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viernes, 5 de enero de 2018

El mito de que el capitalismo causa la brecha salarial de género (II)


En un post anterior vimos cómo el mercado tiene un mecanismo inherente y sistémico cuyo proceso tiende a igualar los salarios de hombres y mujeres cuando la diferencia no sea explicada por el valor de la productividad marginal esperada.  Ahora veremos unos pocos puntos accesorios que se pueden desprender de tal hecho y, de paso, contestaremos ciertas críticas posibles por parte del feminismo socialista que sostiene el mito.

El mercado no “prohíbe por ley”, pero castiga

El socialista moral podría decir que “no alcanza” solo con el incentivo del costo monetario, fundirse y la continua reducción de influencia que propicia el mercado porque “hay que evitar que la discriminación ocurra totalmente” y para ello “el Estado debe prohibirla por ley”. 

Por supuesto, tal argumento suena bien, pero ignora muchas cosas. Primero que nada, el Estado no es omnipotente. Que exista una regulación que lo prohíba, no necesariamente impide que un acontecimiento ocurra de todos modos (fuera de la visión del gobierno). Y mientras suceda fuera del ojo vigilante, la penalidad del Estado no se impone. Por ejemplo, el consumo o producción de ciertas drogas está prohibido con penas severas por parte del Estado en muchos países y aun así estas abundan entre sus habitantes. Segundo, el Estado está compuesto por hombres, muchos de ellos son sobornables y el Estado sistemáticamente favorece la corrupción. El hecho prohibido acontecerá mientras los funcionarios sean corrompidos. Por tanto, por más que se prohíba por ley, el hecho puede ocurrir de todas maneras de la misma forma que puede pasar en el mercado. La pena de cárcel o multa dineraria estatal es “tan incentivo” como lo son las penas que vienen del mercado. Sin embargo, la cuenta de pérdidas y ganancias del mercado es (a) incorruptible, (b) inescapable y (c) actúa de forma absolutamente inmediata. Es igual de severa con todos en cualquier rincón, a cualquier hora y ante ella no hay escapatoria ni soborno que valga. El mercado es inmediato e inescapable, mientras el Estado, no.

Bajo las reglas del mercado, no está “prohibido” discriminar (sin considerar productividad) en el sentido estricto de que nadie nunca jamás lo hará o intentará. Pero el proceso de mercado tiende a provocar que la gente sea menos discriminadora haciendo que lo paguen con su propio patrimonio. En otras palabras, si algunos empresarios quieren discriminar, pueden hacerlo. Pero inmediata e inexorablemente aparecerá la penalidad, la “multa” despiadada del mercado. A causa de ello se volverán sucesivamente una irrelevancia en el mercado o irán a la quiebra y, siendo así, su rango de acción discriminadora será cada vez menor hasta ser impotente. 

A medida que el empleador pierda dinero o gane mucho menos por su decisión tozuda de continuar siendo “sexista”, sus competidores lo desplazarán del mercado y el empresario pasará de seguir siéndolo a ser un asalariado. El emprendedor deja de tener control sobre recursos y puede pasar a ser un empleado más. No solo dejando de influir en el mercado con su “sexismo”, sino convirtiéndose en uno más de los hombres que cada día están más dificultados de encontrar empleo. Su contribución, ahora como oferente laboral adicional, en el margen y ceteris paribus, pone aún más presión a la baja de salarios masculinos en el mercado laboral. En una ironía desconocida para el torpe análisis socialista feminista, al hacer que el empresario expulsado pase a ser un asalariado, el mercado tiende a poner a los empresarios “sexistas” en un lugar que contribuye a la igualación de salarios de hombres y mujeres.

El capitalismo expulsa de su función empresarial a este empresario por su pobre función anticipadora y su insistencia en actuar con criterios no-de mercado sino personales. Al mismo tiempo, el rol de empresario del emprendedor o emprendedores que no se dejaron guiar por su “sexismo patriarcal” se amplía y consolida cada vez más. Bajo el mercado libre, no se tiende a tener preferencias basadas en el “genero” (fuera de la productividad) porque los que las tengan son continuamente expulsados del mercado.

Consumidores sexistas

Dado lo irrefutable del análisis anterior, la única escapatoria para el feminismo socialista es: ¿Y qué pasa si son los clientes los sexistas? Entonces la discriminación podría ser duradera e incluso permanente pues en ese caso ya no hay mecanismo de mercado que castigue el sexismo empresarial. Sin embargo, tampoco acá es cierto que el mercado no penalice. 

Si no es el empresario el que paga con su patrimonio, lo hará su clientela. Los consumidores "sexistas", aquellos que decidan a ir y poner su dinero en lugares o empresas donde deliberadamente solo se contraten hombres (con salarios relativamente elevados) en detrimento de mujeres, ceteris paribus, deberán pagar precios mucho más altos que los consumidores que no discriminan. La penalidad recaerá por completo sobre todos los que discriminen.

En otras palabras, bajo una economía libre, todos los consumidores sexistas son castigados por el mercado con la “multa” de pagar más caro la totalidad de los productos de comercios que también sean sexistas. Si los consumidores “sexistas” desean dejar de pagar el sobreprecio permanente y no ser más pobres de lo que serían si no fueran como son, deberán adquirir productos de empresarios que contraten mujeres y vendan a menor precio, aunque deban hacerlo de manera subrepticia. 

¿Y si todos los empresarios son sexistas-patriarcales por costumbre?

Alguien podría argumentar que todo el análisis anterior no es correcto porque la discriminación sexista es una pauta de comportamiento sistemático social. Es decir que, más allá de las ganancias, TODOS los empleadores (e incluso las empleadoras) van a actuar discriminando por sexo porque así está “establecido socialmente”, porque fueron "criados así", por “costumbre”, “mandato social” o, el término arbitrario, indefinido y multiuso favorito de las feministas; por “patriarcado”. Manteniendo así, el “estatus” de diferencial de salarios masculino-femenino e interrumpiendo el proceso de mercado.

Por supuesto que tal asunción es ridícula en términos teóricos e históricos. No hay ninguna razón por la cual suponer que absolutamente todos los empleadores se comportarán igual. De hecho, solo basta con que uno solo decida poner las ganancias por sobre las “costumbres sociales”, como para que el proceso de igualación se lleve a cabo. 

Este empresario único que contrata mujeres, pagando salarios mucho más bajos que TODOS sus competidores, tendrá, ceteris paribus, costos considerablemente más bajos. Por ende, podrá vender a precios menores que toda la competencia sin sacrificar ganancias. Quienes sean sus rivales e insistan en su comportamiento sexista, verán como venden menos y le compran más al “no sexista”. A medida que este último absorba la cuota de mercado de sus competidores, venderá más, incrementando así todavía más sus ganancias. Para producir más, ganando como gana, deberá contratar más mujeres al tiempo de evitar a los hombres, lo cual tenderá a elevar los salarios de las féminas. Los varones despedidos de las empresas competidoras, las cuales fracasaron porque insistieron tozudamente en ser sexistas, deberán competir con otros masculinos por puestos de trabajo que cada vez se reducen más. Lo cual tenderá a reducir los salarios de los hombres. 

Alguien podría pensar que la tendencia a la baja de salarios masculinos podría aliviar los costos de los empresarios sexistas. Pero el asumir extremamente unas “costumbres patriarcales” por parte de TODOS los empleadores o incluso de un edicto del gobierno lleva a bizarras conclusiones. Dado que “por patriarcado” o ley se “debe” mantener cierto margen diferencial entre salarios de hombres y mujeres, y como ahora los salarios femeninos se han elevado por la demanda siempre creciente del único emprendedor excepcional, entonces los salarios de los varones aún empleados “deben” subir para mantener intacto ese “diferencial patriarcal de costumbre”. Agravando la situación de costos de los empresarios sexistas. Al mismo tiempo, ese salario fijado arbitrariamente y aumentado actúa como un "salario mínimo" que provoca un ejército de hombres desempleados que presionan cada vez más ese salario a la baja.

Si aún con esta elevación de salario de mujeres y baja del de hombres todavía queda un margen importante de diferencia tal que el “no sexista” puede continuar vendiendo a precio reducido y toda la competencia que queda sigue insistiendo con su sexismo, entonces nuestro pionero seguirá derrotándolos con su producto barato. Cada vez más cuota de mercado quedará en manos del pionero a expensas de sus competidores “patriarcales”. Por ende, su demanda de mano de obra femenina será cada vez más importante e influyente y su repulsión por usar trabajo masculino afectará a progresivamente más varones en el mercado laboral. Los salarios de las primeras tenderán a subir todavía más mientras los de los segundos caerán adicionalmente.

Y aun asumiendo el caso más extremo y estúpidamente irreal posible, que absolutamente todos los empresarios “y empresarias” en todo el país son sexistas sin excepción alguna, no se cumple el absurdo patriarcal. Porque bastaría con que aparezca un extranjero interesado en ganancias que ocupe el lugar del empresario “pionero” analizado arriba, como para iniciar el proceso de igualación y derrumbar el relato feminista.

Claro que todo el supuesto anterior es, además de teóricamente absurdo, históricamente falso. Los empresarios más exitosos se han caracterizado siempre, precisamente, por romper con esquemas y costumbres establecidos. Siempre surgió necesariamente una camada que rompió con el "status quo", con lo que aprendieron de niños. Jamás podría asumirse que la diferencia salarial entre hombres y mujeres se debe a que todos los empresarios son esclavos de sus "costumbres patriarcales", porque romperlas y beneficiarse de ello es precisamente una tarea de empresarios.

miércoles, 3 de enero de 2018

El mito de que el capitalismo causa la brecha salarial de género (I)


Este post es sobre Teoría Económica. Es un análisis lógico sobre por qué el capitalismo tiene, inherentemente, un freno automático para cualquier persona o grupo que desee pagar menos a una persona o grupo basado en criterios que no sean el de productividad (por su sexo, su religión, su raza, etc.) No es un post sobre los (muchos muy cuestionables) análisis estadísticos sobre la supuesta “brecha salarial de género”. Ello vendrá, espero, en un futuro post.

Con esto, espero no tener que aclararlo a gente que tiene incorporada la reacción de “eso sucede en la teoría, pero la realidad es…” y a continuación pega el nombre de una noticia redactada incorrectamente o un estudio empírico erróneo, de baja calidad o muy cuestionable.

Básicamente, el feminismo socialista establece que ante un mismo trabajo de una determinada calidad durante un mismo periodo de tiempo en circunstancias similares, a las mujeres se les paga sistemática y considerablemente menos. Observen que necesariamente se debe suponer que el tipo de trabajo, las horas trabajadas y la calidad de su realización son iguales en su ejecución tanto por parte de hombres como mujeres. Porque si no fuera así, ello podría explicar la diferencia en remuneración.

¿A qué se debe que se les pague menos? Al “patriarcado” (ese concepto que es usado como ad hoc para toda explicación que no cierre), es decir, una organización social en la que la autoridad la ejercen, de forma desequilibrada y privilegiada respecto a las mujeres, los varones. Dado eso, ellos pueden pagar sistemáticamente menos a las no privilegiadas féminas por el simple hecho de no pertenecer a la casta que supuestamente ejerce el mando.

De entrada, regalaremos que el argumento feminista es correcto sin siquiera cuestionarlo. Vamos a suponer que realmente es así: el valor de productividad marginal estimado para un determinado trabajo por un cierto periodo de tiempo de una calidad determinada es igual entre hombres y mujeres, pero a estas últimas se les paga un salario menor.

Cuadro basado en el de Walter Block

El feminismo socialista moderno asegura que la productividad de la mujer y el hombre son iguales, pero a la mujer se le paga menos. Por lo tanto, en el cuadro de arriba, tanto el valor de la productividad de los hombres como de las mujeres que trabajan en un lugar determinado es de $100 el día (o la hora o lo que quieran de unidad de tiempo). Esto es lo que le aportan a la empresa, lo que recibe el empresario, sus ingresos. Por otro lado, los costos del empleador son los siguientes: le paga $100 al día a los hombres y $70 a las mujeres. He ahí el tan nombrado 30 % de “brecha salarial”.

Sea cual fuere el diferencial (considerable) de salarios entre hombres y mujeres, algo es claro: ceteris paribus (manteniendo sin cambios los precios de las demás materias primas, insumos, etc. complementarios), los costos salariales contratando solo mujeres serían notablemente menores que empleando hombres. El feminismo socialista pretende decirnos que, al mismo tiempo que asumen que los empresarios son seres egoístas que buscan obtener siempre la máxima ganancia posible, los empleados no van a contratar mayoritariamente mujeres aun cuando por cada día trabajado ganan $30 con ellas mientras que con los hombres ganan $0. Independientemente de esa contracción absurda del feminismo de izquierda, nos quieren hacer creer que la situación del cuadro anterior es estable. Claramente no lo es.

El empresario que tenga un juicio superior y sí contrate féminas, al tener erogaciones salariales menores (invariados los demás costos), estará obteniendo beneficios extraordinarios respecto a sus competidores “sexistas”.

Es evidente que esos beneficios extraordinarios de ese emprendedor inducirán a que (1) sus rivales que ya están en la industria lo imiten contratando más mujeres (en lugar de hombres) para también ganar más y (2) otros productores que se dedicaban a otras industrias o disponen de capital en busca de jugosos rendimientos donde invertirlo entren contratando empleadas dada la tasa de beneficio relativamente más alta.

Por un lado, (a) hay una mayor demanda de empleadas femeninas que puja contra una cantidad (stock) dada de mujeres en un momento del tiempo. (b) En la medida que menos mujeres quedan disponibles para trabajar, porque ya fueron contratadas, más escasa se vuelve relativamente su fuerza laboral. Todo ello, ceteris paribus, necesariamente implica una tendencia a la suba de sus salarios. Por el otro lado, (c) hay una demanda de empleados varones que cae contra una cantidad (stock) dado de hombres en un momento del tiempo. (d) A medida que más hombres quedan desempleados, comienzan a abundar y están dispuestos a tomar el mismo puesto de trabajo por menos. Lo que, ceteris paribus, causa una tendencia a la baja de sus salarios.

En resumen, tenemos unos salarios relativamente bajos (de mujeres) que tienden a subir y otros altos (de hombres) que tienden a bajar. Esos movimientos opuestos hacen que el diferencial que había tienda a achicarse o incluso desaparecer (en términos de ser una diferencia considerable).

Una implicación necesaria es que, descontando el riesgo, en las industrias mano de obra intensivas “dominadas por hombres” (pesca, agricultura, minería, informática, construcción, etc.) debería haber de forma sistemática mucho menor beneficio o tasa de beneficio que en industrias mano de obra intensivas “dominadas por mujeres” (cosmética, venta minorista, salud educación, consumo masivo, publicidad, etc.). Nada en una economía libre impide que ocurra el movimiento de inversión de capital monetario desde las industrias con menores beneficios relativos hacia las de mayor. Tendiendo así a aumentar relativamente los beneficios en las primeras y disminuyéndolo en las últimas. Al producirse la tendencia a la igualación de beneficios, aumenta la inversión (y salarios) en industrias intensivas en trabajo femenino mientras disminuye la inversión (y salarios) en las otras de presencia masculina.

De más está decir, pero debo hacerlo dada cierta tendencia de la heterodoxia a reaccionar con “estas suponiendo X”, que no estoy asumiendo para nada un mundo de “competencia perfecta” ni nada por el estilo. Descontando las críticas irrefutables de la Escuela Austriaca contra esa construcción imaginaria, lo único que se ha descripto en este post es la competencia como proceso de rivalidad, que no existen barreras legales-estatales de entrada o salida. El cómo la intervención del Estado sí puede causar una tendencia a la discriminación sexista será tratado en otro post.

La función del empresario es precisamente anticipar que ciertos factores productivos están sub-valuados dado su potencial valor de producción. En este caso, nos referimos a los servicios laborales que proporcionan las mujeres. Mientras eso pase, necesariamente ello es una oportunidad de ganancia para empresarios. Los beneficios que obtengan, son la recompensa por anticipar el futuro incierto con más exactitud que los demás (comprar servicios de factores productivos a precios de mercado menores que el eventual precio de venta del producto).

Dada la incertidumbre inerradicable del futuro, algunos individuos son más capaces que otros para anticipar las futuras condiciones del mercado. Estas personas tienden a adquirir mayor cantidad de recursos a lo largo del tiempo, mientras los sujetos menos capaces se quedan con menos y hasta son expulsados por el mercado de su función empresarial y pasan a ser asalariados. El proceso de mercado del capitalismo es precisamente el funcionamiento de este “mecanismo de selección” en el cual los empresarios menos exitosos (aquellos que sistemáticamente sobre-valúan los precios de los factores productivos relativamente a las eventuales demandas de los consumidores) son eliminados de su tarea de comandar recursos. En el caso que nos concierne, claramente los más capacitados son los que contratan mujeres antes que hombres y los menos exitosos son los que insisten en seguir con hombres.

Como se ve, no hay nada en el funcionamiento del capitalismo que cause un diferencial considerable, permanente y sistemático de salarios entre hombres y mujeres que sea independiente al valor de productividad esperada (sea por sexo, raza, religión, etc.)

La conclusión es evidente: la propia tendencia de evitar pérdidas y maximizar ganancias es la que asegura que no haya diferencias enormes permanentes en el precio del servicio del factor trabajo (salario) que no vengan justificadas por productividad. Es el propio proceso de beneficios y pérdidas del mercado lo que genera una tendencia a la igualdad de salarios. El mercado libre tiene inherente e inevitablemente una tendencia sistémica a castigar (hacer pagar caro) la discriminación sexista y premiar la inclusión.  

martes, 2 de agosto de 2016

El gran fracaso del socialismo del siglo XXI


La mitología de izquierda ha hecho creer a mucha gente que gracias a que Hugo Chavez tomó el control de Venezuela en 1999, toda la prosperidad posterior es a causa de él. Y nunca fallan en mostrar estadística tras estadística social que mejoró supuestamente debido a la política económica bolivariana. Como ya realizamos anterioremente con Stalin, hoy veremos que eso es un mito. 

Grier y Maynard (2016) tienen un paper fenomenal que destruye una parte importante del mito del legado chavista. El trabajo se limita a estimar las diferencias de las políticas con Chávez vs sin Chávez en el ingreso, salud, pobreza y desigualdad de Venezuela. Vale la pena aclarar que el grupo de control para hacer esto no es exacto, porque tal cosa no existe. Salvo que podamos crear un universo paralelo, no tenemos observaciones de Venezuela posteriores a 1999 sin Chávez presidente. Lo que hacen ellos es crear un grupo de control sintetizando la performance de ciertos países similares a Venezuela, un promedio ponderado de esas naciones (ninguna de las cuales tuvo a Chávez), la cual denominan "Venezuela sintética". Por ejemplo, el ingreso per cápita de esta Venezuela sintética es nada menos que un promedio ponderado del ingreso per cápita de los países tomados para control (Grier y Maynard, 2016).

Claro, los dos problemas más importantes son qué países elegir y escoger cuánto pesarán en el promedio (la ponderación). Ninguno de los países elegidos para hacer la Venezuela sintética debería tener a alguien con políticas muy similares a las de Chávez. Mientras el grupo de control logre captar exitosamente otras influencias en la economía venezolana, mejor representa el contrafactual que se desea. Se buscan países con relaciones similares entre las variables para el control (ingreso per capita, salud, etc.) y sus determinantes a Venezuela. Las naciones con indicadores más parecidos al país de Chávez reciben mayor peso al crear el control (Grier y Maynard, 2016). Para capturar similitudes geográficas, de historia, cultura y mucha dependencia en exportaciones de petróleo, los autores eligen casi todos los países de Latinoamérica (salvo Bolivia, Ecuador o Nicaragua pues obviamente tuvieron sus procesos políticos tipo Chávez en el mismo periodo) y países de la OPEP para los que hayan datos. También incluyen Canadá y Noruega que son exportadores de petróleo pero no miembros de la OPEP. En total, 20 países integran el grupo de control usado para la Venezuela sintética. Las cinco variables a comparar son: ingreso per cápita, expectativa de vida, mortalidad infantil, pobreza y desigualdad (Grier y Maynard, 2016). No es de extrañar que veces ocurra que faltan datos de algunos países para cada una de esas variables

Veamos ahora como pudo haber sido la historia y las diferencias entre la Venezuela sin Chávez (Venezuela sintético) y la Venezuela con Chávez, empezando con el ingreso per cápita.


Noten cómo luego de la elección del socialista en 1998 hay cada vez más diferencia entre la Venezuela con Chávez y sin él. Hasta el año 2009 el PBI per cápita real (dólares de 2005) venezolano está 4.300 dólares por debajo de la Venezuela sin Chávez. Las políticas bolivarianas causaron empobrecimiento general a los venezolanos. Para mayor rigurosidad en esto, los autores llevan a cabo unos tests placebos repitiendo el ejercicio para cada uno de los 19 países usados durante el periodo pre-Chávez 1970-1998 y además hasta hacen un ejercicio con el corte en 1988 (y asumiendo que Chávez fue elegido entonces) para testear si la capacidad predictiva caía en 1970-1988 y 1989-1999. Ambas pruebas fueron pasadas y, por ende, tenemos un caso muy fuerte para afirmar que sin Chávez el ingreso real per cápita de Venezuela en 2009 sería al menos 4.300 dólares más alto.

Pero me dirán "la riqueza nacional no es todo, hay que ver los indicadores sociales". Ok, veamos algunos. 


Este es el gráfico de la expectativa de vida de la Venezuela con y sin Hugo. Ciertamente el modelo predice que con Chávez es aproximadamente un año inferior de lo que hubiera sido sin él. Observen cómo la distancia lentamente se hace cada vez mayor desde que el bolivariano asume. Una diferencia no extremadamente importante, pero diferencia en fin. En otras palabras, sin las políticas de Chávez, no solo la expectativa de vida de los venezolanos habría aumentado de todos modos, sino que además se hubiera incrementado algo más.


En la mortalidad infantil prácticamente no hay diferencias en ambos casos. De haber estado ausentes las políticas de Chávez, la mortalidad infantil hubiera descendido en casi exactamente la misma medida que con ellas. Sus políticas no "causaron la mejora en el bienestar de la gente", este se hubiera acrecentado sin ellas también.


Hay una dificultad en el tema de la tasa de pobreza (definida como el porcentaje de la población que vive con menos de 5 dólares diarios) que no es culpa ni del modelo ni de los autores, que es el hecho de que hay pocos datos de pobreza comparables entre países. Lo que limita tanto el tango de años como los países para hacer el grupo control. Por eso el modelo no se ajusta "tan bien" como antes. Aun con esas dificultades, se puede ver que captura bien la tendencia general creciente de la Venezuela de los 80s y 90s. Observando la historia como fue, la línea azul de Venezuela, luego de la elección de 1998 la pobreza alcanza picos en 2002-2003 y después cae constantemente año tras año hasta 2006, el último disponible. Pero noten que prácticamente el mismo patrón se hubiese obtenido sin Chávez. A tal punto que en 2006 la pobreza está apenas un poco más alta sin Chávez que con él. La conclusión es demoledora: sin las políticas de Chávez, la pobreza en Venezuela hubiera disminuido casi lo mismo. Como dicen los autores: "No encontramos evidencia de que Chávez tuvo un impacto significativo en la tasa de pobreza de Venezuela."


Tanto o más difícil es contar con datos buenos y homogéneos sobre desigualdad y que no tengan años vacíos. Los autores deben interpolar los de algunos países para completar los años faltantes. Como se puede ver, el modelo de la Venezuela sin Chávez captura bien la tendencia general de la desigualdad. La desigualdad con el bolivariano comienza a caer rápida y constantemente recién desde 2003 desviándose de la Venezuela sintética. Aun así, esa diferencia comienza a disminuir los últimos años de la muestra. Es decir que aun sin Chávez, la desigualdad habría caído considerablemente en Venezuela. De hecho, si tomamos todo el periodo de Chavez, no solo desde 2003 (cuando la desigualdad empieza a caer fuerte), luego de los tests placebos hay poca evidencia de que la desigualdad fuera menor relativa a la que hubiera habido sin chavismo. En palabras simples, sí, puede ser el caso de que desde 2003 la desigualdad cayó más rápido de lo que hubiera caído sin Chávez. Pero tomando en cuenta todo el periodo chavista, no hay evidencia de que redujo la desigualdad más de lo que se hubiera reducido sin él. Sin el bolivariano la desigualdad de todas maneras habría caído y no se hubiera diferenciado demasiado de si tomamos en cuenta su periodo completo de gobierno.

En conclusión, todas las estadísticas sociales vistas muestran que sus mejoras no se debieron necesariamente a las medidas chavistas. Todas habrían ocurrido si Hugo Chávez no hubiera gobernado, él no fue necesario para que ocurran. Pero la parte más absurda y trágica es que el mismo recorrido que la economía hubiera tomado, Chávez lo realizó al costo de empobrecer de manera brutal a los venezolanos en términos de ingreso per cápita. Ni hablar del desastre que es Venezuela hoy en día como consecuencia de sus políticas. Chávez ha hecho pagar a Venezuela un costo descomunal y ni siquiera obtuvo mejores resultados, sino prácticamente los mismos. Un testimonio calamitoso y patético de ese mamarracho absurdo y funesto que es el "Socialismo del siglo XXI".




Griera, Kevin y Maynard, Norman (2016), “The economic consequences of Hugo Chavez: A synthetic control analysis.” Journal of Economic Behavior & Organization. Vol. 125, 1-21.

sábado, 2 de abril de 2016

La "Rota" URSS


Me entero hace poco de la existencia de este documental llamado "La Otra URSS" que supuestamente muestra los “logros” no contados de la Unión Soviética. Sin embargo, en este post veremos que solo los primeros dos minutos están repletos de mitos y errores.


Luego del primer minuto de presentación, los siguientes dos minutos contienen (a) un deliberado intento de engañar o (b) un error flagrante. Me refiero especialmente al siguiente gráfico del minuto 01:11 en el que se ve el PBI de la época zarista:


Sin importar cuál sea el caso, el hecho es que veremos que es falso decir que el PBI estuvo “prácticamente estancado” en los años finales del régimen zarista si nos fijamos solo en el gráfico como hace el documental. La serie de la imagen es la de Maddison, que es idéntica a la del trabajo clásico de Gregory (1982: 60-61) que estima el ingreso per cápita (en rublos a precios de 1913) desde 1885 hasta 1913.

Hay dos claros fallos en el gráfico del vídeo, uno más elemental que el otro:

(1) Dejando de lado el obvio yerro del título del gráfico, pues no es la “Evolución del PBI” sino la del “PBI per cápita”, claramente si se está hablando del régimen zarista es un error incluir un periodo que no pertenece al régimen zarista. Cualquiera sabe que este último cayó en la revolución
de octubre (noviembre) de 1917 y lo que le sigue no puede pertenecer a él. 


No existe ninguna razón por la cual haya que incluir 1918-1921 (periodo conocido como "comunismo de guerra")si se está mencionando al periodo de los zares. Por lo tanto, el gráfico debería ser este:


Observen que si solo se mira el gráfico, como se hace en el documental, en la tendencia del periodo 1885-1917 no hay un estancamiento. Es cierto que entre 1885 y 1891 se nota claramente un estancamiento y es cierto que el PBI per cápita ruso entre 1885 y 1917 tiene numerosas subidas y bajadas, crisis y auges. Pero la tendencia es irrefutablemente creciente, si tomamos en cuenta todo el periodo y solo vemos el gráfico como lo hace el documental.

De hecho, si se desea ser justos en el análisis, ni siquiera hay que incluir los años de un acontecimiento anómalo como una guerra mundial. Una guerra así de grande puede en algunos casos reducir o agrandar irregularmente un PBI de forma artificial y temporal. Es por ello que las guerras mundiales, como otras circunstancias muy singulares, se suelen sacar del análisis. De la misma forma en que se deberían quitar los años de la Segunda Guerra Mundial al analizar la URSS. Por lo que el periodo zarista, correctamente observado, queda así:


Si solo lo observamos a simple vista, de nuevo, como se hace en el documental, la tendencia es aún más reconociblemente ascendente que antes. Si vamos más allá de lo visual, la tasa anual de crecimiento compuesto del periodo es de 1,8 % para un periodo de casi 30 años. Por lo tanto, usando la forma visual de análisis del propio documental, no es correcto decir que el PBI per cápita ruso del periodo zarista, correctamente tomado y partiendo desde 1885, estuvo “prácticamente estancado” porque incluso tomando en cuenta los años 1914-1917 la tendencia es claramente creciente.

La opción de la mala intención adquiere más fuerza pues es ampliamente sabido que el PBI de un país beligerante que sufre daños o que es invadido, usualmente cae durante una guerra como la de 1914-1918. Adicionalmente, el PBI se desmorona cuando se aplica una política colosalmente destructora como por ejemplo el socialismo total, tal y como ocurrió en Rusia en 1917-1921. Hay una gran probabilidad de que quien hizo el gráfico deliberadamente incluyó el periodo 1914-1921 mientras menciona al zarismo porque esa caída monstruosa e inusual (guerra mundial + socialismo puro) hacia el final de la serie le sirve para aportar un punto muy bajo y apuntalar la tesis de “estancamiento”.

(2) Pero aún si tomáramos el periodo 1885-1917 donde no existe visualmente una tendencia plana que marque estancamiento, podemos buscar una forma de aparentar que la hay. El segundo y más burdamente grosero error del gráfico es poner una escala absurdamente elevada en el eje vertical (donde están los valores de PBI per cápita). 

Observen la “magia” que ocurre al colocar un eje que llega hasta 600 para una serie de datos que va de 50 hasta 100:


¡Es un milagro! La línea de antes con tendencia creciente ahora aparenta verse plana. Claro, esta vez puedo aceptar el pretexto de que este error no es mala fe. Pues el gráfico se muestra “cortado” de uno mucho más amplio cuyos valores posteriores crecen hasta 500. Pero aun asumiendo que no hay mala fe para mostrar el “estancamiento”, sigue siendo un craso error presentar el periodo 1885-1921 sin una escala seriamente ajustada.

Per
o incluso suponiendo que el documental estuviera en lo correcto y no cometió los dos ridículos errores mostrados antes, no es cierto que la URSS fue un éxito en términos comparativos de PBI per cápita. Si se compara su PBI per cápita con el de Estados Unidos en igual periodo, la URSS jamás fue rival. Incluso si se compara la Unión Soviética con países que no eran potencias pero tenían un ingreso similar en 1930 se ve como el crecimiento soviético no fue nada extraordinario. De hecho, a partir de los 70’s e incluso antes la URSS se queda atrás de algunos. Descontando el fracaso que fue Stalin. Y espero que no se contra argumente que el PBI no mide “todo el bienestar” o que “no lo es todo”, porque el documental pone al inicio como primer trofeo de victoria el PBI. Por tanto, este post se circunscribe solo a eso: el inicio del documental y al PBI que se muestra en el comienzo.

Además de lo anterior, en 01:29-01:35 se le echa la culpa a la Primera Guerra Mundial y a la “guerra civil” de que los años 1918-1921 fueran “complicados”. Afirmación falsa pues el colapso económico de 1918-1921 se debió en una abrumadora mayoría a la política de socialismo puro implantada por Lenin. Usar la palabra “complicado” para resumir los años en que la política comunista casi destruyó la economía rusa y mató de hambre a seis millones de personas es un eufemismo muy burdo.

Por último, antes de terminar los tres minutos, el documental apela, sin demasiada profundidad, al mito de la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial.
 

Como se ve, desde el vamos los primeros tres minutos están plagados de errores o mala leche. Todo el resto del documental está dominado por absurdos desaciertos similares. Pero ello tendrá que esperar a otro post.

Do svidaniya!




Grego
ry, Paul R. (1982) Russian National Income, 1885-1913. Cambridge, U.K.: Cambridge University Press.

sábado, 28 de noviembre de 2015

El error en la definición de “capitalismo” de la RAE


La Real Academia Española (RAE) define "capitalismo" como:
"Régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento de producción y creador de riqueza."
Pero, ¿Cómo define "capital"? De esta forma:
"Factor de producción constituido por inmuebles, maquinaria o instalaciones de cualquier género, que, en colaboración con otros factores, principalmente el trabajo, se destina a la producción de bienes."
En palabras simples, la RAE define "capital" como bienes de capital. Por lo que la definición de "capitalismo" de la RAE quedaría:

"Régimen económico fundado en el predominio de bienes de capital como elemento de producción y creador de riqueza."

¿Cuál es el problema con esto? Pues que el socialismo también es un régimen económico fundado en el predominio de bienes de capital como elemento de producción y creador de riqueza. Cualquier régimen económico, basado en la división del trabajo, necesita que predominen los bienes de capital para producir y crear más riqueza. Incluso Robinson Crusoe solo en su isla necesita bienes de capital (una red, una vara para alcanzar moras, un hacha) para elevar su paupérrimo nivel de vida (producir más y ser relativamente más rico). Aun cuando, si lo deseara, Crusoe podría vivir sin ningún bien de capital rendido a que la naturaleza no lo quite las pocas moras o peces que come a diario con una plaga o agotamiento. Pero si quiere aumentar su riqueza y producción, debe meterse en métodos de producción indirectos, es decir, bienes de capital.

Tanto en el capitalismo como en el socialismo predominan los bienes de capital como elemento de producción y creador de riqueza. Lo que la RAE hace es, si nos guiamos por su definición estricta, decir que socialismo y capitalismo son sinónimos. Un enorme error.

El predominio de bienes de capital no es una característica distintiva definitoria del capitalismo, pues el socialismo también la posee. Pero en el primero hay derechos de propiedad, mercado y precio y, por ende, cálculo económico monetario para utilizar los bienes de capital. En el segundo, no lo hay. Esa es la diferencia esencial y definitoria.

viernes, 11 de septiembre de 2015

El mito del "bloqueo invisible" contra Allende



Cuando un experimento "revolucionario" fracasa, los socialistas, en general, tratan de buscar una excusa que justifique el desastre. El caso de Chile y Salvador Allende es paradigmático. Según el relato socialista, dado el contexto de la Guerra Fría, a Allende le realizaron un "bloqueo invisible" (llamado así por el propio Allende) impulsado por el gobierno norteamericano de Nixon y su secretario de Estado Henry Kissinger, para desestabilizar la economía, fomentar el descontento y tumbar su gobierno. La prueba que siempre presentan prima facie es una instrucción escrita a mano por Nixon a la CIA que pedía "hacer gritar la economía (chilena)" (make the economy scream) o el memorandum 93 de Seguridad Nacional de Kissinger pidiendo medidas financieras y económicas contra Chile.

Pseudoerasmus tiene un genial post sobre si el supuesto "bloqueo invisible" contra Salvador Allende fue determinante o no en el fracaso absoluto de su gestión económica. En el me baso para lo siguiente. ¿Fue la intervención norteamericana responsable en mayor medida del desastre económico de Chile en 1970-1973? No, y veamos las razones.
  • 1) La CIA no imprimió los billetes: Como ya vimos, los déficits de Allende eran brutales. En porcentaje del PBI fueron 6,69 % en 1970, 15,28 % en 1971, 24,53 % en 1972 y 30,48 % en 1973. Eso es increíblemente grande. Recuerden que ya un déficit de 6,69 % del PBI es un problema, por lo que uno de 30 % es una catástrofe.
¿Por qué hubo tal crecimiento del déficit? Hacia 1971, debido al aumento desorbitado de salarios y seguridad social. Ese era el plan populista de Allende: subir salarios nominales enormemente mientras se aplicaban controles de precios sobre los bienes. De los gastos corrientes del Estado, los salarios y la seguridad social, que ya representaban una parte importante, crecen de 15,83 % a 19,54 % y de 8,60 % a 11,87 % respectivamente entre 1970 y 1971 como porcentaje del PBI.

¿Cómo se financió ese agujero fiscal? Casi la totalidad con impresión de billetes. La emisión monetaria para financiar el déficit o "financiación interna neta" fue, en porcentaje del PBI, 6,60 % en 1970, 13,61 % en 1971, 22,71 % en 1972 y 30,40 % en 1973. Comparen esos porcentajes con los déficits en sus respectivos años.

En 1972 los ingresos fiscales en términos reales empiezan a caer. ¿Fue esa caída algún acto de la CIA? Por supuesto que no. Se debió al efecto Olivera-Tanzi: en periodos de inflación alta, la demora en la recaudación tributaria implica ingresos menores en términos reales. 

Pero además el precio internacional del cobre cayó durante 1971 y 1972 un 25 %. Lo cual trastornó aún más los ingresos públicos y la entrada de dólares. ¿Acaso la CIA conspiró para bajar el precio internacional del cobre solo para perjudicar a un solo presidente latinoamericano? 

Hacia 1973 el mayor factor que causaba el déficit fiscal eran los subsidios a las empresas estatales que no producían cobre. Solo esos subsidios representaban el 9,49 % del PBI. ¿A qué se debía ese brutal monto de subsidios? A la caída de producción como resultado de la nacionalización, problemas de gerencia y en especial a la política estatal deliberada de mantener bajos los precios minoristas para los consumidores.

El desastre era evidente y en absoluto hace falta una "intervención externa" para causarlo. Los gastos brutales en salarios, seguridad social y subsidios industriales combinados con una caída del precio del cobre y la erosión real de los ingresos tributarios por la inflación explican casi la totalidad del déficit de 30 % del PBI de 1973. La CIA ni controlaba el aumento de salarios, ni agrandaba el déficit, ni imprimía los billetes.

Pero es que recuerden que los propios miembros de Unidad Popular decían que deliberadamente dejaron de preocuparse de los déficits fiscales crecientes porque ello era "ortodoxo". Queda, por lo tanto, más que demostrado que los déficits bestiales son responsabilidad completa de Allende y Unidad Popular. Ellos buscaron el rojo de las cuentas públicas y eran conscientes de ello.
  • 2) Los controles destruyeron la producción: Otra parte de la teoría del "bloqueo invisible" es que Chile tuvo problemas para importar piezas de repuestos debido a la insuficiente financiación comercial. Ello afectó la producción, contribuyendo a la escasez de productos y al desfinanciamiento estatal por la menor producción de cobre (debiendo aumentar el financiamiento inflacionario).
Por supuesto, esto tampoco es muy plausible dadas las medidas de Unidad Popular. Para combatir la inflación, casi toda la oferta chilena estaba sujeta a los controles de precios, racionamiento y nacionalización de la distribución de Allende. Predeciblemente, ello provocó escasez, acaparamiento y colas, reduciendo la producción. Hacia el final del gobierno de Allende, el tipo de cambio del dólar de mercado negro era 40 veces (¡CUARENTA!) el del mercado oficial.

Recuerden que el plan de Unidad Popular incluía mantener artificialmente bajo el dólar. El aumento en esa prima de mercado negro acompaña la caída de la producción industrial.
  • 3) No solo los camioneros estaban molestos: Otra pata de la teoría conspiracionista externa es que la CIA financió directa o indirectamente a los camioneros y dueños de compañías transportistas para realizar importantes paros que desestabilizaran al gobierno y agravaran la escasez. 
Aun si asumiéramos que de verdad la CIA mandó fondos a los transportistas para realizar huelgas, ellos solo eran una parte de un mucho mayor descontento con los resultados de las medidas del gobierno en un país que ya de por sí era propenso a los paros. Solo en 1973 hubo 2.050 paros que involucraban más de 700 mil trabajadores. En 1972 ocurren 3.325 paros con más de 390 mil trabajadores y en 1971, antes de los paros "financiados por la CIA", 2.696 huelgas de casi 300 mil trabajadores. Difícilmente alguien podría argumentar jamás que todos los trabajadores estaban contentos. Había una proporción importante que no lo estaba. ¿Acaso todos ellos estaban financiados por Estados Unidos también?

Las amplias huelgas de 1973 demandaban la indexación de los salarios a la inflación y se realizó en simpatía con la huelga de los mineros de cobre de 74 días. La cual fue reprimida con la policía por parte de Allende, detalle que muchos socialistas siempre "olvidan" mencionar.

¿Cómo se puede culpar de ese malestar de los trabajadores a factores externos? La hiperinflación (causada por la emisión monetaria del gobierno) les destruía los salarios reales a los trabajadores, ¿Puede alguien de izquierda coherentemente decir que debieron quedarse sin hacer nada ni protestar? Los sindicatos socialistas y comunistas ciertamente eran parte de la coalición de Unidad Popular, pero claramente tenían poco control sobre los trabajadores.
  • 4) La CIA no controlaba el precio del cobre ni realizó la reforma agraria: La balanza de pagos Chilena tuvo dos problemas principales coincidentes y que no se pueden imputar a la CIA: primero que el precio del cobre cayó 25 % en 1971-1972 mientras que el precio en dólares de las importaciones subía por la inflación de la moneda americana y segundo la producción agrícola se desplomó por la reforma agraria y por los controles de precios.
Incluso suponiendo que damos por cierto el absurdo supuesto de que la CIA de alguna manera controlaba el precio del cobre, ¿Por qué lo redujo solo en 1971 y 1972 y no en 1973? ¿Por qué ayudar a Allende con el repunte del precio en ese último año?

Pseudoerasmus nota que la reforma agraria también tuvo mucho que ver con la brutal caída en la producción de trigo y otros productos agrícolas. Es verdad que la reforma agraria comenzó con los gobiernos previos de Alessandri (1958-1964) y Frei (1964-1970), pero Allende la aceleró enormemente y el ambiente político incitaba la ocupación espontánea por parte de los campesinos de las tierras.

Los ingresos de exportaciones de Chile cayeron por la baja del precio del cobre y el menor poder adquisitivo de los dólares por la inflación internacional al mismo tiempo que aumentaba la demanda de importaciones de comida. Si el déficit de balanza de cuenta corriente no es compensado con ingresos de divisas (préstamos externos, ayudas o inversiones externas), entonces el déficit de balance de pagos se paga con reservas del Banco Central. Y eso fue lo que ocurrió en 1971-1973.

Solo en 1972 la mayor importación de alimento se pagó en parte importando menos bienes de capital e intermedios, donde van incluidos los repuestos. Si Chile no hubiera tenido que importar esa gran cantidad de comida, porque su producción interna se desplomó debido a los controles de precios y su desastrosa reforma agraria, no hubiera tenido problemas en conseguir repuestos importados aun con la caída del precio del cobre.
  • 5) ¿Bloqueo del crédito?: El último escape socialista para justificar el fracaso de Allende es el "bloqueo del crédito internacional". Según ellos, como Estados Unidos impuso una restricción del crédito internacional, Chile tuvo que vivir solo de sus reservas para importar. Las cuales inevitablemente se terminaron agotando pues Allende no tuvo acceso a préstamos o ayuda internacional para compensar.
Es cierto que Chile se "comió" gran parte de las reservas y hacia septiembre de 1973 estaba en camino a una crisis de balanza de pagos. Pero todavía no había tenido una. Allende había logrado "llegar a fin de mes" durante todos los años de gobierno hasta el final de su vida.

Com
o muestra Pseudoerasmus, a excepción de 1971, cuando hubo una fuga de capitales, los ingresos de capital netos de Chile en 1970-1973 como porcentaje del PBI fueron muy similares a los de los años 60s. Ergo, en comparación con el periodo previo, el ingreso neto de capitales en proporción al PBI no cayó durante casi todo el periodo de Allende. Además, a fines de 1971 Chile declaró una moratoria sobre gran parte de su deuda externa, que incluía a Estados Unidos, por lo que los dólares ahorrados y no transferidos se consideran de facto ingreso de capitales. Por lo que si Chile vivió de sus reservas en los años de Allende fue por las mayores importaciones de alimentos y la caída del precio del cobre, no debido a una restricción externa del crédito.

Es más, Chile se las arregló para tomar préstamos del Club de Paris, del bloque socialista, Europa occidental y Latinoamérica, aun cuando varias veces los créditos debían pagarse en parte con importaciones desde los países acreedores. Por eso la deuda externa Chilena aumentó desde 2.067 millones de dólares en 1970 a 2.703 millones en 1973. Incluso suponiendo que Estados Unidos paralizó todos sus créditos y ayuda (lo cual no es cierto. Los bancos privados americanos redujeron gradualmente sus líneas de crédito, nunca las eliminaron totalmente), Allende claramente consiguió obtener ambos de varias otras partes del mundo. Y si los bancos privados norteamericanos redujeron gradualmente el crédito, fue en respuesta a la deteriorada solvencia de Chile, no por cuestiones políticas. Los bancos no hacen caridad, y aun si la hicieran ello solo quiere decir que el socialismo se sostiene de la caridad.

Es verdad, si Allende hubiera obtenido mucho más ingreso de capitales, suficiente para cubrir la demanda de importaciones, no habría tenido el apretón de divisas que tuvo. Pero eso necesariamente implica que la "revolución socialista" solo se sostiene con financiamiento de los capitalistas imperialistas. La frase de que "el socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero… de los demás" sería una descripción completamente correcta.

En conclusión, incluso aceptando que hubo alguna intervención de Estados Unidos en Chile, sus efectos en la economía chilena fueron mínimos en comparación con los resultados nocivos de las medidas tomadas por Salvador Allende.

Que los socialistas se hagan cargo de sus desastres y no inventen excusas. La catástrofe económica chilena entre 1970 y 1973 fue responsabilidad, en su inmensa mayoría, de las acciones de Allende y Unidad Popular, no de la CIA.