de los productores de acero o de los harineros. Sino más bien lo reducirá vía desempleo o baja de ventas (Hazlitt, 1959: 269).  De hecho en un mercado no intervenido por el Estado ni por sindicatos privilegiados, los salarios que tengan que caer, caerán hasta un nivel que absorba a todos los desempleados (involuntarios) (Rothbard, 1963: 46). Por lo tanto es evidente que el caso de la demanda "elástica" de empleo será la regla. No hay ninguna razón para asumir que el ingreso total por salarios disminuiría. 

3) Confusión entre gasto total y consumo: Aun asumiendo que olvidamos la ridiculez del punto 1) y que en el 2) se cumple que la demanda de trabajo es inelástica; el argumento no funciona. Pues confunde consumo con gasto total de la economía. Una caída de tasas de salarios y una caída de ingreso total por salarios no disminuye necesariamente el gasto total de la economía. Las empresas, al gastar menos en factor trabajo, tendrán más fondos disponibles para comprar bienes de capital (Simpson, 2010). La baja de salarios implica una baja de costos y ello hace que muchos proyectos de inversión que antes no se emprendían, porque los salarios no permitían un margen de rentabilidad deseado, ahora sean rentables. Con la baja de salarios habrá menos gasto en consumo pero también habrá más gasto productivo, la economía se volverá más orientada a la producción y menos orientada al consumo.  Habrá un cambio de composición del gasto, pero no una caída del nivel de gasto. 

4) El error de enfocarse solo en el consumo: Pero aun el punto 3), que de por sí terminaría de refutar el mito analizado, se queda corto pues supone que el gasto de las empresas es similar al consumo. Sin embargo esto no es así. El gasto en consumo es mucho menor de lo que se cree. Los defensores de mantener los salarios por encima de lo que el mercado determinaría no solo confunden consumo y gasto total, sino que, a veces, solo se enfocan en el consumo. Supongamos que el consumo cae porque la demanda de trabajo es inelástica y ello provoca una caída de ingresos totales por salarios, ¿Es eso un problema? ¿La economía e ingreso total caerán? Claro que no. ¿Por qué? Porque el gasto en consumo, correctamente medido como lo hace Skousen (2010), representa apenas el 30% del gasto total en bienes y servicios de la economía. Las cifras comunes de PBI solo tienen en cuenta el valor del gasto en los bienes y servicios finales en un período, el consumo está muy exagerado, no toman en cuenta el enorme gasto en las etapas intermedias (60% de la economía). Es decir que el PBI no mide el gasto de todos los bienes y servicios de la economía, solo mide el gasto en los bienes finales. Sin entrar a ver si es un error incluir o no el gasto en etapas intermedias en el PBI ("doble contabilización"), el hecho indudable es que es gasto. Y es tan válido como el gasto en bienes de consumo, valga la redundancia. Si el consumo (30% de la economía) cae como consecuencia de que la baja de salarios disminuyó el ingreso total de los asalariados, hay otra parte (el gasto de las empresas) muchísimo mayor (60%) de la economía cuyo gasto puede aumentar para compensar esa caída. Cualquier porcentaje de caída de consumo requerirá un porcentaje mucho de menor de aumento de gasto de las empresas para compensar. Por lo tanto se confirma que si caen las tasas de salarios, el ingreso total por salarios y el consumo y, como consecuencia de ello, las empresas tienen más fondos disponibles para comprar bienes de capital; simplemente ocurrirá un cambio de proporción de gasto: Se gastará más en bienes de capital y menos en consumo. Es un cambio relativo de gasto (más en bienes de capital, menos en consumo), pero el nivel o gasto total no tiene por qué disminuir por la baja de salarios y costos (Simpson, 2010). 

5) Aumento del decaído ímpetu para invertir: En el medio de una recesión o depresión, la baja de salarios hará que las empresas gasten más. Una de las principales razones por las que los empresarios no invierten en una recesión es porque esperan que los costos caigan relativamente a los ingresos que esperan recibir. La baja de salarios induce el ímpetu necesario para que los empresarios vuelvan a gastar. Por lo tanto la salida de la depresión es ayudada por la baja de salarios porque produce a) baja de costos y b) induce a aumentar el gasto de las empresas. Cuando los salarios bajan hasta su nuevo nivel de "equilibrio" (que corresponde a la menor cantidad de dinero y mayor demanda del mismo que ocurren como resultado de la expansión inflacionaria anterior), inversiones previas que no eran rentables y esperaban la necesaria baja de salarios y costos, son llevadas a cabo. Los activos adquiridos a costos artificialmente altos durante el boom pueden, gracias a la baja de salarios, usarse ahora y ser competitivos con las actuales inversiones de bajo costo (Reisman, 1996: 884). Y como consecuencia del empuje al gasto empresario provocado por la baja de salarios, los ingresos totales por salario también aumentarán. Como la baja de salarios hace que bajen los costos y además las empresas gasten más, al contratarse cada vez más empleados el ingreso total por salarios crecerá (recordar que hay razones para pensar que, cuando hay desempleo, la contratación de personal será más que proporcional a la caída de salarios). 

6) Los beneficios no caerán: El mejoramiento de la rentabilidad de los negocios será mayor mientras menor sea la porción de gasto productivo en salarios, es decir que la rentabilidad crecerá mientras menor sea el gasto total en salarios. La razón es que los salarios aparecen muy rápido como costos que se deducen de los ingresos por ventas, mientras que los mismos en las maquinarias no lo hacen tan rápidamente. Es decir, cuando tenemos una empresa que no tiene bienes de capital duradero (a más de un año por ejemplo) los beneficios netos a fin de año son simplemente: ingresos menos gastos. Como explica Rallo, cuando la empresa compra bienes de capital que duran más de un año, supongamos que dura 5 años, ese costo de ese bien de capital la empresa lo podría afrontar en el primer año. Pero como la empresa lo usará por 5 años, lo más lógico es repartir ese costo entre 5 ejercicios (de un año). De ahí viene la amortización.  El gasto en bienes de capital durable no se debe reponer en cada periodo (mientras que ese mismo gasto en salarios sí), sino solo una parte en cada uno durante su vida útil. Si se gasta $1 millón en planta y equipamiento duradero en lugar de gastarlo en salarios, los beneficios aumentarían mucho. Esto se debe a que las ventas totales de todos los negocios permanecerían iguales (la demanda de bienes de capital aumentaría por $1 millón mientras que la demanda por bienes de consumo de los asalariados caería en esa cantidad), pero como el costo de amortización (depreciación) es un porcentaje del millón gastado en comparación a si ese millón se hubiera gastado en salarios, los beneficios en la economía tenderán a crecer. Por lo tanto aun si no creciera el ingreso total en salarios y el gasto en consumo, los beneficios de los negocios crecerían. Las menores ventas de los vendedores de bienes de consumo serían compensadas con las mayores ventas de los bienes de capital (las ventas totales permanecerían igual) mientras los costos deducidos de los ingresos por ventas caerán, por lo que los beneficios totales crecerán (Reisman, 1996: 883-84). 

7) La Falacia de quitar el contexto: Pero supongamos que ignoramos el hecho que los beneficios no caen (punto 6)) y compramos el argumento de los anti-mercado laboral libre. Toda esta rebaja de salarios y costos, y mayor gasto en inversión, ¿No llevaría a una baja de la "eficacia marginal del capital" debida a los menores precios de los bienes de consumo que se ofrecen en mayor cantidad, los mayores costos por demandar más bienes de capital y la ley de los rendimientos decrecientes? El contexto que estamos discutiendo es: ¿Puede una baja de tasas de salarios y precios lograr alcanzar el "pleno empleo" (que todos los que desean trabajar encuentren trabajo) o no? Este contexto implica lógicamente menores costos unitarios de producción, esto es evidente pues eso es precisamente lo que logran las rebajas de salarios ya sea directamente y/o a través de menores precios de los materiales, maquinarias y bienes de capital. Caída precios y costos significa baja de precios de lo que los empresarios producen (incluidos los bienes de capital), los empresarios pueden invertir en más bienes de capital porque los precios son menores y sus costos también. Ello provoca un movimiento a lo largo de la curva de demanda de los bienes de capital, la cantidad demandada de bienes de capital aumenta. Los keynesianos en general confunden este movimiento a lo largo de la curva de demanda con un movimiento de la demanda, es decir, confunden un cambio en la cantidad demandada con un cambio de la demanda entera. Una mayor demanda de bienes de capital sí llevaría a mayores precios (la demanda de bienes de capital se traslada a la derecha), pero lo que ocurre en el contexto analizado es que menores salarios llevan a menores costos unitarios y precios de los bienes de capital y de esa manera a mayor cantidad demandada (movimiento a lo largo de la curva de demanda). Es decir que el discutir una mayor demanda de bienes de capital que llevaría a mayores precios es contradictorio con y evade el contexto que estamos discutiendo: Una baja de salarios y precios que aumenta la cantidad demandada de bienes de capital. Los empresarios pueden aguantar recibir menores precios por su producción aumentada con los adicionales bienes de capital debido a los menores costos (salarios y precios de los bienes de capital más bajos), y de hecho esos menores precios para los productos son consecuencia de la baja de costos y mayor oferta. Con lo cual las ganancias no caerán ni desaparecerán. Todo ello es un aumento de la oferta (la curva de oferta se mueve a la derecha), no un cambio de la demanda (ya sea de los bienes de capital o de los bienes en general). Recuerden que el contexto que es analizado acá es: baja de salarios y precios. Ello inevitablemente lleva a una baja de precios de los bienes, incluidos los bienes de capital. En lugar de eso, los keynesianos hablan de un aumento de la demanda de bienes de capital, que es un contexto diferente y contradictorio al que está siendo analizado. Porque un aumento de la demanda de bienes de capital implica un contexto opuesto (suba de precios de bienes de capital que es posible cuando los costos están constantes o subiendo, pero no bajando) al estudiado cuando analizamos si una rebaja de salarios funciona o no (Reisman, 1996: 879-81). 

8) Los salarios bajan aun si caen los precios: Una objeción posible a todo esto es la que popularizo Keynes. Aun si asumiéramos que los trabajadores desempleados están dispuestos a trabajar por un salario (nominal) menor y que los ya empleados también aceptan la rebaja a riesgo de quedar sin empleo, al reducirse los costos (salarios) los empresarios trasladarían esas rebajas a los precios, los cuales bajarían. Si los salarios nominales bajan un 10 %, entonces con esa rebaja de costos los precios caerían 10 %. Por lo tanto todo el aumento de beneficios por la rebaja de salarios los empresarios la perderían en el menor ingreso por ventas debido a que bajaron los precios de los bienes. Asi que los salarios reales (los salarios bajaron 10 % y los precios 10 %) seguirían altos y los trabajadores desempleados. Como demuestra Murphy (2011), este análisis tiene serios problemas: a) Los salarios son gran parte del gasto e ingreso, pero no lo son todo. En Estados Unidos los salarios como porcentaje del ingreso nacional ha variado entre el 60 % y el 52 % desde la Segunda Guerra Mundial. Siguiendo con el ejemplo, significa que si los salarios nominales caen un 10%, los precios bajarán solo un 5 o 6 %. Por lo tanto los salarios reales caerían y el empleo se restauraría pues se contratarían más trabajadores. b) Pero ¿Cuál es el mecanismo por el cual la baja de costos lleva a una baja de precios de los bienes? Supongamos que, por el desempleo masivo, los salarios bajan. Sin bajar los precios, los empresarios están obteniendo más beneficios, entonces ¿Qué los induciría a disminuirlos? El incentivo obvio es que desean capturar una mayor parte del mercado. Quieren vender más cantidad de bienes, ampliar sus clientes para ganar más. Sin embargo no pueden producir más sin antes contratar a más trabajadores, no pueden aumentar la producción con la fuerza laboral antigua. Deben necesariamente contratar más empleados para tener más producción. Luego de bajar el precio, el empresario tendrá menos beneficio por unidad, pero mayor beneficio total (al vender más cantidad). Otras empresas harán lo mismo hasta llegar a una situación de "equilibrio", si todo lo demás no cambia. En el nuevo escenario es cierto que los salarios bajaron y que los precios bajaron, pero también aumentó el empleo: Para producir la mayor cantidad de bien que hizo bajar su precio, se necesitó más mano de obra que antes. c) Algún keynesiano podría decir que como los trabajadores son los clientes de la empresa, al bajarles el sueldo se está bajando la demanda del producto. Por lo que las empresas reducirían sus precios no para vender más cantidad y aumentar sus clientes, sino para evitar perder los antiguos. Pero eso es cometer el error a), es decir, suponer que todos los clientes son los trabajadores. Sin embargo vimos que los trabajadores de post-guerra son el 50 o 60 % del ingreso total. Asique aun suponiendo que es cierto que su demanda caería, también es cierto que i) la demanda no caería uno a uno con los salarios y ii) sería compensada con la demanda de otros grupos que verían subir su ingreso inicialmente. Si los accionistas que tienen mayores beneficios por la baja de salarios compraran lo que los trabajadores dejan de comprar, la demanda no caería. Por supuesto muy probablemente compren cosas diferentes (yates, mansiones, bienes de capital), pero eso solo haría que esas industrias se expandan y las de los bienes que proveían a los trabajadores se contraigan. Sin afectar el nivel de actividad, solo su composición.*

9) Salarios libres no significa que caigan todos: Nadie ha pedido, ni estoy pidiendo, una baja de salarios uniforme y "en bloque" de todos los salarios. Ese es un strawman que hasta economistas premios Nobel usan para defender su argumento de que no se debe permitir la libertad en el mercado de trabajo. El salario promedio del mercado de trabajo no indica para nada la intersección de alguna demanda u oferta agregada de todo el trabajo. ¿Cómo saber exactamente cuales salarios deben bajar, subir o mantenerse en cada situación? Solo el mercado, la interacción entre empleados y empleadores, puede determinarlo en cada caso. Algunos salarios caerán durante una mala situación y bajarán en diferentes proporciones a diferentes momentos, otros podrían mantenerse y otros hasta aumentar. Lo que se reclama es que los salarios sean determinados libremente, sin intervención privilegiada coactiva a empresarios o trabajadores. Lo que se necesita son salarios libres, no salarios bajos. No debe extrañar que los keynesianos usan esta falacia de la baja uniforme contra los liberales desde siempre (Hutt, 1954). E irónicamente es lo que Keynes tenía en mente, según algunos: Una baja uniforme y violenta de salarios reales vía inflación o devaluación manteniendo salarios nominales (Hazlitt, 1959: 279-86. Lo cual es en sí una falacia pues el dinero no es neutral nunca y afecta diferentes precios y salarios en diferentes proporciones a diferentes momentos). Nada más alejado de lo que los liberales que defienden los mercados libres pedirían. 

10) Una falacia basada en parte en otra: Por si todo lo anterior fuera poco, este argumento se también se basa, al menos en parte, en el "argumento del poder adquisitivo". Una teoría tan, pero tan falsa que da risa.


* Nadie acá está haciendo un juicio "ético" del asunto. Simplemente estamos viendo si es cierto que el nivel de gasto y actividad caería ante una baja de salarios. Digo esto porque alguien de izquierda posiblemente salte a juzgar la supuesta "explotación" de la "redistribución", sin demostrar si el nivel de gasto baja o no. 






Friedman, Milton (1966), "Minimum-Wage Rates". Newsweek.

Hazlitt, Henry (1959), The Failure of the 'New Economics'. Princeton, N.J: D. Van Nostrand. 1959. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2007.

Hutt, William H. (1954) "The Significance of Price Flexibility". Journal: South African Journal of Economics. Vol. 22, No. 1, 40-51.

Murphy, Robert P. (2011) "The Critical Flaw in Keynes's System". Mises Daily.   

Reisman, George (1996), Capitalism: A Treatise on Economics. Ottawa, Illinois: Jameson Books.

Rothbard, Murray N. (1963) America’s Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000. 

Simpson, Brian P. (2010) "Keynes’s Theory of Depression: A Critique." National University School of Business and Management. 

Skousen, Mark (2010), "Gross Domestic Expenditures (GDE): the Need for a New National Aggregate Statistic". (Economics Working Papers No. 113). Centre for Comparative Economics, SSEES, UCL: London, UK.

Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell (1987), "Wages, Prices, and Employment: Von Mises and the Progressives". Journal: The Review of Austrian Economics. Vol. 1, No. 1, 33-80.