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jueves, 28 de julio de 2016

El tamaño del Estado en Argentina: gasto público global 1961-2014


¿Cómo evolucionó el tamaño del Estado argentino en los últimos 53 años? Espert; Dabós y Vignoli (2015) realizan un trabajo brillante sobre los determinantes del tipo de cambio en Argentina. Dentro del mismo se encuentra una serie de 53 años de Gasto Público Global como porcentaje del PBI. A continuación está graficada:

Gasto público global de Argentina 1961-2014, en porcentaje del PBI.
Fuente: Espert, Dabós y Vignoli (2015)  

Como se observa claramente, el nivel actual de tamaño del Estado es inédita. Nunca jamás en la historia desde 1961 el gobierno a sustraído tanta porción del PBI. Le guste o no a los políticos y los analistas el actual problema fiscal argentino es extremadamente grave.
 

Apéndice

¿Qué es el Gasto Público Global? Desde 1961 hasta 2001 se usa el total de gastos (antes de Figurativas) publicado por el Ministerio de Economía. El Gasto Público Global Consolidado no es otra cosa que el Gasto Público Primario Consolidado más los Intereses de la Deuda Pública del Gobierno (Espert; Dabós y Vignoli, 2015). Para 2002-2014 se usa la siguiente fórmula:

Gasto Público Global Consolidado = Gasto Público Primario Consolidado + Intereses de la Deuda Pública Consolidados

El Gasto Primario de la Nación es la suma de los gastos corrientes (remuneraciones, bienes y servicios, rentas de la propiedad, prestaciones de seguridad social, déficit de empresas públicas, etc.) más los gastos de capital (inversión real directa e inversión financiera) menos las transferencias corrientes y de capital a las provincias y CABA (pues son ingresos de las provincias) menos los Intereses de la cuenta Rentas de Propiedad. En resumen:

Gasto Primario de Nación = Gastos Corrientes + Gastos de Capital - Transferencias Corrientes a provincias y CABA - Transferencias de Capital a provincias y CABA - Intereses

El Gasto Primario de las Provincias es la suma de los gastos corrientes (remuneraciones, bienes y servicios, prestaciones de seguridad social, transferencias automáticas y discrecionales a municipios, etc.) más los gastos de capital (inversión real directa, transferencias e inversión financiera, transferencias automáticas y discrecionales a municipios, etc) menos las Rentas de Propiedad. Es decir:

Gasto Primario de Provincias = Gastos Corrientes + Gastos de Capital – Rentas de Propiedad

Sumando ambos tenemos:

Gasto Primario Consolidado = Gasto Primario de Nación + Gasto Primario de Provincias

Luego vienen los intereses.

Los Intereses de Nación son los Intereses totales (en moneda local y extranjera) que se encuentran en las Rentas de Propiedad. A esos intereses totales hay que restarles los intereses de la Deuda Intrasector Público.

Intereses de Nación = Intereses – Intereses de Deuda Intrasector Público

Los Intereses de Provincias son los valores publicados bajo el nombre Rentas de Propiedad de las estadísticas fiscales de las provincias.

Intereses de Provincias = Rentas de Propiedad

Por lo tanto:

Intereses Consolidados = Intereses de Nación + Intereses de Provincias








Espert, José L.; Dabós, Marcelo y Vignoli, Guido (2015), "Determinantes del tipo real de cambio en la Argentina: una aproximación empírica, 1961-2014". Documentos de Trabajo Nº 309. C.A.B.A., Argentina: Universidad de Belgrano.

martes, 26 de julio de 2016

Menem contra el siglo XIX: el mito del Estado mínimo de los 90s


Observen parte de este discurso de Carlos Menem de 1990 sobre “Reforma del Estado y Privatizaciones”, en especial los segundos 03:45-04:05:


El ex presidente es muy claro:
No caigo en la simplificación de muchos que proclaman la exterminación del Estado, su desaparición de nuestra vida comunitaria. No caigo en la torpeza de muchos que pretenden hacernos retroceder al Estado del siglo diecinueve, totalmente ausente frente a la injusticia y la opresión.
Por lo tanto, jamás estuvo en la agenda de Menem volver a un auténtico Estado mínimo, nunca. Ni en las ideas ni en los hechos de los 90s alguna vez estuvo cerca de ser liberal clásico. 

Cualquiera que diga que (1) Menem era liberal clásico, (2) aplicó medidas para un Estado mínimo o (3) era su objetivo volver a un tamaño del Estado como el del exitoso siglo XIX argentino, miente. Sin ignorar, claro, que ciertamente hubieron algunas privatizaciones y desregulaciones necesarias y exitosas. Mezclar menemismo en general con liberalismo clásico o con el siglo XIX es mostrar una ignorancia de las ideas y los hechos descomunal. Esa mezcla mentirosa solo se sostiene en la repetición absurda proveniente de ideologías vacías.

sábado, 11 de junio de 2016

El fin del laissez faire: el tamaño del Estado de occidente en el siglo XX

Mussolini (1933)

Suele decirse que el Estado no ha parado de crecer en influencia y tamaño a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. Una de las pocas veces en que Mussolini tuvo 100 % razón es cuando escribió esa frase profética que, a su vez, sintetiza muy bien este post. Como correctamente reconoce el dictador y genocida italiano, el siglo XX fue el siglo del Estado. No debería extrañar que, coincidentemente, la cantidad de muertos por parte del Estado a lo largo del siglo pasado fue abrumadora.

Pero veamos en números cuanto ha crecido el tamaño del Estado a lo largo del siglo XX.

Gasto público sobre PBI en países de occidente, 1870-2002

Como se puede esperar, la primera medida es la más evidente: la forma clásica de ver el tamaño del Estado es mirar el ratio (proporción) del gasto público sobre el PBI del país. El gráfico de arriba muestra la evolución de ese parámetro para el mundo occidental desde 1870 hasta 2002 según Tanzi (2005). Es muy claro mirando el promedio de todos los países (la línea roja) cómo el Estado occidental ha crecido sin parar desde 1870 hasta mitad de los 90s, con una desaceleración del crecimiento desde 1980 pero aun así incrementándose. El tamaño del gobierno en occidente ha pasado desde aproximadamente el 10 % del PBI hasta más del 45 % en 1996, bajando solo un poco en 2002. Es decir que, en relación al PBI, el tamaño del gobierno se ha multiplicado por 4,5 durante el siglo XX respecto de finales del XIX. No pueden quedar dudas del crecimiento estatal a lo largo de la centuria pasada.

Gasto público real sobre PBI en países de occidente, 1870-1995

Pero no solo el gasto público nominal en relación al PBI (también nominal) ha aumentado, el porcentual del gasto estatal en términos reales (la suma de salarios y materiales comprados por el gobierno, la parte de gasto gubernamental que usa recursos directamente) también lo ha hecho. En 1870 el gasto real estaba en menos del 5 % del PBI en occidente, pero hacia 1995 ya se encontraba en más de 17 % (Tanzi y Schuknecht, 2000: 24-25). El gasto público real en porcentaje del PBI se incrementó 3,4 veces a lo largo del siglo XX en el mundo occidental en comparación a fines del siglo XIX.


Empleo gubernamental sobre población total en occidente, 1870-1994

No solo el gasto estatal nominal y real ha aumentado incuestionablemente, también los empleados del gobierno lo han hecho. El porcentaje, sobre el total de la población, de personas que trabajan en el gobierno pasó de un mínimo 2,40 % en 1870 hasta un enorme 18,40 % en 1994 (Tanzi y Schuknecht, 2000: 26). Es decir, la cantidad de personas trabajando en el gobierno se multiplicó por 7,7. 

Nadie puede decir que el Estado no tuvo medios. Poseyó de manera creciente tanto recursos reales como recursos humanos para planificar. Sus numerosos fracasos a lo largo del siglo XX no pueden ser atribuidos a escasez de recursos, porque no lo hubo.









Mussolini, Benito (1933), "The Political and Social Doctrine of Fascism". En Mussolini, Benito (1928), My Autobiography: With ‘The Political and Social Doctrine of Fascism’. New York: Dover Publications, Inc. 2006.

Tanzi, Vito y Schuknecht, Ludger (2000), Public Spending in the 20th Century: A Global Perspective. Cambridge, United Kingdom: Cambridge University Press.

Tanzi, Vito (2005), “The economic role of the state in the 21st century”. Cato Journal. Vol. 25, No. 3, 617-638.

jueves, 14 de enero de 2016

Podemos despedir a los empleados públicos sin crisis (I)


Argentina tiene actualmente un enorme problema fiscal y hoy en día está muy de moda hablar sobre despidos de empleados estatales. El país tiene aproximadamente 4,43 millones de empleados públicos. De ellos, 2 millones se agregaron durante la “década K”. La creencia popular es que no se los puede despedir porque solo engordarían las filas de desempleados, empeorando la situación económica y alimentando un descontento generalizado que podría terminar en una revuelta. ¿Puede Argentina despedir a miles o incluso millones de empleados estatales sin que ello provoque una crisis económica y un masivo desempleo? Un caso histórico nos ayudará a comprender que sí puede.

Luego de terminada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos bajó de manera brutal el gasto público. Millones de empleados del estado, soldados y civiles, fueron despedidos de la noche a la mañana. Con todo eso, la economía americana se mantuvo con pleno empleo y creciendo de manera formidable. La lección: se puede hacer un ajuste fiscal monumental, de manera rápida y sin crisis, ni desempleo, ni depresión económica. Como veremos, fue puro shock. No hubo nada de gradualismo. Las explicaciones keynesianas por el “milagro” de posguerra tienen tantos defectos que son descartables (Vedder y Gallaway, 1991; Higgs, 1999; Anderson, 2010).

Debido a la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos aumentaron el gasto público total (federal + state + local), principalmente defensa, desmesuradamente. Pasó de 18,82 % del PBI en 1941 a 51,79 % en 1945


Pero luego de la guerra, Estados Unidos bajó el gasto público total de más del 50 % del PBI de nuevo al 20 % en solo 3 años

Por otro lado, Argentina tiene hoy un gasto público consolidado (nación + provincias + municipios) de más del 50 % del PBI. La mayor parte del mismo no es otra cosa que salarios de empleados y jubilaciones.

Estados Unidos retrajo el nivel del gasto público* consolidado desde los 118 mil millones de dólares de 1945 hasta unos 79 mil millones en 1946. Es decir, el gasto estatal total cayó casi 33 % en solo un año. Luego, en 1947, se retrajo otro 27 % respecto al año anterior. Y finalmente disminuyó un casi 5 % en 1948. En total, el gasto estatal consolidado bajó un 53 % entre 1945 y 1948. El gasto público total se redujo a la mitad en solo 3 años.


Los déficits fiscales federales, dado el gasto total, para pagar la segunda gran guerra fueron monumentales. El rojo de las cuentas estatales absorbía el 29 % del PBI en 1943. Hacia 1944 bajó un poco hasta el 25 % para volver a subir el año siguiente hasta el 27 %. Terminada la guerra y con el brutal recorte de gasto de 1946, el déficit fiscal cae desde el 27 % hasta el 12 % del PBI (menos de la mitad de déficit en solo un año). Para 1947 el déficit era solo el 1 % (90 % de reducción en un solo año) y ya en 1948 se produce un superávit fiscal de más de 2 %.


En la actualidad, Argentina no tiene, ni de cerca, un déficit fiscal tan abultado. Pero aun así es muy elevado para un país que no está en guerra: un 8 % del PBI. El más alto de los últimos 28 años.

La FED tampoco realizó mucha expansión en esos años. El agregado de la base monetaria se estancó entre 1946 y 1951. Y la oferta monetaria M1 creció solo 9 % entre septiembre de 1945 y septiembre de 1948, mientras el M2 únicamente un 13 %. Nada fuera de lo normal.

Observen el siguiente cuadro que es el que presentan Vedder y Gallaway (1991) para Estados Unidos:


La Segunda Guerra Mundial terminó en septiembre de 1945. Solo en un año, desde junio de 1945 a junio de 1946, el gobierno despidió a casi 10 millones de personas. Leyeron bien: el gobierno en solo un año dejó sin empleo a 10 millones de americanos, 16 % de la fuerza de trabajo, que nosotros llamamos Población Económicamente Activa (PEA), de 1946.

En la Argentina actual, la PEA es de aproximadamente 19 millones de personas. Con lo que el total de empleados públicos representa un 23 % de la misma. Pero que ese porcentual sea mayor en el caso argentino no afecta el argumento. Ambos son porcentajes muy amplios de la PEA y ambos pueden bajarse a cero o un poco más de cero. En el caso argentino, si se quiere, se pueden despedir a varios millones, dejando solo el personal mínimo necesario para que el Estado realice las funciones básicas. Podemos incluso solo limitarnos a los 2 millones de empleados agregados en los últimos 12 años y que representan solo el 10,50 % de la PEA.

¿Acaso toda esa gente en la calle en tan poco tiempo provocó una subida fenomenal de la desocupación en Norteamérica? ¿Hubo una depresión luego de recortar drásticamente el gasto y empleo público como pronosticaban algunos economistas (varios keynesianos, claro) en años previos al fin de la guerra? ¿El sector privado pudo con toda esa mano de obre desocupada? Veamos:

A pesar de 10 millones de despedidos del Estado en solo un año, la tasa de desempleo llegó a un muy razonable 4,15 % en ese periodo. ¿Cómo fue posible esto?
  • 1) Hubo una caída en la oferta laboral: Noten que la población total apta para trabajar aumentó casi en un millón de personas en el año. A pesar de ese crecimiento neto del total, la PEA disminuyó en casi 5,6 millones de personas. Al terminar la segunda gran guerra mucha gente se retiró del mercado laboral. En particular, millones de mujeres voluntariamente decidieron salir de la fuerza laboral para volver a sus trabajos de madres, esposas y amas de casa**. Muchas otras, al igual que muchos hombres, decidieron también volver a la escuela o universidad. La participación de las mujeres en el empleo civil baja bastante, del 36,39 % al 29,65 %. Siempre recuerden que esta caída de la oferta laboral fue voluntaria. Con lo cual el desempleo potencial de 10 millones cayó en 56 % al ser absorbido por la salida voluntaria de 5,6 millones de personas del mercado laboral. La oferta de trabajo se contrajo y volvió a los niveles normales (históricos) que habían sido alterados por el hecho insólito de la guerra mundial (Vedder y Gallaway, 1991). Sin embargo, es falso decir que “el desempleo no fue alto solo porque las mujeres dejaron sus puestos en plantas y volvieron al hogar”. De las 4,9 millones de mujeres que entraron a la PEA entre 1941 y 1944, 2,4 millones permanecieron en el mercado laboral (Anderson, 2010).
  • 2) Ocurrió un aumento de la demanda del sector civil: A pesar de lo anterior, todavía quedaban 4,4 millones de desempleados. El otro factor que contribuyó a aminorar el desempleo fue que la industria civil (no empleo en el gobierno), en su mayoría sector privado, le dio trabajo a 2,7 millones de trabajadores en solo un año. El 27 % del desempleo potencial de los 10 millones fue absorbido por la producción civil entre junio de 1945 y junio de 1946 (Vedder y Gallaway, 1991). El restante 1,7 millón de personas, en adición a los 0,89 millones anteriores, son el 4,15 % de desempleo.
Alguien podría argumentar, mirando el cuadro, que el desempleo claramente subió desde más de 1 % en junio de 1945 hasta el 4 % en junio de 1946. Pero hay que aclarar que el desempleo de junio de 1945 está ficticiamente disminuido debido a que muchos trabajadores estaban “empleados” de soldado y peleando la guerra o haciendo municiones. En circunstancias normales (o sea, sin conflictos militares mundiales), menos de 5 % de desempleo es o “pleno empleo” o casi “pleno empleo”. Por si eso fuera poco, esa tasa menor a 5 % está por debajo de la tasa de desempleo promedio de Estados Unidos de todo el siglo XX. Es más, está incluso por debajo del promedio de los “prósperos” años 20s y 50s (Vedder y Gallaway, 1991). Para más inri, una intervención del Estado (los seguros de desempleo para veteranos) hizo que esa tasa de desempleo sea más alta de lo que habría sido sin la intervención (Higgs, 1999). Por lo tanto, el 4,15 % de desempleo de junio de 1946, ya terminada la guerra, es claramente “pleno empleo”.

Adicionalmente, el porcentaje de personas absorbidas por el sector civil fue mayor. Si incluimos las industrias de defensa, se despidieron en total a 11 millones de personas de las cuales 4 millones (más del 36 %) fueron absorbidos por la economía civil. Esto es debido a que, en el primer año de posguerra en que aumentó el empleo en 2,7 millones, las industrias de consumo todavía no alcanzaban la producción completa y también el empleo en fábricas de junio de 1946 estaba todavía más de 10 % debajo de los niveles de junio de 1945 (por la baja de producción relacionada con la defensa). Lo que implica que el crecimiento en el empleo no manufacturero y no del gobierno fue, de hecho, de 4 millones (Vedder y Gallaway, 1991). La tasa de desempleo continuó siendo asombrosamente baja hasta 1948. Entre 1944 y 1948, luego de que el gobierno despidiera a casi 11 millones de personas, el sector privado (comercio minorista y mayorista, servicios, construcción, vehículos y equipamiento, finanzas y bienes raíces, etc.) añadió 5,12 millones de empleos (Anderson, 2010).


Por otro lado, el PBI real norteamericano cayó un inédito 20,60 % en 1946, una bestialidad que superaba con creces el peor año de la Gran Depresión: 1932. También se desplomó antes en 1945 un 4 % y en 1947 un 1,5 %. ¿Qué ocurrió? ¿Hubo otra Gran Depresión en 1945-1947? No. Lo que hubo fue “magia estadística”. El PBI incluye el gasto público, el cual había subido tanto que absorbía gran parte del producto. Una baja desorbitada del gasto de gobierno implicaba una caída enorme del PBI. Si restamos el gasto público del PBI nos queda el producto del sector privado o Producto Bruto Privado (PBP). En 1946 el PBP real creció un increíble 29,50 %, cifra jamás igualada, mientras el PBI real caía 20,60 %. El PBP creció en 1945 aproximadamente 10 % y en 1947 un 3 % (Higgs, 1999). En total, el crecimiento del sector privado real en 1945-1947 fue de 33,80 % según cifras deflactadas con dudosos índices oficiales. Usando alternativos, el crecimiento pudo ser de 44,50 % (Higgs, 1999). En palabras simples, el sector privado surgió con toda su fuerza gracias a que el Estado se apartó.

¿Cómo ocurrió que el sector civil no manufacturero aumentó tanto como para absorber tamaña cantidad de empleados públicos despedidos?
  • a) Los salarios reales ajustados por productividad bajaron: se permitió que el mercado laboral hiciera los ajustes necesarios ante ese masivo exceso de oferta laboral de 11 millones en un solo año. Los mercados laborales actuaron rápido y eficientemente. Primero, como vimos, vía una reducción de la oferta. Segundo y adicionalmente, a través de una reducción de los salarios reales ajustados por productividad. Estos cayeron aproximadamente un 2,35 % en 1946 y un 7,15 % en 1947. Millones de trabajadores consiguieron trabajo y fueron contratados por empresas a pesar del futuro incierto simplemente porque “el precio era el correcto” (Vedder y Gallaway, 1991). Exactamente lo contrario de lo que ocurrió en la Gran Depresión, cuando el Estado no permitió al mercado laboral ajustar. Aun así, Higgs (1999) pone dudas de que todos hayan bajado.
  • b) Bajaron los impuestos: con la “Revenue Act” de 1945 se bajaron las tasas superiores de impuestos a los ingresos de las empresas y se eliminó el impuesto a las ganancias excesivas (un típico impuesto de guerra). Este último no era poca cosa. Solo entre 1941 y 1945 el acumulado de los pagos netos por ese impuesto fue de 40 mil millones de dólares (Higgs, 1999), que equivalen a 527 mil millones hoy. Con lo cual, las empresas disfrutaron de una suba de beneficios entre 1946 y 1948 (Higgs, 1999; Vedder y Gallaway, 1991). El ahorro bruto que permitían esos crecientes beneficios entre 1945-1948, habilitó buena parte de los fondos para el financiamiento de la gran inversión de posguerra que absorbió a los desempleados. La tasa marginal más baja también fue disminuida (Anderson, 2010).
  • c) Desregulación en tiempo record: la gran mayoría de los siempre cambiantes controles y regulaciones de guerra que asfixiaban la economía se quitaron en 1945, y en 1946 la mayor parte del resto (Higgs, 1999). Los controles de precios, regulaciones, prohibiciones, prioridades, programación de fechas, asignaciones físicas, conservación y limitación de órdenes, cuotas, subsidios, rechazos, racionamiento de bienes, racionamiento de crédito, control de tasas de interés, servicio militar obligatorio, la masiva inversión estatal, etc. desaparecieron en tiempo record (Higgs, 1999). En un lapso mínimo, dos años o menos, la economía norteamericana se despojó de una inmensa cantidad de regulaciones (Anderson, 2010). Ello validó la confianza e incentivó a los empresarios a actuar. Además, precisamente el hecho de que se esperaba que muchas regulaciones del mercado laboral fueran solo transitorias y se terminarían luego de la guerra, como finalmente ocurrió, fue otro factor fundamental para lograr el muy bajo desempleo.
  • d) El Estado no haciendo crowding-out: el Estado dejó de “desplazar” al sector privado al cancelar contratos militares inmediatamente, vender muchas fábricas estatales a privados, trasformar su déficit en superávit, etc. (Higgs, 1999)
Sí, es posible reducir el tamaño e influencia del Estado y despedir a todos los miles o millones de empleados públicos que se quiera en muy poco tiempo y sin un Apocalipsis de desempleo alto, crisis y depresión económica. En resumen, podemos “echarlos a todos”.

Vengan de a uno.




*Observen que el nivel del gasto público no regresa a la altura que tenía en 1940, sino que, luego de la tremenda subida, baja hasta una cota superior. Eso es lo que se conoce como "efecto trinquete" y es lo que refuta las absurdas teorías de Naomi Klein.

**Amiga/o feminista, si en caso de leer esto estás pensando en que yo quiero o estoy mandando a que las mujeres vuelvan a sus “roles” supuestamente “impuestos” por la “sociedad heteropatriarcal” o algo así, no entendiste nada. Contar los hechos históricos como fueron deja fuera cualquier intencionalidad que se invente el lector prejuicioso sobre quien escribe. 






Anderson, David R. (2010) “The U.S. postwar miracle”. George Mason University: Mercatus Center. Working paper 10-67.

Higgs, Robert (1999), “From Central Planning to the Market: The American Transition, 1945-1947”. The Journal of Economic History. Vol. 59, No. 3, 600-23.

Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell E. (1991) “The great depression of 1946”. The Review of Austrian Economics. Vol. 5, No. 2, 3-31.

sábado, 22 de agosto de 2015

Rothbard explica la situación de Venezuela... 53 años antes


En su fabuloso tratado de Economía de 1962 paginas 892-900 y 1075-1086, el economista de la Escuela Austriaca Murray Rothbard realiza un análisis sobre los controles estatales en los precios (precios máximos y mínimos). Por supuesto, su estudio ni fue el primero ni fue el único y, además, en sus conceptos básicos, era y es el análisis convencional. Pero es interesante cómo la realidad de Venezuela hoy en día encaja perfectamente con el análisis económico fundamental.

Para supuestamente "prevenir" o "combatir" la inflación, los gobiernos, a veces, imponen precios máximos a nivel general. El precio máximo es una prohibición de vender bienes o servicios por un precio superior al establecido previamente por la autoridad. El gobierno de Venezuela lo hace desde 2003.

Recuerden que el poder adquisitivo es el precio del dinero y también es la inversa de los precios. Es decir, si el precio de un chicle es $0,50, entonces el poder adquisitivo del dinero es la inversa de ese precio (1/0,50 = 2). Multiplicando eso por una cantidad cualquiera de dinero, podemos saber cuántos chicles compramos. Si tenemos $20 en el bolsillo, sabemos que obtenemos 40 chicles (20*1/0,50). Con $20 podemos adquirir (poder adquisitivo) 40 bienes particulares (chicles).

El precio de mercado de los chicles es $0,50, pero al gobierno le parece "excesivo". Por lo tanto, decide imponer un precio máximo: nadie puede vender los chicles por un precio mayor a $0,20.

Veamos la situación en uno de los gráficos que usa Rothbard (modificado por mí) donde se mide, en el eje vertical, el precio (de menor a mayor, empezando desde 0 hacia arriba) y, en el eje horizontal, la cantidad (de menor a mayor, empezando desde 0 hacia la derecha):


La figura es básicamente la usada para el análisis standard del precio máximo y muestra el mercado de bienes. Las rectas DD y SS son la demanda y la oferta respectivamente de un producto cualquiera. FP es el precio de mercado, mientras que 0C es el precio máximo establecido por el gobierno. Obviamente, el precio máximo 0C está por debajo del de mercado FP. Siguiendo con el caso del chicle, el precio de mercado FP es $0,50 y el precio ordenado por el gobierno 0C es $0,20. A ese precio artificialmente bajo, la cantidad demandada B es mayor que la cantidad ofrecida A. La cantidad o la "distancia" AB muestra la escasez artificialmente creada del producto.

Por otro lado, el precio del dinero (poder adquisitivo) aumenta artificialmente desde los 2 (1/0,50) anteriores hasta 5 (1/0,20). El poder adquisitivo, en términos de chicles, ahora está por encima del que existiría en un mercado libre sin la intervención estatal.

Una política de precios máximos sobre todos o la mayoría de los bienes importantes, mientras sea efectiva, equivale a imponer un precio mínimo al dinero (un mínimo al poder adquisitivo).

Un análisis similar al anterior se aplica al siguiente gráfico, también de Rothbard y modificado por mí, que muestra el mercado de dinero con el eje vertical midiendo el precio del dinero (poder adquisitivo) y el horizontal la cantidad de dinero:

 

La recta DmDm es la demanda de dinero y la recta SmSm es la oferta (o, mejor dicho, el stock) de dinero. Esta última es vertical porque, en cualquier momento dado, siempre hay una cantidad fija de dinero. La recta SmSm es equivalente a 0F y, por otro lado, FP es el poder adquisitivo que el mercado fija para la unidad monetaria. Luego de los precios máximos, el poder adquisitivo sube artificialmente hasta 0C. En ese valor, la cantidad de dinero excede la demandada y el exceso artificial de oferta se verifica en la distancia GH.

Dado el nuevo y "mayor" poder adquisitivo, el stock de dinero excede el demandado. Hay un excedente de dinero sin vender. Con $20 antes se compraban 40 chicles, ahora se pueden adquirir 100. Como su demanda de dinero no cambia, las personas tratarán de deshacerse de ese exceso de dinero vendiéndolo y adquiriendo bienes (chicles que ahora son baratos, por ejemplo).

La gente corre a comprar cosas y tratan de deshacerse de sus excedentes monetarios, pero no pueden pues no hay bienes. A esos precios más bajos se ofrecen menos productos. Los productores y vendedores marginales (los que operan con mayores costos) desaparecen. El dinero se vuelve inútil pues no se puede intercambiar, la función esencial del mismo. Todos tienen mucho dinero, pero no pueden comprar nada ¡Poéticamente irónico!

Dado que no se puede ajustar vía precios, ¿Que otras alternativas aparecen? Rothbard da algunos ejemplos:
  • Sobornos: se corrompe a la gente para obtener algo de lo que otros no tendrán. Venezuela es un caso de manual en sobornos para conseguir productos y los permisos. Incluso este término es incorrecto pues el "soborno" es simplemente el pago del precio de mercado por parte del comprador.
  • También podríamos incluir la violencia como otra alternativa de asignación. Casi no hay productos, estoy al final de la cola, no soy amigo y no tengo nada para sobornar; entonces le doy un golpe al dueño y me lo quedo.
Como correctamente explica Rothbard, todo ese dinero sobrante genera una presión importantísima para que surja el mercado "negro" (es decir, EL mercado) y hacia allí se canalice el dinero sobrante.

Observen como la equivalencia antes mencionada se cumple a la perfección para las intervenciones en los precios destinadas a todos o una parte importante de los bienes. Una política de precios máximos (por debajo de los de mercado) en el mercado de bienes necesariamente equivale a una política de precios mínimos (por encima de los de mercado) en el mercado de dinero.

jueves, 16 de abril de 2015

Cuánta gente mató el Estado en el Siglo XX?


El poder mata; y el poder absoluto mata absolutamente.

R. J. Rummel (Modificación del dictum de Lord Acton)




En términos absolutos, o sea valores totales (lo aclaro para los lectores de Steven Pinker), el siglo XX fue testigo de una brutalidad atroz. El Estado ha asesinado tanta gente en el transcurso de solo 100 años, que su cantidad podría compararse con poblaciones de varios países (sumadas).

La respuesta rápida a la pregunta del título de este post es: El Estado, solo en el siglo XX, mató entre 167 y 262 millones de personas. Tal y como lo leen.  El siguiente gráfico, basado en las referencias de Matthew White, muestra los totales de muertos debidos al Estado durante el siglo XX según diversos autores:

Millones de personas asesinadas por el Estado
en el siglo XX según diversos autores
- Bassiouni (1996), en la página diez, estima que en conflictos no internacionales, internos y bajo regímenes tiránicos en el siglo XX; murieron más de 170 millones de personas. Mientras que en conflictos militares otras 33 millones. Es decir, un total de 203 millones de muertos por parte del Estado.

- Brzezinski (1993: 17) estima un total entre 167 y 175 millones de muertos deliberadamente por motivos políticos en el siglo por parte del Estado.

- El famoso Libro Negro del Comunismo (Courtois, et al., 1997: 4), cuyos autores son, en gran parte, intelectuales de izquierda; hace una exhaustiva investigación y llega a la conclusión de que la suma de todos los asesinados por regímenes comunistas durante el siglo XX da un total de aproximadamente 94 millones de personas. 

- Leitenberg (2003), en la página 9, muestra que el total de gente muerta en conflictos y guerras del siglo XX es de entre 136 y 148 millones. Luego, en la página 13-14, llega a un total de 89 millones de muertos políticos. Sumados ambos, obtenemos un total para el siglo entero de entre 225.5 y 237.5 millones de personas muertas por el Estado. 

- Los muchachos de "Not the Enemy Media", hacen un conteo tomando solo los muertos debidos a la política exterior norteamericana a partir de la Segunda Guerra Mundial. Desde 1945 hasta 2003, la suma da entre 10.78 y 16.86 millones de muertos debido al Estado norteamericano. 

- El Dr. en ciencias políticas, Rudolph J. Rummel (recientemente fallecido), es uno de los grandes investigadores dedicados a estudiar las matanzas realizadas por los Estados. Lleva décadas investigando el tema y ha publicado muchos libros al respecto. Afortunadamente todos sus datos están disponibles en su página de Internet. Sus números más actualizados, dieron el escalofriante total de 262 millones de personas muertas por el Estado en el siglo XX. El total más grande de todas las fuentes.

- El historiador marxista Eric Hobsbawm (1994: 12), basado en Brzezinski (1993), dice que entre 1914 y 1991 murieron 187 millones de personas a manos del Estado. ¿Cómo llegó Hobsbawm a ese número cuando Brzezinski claramente dice que fueron entre 167 y 175 millones? Leitenberg (2003) se hace la misma pregunta en la nota de pie de página 2...

- Finalmente, Matthew White es otro de los investigadores del tema. No es profesor universitario ni nada, pero al menos presenta las fuentes de dónde saca sus números (lo cual, a veces, ni siquiera los profesores universitarios hacen). De hecho, como ya mencioné, las referencias presentadas en este post son las de su web. Su página "Necrometrics" está repleta de su análisis. White llega a un total de 203 millones de muertos en el siglo XX debidos al Estado.

Luego de esto, no es exagerado decir que el Estado fue y es una maquina brutal de matar.






Bassiouni, M. Cherif (1996) "Searching for Peace and Achieving Justice: The Need for Accountability". Law & Contemporary Problems. Vol. 59, No. 4, 9-28.

Brzezinski, Zbigniew (1993), Out of Control: Global Turmoil on the Eve of the Twenty-First Century. New York: Macmillan Publishing. 

Courtois, Stéphane; Werth, Nicolas; Panné, Jean-Louis; Paczkowski, Andrzej; Bartosek, Karel y Margolin, Jean-Louis [Murphy, Jonathan y Kramer, Mark Tds.] (1997) The Black Book of Communism: Crimes, Terror, Repression. Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press.

Leitenberg, Milton (2003) "Death in Wars and Conflicts in the 20th Century". Cornell University. Peace Studies Program. Occasional paper No. 29. 2006.

Hobsbawm, Eric J. (1994) The Age of Extremes: The Short Twentieth Century, 1914-1991. London: Abacus.

miércoles, 18 de febrero de 2015

La Gran Depresión en USA, 1930-31: La cartelización de la economía

Hoover en 1929. Fuente

"[E]l rasgo característico de los gobiernos modernos es que se han rendido ante los sindicatos. Los sindicatos ahora tienen el poder para elevar los salarios por encima de los que serían en un mercado sin intervención… A las tasas de salarios establecidas por los sindicatos, una parte substancial de los trabajadores no puede encontrar ningún trabajo."

Ludwig von Mises (1931)



El intervencionismo estatal del Presidente Herbert Hoover fue atroz. Siendo Secretario de Comercio (1921-1928) así como Presidente (1929-1933), realizó un enorme esfuerzo para provocar, por vía gubernamental, la cartelización en muchas áreas clave de la industria (Rothbard, 1963: 188-308, especialmente 222-24; Ohanian, 2009; 2014; Cole y Ohanian, 2013).

Cartelización es el proceso por el que unas empresas llegan a un acuerdo o cooperan para reducir la competencia (excluir la entrada de nuevos competidores), producción y venta con el objetivo de influenciar precios en un mercado. La política de cartelización son las acciones deliberadas y sistemáticas para provocar o incentivar cartelización. En un mercado libre, un cartel no provoca problemas dada su naturaleza inherentemente inestable (Rothbard, 1962: 651-53). Pero con la intervención del Estado, puede aparecer y perdurar.

No solo el Presidente Hoover estaba bajo la influencia de la falaz teoría del poder adquisitivo. Como en toda época de crisis, se suele recurrir a todo tipo de explicaciones falsas adicionales. En este caso, otra de las razones para explicar el cataclismo era que la "competencia despiadada" del mercado estaba haciendo bajar los precios y arruinando industrias (Ohanian, 2009).

Hoover Secretario de Comercio

Desde que era Secretario de Comercio (1921-28), Hoover ayudó a crear asociaciones comerciales para la cooperación (que incluía compartir datos de costos, producción y precios) y así evitar la "competencia destructiva". Además promovía, por vía estatal, la estandarización de productos (Ohanian, 2009). Las asociaciones comerciales, incentivadas por el gobierno, facilitaron la colusión que caracterizó a la gran industria de los 20s. Las decisiones de la corte también ayudaron (Ohanian, 2009). El número de asociaciones nacionales pasó de casi 700 en 1919 a 2000 en 1929 (Hawley, 1974). Y también, en sus ocho años de Secretario de Comercio, Hoover realizó 1200 conferencias instando a los empresarios a adoptar practicas comunes y estandar. Abarcando desde somieres hasta botellas de leche (Leuchtenburg, 2009: 55).

Por ejemplo, en el sector de la construcción, Hoover junto con Roosevelt, formaron el American Construction Council en 1922. Un consejo para ayudar a su cartelización, planificar, estabilizar y organizar la industria (Rothbard, 1963: 195). 

Hoover también apoyaba a los sindicatos interviniendo en las relaciones de las empresas y trabajadores sobre condiciones laborales y duración de jornadas. Dos actos de intervencionismo estatal a favor de los sindicatos fueron claves: 

1) La más evidente de ellas fue la guerra contra la industria del acero. La misma operaba en jornadas de 12 horas. Luego de que los sindicatos intentaran sin existo reducir la jornada laboral, Hoover en 1923 como Secretario de Comercio convenció, con una campaña propagandística habilidosa, al Presidente Harding para atacar la industria, presionar y bajarla a 8 horas. La industria se resistió, pero terminó cediendo a las presiones del Presidente y el Secretario (Rothbard, 1963: 200; Ohanian, 2009). Esta batalla exitosa contra la industria del acero hizo mucho más fácil "persuadir" luego a los demás empresarios en 1929. Dejó el precedente de que no se debe ir ni luchar contra las ordenes y presiones del gobierno (Rothbard, 1963: 200-03).

2) El segundo acto principal favorable a los sindicatos fue la sindicalización compulsiva impulsada en la industria ferroviaria. La primera intromisión permanente del gobierno en la relación empresa-trabajo (Rothbard, 1963: 203). Durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno de Estados Unidos se apoderó y nacionalizó temporalmente los trenes (usándolos para transportar tropas, municiones, etc.). En 1920 volvieron a manos privadas, pero ya el gobierno hizo la primera intervención favorable a los sindicatos con la Railroad Labor Board. Durante la recesión de 1920-21 hicieron huelga para no rebajar salarios amenazando con hacerla general. El Ministro de Justicia falló en contra de ellos, pero Hoover hizo que el Presidente Harding removiera la orden. Habiendo fracasado la huelga, a pesar de la ayuda de Hoover, los sindicatos fueron por la ley. En 1926 se firma la Railway Labor Act, cuyo mayor autor era Hoover, que garantizaba la sindicalización y arbitraje compulsivos (negociación colectiva para todos). Un paso gigante a la colectivización de las relaciones laborales (Rothbard, 1963: 203-04) y en incorporar a los sindicatos para cartelizar aún más la industria. Observen como las industrias podían y solían lidiar y mantener a raya muchas veces a los sindicatos. Solo empezaron a perder contra ellos con la ayuda de la intervención estatal.

Hoover Presidente

En junio de 1929 Hoover, ya presidente, crea la Federal Farm Board (FFB) para cartelizar actividades del campo. Podía controlar excesos de producción, hacer prestamos con fondos del gobierno y "estabilizar" (elevar) precios agrícolas con "corporaciones estabilizadoras" (Rothbard, 1963: 227-28). Por supuesto que ello agravó las cosas. Por ejemplo, la FFB logró elevar los precios del trigo por un tiempo. Debido a ese "éxito", los agricultores aumentaron la producción y el problema del excedente agrícola empeoró. Y además la FFB hizo que no se exportara más trigo (descontando que, gracias a eso, USA perdió muchos mercados en el exterior). Como consecuencia, la brutal producción terminó reduciendo los precios enormemente (Rothbard, 1963: 229). Muy lejos de disminuir el problema, la intervención estatal lo profundizó.

No contenta con haber destruido el trigo, la FFB siguió con el algodón. Hizo enormes préstamos a los algodoneros para ayudarlos por la baja de sus precios, pero no sirvió. Luego la FFB creo la corporación Cotton Stabilization Corporation para comprar excedentes y mantener los precios altos. Por supuesto ello incentivó a producir más, aumentando el problema de los excedentes, una vez más (Rothbard, 1963: 231-32). Los estados petroleros realizaron tareas legales para cartelizar la producción de petróleo y asegurar cuotas y precios altos. Hoover, por supuesto, no estuvo ajeno. Antes de la depresión, el Presidente cancelaba permisos de excavación para restringir la oferta. Aprobó, además, "leyes de conservación". En nombre de la "conservación" se restringía la producción de petroleo. En 1932 se incluye en el presupuesto federal un impuesto a importaciones de crudo y productos petrolíferos para favorecer el cartel (Rothbard, 1963: 283-84).

Pero antes de la FFB, en 1921, subsidiaba gubernamentalmente cooperativas agrícolas para cartelizar el campo. En 1921 a través de la War Finance Corporation  y la Federal Farm Loan Act prestaba dinero directamente a las cooperativas (Rothbard, 1963: 219-20).

No solo entre industrias se facilitaba la cartelización. Como ya se mostró, Hoover era un gran partidario de los sindicatos y los salarios altos. El Presidente republicano fue fundamental para el incremento de la sindicalización con sus múltiples incentivos como la ley Davis-Bacon en 1931 y Norris-Laguardia en 1932. Esta última es la segunda mas importante legislación sindical luego de la National Labor Relations Act (Ohanian, 2009).

En 1929 la Corte Suprema confirma la Railway Labor Act. Lo cual cambiaba la forma de en que se interpretaba la Clayton Act que se había usado anteriormente para limitar la sindicalización pues era considerada restricción del comercio. Las empresas podían entonces defenderse de los piquetes y los sindicatos, limitando sus pedidos de aumentos de salario. Sin embargo, las reglas cambian permanentemente a favor de los sindicatos en 1929 por esa decisión de la Corte Suprema (Ohanian, 2014). Una vez más, esto explica por qué las empresas eran tan temerosas de sus acciones y por qué aceptaron la propuesta de Hoover de no bajar salarios a cambio de que el Presidente los mantenga a raya.

Ohanian (2014) muestra que las políticas de cartelización y rigidez salarial por vía estatal son las principales causas de por qué la Gran Depresión empezó siendo severa antes de los pánicos bancarios y de la contracción importante de la masa monetaria (a diferencia de 1920-21). Ello, además, explica que la contracción monetaria amplia posterior tuvo tan devastadores efectos. La reducción de la competencia (cartelización) tanto en el mercado de productos como en el laboral para mantener sus precios artificialmente altos fue un factor clave.

De hecho, Ohanian (2014) llega a conclusiones extremadamente austriacas. En su análisis encuentra que "las deflaciones per se no son tan depresivas como comúnmente se cree, y que la deflación de los 30s fue singularmente depresiva debido a la fijación de salarios por parte del gobierno y sus políticas de cartel." (Ohanian, 2014). Además aclara "Mi investigación sugiere que la deflación fue depresiva en los 30s, pero solo debido al evento único de políticas de cartelización y fijación de salarios." (Ohanian, 2014). 

Dado que la Gran Depresión no fue solo americana y afectó al mundo, deberíamos buscar evidencia de cartelización y fijación de salarios por vía estatal a nivel internacional. Eso es lo que hacen Ohanian y Cole (2013). Usando datos de panel de 18 países, demuestran que la Gran Depresión fue mucho más severa, en su mayor parte, en países que adoptaron amplias políticas cartelizadoras como Estados Unidos, Alemania, Italia y Australia. Mientras que los países con menos cartelización, tuvieron menor depresión. El modelo que crean explica en promedio más del 80 % de los cambios observados en el producto, consumo, empleo, inversión, oferta monetaria y productividad. En total, las políticas de cartelización causaron el 60 % del cambio en el empleo y el 40 % en la producción (Ohanian y Cole, 2013).

La cartelización y la inflexibilidad creadas por vía estatal de los salarios y precios fue una de las causas fundamentales de la Gran Depresión a nivel internacional. Incluidos los Estados Unidos.






Hawley, Ellis W. (1974) "Herbert Hoover, the Commerce Secretariat, and the Vision of an 'Associative State,' 1921-1928". The Journal of American History. Vol. 61, No. 1, 116-140.

Leuchtenburg, William E. (2009) Herbert Hoover: The American Presidents Series: The 31st President, 1929-1933. New York: Henry Holt and Company, LLC.

Mises, Ludwig von (1931), "The Causes of the Economic Crisis: An Address". En Greaves, Percy L. Jr. Ed. (1978) The Causes of the Economic Crisis: And Other Essays Before and After the Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2006.

Ohanian, Lee E. (2009) "What - or who - started the great depression?". Journal of Economic Theory. Vol. 144, No. 6, 2310-2335.


Ohanian, Lee E. (2014) "Monetary Policy in the Midst of Big Shocks". Hoover Institution, UCLA, & Arizona State University.

Ohanian, Lee E. y Cole, Harold L. (2013) "The Impact of Cartelization, Money, and Productivity Shocks on the International Great Depression". NBER Working Paper No. 18823.

Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2005.

Rothbard, Murray N. (1963) America’s Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000.