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sábado, 8 de octubre de 2016

Funcionamiento del Patrón Oro: los efectos de cambios en la demanda de oro


En un post anterior vimos que la oferta de oro respondía a cambios en los costos de producirlo. Ahora veremos que la oferta no es el único factor. Bajo un contexto de Patrón Oro, la cantidad de dinero también responde a fuerzas del lado de la demanda. Supongamos el caso de que, ceteris paribus, aumenta la demanda de dinero (monedas de oro, por ejemplo) por la razón que sea (mayor incertidumbre futura o por aumento del ingreso real/producción nacional). La consecuencia principal será, en principio, una caída de los precios de la economía. Entre ellos se incluyen los precios de los recursos empleados en la minería (Rueff, 1947: 242-43; Salerno, 2010: 345, 359). Al incrementarse la demanda de dinero, cae la demanda de todos los demás bienes y de los recursos que los producen.

Ahora vamos a analizar que modificaciones en la demanda de dinero provocan:

(1) A corto plazo, que el poder adquisitivo (precio) del dinero y la rentabilidad de producirlo cambie

(2) Como consecuencia de (1) y a largo plazo, que la producción de oro (dinero), así como su acuñación y emisión de sustitutos monetarios, cambie

(3) También debido a (1), cambia el valor y la disponibilidad de oro para usos de consumo y producción

(4) Desequilibrios en la balanza de pagos que cesan cuando la modificada demanda de dinero está satisfecha y el proceso de ajuste monetario se completa

Si un trabajador decide aumentar sus tenencias de dinero (manteniendo todo lo demás constante, incluida la demanda de dinero del resto de la sociedad); necesariamente su abstención de gastar tiene como consecuencia la disminución de las tenencias de dinero de otros miembros de la sociedad por debajo de lo que desean mantener (recordar que su demanda de dinero no cambió). Para volver a tener el efectivo (oro) atesorado que estiman correcto, estos últimos agentes deben ofrecer adicionales bienes y servicios a cambio de dinero. Es decir, que aumentan la oferta de bienes, sin gastar en otros, para así recuperar moneda. Esto provoca una tendencia a la baja de los precios de los bienes y servicios en términos de oro, así como también de los costos de minarlo (los factores de producción necesarios para extraer oro se consiguen a menor precio). Pero hay un precio que no baja, a pesar que todos los demás están cayendo: el precio del oro (Rueff, 1947: 242-50). Como ya notamos antes, este es fijo respecto a sí mismo y se valora a la par. Una onza de oro se cambia por una onza de oro siempre. Hay, por lo tanto, una transferencia de recursos desde las industrias donde los precios están bajando (consumo e inversión) por la abstención de gasto producto del atesoramiento, hacia las industrias donde los precios no bajan (extracción de oro). La producción de bienes de consumo o inversión cae y se expande la minería del bien metálico que se usa como dinero (oro o también la plata). 

Entre los bienes que bajan relativamente de precio están los elementos que entran en los costos de las mineras: explosivos y otros químicos, maquinaria e insumos necesarios para que funcionen (repuestos, gasolina, neumáticos, etc.), la cal, la energía eléctrica, el agua, los salarios del factor trabajo necesario para operar las maquinas, hacer ingeniería o geología, etc. Dado el precio fijo del oro, esta circunstancia impulsa la rentabilidad de las empresas extractoras, entre otras.

La producción de oro se vuelve relativamente más rentable respecto a producir otros bienes y servicios. Por ejemplo, una minera producía/extraía antes del cambio en la demanda de dinero, digamos, 100 onzas de oro al mes mientras pagaba un total de 95 onzas en salarios a los trabajadores y en precios de otros factores complementarios por esa producción mensual. Otorgándole un margen de beneficio de 5 onzas o un 5,3 %. Pero ahora, luego del aumento en la demanda de oro como dinero, los precios han caído hasta el punto de que actualmente la minera gasta 80 onzas por lo que antes pagaba 95 mientras continúa reportando ingresos por 100 onzas. Su margen pasó de 5,3 % hasta un 25 % con las 20 onzas que ahora gana. 

Ante esta nueva situación, los empresarios responden (a) incrementando la tasa de producción de las minas que ya operan, (b) reabriendo viejas minas previamente montadas y abandonadas porque al precio del oro anterior eran irrentables, (c) iniciando por primera vez la explotación de depósitos de oro submarginales ya conocidos pero nunca emprendidos por ser considerados muy costosos y (d) aumentando la inversión en buscar nuevas fuentes de oro desconocidas y también en desarrollar novedosos métodos menos onerosos de extracción. Y todavía más que eso, el mayor valor monetario del oro le da a los agentes incentivos para reasignar cantidades adicionales de oro desde su uso en consumo e industria hacia empleo dinerario (Salerno, 2010: 345, 359).

Por lo tanto, el incremento de la demanda de dinero metálico inicialmente, a corto plazo, se satisface con un aumento del poder adquisitivo de la unidad monetaria. Es precisamente eso lo que al mismo tiempo produce una gradual expansión de la oferta dineraria que tiende a, en el largo plazo, satisfacer la aumentada demanda de dinero del resto de la sociedad y contrarrestar la declinación inicial de precios restaurando el poder adquisitivo (Salerno, 2010: 345, 359). La caída de precios y el consecuente traslado de factores productivos destinados a aumentar la oferta de dinero metálico continúan mientras la causa (la insuficiente tenencia de efectivo actual con respecto a la deseada) persista. El aumento de la demanda de dinero, traslada mano de obra desde la producción de bienes de consumo e inversión donde no se necesitan; hacia la producción de metal que es monetizado para satisfacer la necesidad de dinero de la gente (Rueff, 1947: 243-44). 

Y aun en el caso extremo de que se agotara todo el oro a minar, los agentes tienen serios incentivos para usar su función empresarial en buscar otro sustituto próximo cuya producción sí se pueda ampliar. Los empresarios y la gente seleccionarán otra mercancía que pueda ser usada como dinero. Por ejemplo, se moverán desde el oro a producir plata. Y si la plata se agotase también, podrían pasar a, digamos, el cobre, etc. 

Incluso es posible suponer que el país es incapaz de producir oro o plata porque no tiene ninguna mina. En ese caso, puede satisfacer su mayor demanda de dinero metálico exportando bienes y servicios de consumo o de inversión a cambio del requerido oro. Dado que la demanda monetaria por bienes de consumo e inversión cae por el no gasto debido a la incrementada tenencia de saldos de tesorería, esos bienes liberados pueden venderse a otros países a menor precio para conseguir dinero metálico. El país exporta más mercancías, servicios y activos financieros al resto del mundo mientras importa menos. Los factores desempleados del sector consumo e inversión, entonces, encuentran empleo en industrias de exportación (Rueff, 1947: 245). De esta forma, oro (dinero) adicional fluye hacia el país a través de un superávit de balanza de pagos incrementando la cantidad de dinero. Vender (exportar) bienes, activos financieros y servicios a países que sí tienen minas de oro o que sin tenerlas están dispuestos a entregar la moneda que tienen porque les urge demandar productos, se puede considerar una forma, un tanto indirecta, de “producir” o conseguir metal precioso. 

El exceso de demanda de dinero en una nación implica un superávit de balanza de pagos a medida que los agentes desean incrementar sus tenencias de efectivo aumentando lo que venden (exportando más) y disminuyendo lo que compran (importando menos). Es decir, al desear mayores saldos de tesorería, los agentes tienden a exportar más bienes, servicios y activos que antes e importar menos durante el tiempo necesario para adquirir el efectivo adicional. Que la gente dentro del país haya dejado de demandar bienes para retener más dinero no implica que en el mercado mundial también cayó la demanda (Salerno, 2010: 170; Hayek, 1937: 353). La oferta de oro mundial se distribuye entre los países de acuerdo a las demandas de saldos de tesorería de los individuos habitantes de cada nación. A largo plazo, y descontando modificaciones en el stock global aurífero, las transferencias netas de oro de un territorio a otro ocurren solo por cambios en la demanda relativa de dinero entre ambos. No hay ninguna razón para que el oro se apile excesivamente en un lugar y haya carestía en otro, pues cada agente se encargará de no permitir que sus saldos de tesorería excedan o estén por debajo de lo que estima necesario en vista de su ingreso y riqueza (Salerno, 2010: 390-91).

Al aumentar los deseos de dinero, su poder adquisitivo (precio) tiende a ser mayor de lo que sería en otra circunstancia y es precisamente ello lo que pone inmediatamente en funcionamiento los incentivos para producir más dinero y moderar la caída de precios. Cualquiera sea la razón por la cual los agentes desean tener más liquidez, en la media en que el incremento de la demanda de dinero se esparce de un agente a otro, pone sucesivamente presión a la baja sobre los precios. Aun asumiendo que ciertos precios son “rígidos a la baja” o no se ajustan inmediatamente y ello provoca un exceso de oferta (desempleo) en algunos bienes de consumo, de capital y trabajo; el proceso de ajuste continua. El exceso de oferta de esos recursos significa que están disponibles para la minería, lo cual puede reducir sus costos aun sin bajas nominales. La empresa minera, por ejemplo, puede ahora conseguir dos trabajadores por mismo el precio que pagaba uno antes o el doble de horas alquiladas de maquinaria por el mismo precio de alquiler. Tanto el efecto precio como el efecto cantidad estimulan producción de metal precioso (Garrison, 1985: 64).

La propensión a la baja de los precios como consecuencia del aumento de poder adquisitivo de la unidad monetaria debido al actual exceso de demanda de dinero, tiende también a facilitar el ajuste de determinados otros precios. Por ejemplo, dado que los precios de los bienes y servicios han caído o están cayendo, es más sencillo renegociar a la baja salarios nominales en la industria minera u otras pues sus salarios reales pueden permanecer iguales. Esa disminución nominal reduce los costos de los productores de dinero. Aun bajo el supuesto de que ciertos precios son “rígidos”, el sistema da incentivos para ayudar que se coordinen.

No solo la minería es incentivada, también lo es el servicio de certificación y acuñación de monedas metálicas. Luego de producido el mayor atesoramiento de dinero, el valor de las monedas de oro ha aumentado relativamente y además la demanda de recursos para producir los demás bienes que no son dinero ha caído. El precio de los insumos de las empresas encargadas de la acuñación disminuye mientras el del producto que acuñan y su demanda sube. Como consecuencia obtienen mayores beneficios y, concomitantemente, aumentan su producción de servicios de certificación. A medida que producen y ofrecen más, su precio cae. Además, al incrementar la demanda por recursos los precios de estos suben. La tasa de beneficios que en un principio es alta, es a la larga reducida para ulterior producción (Herbener, 2012). Junto a las mineras, esto emplea recursos y factor trabajo adicional. 

Hay que tener en cuenta que, debido a que se cambia según peso, todas las formas de oro pueden potencialmente ser dinero. Un collar, un anillo, un reloj, un diente o cualquier ornamento de oro puede, aparte de su utilización exclusiva como bien de consumo o producción, ser usado como medio de intercambio. El problema es que la forma que adopta el oro en esos usos podría no ser la más conveniente o adecuada para los intercambio. Sin embargo, existe la posibilidad de fundirlos nuevamente para hacer barras bullion o, con más trabajo, acuñarse en monedas para ser usadas correctamente como dinero. Por supuesto, cambiar el oro de una forma a la otra consume recursos, en especial pasar desde bullion a monedas; fundir las monedas u otras cosas para hacer bullion suele ser menos caro (Rothbard, 1962: 33). 

Al aumentar la demanda de dinero metálico oro, se vuelve más rentable y atractivo transformar bienes ornamentales, así como insumos de producción dorados usados para esos y otros productos, en bullion o monedas. Esta oferta se suma a la de la extracción minera para satisfacer la creciente demanda. Además, esas actividades generan demanda de trabajo y otros recursos complementarios en fundición y todo el procesado del metal.

Por seguridad o conveniencia los agentes tal vez pueden desear mantener sus aumentados saldos de tesorería metálicos en los bancos. Si estos últimos producen certificados de dinero (sustitutos monetarios completamente cubiertos por dinero que equivalen a títulos de propiedad sobre un monto), su rentabilidad también aumenta. A diferencia de los medios fiduciarios, producir certificados de dinero es un negocio costoso y riesgoso aunque al menos insertado en el ámbito de cálculo económico monetario*. Los bancos, en estas circunstancias, producen y mantienen cuentas corrientes si los clientes que las usan están dispuestos a pagar honorarios que generen ingresos suficientes para cubrir los costos de administrarlas. Al incrementarse la demanda por cuentas corrientes, los bancos ofrecerán más para intentar captar los beneficios. Al aumentar la oferta de servicio de cuentas corrientes, los honorarios que cobran tienden a bajar. Además al demandar más recursos para administrar la mayor cantidad de cuentas hacen subir sus precios. Los beneficios extraordinarios caerán con la adicional producción de cuentas corrientes (Herbener, 2012).

En resumen, el aumento de la demanda de dinero metálico (oro, plata, etc.) se satisface o acomoda (1) a corto plazo ajustando al alza su poder adquisitivo y (2) a largo plazo incrementando gradualmente su cantidad. Cuán fuerte va a actuar cada uno de los dos factores dependerá de las condiciones de oferta de la industria minera (Garrison, 1985: 64) o capacidad exportadora. 

Los recursos (mano de obra, bienes de capital y usos de la tierra) liberados o desempleados desde el consumo y la inversión por el aumento de la demanda de dinero mercancía, encuentran empleo en: (a) principalmente minería y extracción, (b) industrias de exportación, (c) fundición, acuñación y certificación, (d) sector bancario administrando cuentas adicionales. Por supuesto, el empleo no se tenderá a expandir exclusivamente en estas actividades, sino también en ramas que surgen alrededor de ellas. Es falaz pensar que, en un régimen monetario respaldado con algún metal, al disminuir el gasto en consumo e inversión para demandar dinero necesariamente no hay más o no hay suficientes oportunidades de empleo.

Por otro lado, una caída de la demanda de dinero produce, mutatis mutandi, efectos inversos. La suba general de precios consecuente, eleva los costos de producción de las mineras. A medida que los beneficios de las compañías extractoras de oro caen, la tasa de producción anual se reduce. Minas antiguas y submarginales se abandonan, se deja de invertir en buscar nuevas y las actuales funcionando reducen su tasa de producción. Esa misma elevación de precios se transmite a todos los insumos industriales, incluyendo el oro, por lo que se incentiva a reasignar unidades de metal precioso desde los saldos de tesorería (demanda de dinero) hacia los usos de consumo o industria. Los factores se trasladan desde la producción de oro (las minas) hacia las industrias de consumo y de inversión. Eventualmente, a largo plazo, la oferta monetaria se contrae contrarrestando el efecto de corto plazo inicial de suba de precios, reestableciendo así el poder adquisitivo de la unidad monetaria (Salerno, 2010: 345, 359-60).

Irónicamente el Patrón Oro es el único sistema monetario contra el cual se usan dos argumentos contradictorios entre sí para criticarlo. Algunos dicen que el esfuerzo de minar oro usa demasiados recursos (monetaristas) y, por tanto, es un sistema con mucho desperdicio. Otros afirman que, por el contrario, utiliza demasiados pocos recursos (keynesianos) y, consecuentemente, deja muchos recursos desempleados.





*El hecho de si, como indica Mises, la libertad bancaria y un patrón dinero mercancía tendería a eliminar tanto la emisión de medios fiduciario como también la de certificados de dinero (Salerno, 2012) no entra en este post.



Garrison, Roger W. (1985) “The ‘Costs’ of a Gold Standard”. En Rockwell, Llewellyn H. Jr. Ed. (1985) The Gold Standard: An Austrian Perspective. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. Año 1992, pp. 61-79.

Hayek, Friedrich von (1937) Monetary Nationalism and International Stability. En Hayek, Friedrich von [Salerno, Joseph T. Ed.] (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Herbener, Jeffrey M. (2012) “Written Testimony by Jeffrey M. Herbener Professor of Economics Grove City College Before the Subcommittee on Domestic Monetary Policy and Technology Committee on Financial Services U.S. House of Representatives”.

Rothbard, Murray N. (1962) The Case for a 100 Percent Gold Dollar. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. Año 2001.

Rueff, Jacques (1947), “The fallacies of Lord Keynes’ General Theory”. En Hazlitt, Henry Ed. (1960) The Critics of Keynesian Economics. Irvington-on-Hudson, New York: The Foundation for Economic Education, Inc. Año 1995, pp. 238-63.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2012) “Ludwig von Mises as Currency School Free Banker”. En Hülsmann, Jörg G. Ed. (2012) Theory of Money and Fiduciary Media. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, pp. 95-125. También en Procesos de mercado: revista europea de economía política. Vol. 9, No. 2, pp. 13-50. Año 2012.

lunes, 3 de octubre de 2016

Funcionamiento del Patrón Oro: los efectos de cambios en los costos de producir oro

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Una de las particularidades del Patrón Oro y de los patrones dinero mercancía es que el oro o el bien económico que el mercado escoja tiene un precio fijo. Una onza de oro se intercambia por una onza. Mientras que el precio, medido en oro, de los demás bienes se modifica todo el tiempo. Un auto, por ejemplo, puede valer 100 onzas de oro y posteriormente 120 u 80 onzas. En el caso de cualquier bien (salvo el oro), ceteris paribus, su producción tiende a aumentar cuando su precio sube y a disminuir cuando su precio baja. Sin embargo, que el precio del oro medido en oro no cambie, no implica que su poder adquisitivo (en términos de todos los otros bienes) permanezca invariado. A diferencia de su precio en oro, los costos de producirlo sí varían constantemente a medida que el poder adquisitivo también lo hace (Kemmerer, 1944: 144-45).

Veremos que modificaciones en los costos de producir oro provocan:

(1) Cambios en la producción de oro y de oferta de dinero

(2) Como consecuencia de (1), cambios en el poder adquisitivo del oro usado como medio general de intercambio (dinero)

(3) También junto con (2), cambios en la producción de bienes útiles auríferos no usados como dinero

(4) Desequilibrios en la balanza de pagos que cesan luego de finalizado el proceso de ajuste monetario a la nueva situación de cambio en la producción de oro

Supongamos, por simplicidad, que partimos de una situación de “equilibrio” en la cual tanto oferta, demanda y, por ende, el poder adquisitivo son constantes. Bajo esas condiciones, las empresas mineras maximizan sus beneficios produciendo cierta cantidad de oro por año que es exactamente igual a la cantidad anual asignada en usos no monetarios más el monto gastado o destruido en empleo monetario durante el año (Salerno, 2010: 342-43, 358). Es decir, se produce lo suficiente como para reponer el oro (usado como dinero) que se ha perdido y para satisfacer los usos industriales o de consumo del metal (joyas, dentaduras, procesadores, etc.), nada más.

Ahora ocurre una mejora tecnológica en la industria minera o se descubre un yacimiento nuevo y fácilmente accesible. Ello significa que en la nueva situación los costos de las mineras han disminuido, aumentando su margen de beneficios y, por lo tanto, incentivando el incremento de la producción anual de oro. Por ejemplo, asumamos que hay una empresa minera y que esta saca 1.000 onzas de oro al año (sus ingresos) y que sus costos totales anuales son 950 onzas, entonces su margen de beneficios es 50 onzas o una tasa de 5,3 % anual. Si por la mejora tecnológica sus costos caen a 900 onzas mientras sus ingresos siguen igual, entonces su tasa de beneficio aumenta a 11,1 % o 100 onzas. O si por el descubrimiento de un nuevo yacimiento fácilmente accesible sus ingresos aumentan a 1050 onzas cuando sus costos siguen igual, su margen de rentabilidad también sube hasta aproximadamente 11 % o 100 onzas. En cualquier caso, el margen de beneficios pasó de 5,3 % a 11 % lo cual es un incentivo potente para que se produzca más.

Como la demanda de dinero no ha cambiado, la mayor oferta de oro (disponible para su función de medio de intercambio general) hará subir los precios en el mercado de bienes, servicios y activos financieros y, por consiguiente, reduce el poder adquisitivo de la unidad monetaria. Es decir que el incremento de la cantidad de dinero perturba el previo equilibrio monetario existente, haciendo que ciertos agentes tengan un exceso de efectivo en sus saldos de tesorería que llevará a un exceso de demanda en el mercado de bienes, servicios y activos financieros (Salerno, 2010: 155, 342-43, 358).

Cada unidad monetaria (onza de oro) ahora compra menos bienes y servicios y activos financieros. Ceteris paribus, la producción de cualquier unidad adicional de dinero hace que esta sea menos valorada para su poseedor de lo que sería de otro modo, vale menos comparado con los demás bienes y servicios que no son dinero. Con mayor ingreso y ante unas tenencias de efectivo mayores de lo que serían en otra situación, los agentes se inclinan a aumentar sus compras y disminuir sus ventas. Como comprador tenderá a pagar más a cambio de los bienes y servicios que desea y como vendedor de estos procurará pedir precios más altos. En definitiva, la producción de dinero implica una tendencia de los precios monetarios a subir. Sin embargo, la subida no será ni proporcional en todos los precios ni simultánea. La tendencia al aumento se manifiesta primero y con más fuerza solo en los precios pagados por el productor de dinero. Ciertos precios de determinados bienes que el productor de dinero desea sufren el impacto monetario en primera instancia. Solo en un momento posterior se esparce por el resto de la economía pues los individuos que vendieron bienes y servicios al productor de dinero ahora tienen ingresos más altos y excedentes dinerarios mayores de lo que serían en otra circunstancia. Los precios de los bienes que ellos desean también tienden a subir. Unos terceros agentes tendrán saldos de tesorería más altos de lo que sería de otro modo, con lo cual comienza otra ronda de suba de algunos precios. El proceso de suba sigue paso a paso y en diferentes proporciones hasta que todos los precios han subido (por encima de lo que habrían aumentado sin el dinero adicional en circulación) en distinto grado y se ajustaron a una mayor existencia de dinero. Ello necesariamente implica la disminución del poder adquisitivo de la unidad monetaria (Hülsmann, 2008: 44-45).

Este proceso de desvalorización paso a paso de la unidad monetaria genera una redistribución a favor del productor de dinero. Sin embargo, esa redistribución no es per se mala ni indeseable. Lo favorece porque ha sido eficiente y ha disminuido sus costos a la vez que produce algo demandado por la sociedad, con lo cual su rentabilidad ha aumentado. Como también aumenta la rentabilidad en cualquier otro negocio en el mercado y más recursos van hacia los productores más eficientes, ese tipo de redistribuciones de riqueza e ingresos son un elemento esencial del proceso de mercado (Hülsmann, 2008: 49).

El mecanismo del mercado tiene, sin embargo, un freno “automático” o espontáneo que comienza a operar inmediatamente para poner coto a cualquier expansión de la producción de oro. El aumento de la oferta de metálico relativo a la demanda tiende a incrementar la disponibilidad de oro para fines de uso monetario. El incremento de precios de los bienes, servicios y activos que ese adicional stock de dinero provoca, hace al oro menos valioso, cae su poder de compra. Entre los bienes que suben de precio están los elementos que entran en los costos de las mineras: explosivos y otros químicos, maquinaria e insumos necesarios para que funcionen (repuestos, gasolina, neumáticos, etc.), la cal, la energía eléctrica, el agua, los salarios del factor trabajo necesario para operar las maquinas, hacer ingeniería o geología, etc. Estos costos en ascenso presionan contra el precio fijo del oro, erosionando el margen de beneficios que, previo a las acciones llevadas a cabo para aprovecharse de él, era relativamente alto. Esa caída de beneficios tiende a reducir la producción aurífera (Kemmerer, 1944: 145-46).

Por regla general, cuando el nivel de precios es alto o está creciendo la minería tiende a ser menos rentable que las otras ramas de la industria. En consecuencia, menos dinero se producirá y los precios monetarios tendrán propensión a bajar. Y la minería tiende a ser más rentable cuando el nivel de precios es más bajo o está cayendo. Impulsando mayor producción de oro y presionando hacia arriba los precios (Hülsmann, 2008: 73). O, expresado de otro modo, la producción de oro tiende a aumentar cuando el poder adquisitivo o valor del oro aumenta y a disminuir cuando el mismo cae (Kemmerer, 1944: 146). En el caso que nos incumbe, la producción adicional de dinero, al elevar sucesivamente los precios, también tiende a bajar la rentabilidad de seguirlo produciendo.

La suba general de precios en la economía incluye los de los bienes y servicios en los que el oro es su insumo (las mencionadas joyas, dentaduras, procesadores, etc.). Luego del cambio, el oro utilizado en industria da un beneficio neto mayor en términos del oro monetario, es decir, el metal precioso es relativamente más rentable en usos no monetarios que en los monetarios. Al haber más oro disponible gracias a la mayor producción, no solo aumenta su oferta para usos monetarios sino que también se incrementa la oferta de insumos para los que producen utilizando el metal precioso. La mayor oferta de insumo, ceteris paribus, hace caer el precio pedido por él, reduciendo los costos de productores de bienes de consumo o capital dorados. La caída del valor monetario del oro reduce los costos de oportunidad de emplearlo en alternativos usos no monetarios. Los empresarios son incentivados a emplear y asignar cantidades adicionales de oro a producir bienes de consumo y de capital. La adicional oferta de estos productos de oro, a lo largo del tiempo tiende a disminuir sus precios y reducir o eliminar la discrepancia entre los valores monetarios e industriales del metal dinerario. De paso, satisfaciendo necesidades humanas y, en definitiva, mejorando el bienestar (Salerno, 2010: 342-43, 358).

El mercado tiene un mecanismo interno espontáneo para incentivar que se “retire” de la circulación monetaria una buena parte del excedente de oro producido. Además, ese metal precioso que se “saca” de la oferta monetaria no va al vacío o se pierde inútilmente, sino que tiende a satisfacer necesidades humanas y aumentar el bienestar.  

Como se ve, en un sistema de Patrón Oro la reducción del poder adquisitivo de la unidad monetaria NO es, afortunadamente, el único efecto de un incremento de la oferta de oro. El nuevo oro en el mercado como consecuencia de su incrementada producción es en una considerable parte absorbido por usos no monetarios (industriales) y ello ayuda a mitigar el efecto del excedente de metálico en la oferta monetaria. Adicionalmente a ello, y mientras exista demanda industrial de oro, aumenta el bienestar humano al incrementar la producción de bienes útiles auríferos. Que haya más joyas, más dentaduras, más procesadores, etc. implica que alcanza para más usos y para mayor número de personas; ello mejora el bienestar social o al menos el bienestar de muchos se eleva sin perjudicar el de otros, dado que son bienes útiles con demanda. Aun así, no se desconoce que incluso en el ejemplo anterior, bajo el nuevo “equilibrio” la oferta de oro para uso monetario aumentó, produciendo una suba general de precios o, lo que es lo mismo, una baja del poder adquisitivo de dinero (Salerno, 2010: 342-43, 358).

El mecanismo de flujo-precio-especie también entra en juego para el proceso de ajuste monetario a la nueva situación. Al incrementarse la oferta monetaria se tiende a hacer crecer los precios dentro del país. La suba de precios relativos provoca que las exportaciones se contraigan al ya no ser competitivas. La salida de oro del país vía déficit de balanza de pagos es la consecuencia. Pero la equilibración no se produce solo vía ascenso de precios. Dado que también están subiendo ingresos y precios monetarios de activos en la nación, más dinero se gastará en importaciones. Este “efecto ingreso” o efecto balance de efectivo generalmente actúa más rápido que el efecto precio (Rothbard, 1995: 426-27). A medida que aumenta el ingreso de los agentes nacionales, experimentan un excedente dinerario respecto a su demanda. Es así como los habitantes aumentan sus compras externas.

Tarde o temprano, y ello dependerá de cada caso concreto, el exceso de demanda en los mercados de bienes y activos debido al excedente de dinero respecto a su demanda monetaria resulta en una salida neta de oro del país a través de las cuentas corriente y capital. El déficit de balanza de pagos continuará hasta que los residentes consideren que se han deshecho del exceso de efectivo, el equilibrio vuelve al mercado monetario doméstico y concomitantemente cesa el escape neto de dinero (Salerno, 2010: 155).

Cuando los costos de producir oro aumentan, el caso es, mutatis mutandi, el inverso. Ello puede ocurrir, por ejemplo, porque se agotan las minas y depósitos más fácilmente accesibles. La tasa de producción anual de oro cae. A largo plazo, ello implica una caída de los usos industriales del metal precioso así como una contracción de la oferta monetaria y, por ende, una baja general de precios o una subida del poder adquisitivo del dinero (Salerno, 2010: 359).

Por último, vale la pena indicar que aunque ciertamente los cambios en los costos de producir oro afectan la oferta monetaria, dadas las características del oro ese efecto tiende siempre a ser mínimo. Las razones básicas son que (a) el oro es, en comparación con otros bienes reproducibles, extremadamente escaso y también (b) altamente durable. Su producción anual tiende a ser muy pequeña respecto a su stock existente total, es decir, su ratio flujo/stock es muy bajo. Por ende, incluso unas inusualmente pronunciadas bajas o subas de costos de producción del metal precioso no causarán a corto plazo grandes fluctuaciones de oferta monetaria (Salerno, 2010: 359).





Kemmerer, Edwin W. (1944) Gold and the Gold Standard: The Story of Gold Money Past, Present and Future. New York and London: McGraw-Hill Book Company.

Hülsmann, Jörg G. (2008) The Ethics of Money Production. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Rothbard, Murray N. (1995) An Austrian Perspective on the History of Economic Thought: Economic Thought Before Adam Smith. Volume I. Vermont: Edward Elgar Publishing.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Funcionamiento del Patrón Oro: los efectos de un cambio real


Un factor fundamental para el análisis austriaco de la balanza de pagos es el individualismo metodológico. En este caso, aplicado para distinguir entre el equilibrio del actor individual y el equilibrio interindividual. Es decir, el equilibrio de cada agente y entre los agentes. Esta es una diferencia fundamental con el análisis agregado de la macroeconomía tradicional. En particular, este enfoque distinto se nota mucho en el análisis de las variaciones de la balanza de pagos ante cambios provenientes del lado real (Salerno, 2010: 174).

Como ya vimos, en el largo plazo, las causas de desequilibrios de balanza de pagos son estrictamente monetarias. Los desequilibrios de balanza de pagos son una fase integral del proceso de ajuste monetario por el cual las tenencias de dinero de los individuos (y de la nación) se adaptan a los niveles que desean. ¿Pero qué hay del corto plazo?

Supongamos que partimos de un sistema internacional con patrón mercancía puro como el Patrón Oro y de una situación de equilibrio monetario y en la balanza de pagos. Dados esos supuestos, asumamos que los consumidores nacionales aumentan su demanda y sus gastos en importaciones. ¿Por qué? Por la simple razón de que cambiaron sus gustos (en sus escalas valorativas ahora son más importantes los productos extranjeros relativamente a los nacionales). Adicionalmente, supongamos que la demanda de dinero y otros datos reales y monetarios de la economía, a excepción del antojo previamente mencionado, permanecen igual (Salerno, 2010: 174). No hay modificaciones en la oferta y demanda de dinero, solo en el lado real.

Como consecuencia del cambio a favor de las importaciones, aparece inicialmente un déficit de balanza de pagos y, por ende, una salida de dinero mercancía desde la nación donde se demandan más productos exteriores. Desde el punto de vista individual de los consumidores domésticos implicados, la salida de dinero es equilibrante pues les ayuda a alcanzar su fin: conseguir los productos exteriores que desean. Individualmente la acción es equilibradora, sin embargo, interindividualmente no lo es. La fuga monetaria perturba o desequilibra la previa distribución de dinero de equilibrio entre los agentes causando ulteriores interacciones que revertirán el déficit (Salerno, 2010: 175).

Por ejemplo, una persona que solía gastar cierta suma de dinero en (comprar bienes de) la nación A, ahora cambia a gastarlo en el país B. Económicamente, es irrelevante que el individuo esté domiciliado en A o en B. El primer efecto es un cambio de flujo de pagos desde A hacia B, una balanza de pagos desfavorable para A. Emergerá un inicial déficit de balanza de pagos y el correspondiente escape externo de dinero desde la nación A hacia B. Debido a esto, en la nación A los ingresos monetarios de alguien han disminuido mientras en B los de otro han aumentado. En ambos países los cambios en ingresos serán sucesivamente diseminados (Hayek, 2008: 353-54; Salerno, 2010: 175).

Lo que ocurrirá es que: (1) Los productores domésticos de los bienes cuya demanda ha colapsado y los que trabajan con ellos experimentan una caída de precios e ingresos que amenaza con dejarlos sin suficientes saldos de tesorería. (2) Los productores externos, por el contrario, a quienes les aumentó la demanda de lo que venden, ven aumentar sus precios e ingresos y, consecuentemente, tienen un excedente de dinero respecto a su demanda (Hayek, 2008: 353-54; Salerno, 2010: 175).

Los cambios en ingresos y flujo de balanza de pagos entre los dos países pueden ocurrir de dos maneras en cada una de las naciones: (a) La reducción sucesiva en ingresos en A puede llevar a dejar de comprar en B o (b) la caída de precios de algunos bienes en A puede implicar incrementar las exportaciones hacia B. Por otro lado, (a) el incremento de ingresos monetarios en B puede llevar a aumentar las compras en A o (b) aumentar los precios de ciertos bienes en B y disminuir las exportaciones hacia A (Hayek, 2008: 354).

En resumen, los de (1) aumentan sus ventas hacia el exterior (exportan porque en el interior ya no les compran) y disminuyen sus compras desde allí (importaciones) en su esfuerzo de recomponer el nivel dinerario que desean. Sus acciones causan que tienda a entrar dinero. Mientras tanto, los de (2), quienes tienen un exceso de saldos de tesorería por mayor ingreso, están motivados a gastar más en productos y activos (importaciones) a la vez que ofertan (exportan) menos. Estos actos provocan una tendencia a la salida de oro. Ese proceso de interacciones sucesivas hace que se reajuste la balanza de pagos y se revierta el déficit transformándolo en un superávit. El contramovimiento se detendrá cuando se reestablezca la distribución de dinero original de equilibrio entre los agentes y, por ende, entre las naciones.

Las acciones de ambos grupos para reajustar sus desequilibrios de dinero tienden a hacer que vuelvan a la misma distribución monetaria de equilibrio entre individuos previa al cambio de gustos (Salerno, 2010: 175-76). En el corto plazo, lo desequilibrios de balanza de pagos por cambios reales se terminan revertiendo.

Con la salida de dinero vía el déficit de balanza de pagos, primero caerán precios, ingresos y tenencias de efectivo específicos: los de los productores de los bienes que se dejan de demandar. Segundo, disminuirán en particular los precios, ingresos y tenencias de efectivo de los proveedores de bienes de consumo y capital directamente relacionados al primer sector afectado. Y con ellos, ulteriores bajas de precios a ritmo decreciente en sectores relacionados, ingresos y tenencias de efectivo. Es precisamente esta sucesión de caídas de precios, ingresos y saldos de tesorería lo que da a los agentes los incentivos para actuar y ajustar el déficit (Salerno, 2010: 407-08):

(a) Los extranjeros son incentivados a incrementar sus compras por la caída de los precios de los bienes, servicios y activos nacionales directamente afectados y de los que participan en la cadena de sucesivas contracciones causadas por la caída inicial de demanda. Por lo tanto, las exportaciones del país con déficit se incrementan, provocando una entrada de dinero.


(b) Además, a consecuencia de sus relativamente mayores precios internos, a las naciones foráneas les conviene más comprar afuera. La tendencia al ingreso monetario en la nación que recibió el shock de demanda de su producto se refuerza.


(c) Los productores extranjeros favorecidos por el cambio de gustos pueden tener una alta elasticidad ingreso (es decir, demandan mucho más ante aumentos de sus ingresos) por otros productos de la nación con déficit. Por lo que una de las respuestas inmediatas al desequilibrio de balanza de pagos es un aumento de la demanda y precios de estos bienes. Incentivando todavía más la entrada de dinero al país deficitario.


(d) Por otro lado, (i) la disminución de ingresos y su consecuente (ii) amenaza de insuficientes tenencias de efectivo induce una caída en el gasto en importaciones de los afectados por la baja de demanda de sus productos en la nación deficitaria. Esto contribuye a reducir la salida de oro del territorio.


(e) Las importaciones van a disminuir todavía más debido a que los residentes de la nación con déficit exterior son incentivados a sustituir los productos importados por los ahora relativamente más baratos bienes nacionales. La disminución de los precios de los bienes involucrados en la cadena de bajas sucesivas iniciada por la caída de demanda de productos nacionales, hace que actualmente sean más atractivos tanto para los extranjeros como para los nacionales de lo que eran antes.


(f) En la medida en que el proceso continúa a lo largo de la economía mundial, ocurren ulteriores redistribuciones de ingreso y gasto que pueden muy probablemente causar que aumente la demanda y precios de otros bienes del país con déficit externo.


El mecanismo anterior se encargará de, en última instancia, compensar el flujo de dinero de una nación a otra. Cuánto tiempo llevará este proceso hasta detenerse dependerá de la cantidad de eslabones en la cadena de sucesos que lleven a un país y de regreso. Durante el intervalo, el dinero fluirá desde A hacia B y el total que se mueva corresponderá exactamente a la cantidad de saldos de tesorería disminuidos en un país y aumentados en otro (Hayek, 2008: 355).

Veamos un ejemplo: Ocurre una caída de la demanda mundial de trigo en Estados Unidos. Lo cual causa un déficit de balanza de pagos en Norteamérica. Esto iniciará la cadena secuencial de sucesos. Como efecto primario, la baja del precio del trigo, de los ingresos y de los saldos de tesorería de los granjeros. Pero hay efectos secundarios también: se hundirán precios, ingresos y saldos de tesorería de otros sectores directa e indirectamente relacionados. Caerán precios e ingresos de maquinaria agrícola y otras industrias que proveen bienes de capital o de consumo a los granjeros de trigo. Si los granjeros dejan de tomar cerveza doméstica, su precio, los ingresos y saldos de tesorería de los cerveceros se desplomarán (Salerno, 2010: 407).

Los países del mundo serán incitados a comprar trigo americano cuyo precio se ha desplomado. Pero además son empujados a adquirir maquinaria agrícola y cerveza, cuyos precios también colapsaron. Todo ello estimula las exportaciones americanas. Además de eso, los menores ingresos hacen que las importaciones estadounidenses caigan aún más por la sustitución de productos importados por internos relativamente más baratos, como la cerveza nacional en lugar de la importada (Salerno, 2010: 407).

Noten que todos estos efectos equilibradores secuenciales de redistribución y cambio de precios ocurren sin importar para nada las fronteras nacionales. Por ejemplo, supongamos que la caída de demanda internacional de trigo americano se debió a que se trasladó hacia los productores de cebada de otros países, siendo ellos los favorecidos. Estos pueden tener una muy alta elasticidad ingreso por los vinos (y otros productos) americanos, por lo que una de las respuestas inmediatas al desequilibrio de balanza de pagos es un aumento de la demanda y precios de estos bienes (Salerno, 2010: 407-08). Mientras el proceso continúa a lo largo de la economía mundial, las posteriores redistribuciones de ingreso y gasto pueden muy probablemente causar que aumente la demanda y precios de otros bienes de Estados Unidos.

En conclusión, el análisis austriaco de la balanza de pagos bajo patrón monetario mercancía demuestra que los cambios de corto plazo en factores o datos reales son solo un fenómeno temporal. Las modificaciones en el lado real de la economía ciertamente pueden tener un efecto desequilibrador en la balanza aun cuando la oferta y demanda de dinero permanecen igual. Pero esas perturbaciones son solo transitorias, de corto plazo. Es precisamente una de las funciones del mecanismo de ajuste de la balanza de pagos revertir los flujos de dinero desequilibrantes y restaurar la distribución monetaria mundial de equilibrio que está determinada únicamente por la configuración de las demandas individuales de dinero. A la larga, las causas de los desequilibrios en la balanza de pagos son de naturaleza puramente monetaria (Salerno, 2010: 171-72).






Hayek, Friedrich von [Salerno, Joseph T. Ed.] (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

viernes, 23 de septiembre de 2016

El mito de que el Patrón Oro no puede funcionar hoy


Cuando se propone la vuelta al Patrón Oro, es muy usual que los detractores digan, entre otras cosas, que su funcionamiento es inviable hoy en día. No nos vamos a referir a las críticas sobre los planes de implementación del Patrón Oro en la actualidad, sino a las objeciones sobre su mecanismo de funcionamiento una vez ya implementado. ¿Quién controlaría la oferta monetaria? ¿Cómo harían los países para tener “suficiente” dinero si no pueden controlar su cantidad? ¿Seríamos esclavos de las naciones que tienen minas? ¿Los países que no las tienen pueden quedarse sin dinero para sus transacciones? Siguiendo una de las mejores exposiciones sobre el Patrón Oro que se pueden ver en YouTube que es la de Joseph Salerno del año 2005, así como también Salerno (2010: 409-13; 1985: 92-93) y Hayek (2008: 357), vamos a explicar como funciona.

Ya vimos algunas características del mecanismo de flujo-precio-especie. Noten que el punto (2) es crítico porque demuestra que el dispositivo de ajuste con el que funciona el Patrón Oro es uno que hoy en día sigue operando en cualquier parte del planeta dentro de cada área monetaria. 

Tomemos, por ejemplo, un país cualquiera como Argentina y dos de sus provincias: San Juan y Mendoza. Argentina es un área monetaria única usando el peso. Es decir, el área monetaria es todo el territorio nacional y es donde impera el uso del peso. Por simplicidad, la podemos llamar “área peso”. Tanto San Juan como Mendoza tienen permanentemente movimientos de entrada (superávit de balanza de pagos) y salida (déficits de balanza de pagos) de la “moneda común” que comparten (el peso). Nadie sabe cuánto es, ni nadie se preocupa ni a nadie le importa porque, afortunadamente, ni las provincias ni el gobierno llevan esa estadística de balanza de pagos interprovincial. Veamos ahora cómo se mueve el dinero.

Supongamos que hay un incremento de la producción en San Juan debido a, digamos, un aumento de la productividad en alguna rama de tecnología o por el descubrimiento de nuevos yacimientos de mineral valioso o porque sale beneficiada de un cambio en los gustos nacionales de turismo. Por otro lado, ocurre una caída de la producción en Mendoza por alguna contracción de la demanda de una mercancía importante que procesan. En esa situación, las exportaciones de Mendoza al resto del país tenderán a caer mientras las de San Juan aumentarán. Los habitantes de Mendoza estarán en la situación en que sienten que tienen menos pesos a medida que sus ingresos bajan. La demanda por producción mendocina ha caído, por lo tanto los ingresos allí se desploman y, consecuentemente, la gente demanda menos dinero para retener. Recuerden que cuando el ingreso de alguien cae, la persona tiende a demandar menos dinero. Es así como en el área de Mendoza cae la oferta monetaria. Mientras tanto, los agentes de San Juan ven como sus ingresos suben y tienen más dinero. 

El dinero es redistribuido desde Mendoza hacia San Juan, desde la zona donde la demanda por sus productos cae hacia el área cuya mercancía experimenta un incremento de demanda. La salida de dinero desde Mendoza es nada más que el acto voluntario de sus habitantes que demandan menos dinero al haberse reducido sus ingresos. Dentro del área peso, el mercado mantiene el balance dinerario entre las provincias a medida que crecen o decrecen.

Ahora bien, ¿Cuál es el “área oro” bajo Patrón Oro internacional? Simple, todo el mundo. Cada una de las naciones no es un área monetaria independiente, sino que constituyen un área monetaria mundial que emplea el oro como medio general de intercambio. De igual modo que las provincias argentinas no son un área monetaria independiente, sino parte de un área monetaria nacional que emplea el peso. En otras palabras, lo que funciona hoy y siempre ha funcionado entre provincias, estados y regiones bajo una misma moneda fiat dentro de cada país, también funciona entre países bajo una misma moneda mercancía homogénea internacional como el oro.

Si, por ejemplo, cae la demanda internacional de manufacturas textiles mientras aumenta la de trigo, entonces los ingresos en Gran Bretaña caen mientras dentro de Estados Unidos crecen. Al disminuir precios e ingresos manufactureros en el país europeo, su demanda de dinero también lo hace provocando un déficit de balanza de pagos y su correspondiente salida de oro. Lo contrario ocurre en USA donde el precio del trigo e ingresos de granjeros suben y, por ende, sus saldos de tesorería. El superávit externo y la entrada de oro hacen aumentar el stock de dinero norteamericano. Como podemos comprobar, el proceso es exactamente el mismo que el antes visto con provincias operando en la misma área monetaria fiat: una redistribución de dinero dentro de un sistema cerrado. Cualquier país bajo Patrón Oro (sin importar que tenga minas o no) puede asegurarse, vía la balanza de pagos temporalmente aumentando sus exportaciones y disminuyendo sus importaciones, la cantidad de oro que sus residentes necesiten por la razón que sea. Las transferencias netas de dinero de un país a otro, a largo plazo, solo ocurren como respuesta a cambios relativos en la demanda de dinero entre las dos naciones.

Así como son irrelevantes (no hay estadísticas, a nadie le importa ni preocupa) los resultados de la balanza de pagos interprovincial dentro del área peso en Argentina, también son irrelevantes los resultados de la balanza de pagos de cada país en el área oro. Tal y como lo leen: en un sistema de Patrón Oro internacional, en los países que operen con ese dinero mercancía los déficits y superávits de balanza de pagos son irrelevantes. De exactamente la misma manera en que son irrelevantes los déficits y superávits entre, digamos, New York y New Jersey en el área dólar (Estados Unidos) o entre Tokio y Saitama en el área yen (Japón), etc. 

Además, esa redistribución de un determinado stock de dinero en un área monetaria no implica inflación o deflación en ciertas zonas. Cierto es que luego del proceso hay más dinero fiat y precios e ingresos más elevados en San Juan mientras existe menos circulante y precios más bajos en Mendoza. Por ejemplo, en el inicio hay $100 de oferta monetaria fiat en Argentina, San Juan tiene $30 y Mendoza $70. Luego del cambio productivo, San Juan tiene $40 y Mendoza $60. ¿Ha habido inflación en San Juan y deflación en Mendoza? No. El dinero se ha redistribuido desde Mendoza hacia San Juan. Ese cambio relativo es simplemente el resultado del hecho de que la demanda de cierto producto ha caído en una determinada área (Mendoza) y, por tanto, los ingresos allí han bajado. Lo que trae como consecuencia que, como los ingresos son menores, la gente demande menos dinero. Concomitantemente la oferta monetaria en la zona mendocina cae. La salida de dinero de Mendoza es un acto voluntario de la población que cuenta con menor ingreso. Si en un hogar el ingreso con el que vive la familia es reducido a la mitad, ceteris paribus, ya no se guardará tanta tenencia de efectivo como antes del recorte. El dinero fluirá fuera de la casa (tendrá un déficit de balanza de pagos) por un tiempo hasta lograr tener las nuevas y menores tenencias de efectivo que sean subjetivamente óptimas en la actual situación de menor ingreso. Así ocurrirá con muchos hogares mendocinos.

Por otro lado, la mayor riqueza e ingresos de San Juan causan una mayor entrada de dinero (demandan más para sus aumentadas transacciones y dado sus ingresos más elevados). Solo habría inflación si la cantidad de pesos en toda el área peso subiera a más de $100 y deflación cuando baje a menos de $100. Inflación (o deflación) significa un incremento (o disminución) de la cantidad de dinero* en un sistema cerrado. El área cerrada bajo Patrón Oro puro es todo el mundo. La redistribución de dinero dentro de esa área no es inflación ni deflación. A medida que ciertas zonas del mundo se hacen ricas más rápido que otras partes, el dinero (oro) sale de las regiones con rezago hacia donde los ingresos están subiendo. 

Otra conclusión importante y que refuta una concepción muy popular es que la entrada de dinero en sí misma no hace rico a un área o a una nación, sino que es al revés. La entrada de dinero es el resultado de que la nación o el área es más rica, produce más. Dado que lo que produce San Juan se volvió más valioso, la consecuencia es que experimenta un aumento de ingresos monetarios, demanda más circulante y por ello ingresa más. 

En resumen, el mecanismo fundamental del Patrón Oro actúa incluso hoy en día en cada área monetaria del mundo. Prácticamente en todos los lugares del planeta, actualmente y a cada minuto opera el principio básico que operaría internacionalmente con Patrón mercancía. No existe, bajo Patrón Oro, ningún peligro de que una nación no disponga de dinero suficiente ni que esté condenada a ello por no tener minas. Decir que el funcionamiento de los flujos internacionales de dinero del Patrón Oro sería inviable en la actualidad es tan absurdo como negar la viabilidad de lo que funciona hoy cada minuto, cada hora, cada día, dentro de todos los países del mundo con moneda fiat propia y que no causa ningún problema.







*Estrictamente, es un incremento o disminución de sustitutos monetarios o medio de intercambio respecto al incremento o disminución neta de especie (metales preciosos, dinero mercancía) producida por el mercado. Cuando el sistema bancario de reserva fraccionaria expande y piramida una cantidad mayor de depósitos o notas de banco sobre el oro, eso sí es inflación. Y cuando la salida de oro del país o región contrae esos adicionales sustitutos monetarios sin respaldo (medios fiduciarios), eso sí es deflación. Con la intervención de la reserva fraccionaria el país no solo pierde, digamos, 1.000 onzas de oro, sino que además los bancos que son despojados del metal deben contraer los préstamos y dinero papel exacerbando la salida de oro. En síntesis, la entrada (salida) neta de oro a un país o región en sí misma no es inflación (deflación). Pero aumentar la cantidad de sustitutos monetarios por encima de la cantidad de metal que entró sí lo es. Es la reserva fraccionaria lo que causa la contracción adicional cuando el oro sale o la expansión extra cuando el metal entra. Esa inflación y deflación añadida no es culpa del Patrón Oro en sí, sino de la reserva fraccionaria.





Hayek, Friedrich von [Salerno, Joseph T. Ed.] (2008) Prices and production and other works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (1985), "Gold and the international monetary system: The contribution of Michel A. Heilperin". En Rockwell, Llewellyn H. Ed. (1992) The Gold Standard: Perspectives in the Austrian School. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

lunes, 19 de septiembre de 2016

El mecanismo de flujo-precio-especie del Patrón Oro

Cantillon y Hume. Aunque no se conocen retratos
de Cantillon
, este sería él según Wikipedia.

Continuando la descripción del Patrón Oro, ahora veremos superficialmente el famoso "mecanismo de flujo-precio-especie". 

La palabra "especie" (specie) es simplemente otro término para decir "metales preciosos" (oro, plata, etc.). El mecanismo de flujo-precio-especie es la forma en que se llama al proceso de ajuste de balanza de pagos. 

A pesar de que es universalmente conocido por la exposición de David Hume, el mecanismo fue descrito primera vez por Richard Cantillon.

Veamos algunas de sus características según Joseph Salerno


(1) Tiende a mantener, al menos a largo plazo, en equilibrio la balanza de pagos. Un país no puede tener continuadamente déficits (ni superávits) de balanza de pagos. Si eso ocurriera, todas las reservas de metal de la nación saldrían del sistema. Pero mucho antes de que ello pase, habría corridas bancarias internas colapsando el sistema bancario. 
(2) Distribuye el oro a lo largo del área del Patrón Oro de acuerdo a las demandas relativas de dinero. Los déficits (y superávits) de balanza de pagos tienen claramente una función: distribuir el dinero desde donde sobra relativamente hacia donde falta. Cuando una nación produce más oro porque descubre nuevos yacimientos fácilmente accesibles o aparece una tecnología que hace caer los costos de minarlo, aumenta la oferta monetaria nacional y puede gastar más en importaciones mientras exporta menos. Gracias al déficit de balanza de pagos consecuente, el oro sobrante sale del país hacia las otras naciones. La sangría aurífera cesa cuando los habitantes ya no sienten que tienen dinero sobrante. Por otro lado, si la gente en una nación demanda dinero adicional para llevar a cabo más transacciones o porque prevén mayor incertidumbre futura, exportan más bienes y activos financieros al resto del mundo mientras importan menos. Vía el superávit de balanza de pagos, ingresa el metálico que requieren. La entrada de oro se detiene cuando los agentes nacionales estiman que tienen suficientes saldos de tesorería. 
(3) Limita la inflación del banco central y de los bancos. El banco central o los bancos comerciales pueden, bajo un sistema de reserva fraccionaria, aumentar temporalmente la oferta monetaria. Pero desatando al mismo tiempo fuerzas que, vía el mecanismo de flujo-precio-especie, inevitablemente revierten esa expansión. Si el banco central y los bancos comerciales intentan emitir más sustitutos monetarios de los que la cantidad de oro en reserva permite (medios fiduciarios), entonces los ingresos y precios domésticos comenzarán a subir a medida que los prestatarios gastan las adicionales notas y depósitos. Los precios internos pueden subir a una altura mayor relativamente a los internacionales, los gastos en importaciones suben, las exportaciones caen y se produce una salida de oro del país. A medida que las reservas de oro disminuyen, los bancos deberán detener la expansión monetaria o directamente contraer el stock de dinero
La teoría austriaca sobre la distribución del stock de dinero entre las naciones comienza necesariamente con la demanda individual para retener un stock de medio general de intercambio. Las escalas de valor individuales de dinero contra bienes son la explicación definitiva para la asignación mundial del medio general de intercambio entre agentes de distintas naciones. Los flujos monetarios internacionales (déficits y superávits de balanza de pagos) actúan para equilibrar las demandas y ofertas stock de dinero. Solo los cambios en las demandas de dinero (manifestadas en excesos de demanda netos, positivos o negativos) pueden producir déficit o superávit a la larga. Los movimientos en la balanza de pagos que ocurran sin que se modifique la demanda stock de dinero tenderán a ser de corto plazo y a autoequilibrarse (Salerno, 2010: 88-89)

En un sistema monetario de dinero mercancía, el desequilibrio de balanza de pagos es simplemente una fase integral en el proceso por el cual las tenencias de efectivo individuales y, por ende, nacionales se ajustan a los niveles deseados. Es decir, el proceso de ajuste monetario individual de los agentes de un país es la esencia del desarrollo de equilibración de la balanza de pagos (Salerno, 2010: 170). 

Tal y como vimos antes, ante un faltante o exceso de demanda de dinero metal los agentes de una nación tenderán a reaccionar aumentando sus ventas de bienes, servicios, factores productivos y activos financieros al mundo (exportaciones) y disminuyendo sus compras (importaciones). Ese intento por aumentar sus tenencias de efectivo, resultará en un superávit de balanza de pagos y, por ende, una entrada de la mercancía que se usa como dinero. Ese superávit y su correspondiente ingreso dinerario de oro se detendrá cuando los saldos de tesorería domésticos hayan alcanzado los niveles deseados y el faltante dinerario este saciado (Salerno, 2010: 170). 

Por el contrario, frente a un excedente de dinero los agentes responden incrementando sus compras de bienes, servicios, factores productivos y activos financieros del mercado mundial (importaciones) y restringiendo sus ventas (exportaciones). Al deshacerse del sobrante monetario, provocan un déficit de balanza de pagos que implica una salida de oro. Este escape dinerario se detiene cuando se estima que el sobrante desapareció. 

Como se observa, hay otro factor además del cambio de precios relativos que facilita la equilibración "automática" o, mejor dicho, espontánea de la balanza de pagos. Es el efecto directo sobre el gasto, tanto en bienes nacionales como importados, causado por el flujo de dinero desde una nación a otra. La contracción de la oferta monetaria en el país con déficit provoca, ceteris paribus, una reducción de los ingresos monetarios de los residentes y ello incita directamente a bajar sus demandas de bienes internos y externos. Opuestamente, en la nación superavitaria, el stock de dinero crece y con él los ingresos monetarios aumentando la demanda por productos foráneos y nacionales. Para que ocurra el ajuste bajo un sistema de dinero metálico, el déficit de balanza de pagos causa un cambio en la oferta monetaria del país afectando el comercio (a) directamente a través de cambios en las demandas causados por los modificaciones en el stock de dinero y (b) indirectamente vía cambios de precios resultantes de los movimientos de metal de un país a otro (Heilperin, 1939: 163; Salerno, 1985: 84). 

Por lo tanto, el gobierno no tiene que preocuparse en lo más mínimo por la balanza de pagos, las fuerzas del mercado lo manejan perfectamente. El dinero metálico sale de los países donde la gente tiene un excedente de dinero en sus saldos de tesorería y entra en las naciones donde los saldos son insuficientes. Como cualquier otro producto, el dinero mercancía (oro) se exporta cuando abunda y se importa cuando escasea (Mises, 2006: 49; Salerno, 2010: 171). 

Podemos concluir que en el largo plazo los desequilibrios de balanza de pagos son exclusivamente de naturaleza monetaria. 

En posteriores posts veremos más de cerca este mecanismo.










Heilperin, Michael A. (1939) International Monetary Economics. New York: Longmans, Green and Co.

Mises, Ludwig von (2006) The causes of the economic crisis. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (1985), "Gold and the international monetary system: The contribution of Michel A. Heilperin". En Rockwell, Llewellyn H. Ed. (1992) The Gold Standard: Perspectives in the Austrian School. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute
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