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jueves, 7 de julio de 2016

¿Qué es una recesión y una depresión económica?


Argentina está en una recesión que continua hasta el día de hoy de forma tal que aún no podemos estimar con precisión cuándo terminará. En esta entrada simplemente veremos qué es una recesión y también qué es una depresión.

Desde el punto de vista convencional, en Economía no hay una definición estricta y formal, universalmente usada, para una recesión. Lo cual ya les anticipa que vamos a dar un par de vueltas en este post. Las que se conocen suelen ser, en general, definiciones arbitrarias y sujetas a constantes críticas. Pero, aún así, se ha llegado a una cierta convención entre los expertos y economistas de usar determinados conceptos.

Una de las más usadas es la del National Bureau of Economic Research (NBER), una de las mayores ONG de investigación económica de Estados Unidos y que, entre otras cosas, informa sobre si el país está o no en recesión. Tienen hasta un comité de expertos para ello, ¿Adivinen como se llama? Sí, el Comité de Fechado de Ciclo Económico (Business Cycle Dating Committee).

Ellos antes definían recesión como una caída significativa de la actividad a lo largo de la economía que puede durar desde unos meses a más de un año. Esa era la definición general. Observen que no es demasiado precisa: ¿Cuánto es “significativa”? Si es, digamos, 5 % ¿Una caída de 4,98 % no es significativa? ¿Cómo medimos la “actividad”? ¿Usamos el PBI? ¿La industria manufacturera? ¿La ocupación? ¿A lo largo de qué y cuántos sectores nos referimos cuando se dice “a lo largo de la economía”? ¿Cuántos son “unos meses”? Dada esa vaguedad, tenemos alternativamente una definición técnica.

La definición técnica de recesión económica que se utiliza usualmente es la que también solía usar el NBER: dos o más trimestres consecutivos de caída (crecimiento negativo) del PBI real desestacionalizado (Knoop, 2004: 11-12). Se desprende, lógicamente, que una expansión económica significa dos o más trimestres consecutivos de crecimiento del PBI real desestacionalizado.

Observen que son trimestres porque el PBI se mide trimestralmente. ¿Pero por qué son dos? Perché mi piace, es decir, porque sí. No hay ninguna regla ni fórmula científica que lo diga. Pero se ve bastante razonable que medio año de caída signifique algo. Y se saca la estacionalidad para evitar que las variaciones estacionales nos engañen con caídas consecutivas que no son recesiones.

Posteriormente el NBER aclaró que desde hace unos años usan otra definición general de recesión: una caída significativa de la actividad económica a lo largo de la economía, que dure más de unos pocos meses, normalmente visible en el PBI real, el ingreso real, empleo, producción industrial y venta mayorista-minorista. Es decir, ahora no tienen una regla fija como lo de los dos trimestres de caída.

Más complicado aún es el tema de las depresiones. De hecho, no hay una definición formal de depresión. Las definiciones informales que existen (The Economist; Knoop, 2004: 14), establecen que hay una depresión cuando se produce:
  • (a) una caída de 10 % o más del PBI real 
o/y
  • (b) una recesión (caída del PBI real) que dura tres años o más.
En el punto (b) no es necesario que el PBI real caiga 10 %, solo basta que la recesión dure tres años o más. Es decir, que una recesión es un periodo donde el PBI real se contrae menos de un 10 %. Y una depresión es simplemente una recesión severa o muy duradera. Sin embargo, a pesar de ser diferentes, ambas definiciones tienen la misma fecha de inicio.

Estados Unidos durante la Gran Depresión en los 30s cumple los puntos (a) y (b) con creces. Pero veamos el caso argentino.


A fines de los 80s el PBI real cayó en 1988, en 1989 y en 1990. Es decir, tres años de recesión = depresión. Pero además, el PBI real en 1987-1990 se contrajo 10,37 %. O sea, más de 10 %.

Terminando los 90s se repite la historia. El PBI real se desplomó en 1999, en 2000, en 2001 y brutalmente en 2002. Cuatro años de recesión = depresión, con el agravante de que en 2002 la caía de más de 10 % por sí sola ya equivalía a una depresión. Prácticamente una depresión dentro de la depresión. Y por si fuera poco, la economía argentina se destruyó un 18,36 % en 1998-2002.

En ambas ocasiones se cumplieron en simultáneo los dos criterios de una depresión. El desastre fiscal y monetario del Estado se paga, Argentina sufrió dos depresiones en menos de 10 años. Un triste record.



Knoop, Todd A. (2004) Recessions and Depressions: Understanding Business Cycles. Westport, Conn.: Praeger. 2010.

domingo, 17 de enero de 2016

Otro fracaso de la izquierda Premio Nobel


Ya vimos como el economista Ludwig von Mises destrozó las falaces e ignorantes críticas sobre la Ciencia Económica por parte del sociólogo Gunnar Myrdal. Pues bien, los grotescos errores económicos de Myrdal no terminan en ese antecedente.

Antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial, varios economistas, muchos de ellos keynesianos, predijeron una alta probabilidad de un “Apocalipsis” de desempleo masivo y depresión económica en Estados Unidos una vez que el gasto público, la inflación y la regulación disminuyeran al concluir el conflicto. Para ellos, el pasar rápidamente de una economía de guerra comandada por el gobierno a una de mercado sería un desastre. Paul Samuelson, keynesiano y futuro Premio Nobel de Economía, fue uno de los más famosos de ellos (Henderson, 2010). Pero además de él, otro futuro Premio Nobel, el socialista sueco Gunnar Myrdal, se sumó al “Club del Cataclismo”. Myrdal decía en 1944 (Henderson, 2010):
La incertidumbre económica en Estados Unidos hoy se centra en qué le va a ocurrir a este auge económico cuando 1) la demanda del gobierno por materiales de guerra disminuya y gradualmente desaparezca, y 2) el control central sea reemplazado por la empresa libre.  
Excepto por la Alemania Nazi y la Rusia Comunista (es decir, por las economías centralmente planificadas), no tenemos ningún precedente histórico sobre la estabilización de un boom. En una sociedad capitalista desregulada, parece que un auge debe siempre terminar en crisis y depresión… ¿Cómo se puede evitar el caos una vez que la enorme presión inflacionaria y los controles equilibrantes son simultáneamente removidos?
Además de eso, Myrdal creía que el “mucho mayor optimismo” que vio en Estados Unidos en 1944 comparado con el de 1941-42 estaba injustificado. Según él, perderían el empleo luego de la guerra un mínimo de “9 millones de las fuerzas armadas, 4 millones de la industria, medio millón del sistema de transporte y 1 millón de la administración pública”. Para que la economía pudiera continuar en “pleno empleo”, según el sociólogo sueco, debería haber “un enorme aumento en los salarios para poder crear suficiente base de poder adquisitivo”. Sin eso, Myrdal predijo “un grado muy alto de malestar económico” y “una epidemia de violencia” (Henderson, 2010).

En una sola cosa no se equivocó: un número muy importante de empleos del Estado se perdieron. De hecho, el empleo en la industria (relacionada con la milicia) cayó en 10,2 millones en 1945-1947, más del doble de lo predicho por Myrdal (Henderson, 2010). Pero no equivocarse en eso, no es ningún mérito. Era una obviedad que mucho empleo relacionado con lo militar se perdería. Con lo cual, el único “acierto” en todo este asunto de Myrdal, no vale casi nada.

En todo lo demás, erró patéticamente. La desmovilización se realizó rápidamente, los empresarios en el sector privado, llenos del optimismo que Myrdal había considerado engañoso, emplearon a millones de soldados, marineros, etc. despedidos de las fuerzas armadas y las industrias militares (Henderson, 2010). El pleno empleo se mantuvo incluso solo a un año del despedido de millones de trabajadores del sector público y hasta que la desmovilización terminó.

Y todo ello ocurrió, según estimaciones, con una caída del salario real ajustado por productividad (ergo, una reducción del poder adquisitivo) y con una desregulación importantísima en muy poco tiempo. Myrdal claramente había caído en la falacia del poder adquisitivo.

Un ejemplo increíble de como la torpe y prejuiciosa visión de un progresista sobre la economía de mercado hizo que su análisis sea un fracaso ridículo. 

Samuelson (keynesiano) y Myrdal (socialista), dos Premios Nobel y dos fracasos que pasaron a la historia por haber puesto la ideología por delante del análisis económico serio. 



Henderson, David R. (2010) “The U.S. postwar miracle”. George Mason University: Mercatus Center. Working paper 10-67.

sábado, 25 de abril de 2015

La deshonestidad de la FED


Vía un posteo en Facebook de quien escribe en el recomendable blog Artir, me entero del siguiente post publicado por David Wheelock en el blog de la Reserva Federal de St. Louis. El mismo trata sobre como se comportó la economía norteamericana en la era previa a la Reserva Federal (que fue puesta a funcionar en 1914), es decir, durante el Patrón Oro (estrictamente: 1879-1914). Los indicadores que usa son: 1) el stock total de oro (en términos monetarios) en USA y 2) un índice del nivel general de precios (con estimaciones que van desde 1860 hasta 1939).

Lo interesante se encuentra al final, cuando muestra un gráfico con la variación anual del nivel general de precios (la tasa de inflación). Ello le permite observar la volatilidad del nivel de precios durante el Patrón Oro. Su conclusión para defender la existencia del Banco Central americano, como veremos, es bastante cuestionable (traducción mía):
Podemos ver que la tasa de inflación fluctuó ampliamente en este periodo, desde alrededor de -10 % en algunos años hasta aproximadamente 10 % en otros. La mayor parte del tiempo, la tasa promedio de inflación fue baja (cercana a cero), pero las fluctuaciones anuales en la misma fueron amplias. Mucho más de lo que han sido en Estados Unidos en años recientes… [M]ás allá de la volatilidad en la tasa de inflación, la era pre-FED estuvo marcada por varias recesiones, así como pánicos bancarios serios y otras crisis financieras. Por lo tanto, la evidencia histórica indica que ni el Patrón Oro ni la ausencia de Banco Central garantizan la estabilidad económica o financiera.
Hay varios errores en esto, veamos:

- En primer lugar, nunca hay que olvidar lo obvio: durante la gestión de la FED (1914-hoy), ocurrieron una cantidad de crisis que no se vieron bajo Patrón Oro. A saber: 1) la inflación más alta del siglo XX en USA post-Primera Guerra mundial, 2) la recesión 1920-21, 3) la Gran Depresión, 4) La "recesión dentro de la depresión" de 1937-38, 5) la Gran Inflación y la recesión de 1974-75 (Estanflación), 6) la recesión de 1981-82 (la peor de post-guerra), 7) la crisis punto com de 2001 (ni siquiera estoy tomando en cuenta la importante recesión de 1991) y ni hablar de 8) la reciente Gran Recesión junto con el Gran Estancamiento. 

Mientras que la gestión de la FED está repleta de negativos "Gran", durante el Patrón Oro no los hubo. La supuesta "Depresión Larga" de 1873-1896 e incluso la creencia de que hubo una "Gran Depresión" durante 1873-79, han demostrado ser históricamente infundadas (ni siquiera los años datados son verdad. La misma duró 1873-75).

- ¿Qué ocurre cuándo somos realmente honestos para comparar y ponemos juntas la inflación anual durante los 34 años que duró el Patrón Oro (1879-1913) contra la misma cantidad de tiempo posterior a la imposición de la FED (1914-1948)? Que la volatilidad pre y post-FED fué muy diferente.

Volatilidad de la inflación durante el
Patrón Oro (1879-1913) y la FED (1914-1948)
En el gráfico se observa la tasa de inflación anual durante los 420 meses del Patrón Oro y la de los 420 meses desde 1914, cuando entró en funcionamiento la FED. Está graficada la variación anual del índice de nivel general de precios desde 1879 hasta 1913 (línea azul). La línea roja punteada representa el mismo índice pero para el periodo 1914-1939 [hay un error de tipeo en el gráfico], que es el máximo hasta donde llega. Para completar el lapso de tiempo, usé el IPC norteamericano (línea verde) como proxy del nivel general de precios. Su variación anual se ajusta bastante bien al comportamiento del otro índice. Las barras naranjas indican las recesiones durante la era de la FED para el periodo 1914-1948. Observen que, comparando el mismo lapso de tiempo (34 años desde el inicio), la volatilidad del nivel de precios fue mayor luego de que la FED entró en funcionamiento que antes con el Patrón Oro.

¿Por qué David Wheelock no muestra la gráfica completa para que sus lectores comparen fácilmente la volatilidad pre y post-FED?

- De hecho, en un ulterior ejercicio de honestidad, podemos reescribir sus propias palabras para describir el periodo post-FED y veremos que la situación empeora para el Banco Central (los valores en corchetes, son los originales del post referidos al Patrón Oro): 
Podemos ver que la tasa de inflación fluctuó ampliamente en este periodo, desde alrededor de -15 % [-10 %] en algunos años hasta aproximadamente 25 % [10 %] en otros. La mayor parte del tiempo, al tasa promedio de inflación fue baja (cercana a tres [cero] por ciento), pero las fluctuaciones anuales en la misma fueron amplias.
- Ahora bien, ante esta evidente realidad, cualquier defensor de la Reserva Federal siempre tiene un as bajo la manga: la carta de la "Gran Moderación". El argumento es más o menos así: es injusto tomar las primeras décadas de la FED, porque era todavía "muy joven e inexperta" (por decirlo de alguna manera). El Banco Central americano fue "aprendiendo" continuamente de sus errores y, varios decenios después, culminó en el "exitoso" periodo conocido como "Gran Moderación" (tasas de crecimiento positivas, bajo desempleo con inflación relativamente baja y estable). Esto, sin embargo, tampoco funciona. 

Primero, quien use ese argumento deberá ser lo suficientemente honesto para aplicar ese "criterio de aprendizaje" también a la era del Patrón Oro y las crisis durante el mismo. Tomando en cuenta cómo, por ejemplo, la crisis de 1907 se debió a la interferencia y privilegios del gobierno; no al Patrón Oro en sí. Segundo, las políticas implementadas durante la Gran Moderación provocaron un auge insostenible que terminó en, entre otras, la Gran Recesión actual. Por ende, las fluctuaciones económicas importantes y de precios no se eliminaron. Además, en tercer lugar, que la inflación no se refleje en el IPC o lo haga en menor medida, no implica que la misma ya no sea un problema o que se haya solucionado. Durante la Gran Moderación, la inflación "cambió de índice". Moviéndose a los precios de otros activos, las materias primas, a los de las casas, e incluso en la bolsa con las dos burbujas más grandes formadas en ese periodo. De hecho, y en cuarto lugar, ni siquiera estamos seguros de que la Gran Moderación haya sido, en gran medida, debido a las políticas de la FED. Muy probablemente intervinieron otros factores, como la suerte, fuera de la supuestamente "sabia" política monetaria del Banco Central.

- Pero alguien podría decirme: "No es justa tu comparación. El creador del post habla de la inflación del Patrón Oro con respecto a la de los 'años recientes'. No con la era en que inicia la FED". 

Como el autor no aclara lo suficiente el "en años recientes" (in recent years), debemos presumir que puede estarse refiriendo a: a) los años posteriores a las crisis de 2007/2008 o b) la llamada "Gran Moderación". Si se refiere al periodo post-2008, entonces ni han pasado demasiados años como para tener margen de equiparar, ni la situación económica es demasiado buena a pesar de la inflación baja (descontando que la FED hizo todo cuanto pudo para mantenerla más alta de lo que hubiera sido). Es más, las políticas de tasa de interés cero de la FED post-2008 son precisamente las que retrasan y dificultan la recuperación.

- En cuanto a las recesiones pre-FED, es un absurdo usar eso como argumento contra el Patrón Oro cuando solo con ver las barras naranjas del gráfico de arriba se puede constatar que las más graves recesiones, principalmente la Gran Depresión, ocurrieron con la Reserva Federal al mando. Nadie niega, por supuesto, que durante 1879-1913 ocurrieron contracciones económicas. Pero usar esos hechos contra el Patrón Oro cuando la FED tiene las peores en su haber; es, además de deshonesto, ridículo.

- Por último, está de más recordar al lector que muchos de los peores pánicos bancarios consecutivos, tanto los más tibios de 1930 y mitad de 1931 como los más importantes de fines de 1931 hasta 1933, ocurrieron bajo la gestión de la FED y debido a que sus acciones. Fue gracias a esa experiencia traumática, que la palabra "pánico bancario" causa estupor a todo el mundo. El autor apela a eso sin mencionar que los pánicos bancarios anteriores a la Reserva Federal, e incluso al Patrón Oro clásico (1879-1913), no causaban recesiones severas. Por ejemplo, entre 1839 y 1843 en USA ocurrió una crisis (previo pánico de 1937) que contrajo la oferta monetaria 34 % (un tercio de la misma, igual que en la Gran Depresión), casi un cuarto de los bancos del país colapsaron, los precios mayoristas cayeron 42 % y la inversión real un 23 %. Aun así, o más bien debido a ello, el PBN y consumo reales crecieron 16 % y 21 % en el periodo.

Decir que la evidencia histórica prueba que ni la ausencia de Banco Central ni el Patrón Oro garantizan estabilidad económica, sin aclarar nunca que la presencia de la institución bancaria central ha demostrado ser muchos más desestabilizadora; es un ejercicio de deshonestidad intelectual asombroso. Peor todavía viniendo de alguien con un Ph.D.

martes, 24 de marzo de 2015

Construyendo la oferta monetaria de Rothbard en los 20s y 30s


En su exhaustivo y excelente análisis de la Gran Depresión, el economista de la Escuela Austriaca Murray Rothbard (1963) busca aplicar la Teoría Austriaca del Ciclo Económico para comprender el origen del suceso económico más catastrófico del siglo XX en Estados Unidos. Para lograrlo, realiza uno de los primeros intentos (Rothbard, 1963: 87-95) de construir lo que hoy conocemos como la "Verdadera Oferta Monetaria" (True Money Supply) u "Oferta Monetaria Austriaca" (Austrian Money Supply). Luego de eso, la misma es perfeccionada en Rothbard (1978; 1983: 252-61) y, con algunas diferencias, por Joseph Salerno (1987; 2010: 115-30) y Frank Shostak (2000). Michael Pollaro hace un buen resumen acá y también Mike "Mish" Shedlock acá.

En este post solo quiero dejar claro de dónde sacar los datos para armar la misma oferta monetaria de su libro de 1963 y, además, ver cómo se comporta durante los dos periodos clave de la Gran Depresión: el auge artificial de los años 20s y el cataclismo de 1930-1933. Por ello, no entraré en la definición o discusión sobre lo que se incluye en la misma. Ello quedará para otro post.

A continuación está un cuadro con la oferta monetaria de Rothbard realizado por mi, que es el equivalente al que se encuentra en Rothbard (1963: 92):

Oferta monetaria austriaca, 1921-1935. Click para agrandar
Los valores de las columnas (1), (2), (3) y (4) se encuentran en Board of Governors (1943: 34). Y la columna (5) es simplemente la suma de las cuatro.

La columna (6) de acciones de las asociaciones de ahorro y préstamos las conseguí de dos fuentes: para los datos de junio de cada año use Bureau of the Census (1975: 992) y para diciembre Friedman y Schwartz (1970: 18-28). Rothbard solo tenía disponibles los datos de diciembre de cada año, por lo que hace una interpolación lineal para el mes de junio (Rothbard, 1963: 93, nota de pie de página). Por ambas vías obtenemos los mismos resultados.

No pude obtener los datos exactos para la columna (7) de reservas netas de las compañías de seguros de vida. Rothbard los consigue del Insurance Year Book de Spectator. Pero lo que encontré disponible en internet en Archive.org solo está disponible para años previos a los que necesitamos. Aun así, y luego de una búsqueda larga en Google, descubrí valores muy similares (aunque no iguales) en Bureau of Foreign and Domestic Commerce and United States. Bureau of the Census (1949: 444). Los datos son los del 31 de diciembre de cada año desde 1920. Para conseguir los de junio, hice una interpolación lineal con la misma formula que usa Rothbard.

Finalmente, la columna (8) es la suma de la (5), (6) y (7). Con eso obtenemos la Oferta Monetaria Total para Estados Unidos y que se grafica a continuación desde 1921 hasta 1935:


Observen como se produce una tremenda expansión crediticia durante los años 20s. La cual detiene su ritmo de crecimiento desde 1928 y se contrae brutalmente desde 1931. 


Ahora veamos la oferta monetaria austriaca con junio de 1921 = 100 hasta junio de 1929. Claramente se observa como crece un muy importante 62 % desde 1921 hasta 1929. Las demás mediciones alternativas también crecen enormemente en el periodo.


Finalmente, con junio de 1929 = 100, es claro como se produjo una contracción monetaria considerable desde la segunda mitad de 1931 hasta 1933. La cual no fue causada deliberadamente por la Reserva Federal

Noten, además, que la Oferta Monetaria Total crece un poco durante 1930. Momentos en los cuales el cataclismo de la Gran Depresión ya estaba en marcha. Queda claro que el relato monetarista culpando a la contracción monetaria por la profundidad de la Gran Depresión se queda, como mínimo, corto. Muy lejos de ello, la absurda intervención estatal en los salarios y precios es la verdadera culpable del desastre.





Board of Governors of the Federal Reserve System (U.S.) (1943), Banking and Monetary Statistics, 1914-1941. Washington, D.C.

Friedman, Milton y Schwartz, Anna J. (1970) Monetary Statistics of the United States: Estimates, Sources, Methods. New York: National Bureau of Economic Research.

Rothbard, Murray N. (1963) America's Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000.

Rothbard, Murray N. (1978) "Austrian Definitions of the Supply of Money". En Spadaro, Louis M. Ed. (1978) New Directions in Austrian Economics. Kansas City: Sheed Andrews and McMeel.

Rothbard, Murray N. (1983) The Mystery of Banking. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2008.

Salerno, Joseph T. (1987) "The 'True' Money Supply: A Measure of the Supply of the Medium of Exchange in the U.S. Economy". Austrian Economics Newsletter 6. 1-6.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Shostak, Frank (2000), "The Mystery of the Money Supply Definition". Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 3, No.4, 69-76.

United States. Bureau of the Census (1975), Historical Statistics of the United States: Colonial Times to 1970. Part 2. Washington, D.C.

United States. Bureau of Foreign and Domestic Commerce and United States. Bureau of the Census. (1949) Statistical Abstract of the United States: 1949. Washington, D.C.

miércoles, 2 de abril de 2014

El Mito de que Bajar Salarios Agrava la Crisis


Esta falacia, es una de las más repetidas en todos lados. En sus muchas formas, dice básicamente que si el mercado provoca una baja de (la tasa de) salarios, ello no podrá reducir el desempleo ni reactivar la economía. Pues destruirá el poder adquisitivo de los trabajadores dejando sin demanda a las industrias, deteniendo el incentivo a invertir, afectando al consumo y por ende a los que dan empleo. Metiendo a la economía en una caída imparable. Hasta organismos internacionales conocidos como la OIT (financiada con impuestos a los trabajadores, claro) se ven en la necesidad de repetir esta falacia.

Aun cuando el caso histórico de la recesión de 1920-22 demostró que ante una caída drástica de precios, los salarios cayeron (Gallaway y Vedder, 1987) lo necesario y permitieron que, a diferencia de los 30s, el empleo se restaure y que la economía se empiece a recuperar en solo 9 meses sin ninguna crisis de confianza; les mostraré 10 razones por las cuales es falso que una baja de salarios, provocada por el mercado no intervenido, agravaría una crisis y el desempleo en lugar de mitigarlos. 

1) Alcance limitado y arbitrario: La argumentación, en primer lugar, no puede ser llevada a sus últimas consecuencias, tiene un alcance limitado fijado arbitrariamente. Algunos dicen que en una recesión hay que mantener (no dejar caer) los salarios aun si los demás precios caen. El problema es que de esta manera es cierto que los salarios nominales se mantienen, pero los salarios reales crecen. Si esta suba o mantenimiento del "poder de compra" ayuda a mantener el empleo, ¿Por qué no pedir un drástico aumento de los salarios monetarios? ¿Por qué no se pide un salario mínimo 10, 100 o 1000 veces superior al actual? Esta muy, pero muy claro que nadie pediría tal cosa pues eso, lejos de mantener o aumentar el empleo, paralizaría gran parte de la industria y provocaría un desempleo atroz (Rothbard, 1963: 45). El argumento no puede ser llevado a sus últimas conclusiones lógicas y debe ser detenido en un arbitrario y poco científico punto que cambiará dependiendo a quien se le pregunte. Pero hay más arbitrariedad. Dicen que no podemos bajar salarios porque ese es el ingreso de los trabajadores, y si lo bajamos no solo somos "malvados seres despreciables", sino que además estamos reduciendo su "poder de compra" deshaciendo la justificación para más inversión metiendo a la economía en una espiral descendente. El problema con ese argumento es que, lo que tiene de cierto, es perfectamente aplicable a absolutamente todos los demás precios y costos. El costo monetario de todos es el ingreso de alguien más. El precio del acero es el costo del fabricante de autos, pero también (multiplicándolo por el tonelaje) es el ingreso del productor de acero. El precio de la harina es el costo del panadero, pero (multiplicándolo por el tonelaje o kilos) es el ingreso del harinero. Vemos que solo eligiendo arbitrariamente a un grupo particular, los trabajadores, este argumento parece funcionar. Pero no hay absolutamente ninguna razón para no haber elegido a cualquier otro grupo particular (harineros o productores de acero), su poder adquisitivo se reduce al bajar sus precios de exactamente la misma manera en que se reduce el de los trabajadores al reducir su precio (salario) (Hazlitt, 1959: 269). No hay nada científico en este argumento, solo la elección arbitraria de algunos autores que no tiene más validez que la elección arbitraria de otros. 

2) Confusión entre tasa de salario e ingreso total por salario: Pero además se confunde dos cosas muy importantes: Tasa de salario con ingreso total por salarios (Hutt, 1954; Hazlitt, 1959: 267-69; Rothbard, 1963: 45-6; Friedman, 1966). El hecho que la tasa de salario caiga, no significa necesariamente que el ingreso total caiga. Todo dependerá de la sensibilidad ("elasticidad") de "La" demanda de trabajo. Si la tasa salario cae en un cierto porcentaje y la cantidad de trabajadores empleados aumenta en un porcentaje mayor (demanda "elástica"), entonces el ingreso total aumentará y viceversa. Supongamos un salario de $10 al cual se emplean 50 personas, el ingreso total es $500 ($10 multiplicado por 50 personas). Ahora supongamos que el salario baja a $9 (el salario bajó un 10%) y que ello hace que ahora se contraten 60 personas (la cantidad de contratados subió un 20%). Entonces el ingreso total aumentará de $500 a $540 ($9 multiplicado por 60) porque la demanda es "elástica": Una baja de 10% de salario, provocó un aumento de mayor porcentaje (20%) de cantidad de empleados. Pero cambiemos un poco la situación. Si al caer el salario de $10 a $9 (baja 10%) la cantidad de empleados sube de 50 hasta 52 (aumentó solo 4%), entonces el ingreso total caerá de $500 a $468, es decir una demanda "inelástica" (una baja de 10% de salario provocó un aumento de menor porcentaje: 4% de cantidad de empleados). En absoluto se puede argumentar que una baja de salarios necesariamente disminuirá el ingreso total. Si el precio del acero, de la harina o los salarios están muy elevados en relación con otros precios o en relación con la oferta y la demanda, un aumento de los mismos salarios o precios no podrá llevar a un aumento del ingreso total de los trabajadores, de los productores de acero o de los harineros. Sino más bien lo reducirá vía desempleo o baja de ventas (Hazlitt, 1959: 269).  De hecho en un mercado no intervenido por el Estado ni por sindicatos privilegiados, los salarios que tengan que caer, caerán hasta un nivel que absorba a todos los desempleados (involuntarios) (Rothbard, 1963: 46). Por lo tanto es evidente que el caso de la demanda "elástica" de empleo será la regla. No hay ninguna razón para asumir que el ingreso total por salarios disminuiría. 

3) Confusión entre gasto total y consumo: Aun asumiendo que olvidamos la ridiculez del punto 1) y que en el 2) se cumple que la demanda de trabajo es inelástica; el argumento no funciona. Pues confunde consumo con gasto total de la economía. Una caída de tasas de salarios y una caída de ingreso total por salarios no disminuye necesariamente el gasto total de la economía. Las empresas, al gastar menos en factor trabajo, tendrán más fondos disponibles para comprar bienes de capital (Simpson, 2010). La baja de salarios implica una baja de costos y ello hace que muchos proyectos de inversión que antes no se emprendían, porque los salarios no permitían un margen de rentabilidad deseado, ahora sean rentables. Con la baja de salarios habrá menos gasto en consumo pero también habrá más gasto productivo, la economía se volverá más orientada a la producción y menos orientada al consumo.  Habrá un cambio de composición del gasto, pero no una caída del nivel de gasto. 

4) El error de enfocarse solo en el consumo: Pero aun el punto 3), que de por sí terminaría de refutar el mito analizado, se queda corto pues supone que el gasto de las empresas es similar al consumo. Sin embargo esto no es así. El gasto en consumo es mucho menor de lo que se cree. Los defensores de mantener los salarios por encima de lo que el mercado determinaría no solo confunden consumo y gasto total, sino que, a veces, solo se enfocan en el consumo. Supongamos que el consumo cae porque la demanda de trabajo es inelástica y ello provoca una caída de ingresos totales por salarios, ¿Es eso un problema? ¿La economía e ingreso total caerán? Claro que no. ¿Por qué? Porque el gasto en consumo, correctamente medido como lo hace Skousen (2010), representa apenas el 30% del gasto total en bienes y servicios de la economía. Las cifras comunes de PBI solo tienen en cuenta el valor del gasto en los bienes y servicios finales en un período, el consumo está muy exagerado, no toman en cuenta el enorme gasto en las etapas intermedias (60% de la economía). Es decir que el PBI no mide el gasto de todos los bienes y servicios de la economía, solo mide el gasto en los bienes finales. Sin entrar a ver si es un error incluir o no el gasto en etapas intermedias en el PBI ("doble contabilización"), el hecho indudable es que es gasto. Y es tan válido como el gasto en bienes de consumo, valga la redundancia. Si el consumo (30% de la economía) cae como consecuencia de que la baja de salarios disminuyó el ingreso total de los asalariados, hay otra parte (el gasto de las empresas) muchísimo mayor (60%) de la economía cuyo gasto puede aumentar para compensar esa caída. Cualquier porcentaje de caída de consumo requerirá un porcentaje mucho de menor de aumento de gasto de las empresas para compensar. Por lo tanto se confirma que si caen las tasas de salarios, el ingreso total por salarios y el consumo y, como consecuencia de ello, las empresas tienen más fondos disponibles para comprar bienes de capital; simplemente ocurrirá un cambio de proporción de gasto: Se gastará más en bienes de capital y menos en consumo. Es un cambio relativo de gasto (más en bienes de capital, menos en consumo), pero el nivel o gasto total no tiene por qué disminuir por la baja de salarios y costos (Simpson, 2010). 

5) Aumento del decaído ímpetu para invertir: En el medio de una recesión o depresión, la baja de salarios hará que las empresas gasten más. Una de las principales razones por las que los empresarios no invierten en una recesión es porque esperan que los costos caigan relativamente a los ingresos que esperan recibir. La baja de salarios induce el ímpetu necesario para que los empresarios vuelvan a gastar. Por lo tanto la salida de la depresión es ayudada por la baja de salarios porque produce a) baja de costos y b) induce a aumentar el gasto de las empresas. Cuando los salarios bajan hasta su nuevo nivel de "equilibrio" (que corresponde a la menor cantidad de dinero y mayor demanda del mismo que ocurren como resultado de la expansión inflacionaria anterior), inversiones previas que no eran rentables y esperaban la necesaria baja de salarios y costos, son llevadas a cabo. Los activos adquiridos a costos artificialmente altos durante el boom pueden, gracias a la baja de salarios, usarse ahora y ser competitivos con las actuales inversiones de bajo costo (Reisman, 1996: 884). Y como consecuencia del empuje al gasto empresario provocado por la baja de salarios, los ingresos totales por salario también aumentarán. Como la baja de salarios hace que bajen los costos y además las empresas gasten más, al contratarse cada vez más empleados el ingreso total por salarios crecerá (recordar que hay razones para pensar que, cuando hay desempleo, la contratación de personal será más que proporcional a la caída de salarios). 

6) Los beneficios no caerán: El mejoramiento de la rentabilidad de los negocios será mayor mientras menor sea la porción de gasto productivo en salarios, es decir que la rentabilidad crecerá mientras menor sea el gasto total en salarios. La razón es que los salarios aparecen muy rápido como costos que se deducen de los ingresos por ventas, mientras que los mismos en las maquinarias no lo hacen tan rápidamente. Es decir, cuando tenemos una empresa que no tiene bienes de capital duradero (a más de un año por ejemplo) los beneficios netos a fin de año son simplemente: ingresos menos gastos. Como explica Rallo, cuando la empresa compra bienes de capital que duran más de un año, supongamos que dura 5 años, ese costo de ese bien de capital la empresa lo podría afrontar en el primer año. Pero como la empresa lo usará por 5 años, lo más lógico es repartir ese costo entre 5 ejercicios (de un año). De ahí viene la amortización.  El gasto en bienes de capital durable no se debe reponer en cada periodo (mientras que ese mismo gasto en salarios sí), sino solo una parte en cada uno durante su vida útil. Si se gasta $1 millón en planta y equipamiento duradero en lugar de gastarlo en salarios, los beneficios aumentarían mucho. Esto se debe a que las ventas totales de todos los negocios permanecerían iguales (la demanda de bienes de capital aumentaría por $1 millón mientras que la demanda por bienes de consumo de los asalariados caería en esa cantidad), pero como el costo de amortización (depreciación) es un porcentaje del millón gastado en comparación a si ese millón se hubiera gastado en salarios, los beneficios en la economía tenderán a crecer. Por lo tanto aun si no creciera el ingreso total en salarios y el gasto en consumo, los beneficios de los negocios crecerían. Las menores ventas de los vendedores de bienes de consumo serían compensadas con las mayores ventas de los bienes de capital (las ventas totales permanecerían igual) mientras los costos deducidos de los ingresos por ventas caerán, por lo que los beneficios totales crecerán (Reisman, 1996: 883-84). 

7) La Falacia de quitar el contexto: Pero supongamos que ignoramos el hecho que los beneficios no caen (punto 6)) y compramos el argumento de los anti-mercado laboral libre. Toda esta rebaja de salarios y costos, y mayor gasto en inversión, ¿No llevaría a una baja de la "eficacia marginal del capital" debida a los menores precios de los bienes de consumo que se ofrecen en mayor cantidad, los mayores costos por demandar más bienes de capital y la ley de los rendimientos decrecientes? El contexto que estamos discutiendo es: ¿Puede una baja de tasas de salarios y precios lograr alcanzar el "pleno empleo" (que todos los que desean trabajar encuentren trabajo) o no? Este contexto implica lógicamente menores costos unitarios de producción, esto es evidente pues eso es precisamente lo que logran las rebajas de salarios ya sea directamente y/o a través de menores precios de los materiales, maquinarias y bienes de capital. Caída precios y costos significa baja de precios de lo que los empresarios producen (incluidos los bienes de capital), los empresarios pueden invertir en más bienes de capital porque los precios son menores y sus costos también. Ello provoca un movimiento a lo largo de la curva de demanda de los bienes de capital, la cantidad demandada de bienes de capital aumenta. Los keynesianos en general confunden este movimiento a lo largo de la curva de demanda con un movimiento de la demanda, es decir, confunden un cambio en la cantidad demandada con un cambio de la demanda entera. Una mayor demanda de bienes de capital sí llevaría a mayores precios (la demanda de bienes de capital se traslada a la derecha), pero lo que ocurre en el contexto analizado es que menores salarios llevan a menores costos unitarios y precios de los bienes de capital y de esa manera a mayor cantidad demandada (movimiento a lo largo de la curva de demanda). Es decir que el discutir una mayor demanda de bienes de capital que llevaría a mayores precios es contradictorio con y evade el contexto que estamos discutiendo: Una baja de salarios y precios que aumenta la cantidad demandada de bienes de capital. Los empresarios pueden aguantar recibir menores precios por su producción aumentada con los adicionales bienes de capital debido a los menores costos (salarios y precios de los bienes de capital más bajos), y de hecho esos menores precios para los productos son consecuencia de la baja de costos y mayor oferta. Con lo cual las ganancias no caerán ni desaparecerán. Todo ello es un aumento de la oferta (la curva de oferta se mueve a la derecha), no un cambio de la demanda (ya sea de los bienes de capital o de los bienes en general). Recuerden que el contexto que es analizado acá es: baja de salarios y precios. Ello inevitablemente lleva a una baja de precios de los bienes, incluidos los bienes de capital. En lugar de eso, los keynesianos hablan de un aumento de la demanda de bienes de capital, que es un contexto diferente y contradictorio al que está siendo analizado. Porque un aumento de la demanda de bienes de capital implica un contexto opuesto (suba de precios de bienes de capital que es posible cuando los costos están constantes o subiendo, pero no bajando) al estudiado cuando analizamos si una rebaja de salarios funciona o no (Reisman, 1996: 879-81). 

8) Los salarios bajan aun si caen los precios: Una objeción posible a todo esto es la que popularizo Keynes. Aun si asumiéramos que los trabajadores desempleados están dispuestos a trabajar por un salario (nominal) menor y que los ya empleados también aceptan la rebaja a riesgo de quedar sin empleo, al reducirse los costos (salarios) los empresarios trasladarían esas rebajas a los precios, los cuales bajarían. Si los salarios nominales bajan un 10 %, entonces con esa rebaja de costos los precios caerían 10 %. Por lo tanto todo el aumento de beneficios por la rebaja de salarios los empresarios la perderían en el menor ingreso por ventas debido a que bajaron los precios de los bienes. Asi que los salarios reales (los salarios bajaron 10 % y los precios 10 %) seguirían altos y los trabajadores desempleados. Como demuestra Murphy (2011), este análisis tiene serios problemas: a) Los salarios son gran parte del gasto e ingreso, pero no lo son todo. En Estados Unidos los salarios como porcentaje del ingreso nacional ha variado entre el 60 % y el 52 % desde la Segunda Guerra Mundial. Siguiendo con el ejemplo, significa que si los salarios nominales caen un 10%, los precios bajarán solo un 5 o 6 %. Por lo tanto los salarios reales caerían y el empleo se restauraría pues se contratarían más trabajadores. b) Pero ¿Cuál es el mecanismo por el cual la baja de costos lleva a una baja de precios de los bienes? Supongamos que, por el desempleo masivo, los salarios bajan. Sin bajar los precios, los empresarios están obteniendo más beneficios, entonces ¿Qué los induciría a disminuirlos? El incentivo obvio es que desean capturar una mayor parte del mercado. Quieren vender más cantidad de bienes, ampliar sus clientes para ganar más. Sin embargo no pueden producir más sin antes contratar a más trabajadores, no pueden aumentar la producción con la fuerza laboral antigua. Deben necesariamente contratar más empleados para tener más producción. Luego de bajar el precio, el empresario tendrá menos beneficio por unidad, pero mayor beneficio total (al vender más cantidad). Otras empresas harán lo mismo hasta llegar a una situación de "equilibrio", si todo lo demás no cambia. En el nuevo escenario es cierto que los salarios bajaron y que los precios bajaron, pero también aumentó el empleo: Para producir la mayor cantidad de bien que hizo bajar su precio, se necesitó más mano de obra que antes. c) Algún keynesiano podría decir que como los trabajadores son los clientes de la empresa, al bajarles el sueldo se está bajando la demanda del producto. Por lo que las empresas reducirían sus precios no para vender más cantidad y aumentar sus clientes, sino para evitar perder los antiguos. Pero eso es cometer el error a), es decir, suponer que todos los clientes son los trabajadores. Sin embargo vimos que los trabajadores de post-guerra son el 50 o 60 % del ingreso total. Asique aun suponiendo que es cierto que su demanda caería, también es cierto que i) la demanda no caería uno a uno con los salarios y ii) sería compensada con la demanda de otros grupos que verían subir su ingreso inicialmente. Si los accionistas que tienen mayores beneficios por la baja de salarios compraran lo que los trabajadores dejan de comprar, la demanda no caería. Por supuesto muy probablemente compren cosas diferentes (yates, mansiones, bienes de capital), pero eso solo haría que esas industrias se expandan y las de los bienes que proveían a los trabajadores se contraigan. Sin afectar el nivel de actividad, solo su composición.*

9) Salarios libres no significa que caigan todos: Nadie ha pedido, ni estoy pidiendo, una baja de salarios uniforme y "en bloque" de todos los salarios. Ese es un strawman que hasta economistas premios Nobel usan para defender su argumento de que no se debe permitir la libertad en el mercado de trabajo. El salario promedio del mercado de trabajo no indica para nada la intersección de alguna demanda u oferta agregada de todo el trabajo. ¿Cómo saber exactamente cuales salarios deben bajar, subir o mantenerse en cada situación? Solo el mercado, la interacción entre empleados y empleadores, puede determinarlo en cada caso. Algunos salarios caerán durante una mala situación y bajarán en diferentes proporciones a diferentes momentos, otros podrían mantenerse y otros hasta aumentar. Lo que se reclama es que los salarios sean determinados libremente, sin intervención privilegiada coactiva a empresarios o trabajadores. Lo que se necesita son salarios libres, no salarios bajos. No debe extrañar que los keynesianos usan esta falacia de la baja uniforme contra los liberales desde siempre (Hutt, 1954). E irónicamente es lo que Keynes tenía en mente, según algunos: Una baja uniforme y violenta de salarios reales vía inflación o devaluación manteniendo salarios nominales (Hazlitt, 1959: 279-86. Lo cual es en sí una falacia pues el dinero no es neutral nunca y afecta diferentes precios y salarios en diferentes proporciones a diferentes momentos). Nada más alejado de lo que los liberales que defienden los mercados libres pedirían. 

10) Una falacia basada en parte en otra: Por si todo lo anterior fuera poco, este argumento se también se basa, al menos en parte, en el "argumento del poder adquisitivo". Una teoría tan, pero tan falsa que da risa.


* Nadie acá está haciendo un juicio "ético" del asunto. Simplemente estamos viendo si es cierto que el nivel de gasto y actividad caería ante una baja de salarios. Digo esto porque alguien de izquierda posiblemente salte a juzgar la supuesta "explotación" de la "redistribución", sin demostrar si el nivel de gasto baja o no. 






Friedman, Milton (1966), "Minimum-Wage Rates". Newsweek.

Hazlitt, Henry (1959), The Failure of the 'New Economics'. Princeton, N.J: D. Van Nostrand. 1959. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2007.

Hutt, William H. (1954) "The Significance of Price Flexibility". Journal: South African Journal of Economics. Vol. 22, No. 1, 40-51.

Murphy, Robert P. (2011) "The Critical Flaw in Keynes's System". Mises Daily.   

Reisman, George (1996), Capitalism: A Treatise on Economics. Ottawa, Illinois: Jameson Books.

Rothbard, Murray N. (1963) America’s Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000. 

Simpson, Brian P. (2010) "Keynes’s Theory of Depression: A Critique." National University School of Business and Management. 

Skousen, Mark (2010), "Gross Domestic Expenditures (GDE): the Need for a New National Aggregate Statistic". (Economics Working Papers No. 113). Centre for Comparative Economics, SSEES, UCL: London, UK.

Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell (1987), "Wages, Prices, and Employment: Von Mises and the Progressives". Journal: The Review of Austrian Economics. Vol. 1, No. 1, 33-80.