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jueves, 28 de julio de 2016

El tamaño del Estado en Argentina: gasto público global 1961-2014


¿Cómo evolucionó el tamaño del Estado argentino en los últimos 53 años? Espert; Dabós y Vignoli (2015) realizan un trabajo brillante sobre los determinantes del tipo de cambio en Argentina. Dentro del mismo se encuentra una serie de 53 años de Gasto Público Global como porcentaje del PBI. A continuación está graficada:

Gasto público global de Argentina 1961-2014, en porcentaje del PBI.
Fuente: Espert, Dabós y Vignoli (2015)  

Como se observa claramente, el nivel actual de tamaño del Estado es inédita. Nunca jamás en la historia desde 1961 el gobierno a sustraído tanta porción del PBI. Le guste o no a los políticos y los analistas el actual problema fiscal argentino es extremadamente grave.
 

Apéndice

¿Qué es el Gasto Público Global? Desde 1961 hasta 2001 se usa el total de gastos (antes de Figurativas) publicado por el Ministerio de Economía. El Gasto Público Global Consolidado no es otra cosa que el Gasto Público Primario Consolidado más los Intereses de la Deuda Pública del Gobierno (Espert; Dabós y Vignoli, 2015). Para 2002-2014 se usa la siguiente fórmula:

Gasto Público Global Consolidado = Gasto Público Primario Consolidado + Intereses de la Deuda Pública Consolidados

El Gasto Primario de la Nación es la suma de los gastos corrientes (remuneraciones, bienes y servicios, rentas de la propiedad, prestaciones de seguridad social, déficit de empresas públicas, etc.) más los gastos de capital (inversión real directa e inversión financiera) menos las transferencias corrientes y de capital a las provincias y CABA (pues son ingresos de las provincias) menos los Intereses de la cuenta Rentas de Propiedad. En resumen:

Gasto Primario de Nación = Gastos Corrientes + Gastos de Capital - Transferencias Corrientes a provincias y CABA - Transferencias de Capital a provincias y CABA - Intereses

El Gasto Primario de las Provincias es la suma de los gastos corrientes (remuneraciones, bienes y servicios, prestaciones de seguridad social, transferencias automáticas y discrecionales a municipios, etc.) más los gastos de capital (inversión real directa, transferencias e inversión financiera, transferencias automáticas y discrecionales a municipios, etc) menos las Rentas de Propiedad. Es decir:

Gasto Primario de Provincias = Gastos Corrientes + Gastos de Capital – Rentas de Propiedad

Sumando ambos tenemos:

Gasto Primario Consolidado = Gasto Primario de Nación + Gasto Primario de Provincias

Luego vienen los intereses.

Los Intereses de Nación son los Intereses totales (en moneda local y extranjera) que se encuentran en las Rentas de Propiedad. A esos intereses totales hay que restarles los intereses de la Deuda Intrasector Público.

Intereses de Nación = Intereses – Intereses de Deuda Intrasector Público

Los Intereses de Provincias son los valores publicados bajo el nombre Rentas de Propiedad de las estadísticas fiscales de las provincias.

Intereses de Provincias = Rentas de Propiedad

Por lo tanto:

Intereses Consolidados = Intereses de Nación + Intereses de Provincias








Espert, José L.; Dabós, Marcelo y Vignoli, Guido (2015), "Determinantes del tipo real de cambio en la Argentina: una aproximación empírica, 1961-2014". Documentos de Trabajo Nº 309. C.A.B.A., Argentina: Universidad de Belgrano.

sábado, 11 de junio de 2016

El fin del laissez faire: el tamaño del Estado de occidente en el siglo XX

Mussolini (1933)

Suele decirse que el Estado no ha parado de crecer en influencia y tamaño a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. Una de las pocas veces en que Mussolini tuvo 100 % razón es cuando escribió esa frase profética que, a su vez, sintetiza muy bien este post. Como correctamente reconoce el dictador y genocida italiano, el siglo XX fue el siglo del Estado. No debería extrañar que, coincidentemente, la cantidad de muertos por parte del Estado a lo largo del siglo pasado fue abrumadora.

Pero veamos en números cuanto ha crecido el tamaño del Estado a lo largo del siglo XX.

Gasto público sobre PBI en países de occidente, 1870-2002

Como se puede esperar, la primera medida es la más evidente: la forma clásica de ver el tamaño del Estado es mirar el ratio (proporción) del gasto público sobre el PBI del país. El gráfico de arriba muestra la evolución de ese parámetro para el mundo occidental desde 1870 hasta 2002 según Tanzi (2005). Es muy claro mirando el promedio de todos los países (la línea roja) cómo el Estado occidental ha crecido sin parar desde 1870 hasta mitad de los 90s, con una desaceleración del crecimiento desde 1980 pero aun así incrementándose. El tamaño del gobierno en occidente ha pasado desde aproximadamente el 10 % del PBI hasta más del 45 % en 1996, bajando solo un poco en 2002. Es decir que, en relación al PBI, el tamaño del gobierno se ha multiplicado por 4,5 durante el siglo XX respecto de finales del XIX. No pueden quedar dudas del crecimiento estatal a lo largo de la centuria pasada.

Gasto público real sobre PBI en países de occidente, 1870-1995

Pero no solo el gasto público nominal en relación al PBI (también nominal) ha aumentado, el porcentual del gasto estatal en términos reales (la suma de salarios y materiales comprados por el gobierno, la parte de gasto gubernamental que usa recursos directamente) también lo ha hecho. En 1870 el gasto real estaba en menos del 5 % del PBI en occidente, pero hacia 1995 ya se encontraba en más de 17 % (Tanzi y Schuknecht, 2000: 24-25). El gasto público real en porcentaje del PBI se incrementó 3,4 veces a lo largo del siglo XX en el mundo occidental en comparación a fines del siglo XIX.


Empleo gubernamental sobre población total en occidente, 1870-1994

No solo el gasto estatal nominal y real ha aumentado incuestionablemente, también los empleados del gobierno lo han hecho. El porcentaje, sobre el total de la población, de personas que trabajan en el gobierno pasó de un mínimo 2,40 % en 1870 hasta un enorme 18,40 % en 1994 (Tanzi y Schuknecht, 2000: 26). Es decir, la cantidad de personas trabajando en el gobierno se multiplicó por 7,7. 

Nadie puede decir que el Estado no tuvo medios. Poseyó de manera creciente tanto recursos reales como recursos humanos para planificar. Sus numerosos fracasos a lo largo del siglo XX no pueden ser atribuidos a escasez de recursos, porque no lo hubo.









Mussolini, Benito (1933), "The Political and Social Doctrine of Fascism". En Mussolini, Benito (1928), My Autobiography: With ‘The Political and Social Doctrine of Fascism’. New York: Dover Publications, Inc. 2006.

Tanzi, Vito y Schuknecht, Ludger (2000), Public Spending in the 20th Century: A Global Perspective. Cambridge, United Kingdom: Cambridge University Press.

Tanzi, Vito (2005), “The economic role of the state in the 21st century”. Cato Journal. Vol. 25, No. 3, 617-638.

viernes, 15 de enero de 2016

Podemos despedir a los empleados públicos sin crisis (II)


Las siguientes preguntas y cuestiones posiblemente se le ocurran al lector del post anterior:

- “¿Puede realmente realizarse esto en Argentina?” 

Claro que sí. 

-“Pero no podemos echar a todos los empleados públicos. ¿Quién se encargaría de presidir el gobierno, hacer las leyes, cuidar las calles, pagarle a los jubilados, etc?” 

El caso que plantee sirve para demostrar que podemos echar a todos, si se quiere, sin graves problemas. Pero, si lo desean, pueden correr a todos menos a un número mínimo necesario de empleados para realizar las tareas básicas del Estado. La conclusión no cambia para nada. Si ese número es, digamos, 500 mil empleados, entonces pueden despedir los otros 3,93 millones tranquilamente. O en su defecto, a todos los 2 millones agregados en la “Era K”.

-“Lo que decís no es políticamente viable”. 

Sí lo es. Un político (del partido Demócrata) lo realizó en 1946. Y no le hizo mucho caso a las malas y apocalípticas predicciones de economistas keynesianos. No porque él fuera un presidente “laissez faire”, claramente no lo era, ni porque creyera en el mercado sino por circunstancias. Por ejemplo, Truman deseaba conservar los controles de precios y el congreso pasó legislación en junio de 1946 para mantenerlos otros nueve meses. Pero al presidente no le gustó la cláusula de caducidad y otros aspectos que los debilitaban, por lo cual vetó la propuesta. Como resultado, los controles de precios terminaron el 30 de junio de 1946 (Anderson, 2010). Truman y el congreso volvieron a reimplantarlos a fines de julio pero con muchas más excepciones y límites para los controladores, junto con una fecha para cerrar la Oficina de Administración de Precios. Para octubre los controles de precios causaron una escasez de carne y una encuesta reveló que la mayoría de la gente se había vuelto en contra de ellos, por lo cual Truman los eliminó sobre la carne. En noviembre, solo cuatro días luego de la derrota electoral en la cual el partido Republicano, muy crítico de los controles de precios, le quitó la mayoría en ambas cámaras a los Demócratas, Truman abolió casi todos los controles de precios restantes (Anderson, 2010). Como se ve, ya sea por circunstancias o por decisión deliberada, se puede hacer. Incluso en el caso de que realmente no fuera políticamente posible, es lo correcto y ya. Si me dicen que lo políticamente viable y lo correcto en muchas ocasiones no coincide, pues bienvenidos al podrido mundo real de la política.

-“¿Puede el sector privado argentino absorber a todos los empleados públicos echados?” 

Sí, pero solo: 1) bajando brutalmente (léase, ¡mucho!) los impuestos y eliminando la mayoría de ellos, 2) disminuyendo brutalmente (léase, ¡mucho más!) el gasto público total, 3) desapareciendo el déficit fiscal (léase, ¡cero!) y 4) quitando regulaciones estatales brutalmente (léase, ¡eliminarlas!) a la actividad privada laboral y empresarial. Si solo si se cumplen las cuatro, simultánea (nada de hacer una, y luego dentro de 2 años la otra) y rápidamente (nada de gradualismo), el desempleo no trepará al nivel que anticipan algunos pseudo periodistas al despedir a los empleados estatales.

- “Ese caso de Estados Unidos no es aplicable a Argentina porque son dos situaciones y economías muy diferentes”. 

En cuanto a la “situación”, es básicamente la misma: un Estado enorme y al cual la gente ya no está dispuesta a financiar más, con la posibilidad de despedir a una parte de importante de sus empleados. El detalle particular sobre la actividad que realizan los empleados estatales en el caso de Estados Unidos y en el caso de Argentina es irrelevante para el hecho general principal: gente que realiza tareas que el Estado impone. No importa que en un caso son soldados y en el otro empleados que manejan papeles, ello para nada altera el hecho de que ambas son actividades que reciben un salario pagado con impuestos y ambas contribuyen al tamaño desmesurado del Estado. 

Por otro lado, la capacidad empresarial argentina no es extremadamente diferente a la norteamericana o de otros países. Una vez liberados del peso regulador y expropiador del Estado, no hay ninguna razón por la cual los emprendedores argentinos no puedan aprovechar las múltiples oportunidades de negocio que surgirían en este país. Si no lo hacen los que ahora son empresarios, lo hará una nueva generación que les compita y los reemplace con ideas y modelos de negocio mejor adaptados a la situación en la cual el Estado ya no protege ciertas empresas con privilegios. De hecho, la baja de costos de oportunidad por la disminución de gasto, regulación e impuestos hará que, en términos netos, pueda haber más empresarios de los ya existentes. Trabajadores podrían surgir como emprendedores. Gente que antes no emprendía porque el ahogo estatal fastidiaba la rentabilidad esperada de sus proyectos, tendrá ahora incentivos para intentar llevarlos a cabo. Y aun bajo el supuesto, irreal y absurdo, que toda la población argentina es inepta para emprender y no lo hace a pesar de la gran cantidad de oportunidades de beneficios abiertas por el retroceso estatal; vendría gente no-argentina de otros lados cercanos o lejanos que sí está dispuesta a correr los riesgos. Eso fue lo que ocurrió en el siglo XIX, donde las personas venían a arriesgarse y prosperar mientras el Estado era solo el 10 % de la economía y no interfería como hoy. No hay ninguna razón para pensar que el sector privado no pueda absorber a la masa de gente echada del sector público, si se le permite operar libremente.

-Dado que los salarios reales ajustados por productividad bajaron en Estados Unidos luego de la “mega austeridad” de 1946, “¿Acaso sos un defensor de explotadores empresarios que está pidiendo una rebaja de salarios?” 

Claro que no. Yo no “pido” ni salarios altos ni salarios bajos, sino salarios libres. Ni privilegios estatales para contratistas ni para contratados, sino contratos libres. Si, dada cierta configuración del mercado laboral argentino desprovisto de privilegios, lo salarios reales deben bajar para evitar el desempleo masivo, pues que bajen. Si tienen que subir o mantenerse, pues que suban o se mantengan. Y ni siquiera es cierto que debamos hablar sobre “salarios” en agregado. Algunos salarios seguramente bajarán, pero necesariamente otros deben subir, todo ello reflejando el cambio de circunstancias en diferentes mercados. Lo que importa para la economía son los precios y salarios relativos, no el “nivel” de salarios. Pero incluso asumiendo que bajaran, ese ajuste se debería a la intervención previa del Estado gastando y manteniendo artificialmente elevados muchos salarios, no al mercado en sí. Luego del corto periodo de ajuste a la nueva situación, la productividad argentina aumentaría al estar liberada del lastre gubernamental. Con lo cual los salarios reales crecerían sosteniblemente a medio y largo plazo. Mientras que manteniendo el esquema actual de super-Estado, ciertamente el gran ajuste no ocurriría (al menos a corto plazo), pero la tendencia a la pobreza dados los bajos y decrecientes niveles de productividad argentina continuará. Usted decide si quiere un sacrificio de corto plazo para ser más rico luego o si quiere continuar en la lenta decadencia. No hay más opciones. 

-“¿Hay ahorro privado para llevar a cabo inversiones que permitan la absorción?” 

Sí, hay bastante ahorro. Según estimaciones del INDEC, unos 228.357 millones de dólares están fuera del sistema financiero (“bajo el colchón”, en cuentas externas, etc.) hacia el segundo trimestre de 2015. Pero a causa de, precisamente, la ultra-regulación estatal, los altísimos impuestos, los desastres monetarios históricos y expropiaciones debidas al déficit fiscal y el nivel distorsionador de gasto público; nadie tiene incentivos para invertirlos.

-La última pregunta es la más obvia: “¿Tiene el presidente Macri la valentía (ya ni siquiera el apoyo), la entereza y las ideas claras para llevar a cabo esto en esta forma no-gradual?” 

Mi respuesta es un rotundo NO. Macri no ha demostrado la valentía necesaria para esto (ni en sus 8 años en CABA ni en el mes que lleva de presidente), ni la entereza suficiente con su estilo de no confrontación y mucho menos ideas claras bajo su absurdamente amplio y vacío concepto de “gestión”. De hecho, hasta ahora, solo está tratando de salvar al Estado grande, en lugar de reducirlo, al poner CEOs exitosos de empresas privadas para “gestionar” la ineficiencia de las públicas. No esperen milagros, porque no los habrá. Macri es un estatista de derecha. Lo de que es “liberal” es solo propaganda que la izquierda (kirchnerista y no-kirchnerista) usa para encajar al mundo real en su orbe de fantasía.



Nota: lo anterior estaba escrito antes de que el gobierno anunciara sus metas hace unos días. Ello reveló el modo gradualista en que piensa llevar a cabo sus políticas. Por ejemplo, supuestamente bajando únicamente un punto de PBI de déficit fiscal en este año. Todo lo contrario de lo expresado aquí. 




Anderson, David R. (2010) “The U.S. postwar miracle”. George Mason University: Mercatus Center. Working paper 10-67.

jueves, 14 de enero de 2016

Podemos despedir a los empleados públicos sin crisis (I)


Argentina tiene actualmente un enorme problema fiscal y hoy en día está muy de moda hablar sobre despidos de empleados estatales. El país tiene aproximadamente 4,43 millones de empleados públicos. De ellos, 2 millones se agregaron durante la “década K”. La creencia popular es que no se los puede despedir porque solo engordarían las filas de desempleados, empeorando la situación económica y alimentando un descontento generalizado que podría terminar en una revuelta. ¿Puede Argentina despedir a miles o incluso millones de empleados estatales sin que ello provoque una crisis económica y un masivo desempleo? Un caso histórico nos ayudará a comprender que sí puede.

Luego de terminada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos bajó de manera brutal el gasto público. Millones de empleados del estado, soldados y civiles, fueron despedidos de la noche a la mañana. Con todo eso, la economía americana se mantuvo con pleno empleo y creciendo de manera formidable. La lección: se puede hacer un ajuste fiscal monumental, de manera rápida y sin crisis, ni desempleo, ni depresión económica. Como veremos, fue puro shock. No hubo nada de gradualismo. Las explicaciones keynesianas por el “milagro” de posguerra tienen tantos defectos que son descartables (Vedder y Gallaway, 1991; Higgs, 1999; Anderson, 2010).

Debido a la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos aumentaron el gasto público total (federal + state + local), principalmente defensa, desmesuradamente. Pasó de 18,82 % del PBI en 1941 a 51,79 % en 1945


Pero luego de la guerra, Estados Unidos bajó el gasto público total de más del 50 % del PBI de nuevo al 20 % en solo 3 años

Por otro lado, Argentina tiene hoy un gasto público consolidado (nación + provincias + municipios) de más del 50 % del PBI. La mayor parte del mismo no es otra cosa que salarios de empleados y jubilaciones.

Estados Unidos retrajo el nivel del gasto público* consolidado desde los 118 mil millones de dólares de 1945 hasta unos 79 mil millones en 1946. Es decir, el gasto estatal total cayó casi 33 % en solo un año. Luego, en 1947, se retrajo otro 27 % respecto al año anterior. Y finalmente disminuyó un casi 5 % en 1948. En total, el gasto estatal consolidado bajó un 53 % entre 1945 y 1948. El gasto público total se redujo a la mitad en solo 3 años.


Los déficits fiscales federales, dado el gasto total, para pagar la segunda gran guerra fueron monumentales. El rojo de las cuentas estatales absorbía el 29 % del PBI en 1943. Hacia 1944 bajó un poco hasta el 25 % para volver a subir el año siguiente hasta el 27 %. Terminada la guerra y con el brutal recorte de gasto de 1946, el déficit fiscal cae desde el 27 % hasta el 12 % del PBI (menos de la mitad de déficit en solo un año). Para 1947 el déficit era solo el 1 % (90 % de reducción en un solo año) y ya en 1948 se produce un superávit fiscal de más de 2 %.


En la actualidad, Argentina no tiene, ni de cerca, un déficit fiscal tan abultado. Pero aun así es muy elevado para un país que no está en guerra: un 8 % del PBI. El más alto de los últimos 28 años.

La FED tampoco realizó mucha expansión en esos años. El agregado de la base monetaria se estancó entre 1946 y 1951. Y la oferta monetaria M1 creció solo 9 % entre septiembre de 1945 y septiembre de 1948, mientras el M2 únicamente un 13 %. Nada fuera de lo normal.

Observen el siguiente cuadro que es el que presentan Vedder y Gallaway (1991) para Estados Unidos:


La Segunda Guerra Mundial terminó en septiembre de 1945. Solo en un año, desde junio de 1945 a junio de 1946, el gobierno despidió a casi 10 millones de personas. Leyeron bien: el gobierno en solo un año dejó sin empleo a 10 millones de americanos, 16 % de la fuerza de trabajo, que nosotros llamamos Población Económicamente Activa (PEA), de 1946.

En la Argentina actual, la PEA es de aproximadamente 19 millones de personas. Con lo que el total de empleados públicos representa un 23 % de la misma. Pero que ese porcentual sea mayor en el caso argentino no afecta el argumento. Ambos son porcentajes muy amplios de la PEA y ambos pueden bajarse a cero o un poco más de cero. En el caso argentino, si se quiere, se pueden despedir a varios millones, dejando solo el personal mínimo necesario para que el Estado realice las funciones básicas. Podemos incluso solo limitarnos a los 2 millones de empleados agregados en los últimos 12 años y que representan solo el 10,50 % de la PEA.

¿Acaso toda esa gente en la calle en tan poco tiempo provocó una subida fenomenal de la desocupación en Norteamérica? ¿Hubo una depresión luego de recortar drásticamente el gasto y empleo público como pronosticaban algunos economistas (varios keynesianos, claro) en años previos al fin de la guerra? ¿El sector privado pudo con toda esa mano de obre desocupada? Veamos:

A pesar de 10 millones de despedidos del Estado en solo un año, la tasa de desempleo llegó a un muy razonable 4,15 % en ese periodo. ¿Cómo fue posible esto?
  • 1) Hubo una caída en la oferta laboral: Noten que la población total apta para trabajar aumentó casi en un millón de personas en el año. A pesar de ese crecimiento neto del total, la PEA disminuyó en casi 5,6 millones de personas. Al terminar la segunda gran guerra mucha gente se retiró del mercado laboral. En particular, millones de mujeres voluntariamente decidieron salir de la fuerza laboral para volver a sus trabajos de madres, esposas y amas de casa**. Muchas otras, al igual que muchos hombres, decidieron también volver a la escuela o universidad. La participación de las mujeres en el empleo civil baja bastante, del 36,39 % al 29,65 %. Siempre recuerden que esta caída de la oferta laboral fue voluntaria. Con lo cual el desempleo potencial de 10 millones cayó en 56 % al ser absorbido por la salida voluntaria de 5,6 millones de personas del mercado laboral. La oferta de trabajo se contrajo y volvió a los niveles normales (históricos) que habían sido alterados por el hecho insólito de la guerra mundial (Vedder y Gallaway, 1991). Sin embargo, es falso decir que “el desempleo no fue alto solo porque las mujeres dejaron sus puestos en plantas y volvieron al hogar”. De las 4,9 millones de mujeres que entraron a la PEA entre 1941 y 1944, 2,4 millones permanecieron en el mercado laboral (Anderson, 2010).
  • 2) Ocurrió un aumento de la demanda del sector civil: A pesar de lo anterior, todavía quedaban 4,4 millones de desempleados. El otro factor que contribuyó a aminorar el desempleo fue que la industria civil (no empleo en el gobierno), en su mayoría sector privado, le dio trabajo a 2,7 millones de trabajadores en solo un año. El 27 % del desempleo potencial de los 10 millones fue absorbido por la producción civil entre junio de 1945 y junio de 1946 (Vedder y Gallaway, 1991). El restante 1,7 millón de personas, en adición a los 0,89 millones anteriores, son el 4,15 % de desempleo.
Alguien podría argumentar, mirando el cuadro, que el desempleo claramente subió desde más de 1 % en junio de 1945 hasta el 4 % en junio de 1946. Pero hay que aclarar que el desempleo de junio de 1945 está ficticiamente disminuido debido a que muchos trabajadores estaban “empleados” de soldado y peleando la guerra o haciendo municiones. En circunstancias normales (o sea, sin conflictos militares mundiales), menos de 5 % de desempleo es o “pleno empleo” o casi “pleno empleo”. Por si eso fuera poco, esa tasa menor a 5 % está por debajo de la tasa de desempleo promedio de Estados Unidos de todo el siglo XX. Es más, está incluso por debajo del promedio de los “prósperos” años 20s y 50s (Vedder y Gallaway, 1991). Para más inri, una intervención del Estado (los seguros de desempleo para veteranos) hizo que esa tasa de desempleo sea más alta de lo que habría sido sin la intervención (Higgs, 1999). Por lo tanto, el 4,15 % de desempleo de junio de 1946, ya terminada la guerra, es claramente “pleno empleo”.

Adicionalmente, el porcentaje de personas absorbidas por el sector civil fue mayor. Si incluimos las industrias de defensa, se despidieron en total a 11 millones de personas de las cuales 4 millones (más del 36 %) fueron absorbidos por la economía civil. Esto es debido a que, en el primer año de posguerra en que aumentó el empleo en 2,7 millones, las industrias de consumo todavía no alcanzaban la producción completa y también el empleo en fábricas de junio de 1946 estaba todavía más de 10 % debajo de los niveles de junio de 1945 (por la baja de producción relacionada con la defensa). Lo que implica que el crecimiento en el empleo no manufacturero y no del gobierno fue, de hecho, de 4 millones (Vedder y Gallaway, 1991). La tasa de desempleo continuó siendo asombrosamente baja hasta 1948. Entre 1944 y 1948, luego de que el gobierno despidiera a casi 11 millones de personas, el sector privado (comercio minorista y mayorista, servicios, construcción, vehículos y equipamiento, finanzas y bienes raíces, etc.) añadió 5,12 millones de empleos (Anderson, 2010).


Por otro lado, el PBI real norteamericano cayó un inédito 20,60 % en 1946, una bestialidad que superaba con creces el peor año de la Gran Depresión: 1932. También se desplomó antes en 1945 un 4 % y en 1947 un 1,5 %. ¿Qué ocurrió? ¿Hubo otra Gran Depresión en 1945-1947? No. Lo que hubo fue “magia estadística”. El PBI incluye el gasto público, el cual había subido tanto que absorbía gran parte del producto. Una baja desorbitada del gasto de gobierno implicaba una caída enorme del PBI. Si restamos el gasto público del PBI nos queda el producto del sector privado o Producto Bruto Privado (PBP). En 1946 el PBP real creció un increíble 29,50 %, cifra jamás igualada, mientras el PBI real caía 20,60 %. El PBP creció en 1945 aproximadamente 10 % y en 1947 un 3 % (Higgs, 1999). En total, el crecimiento del sector privado real en 1945-1947 fue de 33,80 % según cifras deflactadas con dudosos índices oficiales. Usando alternativos, el crecimiento pudo ser de 44,50 % (Higgs, 1999). En palabras simples, el sector privado surgió con toda su fuerza gracias a que el Estado se apartó.

¿Cómo ocurrió que el sector civil no manufacturero aumentó tanto como para absorber tamaña cantidad de empleados públicos despedidos?
  • a) Los salarios reales ajustados por productividad bajaron: se permitió que el mercado laboral hiciera los ajustes necesarios ante ese masivo exceso de oferta laboral de 11 millones en un solo año. Los mercados laborales actuaron rápido y eficientemente. Primero, como vimos, vía una reducción de la oferta. Segundo y adicionalmente, a través de una reducción de los salarios reales ajustados por productividad. Estos cayeron aproximadamente un 2,35 % en 1946 y un 7,15 % en 1947. Millones de trabajadores consiguieron trabajo y fueron contratados por empresas a pesar del futuro incierto simplemente porque “el precio era el correcto” (Vedder y Gallaway, 1991). Exactamente lo contrario de lo que ocurrió en la Gran Depresión, cuando el Estado no permitió al mercado laboral ajustar. Aun así, Higgs (1999) pone dudas de que todos hayan bajado.
  • b) Bajaron los impuestos: con la “Revenue Act” de 1945 se bajaron las tasas superiores de impuestos a los ingresos de las empresas y se eliminó el impuesto a las ganancias excesivas (un típico impuesto de guerra). Este último no era poca cosa. Solo entre 1941 y 1945 el acumulado de los pagos netos por ese impuesto fue de 40 mil millones de dólares (Higgs, 1999), que equivalen a 527 mil millones hoy. Con lo cual, las empresas disfrutaron de una suba de beneficios entre 1946 y 1948 (Higgs, 1999; Vedder y Gallaway, 1991). El ahorro bruto que permitían esos crecientes beneficios entre 1945-1948, habilitó buena parte de los fondos para el financiamiento de la gran inversión de posguerra que absorbió a los desempleados. La tasa marginal más baja también fue disminuida (Anderson, 2010).
  • c) Desregulación en tiempo record: la gran mayoría de los siempre cambiantes controles y regulaciones de guerra que asfixiaban la economía se quitaron en 1945, y en 1946 la mayor parte del resto (Higgs, 1999). Los controles de precios, regulaciones, prohibiciones, prioridades, programación de fechas, asignaciones físicas, conservación y limitación de órdenes, cuotas, subsidios, rechazos, racionamiento de bienes, racionamiento de crédito, control de tasas de interés, servicio militar obligatorio, la masiva inversión estatal, etc. desaparecieron en tiempo record (Higgs, 1999). En un lapso mínimo, dos años o menos, la economía norteamericana se despojó de una inmensa cantidad de regulaciones (Anderson, 2010). Ello validó la confianza e incentivó a los empresarios a actuar. Además, precisamente el hecho de que se esperaba que muchas regulaciones del mercado laboral fueran solo transitorias y se terminarían luego de la guerra, como finalmente ocurrió, fue otro factor fundamental para lograr el muy bajo desempleo.
  • d) El Estado no haciendo crowding-out: el Estado dejó de “desplazar” al sector privado al cancelar contratos militares inmediatamente, vender muchas fábricas estatales a privados, trasformar su déficit en superávit, etc. (Higgs, 1999)
Sí, es posible reducir el tamaño e influencia del Estado y despedir a todos los miles o millones de empleados públicos que se quiera en muy poco tiempo y sin un Apocalipsis de desempleo alto, crisis y depresión económica. En resumen, podemos “echarlos a todos”.

Vengan de a uno.




*Observen que el nivel del gasto público no regresa a la altura que tenía en 1940, sino que, luego de la tremenda subida, baja hasta una cota superior. Eso es lo que se conoce como "efecto trinquete" y es lo que refuta las absurdas teorías de Naomi Klein.

**Amiga/o feminista, si en caso de leer esto estás pensando en que yo quiero o estoy mandando a que las mujeres vuelvan a sus “roles” supuestamente “impuestos” por la “sociedad heteropatriarcal” o algo así, no entendiste nada. Contar los hechos históricos como fueron deja fuera cualquier intencionalidad que se invente el lector prejuicioso sobre quien escribe. 






Anderson, David R. (2010) “The U.S. postwar miracle”. George Mason University: Mercatus Center. Working paper 10-67.

Higgs, Robert (1999), “From Central Planning to the Market: The American Transition, 1945-1947”. The Journal of Economic History. Vol. 59, No. 3, 600-23.

Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell E. (1991) “The great depression of 1946”. The Review of Austrian Economics. Vol. 5, No. 2, 3-31.