sábado, 23 de septiembre de 2017

¿Son caras las consolas actuales?


Esta es una de las preguntas más frecuentes que se hace el público gamer. Una manera de responderlo, es comprar los precios de las distintas consolas históricamente. El evidente problema de esta comparación es que los dólares de los años 70s no valen lo mismo que los dólares actuales. Es por ello que, como mínimo, la comparación de precio debe tener un ajuste por inflación.

Usando los datos de IPC de Estados Unidos del Bureau of Labor Statistics (BLS) y los precios de salida reportados por el sitio de IGN, podemos ver cuanto costarían las consolas antiguas en dólares a agosto de 2017


Las barras de color naranja son los precios en dólares ajustados por inflación mientras que las de color azul son los precios el año que salieron. La lista está ordenada de mayor a menor de acuerdo a los precios ajustados por inflación.

Lanzada en octubre de 1993, es muy claro que históricamente la consola más cara fue, por lejos, la 3DO de Panasonic, con un precio entonces (U$S 699) que hoy equivale a 1.178 dólares. Seguida muy de cerca por la Neo Geo Advance de SNK que con sus actuales 1.170 dólares (U$S 649 al salir) superaba en potencia en 1991 a sus competidoras SNES y Sega Genesis llevando a los hogares la calidad que solo se veía en los salones de arcade. La consola más potente de su época, y vaya que lo valía.

Volviendo a la actual generación, la primera consola que aparece en el ranking es la Xbox One en el décimo lugar. Lanzada en noviembre de 2013, la última consola de Microsoft fue puesta a la venta a un precio de 499 dólares, que ajustados por la inflación que hubo en Estados Unidos en los últimos 4 años da un precio actual de poco más de U$S 525. Microsoft cometió una serie de errores al inicio de la generación y uno de ellos fue lanzar la Xbox One junto con Kinect en un pack a un precio muy superior a PlayStation 4. Los resultados negativos de esa disposición provocaron que Xbox One bajara luego de precio. Aun así, está muy lejos de los primeros lugares de consolas caras.

Detrás de Xbox One, en el undécimo lugar, se encuentra la futura Xbox One X, que tendrá en noviembre de este año el mismo precio de salida que Xbox One en 2013.

PlayStation 4 aparece recién en el decimonoveno lugar, por debajo de la mitad de la lista. Y PlayStation 4 Pro está todavía más barata en el vigésimo primer escaño.

Finalmente, la Nintendo Switch se corona no solo como la consola de actual generación más económica en su precio de salida, sino también como una de las más baratas de la historia al momento de entrar al mercado. 

En resumen, al menos en términos históricos, las consolas actuales no son caras. 

jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Cuántos exclusivos excelentes tiene cada consola de sobremesa actual?


En principio, hay que matizar que estamos en un terreno claramente subjetivo. La elección de qué juegos exclusivos son los mejores en una consola a la hora de decidirse a comprarla es principalmente cuestión de gustos personales. Por ende, dependerá de la escala valorativa subjetiva de cada persona, la cual es incomparable interpersonalmente.

Sin embargo, para realizar este post, usaremos conocidos sitios webs recopiladores de reseñas de videojuegos. Estas páginas lo que hacen es tomar los puntajes numéricos que otorgan muchos sitios web especializados en videojuegos a títulos determinados y colocarles un promedio (a veces ponderado) general.

Muchas, pero no todas, páginas especializadas en videojuegos realizan análisis, críticas o reviews de un título determinado (al momento de salir, un poco antes o después) y le ponen un puntaje numérico dependiendo de qué tan bueno es. Los sitios recopiladores toman buena parte de estos puntajes, los promedian (ponderadamente o no) y exponen un puntaje promedio general.

Veamos cuantos juegos exclusivos tienen PlayStation 4 (PS4), Xbox One y Switch con 90 o más según Metacritic, Open Critic y Game Rankings:


Como se observa, en términos de cantidad total, claramente la ventaja la lleva PS4 poseyendo siete juegos exclusivos (respecto a las otras consolas) con más de 90 en los tres sitios de Internet. En segundo lugar, aparece Nintendo Switch que en sus solo seis meses en el mercado ya tiene dos juegos excelentes. El último lugar es de Xbox One con uno solo.

Ahora bien, muchos preguntarán: ¿Cuáles son esos juegos y qué puntuación (mayor a 90) tienen? Ello se responde en el siguiente gráfico:


En este caso, vemos cada juego, separados por consola, con sus respectivos puntajes en los sitios de Internet y el promedio de los tres.

En términos de valor promedio, y para sorpresa de nadie, aquí Zelda: Breath of the Wild arrasa.

En resumen, si hablamos de cantidad total de títulos exclusivos excelentes (más de 90 de nota) entre consolas, por ahora, PlayStation 4 lleva una clara delantera sobre las demás.






¿Con qué criterio se armaron los gráficos?

Con “exclusivos” debe entenderse juegos propios de una consola respecto a otras consolas de diferente compañía. Además, se toman solo exclusivos interconsolas, no respecto a PC. Por ejemplo, Forza Horizon 3 se puede jugar tanto en Xbox One como en PC, pero en ninguna otra consola salvo la de Microsoft. Por ende, entra como exclusiva de Xbox One. Lo mismo se aplicaría a Nier: Automata, si estuviera en la lista: se tomaría como exclusivo de PS4 aun cuando tiene un port para PC. Es verdad que posiblemente Undertale salga para otras consolas, pero por el momento no hay ninguna confirmación y sigue siendo PlayStation 4 (y Vita) la única en que se puede jugar.

Tampoco se tiene en cuenta juegos exclusivos de una consola respecto a otra consola de la misma marca. Zelda: Breath of the Wild, por ejemplo, tiene versión tanto para Switch como para Wii U, por lo que aparentemente no sería “exclusiva” de la primera. Pero ambos sistemas son de la misma marca: Nintendo. Por ende, entra como juego exclusivo pues en ninguna otra consola rival de la compañía se puede obtener. “Exclusivo”, en este caso, implica exclusividad de la marca de consola, más que de una máquina.

Por juegos “excelentes” se entiende títulos cuyo promedio en cada sitio sea de 90 o más. Sí, tal vez es un criterio demasiado estricto pues, por muy poco, no entran exclusivos que estimo grandiosos como Horizon Zero Dawn, Nier: Automata, etc. Sin embargo, considero que, dada la casi imposibilidad obtener un 100, llegar a un promedio de más de 90 juntando varios sitios de crítica especializada es un logro muy considerable. Adicionalmente, ese promedio de 90 hacia arriba debe obtenerse con 5 o más reviews. A veces, hay juegos en estas webs que logran puntajes altos únicamente porque tienen un solo análisis.

Con consolas “de sobremesa” implico máquinas de entretenimiento que necesitan energía externa (se enchufan para funcionar), requieren conectarse a un televisor y se juegan en un lugar fijo (aunque te puedas mover en ese sitio). Con PS4 y Xbox One esto es evidente. Nintendo Switch también cumple estas características, pero además es utilizable de forma portátil (propiedad adicional de la que carecen las otras dos).

Y por “actual” significa consolas que hoy en día sean conocidas, utilizadas y con expectativas generales de compra futura por parte de la mayoría de los consumidores que no las poseen (o poseen una o dos de las tres). Es por ello que Nintendo Wii U no entra. A pesar de ser conocida y utilizada, no tiene la expectativa general de compra futura. Esa característica, junto a las demás, actualmente es de la Switch. Ya Nintendo ni siquiera la menciona en planes a futuro. Si no me creen, vean solo los primeros 45 segundos del reciente Nintendo Direct y verán que incluso Koizumi habla de Switch y 3DS, pero nada de Wii U.

También hay que tener en cuenta que los juegos admitidos son los de esta generación de consolas. La retrocompatibilidad de Xbox One permite usar juegos de la anterior Xbox 360 y, próximamente, de la primer Xbox. Ello habilitaría la entrada de muchos juegos con 90 o más. Sin embargo, los juegos de Xbox 360 se pueden usar en Xbox One, pero no son títulos hechos para esta última.

Por último, en la elección de juegos se toman en cuenta las remasterizaciones (por ejemplo, The Last of Us, Journey, etc.), pero no las expansiones (como Final Fantasy XIV: Stormblood que hasta hace poco cumplía la meta de 90). No creo que deba explicar la diferencia entre un juego remasterizado y hecho para una consola y la retrocompatiblidad, poder usar un juego no hecho para  la consola.

domingo, 3 de septiembre de 2017

El mito de que las máquinas causan desempleo


La idea popular de que la automatización de los procesos productivos genera desempleo de la mano de obra es tan vieja como la Revolución Industrial. Es un concepto que suele ser resumido en frases como “la máquina reemplaza/desplaza/sustituye al hombre”, “desempleo tecnológico”, “empleos que serán destruidos por máquinas”, etc. y que domina el debate, así como el sentido común, del ciudadano de a pie. 

Como en otros casos, aunque no ocurre siempre, el sentido común se equivoca gravemente. Los economistas han refutado la afirmación anterior desde hace más de cien años. A continuación, veremos una serie de razones económicas por las que es falso que la introducción de máquinas genere desempleo masivo.

(1) Producir la máquina requiere empleo de mano de obra

Buena parte, o todos, los despedidos por la introducción de la máquina se compensan porque para fabricarla necesariamente se requirió mano de obra. Sin hacer esa máquina, ese empleo de construirla no existiría (Hazlitt, 1946: 38).

Lo que crea las máquinas ¡ES UNA INDUSTRIA! O, mejor dicho, en general es alguna industria o una empresa. Y, como toda industria o empresa que se expande, emplea más gente (entre otros insumos como materias primas, energía, terreno, etc. cuya expansión de producción puede también demandar más empleo).

Pero aun asumiendo que la industria de la máquina, y sus ramificaciones, no logran compensar todos los puestos de trabajo perdidos; quedan otras razones.

(2) Los beneficios que gracias a la máquina generan empleo

¿Con qué propósito se introduce la máquina en primer lugar? Para que (se espera) reduzca los costos de hacer un producto. Si no (se esperara), no se habría adquirido. Ello brindará al adquirente beneficios mayores que sin la máquina. En un principio, puede se usen para pagar el costo de adquirir la nueva tecnología, lo que quede después es ganancia para el empresario.

Luego de que la máquina “se paga a sí misma”, el empresario está obteniendo ganancias mayores que antes (asumamos que vende el producto al mismo precio que lo venía haciendo, con sus costos ahora disminuidos por la máquina). Si se ve solo desde el punto de vista individual del empresario, como lo haría un progresista, parece que solo él gana y encima no hay más empleo. Pero cuando hacemos el análisis social y completo, el empleo aumenta y sus ganancias no son permanentes.

Los beneficios adicionales del empresario pueden usarse en (a) ampliar sus instalaciones (comprando más maquinas o contratando más gente) para hacer más productos, (b) invertir en alguna otra industria o (c) aumentar su propio consumo. Cualquiera de esas opciones amplía la cantidad de puestos de trabajo: ya sea fabricando más máquinas, ya sea ocupando empleados adicionales en otras industrias o con los contratados para producir más bienes de consumo adicionales (Hazlitt, 1946: 38-39).

(3) La competencia genera más empleo

Los mayores beneficios en relación a los de los demás productores, tenderán a atraer competidores que imitarán su ejemplo, aumentando la demanda y producción de más máquinas. Si los otros se resisten a adquirir la máquina, el empresario pionero en la mecanización con su eficiencia comenzará a expandir sus operaciones a costa de ellos (absorbiendo a sus empleados ya sea trabajando para el pionero o haciendo máquinas adicionales que este demanda). Y para producir esas máquinas, se demandará trabajadores adicionales.

La mayor producción ofrecida y eficiencia gracias a las máquinas, permitirá reducir el precio del producto, mientras los beneficios “extraordinarios” se agotan en el proceso de competencia entre los adoptantes de la máquina que baja el precio (Hazlitt, 1946: 39). 

(4) El empleo cambia de composición, pero no disminuye, y la productividad aumenta

La introducción de la máquina se hace para aumentar la productividad. Esto significa (a) producir mayor cantidad del mismo producto por unidad de tiempo (más “output” por unidad de “input”) o también (b) producir productos de mejor calidad (inviables sin la introducción de la máquina). Ceteris paribus, el aumento de oferta del bien A (que haya más del mismo producto o que se ofrezca uno de mayor calidad que antes no se ofertaba) disminuye su utilidad marginal respecto de la de los demás bienes. Por ende, la mano de obra tiende a retirarse de la producción de A y queda disponible para ampliar la producción de otros artículos B, C, D, etc. Esos proyectos de producción solo son rentables y viables gracias a la introducción de la máquina y la mejora de fabricación del bien A. Antes de la máquina, esos proyectos no se llevaban a cabo. ¿Por qué? Porque la mano de obra estaba ocupada produciendo al artículo A, cuya demanda era más urgente que la de los demás productos. La causa por la cual se reduce la mano en la industria de A, luego de introducir la máquina y producir más A, es que aumentó la demanda por trabajadores en los demás sectores que ahora se pueden expandir y que antes de la máquina no podían (Mises, 1949: 768).

Una mejora tecnológica o más y/o mejor maquinaria va a incrementar el empleo en una industria donde la demanda de su producto sea “elástica” (ante una baja de precio de un cierto porcentaje, la cantidad demandada del producto aumenta en porcentaje mayor). Si el precio baja, digamos, un 10 % y la cantidad demandada aumenta en 50 %, entonces para producir esa cantidad adicional (posible gracias a la baja de precio, que a su vez es viable por la reducción de costos debida a la introducción previa de la máquina) se demandará más empleados. La ampliación de la producción expande el empleo en la industria. E incluso usando la máquina “ahorradora de trabajo”, se necesitan a todos o buena parte de los trabajadores despedidos para producir más y alcanzar la demanda. Es decir, se precisan más empleados que los que eran necesarios antes de aparecer la máquina.

Pero aun asumiendo que la demanda del producto es “inelástica” (ante una baja de precio de un cierto porcentaje, la cantidad demandada del producto aumenta en porcentaje menor o incluso no aumenta en absoluto), no se pierden empleos netos por mayor innovación tecnológica. A diferencia del caso anterior de demanda “elástica”, esta vez la demanda no aumenta suficiente para absorber a los despedidos. Ciertamente esa industria puede demandar menos trabajadores y otros recursos, pero como el precio del producto disminuyó por la mayor productividad, la gente gasta menos en adquirirlo. Los fondos adicionales que ahora tienen (gracias a la baja de precio del producto), los gastarán en otro lugar* generando más producción y más empleo en otras industrias. Los trabajadores son despedidos de una industria que produce un bien para trabajar en otras que hacen otros productos. En resumen, usar máquinas y disminuir el empleo en industrias con demanda “inelástica” provoca que esos trabajadores vayan a industrias con demanda “elástica”. El empleo cambia de composición, menos en industrias de demanda “inelástica” y más en las de demanda “elástica”, pero no necesariamente se reduce. El trabajo se expande en unas industrias y se contrae en otras.

En los dos casos antes mencionados, además hay una fuente de trabajo adicional ofrecida para trabajadores: la industria que hace maquinas nuevas y se está expandiendo (Rothbard, 1962: 588; Fairchild, 1952: 478-81).

(5) Miopía analítica

En última instancia, la falacia del desempleo tecnológico se debe al limitado, arbitrario e incorrecto punto de vista miope de concentrarse exclusivamente en un sector.

Lo de que “la maquina dejó desempleado” a uno o varios trabajadores únicamente es cierto desde el punto de vista de la industria o empresa. Cuando se hace el análisis global, ya no lo es. Al usar este argumento, los progresistas que siempre acusan (falsamente) a los liberales de ser “atomistas”, “individualistas” o que “no tienen en cuenta que los hombres viven en sociedad”; caen en la contradicción de hacer un análisis individual o sectorial y olvidar el estudio social.

Si una persona que fue despedida, porque una maquina ahora hace su trabajo, encuentra empleo en otro lugar, entonces en este caso no hubo desempleo generado por la mecanización. La persona no está desempleada. Solo si se ve el empleado despedido y no se mira que el mismo encontró otro empleo en otro lugar o industria, tiene sentido la tesis alarmista. 

Cierto, la máquina “hizo que lo despidieran” (que perdiera su antiguo trabajo), pero eso no necesariamente lo hace desempleado (imposibilitado de encontrar un nuevo trabajo)**. La máquina pudo haber quitado su puesto de trabajo anterior, pero de ninguna manera le sacó su potencial nuevo empleo. Por ende, la introducción de la maquina “reemplazando” al hombre no causa desempleo.

¿Y si no hay suficientes empleos adicionales para absorberlo? No hay ninguna razón para pensar ello, al menos en una economía libre. Primero, los servicios del factor trabajo son un factor productivo relativamente escaso (respecto a la tierra, por ejemplo) y no-específico. Dado que es uno de los más escasos, no hay ningún incentivo para mantenerlo ocioso, sino al contrario: economizarlo (utilizarlo en los usos más urgentes siempre que sea posible). Segundo, las necesidades humanas por bienes o servicios útiles intercambiables están muy, pero muy, lejos de estar completamente satisfechas. Y no solo no están satisfechas, encima no son siempre las mismas, cambian constantemente. Es más, aun en el supuesto irreal de que la inmensa mayoría estuvieran satisfechas, ello requeriría una inmensa e intrincadísima estructura de capital. Solo el mantenerla requeriría una brutal cantidad de trabajo (Rothbard, 1962: 587).

Si no hay mayor cantidad y calidad de oportunidades laborales, la razón hay que buscarla en la intervención estatal. Allí donde los impuestos sean muy altos, las regulaciones muy numerosas, amplias y prohibitivas, haya salario mínimo, beneficios de desempleo o sindicatos privilegiados, donde el Estado absorba buena parte de los recursos gastando mucho, etc.; muchos menos proyectos de inversión se llevarán a cabo. Y, por ende, muchas menos oportunidades de trabajo habrá si uno pierde su puesto. Si el gobierno destruye los nuevos empleos y los potenciales, entonces no es la maquina la que genera desempleo. Para sorpresa de nadie en ningún lugar, es el gobierno el que lo hace.





* Obviamente, no gastarán mucho más en el mismo producto o industria pues la propia definición de demanda inelástica (supuesto inicial) implica necesariamente que la cantidad demandada cambia poco o no lo hace ante variaciones de precio. Como sí podíamos asumir, por ejemplo, en el primer caso de la demanda elástica, que todo lo que les sobraba de dinero a los consumidores, gracias a la baja inicial de precio, lo gastaban solo en adquirir más del producto.

** Por supuesto que puede ocurrir un “desempleo” si el trabajador despedido insiste en buscar únicamente el trabajo exacto que ahora hace una máquina al mismo salario o mayor. Pero eso sería desempleo voluntario, el cual no es un problema. Si un trabajador insiste en aceptar solo sus propios términos para un puesto y estos no se pueden cumplir, difícilmente encontrará empleo. Pero eso ocurrirá no solo en el caso de las máquinas, sino también en cualquier otro caso que no las involucre. Si, por ejemplo, para entrar a trabajar a una universidad por primera vez insisto en ingresar como el director cobrando $160.000 al mes, voy a permanecer sin encontrar trabajo allí. El empleado que desee únicamente y sin excepción trabajar hoy haciendo autos en una línea de montaje como en los años 20s, habrá elegido quedarse desempleado en la industria automotriz. Ni siquiera en estos casos ocurre desempleo involuntario.



Fairchild, Fred R. (1952) Understanding Our Free Economy: An Introduction to Economics. D. Van Nostrand Company.

Hazlitt, Henry (1946), Economics in One Lesson. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2008.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2004.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Milton Friedman sobre el verdadero Patrón Oro


Milton Friedman nunca se ha caracterizado por defender irrestrictamente el Patrón Oro sino al contrario, lo ha criticado por sus supuestos "altos costos" de recursos (Friedman, 2002 [1962]: 42). Sin embargo, Friedman (1976) luego admitiría correctamente cuál sería la forma de un auténtico Patrón Oro (traducción mía): 

Un real y verdadero Patrón Oro tiene muchas ventajas. Si tal patrón pudiera existir, sería uno en el que el oro fuera literalmente dinero y el dinero literalmente oro. En el cual las transacciones serían hechas literalmente en términos del propio metal amarillo o piezas de papel que fueran 100 por ciento certificados de almacén de oro. Bajo un Patrón Oro de este tipo, o uno ligeramente modificado, los gobiernos tendrían muy poca libertad de acción para adoptar política monetaria. 

Luego, también describía cómo posteriormente a 1914, y con el abandono del Patrón Oro Clásico, jamás se retornó a un verdadero Patrón Oro (traducción mía): 

El Patrón Oro que emergió luego de la Primera Guerra Mundial era mucho más débil de lo que supo ser antes y se debilitó todavía más luego de 1934. Era copiosamente endeble porque los gobiernos se estaban convirtiendo en criaturas muy diferentes. De ser elementos menores en la economía, con presupuestos pequeños y poca intervención, pasaron a jugar un rol cada vez mayor y a aceptar ser más y más responsables del curso de los eventos. 

Pasamos de un Patrón Oro real o, al menos, una aproximación a uno; a un sistema que he llamado un pseudo Patrón Oro, un Patrón Oro falso. Un sistema en el cual, en lugar del oro ser dinero y determinar la política del país, el oro era una mercancía cuyo precio era fijado por los gobiernos. En lugar de dejar que los flujos de entrada y salida de oro dominaran la política monetaria doméstica, era la política monetaria doméstica la que ahora determinaba qué ocurría con el precio del oro y con los flujos del metal. 

Sin entrar en discusión de cosas muy cuestionables sobre su artículo (por ejemplo, si es correcta o no su tesis de que no se puede ni es "deseable" retornar a algo similar al Patrón Oro Clásico hasta que el gobierno vuelva a ser 10 % del PBI y que reine el laissez faire), incluso el lider de la Escuela de Chicago reconoce que luego de 1914 solo se impusieron pseudo Patrones Oro (como el Patrón de Cambio Oro I y el Patrón de Cambio Oro II). 










Friedman, Milton (2002 [1962]), Capitalism and Freedom: Fortieth Anniversary Edition. Chicago: The University of Chicago Press.

Friedman, Milton (1976), "Has Gold Lost Its Monetary Role?". En Meyer, Feldberg; Kate Jowell y Stephen Mulholland Eds. (1976) Milton Friedman in South Africa. Cape Town and Johannesburg: Graduate School of Business of the University of Cape Town and The Sunday Times. 34-41.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Pseudo Patrones Oro: El Sistema de Bretton Woods (1946-1971)


Mientras que, terminada la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña impuso su inflacionario y manipulable pseudo Patrón Oro llamado “Patrón de Cambio Oro”; al finalizar la Segunda Guerra Mundial, llegó el turno de los norteamericanos. El nuevo Patrón de Cambio Oro impuesto en 1945 sería conocido con el nombre de “Sistema de Bretton Woods”, pues surgió de las conferencias en Bretton Woods, New Hampshire, en julio de 1944. Esta vez, el Patrón de Cambio Oro anduvo mucho mejor que el impuesto entre 1925 y 1931, pero aun así no era otra cosa que otro inflacionario y manipulable pseudo Patrón Oro. 

Para demostrarlo, volveremos a hacer lo que ya hicimos antes, fijarnos si cumple con las características esenciales de un auténtico Patrón Oro:

(a) El oro es el dinero. Por ende, no existen monedas distintas ni tipo de cambio fijo. El oro no es el dinero. En Estados Unidos desde 1933 estaba prohibido coactivamente que los ciudadanos tengan cualquier tipo de oro (monedas, bullion o certificados de oro). Única y exclusivamente los gobiernos y bancos centrales extranjeros pueden obtener bullion. Es un sistema de tipo de cambio fijo: el oro es comprado y vendido por la autoridad a un precio fijo de un dólar = 1/35 de onza o 35 dólares la onza. Los demás países y sus autoridades monetarias mantienen un tipo de cambio fijo con el dólar.

(b) Su cantidad está determinada por las fuerzas del mercado: la demanda y también la oferta. No existe peligro de que una nación no tenga suficiente dinero. El banco central goza del monopolio de la oferta monetaria. Puede incrementar la cantidad de circulante independientemente de la proporción a la producción o existencias de oro.

(c) La unidad monetaria es (de hecho y legalmente) definida en términos de peso de oro de una determinada fineza. Las reservas bancarias están completamente centralizadas en una agencia del gobierno (banco central) y se vende oro por dólares a un “precio fijado” a los bancos extranjeros. La unidad monetaria ya no es un nombre, sino que hay un precio fijado.

(d) Las notas de banco y depósitos a la vista son redimibles instantáneamente por oro a valor par. Los dólares, otras notas de banco y depósitos a la vista ya no son redimibles instantáneamente en monedas de oro, ni en bullion, ni en nada de oro para los norteamericanos a ningún valor. Solo se permite a los gobiernos y bancos centrales extranjeros, en bullion.

(e) Las monedas de oro, así como el bullion, circulan con total libertad junto con las notas de banco y depósitos (es decir, sustitutos monetarios). Dada la prohibición completa de oro para todos los ciudadanos, ni las monedas de oro ni el bullion son usados en los intercambios diarios. Circulan en su lugar las notas de banco de la Fed (dólares) y los depósitos denominados en ellas.

(f) Se permite funcionar correctamente lo que se conoce como mecanismo Flujo Precio-Especie. El mecanismo de flujo especie no funciona. Ya no hay proceso de reversión que detenga la expansión monetaria ni que equilibre la balanza de pagos. Inflación y desequilibrio crónicos.

Veamos en más detalle cada punto:

En cuanto a (a), básicamente el sistema de Bretton Woods es un nuevo sistema monetario internacional de divisas con tipo de cambio fijo basadas en el dólar.

Toda posesión de oro por parte de los estadounidenses quedó absolutamente prohibida con la Orden Ejecutiva 6102 del 5 de abril de 1933. En uno de los actos más ridículamente dictatoriales y criminalmente expropiadores de la historia humana, el presidente Roosevelt obligó a los ciudadanos norteamericanos a entregarle antes del 1 de mayo todo el oro que tuvieran en monedas, bullion y certificados de oro bajo multas de 10.000 dólares de entonces (¡¡¡Casi 186.000 dólares hoy en día!!!) o hasta 10 años de prisión o ambas si no cumplían. Todo el oro debía ser depositado en algún banco miembro de la Reserva Federal. A cambio, les darían dólares al precio de 20,67 dólares la onza. Por supuesto, luego esos dólares serían devaluados hasta 35 dólares la onza, aun cuando los ciudadanos no podían ir a adquirir oro ni por ese precio. Solo ciertas personas que por necesidad usaban oro en sus actividades podían conseguirlo, teniendo licencia y llenando papeleo. Por ejemplo, los dentistas adquirían oro únicamente para propósitos de ser utilizado en prestar sus servicios. Las personas ni siquiera podían tener oro fuera de Estados Unidos, en alguna cuenta en el exterior.

A diferencia del anterior sistema de Patrón de Cambio Oro, donde lo eran el dólar y la libra, esta vez únicamente el dólar es la divisa clave. Solo el dólar era directamente convertible en oro al precio fijo y previamente devaluado de 35 dólares la onza. Los únicos que podían convertir sus dólares a oro por ese precio eran las “instituciones oficiales” (bancos centrales y gobiernos extranjeros). Como ya se mencionó, los ciudadanos americanos no solo no podían convertir sus dólares a oro, sino que además hasta tenían prohibido si quiera poseer el metal.

Todas las demás divisas, podían ser convertidas en dólares a un tipo de cambio fijo aunque ajustable. Es decir, que las demás naciones y bancos centrales del mundo no tenían como reservas oro para “respaldar” sus monedas, sino dólares. Esa es una de las claves del sistema.

Además y punto (b), la Fed puede expandir la oferta monetaria con un enorme grado de discrecionalidad. Tenía mucha seguridad de que, a diferencia del Patrón Oro Clásico, los dólares que se acumularan en el exterior se quedarían allí, siendo usados como reservas para inflar la oferta de divisas de los bancos centrales extranjeros. En palabras simples, “[E]l dólar de Estados Unidos podía disfrutar del prestigio de estar respaldado por oro y al mismo tiempo no ser realmente redimible en el metal” (Rothbard, 1983: 250). Y es que, además, la inflación que realizara Estados Unidos podía ser “exportada” a los demás países. 

Es muy claro que la Fed podía expandir, había enormes incentivos para hacerlo y adquirió un margen de control de la oferta monetaria brutal. El mercado no determinaba la cantidad de dinero.

(c) Bajo el Patrón Oro Clásico, existían muchas “piscinas” (pools) con oro separadas unas de otras en el mundo, muchas veces en sus respectivos bancos centrales. Por otro lado, una de las características esenciales del sistema de Bretton Woods era propender a poner las reservas de oro del mundo en básicamente una sola gran “piscina”. Por supuesto que, afortunadamente, la centralización no fue completa y todavía quedaban varias reservas de oro en otros bancos centrales cuando el modelo colapsó en 1971. Pero bajo el sistema de Bretton Woods, únicamente un banco convertía sus notas (dólares) a oro: la Fed. Todos los demás bancos y bancos centrales, tendrían gran parte de sus reservas en dólares o convertirían sus respectivas notas a la divisa americana (Hülsmann, 2008: 217).

Debido a circunstancias históricas, Estados Unidos controlaba la mayor reserva de oro del mundo al inicio del sistema y, obviamente, ello fue uno de los factores que contribuyeron a que el dólar sea la “divisa clave”. Durante la Primera Guerra Mundial y mucho después, el país norteamericano se convirtió en un gran refugio para el oro europeo, lo que lo convirtió en uno de los dos países con mayor “piscina” de oro durante el primer Patrón de Cambio Oro (1925-1931). Terminada la Segunda Guerra Mundial, USA ya poseía la mayor reserva de oro vista en la historia. Dado el extraordinariamente grande stock de oro de Estados Unidos, podía perder reservas y el sistema “funcionar” (aguantar) por un periodo de tiempo más largo de lo normal.

En cuanto a (d), con lo explicado en el punto (a), es evidente que ni las notas de banco de la Fed (dólares) ni los depósitos denominados en ellas podían ser redimibles instantáneamente en ningún tipo de oro por parte de los ciudadanos norteamericanos. No solo no eran redimibles, sino que estaba “prohibido” que lo fueran, pues incluso poseer y atesorar oro era ilegal.

Lo que nos lleva al punto (e). Es evidente que, con la prohibición coactiva de poseer oro en cualquiera de sus formas para los ciudadanos americanos, el mecanismo fundamental de control interno de un genuino Patrón Oro queda inutilizado. Ya no es posible pedir que se rediman al instante las notas de banco o depósitos por oro y mucho menos atesorarlo. El “drenaje interno” de oro (internal drain, la pérdida de reservas de los bancos debidas al incremento de la conversión por parte de los clientes nacionales de las notas y depósitos en monedas de oro o bullion), que tiende a mantener a raya las aventuras expansionistas de los bancos, desaparece.

Al desvanecerse ese límite, el banco central y los bancos comerciales amplían el rango de expansión de medios fiduciarios que son capaces realizar. En el lugar del metal precioso circulan las notas de la Fed (dólares) como efectivo, las cuales, a diferencia del oro, se pueden crear.

Por último el punto (f) implica que al quedar anulado el dispositivo de “drenaje interno”, como vimos en (e), se pierde una parte fundamental del mecanismo de reversión clave de un auténtico Patrón Oro. Uno podría pensar que, al menos, queda el “drenaje externo” para tender a revertir las aventuras inflacionarias de Estados Unidos; sin embargo, tampoco es el caso.

Una de las características principales del Patrón de Cambio Oro en cualquiera de sus formas es que, de facto o de jure, la contra partida (el Activo) del balance del banco central que emite la divisa en circulación incluye, además de oro y deudas en moneda nacional, una gran parte de divisa extranjera convertible en oro. Como ya vimos, esas divisas extranjeras en el periodo del Patrón de Cambio Oro de 1925-1931 eran el dólar americano y la libra esterlina; pero en este caso, es únicamente el dólar americano. Esas divisas, aunque son propiedad de los bancos centrales extranjeros, permanecen depositadas en el país de origen (Rueff, 1972: 15-16). El banco central puede expandir la oferta monetaria no solo contra el oro y deudas denominadas en la moneda nacional, sino también contra dólares o deudas en dólares.

Los flujos que salen de Estados Unidos hacia un país bajo el sistema de Bretton Goods (Patrón de Cambio Oro 2) incrementa la oferta monetaria en el mercado receptor SIN reducir de ninguna manera la oferta monetaria americana. El banco central que obtiene los dólares emitidos, y hace que entren directa o indirectamente como sus reservas, los deja depositadas en el mercado de New York. Allí pueden, como antes, dar respaldo para expandir el crédito, dando préstamos a los nacionales (Rueff, 1972: 17-18).

Tal y como ocurría antes con el primer Patrón de Cambio Oro y las libras, el Sistema de Bretton Woods hace que el resto de los países piramiden sus respectivas ofertas monetarias sobre los dólares.

Si Estados Unidos expande su oferta monetaria, tiende a tener un déficit de balanza de pagos pues, ceteris paribus, los precios en el país americano suben por encima de los del resto del mundo y las importaciones aumentan mientras caen las exportaciones relativamente. Pero acá viene la clave de todo el sistema: lo que sale de Estados Unidos hacia los otros países no es oro, sino los dólares. Dólares que no vuelven a Estados Unidos a ser cambiados por oro, sino retenidos externamente para usarse para expandir oferta monetaria. USA recibe bienes y servicios reales del país exterior (importaciones) y cambio le da dólares. Los exportadores foráneos que vendieron a Estados Unidos van al banco central en su país y a cambio piden moneda doméstica. El banco central nacional imprime su divisa y compra los dólares. Por lo tanto, las ofertas monetarias y precios internos de ambas naciones (Estados Unidos y el país que le vendió bienes) crecen. En palabras simples, el Sistema de Bretton Woods tendía a crear inflación mundial.

En resumen, la Fed piramida sus notas (dólares) y depósitos (denominados en dólares) sobre sus (aumentadas) reservas de oro. Esas notas y depósitos son ulteriormente usados por los bancos comerciales como respaldo para piramidar sus depósitos. Y, a su vez, los depósitos en los bancos comerciales de Estados Unidos de los bancos centrales extranjeros son usados de respaldo para piramidar sus divisas y depósitos de la banca comercial de allá. Únicamente Estados Unidos redimía por oro los dólares o depósitos en dólares (Rothbard, 1983: 250).





Hülsmann, Jörg G. (2008) The Ethics of Money ProductionAuburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute

Rothbard, Murray N. (1983) The Mystery of Banking. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Rueff, Jaques (1972), The Monetary Sin of the West. New York: The Macmillan Company.

viernes, 2 de diciembre de 2016

El mito de que el Patrón Oro causó la Gran Depresión

 
Si en algo coinciden monetaristas, keynesianos y demás variantes de buena parte del mainstream (corriente principal) económico es en culpabilizar al Patrón Oro de la Gran Depresión de los 30s. Ya sea porque supuestamente el Patrón Oro tenía "defectos inherentes" restringiendo la política monetaria gubernamental que lo hicieron fallar y colapsar el sistema financiero (keynesianos) o debido a que, por razones políticas o sociales, no se aplicaron las "reglas de juego" del Patrón Oro al esterilizar los flujos de oro, lo que lanzó la economía al precipicio (monetaristas).
 
Como correctamente señala Salerno (2010: 580), el caso en contra del Patrón Oro, como culpable de causar la Gran Depresión, agravarla, propagarla internacionalmente y retrasar la recuperación; es de principio a fin un caso de error de identificación.
 
Lo que fracasó en los años 20s y 30s ni era el Patrón Oro Clásico y ni siquiera era un Patrón Oro verdadero. El Patrón Oro Clásico ya había sido destruido por las políticas del gobierno luego de 1914 y jamás volvió, nunca.
 
El sistema monetario que causó los problemas fue un pseudo Patrón Oro inflacionario y manipulado por los gobiernos y los bancos centrales: el Patrón de Cambio Oro.
 
Tanto el banco central manipulando el Patrón de Cambio Oro (inflando el crédito en los 20s, causando el auge artificial e intentando inflar durante la crisis) como las políticas intervencionistas del gobierno (sobre precios y salarios) fueron los causantes de la mayor catástrofe económica del siglo XX en Estados Unidos y el resto del mundo.
 
No fue el oro, fue el Estado.









Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Pseudo Patrones Oro: El Patrón de Cambio Oro (1925-1931)


Enorme es la confusión siempre que se habla del Patrón Oro. Tanto historiadores como incluso economistas profesionales suelen expresarse sobre él genéricamente, como si el Patrón Oro de fines del siglo XIX fuera el mismo que el de entre guerras. En este post vamos a ver que hay diferencias brutales entre un verdadero Patrón Oro y el sistema impuesto entre la Primera y Segunda Guerra Mundial que ha sido denominado como Patrón de Cambio Oro.  

Luego de terminada la Primera Guerra Mundial, el mundo se encontraba en medio de un caos monetario puesto que, para desenvolverse en el conflicto bélico, la mayoría de los países habían abandonado el Patrón Oro Clásico. El sistema de flotación sucia de tipos de cambio que quedó luego de la conflagración global llevó a un desastre monetario en Europa. Las devaluaciones "competitivas" y emisión sin restricción de dinero causó hiperinflaciones en Alemania, Austria, Hungría, Rusia, Polonia, etc. Durante ese caos, se decidió que era necesario retornar de alguna forma al oro para paliar el desorden.

El origen del Patrón de Cambio Oro se encuentra en las conferencias de Génova de 1922. El objetivo de estas no era otro que intentar volver al Patrón Oro. Pero el retorno no sería al Patrón Oro Clásico, pues este constreñía demasiado la capacidad de expandir el dinero, sino a una versión distinta y más manipulable por parte de los gobiernos y bancos centrales.

¿Es el Patrón de Cambio Oro similar al Patrón Oro Clásico? ¿Es el Patrón de Cambio Oro un Patrón Oro auténtico siquiera? Para saberlo, veamos si el Patrón de Cambio Oro cumple con al menos las características mínimas de un verdadero Patrón Oro:


(a) El oro es el dinero. Por ende, no existen monedas distintas ni tipo de cambio fijo. Salvo por Gran Bretaña y Estados Unidos, en los demás países el oro no era el dinero, sino que ese lugar lo ocupaba la libra o el dólar. Y en Gran Bretaña tampoco el dinero era el oro por completo: se prohibió que circularan las monedas y el bullion solo se permitía a extranjeros. Es un sistema de tipo de cambio fijo tanto porque el bullion de países centrales (por ejemplo Gran Bretaña) se compra y vende a precio fijo y también porque los demás países tienen tipo de cambio fijo con la moneda reserva.


(b) Su cantidad está determinada por las fuerzas del mercado: la demanda y también la oferta. No existe peligro de que una nación no tenga suficiente dinero. Al permitir convertir las divisas solo en bullion (para extranjeros), se hizo posible incrementar el circulante independientemente de la proporción a la producción de oro.


(c) La unidad monetaria es (de hecho y legalmente) definida en términos de peso de oro de una determinada fineza. Las reservas en oro de gran parte del sistema bancario están centralizadas en una agencia del gobierno (banco central) y, por ende, estas se vendían a un "precio fijo" a los bancos. La unidad monetaria ya no es un nombre sino que hay un precio.


(d) Las notas de banco y depósitos a la vista son redimibles instantáneamente por oro a valor par. Las libras esterlinas, las notas de banco y depósitos a la vista ya no son redimibles instantáneamente en monedas de oro por parte de los británicos, ni en bullion (a los extranjeros con libras, sí).


(e) Las monedas de oro, así como el bullion, circulan con total libertad junto con las notas de banco y depósitos (es decir, sustitutos monetarios). Las monedas de oro no son usadas en los intercambios diarios. Solo se redimía bullion para transacciones grandes y para los extranjeros.


(f) Se permite funcionar correctamente lo que se conoce como mecanismo Flujo Precio-Especie. El mecanismo de flujo especie no funciona. Ya no hay proceso de reversión que detenga la expansión monetaria ni que equilibre la balanza de pagos. Inflación y desequilibrio crónicos.



Veamos más de cerca cada característica:

Sobre el punto (a) debe quedar claro que, bajo el Patrón de Cambio Oro, un país (en este caso Gran Bretaña, aunque también Estados Unidos) se queda en el Patrón Oro (su divisa libra esterlina es redimible por oro, no obstante solo bullion para extranjeros, o dólares) mientras el resto de los estados, aunque nominalmente bajo "Patrón Oro", realmente están bajo Patrón Libra Esterlina. Es decir, solo dos bancos (la Fed y el Banco de Inglaterra) cumplirían la tarea de banco central. Todos los demás bancos centrales nacionales mantendrían como reserva notas dólares americanos o notas libras esterlinas (ellas serían las "divisas clave"). Cualquier país europeo tendría como reservas para su divisa ya no oro, sino libras esterlinas (letras o depósitos pagables en libras en Londres) (Rothbard, 2002: 385). Por dar un ejemplo, cualquier español que fuera con pesetas al banco a pedir redención, recibiría libras en lugar de oro. Además, parte del acuerdo es que el resto de países europeos mantengan sus saldos en Londres y eviten usar su derecho legal a reclamar el oro (Rothbard, 2002: 386). A todos usos prácticos, el oro deja de ser el dinero.


Los demás países que usan la divisa clave como reserva, en lugar de oro en sí, tienen un tipo de cambio fijo respecto a ella. Más aún, en las naciones que sí están bajo Patrón Oro (Gran Bretaña y Estados Unidos), y gracias a la creciente monopolización de emisión de notas y centralización de reservas vía bancos centrales, el oro es comprado y vendido a un "precio fijo" en términos de divisa nacional (Salerno, 2010: 351). Por ende, existía a usos prácticos un sistema de tipo de cambio fijo.

En cuanto a (b), las notas de banco y libras esterlinas ya no son redimibles en monedas de oro, como sí lo solían ser en el Patrón Oro clásico, sino que ahora solo se cambian por barras de oro (bullion) a los extranjeros poseedores de libras. Las monedas que en el curso de las transacciones llegan al banco central no son vueltas a poner a circular, sino que son fundidas en barras. De esta forma, se quita de circulación buena parte de ellas. En la medida que se funden monedas en barras es posible para los bancos centrales sustituir el oro circulante por notas y depósitos en divisa en montos varias veces mayores a la cantidad de piezas de metal que previamente se movían en el comercio. En resumen, se incrementa la cantidad de objetos monetarios fuera de cualquier proporción a la producción actual de oro, así como muchas más cuentas por las ahora mayores reservas auríferas en el central, muy por encima de la producción de las minas.

Los bancos centrales adquirían un cada vez mayor porcentaje de la producción de oro de la minería desde 1914. Ya para 1931, retenían prácticamente todo. El oro de las minas iba directamente al banco central. Es precisamente en base a esas reservas en el banco central que el crédito era creado.

En síntesis, el banco central no solo tomó el oro directo de las minas, sino que además se apropió como reservas de gran parte del metal precioso que antes circulaba como monedas. Por ende, el banco central y el gobierno tienen ahora el control sobre la oferta monetaria y ya no el mercado (Phillips et al., 1937: 45-46, 49; Rothbard, 2002: 383).

Vamos al punto (c). Como ya se mencionó, la monopolización de la emisión de notas y la centralización de las reservas de oro llevadas a cabo por parte de bancos centrales controlados por el gobierno, dieron origen a la ficción de que esas notas y los depósitos de los bancos privados denominados en ellas ya no eran meras reclamaciones a dinero mercancía, sino dinero en sí. En ese momento, las notas y el oro se perciben como dos bienes distintos y, por ende, el banco central "compra" y "vende" el metal precioso a un "precio fijo" en términos de la divisa nacional. El oro es una "reserva" que "respalda" la oferta de dinero notas (Salerno, 2010: 351). 

En cambio, bajo un Patrón Oro auténtico, las divisas nacionales no existen como entidades independientes y distintas del oro (Salerno, 2010: 350). Con el Patrón Oro Clásico el dinero es el oro y la unidad monetaria es simplemente un (nombre para un) cierto peso del metal; mientras que, por otro lado, bajo Patrón de Cambio Oro el dinero es la divisa.

En (d) una de las características esenciales del Patrón de Cambio Oro es que tanto las notas del Banco de Inglaterra (libras esterlinas) así como los depósitos a la vista ya no serían redimibles en monedas de oro para los británicos. Solo se permitiría redimir las libras en bullion. Es decir, en barras de oro (de más de 400 onzas) que, al tener un valor mucho mayor que las monedas, se usaban para transacciones grandes. Pero ni siquiera eso era completo. Los residentes de Gran Bretaña tampoco podían adquirir oro bullion libremente, sino que solo se redimía a extranjeros tenedores de libras. Lejos de ser un verdadero Patrón Oro, era un "Patrón Oro Bullion Internacional" (Rothbard, 2002: 381-84). 

Cuando a un banco central se le da el monopolio legal o de facto para centralizar las reservas de oro del público, sus notas y depósitos ya no son tratados como títulos de propiedad inmediatamente redimibles al dinero verdadero guardado en sus baúles (oro). Como ya se dijo, ahora el oro entra en la categoría de "activos" del banco central que sirven como "reservas" para emitir notas y depósitos. Estas, a medida que pasa el tiempo, pasan a ser generalmente aceptadas como dinero en sí en lugar de ser lo que son en realidad: reclamaciones de dinero (Salerno, 2010: 504).

La característica (e) es muy importante. Como consecuencia de que las monedas de oro ya no circulaban en transacciones diarias de la gente en el mercado británico, uno de los mecanismos esenciales del verdadero Patrón Oro que restringía las expansiones desmesuradas de crédito quedó trunco. Aunque esto, per se, es más que suficiente para demostrar que el Patrón de Cambio Oro jamás fue ni podría haber sido nunca un verdadero Patrón Oro, vale la pena aclarar que ni siquiera los británicos podían al menos pedir bullion por sus libras. Solo los tenedores de libras extranjeros estaban habilitados.

La ausencia de monedas en circulación crea un obstáculo muy grande para el ciudadano ordinario tanto para pedir la redención de las notas o depósitos en oro, así como para el atesoramiento del metal.

Técnicamente en Estados Unidos todavía se podía redimir en monedas de oro. Sin embargo, los bancos ya no tenían reservas en monedas sino en notas de la Fed. Las reservas de oro fueron centralizadas en el banco central (la Reserva Federal) por ley en junio de 1917 y a los bancos se los incentivó a entregar notas de la Fed para redimir en efectivo los cheques y depósitos. Por lo tanto, muy poco oro circulaba para transacciones diarias en los años 20s incluso en Estados Unidos (Salerno, 2010: 573-74). Claramente, una intervención coactiva del Estado que terminó con una de las características centrales del Patrón Oro auténtico.

Finalmente, (f) es fundamental. El eliminar la circulación de monedas y bullion a los británicos no fue el mayor obstáculo para el funcionamiento del mecanismo flujo precio especie.


Antes, bajo Patrón Oro clásico, si Gran Bretaña inflaba la cantidad de libras provocaba un déficit de balanza de pagos que hacía que la divisa escapara fuera del país y cayera en manos de países extranjeros que pedían oro a cambio. El oro salía del banco central disminuyendo sus reservas, lo que provocaba una reversión y el abandono de su inicial política inflacionaria e incluso contraer el crédito. Con Patrón Cambio Oro la cosa era muy diferente. La expansión de libras, nuevamente, provoca un déficit de balanza de pagos y que estas se acumulen en manos extranjeras. Hasta allí, todo igual. Pero ahora viene el cambio radical: las demás naciones han sido "inducidas" (presionadas) a usar libras como reservas en lugar de utilizar el oro en sí. Las libras ya no vuelven desde el exterior a Gran Bretaña para reclamar el oro (deteniendo el intento inflacionario británico). Esas divisas ahora son guardadas y usadas por los países como reservas para expandir sobre ellas su propia moneda. Por ende, ya no hay reversión. Gran Bretaña aumenta su oferta monetaria y, sobre esa expansión, los demás países inflan la de ellos. Los británicos "exportan" su inflación al resto del mundo. Gran Bretaña podía continuar la expansión monetaria, su déficit acumularse y las demás naciones expandir sin mecanismo de reversión del mercado que los detuviera (Rothbard, 2002: 385).

Pero el vértice de la pirámide expansionista monetaria no tenía que ser solo la libra, pues también era redimible en dólares. Los americanos, asimismo todavía en el Patrón Oro, también podían participar de "catapulta inflacionaria". La Fed piramidaba su oferta monetaria de dólares sobre las reservas de oro, muchos de esos dólares creados iban hasta Gran Bretaña. El Banco de Inglaterra usaba esos dólares en reserva para piramidar un ulterior aumento de libras. Muchas de esas libras viajaban hasta países europeos, los cuales las usaban como reservas para piramidar sus respectivas ofertas monetarias. El dólar y la libra eran las "divisas clave", iniciadoras del proceso expansivo.

¿Podía continuar ello indefinidamente? Claro que no. A medida que se acumularan los desequilibrios en los demás países, la mínima pérdida de confianza llevaría al colapso. En 1931 llegó ese día: Francia venía reclamando oro a cambio de las numerosas libras que tenía desde 1927 y además la bancarrota de varios bancos en Europa llevó a los británicos a abandonar el Patrón de cambio oro completamente.

En conclusión, el Patrón de Cambio Oro no es ni jamás fue un Patrón Oro auténtico. No tenía ninguna de las características esenciales de un auténtico Patrón Oro. Por otro lado, el Patrón Oro Clásico sí las cumplía. Nunca hay que confundir ambos. Ni el Patrón de Cambio Oro era igual al Patrón Oro Clásico, y ni siquiera llegaba a ser un verdadero Patrón Oro. Solo fue un pseudo Patrón Oro.







Phillips, Chester A.; McManus, Thomas F. y Nelson, Richard W. (1937) Banking and the Business Cycle: A Study of the Great Depression in the United States. New York: The MacMillan Company.

Rothbard, Murray N. [Salerno, Joseph T. Ed.] (2002) A History of Money and Banking in the United States: The Colonial Era to World War II. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.