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martes, 7 de agosto de 2018

El fracaso histórico del gradualismo y la heterodoxia en Argentina

Imagen de The Economist

Emilio Ocampo tiene un excelente y reciente paper (Ocampo, 2017) donde analiza, de forma histórica y descriptiva (aunque no teórica), los más importantes planes de estabilización desde 1952 hasta 2015. 

¿Qué es un plan de estabilización? Un plan de estabilización es una serie o conjunto de medidas que se introducen principalmente para estabilizar la variación de los precios, es decir, para combatir la inflación. 

Las conclusiones de su trabajo son claras: (a) el gradualismo no funcionó. (b) los planes exitosos siempre incluyeron considerables restricciones monetarias y ajustes fiscales (no solo subir impuestos, también bajar el gasto). (c) los controles de precios y salarios no son condiciones necesarias ni suficientes para reducir la inflación. (d) los planes ortodoxos tuvieron mayor éxito que los planes híbridos y heterodoxos. (e) a lo largo del tiempo, los planes exitosos y los ortodoxos redituaron mayor tasa de crecimiento de PIB y salario real (Ocampo, 2017: 3).


En Argentina, entre 1952 y 2015, hubo 10 planes de estabilización que duraron 2 años o más. La mitad de ellos fueron exitosos mientras que el resto fracasaron (los que están en color gris en el gráfico). Exitoso significa que (1) redujo la tasa de inflación anual acumulada a 15 % o menos en el mes 24 o el promedio de los meses 23-25 y (2) permaneció en ese nivel en promedio en el periodo empezando en el mes 25 y terminando en el mes 48 (o el mes en que el plan terminó, si lo hizo antes) (Ocampo, 2017: 10). Noten que la definición de "éxito" no contempla las consecuencias de la inflación reprimida (vía controles o congelamiento de precios, tarifas o salarios) y la distorsión de precios relativos (Ocampo, 2017: 10).

¿Por qué 24 meses o más? Porque la evidencia de los 10 planes de estabilización muestra que el hecho de que reducir la tasa de inflación por debajo de 15 % los primeros 12 meses era condición necesaria pero no suficiente para el éxito. En cambio, reducir la inflación a ese nivel dentro de 24 meses sí era suficiente (Ocampo, 2017: 18). Los datos dejan ver que, si el plan no redujo la tasa de inflación anual debajo de 15 % dentro de los 24 meses, jamás lo hizo (Ocampo, 2017: 10).

Planes exitosos y fracasados

Los cinco planes de estabilización que tuvieron éxito fueron: Gómez Morales (1952), Álvaro Alsogaray (1959), Krieger Vasena (1967), Domingo Cavallo (1991) y Roberto Lavagna (2002)



Sobre Gómez Morales se debe tener en cuenta que él ideó el plan pero no era el ministro de hacienda encargado de implementarlo, cargo ocupado por Pedro Bonanni. Algo similar ocurrió con Raúl Prebisch y Eugenio Blanco y también, hasta cierto punto, con el FMI y Donato del Carril y Álvaro Alsogaray.

Por otro lado, los cinco planes de estabilización que fracasaron han sido: Eugenio Blanco (1955), José Ber Gelbard (1973), Martínez de Hoz (1976), Juan vital Sourrouille (1985) y Axel Kicillof (2013)



A pesar de que Gelbard duró solo 17 meses en el cargo, su plan no se fue con él. Gómez Morales regresó y lo sucedió, pero, en los tres meses que duró, no intentó ninguna medida seria para combatir los desequilibrios descomunales acumulados. Por lo que puede ser tomado como continuador del plan. Celestino Rodrigo, y luego Bonanni, lidiaron con las consecuencias del plan de Gelbard.

Ortodoxia y heterodoxia

¿Qué tan ortodoxos o heterodoxos fueron los planes? Ocampo realiza una escala simple que se basa en el grado de restricción fiscal y monetaria, la dependencia en controles de  variables clave como precios, salarios, tipo de cambio, flujo de capital, comercio exterior, etc.



La escala va desde 0 hasta 2, donde 0 es completamente ortodoxo y 2 es completamente heterodoxo. Los planes híbridos pueden mezclar cosas de ambos.

Inflación


Claramente los planes ortodoxos fueron efectivos y redujeron la tasa, mensual y acumulada anual, de inflación considerablementeMientras que los planes híbridos a pesar de también bajarla, en última instancia la mantuvieron muy alta. Los planes heterodoxos no solo mantuvieron la inflación alta, sino que terminaron aumentándola.



Y no solo eso, los planes ortodoxos redujeron la inflación TODAS LAS VECES, un ratio de éxito del 100 %. Por ende, tendieron a durar más, en promedio. Los planes híbridos solo fueron exitosos la mitad de las veces. Mientras que los planes heterodoxos tuvieron éxito el 0 % de las veces.

Oferta monetaria



¿Cómo controlaron la inflación los planes exitosos? ¡Reduciendo la tasa de expansión de la oferta monetaria! Predeciblemente, los planes que fracasaron no controlaron la oferta monetaria y, por ende, la inflación.

Por otro lado, los planes ortodoxos lo lograron y bajaron la inflación. Los híbridos lo hicieron a medias y no alcanzaron reducir la inflación de niveles elevados. Los heterodoxos, para sorpresa de nadie, jamás pudieron o quisieron controlar la tasa a la que se expandía el dinero.

Déficit fiscal


Una de las mayores diferencias entre los planes exitosos y los fracasados, es que los primeros lograron bajar el déficit fiscal, tanto en porcentaje del PIB como respecto a la situación previa al plan, rápidamente y de forma considerable. Los planes que fracasaron, no lo hicieron.

Los planes ortodoxos, en promedio, ya tenían incluso un poco de superávit al segundo año. Para los planes híbridos, la reducción fue lenta, pero el déficit siguió existiendo. Los planes heterodoxos mantuvieron déficits altos e incluso los amplificaron más.

Gasto público


En promedio, los planes exitosos lograron reducir el gasto público hasta el tercer año en general, en conjunción con aumentos de impuestos. Los planes fracasados, aumentaron el gasto los primeros años y dependían solo de subir los impuestos para bajar el déficit, sin lograr ninguna baja significativa al cuarto año.

Los planes ortodoxos sí redujeron el gasto mientras aumentaron impuestos. Los híbridos aumentaron impuestos pero ni siquiera lograron bajarlo. La heterodoxia aumentó el gasto.

Deuda pública



Acá hay una “trampa”. La deuda pública, a simple vista, sube más, en promedio, con los planes exitosos, en contradicción con el plano fiscal. La razón para esto es que los planes exitosos incluyen el periodo 2002-2005, el plan de Lavagna, cuando el ratio deuda/PIB explotó en 2002 desde aproximadamente 50 % en 2001 a 140 % en 2002 por la megadevaluación y la caída del PIB. Esa suba descomunal es lo que eleva todo el promedio de los exitosos.

Excluyendo excepciones como Lavagna y Gómez Morales, los planes exitosos terminaron con igual nivel de deuda pública que antes de lanzar el plan. Con los planes fracasados pasa algo similar: incluyen Martínez de Hoz y el aumento (al doble) de la deuda sobre PIB por la devaluación de 1981 (en 1980 era 12,4 % y en 1981 pasó a 26,1 %). Pero aun sacando a Hoz, los planes fracasados terminaron con más nivel de deuda pública que los exitosos.

En cuanto a los planes con “etiqueta”, los ortodoxos sí lograron reducir el endeudamiento público. Mientras que bajo los planes de estabilización híbridos y, en especial, los heterodoxos la deuda aumentó. Los híbridos incluyen Lavagna y Morales, y aun sacándolos la deuda aumenta.

Cuenta corriente


El fetiche heterodoxo favorito: el sector externo. El déficit de la cuenta corriente se redujo el primer año y desapareció en el segundo para los planes exitosos, luego reapareció y empeoró. Los planes fracasados también lo redujeron los primeros años pero luego se mantuvo.

Los planes ortodoxos y heterodoxos terminaron aumentando el déficit de cuenta corriente, mientras los híbridos sí lograron reducirlo. En el caso de los ortodoxos, el déficit de cuenta corriente reflejaba la mayor inversión del sector privado así como la apreciación real del peso dado el gran ajuste fiscal. Para los heterodoxos, el déficit podría reflejar una contracción de la demanda agregada. 

Por ende, lo que ocurrió con la cuenta corriente no tuvo la influencia exagerada sobre el éxito o fracaso de un plan que la heterodoxia le da.

Tipo de cambio real



Con la excepción de Cavallo y Alsogaray, en promedio, los planes exitosos lograron una inmediata depreciación real de la moneda que ayudó a las exportaciones y redujo el déficit externo. A medida que pasó el tiempo, la depreciación se evaporó. Los planes que fracasaron, terminaron apreciando en términos reales la moneda a lo largo del tiempo, lo cual explica el déficit de la cuenta corriente.

En cuanto a los planes ortodoxos, en promedio, ambos terminaron apreciando en términos reales la moneda. Lo contrario ocurrió bajo los planes híbridos y heterodoxos. La depreciación fuera de serie del tercer año de los planes heterodoxos se explica por la corrección de Celestino Rodrigo (el plan de Gelbard).

Crecimiento



Los planes exitosos comenzaron con una caída del PIB el primer año, de 1 % en promedio (excepto Cavallo), pero fueron extremadamente reactivantes, logrando “tasas chinas”. Los planes fracasados, no reactivaron del todo o estancaron el PIB.

Los planes ortodoxos lograron un MAYOR CRECIMIENTO que los híbridos y heterodoxos. Además, no tuvieron caída el primer año.

Salarios reales



Los planes exitosos lograron aumentar los salarios reales a lo largo del tiempo, mientras los fracasados los terminaron bajando como consecuencia de no controlar la inflación.

Los planes ortodoxos también aumentaron los salarios reales, incluso más que los híbridos. Los heterodoxos los incrementaron más, pero, como es esperable, esos aumentos probaron ser insostenibles.

Distribución del ingreso



Los planes exitosos resultaron ser significativamente mejores para la participación de los salarios en el ingreso que los fracasados. Esto puede ser por que la inflación resurge con venganza cuando fracasa un plan mientras los salarios se atrasan.

Dada la dispersión de datos de los planes ortodoxos y la falta de datos de la era Kicillof, las conclusiones deben tomarse con cautela. Con Gelbard pasó de 39 % a 46,7 %, pero esta suba resultó completamente insostenible. Cavallo logró una performance similar pero con Alsogaray la participación de los salarios bajó. La distribución del ingreso fue más benéfica para los trabajadores bajo planes ortodoxos que los híbridos.

Desempleo


En términos absolutos, los planes exitosos redujeron el desempleo mientras los fracasados lo aumentaron. Solo en términos relativos los últimos ganan.

Dado que hay cifras de desempleo desde 1961, el único plan ortodoxo utilizable es el de Cavallo y la redujo en más puntos que híbridos y heterodoxos. Los híbridos no consiguieron mucho resultado.

Contexto internacional/"Viento de cola"



Dado que Argentina ha sido tradicionalmente un exportador neto de materias primas agrícolas e importador neto de capital, las dos variables clave del "viento de cola" son el precio internacional de las materias primas y las tasas de interés. 

El resultado ha sido mixto: los planes exitosos han logrado triunfar a pesar de que enfrentaron precios de materias primas en caída los primeros años. Sin embargo, cuando vemos los términos de intercambio (índice de precios de exportaciones/índice de precios de importaciones) estos se mantuvieron. Enfrentaron tasas de interés internacionales reales a la baja y nominales relativamente constantes. Los planes que fracasaron tuvieron precios agrícolas al alza pero términos de intercambio decrecientes. Además, contaron con tasas reales de interés internacional a la baja pero nominales al alza.

Por otro lado, los planes ortodoxos, y en menor medida los híbridos, tuvieron la desventaja de precios de materias primas a la baja, mientras que los heterodoxos disfrutaron de la ventaja de subas enormes. Sin embargo los ortodoxos sí disfrutaron una suba de términos de intercambio mayor a los híbridos y heterodoxos. Los planes heterodoxos disfrutaron de tasas de interés reales decrecientes y nominales con pocos cambios.






Ocampo, Emilio (2017), “Fighting Inflation in Argentina: A Brief History of Ten Stabilization Plans”. Serie Documentos de Trabajo. Buenos Aires, Argentina: Universidad del CEMA.

viernes, 23 de septiembre de 2016

El mito de que el Patrón Oro no puede funcionar hoy


Cuando se propone la vuelta al Patrón Oro, es muy usual que los detractores digan, entre otras cosas, que su funcionamiento es inviable hoy en día. No nos vamos a referir a las críticas sobre los planes de implementación del Patrón Oro en la actualidad, sino a las objeciones sobre su mecanismo de funcionamiento una vez ya implementado. ¿Quién controlaría la oferta monetaria? ¿Cómo harían los países para tener “suficiente” dinero si no pueden controlar su cantidad? ¿Seríamos esclavos de las naciones que tienen minas? ¿Los países que no las tienen pueden quedarse sin dinero para sus transacciones? Siguiendo una de las mejores exposiciones sobre el Patrón Oro que se pueden ver en YouTube que es la de Joseph Salerno del año 2005, así como también Salerno (2010: 409-13; 1985: 92-93) y Hayek (2008: 357), vamos a explicar como funciona.

Ya vimos algunas características del mecanismo de flujo-precio-especie. Noten que el punto (2) es crítico porque demuestra que el dispositivo de ajuste con el que funciona el Patrón Oro es uno que hoy en día sigue operando en cualquier parte del planeta dentro de cada área monetaria. 

Tomemos, por ejemplo, un país cualquiera como Argentina y dos de sus provincias: San Juan y Mendoza. Argentina es un área monetaria única usando el peso. Es decir, el área monetaria es todo el territorio nacional y es donde impera el uso del peso. Por simplicidad, la podemos llamar “área peso”. Tanto San Juan como Mendoza tienen permanentemente movimientos de entrada (superávit de balanza de pagos) y salida (déficits de balanza de pagos) de la “moneda común” que comparten (el peso). Nadie sabe cuánto es, ni nadie se preocupa ni a nadie le importa porque, afortunadamente, ni las provincias ni el gobierno llevan esa estadística de balanza de pagos interprovincial. Veamos ahora cómo se mueve el dinero.

Supongamos que hay un incremento de la producción en San Juan debido a, digamos, un aumento de la productividad en alguna rama de tecnología o por el descubrimiento de nuevos yacimientos de mineral valioso o porque sale beneficiada de un cambio en los gustos nacionales de turismo. Por otro lado, ocurre una caída de la producción en Mendoza por alguna contracción de la demanda de una mercancía importante que procesan. En esa situación, las exportaciones de Mendoza al resto del país tenderán a caer mientras las de San Juan aumentarán. Los habitantes de Mendoza estarán en la situación en que sienten que tienen menos pesos a medida que sus ingresos bajan. La demanda por producción mendocina ha caído, por lo tanto los ingresos allí se desploman y, consecuentemente, la gente demanda menos dinero para retener. Recuerden que cuando el ingreso de alguien cae, la persona tiende a demandar menos dinero. Es así como en el área de Mendoza cae la oferta monetaria. Mientras tanto, los agentes de San Juan ven como sus ingresos suben y tienen más dinero. 

El dinero es redistribuido desde Mendoza hacia San Juan, desde la zona donde la demanda por sus productos cae hacia el área cuya mercancía experimenta un incremento de demanda. La salida de dinero desde Mendoza es nada más que el acto voluntario de sus habitantes que demandan menos dinero al haberse reducido sus ingresos. Dentro del área peso, el mercado mantiene el balance dinerario entre las provincias a medida que crecen o decrecen.

Ahora bien, ¿Cuál es el “área oro” bajo Patrón Oro internacional? Simple, todo el mundo. Cada una de las naciones no es un área monetaria independiente, sino que constituyen un área monetaria mundial que emplea el oro como medio general de intercambio. De igual modo que las provincias argentinas no son un área monetaria independiente, sino parte de un área monetaria nacional que emplea el peso. En otras palabras, lo que funciona hoy y siempre ha funcionado entre provincias, estados y regiones bajo una misma moneda fiat dentro de cada país, también funciona entre países bajo una misma moneda mercancía homogénea internacional como el oro.

Si, por ejemplo, cae la demanda internacional de manufacturas textiles mientras aumenta la de trigo, entonces los ingresos en Gran Bretaña caen mientras dentro de Estados Unidos crecen. Al disminuir precios e ingresos manufactureros en el país europeo, su demanda de dinero también lo hace provocando un déficit de balanza de pagos y su correspondiente salida de oro. Lo contrario ocurre en USA donde el precio del trigo e ingresos de granjeros suben y, por ende, sus saldos de tesorería. El superávit externo y la entrada de oro hacen aumentar el stock de dinero norteamericano. Como podemos comprobar, el proceso es exactamente el mismo que el antes visto con provincias operando en la misma área monetaria fiat: una redistribución de dinero dentro de un sistema cerrado. Cualquier país bajo Patrón Oro (sin importar que tenga minas o no) puede asegurarse, vía la balanza de pagos temporalmente aumentando sus exportaciones y disminuyendo sus importaciones, la cantidad de oro que sus residentes necesiten por la razón que sea. Las transferencias netas de dinero de un país a otro, a largo plazo, solo ocurren como respuesta a cambios relativos en la demanda de dinero entre las dos naciones.

Así como son irrelevantes (no hay estadísticas, a nadie le importa ni preocupa) los resultados de la balanza de pagos interprovincial dentro del área peso en Argentina, también son irrelevantes los resultados de la balanza de pagos de cada país en el área oro. Tal y como lo leen: en un sistema de Patrón Oro internacional, en los países que operen con ese dinero mercancía los déficits y superávits de balanza de pagos son irrelevantes. De exactamente la misma manera en que son irrelevantes los déficits y superávits entre, digamos, New York y New Jersey en el área dólar (Estados Unidos) o entre Tokio y Saitama en el área yen (Japón), etc. 

Además, esa redistribución de un determinado stock de dinero en un área monetaria no implica inflación o deflación en ciertas zonas. Cierto es que luego del proceso hay más dinero fiat y precios e ingresos más elevados en San Juan mientras existe menos circulante y precios más bajos en Mendoza. Por ejemplo, en el inicio hay $100 de oferta monetaria fiat en Argentina, San Juan tiene $30 y Mendoza $70. Luego del cambio productivo, San Juan tiene $40 y Mendoza $60. ¿Ha habido inflación en San Juan y deflación en Mendoza? No. El dinero se ha redistribuido desde Mendoza hacia San Juan. Ese cambio relativo es simplemente el resultado del hecho de que la demanda de cierto producto ha caído en una determinada área (Mendoza) y, por tanto, los ingresos allí han bajado. Lo que trae como consecuencia que, como los ingresos son menores, la gente demande menos dinero. Concomitantemente la oferta monetaria en la zona mendocina cae. La salida de dinero de Mendoza es un acto voluntario de la población que cuenta con menor ingreso. Si en un hogar el ingreso con el que vive la familia es reducido a la mitad, ceteris paribus, ya no se guardará tanta tenencia de efectivo como antes del recorte. El dinero fluirá fuera de la casa (tendrá un déficit de balanza de pagos) por un tiempo hasta lograr tener las nuevas y menores tenencias de efectivo que sean subjetivamente óptimas en la actual situación de menor ingreso. Así ocurrirá con muchos hogares mendocinos.

Por otro lado, la mayor riqueza e ingresos de San Juan causan una mayor entrada de dinero (demandan más para sus aumentadas transacciones y dado sus ingresos más elevados). Solo habría inflación si la cantidad de pesos en toda el área peso subiera a más de $100 y deflación cuando baje a menos de $100. Inflación (o deflación) significa un incremento (o disminución) de la cantidad de dinero* en un sistema cerrado. El área cerrada bajo Patrón Oro puro es todo el mundo. La redistribución de dinero dentro de esa área no es inflación ni deflación. A medida que ciertas zonas del mundo se hacen ricas más rápido que otras partes, el dinero (oro) sale de las regiones con rezago hacia donde los ingresos están subiendo. 

Otra conclusión importante y que refuta una concepción muy popular es que la entrada de dinero en sí misma no hace rico a un área o a una nación, sino que es al revés. La entrada de dinero es el resultado de que la nación o el área es más rica, produce más. Dado que lo que produce San Juan se volvió más valioso, la consecuencia es que experimenta un aumento de ingresos monetarios, demanda más circulante y por ello ingresa más. 

En resumen, el mecanismo fundamental del Patrón Oro actúa incluso hoy en día en cada área monetaria del mundo. Prácticamente en todos los lugares del planeta, actualmente y a cada minuto opera el principio básico que operaría internacionalmente con Patrón mercancía. No existe, bajo Patrón Oro, ningún peligro de que una nación no disponga de dinero suficiente ni que esté condenada a ello por no tener minas. Decir que el funcionamiento de los flujos internacionales de dinero del Patrón Oro sería inviable en la actualidad es tan absurdo como negar la viabilidad de lo que funciona hoy cada minuto, cada hora, cada día, dentro de todos los países del mundo con moneda fiat propia y que no causa ningún problema.







*Estrictamente, es un incremento o disminución de sustitutos monetarios o medio de intercambio respecto al incremento o disminución neta de especie (metales preciosos, dinero mercancía) producida por el mercado. Cuando el sistema bancario de reserva fraccionaria expande y piramida una cantidad mayor de depósitos o notas de banco sobre el oro, eso sí es inflación. Y cuando la salida de oro del país o región contrae esos adicionales sustitutos monetarios sin respaldo (medios fiduciarios), eso sí es deflación. Con la intervención de la reserva fraccionaria el país no solo pierde, digamos, 1.000 onzas de oro, sino que además los bancos que son despojados del metal deben contraer los préstamos y dinero papel exacerbando la salida de oro. En síntesis, la entrada (salida) neta de oro a un país o región en sí misma no es inflación (deflación). Pero aumentar la cantidad de sustitutos monetarios por encima de la cantidad de metal que entró sí lo es. Es la reserva fraccionaria lo que causa la contracción adicional cuando el oro sale o la expansión extra cuando el metal entra. Esa inflación y deflación añadida no es culpa del Patrón Oro en sí, sino de la reserva fraccionaria.





Hayek, Friedrich von [Salerno, Joseph T. Ed.] (2008) Prices and production and other works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (1985), "Gold and the international monetary system: The contribution of Michel A. Heilperin". En Rockwell, Llewellyn H. Ed. (1992) The Gold Standard: Perspectives in the Austrian School. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

sábado, 23 de abril de 2016

La muerte de la hiperinflación argentina: el decreto 435/90


Ya vimos que el plan gradual inicial de Menem fracasó. En enero de 1990 nuevamente surgen tasas mensuales superiores a 50 % y, por ende, la hiperinflación no había muerto. Luego del hundimiento de su gradualismo en los primeros meses, la economía argentina nuevamente se movía hacia el abismo en el fin de 1989 y los dos primeros meses de 1990. Menem tuvo entonces que emplear el shock para, por fin, enfrentar la situación extrema.

"Pensamos hacer un plan gradual y nos salió de shock" dijo un integrante del equipo económico (de Pablo, 2005: 390). Un día domingo, el 4 de marzo de 1990, Menem y su ministro de economía Erman Gonzalez, lanzan la ofensiva antiinflacionaria definitiva: el decreto 435/90. Acá les paso solo 4 artículos del mismo:

Artículo 1° — El Banco Central de la República Argentina, no podrá directa ni indirectamente, financiar el déficit operativo del Tesoro Nacional a partir de la entrada en vigencia del presente Decreto.
Artículo 2° — El Banco Hipotecario Nacional cesará su operatoria minorista a partir del 5 de marzo de 1990. El Banco de la Nación Argentina se hará cargo de la cartera activa y pasiva del Banco Hipotecario Nacional.
Artículo 3° - Decláranse de plazo vencido a la fecha de vigencia del presente Decreto las deudas de todas las entidades financieras con el Banco Central de la República Argentina por préstamos y toda otra modalidad de asistencia financiera otorgada por éste a aquéllas…
Artículo 7° — El Banco Central de la República Argentina no podrá realizar operación alguna de redescuento ni toda otra que implique expansión monetaria directa ni indirecta sin autorización previa expresa del Ministro de Economía.

Estas medidas también se conocieron como el "plan Erman III". Es poco usual algo tan claro y tan directo desde el vamos como lo expresado en el Artículo 1°. De entrada se atacó la raíz del problema: la expansión monetaria para financiar el déficit del gobierno. No hay dudas de la naturaleza de "shock" del programa. Como consecuencia, la hiperinflación llegó a su fin inmediatamente luego de firmarse el decreto. En el siguiente gráfico se señala el mes en que se firmó el decreto 435/90, el mes en que implementó la ley de convertibilidad, se muestra la inflación mensual del IPC y además agrego la inflación mensual de los precios mayoristas (Indice de precios internos al por mayor o IPIM) para mayor rigurosidad:

Tasa de inflación mensual del IPC e IPIM
de Argentina, 1988-1991. Fuente: INDEC

Recuerden que la hiperinflación termina el mes previo a que la inflación mensual caiga debajo del 50 % y permanezca allí por un año. Por ende, la hiperinflación argentina acabó el mismo mes en que se firmó el decreto 435/90 y se decidió terminar con la expansión monetaria para financiar el déficit gubernamental (y del banco central). Un año luego de marzo de 1990, la inflación mensual se mantuvo todos los meses muy por debajo del 50 % mensual.  

Hay otra conclusión interesante y que va en contra de lo que la inmensa mayoría de la gente cree: en términos de la definición estricta de hiperinflación y en términos de las medidas concretas que lo lograron, la hiperinflación argentina terminó gracias al decreto 435/90 y no debido a la ley de convertibilidad. Para cuando la convertibilidad se impuso, en marzo de 1991, la hiperinflación ya había casi muerto (un año sin inflación mensual de 50 % partiendo del mes en el que bajó de ese porcentaje). No estoy diciendo para nada que la convertibilidad no ayudó a combatir la inflación, nadie serio diría eso. De hecho, observen como su introducción en marzo de 1991 ayudó a detener un rebrote inflacionario entre enero y febrero producto de la suba de las tasas de expansión monetaria mensual a fines de 1990 (ver los gráficos de abajo) y de la expansión monetaria de febrero causada por Cavallo al pagarle a los proveedores del Estado. Pero el "mérito" de acabar solo con la hiperinflación es más de Erman Gonzalez que de Domingo Cavallo, si se quiere saber qué ministro de economía lo logró. 

La inflación interanual también comprueba como la hiperinflación comienza la retirada inmediatamente luego del decreto:

Tasa de inflación anual del IPC e IPIM 
de Argentina, 1988-1991. Fuente: INDEC

¿Fue magia? ¿Acaso el Estado puede combatir una hiperinflación "por decreto"? Claro que no. Solo las acciones concretas y correctas logran resultado. Ese combate definitivo contra la hiperinflación se ganó porque se redujo considerablemente la cantidad de dinero que se emitía, como se ve a continuación:

Tasa de variación anual de agregados monetarios 
de Argentina, 1988-1991. Fuente: BCRA

Observen como luego del decreto 435/90 la tasa a la que crecen la oferta monetaria más restringida (base monetaria y circulación monetaria) y la oferta monetaria más amplia (M1, M2 y M3) cae brutalmente. Atención a esto: no es que se contrajo el stock de moneda. La cantidad de dinero seguía creciendo, pero la tasa (interanual) a la que lo hacía disminuyó considerablemente. También se comprueba si vemos la variación mensual:

Tasa de variación mensual de agregados monetarios 
de Argentina, 1988-1991. Fuente: BCRA

Luego del decreto por el que se deja de financiar al gobierno imprimiendo dinero, la tasa de variación mensual de todas las medidas elegidas de oferta monetaria se reducen considerablemente y lo hacen por varios meses. 

En meses posteriores al decreto 435/90 el sector público deja de ser un factor preponderante entre los que expanden la base monetaria, tal y como fue durante 1989.

Factores de expansión de la base monetaria
de Argentina, 1989-1990. Fuente: BCRA

Para entender el gráfico de arriba se debe tener en cuenta que la base monetaria tiene factores que la expanden (hacen que aumente) o la contraen (hacen que disminuya). Supongan que la base monetaria pasa de 100 en enero a ser 300 en febrero, por ende, la base varió en 200 de un mes para el otro. Supongamos además que hay solo dos factores y uno expandió la base en 300 (llevándola a estar en 400) mientras el otro factor la contrajo en -100 (llevándola a estar en 300). Los 200 que varió la base son el resultado neto de sumar 300 y restar 100 a los 100 de base inicial. Si dividimos los 300 del factor que expandió en los 200 que varió la base, nos da 150 %. Y si dividimos los -100 del factor que contrajo nuevamente en los 200 que varió la base, nos da -50 %. Esos porcentajes son los que aparecen en el gráfico.  

Adicionalmente, con el decreto 435/90 se realiza un importante ajuste fiscal.

Gastos totales, ingresos totales y resultado financiero del
Sector Público Argentino en porcentaje del PBI. Fuente: Ferreres (2010)

El gasto público total del Sector Público Argentino medido como porcentaje del PBI pasa del 38% en 1989 a 31 % en 1990. Gracias a todo eso, la economía por fin empezó a reaccionar:

PBI real trimestral, 1987-1991. Fuente: Martínez (1999

Observen que luego del primer trimestre de 1990 (que engloba enero, febrero y marzo, este último mes es cuando se firma el decreto 435), la economía comienza a salir de la recesión que venía desde el segundo trimestre de 1988.

No hay espacio en este post para analizar el déficit cuasifiscal del BCRA que también contribuyó a la expansión monetaria y, por ende, a la hiperinflación y que se combatió en parte con otra medida previa: el Plan bonex en enero de 1990. 

En conclusión, este caso histórico ilustra que la forma de resolver definitivamente el problema de la inflación y la hiperinflación (que no es otra cosa que una inflación severa) en Argentina, fue parar de emitir tanto. Ya sea para financiar al gobierno o para financiar la deuda del banco central, la excusa es irrelevante. El gradualismo no funcionó, fue un shock severo de medidas adecuadas lo que resolvió el problema.








de Pablo, Juan C. (2005) La Economía Argentina en la segunda mitad del siglo XX. Tomo II. Buenos Aires: Editorial La Ley. 

Ferreres, Orlando J. (2010) Dos Siglos de Economía Argentina 1810-2010. Edición Bicentenario. Buenos Aires: El Ateneo y Fundación Norte y Sur.

Martínez, Ricardo G. (1999) "Recopilación de series históricas del producto y del ingreso". LC/BUE/R.242. Buenos Aires: CEPAL.

jueves, 21 de abril de 2016

El fracaso gradualista de Menem


Carlos Menem asume la presidencia de Argentina en julio de 1989. Lo hizo varios meses antes de lo previsto debido a que una hiperinflación se había desatado, sumada a la recesión que venía desde hacía un año y a un caos social muy importante. Ello provocó que el presidente anterior, Raúl Alfonsín, renunciara.

Pero empecemos con lo básico: ¿Cómo medimos una hiperinflación?

Siguiendo la definición clásica de Cagan (1956), una hiperinflación comienza en el mes en que la suba de precios excede el 50 % respecto del mes anterior. Es decir, cuando la inflación mensual es de más de 50 %, ha iniciado la hiperinflación. Y termina el mes previo a que la suba mensual de precios caiga por debajo de 50 % y permanezca así por lo menos un año. Cuando hablamos de "los precios" la medida standard es el Indice de Precios al Consumidor (IPC). Veamos ahora la inflación mensual de Argentina entre 1988 y 1991:

Tasa de inflación mensual según IPC
de Argentina, 1988-1991. Fuente: INDEC
La línea roja en al gráfico delimita el 50 % mensual de inflación. Por encima de ella, estamos en hiper. Estrictamente hablando, la hiperinflación argentina comienza en mayo de 1989*. En ese mes la suba del IPC fue 78,5 % mayor que la del mes anterior. Para que nos demos una idea de cómo es la situación, los precios subieron más de 78 % solo de un mes para el otro. 

Sin embargo, eso fue solo el precalentamiento. Un mes más tarde, en junio, esos precios (que ya habían subido brutalmente de un mes a otro) volvieron a aumentar. Esta vez, un inconcebible 114,5 % únicamente entre mayo y junio. Pero todavía faltaba el plato principal.

En julio de 1989 los precios se incrementaron 196,6 % respecto al mes de junio. Y recuerden que en junio los precios ya habían subido inmensamente. Imaginen lo que es que, a partir de un nivel ya aumentó 114 % hace un mes, los precios suban ahora otro 197 % adicional. La hiperinflación argentina en ese momento está en su climax. Es entonces cuando el presidente Raúl Alfonsín renuncia y asume anticipadamente el recientemente electo Carlos Menem

Luego de la salida anticipada de Alfonsín y en medio de la hiperinflación, Menem inicia su gestión con el llamado “Plan Bunge y Born” o “Plan BB”. Iniciado por Miguel Roig, el plan continuó con Néstor Rapanelli porque Roig murió a los cinco días de asumir. Por supuesto, uno de los objetivos inmediatos del plan es un ataque contra la suba masiva de precios. Las medidas para ello fueron (de Pablo, 2005: 351-75):

(1) Controles directos de precios:
  • (a) Fijar el tipo de cambio: un día después de asumir Menem, el BCRA saca la comunicación 1.482 que dice que fijaría diariamente el tipo de cambio. Se devaluó y se fijó inicialmente un precio del dólar artificialmente depreciado a 655 australes (¡un valor nominal en ese momento incluso más elevado que el paralelo!) sin determinar ningún plazo. No pudieron defender demasiado ese valor de dólar, para diciembre el oficial ya estaba en 1.010 australes y el paralelo en 1.540, una brecha con el mismo nivel pre devaluación. Desdoblaron el mercado oficial cambiario, en uno el BCRA tenía un dólar fijado diariamente y en el otro era oferta y demanda.
  • (b) Aumentos salariales por decreto: se convocó por decreto de forma urgente a convenios colectivos de trabajo para fijar remuneraciones del tercer trimestre aclarando que si los precios subían más de 15 % podrían volver a convocar paritarias para el periodo siguiente. Se acordaron aumentos de entre 160 % y 191 %. Se saco otro decreto creando una asignación especial no remunerativa de 8 mil australes (12,3 dólares). Un posterior decreto aumentó los salarios del sector público un 175 %.
  • (c) Acuerdos y congelación de precios: un día después de asumir Menem, 9 de julio, Comercio Interior congeló los precios al 3 de julio. Además fijaba (arbitrariamente, claro) cual sería el criterio para modificarlos. El 17 de julio se firma un documento entre el gobierno y 185 empresas y corporaciones acordando fijar los precios y no modificarlos de ahí en más mientras el gobierno mantuviera el tipo de cambio y las tarifas en sus valores actuales y la tasa de interés en línea con esas variables. En septiembre de volvieron a congelar los precios y los alquileres.
  • (d) Aumentos de tarifas: el nivel general subió 688 % solo en julio, pero no fue una suba uniforme. Los combustibles aumentaron 584 % y la electricidad 1.081 %. Transportes y comunicaciones 805 % y las de industrias y servicios 1.690 %. Esto fue lo único del programa BB que fue menos gradual.
Tarifas públicas deflactadas por IPC, enero de 1989 = 100. Fuente: de Pablo (2005: 358)
Dado que julio es el pico de la hiperinflación, al deflactar con precios al consumidor los precios de los servicios públicos, los aumentos no son tan exorbitantes como se ven nominalmente. El nivel general subió casi 700 % nominal en un mes pero solo 159 % real (deflactado). Todos los demás meses de 1989, previos y posteriores a esa suba, los precios reales de las tarifas bajaron.

(2) Política fiscal:
  • (a) Ingresos: predeciblemente, la rapiña estatal se incrementó. Se creó la “contribución solidaria” con alícuotas de 0,5 % y 2 % según el nivel de ingresos obtenidos en 1988 para financiar un programa de asistencia social. Se estableció un “gravamen de emergencia” (por única vez) de 4 % de los activos financieros (depósitos en moneda nacional indexados, bonos externos, títulos públicos Letras ajustables del Tesoro, etc.) existentes al 9 de julio de 1989. Regímenes de facilidades de pago. Se estableció por tres años un impuesto de 1 % a los activos de las sociedades y personas físicas radicados dentro del país (los del exterior quedaron exentos), salvo Tierra del Fuego. Un impuesto de 0,3 % a los débitos en cuenta corriente. Un impuesto de entre 1 % y 2,5 % según modelo y origen (nacional o importado) al valor de autos, yates y aviones. Un impuesto de 30 % (por única vez y no deducible del impuesto a las ganancias) sobre las utilidades de entidades financieras determinadas por el incremento patrimonial entre el 30 de septiembre de 1988 y el mismo día de 1989. Un impuesto del 6 % del resultado neto de la empresa por los servicios prestados de entidades financieras. Y varios impuestos más (de Pablo, 2005: 359). Probablemente el factor más importante fue que la caída inicial de la inflación por el programa económico afectó favorablemente la recaudación real.
  • (b) Gastos: también de forma anticipable, los gastos no bajaron. Se otorgó una asignación especial para jubilados y pensionados (equivalentes a 8,5 dólares mensuales) entre julio y agosto. Crearon “Bonos nacionales solidarios de emergencia” por un equivalente de 60 millones de dólares, los cuales eran personales y únicos para personas que acreditaran estar en estado de necesidad alimentaria siendo otorgados quincenalmente para adquirir productos en comercios adheridos al programa de emergencia. Se creó un régimen jubilatorio y de pensiones especial para personal de buques incapacitos durante la guerra de Malvinas (82 % de la remuneración de activo). Una pensión mensual, inembargable y vitalicia (equivalente a la pensión mínima) para madres de 7 hijos o más (de Pablo, 2005: 359-60). 
Como consecuencia, no hubo un ajuste fiscal en 1989. Todo lo contrario, el gasto público subió considerablemente en ese año como se ve a continuación:

Gastos totales, ingresos totales y déficit fiscal
del Sector Público Argentino, como porcentaje 

del PBI. Fuente: Ferreres (2010)
La oferta monetaria siguió creciendo desmesuradamente. Solo entre julio y noviembre de 1989 la base monetaria aumentó 31,8 % mensual y 162,6 % deflactada por precios mayoristas, M1 creció 37,4 % mensual y 210,2 % en el periodo deflactada por precios mayoristas. El M2 aumentó 28,1 % mensual 134,6 % en el periodo, deflactada por precios mayoristas (de Pablo, 2005: 362).

En resumen: el "plan BB" se basó en acuerdos y controles de precios (las que se llaman "políticas de ingreso"), fijación arbitraria del tipo de cambio mientras se expandía la oferta monetaria, aumentos de salarios por decreto y evitar hacer un ajuste fiscal creando nuevos impuestos y aumentando el gasto.

Como suele ser usual en este tipo de planes graduales, al principio parecía funcionar. La tasa de inflación baja enormemente en agosto de 1989 y se mantuvo bajando hasta noviembre. Solo cuatro meses duró el aparente "éxito" del programa. La euforia del nuevo gobierno y un leve cambio de expectativas ayudaron. Pero dado que no se tomó ninguna medida que realmente resuelva el problema monetario, la inflación volvió a asomar su cabeza en con el aumento de noviembre y luego abruptamente en diciembre.

La brecha entre el dólar oficial y paralelo fue casi cero los primeros meses del plan BB hasta fines de septiembre. Desde entonces, aumentó de manera sistemática, oscilando entre 40 % y 60 % desde mitad de noviembre (de Pablo, 2005: 353). El aumento de la brecha revelaba que desde comienzos de octubre se puso en duda la efectividad del esquema antihiperinflacionario (de Pablo, 2005: 372).

Como se ve en el gráfico, la hiperinflación no fue derrotada con el plan BB y continuó con mucha fuerza. Es verdad que la inflación mensual cayó debajo del 50 %, pero no se mantuvo en ese nivel por un año. Por ende, la hiperinflación no había acabado, sino que continuaba. Con la inflación y devaluación de diciembre de 1989, la hiper mostró que solo había estado "durmiendo" unos meses para volver nuevamente. Y ni siquiera estamos tomando en cuenta que el plan tampoco ayudó a detener la recesión que venía desde el segundo trimestre de 1988. El fracaso fue total, en términos de inflación y actividad (las reformas estructurales del Estado que se comenzaron a hacer son otro tema a analizar luego). Con la hiperinflación todavía en pie, con un dólar fijado a un precio absurdamente bajo (por ende, con una devaluación inminente), con pocas miras de salir de la recesión y con la renuncia de Rapanelli el 18 de diciembre de 1989; terminó la etapa del gradualista plan BB.





* No es que antes de eso estaba "todo normal". En abril los precios al consumidor subieron más de 33 % solo ese mes y en marzo un 17 % con respecto a febrero. Había una inflación monumental previa, pero usando el criterio de ">50 %" la hiper empieza en mayo.




Cagan, Phillip D. (1956) "The Monetary Dynamics of Hyperinflation". En Friedman, Milton Ed. (1956) Studies in the Quantity Theory of Money. Chicago: University of Chicago Press.

de Pablo, Juan C. (2005) La Economía Argentina en la segunda mitad del siglo XX. Tomo II. Buenos Aires: Editorial La Ley. 

Ferreres, Orlando J. (2010) Dos Siglos de Economía Argentina 1810-2010. Edición Bicentenario. Buenos Aires: El Ateneo y Fundación Norte y Sur.