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miércoles, 10 de agosto de 2016

El mito del Patrón Oro y el tipo de cambio fijo


Cuando se habla sobre Patrón Oro clásico buena parte del mainstream económico, vía innumerables libros de texto de Economía, suele describirlo como un sistema de “tipo de cambio fijo” o que el Estado “fija el precio del oro” (Sachs y Larraín, 2006: 251-52; Mankiw, 2014: 516-17; Eichengreen, 1996: 260; Mastrianna, 2013: 328).


Los partidarios de la Escuela de Chicago, quienes en buena parte son responsables de ligar al Patrón Oro clásico con los tipos de cambio fijos, suelen criticar a los de la Escuela Austriaca más o menos en estos términos: “Mantener un precio fijo entre el dólar y una unidad de oro es simplemente un control de precios. ¿Por qué ustedes austriacos, que creen en el mercado libre con tanta pasión, impulsan ese intervencionismo? ¿Cómo es posible que favorezcan el Patrón Oro clásico si en él el Estado aplica un control de precios? ¿Por qué si son liberales no dejan fluctuar el precio del oro libremente?” Como veremos a continuación, esa identificación de “Patrón Oro clásico = tipo de cambio fijo” es completamente errónea.

Recuerden que el término “tipo de cambio” es solo otro nombre para “precio”. En particular, el precio de una divisa extranjera en términos de la nacional. Por lo tanto, “tipo de cambio fijo” implica por necesidad un precio fijado, generalmente por la autoridad.

¿Qué es un precio? Simplemente es un cociente (una división o ratio) entre cantidades intercambiadas de dos bienes distintos. Por ejemplo, si para obtener (la cantidad de) una pizza la persona debe entregar (la cantidad de) 100 pesos, entonces el precio es $100/1 pizza o como comúnmente lo expresa la gente: “la pizza vale $100”. Noten que son dos bienes diferentes, dos mercancías independientes (pizzas por un lado y pesos-dinero por otro). No necesariamente deben ser desiguales en términos físicos, sino en términos subjetivos de los actores que intercambian. Es fundamental entender que en el caso de cualquier precio las entidades intercambiadas son independientes o distintas las unas de las otras, ya sea que estemos en una economía de trueque (bienes pizzas a cambio de bienes zapatos) o monetaria (bienes pizzas a cambio de bien dinero). La propia idea de un mercado únicamente tiene sentido entre diferentes entidades, distintos bienes y servicios (Rothbard, 2011: 743-44; Salerno, 2010: 350-51). En resumen, cualquier mercado, cualquier intercambio o cualquier precio, única y exclusivamente tiene sentido con bienes o servicios considerados diferentes.

Con el dinero bajo Patrón Oro clásico la historia es opuesta. El oro y el dólar (o la libra, el franco, el marco, el peso y cualquier otra denominación) NO son dos bienes independientes o diferentes. El dólar y el oro son uno y el mismo bien, solo que uno (el dólar) es la unidad de peso del otro (el oro). Dado que son lo mismo, es absurdo que haya un mercado y, por ende, un precio para un bien en términos de sí mismo. Se estaría intercambiando el bien por el mismo bien.

A nivel mundial, en ese sistema los nombres de las diferentes monedas nacionales no son entidades independientes, como frutillas y zapatos, sino solo motes de la misma cosa. Son denominaciones para distintos pesos de oro o plata. Por ende, deben tener el mismo estatus que cualquier definición fija de peso o medida. Un mercado y precios no tienen sentido entre distintas unidades de la misma entidad. Hay mercado para intercambiar entre bienes distintos como el cobre, la leche, la carne o las frutillas; pero no lo hay para cambiar entre onzas de cobre y kilos de cobre o entre litros de leche y galones de leche o entre metros de tela y pies de tela (Rothbard, 2011: 744; Salerno, 2010: 350-51).

Pero aun suponiendo el caso absurdo de que se creara un mercado para, por ejemplo, centavos y dólares, sería completamente caótico que la relación fija de 100 centavos = 1 dólar fluctuara día a día u hora a hora. Por supuesto, algo con tal volatilidad jamás podría cumplir la función de unidad de medida para contabilidad o cálculo económico. Las unidades de medida (1 dólar = 100 centavos, 1 onza = 28,35 gramos, 1 metro = 3,28 pies, etc.) deben ser necesariamente fijas para que cumplan su propósito, sino no sirven. Cualquier intento de medida se desvanece cuando se cambian las relaciones entre, por ejemplo, metros y pies. Para los cálculos humanos, las unidades de medida o son fijas o no son unidades de medida (Rothbard, 2011: 743). Una libra es universalmente definida como consistente de 16 onzas, un dólar es definido como consistente en 100 centavos. Los estándares de peso o medición se establecen por definiciones comunes y es precisamente para que sean fijos para todos los que los usan.

Decir que, bajo Patrón Oro, el gobierno “fijó arbitrariamente” el tipo de cambio entre varias monedas es como decir que definió arbitrariamente 1 libra de peso como compuesta de 16 onzas o 1 metro como 3,28 pies o un dólar como 100 centavos. Esas definiciones, todas las de peso o medida, no tienen por qué haber sido necesariamente impuestas por el gobierno. No hay nada que impida que puedan ser fijadas por grupos de científicos o costumbre y uso común del público general (Rothbard, 2011: 745-46). De hecho, la libra es universalmente definida como consistente en 16 onzas, no por un edicto del gobierno sino porque los estándares de peso y medida se establecen por definición de uso común.


Otra forma de verlo es como explica George Selgin: "Patrón Oro significa que una masa estándar de oro (tantos gramos u onzas de oro puro) define la unidad monetaria doméstica. La unidad monetaria ("dólar") no es otra cosa que una unidad de oro, no es un bien por separado con un potencial precio fluctuante contra el oro... la moneda doméstica (y las cuentas corrientes) estaba denominada y era redimible en oro, pero no tenían un precio en oro."

Veamos un ejemplo con diferentes monedas de distintos países como el de Rothbard (2011: 745-46): un dólar fue definido como aproximadamente un veinteavo de onza de oro, la libra esterlina como un poco menos de un cuarto de onza de oro y el franco como un centésimo de onza de oro. Es decir:


1 dólar = 1/20 de onza de oro

1 libra = 1/4 de onza de oro

1 franco = 1/100 de onza de oro

Dadas esas definiciones, las equivalencias son simples operaciones aritméticas. Por ejemplo, para saber cuánto equivale una libra en términos de otras monedas hay que hacer: (1/4)/(1/20) para el dólar y (1/4)/(1/100) para el franco. Por lo tanto, la libra se cambiaba por cinco veces lo que se cambiaba por un dólar, la “tasa de cambio” entre dólar y libra es cinco dólares. Re
pitiendo el proceso tenemos:



1 dólar = 1/5 libra y 1 dólar = 5 francos

1 libra = 5 dólares y 1 libra = 25 francos

1 franco = 1/5 dólar y 1 franco = 1/25 libra

Una libra es igual a cinco dólares por el simple hecho matemático de que 0,25 (1/4) es cinco veces 0,05 (1/20). La libra tenía aproximadamente cinco veces la cantidad de oro y por ello era cinco veces más valiosa que el dólar y veinticinco veces el franco. Pero noten que ello es así no por las leyes del mercado ni porque el gobierno “fijó el precio del oro”, sino simplemente por las leyes de la aritmética (Salerno, 2010: 350). 5/20 onzas de oro (5 dólares) es igual a 1/4 de onzas de oro (una libra). ¿Hay algo arbitrario allí? ¿Existe control de precios en eso? No y no. Había 5 veces la cantidad de oro en una libra, porque fue definida como 1/4 de onza, de lo que había en un dólar americano, que fue definido como 1/20 de onza. Es, por tanto, incorrecto usar el término “tipo de cambio” o “tasa de cambio” para describir la relación entre dólares y libras. Como ya se repitió varias veces, los tipos de cambio o precios designan una división de cantidades de dos bienes distintos, mientras la libra y el dólar designan dos pesos diferentes del mismo bien, el oro.

Si
la gente llevaba su oro al banco, se hacía un contrato con este por el cual devolvería la propiedad del depositante (el oro) cuando el cliente redimiera la nota de banco o dólar. Pero la nota de banco o la chequera o el dólar no eran dinero en si mismos, eran un recibo que permitía redimir esa nota por dinero (oro). Podían usarla de sustituto monetario porque era más conveniente si querían. Aun así, la nota o el dólar no era dinero y, lo más importante, la gente lo comprendía perfectamente. Si le dan a alguien un título de propiedad de un auto, esa persona sabe perfectamente que el título no es el vehículo. De la misma forma, el banco no les vendía oro a sus depositantes cambio de la nota de banco o dólar, sino que cumplía un contrato de redimir la propiedad a cambio del título de la misma. Por ende, la tasa a la cual el banco devolvía oro a cambio de redimir la nota no era un precio. En Patrón oro clásico, todas las naciones del sistema tienen el mismo dinero: el oro. Aunque sí pueden tener diferentes nombres que designan distintas unidades o pesos del dinero (oro).


Como se ve, la paridad fija se establece tanto (a) entre las notas de banco o billetes y el oro, como (b) entre distintas monedas de diferentes países (y distintos bancos centrales). En ambos casos el dinero es el oro. En cuanto a (a), el banco, banco central o gobierno cumplen su contrato para redimir dinero (oro) a cambio del título de propiedad, no están vendiendo oro. Y en cuanto a (b), todas las naciones usan un solo dinero: oro. Las divisas son solo nombres de distintos pesos de la misma cosa y, por ende, las diferencias de cambio siguen las leyes de la aritmética, no las de oferta y demanda.

En conclusión, bajo Patrón oro clásico no hay tipo de cambio fijo ni hay fijación por parte del gobierno del precio del oro. Un tipo de cambio es un precio entre dos cosas diferentes. Lo que conocemos como nombres de distintas divisas nacionales no son entidades independientes en absoluto. No son, en esencia, cosas diferentes, sino diferentes pesos de la misma cosa (oro o plata). Dado que son eso, deben tener necesariamente el mismo estatus de definición fija que el peso o la medida (Rothbard, 2011: 743). La equivalencia entre e
llas está regida por las leyes de la aritmética y no por las leyes de oferta y demanda o por una fijación de precio del gobierno. Describir el Patrón oro como “fijar el precio del oro” o como “tipo de cambio fijo” es un grave malentendido. Bajo Patrón Oro clásico, el dinero es el oro y el oro es el dinero (Mises, 1949: 425) y, contra lo que dicen los monetaristas, no hay ningún control de precios.








Eichengreen, Barry (1996), La globalización del capital: historia del sistema monetario internacional. Barcelona, España: Antoni Bosch editor, S.A.

Mankiw, N. Gregory (2014) Macroeconomía, 8ª ed. Barcelona, España: Antoni Bosch editor, S.A.

Mastrianna, Frank V. (2013) Basic Economics, 16ª ed. Estados Unidos: South-Western, Cengage Learning.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar’s Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Rothbard, Murray N. [Ludwig von Mises Institute Ed.] (2011) Economic controversies. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Sachs, Jeffrey D. y Larraín B., Felipe (2006), Macroeconomía en la economía global. Buenos Aires, Argentina: Pearson Education, S.A.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute
.

domingo, 23 de agosto de 2015

¿Cuánto tiempo fueron libres los precios en Argentina?


El socialismo, en su versión progresista de izquierda o conservador de derecha, suele culpar al mercado libre de numerosas crisis económicas. En particular, de las más importantes como el rodrigazo de 1975, el fin de la "tablita" de Martinez de Hoz de 1981 o la hiperinflacion de 1989. Achacando esas crisis al Liberalismo o a esa construcción sin sentido que los socialistas denominan "neo-liberalismo". Si eso fuera cierto, entonces una de las cosas principales que deberíamos confirmar para saber si "imperaba el Liberalismo" en Argentina es que los precios fueron libres todo el tiempo o, al menos, gran parte de él

En un no muy nuevo libro de FIEL (1990) podemos ver cuánto tiempo fueron libres los precios en los 274 meses que van desde febrero de 1967 hasta noviembre de 1989. El siguiente cuadro está basado en los datos de ese trabajo (FIEL, 1990
: 14):

Fuente: FIEL (1990: 14)

Del total de 274 meses entre febrero de 1967 y noviembre de 1989, los precios han sido libres solo 30 meses o el 11 % del tiempo. La mayor parte del tiempo, 95 meses o un 35 % del total, estuvieron regulados con precios máximos. También han estado controlados el 28 % del tiempo o 76 meses. Un 21 % del tiempo son los 57 meses que estuvieron vigilados. Y un 16 % y 13 % del tiempo estuvieron concertados y congelados respectivamente. Por último, casi el 10 % del tiempo estuvieron pautados.

Los precios en Argentina fueron libres solo el 11 % del tiempo entre 1967 y 1989. El restante 89 % estuvieron regulados de alguna manera por el Estado.

El supuesto "plan neoliberal", en particular desde 1976 en adelante, debía necesariamente incluir, como mínimo, completa libertad de precios (por algo es "liberal", ¿No?). Lo cierto es que NO la hubo casi la totalidad del periodo.

A pesar de esa abrumadora y evidente intervención estatal en el mercado la inmensa mayoría del tiempo, muchos socialistas siguen culpando al Liberalismo y a la libertad de las crisis. 


FIEL (1990), Control de precios e inflación. La experiencia argentina reciente. Buenos Aires, Argentina: Manantial.

sábado, 22 de agosto de 2015

Rothbard explica la situación de Venezuela... 53 años antes


En su fabuloso tratado de Economía de 1962 paginas 892-900 y 1075-1086, el economista de la Escuela Austriaca Murray Rothbard realiza un análisis sobre los controles estatales en los precios (precios máximos y mínimos). Por supuesto, su estudio ni fue el primero ni fue el único y, además, en sus conceptos básicos, era y es el análisis convencional. Pero es interesante cómo la realidad de Venezuela hoy en día encaja perfectamente con el análisis económico fundamental.

Para supuestamente "prevenir" o "combatir" la inflación, los gobiernos, a veces, imponen precios máximos a nivel general. El precio máximo es una prohibición de vender bienes o servicios por un precio superior al establecido previamente por la autoridad. El gobierno de Venezuela lo hace desde 2003.

Recuerden que el poder adquisitivo es el precio del dinero y también es la inversa de los precios. Es decir, si el precio de un chicle es $0,50, entonces el poder adquisitivo del dinero es la inversa de ese precio (1/0,50 = 2). Multiplicando eso por una cantidad cualquiera de dinero, podemos saber cuántos chicles compramos. Si tenemos $20 en el bolsillo, sabemos que obtenemos 40 chicles (20*1/0,50). Con $20 podemos adquirir (poder adquisitivo) 40 bienes particulares (chicles).

El precio de mercado de los chicles es $0,50, pero al gobierno le parece "excesivo". Por lo tanto, decide imponer un precio máximo: nadie puede vender los chicles por un precio mayor a $0,20.

Veamos la situación en uno de los gráficos que usa Rothbard (modificado por mí) donde se mide, en el eje vertical, el precio (de menor a mayor, empezando desde 0 hacia arriba) y, en el eje horizontal, la cantidad (de menor a mayor, empezando desde 0 hacia la derecha):


La figura es básicamente la usada para el análisis standard del precio máximo y muestra el mercado de bienes. Las rectas DD y SS son la demanda y la oferta respectivamente de un producto cualquiera. FP es el precio de mercado, mientras que 0C es el precio máximo establecido por el gobierno. Obviamente, el precio máximo 0C está por debajo del de mercado FP. Siguiendo con el caso del chicle, el precio de mercado FP es $0,50 y el precio ordenado por el gobierno 0C es $0,20. A ese precio artificialmente bajo, la cantidad demandada B es mayor que la cantidad ofrecida A. La cantidad o la "distancia" AB muestra la escasez artificialmente creada del producto.

Por otro lado, el precio del dinero (poder adquisitivo) aumenta artificialmente desde los 2 (1/0,50) anteriores hasta 5 (1/0,20). El poder adquisitivo, en términos de chicles, ahora está por encima del que existiría en un mercado libre sin la intervención estatal.

Una política de precios máximos sobre todos o la mayoría de los bienes importantes, mientras sea efectiva, equivale a imponer un precio mínimo al dinero (un mínimo al poder adquisitivo).

Un análisis similar al anterior se aplica al siguiente gráfico, también de Rothbard y modificado por mí, que muestra el mercado de dinero con el eje vertical midiendo el precio del dinero (poder adquisitivo) y el horizontal la cantidad de dinero:

 

La recta DmDm es la demanda de dinero y la recta SmSm es la oferta (o, mejor dicho, el stock) de dinero. Esta última es vertical porque, en cualquier momento dado, siempre hay una cantidad fija de dinero. La recta SmSm es equivalente a 0F y, por otro lado, FP es el poder adquisitivo que el mercado fija para la unidad monetaria. Luego de los precios máximos, el poder adquisitivo sube artificialmente hasta 0C. En ese valor, la cantidad de dinero excede la demandada y el exceso artificial de oferta se verifica en la distancia GH.

Dado el nuevo y "mayor" poder adquisitivo, el stock de dinero excede el demandado. Hay un excedente de dinero sin vender. Con $20 antes se compraban 40 chicles, ahora se pueden adquirir 100. Como su demanda de dinero no cambia, las personas tratarán de deshacerse de ese exceso de dinero vendiéndolo y adquiriendo bienes (chicles que ahora son baratos, por ejemplo).

La gente corre a comprar cosas y tratan de deshacerse de sus excedentes monetarios, pero no pueden pues no hay bienes. A esos precios más bajos se ofrecen menos productos. Los productores y vendedores marginales (los que operan con mayores costos) desaparecen. El dinero se vuelve inútil pues no se puede intercambiar, la función esencial del mismo. Todos tienen mucho dinero, pero no pueden comprar nada ¡Poéticamente irónico!

Dado que no se puede ajustar vía precios, ¿Que otras alternativas aparecen? Rothbard da algunos ejemplos:
  • Sobornos: se corrompe a la gente para obtener algo de lo que otros no tendrán. Venezuela es un caso de manual en sobornos para conseguir productos y los permisos. Incluso este término es incorrecto pues el "soborno" es simplemente el pago del precio de mercado por parte del comprador.
  • También podríamos incluir la violencia como otra alternativa de asignación. Casi no hay productos, estoy al final de la cola, no soy amigo y no tengo nada para sobornar; entonces le doy un golpe al dueño y me lo quedo.
Como correctamente explica Rothbard, todo ese dinero sobrante genera una presión importantísima para que surja el mercado "negro" (es decir, EL mercado) y hacia allí se canalice el dinero sobrante.

Observen como la equivalencia antes mencionada se cumple a la perfección para las intervenciones en los precios destinadas a todos o una parte importante de los bienes. Una política de precios máximos (por debajo de los de mercado) en el mercado de bienes necesariamente equivale a una política de precios mínimos (por encima de los de mercado) en el mercado de dinero.

jueves, 10 de abril de 2014

Allende el Destructor


Dentro de los ejemplos históricos de como destruir un país entero en solo unos pocos años no solo tenemos joyitas como Lenin y Trotsky, hay muchos casos de donde aprender. Uno paradigmático fue el del también socialista Salvador Allende (1970-73) en Chile.

La izquierda, gran fabricante de mitos, lo tiene como una especie de buen revolucionario que, por la vía democrática, quería instaurar en Chile un sistema para que los trabajadores vivan mejor. Su proyecto, sin embargo, fue truncado por (como era de esperar) Estado Unidos con su gobierno híper-conservador y los militares golpistas anti-comunistas que pusieron a Pinochet al mando del país. Por lo tanto Allende fue solo la víctima de malvados grupos de intereses conservadores que le hicieron la vida imposible para evitar sus reformas que ampliaban el poder de los trabajadores en la continua guerra de clases. Aproximadamente así reza el relato de izquierda.

La realidad y los datos, sin embargo, muestran que lejos de ser la víctima, Allende fue el victimario. Y concretó uno de los desastres económicos más grandes del continente en solo 3 años.

Antes de la Tormenta

Durante los 60s en Chile hubo un enorme crecimiento de las actividades políticas y sociales. Se duplicó la cantidad y porcentaje de gente registrada para votar, también se duplicó la cantidad de gente afiliada a los sindicatos (Larrain y Meller, 1991), surgió un movimiento hippie chileno que hasta tuvo su propio "Woodstock", Pablo Neruda era el gran referente de la poesía, el asesinato de J. F. Kennedy, de Luther King, la guerra de Vietnam, revueltas estudiantiles en Europa, etc. Parte de la "Era dorada del keynesianismo" estuvo marcada por el descontento social.

La presidencia de Frei (1964-70) tenía opinión pública mezclada: A pesar que los primeros 3 años se consideraban buenos, los últimos fueron considerados malos dadas las grandes revueltas sociales y la magra performance económica respecto a lo esperado (Larrain y Meller, 1991).
 
Larrain y Meller, 1991
Larrain y Meller, 1991
Como se ve, el desempleo no aumentó astronómicamente y los salarios reales aumentaron a un muy decente 9,7 % anual, aun cuando la inflación iba en subida. A pesar de que el salario real no bajó (sino que al contrario, subió), la mayor participación en los sindicatos por parte de los trabajadores los hizo aprovechar su posición y aumentar brutalmente la cantidad de huelgas. En 1960-64 prácticamente no hubieron huelgas (98 en todo el periodo), mientras que solo en 1970 se hicieron 1.580 a pesar que el salario real se incrementó 8,5 % (Larrain y Meller, 1991).

Te preguntaras ¿Por qué importa la situación previa? Es simple. Para demostrar que Allende no recibió una mala situación económica. Solo una economía desacelerada con un frente externo relativamente bueno. Ya desde el diagnóstico inicial, los socialistas estaban equivocados. Era falso que la economía estuviera en una "depresión aguda" (López, 1971) dadas las cifras mostradas.

De acuerdo a Allende y su partido, la economía chilena presentaba 4 características que había que cambiar: Era 1) monopolística; 2) dependiente (externamente); 3) oligárquica y 4) capitalista. Estaban claramente influidos por el así llamado "estructuralismo", desarrollado durante los 60s principalmente desde la CEPAL. En otras palabras, los socialistas del gobierno de Allende tenían una visión estructuralista de la realidad de su país. De hecho muchas de las cabezas de la administración de Allende eran "CEPAL Boys" (Dornbusch y Edwards, 1989).

El programa macroeconómico siguió los lineamientos del "estructuralismo" (Dornbusch y Edwards, 1989). La economía chilena, según ellos, funcionaba así: a) La inequitativa distribución del ingreso generaba un patrón de consumo y demanda fijo, por lo que el mercado estaba dominado por la gente de ingreso alto. Las empresas satisfacían principalmente esta demanda "oligárquica". Es como decir que por mucho dinero que tengan, los Bill Gates chilenos solo pueden comer 5 filetes al día. Por lo tanto las empresas producirán una menor cantidad (los pocos Gates chilenos no pueden comer más de 5 al día) a mayor precio. En lugar de producir mucho más a menor precio, 2 filetes al día para 100 mil trabajadores por ejemplo. b) La producción estaba dividida en dos: Un sector con tecnología avanzada y otro retrasado. Obviamente el de alta tecnología producía para los ricos y el otro para los pobres. La mayor inversión extranjera solo reforzaba esta estructura dual. Había empresas haciendo bienes de "lujo" con excesivamente altos ratios de capital/trabajo y otras produciendo bienes básicos con uno bajísimo. Al aumentar la demanda de los trabajadores, aumentaría la de las industrias con bajo ratio capital/trabajo, con lo cual el empleo subiría rápidamente. Y con ello la inversión necesaria, si es que se acababa el exceso de capacidad ociosa, para aumentar la producción sería más baja dado que hasta los "estructuralistas" sabían que para mantener la expansión era necesario algo de inversión. c) Como los ricos demandaban relativamente menos cantidad de bienes, las empresas modernas no producían a su máxima capacidad, su escala era baja e ineficiente. La estructura era ineficiente y producía bienes no-esenciales para los ricos. Se creía que había un enorme exceso de capacidad en el sector manufacturero. Por lo tanto, enormes déficits fiscales no serían inflacionarios. La empresas con tanta capacidad ociosa enfrentan costos medios decrecientes por lo que, si hay un control de precios correcto, aumentos de demanda no generaran aumentos de precios. Es más, al estar nacionalizadas y no preocuparse de obtener beneficios, las empresas grandes podrían aumentar la producción enormemente bajando los precios. d) El menor nivel de producción y escala aumentaba la concentración monopolística que aumentaba la inequitativa distribución del ingreso volviéndonos al punto a) y reforzando todo el proceso. En las mentes socialistas-estructuralistas, Chile estaba en un círculo vicioso por el cual la desigual distribución de la riqueza inicial generaba una estructura de mercado oligopólica que reforzaba la desigual distribución (Larrain y Meller, 1991). Se creía que ese exceso de capacidad ociosa se debía a a) La estructura "monopolística" del sector manufacturero (y el patrón de consumo) y b) La estructura de la distribución del ingreso (Dornbusch y Edwards, 1989).

¿Solución al problema? ¡Simplemente nacionalicemos gran parte de la economía! 1) Nacionalicemos recursos naturales principales como cobre, carbón, nitrato, hierro y acero (de paso con esto nos enfrentamos a los imperialistas yankis que siempre es popular). 2) Estaticemos las principales y grandes empresas industriales. 3) Intensifiquemos la reforma agraria. 4) Estaticemos el sistema bancario. 5) Apliquemos control estatal a las principales empresas distribuidoras y proveedoras (Larrain y Meller, 1991).

Larrain y Meller, 1991
Con esto el Estado tiene: a) Control de los medios de producción para orientarlos a fines sociales, por el bienestar de la mayoría (los trabajadores). b) El superávit que esto permite que el Estado obtenga, hace que pueda orientar la producción y desarrollo para la mayoría. c) Como la economía chilena tenía supuestamente i) mucha capacidad ociosa y desempleo, y además ii) gran cantidad de reservas internacionales y stocks en las industrias; el Estado puede llevar a cabo las medidas sin problemas (Larrain y Meller, 1991).

¿Que podría salir mal?...

El "Exito": 1971

La receta era simple: 1) Aumentamos ("reajustamos") salarios nominales mientras al mismo tiempo aplicamos control de precios (precios máximos). Esto empujará los salarios reales y así se provocaría la ansiada redistribución del ingreso cuya desigualdad era la causa de los males. Los mayores salarios reales empujarán la demanda por más bienes básicos llevando a mayores niveles de producción y empleo (¿Se acuerdan cuando vimos las enormes falacias de esto acá y acá?). 2) Aumentamos el gasto público que reforzará la reactivación junto con la suba de salarios. 3) Aumentamos ("pasivamente") la cantidad de dinero y crédito acompañando y dando liquidez, pero jamás entorpeciendo, la reactivación. 4) Mantenemos un tipo de cambio nominal fijo, así evitamos "empuje de costos y precios" en la economía. 5) Como nacionalizamos los recursos naturales que exportamos, podemos aumentar las exportaciones y eso nos dará la moneda extranjera que necesitemos. 6) Como partimos de una situación en la que tenemos muchas reservas internacionales (casi U$S 400 millones, medio año de importaciones), estas nos servirán para ajustar cualquier posible desequilibrio externo. 7) Como la inflación es en realidad estructural, se soluciona fácilmente. Con el control de precios, el tipo de cambio fijo, el control estatal de la producción y la eliminación del marketing y todos esos "costos superfluos". Dados los aumentos de salarios nominales y el control de precios, el beneficio por unidad producida caerá. Pero como hay muchísima capacidad ociosa, los empresarios compensarán esa caída aumentando la cantidad producida y vendida (Larrain y Meller, 1991).

Resultados:
Larrain y Meller, 1991
Larrain y Meller, 1991
Larrain y Meller, 1991
Al inicio, durante el primer año (1971), todo parecía ir bien. La tasa de crecimiento del PBI en 1971 llegó al 8 % desde un 3,6 % en 1970. La minería, la industria, el comercio y los servicios crecieron a tasas enormes. Excepto por la agricultura, todos los sectores parecían estar en auge. La inflación bajó del 36,1 % (1970) al 22,1 % (1971) anual. El desempleo bajó del 5,7 % al 3,8 %. Los salarios reales subieron un asombroso 22,3 % en 1971. La "desigualdad" se redujo. Los salarios como porcentaje del ingreso nacional pasaron de 52,2 % en 1970 al 61,7 % en 1971. El salario mínimo real de los obreros que realizaban las tareas más básicas, conocidos como "cuello azul" (blue-collar) por el color del mameluco que usaban, aumentó mucho más (56 %) que los de los trabajadores de mayor rango "cuello blanco" (white-collar) (23 %) en 1971, tratando de solucionar así la desigualdad entre trabajadores. Los salarios mínimos se aumentaron al año 1971 39 % para los cuello azul y 10 % para los cuello blanco. El gasto público aumento 36 % en términos reales en 1971 creando un programa para construir 76.000 viviendas en ese año, versus las 24.000 de 1970. La cantidad de dinero M1 aumentó 119% en 1971, y recuerden que habían controles de precios mientras se tiraba todo ese dinero a la economía. Los socialistas no lo podían creer.

Sin embargo toda esta "prosperidad" fue artificial, insostenible y ridículamente fugaz. Habiendo subido salarios nominales entre 40 y 50 %, el gasto público nominal más de un 60 % y la oferta monetaria más de 100 %, ¿Cómo era posible que la inflación bajase de 36,1 % al 22,1 %? Simple: Habían controles de precios en el sector privado y congelamiento de tarifas en sector público. El control de precios solo parecía funcionar porque 1) El gobierno tenía control directo e indirecto de varios eslabones en la cadena de consumo y producción, la mayoría de las principales empresas minoristas e importadoras fueron nacionalizadas. Además les daban líneas de crédito si cumplían los acuerdos de precios. Hasta tenían el mecanismo fascista que hoy conocemos en Argentina como "precios cuidados". 2) Como tantas empresas fueron expropiadas anteriormente, los empresarios estaban muy asustados de ser los próximos, por lo cual estaban obligados a seguir los precios del gobierno. El "éxito" del aumento de salarios reales en 1971 se debía precisamente a que los controles de precios parecían funcionar (al inicio) mientras los salarios nominales subían bestialmente.

El Precio del "Exito": Los Desequilibrios 

Todo esto debía necesariamente pagarse alguna manera. Recuerden que el socialismo funciona "hasta que se acaba el dinero", y en este caso se agotó muy pronto.

1) Parte del desequilibrio gigante que permitía el "milagro" socialista de 1971 se encontraba precisamente en el sector público. El déficit del gobierno general paso del 3,51 % del PBI en 1970 al 9,76 % en 1971. Peor aún, el déficit del gobierno consolidado no financiero paso de 6,7 % del PBI en 1970 a un 15,3 % del PBI en 1971. 2) ¿Cómo se financiaba el déficit? Con crédito para el sector público, el cual aumentó 124 % en 1971. ¿Quién daba el crédito? Más del 90 % lo proveía el banco central en forma de dinero de alto poder (impresión de billetes), lo cual explicaba gran parte del aumento de 119 % del M1. 3) Las reservas internacionales se esfumaron. De U$S 394 millones en 1970 pasaron a solo U$S 163 millones en 1971, ¡¡¡Menos de la mitad en solo un año!!! En realidad la caída debió haber sido aun mayor, pero el gobierno suspendió pagos de servicio de deuda externa en 1971 y empezó negociaciones. 4) La balanza comercial paso de un superávit de U$S 95 millones en 1970 a un déficit de U$S 90 millones al año siguiente. Cierto, parte de esto se debió a la caída del precio mundial del cobre. Los controles de capital bestiales impidieron temporariamente que el déficit comercial fuera peor que los U$S 90 millones, además para poder importar previamente había que hacer un depósito de 10.000 %. 5) A pesar que el consumo aumentó 12,4 % en 1971, la inversión bruta se desmoronó 2,3 % así como su participación en el PBI que paso de 23,4 % (1970) a 20,8 % (1971). 6) Lejos de cumplirse el objetivo del gobierno, los incrementos salariales y el control de precios terminaron suprimiendo los beneficios de las empresas. La escasez, característica inherente a todo proceso socialista, comenzó a aparecer a mitad de 1971. El gobierno no le dio importancia pues asumía que era simplemente un efecto transitorio debido a la "saludable" redistribución del ingreso: El rezagado pueblo estaba por fin consumiendo repentinamente, por lo cual era "normal" que faltaran algunas cosas. 

Y todo esto es apenas el comienzo de la destrucción…

¿Conspiración Internacional? ¡NO!

Queda muy claro que todo lo anterior no podía terminar bien. El futuro colapso post-1971 fue la consecuencia inevitable de la expansión "exitosa" previa. La presencia evidente e irrefutable de los desequilibrios monetarios, fiscales, externos, de precios, de estructura productiva, de reservas y stocks, etc. fue totalmente ignorada deliberadamente por el gobierno, el cual aumento su popularidad con el "boom" de 1971 y decidió continuar el rumbo malsano. La pseudo-teoría conspirativa inventada por la izquierda para justificar el caos que sigue, solo debe ser entendida como un escape psicológico de la realidad de su fracasada ideología. Muchos socialistas atribuyen el fracaso absoluto de Allende, no a su torpeza e ignorancia, sino a una conspiración externa de Estados Unidos y el gobierno conservador de Nixon junto a Kissinger.

Dado que 1) Existían grandes desequilibrios insostenibles y 2) El gobierno los ignoró deliberadamente y no cambió su rumbo insostenible por no "traicionar su ideología"; entonces que la economía terminara en un desastre absoluto no fue causado por ningún tipo de causa externa.  Julio Lopez, prominente economista de Unidad Popular, dijo que "La política de recuperación económica está basada en un aumento significativo... en el déficit del gobierno. Hemos ignorado esas recomendaciones ortodoxas que buscan el... equilibrio presupuestario" (Dornbusch y Edwards, 1989).

Lo insostenible terminará reventando siempre, así se tenga a los yankis en contra o a favor. Solo si a) No hubieran existido enormes desequilibrios insostenibles que terminarían en catástrofe y además b) El gobierno hubiera tomado todas las medidas correctas para cambiar el rumbo a tiempo (de haber existido tales desequilibrios); y aun así la economía hubiera entrado misteriosamente y sin razón en un caos; entonces la teoría conspirativa tendría algo de sustento. El desastre chileno fue responsabilidad de Allende, no de una conspiración internacional.

Nixon, no menos ignorante y destructor que Allende, también aplicó controles de precios y salarios en todo Estados Unidos en el mismo periodo 1971-73 (el discurso acá) ¿Resultado? Fracasaron como los del chileno. Sin embargo nadie ha sido tan ridículo como para decir que el fracaso de Nixon se debió a una "conspiración económica del comunismo internacional" contra el pobre Richard. Con Allende, sin embargo, caer en esa justificación infantil parece ser la norma. Los obvios y anticipados efectos devastadores de sus desastrosas medidas se suelen adjudicar a una especie de "guerra económica" desde el exterior. La torpeza y la falta de lógica del argumento conspirativo solo se entiende como la excusa infantil del que decidió renunciar a la evidencia y elegir su ideología.

Los conspiranoicos ni siquiera pueden hacer una entrada decente de Wikipedia que sea mínimamente neutral y verificable...

El Colapso Total: 1972-73

Para 1972 los salarios siguieron creciendo como lo hicieron en 1971: Un aumento nominal superior al indexado al IPC de 1971 (22,1 %). El salario mínimo aumentó 32 %. Los salarios promedio del sector público subieron 48 %. 

Eso sumado a los subsidios a las empresas públicas (4,6 % del PBI en 1972 y 9,5 % en 1973) y a la caída de la recaudación (3 % del PBI en 1972 y otro 3 % en 1973); terminaron por liquidar las cuentas públicas. El déficit fiscal pasó al 24,53 % del PBI en 1972 y a un brutal 30,48 % en 1973. Durante 1972 y 73 los subsidios necesarios para que las empresas privadas medias y grandes tomadas por el gobierno continuaran operando eran una de las principales razones del aumento del gasto público. Los socialistas planeaban beneficiarse con los superávits que creían ellas proveerían, sin embargo la realidad les tiró abajo el sueño una vez más. 9 % del PBI eran los subsidios. La caída del gasto público de 1973 no se debe a que Allende "cambió el rumbo", sino es el resultado de la insostenible política de expansión de la demanda mientras existían importantes cuellos de botella en la oferta con inflación rampante. La caída de la recaudación se debió a a) La baja del precio internacional del cobre en 1971 y a que tenía un tipo de cambio fijo artificialmente sobrevaluado: La caída de los ingresos de las compañías de cobre y de los impuestos que pagaban, fue fatal. b) Pero además la caída recaudatoria se explica por el efecto Olivera-Tanzi: Cuando hay inflación muy alta, los precios (y el gasto corriente del gobierno) suben más y antes de que la recaudación llegue a manos del Estado. Para cuando llega, su valor real es muy inferior a los gastos pasados (Larrain y Meller, 1991). Aumentando así el déficit y la expansión monetaria necesaria para financiarlo, lo que aumenta la inflación que vuelve a reducir el valor real de la recaudación y así sucesivamente. c) Finalmente como una parte cada vez mayor de la economía se volcaba al mercado negro, menos empresas quedaban en blanco pagando impuestos (Dornbusch y Edwards, 1989).

Larrain y Meller, 1991
La mayor parte de ese déficit (el 60 % en 1972 y 73 % en 1973) se financió con emisión de moneda del banco central. La cantidad total de dinero aumentó 173 % en 1972 y 413 % en 1973. Entre 1970 y 1973 la cantidad total de dinero aumentó casi 30 veces. Según la ideología estructuralista, la inflación era el reflejo de la estructura económica (rigideces, cuellos de botella y precios monopólicos), no de presiones monetarias o financieras. Como resultado, los miembros del gobierno deliberadamente prestaron muy poca atención al sector financiero y monetario (Dornbusch y Edwards, 1989).

Larrain y Meller, 1991
El resto de los indicadores tampoco eran muy buenos. La caída del PBI, no tan espectacular dado el desastre y la paralización de la industria, fue 0,1 % en 1972 y un 4,3 % en 1973. El crecimiento anual de la industria colapsó terriblemente entre 1972 y 73. La inflación (medida por IPC) llegó a niveles impensables, 261 % en 1972 y 605 % en 1973 (aunque el índice de precios mayorista llegó al 1.000 % en 1973). El desempleo subió del 3,1 % al 4,8 % en 1972 y 73 respectivamente. Los salarios reales sí que bajaron espectacularmente: 11,3 % en 1972 y un increíble 38,6 % en 1973. La ridiculez de usar reajustes de salarios nominales para incrementar los reales y así mejorar la distribución del ingreso falló completamente (Larrain y Meller, 1991). Recién en 1981 los salarios reales recuperaron el nivel de 1970, antes que Allende llegara al gobierno. Como se ve en los gráficos, el salario real tanto de obreros (cuello azul) como de profesionales (cuello blanco) cayó a mucho menos de lo que ganaban en 1970. El salario mínimo real cayó aun más, a la mitad para los cuello azul (de 100 en 1970 a 50 en 1973) y a mucho menos de la mitad (de 100 en 1970 a 32 en 1973) para los cuello blanco en 1973 (Larrain y Meller, 1991).

Larrain y Meller, 1991
Larrain y Meller, 1991
Larrain y Meller, 1991
Larrain y Meller, 1991
Por supuesto las expropiaciones y la violación de los derechos de propiedad crearon una enorme "incertidumbre del régimen" (regime uncertainty. Ver Higgs, 1997). La inversión privada cayó estrepitosamente, al punto de no poder mantener el capital existente. A medida que la expropiación se aceleraba, el horizonte temporal de los tenedores de activos se reducía a meses, e incluso semanas hasta que la inversión desapareció completamente. El incentivo era claro: Extraer lo más posible del activo con el disponible stock de capital mientras uno todavía fuera el dueño (Larrain y Meller, 1991). Irónicamente el socialismo exacerba precisamente el comportamiento de horizonte temporal de corto plazo, especulación y beneficios inmediatos que, según los socialistas, son características del capitalismo. Un ejemplo más de la Ley de las Consecuencias No Deseadas.

La caída brutal de la producción interna, debida a los tremendos desincentivos de la política de precios y salarios del gobierno, era la principal causa del desabastecimiento de comida. La única manera de superar eso era traer del extranjero (importar). Por ejemplo, la producción doméstica de trigo se desplomó mientras la importación se multiplicó.

Larrain y Meller, 1991
Con la escasez deambulando desde mitad de 1971, control de precios generalizado, política monetaria y fiscal descontrolada y una inflación enorme (de tres dígitos anual desde 1972), los mercados negros comenzaron a aparecer inevitablemente. En el mercado negro las cosas salían de 5 a 10 veces más caras, pero se conseguían. En la ilusoria y ridícula realidad del mercado "blanco" regulado por el gobierno, no había nada. El Estado había creado todas las condiciones necesarias para los mercados negros pero, obviamente, jamás lo admitiría y le servían perfectamente como chivos expiatorios de su fracaso total. Según el discurso socialista chileno, los mercados negros no eran más organizaciones de "conservadores antipatriotas enemigos del pueblo, bla, bla, bla" que hacían escasear los bienes. El gobierno salió a combatirlos en 1972: Creó la Secretaria General de Distribución donde puso al padre de la actual presidente socialista de Chile. Las empresas estatales venderían toda su producción ahí y centralizaría todo el comercio mayorista (tratando de evitar que ningún flujo de bienes fuera al mercado negro). A nivel de comercio minorista, habría control directo del gobierno sobre la distribución de los bienes estableciendo cuotas por familia (azúcar, café, aceite, arroz, carne, etc. y otros 30 productos). Adivinen, ¿Cuál fue la reacción de la gente luego del anuncio de racionamiento? La demanda de todos los bienes se disparó, en especial la de los bienes de consumo no perecedero. Todos fueron a buscar frenéticamente primero los bienes que el ministro nombró en su mensaje y luego los que la gente asumía entrarían dentro de los 30 productos. Todas las familias trataban de conseguir todos los bienes de consumo que encontraran en el mercado, sean cuales fueren esos bienes. Lejos de resolver el problema, la "solución" del gobierno aumento la escasez y el precio de mercado negro.

Dornbusch y Edwards, 1989
Claro, los socialistas chilenos eran ignorantes máximos sobre economía. Posiblemente al pensar que la economía tenía i) gran capacidad ociosa y desempleo, y ii) reservas abundantes; no se dieron cuenta que 1) El nivel de capacidad sectorial específica puede ser muy diferente al número global y 2) La utilización de la capacidad ociosa y las reservas es un elemento que solo se puede usar una sola vez y nada más (para una refutación del argumento socialista del "exceso de capacidad" véase Rothbard, 1962: 726-36). El banco central perdió el 84 % de las reservas internacionales netas (de corto plazo) iniciales en solo dos años. Reduciéndolas a solo 22 días de importaciones (Larrain y Meller, 1991). Recuerden que cuando asumió Allende, tenía reservas para medio año.

Los "CEPAL Boys" trajeron a los "Chicago Boys"

Luego de todo esto pregúntense: Si Allende no hubiera realizado el enorme desastre con anterioridad, ¿Podría un mediocre asesino como Pinochet haber llegado a ser la cabeza del gobierno? La respuesta para mí es clara: Seguramente no. La historia demuestra que muchos genocidas y mediocres han asumido en situaciones críticas de crisis absoluta. El mediocre burócrata asesino de Stalin llegó al poder en medio del desastre absoluto provocado previamente por Lenin y Trotsky. Un mediocre pintor incestuoso como Hitler llegó al gobierno por el previo desempleo masivo y miseria provocado por la desastrosa política alemana de intervención en el mercado laboral (leyes de salario mínimo y seguro de desempleo). Roosevelt, que con su intervencionismo estatal absurdo alargó el sufrimiento y la duración de la Gran Depresión hasta luego de la Segunda Guerra Mundial, llegó por el desastre creado por Hoover. Los militares intervencionistas asesinos argentinos llegaron para "terminar" con el caos del gobierno previo del fallecido Peron y sus cómplices.

Allende realizó el caos que necesitó Pinochet, en la única oportunidad que tuvo y tendría en su vida, para ser alguien. El desastre causado por Allende solo pavimentó el camino y dio la justificación para la dictadura de un mediocre genocida como Pinochet. Lejos de ser la víctima, Allende fue el causante de un daño monstruoso a Chile durante su gobierno y luego del mismo. Sin la destrucción previa de Allende, Pinochet no hubiera tenido ni la oportunidad, ni la justificación, ni el apoyo para dar un golpe. Ten eso en cuenta la próxima vez que veas un "homenaje" a Salvador.

Los obstáculos económicos y restricciones con las que se encontró Allende son perfectamente explicables, mirando los datos históricos como los vimos, con la teoría económica sana. Los sucesos desfavorables, la hiperinflación, la escasez, los mercados negros, etc. eran predecibles (cualitativamente) usando la Ciencia Económica que el gobierno de Unidad Popular decidió voluntariamente no escuchar privilegiando su ideología. No hubo "conspiración yanqui" contra el "pobre Allende", él jamás fue la víctima. Chile, en cambio, fue la víctima real de su absurda "heterodoxia".


Dornbusch, Rudiger Y Edwards, Sebastian (1989), "Macroeconomic Populism in Latin America". NBER: Working Paper No. 2986.

 
Higgs, Robert (1997), "Regime Uncertainty: Why the Great Depression Lasted So Long and Why Prosperity Resumed after the War". Journal: The Independent Review. Vol. 1, No. 4.
 

Larrain, Felipe y Meller, Patricio (1991), "The Socialist-Populist Chilean Experience, 1970-1973". En NBER: Dornbusch, Rudiger y Edwards, Sebastian Eds. (1991) The Macroeconomics of Populism in Latin America. University of Chicago Press y National Bureau of Economic Research.

López, Julio (1971), “La estrategia económica del Gobierno de la Unidad Popular”. Cuadernos de la Realidad Nacional. No. 9.  

Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Mises Institute. Auburn, Alabama. 2004.