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martes, 29 de diciembre de 2015

El absurdo de la devaluación


Este es un análisis de los efectos de la devaluación empleada deliberadamente vía una política monetaria expansiva, es decir, aumentando la oferta de dinero, para causar inflación, impulsar o mantener un tipo de cambio real artificialmente alto y así “reactivar” la economía. 

La explicación para estar a favor de la devaluación inflacionaria aparenta ser convincente. La mayoría de los economistas de la corriente principal y muchos “heterodoxos” comparten la idea de que una economía anda bien (tiene cierto porcentaje o nivel de desempleo, inflación, crecimiento, etc. que se considera "bueno") cuando posee un “correcto” nivel de gasto total (lo que se conoce como “demanda agregada”). Si, por cualquier razón, los habitantes de un país se han vuelto muy poco gastadores y ello provoca desempleo, capacidad ociosa, deflación, recesión, etc., podemos incentivar que los extranjeros gasten lo suficiente para compensar. Al devaluar (si hay tipo de cambio fijo, establecido por el gobierno) o depreciar (si hay tipo de cambio flexible, intervenido por el Estado) realmente la moneda (aumentar el tipo de cambio o precio de la divisa nacional respecto a una divisa extranjera en mayor proporción que los precios internos) se da un impulso al sector transable internacional (exportador, turístico, etc.) mientras al mismo tiempo se desalientan las importaciones. Todo parece cerrar para aumentar el gasto total: los extranjeros gastan más en la economía y los nacionales filtran menos gasto hacia el exterior para volcarlo internamente al buscar sustitutos internos a lo que antes compraban afuera. Los desempleados encuentran trabajo en el sector exportador, en el nacional que sustituya importaciones y en el turístico gracias a su ahora menor salario real. De paso, también reducimos el peso de las deudas con la inflación beneficiando a los deudores a expensas de los acreedores. Sin embargo, el objetivo último y definitivo de la devaluación vía incrementar la cantidad de dinero, es causar inflación y un auge inflacionario. No es de extrañar que todo ello provoque un crecimiento del país, a veces, fuera de lo normal.

Nadie niega que, bajo ciertas condiciones, una devaluación permite absorber (a corto plazo, insostenible y transitoriamente) buena parte del desempleo producto del ciclo económico. Ello se logra vía la reducción del nivel de salarios reales y en moneda extranjera. Sin embargo, cuando se va más allá del error de ver solo esos efectos de corto plazo un unos pocos sectores, se descubre que esta política tiene tantos defectos que sus supuestos “beneficios” ni resuelven el problema ni valen la pena. 
  • 1) Primero, la devaluación o depreciación (real) del tipo de cambio únicamente funciona cuando las demás naciones o nación con los que comercia el país devaluante no deprecian sus monedas en igual o mayor proporción. En el primer caso el país que devalúa no gana nada de competitividad y en el segundo pierde incluso la que ya tenía. Técnicamente hablando, es tan sencillo para el otro país devaluar como lo es para el que primero lo hizo. Por lo que, ceteris paribus, si al expandir su oferta monetaria el país A devalúa 20 % su moneda con respecto a la del país B, su par comercial B puede también aumentar su stock de dinero y depreciar en igual proporción con respecto a la moneda de A. El resultado final es que ningún país obtuvo ventaja “competitiva” alguna y ambos terminaron con más inflación (con todos los efectos distorsivos que implica). Si este proceso se repite y A devalúa nuevamente mientras B compensa depreciando, el resultado último de esta carrera devaluatoria o guerra de divisas es la super o hiper inflación y el fin de sus monedas. En definitiva, la conclusión lógica de la devaluación “competitiva” es la destrucción del sistema monetario que manipula el Estado. No estoy diciendo que “cualquier devaluación = hiperinflación inmediata”. Sino que la táctica de la devaluación, llevada a sus últimas consecuencias lógicas, termina inevitablemente destruyendo el dinero que el Estado maneja (Mises, 1949: 785). Pero el hecho de que la moneda manipulada colapse no implica que el sistema monetario desaparezca de la economía. El comercio se emancipa de la moneda estatal y puede continuar usando un dinero mejor, como otra moneda extranjera o dinero metálico (Mises, 1912: 229-30). Una idea cuya lógica final conduce a un desastre no deseado por los propios ejecutores, de entrada, debería parecernos una mala idea. Y, de hecho, lo es.
  • 2) Aun suponiendo que 1) no se cumpla, hay otros defectos. El siguiente punto desfavorable ha sido muy bien señalado por Rallo. El comercio internacional es mutuamente beneficioso cuando está basado en ventajas comparativas: un país que es relativamente mejor para producir un bien o servicio valioso respecto a otra nación, se dedica a ofertarlo. Su mayor productividad le permite suplantar al país que anteriormente producía esos bienes en condiciones que ahora se revela no eran tan eficientes. Este último deberá dedicarse entonces a otras actividades (relacionadas o no con lo que hacía) que también generen algún valor y en las cuales sea relativamente mejor. La producción y riqueza global aumenta, hay más bienes que antes. ¡Hasta Krugman admite esto! (Krugman et al., 2007: 332) La devaluación inflacionaria, por otro lado, no aumenta la productividad. Depreciar la moneda no incrementa el valor por unidad de insumo generado por las empresas. Pero la competitividad internacional del país con moneda ahora más débil sí puede aumentar (basada en un artificio y en nada productivo real) a costa de la de otro país. La mejora competitiva no se debe a ser más productivo. La producción y riqueza total, esta vez, no ha aumentado. El país que padece el problema de pérdida de ventaja comparativa no lo soluciona, sino que le traslada su crisis a la nación que no la tenía. Ahora el país que producía más eficientemente tiene una crisis porque no puede competir con otro país que no aumentó su productividad en absoluto sino que simplemente hundió el valor de su moneda. Por lo tanto, la devaluación inflacionaria no resuelve el problema de competitividad, simplemente lo traslada. Pero, además, el patrón de especialización de cada país dentro de la división internacional del trabajo queda manipulado por los políticos y el banco central en lugar de los consumidores de cada nación. Con las evidentes ineficiencias y perjuicio para estos últimos que ello necesariamente acarrea.
  • 3) Incluso haciendo de cuenta que 1) y 2) no existen, aparece el más grave problema. La Teoría Económica sana, la que analiza los efectos de cualquier medida a corto y largo plazo en un sector y en los demás, demuestra que los resultados de la devaluación sobre el sector comercial del país son, como mucho, transitorios. El shock devaluatorio, de una vez y mientras los demás precios de la economía permanezcan igual o no suban tanto como el precio de la divisa (tipo de cambio), ciertamente tiene efectos positivos en la balanza comercial al encarecer las importaciones y abaratar las exportaciones y el turismo en el país, entre otros objetivos. Pero esos frutos son solo transitorios y se deben simplemente al hecho de que los precios y salarios del país que devalúa tardan cierto tiempo en subir. Los precios y salarios se retrasan por un tiempo respecto a la suba del precio de la divisa. Durante ese intervalo de tiempo en que la estructura de precios domésticos se adapta a la nueva situación creada por la devaluación, algunos proyectos del sector transable externo (exportación, turismo, etc.), inviables antes de la devaluación, aparentan ahora ser rentables (Mises, 1912: 214-15, 224; 1946; 1949: 785-87; Hayek, 1937: 370-74; Howden, 2012; Salerno, 2014). 
Ese es todo el secreto de los efectos “expansivos” de la devaluación en el sector transable: el simple hecho de que todos los precios no aumentan al mismo tiempo ni en la misma proporción ante cambios monetarios (Mises, 1949: 785; Howden, 2012). Si el dinero y crédito emitido por el banco central es inyectado primero vía el mercado de divisas, y si el mercado no anticipó esto o no lo hizo completamente (lo cual, per se, es otro problema adicional), el precio de las mismas subirá primero y en mayor proporción. De hecho, como el mercado de divisas suele estar bastante organizado y acostumbrado a anticipar movimientos, puede ocurrir que al momento en que el banco central anuncia una política monetaria más laxa, inversores compran rápidamente moneda extranjera pagando con moneda local aumentando el tipo de cambio. Mientras tanto, los precios y salarios internos de los demás bienes y servicios no han cambiado todavía pues son determinados por diversas demandas de individuos dispersos con poco conocimiento en materia monetaria (Howden, 2012). Los exportadores ven una oportunidad de beneficios ante la devaluación (real) y aumentan sus actividades usando el crédito adicional que los bancos les dan a relativa menor tasa o facilidades crediticias propiciadas por la ya mencionada política expansiva del central que inicia todo. Los exportadores pueden obtener recursos y ampliar sus actividades gracias al nuevo dinero y crédito. Es decir, sus costos no han subido todavía mientras ellos tienen ahora más dinero en mano. Entretanto los precios y salarios internos no aumenten o no lo hagan en la misma proporción, el exportador tiene amplias ganancias cuando vende (por cualquier cantidad de divisas que obtenga exportando, puede ahora adquirir mayor cantidad de unidades de moneda local). Para el exportador el precio de lo que vende, medido en dinero del país que devaluó, aumenta mientras sus costos, también contados en moneda nacional, no lo hicieron.

Por ejemplo: un exportador vende al exterior por un valor de U$S 1.000 y el tipo de cambio con el peso argentino es $1 por cada U$S1. Por lo tanto, su ingreso en pesos es $1.000. Supongamos que opera con insumos y trabajadores argentinos, por lo que sus costos están en pesos y equivalen a $1.100. Entonces sus ingresos son $1.000 y sus costos $1.100, este exportador o proyecto de exportación pierde dinero. Luego, de un día para el otro, devalúan la moneda a $3 por cada U$S1. Para asombro de todos, los mismos ingresos de U$S1.000 del exportador ahora son, en pesos, de $3.000 mientras sus costos siguen igual en $1.100. Pasó de perder $100 a ganar $1.900 recibiendo el mismo ingreso en dólares, ¡Negoción de la noche a la mañana!

Sin embargo, y a medida que el tiempo pasa, el dinero emitido se esparce y es gastado por los adicionales proveedores y trabajadores contratados. Consecuentemente los precios y salarios comienzan a subir relativamente. Más se gasta en bienes internos a lo que se le suma las mayores ganancias de exportadores favorecidos por el cambio de precio de la divisa (Hayek, 1937: 371). Si el tipo de cambio anteriormente devaluado no se ha movido, la ganancia en el sector exportador desaparece paulatinamente a medida que aumentan los precios y remuneraciones internas. El movimiento anterior se revierte: los costos (precios y salarios internos) en moneda nacional del exportador suben mientras el precio de lo que vende, medido en esa misma moneda, sigue siendo el mismo.

En el caso del exportador del ejemplo, si sus costos anteriores de $1.100 suben gradualmente hasta llegar a los $3.300 mientras el tipo de cambio sigue igual en $3 por dólar y tiene igual ingreso de U$S1.000 ($3.000), el comerciante está exactamente en la misma posición de pérdida previa a la devaluación. Ahora pierde $300 en lugar de $100, pero son sumas equivalentes: antes perdía $100 que eran U$S100 y ahora pierde $300 que también son U$S100. 

La actividad lograda es una ilusión. Primero porque simplemente es transitoria y, por lo tanto, no soluciona el problema esencial. Solo duró mientras los precios no se ajustaron al valor del dólar. Es únicamente durante el ínterin cuando “aumenta” el nivel de ocupación. Y segundo porque solo se consigue a costa de otros sectores (unos grupos ganan debido a que el resto es perjudicado). Mientras dure el lapso de ajuste de precios, se beneficia y se les da mayores ingresos en términos de moneda nacional a los exportadores, el sector turístico y a los extranjeros a costa del resto del país que ve disminuida su capacidad de compra en moneda extranjera (salarios e ingresos reales en moneda extranjera) y pierde por los efectos redistributivos de la inflación (salarios e ingresos reales). Los exportadores y foráneos reciben más moneda nacional por la misma cantidad de moneda extranjera que poseen mientras, por el contrario, los residentes que tienen la misma cantidad de moneda nacional deben entregar más de ella para obtener igual cuantía de extranjera.

Una vez los precios se ajustan al valor de la divisa, el país se encuentra en la misma situación. Los ingresos de U$S1.000 no alcanzaban con precios y salarios internos equivalentes a U$S1.100, solo bastaron cuando la devaluación redujo los costos a US$367 por cierto tiempo.
  • 4) Y es que incluso suponiendo que 3) no se da y los efectos no son solo temporales sino que duran a lo largo del tiempo, tampoco es cierto que en definitiva la devaluación cree riqueza. Supongamos que el otro país decide quedarse en el molde y no hacer nada ante la quita del mercado internacional provocada por la devaluación de su socio. Ciertamente la devaluación beneficia a los exportadores, que venderán más. Sus compradores extranjeros obtienen más moneda local a cambio de la suya y adquieren más bienes. El exportador tiene más ventas únicamente porque su precio en moneda extranjera es más bajo que antes de la devaluación. Ese menor precio en divisa foránea de los productos locales no se debió a una mejora en la productividad por más ahorro y acumulación de capital o mayor eficiencia de los exportadores. De haber sido así, todos tenderían a enriquecerse por la ganancia de ellos. Sin embargo, en el caso de la devaluación inflacionaria el menor precio en divisa extranjera solo se debe a un subsidio (una transferencia de riqueza) pagado por muchos en el país exportador hacia los compradores extranjeros. Riqueza es trasladada hacia el sector transable (los exportadores, sus trabajadores y proveedores) por parte de todo el resto del país que engloba el sector no-transable (Barron, 2012). Si, como suele ocurrir, los salarios de los demás trabajadores (precios de los servicios del factor trabajo) no se ajustan inmediatamente al nuevo precio de los bienes importados, entonces los exportadores y sus obreros ganan a expensas de los primeros. A todos los demás trabajadores domésticos se les reducen sus ingresos reales, quienes deben reducir su consumo, para incrementar los del sector exportador y sus alrededores. La expansión monetaria para devaluar la moneda no crea riqueza, la transfiere desde los trabajadores (clase media y pobres) y emprendedores hacia los exportadores y ligados al sector transable (Hollenbeck, 2015). Lo que está ocurriendo es que el país que devalúa exporta más pero obtiene menor cantidad de importaciones a cambio o, al menos, no más que antes por una cantidad menor de exportaciones (Mises, 1946). Los ciudadanos del país devaluante deben exportar más de sus propios bienes para comprar la cantidad de bienes externos que recibía antes de la devaluación por menos productos exportados. Globalmente es harto dudoso que sea más rico.
Los importadores se perjudican al perder muchas ventas. La moneda local compra menos moneda extranjera por lo que sus ventas caen al subir sus precios, lo cual refleja la pérdida de poder adquisitivo de la divisa nacional. Es cierto que a los extranjeros les es más barato comprar bienes locales, pero también es cierto que a los nacionales les sale más caro adquirir productos de afuera. La devaluación favorece a los que exportan gracias a que se perjudica a los que importan o compran productos importados. Para empeorar las cosas, suele ocurrir que muchos exportadores deben importar varios insumos para poder exportar. Con lo cual la ganancia de “competitividad” por la depreciación puede ser reducida considerablemente o directamente no aparecer. Obviamente, no todos los costos de los exportadores son de insumos importados, pero pueden serlo en buena medida. Si, por ejemplo, un país que no tiene petróleo (importa todo lo que usa y no posee sustituto) devalúa, sus exportaciones se pueden encarecer en lugar de abaratarse dado que ahora el insumo petróleo es más caro. Los que compraban productos en el extranjero deben a) restringir sus compras o b) reasignar sus gastos a productos nacionales menos rentables o de peor calidad que los extranjeros que solían adquirir.

Adicionalmente, la restricción de la oferta de bienes importados tiende a provocar que los productores nacionales puedan elevar mucho más sus precios de lo que podían hacerlo antes con la amenaza de competencia externa. Menor oferta de bienes para un gasto que no cambió y que ahora se filtra menos al exterior es una invitación a la suba de precios internos. Los productores nacionales relativamente ineficientes que antes no podían competir, porque sus precios y costos eran más altos que los de los productos importados, ahora pueden colocar sus bienes en el mercado cautivo interno producto de la devaluación. Muchos productores que usaban insumos más baratos importados para crear bienes en el país ven aumentados sus costos, reducidos sus beneficios y hasta pueden quebrar con la devaluación. La riqueza de muchos que estaban haciendo bien las cosas (tenían costos bajos, eran eficientes, compraban barato y vendían cosas valiosas) es sacrificada para beneficiar a los que estaban haciendo las cosas mal y no eran eficientes (ciertas industrias exportadoras, turísticas y productores nacionales).

Se perjudican, además, los que reciben al último el nuevo dinero creado para devaluar la moneda. Los exportadores son de los primeros destinatarios del circulante. Como consecuencia, pueden comprar con sus ingresos aumentados antes de que los precios y salarios comiencen a subir. Las mayores disponibilidades monetarias se esparcen a medida que pasa el tiempo elevando paulatinamente los restantes precios. Pero todos aquellos cuyos ingresos todavía no suben mientras sí lo hacen los precios de lo que compran, se perjudican. Los jubilados, pensionistas, etc. son ejemplos de este grupo de perdedores. Los exportadores y sus trabajadores que obtienen el dinero primero ganan la riqueza que pierden los últimos receptores del mismo.
  • 5) Incluso obviando la conclusión final de 1) y asumiendo que tratamos de evitar la inexorable reversión descripta en 3) con ulteriores devaluaciones que mantengan en cada momento del tiempo los transitorios efectos expansionistas, no se podría mantener (Mises, 1912: 224-31). Para lograrlo se necesitan continuadas devaluaciones o depreciaciones inflacionarias de la divisa. Es evidente que, tarde o temprano, los prestamistas no van a realizar préstamos en esa moneda que se sabe que se depreciará en el futuro. Se puede engañar a cierta gente por un tiempo, pero eventualmente las expectativas se adaptarán y los precios del país subirán antes de que la política se lleve a cabo (Howden, 2012).
En conclusión, la devaluación inflacionaria es un mal remedio contra la crisis. Sus supuestos beneficios reactivantes y absorbentes del desempleo se terminan revirtiendo para demostrar que son solo ilusorios, de corto plazo y no resuelven el problema principal. Emitir dinero no es la solución a los problemas. Lección que los políticos y los “heterodoxos” herederos de John Law-John M. Keynes jamás comprendieron.





Barron, Patrick (2012), “Value in Devaluation?”. Mises Institute: Mises Daily.

Hayek, Friedrich A. von (1937) Monetary Nationalism and International Stability. En Salerno, Joseph T. Ed. (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Hollenbeck, Frank (2015), “Bad Idea: Devaluing Currency to Help Exporters”. Mises Institute: Mises Daily.

Howden, David (2012), “Expansionist Monetary Policies and the Trade Balance”. En Hülsmann, Jörg G. Ed. (2012) Theory of Money and Fiduciary Media. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Krugman, Paul; Olney, Martha L. y Wells, Robin (2007), Fundamentos de Economía. Barcelona, España: Editorial Reverté, SA. 2008.

Mises, Ludwig von (1912), The Theory of Money and Credit. New Haven: Yale University Press. 1953.

Mises, Ludwig von (1946), “Business Under German Inflation: The Losses from the German Inflation Far Exceeded Any Gains”. Foundation for Economic Education: The Freeman. 2003.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Salerno, Joseph T. (2014) “The Neo-Mercantilist Hysteria Over US Trade Deficits”. Mises Institute: Mises Daily.

martes, 11 de agosto de 2015

Hasta los marxistas entienden mejor la inflación que el gobierno

Fuente

En este blog ya hemos visto las absurdas, auto-contradictorias e increíblemente torpes justificaciones del gobierno argentino sobre las causas de la inflación que él mismo provoca. En uno de esos desvíos que uno toma luego de buscar algo concreto en Google, encontré una pequeña joya muy relacionada con el tema en un diario socialista británico. Es asombroso como, aun cuando la inmensa mayoría de su análisis económico es un sinsentido completamente erróneo y falaz, algunos socialistas logran comprender cosas elementales que los kirchneristas jamás pudieron.  

El diario se llama "Socialist Standard". Lo publica mensualmente el Partido Socialista de Gran Bretaña desde 1904 hasta hoy. Esta gente no se anda con medias tintas, son socialistas (casi utópicos) de verdad. No son un partido socialdemócrata ni "de izquierda", no buscan "reformar el capitalismo" (cosa que consideran imposible). Explícitamente en la descripción de su diario dicen querer abolirlo completamente a nivel mundial. Para ellos, el trabajo asalariado y el dinero son la quintaesencia de la explotación y deben desaparecer totalmente. Como veremos, lo poco bueno que tuvo Marx, fue que al menos estaba mínimamente influido por algunos principios básicos de dinero sano de la Escuela Clásica por parte de Hume-Smith-Ricardo. Obviamente no todos los marxistas están de acuerdo en esto, siempre se puede encontrar varios que sean leales a los delirios teóricos del gobierno.

En el número 818 de octubre de 1972, publicaron un artículo llamado "El A B C de la inflación". La mayor parte está dedicado a combatir teorías falsas sobre las causas de la misma, entre ellas, las que actualmente sostiene el gobierno. Lo interesante de esto es que lo hace bastante bien. Recuerden que, para el gobierno kirchnerista, el aumento de precios es causado por los empresarios y su avaricia

Pues bien, así refuta el diario socialista esa explicación (traducción mía):
Todo tipo de explicaciones se han ofrecido para la anormal suba de precios... La mayoría de las así llamadas explicaciones toman la forma de culpar a algún u otro grupo de ser "codicioso"; a los banqueros, a los manufactureros, a los minoristas o a los sindicalistas. Es una explicación que, cuando se observan ciertos hechos, se muestra como un sinsentido. ¿Acaso las compañías de cobre redujeron sus precios un 40 % en 1971 porque se volvieron repentinamente menos codiciosas? Entre 1948 y 1968 los precios subieron 100 % en Gran Bretaña, pero solo la mitad en Estados Unidos y Suiza: ¿Son los británicos dos veces más codiciosos? ¿Acaso toda la población atravesó fases alternantes de mayor y menor codicia a lo largo del siglo XIX? Entre finales de 1920 y la mitad de 1933 los precios cayeron aproximadamente un 50 %. La caída fue continua por 13 años. ¿Qué le pasó a la codicia? 
El hecho es que los vendedores siempre tratan de obtener el mayor precio que pueden, "tanto como el mercado aguante", y si pueden ganar más o son forzados a tomar menos es solo porque circunstancias externas sobre las que tienen poco o nada de control determinan que así sea.
No contento con echar por tierra toda la ridícula hipótesis del kirchnerismo; el artículo continua atacando otra explicación falsa de la inflación, el llamado "empuje de costos y salarios":
Hay dos creencias populares que dicen que los precios suben porque los salarios suben o viceversa. No se les ocurre a los que mantienen ambas posturas que los salarios son precios (el precio que el trabajador obtiene por la venta de su poder laboral, sus energías mentales y físicas, al empleador). Por lo tanto, correctamente expresadas, sus dos proposiciones se transforman en una sola afirmación inútil que dice que los precios suben porque los precios suben. 
Si ellos replantearan la afirmación diciendo que un grupo de precios (salarios) suben debido a que el otro grupo de precios sube (o viceversa), estarían pasando por alto la verdad de que ambos grupos de precios se incrementan por culpa de factores externos comunes que los afectan a los dos más o menos en la misma magnitud. Para ilustrar esto podemos notar que en verano, cuando más londinenses visitan el país, las cosechas son buenas. Nadie pregunta si es que son los visitantes de Londres los que hacen madurar el maíz o si es el maíz maduro lo que atrae a los visitantes. Lo que obviamente ocurre es que el verano caluroso produce ambas cosas: la buena cosecha y atrae visitantes, el sol es la causa común de ambos.
Y acá es cuando el "heterodoxo" expansionista monetario seguidor de Marx se quiere matar: ¿Cual es el factor que eleva los precios?
El nuevo factor que ha operado para empujar los precios anormalmente desde la guerra (el "sol" en relación a los precios y salarios) ha sido la continua y acelerada "depreciación de la moneda"… En 1939 el total de notas y monedas en manos del público era de £454 millones. Hoy en día es alrededor de £3.500 millones y en aumento, una cantidad excesivamente grande respecto de cualquier incremento que hubiera sido necesario en línea del actual incremento en la producción y venta de bienes.
No solo eso, el autor del artículo da una fantástica confirmación de la frase de Murray Rothbard que acompaña este post. Y con esto llegamos al climax:
Karl Marx, cuyo estudio de la materia nunca ha sido superado, enunció esta ley económica en la forma de que si la cantidad de dinero papel inconvertible excedía la cantidad de oro que sería necesario si las monedas de oro circularan, el exceso simplemente opera para empujar al alza los precios. Antes de que las doctrinas keynesianas fueran tragadas por la mayoría de los modernos economistas y políticos, esta relación entre el exceso de emisión de notas inconvertibles y el nivel de precios era generalmente aceptada por los economistas (incluido Keynes)… Ahora los partidos políticos y los sindicatos se han engañado a si mismos, contra toda la experiencia pasada, en la creencia de que lo que ellos llaman incrementar la "oferta monetaria" lleva a mayor producción y el mantenimiento del "pleno empleo".
Marx no era keynesiano. Y, a diferencia de todo lo demás, en eso no se equivocaba.

martes, 27 de enero de 2015

La gran inflación nació peronista


Como hemos hecho hasta ahora, seguimos estudiando la historia argentina en cifras gracias a los datos de Orlando Ferreres. Su índice de precios al consumidor (IPC), promedio anual 1999 = 100 desde 1810 hasta 2009, es muy útil. Con él podemos calcular la tasa anual de crecimiento compuesta de los precios para diferentes periodos. Este es el resultado.


Observen que el periodo con menos inflación es 1916-1945 de los radicales y golpes militares. Aun así, su tasa anual de crecimiento compuesta del PBI real es 3,4 %. Algo que está bastante bien, pero que palidece ante el 6,4 % durante casi la misma cantidad de años de la era liberal. Siempre hay que tener en cuenta que hubo una Gran Depresión internacional durante los años 30s (con deflación de dos dígitos) y que la década del 20 fue deflacionaria la mayor parte del tiempo.

Luego le sigue el periodo relativamente liberal 1880-1913 cuya inflación es una de las más bajas de la historia y que coincide con el mayor crecimiento económico e industrialización vista (ver acáacá, acá y acá).

En tercer lugar está el periodo de la revolución de mayo, independencia, guerra civil, Rosas y la organización nacional (ON) de 1810-1879. Casi duplica la tasa de inflación del periodo liberal y no se creció tanto.

La convertibilidad 1991-2001 tuvo que lidiar con el desastre alfonsinista y logra bajar la inflación hasta una de las tasas de crecimiento compuesta más bajas. El peronista Menem no tuvo más opción. En otras circunstancias no tan catastróficas, de haber podido, hubiera sido igual de inflacionista que su maestro.

Con el peronismo en la cabeza del gobierno 1946-195 empieza la inflación grave. Solo en su periodo de nueve años, la tasa de la inflación se multiplica por 16.  Para ser exactos, un gran salto inflacionario ocurre en 1945 y debería ser atribuido a Perón (vice) y Farrell (de facto). Por lo tanto, es correcto decir que la inflación a gran escala (que rara vez bajó de dos dígitos al año) continuada durante largos periodos empieza con Perón. Por si algún peronista cree que esta es una conclusión "cipaya", "gorila" o algún otro de sus idiosincráticos calificativos; acá esta la evolución del IPC de Ferreres desde 1810 a 1955. No se hable más.


Con la vuelta en el siglo XXI del peronismo socialista, el matrimonio Kirchner 2003-2014, la inflación vuelve a trepar a niveles del propio Perón. Si por algo se caracteriza "el modelo" kirchnerista, es por financiar su brutal e ineficaz gasto estatal imprimiendo. Para tener los datos más actuales, usé el siempre bien ponderado IPC de Natalio Ruiz. De hecho, si razonamos como un kirchnerista, podemos decir que Perón inició y permitió el "abuso de los empresarios que suben los precios". Lo absurdo y contradictorio del pensamiento del gobierno no tiene límites.

Los continuadores de Juan Domingo, militares y gobiernos democráticos depuestos en 1956-1972, no mejoraron la situación. 16 años luego de Perón, la tasa alcanza niveles de casi 30 %. Y falta lo peor aún.

Solo en seis años, los militares del "Proceso de Reorganización Nacional" 1976-1982 lanzan la tasa a la estratósfera con un brutal 144,7 %. Descontemos, claro, que el crecimiento fue mínimo.

Finalmente el peor, por goleada, de todos. El radicalismo de izquierda socialdemócrata de Alfonsín 1983-1989 lleva la tasa de inflación al máximo de todo en solo 6 años. El campeón indiscutido del desastre inflacionario y de la ignorancia económica.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

No, la Inflación No la Provocan los Empresarios

 
Ya hemos visto los pseudo-argumentos que utiliza el gobierno para evadir la responsabilidad de la inflación. Lo siguiente es un comentario adicional con un gráfico (lo siento, lo hice en Paint) para comprender el lado monetario del asunto y lo falaz que es el "argumento" de que la inflación se debe a que "los empresarios suben los precios".

Siguiendo a Rothbard, imaginemos que tenemos los precios de estos cuatro bienes:

- Un caramelo Flynn Paff      $0.5

- Un chicle                                $1

- Una Leche                             $10

- Un LED 32 pulgadas          $5,000

Con esto podemos saber cuánto nos alcanza si tenemos $1 en el bolsillo o lo que es lo mismo, podemos saber que el poder adquisitivo de $1 es:

- 2 caramelos Flynn Paff

- 1 chicle

- 1/10 parte de una Leche

- 1/5,000 parte de un LED 32 pulgadas

Fíjense que para saber cuánto podemos comprar con $1, tenemos que dividir ese $1 en el precio (P) de los bienes. Esto no es nada extraño, todos hacemos esta cuenta a diario sin darnos cuenta cuando vamos a un quiosco o supermercado. Por lo tanto el poder adquisitivo (lo que nos alcanza para comprar) de la unidad monetaria es la inversa del precio o 1/P. Por simplicidad y para poder graficar el asunto, vamos a suponer que el dinero es neutral. ¿Qué quiere decir eso? Que cuando hay un cambio en la relación monetaria (demanda u oferta de dinero), los precios cambian. Pero lo hacen todos al mismo tiempo y en la misma proporción. Si, por un cambio en la oferta o demanda de dinero, un precio baja a la mitad, entonces también bajaron todos los demás al mismo tiempo y a la mitad. Esto nos simplifica construir un "índice" de precios, pues como todos aumentan/disminuyen al mismo tiempo y en la misma proporción, entonces cualquier bien que elijamos servirá como un indicador de que está pasando con todos los otros precios, podemos seleccionar cualquier bien y su precio será un "proxy" del "nivel" de precios. Si la leche aumenta 10%, entonces sabemos que todo lo demás también subió 10%. Gracias a esto podemos hacer el siguiente gráfico:


En el eje vertical izquierdo está "medido" el "Poder Adquisitivo del Dinero" (PAD) o lo que es lo mismo, 1/P donde P es el precio de cualquier bien (cualquiera de los cuatro de arriba). M es la oferta de dinero, que en cualquier momento determinado siempre es una cantidad fija (no depende en nada del PAD). En este caso es la cantidad $100 millones. D es la demanda de dinero, que depende negativamente del PAD, ¿Por qué depende negativamente? Porque al tener cada uno de nosotros un cierto nivel de gasto monetario a unos determinados precios, cuando el PAD baja (o sea que los precios suben) entonces uno tiene que adquirir (demandar) más cantidad de dinero para mantener el mismo nivel de compra. Por lo tanto a un PAD más bajo (es decir un P más alto que reduce la fracción 1/P) se demanda más cantidad de dinero. En esta situación de "equilibrio", al precio (P) de cualquiera de los cuatro bienes de arriba nos da un poder adquisitivo del dinero (ver la linea de aerosol) de tamaño OA cuando la cantidad de dinero es 100.

Pero ahora los malvados empresarios todos juntos suben los precios de los bienes al doble en el siguiente periodo, por lo tanto la situación modificada es:

- Un caramelo Flynn Paff      $1

- Un chicle                                $2

- Una Leche                             $20

- Un LED 32 pulgadas          $10,000

Por lo tanto el poder adquisitivo de $1 es:

- 1 caramelo Flynn Paff

- Medio chicle

- 1/20 parte de una Leche

- 1/10,000 parte de un LED 32 pulgadas

Nada más ha cambiado, ni la cantidad de dinero, ni la demanda del mismo; lo único que cambió fue P. Ahora el P aumentado se llama P'. Veamos que ocurre en el gráfico ahora que P'>P:


Como ni la demanda ni la oferta de dinero cambiaron, el PAD baja porque la fracción 1/P se hace más chica con el nuevo y más grande P'. Sin embargo, y acá está la clave, esa situación no es sostenible. Con ese PAD tan bajo (precios tan altos), la gente experimenta una "escasez" de dinero. La demanda de dinero sobrepasa por mucho a la oferta (M<D), la línea purpura mide cuan distantes están ahora la oferta y demanda y la línea aerosol muestra cuan bajo esta el nuevo PAD. La gente siente que a esos precios no le alcanza el dinero y ¿Cómo harán para obtener el adicional que necesitan? Es simple a) aumentado sus ventas y b) disminuyendo sus compras. La forma en que los trabajadores por ejemplo aumentan sus ventas es trabajando más, buscaran otro trabajo o cumplirán horas extras. De cualquiera de las dos formas están produciendo más que antes, al hacerlo hay más bienes y servicios en el mercado (ya sea mayor cantidad de los mismos bienes o de mejor calidad). Ello provocará una tendencia a la baja de todos los precios, a que baje P. Pero no termina ahí. Además de trabajar más, la gente gastará menos para obtener el deseado efectivo, lo que es un factor adicional que necesariamente reducirá P pues las compras están en caída libre. Ambas acciones harán que el incrementado P' baje y que el PAD aumente hasta volver a la posición inicial con el nivel de P como indica la flecha purpura.

El intento de subir los precios por parte de los empresarios ha fracasado. Sin cambios en la cantidad y la demanda de dinero, las empresas por sí mismas no pueden elevar los precios. Repito, sin un aumento de la cantidad de dinero o una caída en su demanda, LAS EMPRESAS NO PUEDEN  CAUSAR INFLACION.

Veamos, por último, que pasa cuando se aumenta la cantidad de dinero de $100 a $150 millones desde M hasta M'. Ahora sí los precios han subido sin ninguna tendencia que los haga volver. El poder adquisitivo del dinero ha bajado y los precios han subido. ¿Los empresarios tuvieron algo que ver? Algo similar ocurre si cae la demanda de dinero.


En general la demanda de dinero no cambia repentinamente de la nada en el tiempo cuando un dinero se ha establecido, sin embargo la oferta si lo hace pues está controlada por el gobierno. Debe quedar claro a esta altura quien es el total responsable de la inflación.

viernes, 5 de octubre de 2012

La inflación esta en desarrollo, dicen...





El inflacionismo siempre tratará de convencer que sus Teorías son verdaderas, aun cuando un cuidadoso estudio demuestra que nunca lo son. Una de las formas de lograrlo es usar algún tipo de autoridad en una materia. En esta ocasión tenemos a John Weeks, el hombre es Doctor (Ph.D) en Economía y enseña en la Universidad de Londres en el Reino Unido sobre Desarrollo Económico. Acá su pagina y acá la visión de Pagina/12.



Esta es una entrevista reducida a solo 5 minutos. Pero en ese poco tiempo dice una gran cantidad de cosas que dieron origen a este post. Las afirmaciones que hace tienen un único objetivo: Demostrar que la inflación no es tan mala como “la pintan”, que es necesaria y en cierto sentido justificar la actual[1]. Pues vamos a ver las partes más importantes y demostrar que son falsas.





  • “No hay evidencia, no hay pruebas, de que el tipo de cambio este subvaluado” [en realidad debe haber querido decir sobrevaluado, como indica el que lo entrevista]
La afirmación es chocante porque hay mucha evidencia sobre lo contrario. Deflactado con precios basados en el IPC de Santa Fé, el tipo de cambio real en dólares y el multilateral están casi al nivel de 2001. La “competitividad ganada” con la devaluación se terminó con respecto a la convertibilidad. ¿Cuantos keynesianos decían que había que devaluar en 2001 para “recuperar competitividad”? ¿O también devaluar para crear inflación y así impagar las deudas en moneda extranjera? Tal vez alguien podría decir que “la situación hoy no es la misma que en 2001: la deuda en dólares es menor, el déficit comercial es menor, etc.”, pero es innegable la apreciación que ha sufrido el tipo de cambio real, y como hemos retornado al precio real del dólar que “en teoría” justificaba haberlo devaluado en primer lugar. Por supuesto estoy obviando el hecho de que el gobierno, vía regulaciones y exigencias, desdobló el mercado de divisas, haciendo que la "fuga de capitales" pasara desde el Banco Central (para no perder reservas) hacia el mercado negro. Instaurando así un mercado negro a un tipo de cambio muy superior al “oficial”.



También acá se puede ver algo parecido.





Posiblemente Weeks sigue la “línea azul” oficial del gobierno para su afirmación.





  • “En los años 98 y 99 no había mucha inflación en Argentina porque había Caja de Conversión (“Currency Board”).”


Esa afirmación tampoco es cierta. La “Convertibilidad” no era una Caja de Conversión, dejaba mucho margen de maniobra para el Banco Central y no cumplía los requerimientos básicos para una. Una Caja de Conversión no puede esterilizar, el BCRA si podía [2]. Pero dejemos estas nimiedades y vamos a los bifes.

Llegamos ahora a su observación más importante:

  • “Tampoco había desarrollo, porque no es posible reorganizar un mercado, un país, sin la inflación. ¡No es posible! La consecuencia de la eliminación de la inflación es la eliminación del desarrollo y también del empleo”

Empecemos por la última parte de la afirmación: la del empleo y la inflación. Su razonamiento se basa, mas o menos, en la Curva de Phillips. Sin embargo el problema es que ¡La Curva de Phillips no existe! (ni teórica ni empíricamente)[3]. Con lo cual la “relación” inflación-empleo que usa es falsa, igual que su afirmación.

Ahora veamos algunos datos. Este gráfico muestra el PBI real per cápita en dólares de Argentina [4].




Como se ve, en la época de “muy baja inflación” del 91 al 2001 el PBI real per cápita en dólares  de Argentina esta más alto o al mismo nivel del actual. Si esta época (2002-2012) se caracteriza por que “estamos en proceso de desarrollo” (debido a que tenemos inflación, claro) entonces ¿Por qué la década del noventa no es también una época de desarrollo si esta al mismo nivel de per cápita? ¿Cómo es posible llegar a un nivel mas alto de ingreso per cápita con inflación baja que al que se llegó con inflación? ¿No debería la época de la “Caja de Conversión” estar muy debajo de la actual, pues no se puede tener “desarrollo” sin inflación? ¿Cómo es posible eso si “es imposible” que pase? (estoy hablando en términos de PBI y no en términos de algún otro “indicador de desarrollo”).

Si vemos la PIB a precios constantes y la tendencia HP [5] observamos que, al menos tendencialmente, el “desarrollo” en todo caso comenzó en el 90, con una desviación que empezó en 1999. ¿Como es posible que la trayectoria ascendente comenzara en los 90’s con la baja inflación? Creo que el punto ya quedo suficientemente claro.






Pero vamos a atacar directamente la afirmación principal de Weeks: ¿Es verdad que el “desarrollo es imposible sin inflación”? Absolutamente no. Es perfectamente posible el desarrollo y crecimiento sin inflación e incluso con deflación, y es más, ¡Es lo normal que debería ocurrir en una economía sana!. La segunda mitad del siglo XIX en Estados Unidos [6] es una gran prueba histórica de la falacia del Doctor.

Según el libro clásico de Friedman y Schwartz [7] desde 1869 a 1879 el Producto Neto Nacional nominal creció al 3% por año, el mismo ingreso pero real creció un increíble 6.8% anual y el per cápita real un 4.5% al año. Pero lo importante es que este fenomenal crecimiento se dio en un contexto en que el nivel de precios cayó, repito cayó, al 3.8% por año (aun cuando la cantidad de dinero aumentó a una tasa del 2.7% anual). Los precios cayeron año a año y aun así hubo un crecimiento fenomenal. De hecho fue la época de la “Gran Transformación” industrial norteamericana.


Esta tabla muestra las Principales Variables Económicas en 1869 y 1879. Friedman y Schwartz (1963)


Casi todos los bienes bajaron de precio en general [8].


Índice de Precios al Consumidor de Estado Unidos y cada grupo importante de productos (comida, ropa, alquiler, gasolina y luz, y otros) para el periodo 1851-1880. Hoover (1960).

Acá hay cuatro índices de precios hasta 1896, todos ellos con tendencia descendente durante el periodo [9].


Las cuatro líneas son cuatro Índices de Precios ploteados de acuerdo al calculo de cada autor o grupo de autores. Shields (1977)

Ok, ya vimos que los precios van a la baja, pero ¿Qué ocurrió con el crecimiento? Robert Higgs en su libro [10] muestra este cuadro. ¿Como es posible que el ingreso per cápita real promedio aumente mientras los precios bajan desde 1869 hasta que tomamos como inicio el año 1894?


Producto Bruto Nacional real per capita y el Índice de Precios Implícito para diferentes periodos. Higgs (1971)



Como se observa en este cuadro [11] el Producto Bruto Nacional real y el per cápita crecieron los 30 años y el PBI real casi se duplico.


Producto Bruto Nacional a precios de 1958, promedios de década total y per cápita. Producto Bruto interno a precios de 1929. Rothbard (2002)



Desde 1869 hasta la I Guerra Mundial el stock de capital creció a un ritmo anual de 4%, la fuerza laboral creció mas lenta (2% anual) con lo que el per cápita también creció. A pesar de haber sido una época de preponderante caída de precios hubo la acumulación de capital necesaria para el desarrollo. 


Stock Material de Capital, el Neto total y por trabajador. Higgs (1971)



Población y Fuerza Laboral en millones. Higgs (1971)



¿Como fue posible que durante décadas de deflación, y por ende una época "sin desarrollo", la distancia en millas de trenes haya aumentado así? 


Vías de tren principales construidas, en millas. Higgs (1971)

Por supuesto que hubo crisis y depresiones en el periodo (provocadas por los Bancos Centrales anteriores a la FED, la expansión del crédito de los bancos privados y las regulaciones del gobierno) que explican el nivel de desempleo de algunos años de esa época, pero no hubo una "Gran Depresión" como la que se esperaría ante una baja continuada de precios. Y además hubo desarrollo a pesar de la caída de los mismos.

Por si todo esto fuera poco, debo decir que no, repito no, hay evidencia empírica de que la deflación provoque depresión. Sin no me creen vean este paper. Lo mas interesante es que ¡Esta hecho por investigadores de la FED!

Miren esta conclusión: 

“The data suggest that deation is not closely related to depression. A broad historical look nds many more periods of deation with reasonable growth than with depression and many more periods of depression with ination than with deation. Overall, the data show virtually no link between deation and depression”


Es obvio que no hay que confundir la deflación causada por el crecimiento económico con una oferta monetaria constante (Growth Deflation), con la deflación deliberadamente causada compulsivamente por una autoridad monetaria que provocó una caída de la actividad (Argentina 1999-2002) [12].

La deflación por crecimiento es la manera sostenible y sana de crecimiento, y es la que provoca el mercado libre. También es posible una deflación por un aumento de la demanda de dinero por parte del público, la cual con precios libres (sin que intervenga la fuerza del Estado o de los sindicatos) no causaría problemas. La ultima forma de deflación es una contracción crediticia llevada a cabo por la población (pero debe ser decisión de la población, no de ninguna autoridad monetaria) que es la forma saludable de respuesta ante una inflación anterior y tiende a arreglar la situación distorsionada por esta ultima. Noten que estas tres formas de deflación no han sido planificadas por ninguna autoridad (o sea que son no-deliberadas) y son voluntarias (o sea que son no-compulsivas). La única deflación dañina es la causada por la autoridad monetaria y es la que sufrió argentina 1999-2002.

Es la autoridad monetaria (Banco Central), que el Doctor defiende, la que provocó la deflación que él acusa de causar la crisis en este país  No fue la deflación per se, sino la deflación compulsiva deliberada por parte del gobierno. En lugar de culpar al Banco Central, Weeks culpa a la deflación. Ello es de esperar dada su mentalidad inflacionista: Si culpara al Banco Central, ¿Como va justificar usar al causante (BC) para arreglar el problema?


El termino “medico” para el miedo a la deflación es “apoplithorismosphobia” [13]. Es el miedo a que la economía “sufra” una caída de los precios. La “enfermedad” es padecida por una gran cantidad de gente en el Planeta Tierra, solo muy pocos son inmunes, y esa inmunidad se adquiere aprendiendo Economía sana. Pero también es una enfermedad que tiene la característica extraña de que hay una enorme cantidad de gente que se encarga de que la mayoría la siga padeciendo.


La última referencia de Weeks definitivamente no es muy afortunada. Porque cuando se asignan los recursos sin usar el sistema de precios realmente se pueden crear cataclismos. “El Gran Salto Adelante” chino es un ejemplo de asignación sin sistema de precios vía mandatos. Al no tener precios la asignación fue tan mala que termino matando a, por lo menos, 40 millones de personas [14]. 


Debería quedar claro a esta altura que la defensa inflacionaria de Weeks no es efectiva, solo ha dicho falacias fácilmente comprobables. Una vez mas la defensa inflacionaria es insostenible. Pero la Guerra contra estos prejuicios no ha terminado aun...