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martes, 7 de agosto de 2018

El fracaso histórico del gradualismo y la heterodoxia en Argentina

Imagen de The Economist

Emilio Ocampo tiene un excelente y reciente paper (Ocampo, 2017) donde analiza, de forma histórica y descriptiva (aunque no teórica), los más importantes planes de estabilización desde 1952 hasta 2015. 

¿Qué es un plan de estabilización? Un plan de estabilización es una serie o conjunto de medidas que se introducen principalmente para estabilizar la variación de los precios, es decir, para combatir la inflación. 

Las conclusiones de su trabajo son claras: (a) el gradualismo no funcionó. (b) los planes exitosos siempre incluyeron considerables restricciones monetarias y ajustes fiscales (no solo subir impuestos, también bajar el gasto). (c) los controles de precios y salarios no son condiciones necesarias ni suficientes para reducir la inflación. (d) los planes ortodoxos tuvieron mayor éxito que los planes híbridos y heterodoxos. (e) a lo largo del tiempo, los planes exitosos y los ortodoxos redituaron mayor tasa de crecimiento de PIB y salario real (Ocampo, 2017: 3).


En Argentina, entre 1952 y 2015, hubo 10 planes de estabilización que duraron 2 años o más. La mitad de ellos fueron exitosos mientras que el resto fracasaron (los que están en color gris en el gráfico). Exitoso significa que (1) redujo la tasa de inflación anual acumulada a 15 % o menos en el mes 24 o el promedio de los meses 23-25 y (2) permaneció en ese nivel en promedio en el periodo empezando en el mes 25 y terminando en el mes 48 (o el mes en que el plan terminó, si lo hizo antes) (Ocampo, 2017: 10). Noten que la definición de "éxito" no contempla las consecuencias de la inflación reprimida (vía controles o congelamiento de precios, tarifas o salarios) y la distorsión de precios relativos (Ocampo, 2017: 10).

¿Por qué 24 meses o más? Porque la evidencia de los 10 planes de estabilización muestra que el hecho de que reducir la tasa de inflación por debajo de 15 % los primeros 12 meses era condición necesaria pero no suficiente para el éxito. En cambio, reducir la inflación a ese nivel dentro de 24 meses sí era suficiente (Ocampo, 2017: 18). Los datos dejan ver que, si el plan no redujo la tasa de inflación anual debajo de 15 % dentro de los 24 meses, jamás lo hizo (Ocampo, 2017: 10).

Planes exitosos y fracasados

Los cinco planes de estabilización que tuvieron éxito fueron: Gómez Morales (1952), Álvaro Alsogaray (1959), Krieger Vasena (1967), Domingo Cavallo (1991) y Roberto Lavagna (2002)



Sobre Gómez Morales se debe tener en cuenta que él ideó el plan pero no era el ministro de hacienda encargado de implementarlo, cargo ocupado por Pedro Bonanni. Algo similar ocurrió con Raúl Prebisch y Eugenio Blanco y también, hasta cierto punto, con el FMI y Donato del Carril y Álvaro Alsogaray.

Por otro lado, los cinco planes de estabilización que fracasaron han sido: Eugenio Blanco (1955), José Ber Gelbard (1973), Martínez de Hoz (1976), Juan vital Sourrouille (1985) y Axel Kicillof (2013)



A pesar de que Gelbard duró solo 17 meses en el cargo, su plan no se fue con él. Gómez Morales regresó y lo sucedió, pero, en los tres meses que duró, no intentó ninguna medida seria para combatir los desequilibrios descomunales acumulados. Por lo que puede ser tomado como continuador del plan. Celestino Rodrigo, y luego Bonanni, lidiaron con las consecuencias del plan de Gelbard.

Ortodoxia y heterodoxia

¿Qué tan ortodoxos o heterodoxos fueron los planes? Ocampo realiza una escala simple que se basa en el grado de restricción fiscal y monetaria, la dependencia en controles de  variables clave como precios, salarios, tipo de cambio, flujo de capital, comercio exterior, etc.



La escala va desde 0 hasta 2, donde 0 es completamente ortodoxo y 2 es completamente heterodoxo. Los planes híbridos pueden mezclar cosas de ambos.

Inflación


Claramente los planes ortodoxos fueron efectivos y redujeron la tasa, mensual y acumulada anual, de inflación considerablementeMientras que los planes híbridos a pesar de también bajarla, en última instancia la mantuvieron muy alta. Los planes heterodoxos no solo mantuvieron la inflación alta, sino que terminaron aumentándola.



Y no solo eso, los planes ortodoxos redujeron la inflación TODAS LAS VECES, un ratio de éxito del 100 %. Por ende, tendieron a durar más, en promedio. Los planes híbridos solo fueron exitosos la mitad de las veces. Mientras que los planes heterodoxos tuvieron éxito el 0 % de las veces.

Oferta monetaria



¿Cómo controlaron la inflación los planes exitosos? ¡Reduciendo la tasa de expansión de la oferta monetaria! Predeciblemente, los planes que fracasaron no controlaron la oferta monetaria y, por ende, la inflación.

Por otro lado, los planes ortodoxos lo lograron y bajaron la inflación. Los híbridos lo hicieron a medias y no alcanzaron reducir la inflación de niveles elevados. Los heterodoxos, para sorpresa de nadie, jamás pudieron o quisieron controlar la tasa a la que se expandía el dinero.

Déficit fiscal


Una de las mayores diferencias entre los planes exitosos y los fracasados, es que los primeros lograron bajar el déficit fiscal, tanto en porcentaje del PIB como respecto a la situación previa al plan, rápidamente y de forma considerable. Los planes que fracasaron, no lo hicieron.

Los planes ortodoxos, en promedio, ya tenían incluso un poco de superávit al segundo año. Para los planes híbridos, la reducción fue lenta, pero el déficit siguió existiendo. Los planes heterodoxos mantuvieron déficits altos e incluso los amplificaron más.

Gasto público


En promedio, los planes exitosos lograron reducir el gasto público hasta el tercer año en general, en conjunción con aumentos de impuestos. Los planes fracasados, aumentaron el gasto los primeros años y dependían solo de subir los impuestos para bajar el déficit, sin lograr ninguna baja significativa al cuarto año.

Los planes ortodoxos sí redujeron el gasto mientras aumentaron impuestos. Los híbridos aumentaron impuestos pero ni siquiera lograron bajarlo. La heterodoxia aumentó el gasto.

Deuda pública



Acá hay una “trampa”. La deuda pública, a simple vista, sube más, en promedio, con los planes exitosos, en contradicción con el plano fiscal. La razón para esto es que los planes exitosos incluyen el periodo 2002-2005, el plan de Lavagna, cuando el ratio deuda/PIB explotó en 2002 desde aproximadamente 50 % en 2001 a 140 % en 2002 por la megadevaluación y la caída del PIB. Esa suba descomunal es lo que eleva todo el promedio de los exitosos.

Excluyendo excepciones como Lavagna y Gómez Morales, los planes exitosos terminaron con igual nivel de deuda pública que antes de lanzar el plan. Con los planes fracasados pasa algo similar: incluyen Martínez de Hoz y el aumento (al doble) de la deuda sobre PIB por la devaluación de 1981 (en 1980 era 12,4 % y en 1981 pasó a 26,1 %). Pero aun sacando a Hoz, los planes fracasados terminaron con más nivel de deuda pública que los exitosos.

En cuanto a los planes con “etiqueta”, los ortodoxos sí lograron reducir el endeudamiento público. Mientras que bajo los planes de estabilización híbridos y, en especial, los heterodoxos la deuda aumentó. Los híbridos incluyen Lavagna y Morales, y aun sacándolos la deuda aumenta.

Cuenta corriente


El fetiche heterodoxo favorito: el sector externo. El déficit de la cuenta corriente se redujo el primer año y desapareció en el segundo para los planes exitosos, luego reapareció y empeoró. Los planes fracasados también lo redujeron los primeros años pero luego se mantuvo.

Los planes ortodoxos y heterodoxos terminaron aumentando el déficit de cuenta corriente, mientras los híbridos sí lograron reducirlo. En el caso de los ortodoxos, el déficit de cuenta corriente reflejaba la mayor inversión del sector privado así como la apreciación real del peso dado el gran ajuste fiscal. Para los heterodoxos, el déficit podría reflejar una contracción de la demanda agregada. 

Por ende, lo que ocurrió con la cuenta corriente no tuvo la influencia exagerada sobre el éxito o fracaso de un plan que la heterodoxia le da.

Tipo de cambio real



Con la excepción de Cavallo y Alsogaray, en promedio, los planes exitosos lograron una inmediata depreciación real de la moneda que ayudó a las exportaciones y redujo el déficit externo. A medida que pasó el tiempo, la depreciación se evaporó. Los planes que fracasaron, terminaron apreciando en términos reales la moneda a lo largo del tiempo, lo cual explica el déficit de la cuenta corriente.

En cuanto a los planes ortodoxos, en promedio, ambos terminaron apreciando en términos reales la moneda. Lo contrario ocurrió bajo los planes híbridos y heterodoxos. La depreciación fuera de serie del tercer año de los planes heterodoxos se explica por la corrección de Celestino Rodrigo (el plan de Gelbard).

Crecimiento



Los planes exitosos comenzaron con una caída del PIB el primer año, de 1 % en promedio (excepto Cavallo), pero fueron extremadamente reactivantes, logrando “tasas chinas”. Los planes fracasados, no reactivaron del todo o estancaron el PIB.

Los planes ortodoxos lograron un MAYOR CRECIMIENTO que los híbridos y heterodoxos. Además, no tuvieron caída el primer año.

Salarios reales



Los planes exitosos lograron aumentar los salarios reales a lo largo del tiempo, mientras los fracasados los terminaron bajando como consecuencia de no controlar la inflación.

Los planes ortodoxos también aumentaron los salarios reales, incluso más que los híbridos. Los heterodoxos los incrementaron más, pero, como es esperable, esos aumentos probaron ser insostenibles.

Distribución del ingreso



Los planes exitosos resultaron ser significativamente mejores para la participación de los salarios en el ingreso que los fracasados. Esto puede ser por que la inflación resurge con venganza cuando fracasa un plan mientras los salarios se atrasan.

Dada la dispersión de datos de los planes ortodoxos y la falta de datos de la era Kicillof, las conclusiones deben tomarse con cautela. Con Gelbard pasó de 39 % a 46,7 %, pero esta suba resultó completamente insostenible. Cavallo logró una performance similar pero con Alsogaray la participación de los salarios bajó. La distribución del ingreso fue más benéfica para los trabajadores bajo planes ortodoxos que los híbridos.

Desempleo


En términos absolutos, los planes exitosos redujeron el desempleo mientras los fracasados lo aumentaron. Solo en términos relativos los últimos ganan.

Dado que hay cifras de desempleo desde 1961, el único plan ortodoxo utilizable es el de Cavallo y la redujo en más puntos que híbridos y heterodoxos. Los híbridos no consiguieron mucho resultado.

Contexto internacional/"Viento de cola"



Dado que Argentina ha sido tradicionalmente un exportador neto de materias primas agrícolas e importador neto de capital, las dos variables clave del "viento de cola" son el precio internacional de las materias primas y las tasas de interés. 

El resultado ha sido mixto: los planes exitosos han logrado triunfar a pesar de que enfrentaron precios de materias primas en caída los primeros años. Sin embargo, cuando vemos los términos de intercambio (índice de precios de exportaciones/índice de precios de importaciones) estos se mantuvieron. Enfrentaron tasas de interés internacionales reales a la baja y nominales relativamente constantes. Los planes que fracasaron tuvieron precios agrícolas al alza pero términos de intercambio decrecientes. Además, contaron con tasas reales de interés internacional a la baja pero nominales al alza.

Por otro lado, los planes ortodoxos, y en menor medida los híbridos, tuvieron la desventaja de precios de materias primas a la baja, mientras que los heterodoxos disfrutaron de la ventaja de subas enormes. Sin embargo los ortodoxos sí disfrutaron una suba de términos de intercambio mayor a los híbridos y heterodoxos. Los planes heterodoxos disfrutaron de tasas de interés reales decrecientes y nominales con pocos cambios.






Ocampo, Emilio (2017), “Fighting Inflation in Argentina: A Brief History of Ten Stabilization Plans”. Serie Documentos de Trabajo. Buenos Aires, Argentina: Universidad del CEMA.

jueves, 28 de julio de 2016

El tamaño del Estado en Argentina: gasto público global 1961-2014


¿Cómo evolucionó el tamaño del Estado argentino en los últimos 53 años? Espert; Dabós y Vignoli (2015) realizan un trabajo brillante sobre los determinantes del tipo de cambio en Argentina. Dentro del mismo se encuentra una serie de 53 años de Gasto Público Global como porcentaje del PBI. A continuación está graficada:

Gasto público global de Argentina 1961-2014, en porcentaje del PBI.
Fuente: Espert, Dabós y Vignoli (2015)  

Como se observa claramente, el nivel actual de tamaño del Estado es inédita. Nunca jamás en la historia desde 1961 el gobierno a sustraído tanta porción del PBI. Le guste o no a los políticos y los analistas el actual problema fiscal argentino es extremadamente grave.
 

Apéndice

¿Qué es el Gasto Público Global? Desde 1961 hasta 2001 se usa el total de gastos (antes de Figurativas) publicado por el Ministerio de Economía. El Gasto Público Global Consolidado no es otra cosa que el Gasto Público Primario Consolidado más los Intereses de la Deuda Pública del Gobierno (Espert; Dabós y Vignoli, 2015). Para 2002-2014 se usa la siguiente fórmula:

Gasto Público Global Consolidado = Gasto Público Primario Consolidado + Intereses de la Deuda Pública Consolidados

El Gasto Primario de la Nación es la suma de los gastos corrientes (remuneraciones, bienes y servicios, rentas de la propiedad, prestaciones de seguridad social, déficit de empresas públicas, etc.) más los gastos de capital (inversión real directa e inversión financiera) menos las transferencias corrientes y de capital a las provincias y CABA (pues son ingresos de las provincias) menos los Intereses de la cuenta Rentas de Propiedad. En resumen:

Gasto Primario de Nación = Gastos Corrientes + Gastos de Capital - Transferencias Corrientes a provincias y CABA - Transferencias de Capital a provincias y CABA - Intereses

El Gasto Primario de las Provincias es la suma de los gastos corrientes (remuneraciones, bienes y servicios, prestaciones de seguridad social, transferencias automáticas y discrecionales a municipios, etc.) más los gastos de capital (inversión real directa, transferencias e inversión financiera, transferencias automáticas y discrecionales a municipios, etc) menos las Rentas de Propiedad. Es decir:

Gasto Primario de Provincias = Gastos Corrientes + Gastos de Capital – Rentas de Propiedad

Sumando ambos tenemos:

Gasto Primario Consolidado = Gasto Primario de Nación + Gasto Primario de Provincias

Luego vienen los intereses.

Los Intereses de Nación son los Intereses totales (en moneda local y extranjera) que se encuentran en las Rentas de Propiedad. A esos intereses totales hay que restarles los intereses de la Deuda Intrasector Público.

Intereses de Nación = Intereses – Intereses de Deuda Intrasector Público

Los Intereses de Provincias son los valores publicados bajo el nombre Rentas de Propiedad de las estadísticas fiscales de las provincias.

Intereses de Provincias = Rentas de Propiedad

Por lo tanto:

Intereses Consolidados = Intereses de Nación + Intereses de Provincias








Espert, José L.; Dabós, Marcelo y Vignoli, Guido (2015), "Determinantes del tipo real de cambio en la Argentina: una aproximación empírica, 1961-2014". Documentos de Trabajo Nº 309. C.A.B.A., Argentina: Universidad de Belgrano.

martes, 26 de julio de 2016

Menem contra el siglo XIX: el mito del Estado mínimo de los 90s


Observen parte de este discurso de Carlos Menem de 1990 sobre “Reforma del Estado y Privatizaciones”, en especial los segundos 03:45-04:05:


El ex presidente es muy claro:
No caigo en la simplificación de muchos que proclaman la exterminación del Estado, su desaparición de nuestra vida comunitaria. No caigo en la torpeza de muchos que pretenden hacernos retroceder al Estado del siglo diecinueve, totalmente ausente frente a la injusticia y la opresión.
Por lo tanto, jamás estuvo en la agenda de Menem volver a un auténtico Estado mínimo, nunca. Ni en las ideas ni en los hechos de los 90s alguna vez estuvo cerca de ser liberal clásico. 

Cualquiera que diga que (1) Menem era liberal clásico, (2) aplicó medidas para un Estado mínimo o (3) era su objetivo volver a un tamaño del Estado como el del exitoso siglo XIX argentino, miente. Sin ignorar, claro, que ciertamente hubieron algunas privatizaciones y desregulaciones necesarias y exitosas. Mezclar menemismo en general con liberalismo clásico o con el siglo XIX es mostrar una ignorancia de las ideas y los hechos descomunal. Esa mezcla mentirosa solo se sostiene en la repetición absurda proveniente de ideologías vacías.

jueves, 7 de julio de 2016

¿Qué es una recesión y una depresión económica?


Argentina está en una recesión que continua hasta el día de hoy de forma tal que aún no podemos estimar con precisión cuándo terminará. En esta entrada simplemente veremos qué es una recesión y también qué es una depresión.

Desde el punto de vista convencional, en Economía no hay una definición estricta y formal, universalmente usada, para una recesión. Lo cual ya les anticipa que vamos a dar un par de vueltas en este post. Las que se conocen suelen ser, en general, definiciones arbitrarias y sujetas a constantes críticas. Pero, aún así, se ha llegado a una cierta convención entre los expertos y economistas de usar determinados conceptos.

Una de las más usadas es la del National Bureau of Economic Research (NBER), una de las mayores ONG de investigación económica de Estados Unidos y que, entre otras cosas, informa sobre si el país está o no en recesión. Tienen hasta un comité de expertos para ello, ¿Adivinen como se llama? Sí, el Comité de Fechado de Ciclo Económico (Business Cycle Dating Committee).

Ellos antes definían recesión como una caída significativa de la actividad a lo largo de la economía que puede durar desde unos meses a más de un año. Esa era la definición general. Observen que no es demasiado precisa: ¿Cuánto es “significativa”? Si es, digamos, 5 % ¿Una caída de 4,98 % no es significativa? ¿Cómo medimos la “actividad”? ¿Usamos el PBI? ¿La industria manufacturera? ¿La ocupación? ¿A lo largo de qué y cuántos sectores nos referimos cuando se dice “a lo largo de la economía”? ¿Cuántos son “unos meses”? Dada esa vaguedad, tenemos alternativamente una definición técnica.

La definición técnica de recesión económica que se utiliza usualmente es la que también solía usar el NBER: dos o más trimestres consecutivos de caída (crecimiento negativo) del PBI real desestacionalizado (Knoop, 2004: 11-12). Se desprende, lógicamente, que una expansión económica significa dos o más trimestres consecutivos de crecimiento del PBI real desestacionalizado.

Observen que son trimestres porque el PBI se mide trimestralmente. ¿Pero por qué son dos? Perché mi piace, es decir, porque sí. No hay ninguna regla ni fórmula científica que lo diga. Pero se ve bastante razonable que medio año de caída signifique algo. Y se saca la estacionalidad para evitar que las variaciones estacionales nos engañen con caídas consecutivas que no son recesiones.

Posteriormente el NBER aclaró que desde hace unos años usan otra definición general de recesión: una caída significativa de la actividad económica a lo largo de la economía, que dure más de unos pocos meses, normalmente visible en el PBI real, el ingreso real, empleo, producción industrial y venta mayorista-minorista. Es decir, ahora no tienen una regla fija como lo de los dos trimestres de caída.

Más complicado aún es el tema de las depresiones. De hecho, no hay una definición formal de depresión. Las definiciones informales que existen (The Economist; Knoop, 2004: 14), establecen que hay una depresión cuando se produce:
  • (a) una caída de 10 % o más del PBI real 
o/y
  • (b) una recesión (caída del PBI real) que dura tres años o más.
En el punto (b) no es necesario que el PBI real caiga 10 %, solo basta que la recesión dure tres años o más. Es decir, que una recesión es un periodo donde el PBI real se contrae menos de un 10 %. Y una depresión es simplemente una recesión severa o muy duradera. Sin embargo, a pesar de ser diferentes, ambas definiciones tienen la misma fecha de inicio.

Estados Unidos durante la Gran Depresión en los 30s cumple los puntos (a) y (b) con creces. Pero veamos el caso argentino.


A fines de los 80s el PBI real cayó en 1988, en 1989 y en 1990. Es decir, tres años de recesión = depresión. Pero además, el PBI real en 1987-1990 se contrajo 10,37 %. O sea, más de 10 %.

Terminando los 90s se repite la historia. El PBI real se desplomó en 1999, en 2000, en 2001 y brutalmente en 2002. Cuatro años de recesión = depresión, con el agravante de que en 2002 la caía de más de 10 % por sí sola ya equivalía a una depresión. Prácticamente una depresión dentro de la depresión. Y por si fuera poco, la economía argentina se destruyó un 18,36 % en 1998-2002.

En ambas ocasiones se cumplieron en simultáneo los dos criterios de una depresión. El desastre fiscal y monetario del Estado se paga, Argentina sufrió dos depresiones en menos de 10 años. Un triste record.



Knoop, Todd A. (2004) Recessions and Depressions: Understanding Business Cycles. Westport, Conn.: Praeger. 2010.

lunes, 6 de junio de 2016

El doble estándar del periodismo K


Ayer fue domingo y haciendo zapping me encuentro con el programa del periodista kirchnerista Roberto Navarro. Por suerte enganché justo la parte en que hablaba de "cierre de empresas" en estos meses.

Alguien en Twitter facilitó esta captura de pantalla que nos permite demostrar la deshonestidad del periodista.


No voy a entrar a ver si los números en los que se apoya Navarro realmente deben ser interpretados como "cierre de empresas". Voy a asumir que ello es correcto (aunque, a decir verdad, confiar en Navarro es como confiar en un lobo). Usando los mismos datos la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, comparemos las recesiones de Cristina (2014) y de Macri (2016):



De paso, muchachos de SRT desde enero de este año que en los pdf presentan datos de 2016 poniendo erróneamente que son de 2015, ¡media pila!

El cuadro es claro. Usando exactamente los mismos datos y comparando los tres primeros meses de recesión post devaluación de los episodios de 2014 y 2016, se observa que la cantidad de "empresas cerradas" al inicio del periodo 2014 es muy superior (casi el doble). En otras palabras, en los tres meses luego de la devaluación durante el gobierno de Cristina cerraron 5.358 empresas por la recesión de 2014. Por otro lado, en los tres meses luego de la devaluación durante el gobierno de Macri cerraron 2.708 empresas por la recesión que va de 2016. Adicionalmente es obvio que lo de "record" es, en el mejor de los casos, exagerado y, en el peor, una obvia mentira.

Ahora bien, dado que asumimos cierta honestidad intelectual de su parte, seguramente Navarro durante la recesión de 2014 fue un vociferante denunciante del cierre de empresas luego de la devaluación, ¿O no? Pues… no. Debe haber algo, dado que Navarro, como todo buen charlatán, es experto en maximizar cosas por encima de lo que son en realidad. Por ejemplo, en un momento dijo algo así como que "tendríamos que volver a 2001 para ver estos números". Lo cual es, como mínimo y asumiendo buena fe, de ignorante. Solo basta con regresar dos años atrás.

He buscado en Google desde 01/01/2014 hasta 31/12/2014 y no he encontrado nada. En ningún lado he visto que Navarro alguna vez utilizó este mismo indicador y mucho menos salió a denunciar indignado el cierre "masivo" de empresas acusando al gobierno de turno. Pero tal vez yo no sé buscar en Google.

Quien quiera defender al periodista K deberá mostrarme al menos un link a una nota/programa de TV o radio de 2014 (año recesivo) donde (1) Navarro use el mismo indicador de la SRT midiendo el "cierre de empresas", (2) donde él se muestre tan "preocupado" e "indignado" como lo está ahora por ello y (3) que acuse vehementemente al gobierno por ello.

Cualquier persona coherente y honesta denunciaría en 2014 el cierre de empresas con igual énfasis que lo haría en este 2016. Navarro, en cambio, guardó relativo silencio cuando el cierre de empresas ocurría en el gobierno de Cristina pero vocifera con un megáfono el cierre de empresas (mucho menor en comparación) que ocurre en el gobierno de Macri. El vergonzoso doble estándar es evidente.

Por último, demostrar que Navarro es un incoherente con una ridícula doble moral, en nada implica defender el gobierno de Macri. Cuya ideología de Estado grande y antecedentes de declaraciones mentirosas durante estos seis meses son simplemente la continuidad de la esencia del kirchnerismo.

jueves, 2 de junio de 2016

La destrucción del Peso durante la era K: tus $100 valen menos de $10

El chiste es en base a este dialogo de los Simpson

Hace ya dos años veíamos cómo el gobierno kirchnerista había demolido desmesuradamente el valor del peso. Hoy vamos a ver ese mismo fenómeno pero ya cubriendo todo el periodo de gobierno de los Kirchner (mayo de 2003-diciembre de 2015).

Como era de esperar, la situación ha empeorado. El Banco Central argentino, siempre al servicio del gobierno, terminó de destruir cuanto pudo el signo monetario emitiendo y expandiendo la cantidad de dinero para, en buena medida, financiar gran parte del déficit fiscal que en 2015 llegó a más del 7 % del PBI.
  

El gráfico muestra la evolución mensual el poder adquisitivo del peso argentino según el Indice de Precios al Consumidor (IPC) elaborado por Natalio Ruiz (del blog Cosas que Pasan o CqP) y además incluyo el IPC de Billion Prices Project del MIT para Argentina (de la página Inflación Verdadera o IV), quienes generosamente han colgado en la web su IPC para descargarlo como .csv. Observen que la dos medidas se correlacionan casi perfectamente. Ambos son de lo mejor que tenemos (¡y además gratis!) mientras que el INDEC no funcione correctamente y deje de inventar cifras.

Como claramente se puede observar, el billete de $100 de mayo de 2003 equivalía en poder de compra en diciembre de 2015 a entre $9,65 y $9,96. Tus $100 cuando los kirchner iniciaron su mandato valen menos de $10 cuando se fueron. Si en mayo de 2003 con $100 comprabas 100 alfajores, en diciembre de 2015 con los mismos $100 no comprabas ni 10. 

La frase usualmente escuchada sobre que "$100 no alcanzan para nada" es completamente correcta. Los $100 argentinos han perdido más del 90 % de su valor a lo largo del todo el gobierno kirchnerista. El nivel de precios se ha multiplicado por más de 10 entre mayo de 2003 y diciembre de 2015.

La destrucción económica del kirchnerismo no discriminó ni siquiera al signo monetario. 






2016 The Billion Prices Project @ MIT: www.inflacionverdadera.com 

Ruiz, Natalio (2016) Cosas que Pasan. Blog. 
Cosas que Pasan en base a Direcciones Provinciales de Estadística.

jueves, 21 de abril de 2016

El fracaso gradualista de Menem


Carlos Menem asume la presidencia de Argentina en julio de 1989. Lo hizo varios meses antes de lo previsto debido a que una hiperinflación se había desatado, sumada a la recesión que venía desde hacía un año y a un caos social muy importante. Ello provocó que el presidente anterior, Raúl Alfonsín, renunciara.

Pero empecemos con lo básico: ¿Cómo medimos una hiperinflación?

Siguiendo la definición clásica de Cagan (1956), una hiperinflación comienza en el mes en que la suba de precios excede el 50 % respecto del mes anterior. Es decir, cuando la inflación mensual es de más de 50 %, ha iniciado la hiperinflación. Y termina el mes previo a que la suba mensual de precios caiga por debajo de 50 % y permanezca así por lo menos un año. Cuando hablamos de "los precios" la medida standard es el Indice de Precios al Consumidor (IPC). Veamos ahora la inflación mensual de Argentina entre 1988 y 1991:

Tasa de inflación mensual según IPC
de Argentina, 1988-1991. Fuente: INDEC
La línea roja en al gráfico delimita el 50 % mensual de inflación. Por encima de ella, estamos en hiper. Estrictamente hablando, la hiperinflación argentina comienza en mayo de 1989*. En ese mes la suba del IPC fue 78,5 % mayor que la del mes anterior. Para que nos demos una idea de cómo es la situación, los precios subieron más de 78 % solo de un mes para el otro. 

Sin embargo, eso fue solo el precalentamiento. Un mes más tarde, en junio, esos precios (que ya habían subido brutalmente de un mes a otro) volvieron a aumentar. Esta vez, un inconcebible 114,5 % únicamente entre mayo y junio. Pero todavía faltaba el plato principal.

En julio de 1989 los precios se incrementaron 196,6 % respecto al mes de junio. Y recuerden que en junio los precios ya habían subido inmensamente. Imaginen lo que es que, a partir de un nivel ya aumentó 114 % hace un mes, los precios suban ahora otro 197 % adicional. La hiperinflación argentina en ese momento está en su climax. Es entonces cuando el presidente Raúl Alfonsín renuncia y asume anticipadamente el recientemente electo Carlos Menem

Luego de la salida anticipada de Alfonsín y en medio de la hiperinflación, Menem inicia su gestión con el llamado “Plan Bunge y Born” o “Plan BB”. Iniciado por Miguel Roig, el plan continuó con Néstor Rapanelli porque Roig murió a los cinco días de asumir. Por supuesto, uno de los objetivos inmediatos del plan es un ataque contra la suba masiva de precios. Las medidas para ello fueron (de Pablo, 2005: 351-75):

(1) Controles directos de precios:
  • (a) Fijar el tipo de cambio: un día después de asumir Menem, el BCRA saca la comunicación 1.482 que dice que fijaría diariamente el tipo de cambio. Se devaluó y se fijó inicialmente un precio del dólar artificialmente depreciado a 655 australes (¡un valor nominal en ese momento incluso más elevado que el paralelo!) sin determinar ningún plazo. No pudieron defender demasiado ese valor de dólar, para diciembre el oficial ya estaba en 1.010 australes y el paralelo en 1.540, una brecha con el mismo nivel pre devaluación. Desdoblaron el mercado oficial cambiario, en uno el BCRA tenía un dólar fijado diariamente y en el otro era oferta y demanda.
  • (b) Aumentos salariales por decreto: se convocó por decreto de forma urgente a convenios colectivos de trabajo para fijar remuneraciones del tercer trimestre aclarando que si los precios subían más de 15 % podrían volver a convocar paritarias para el periodo siguiente. Se acordaron aumentos de entre 160 % y 191 %. Se saco otro decreto creando una asignación especial no remunerativa de 8 mil australes (12,3 dólares). Un posterior decreto aumentó los salarios del sector público un 175 %.
  • (c) Acuerdos y congelación de precios: un día después de asumir Menem, 9 de julio, Comercio Interior congeló los precios al 3 de julio. Además fijaba (arbitrariamente, claro) cual sería el criterio para modificarlos. El 17 de julio se firma un documento entre el gobierno y 185 empresas y corporaciones acordando fijar los precios y no modificarlos de ahí en más mientras el gobierno mantuviera el tipo de cambio y las tarifas en sus valores actuales y la tasa de interés en línea con esas variables. En septiembre de volvieron a congelar los precios y los alquileres.
  • (d) Aumentos de tarifas: el nivel general subió 688 % solo en julio, pero no fue una suba uniforme. Los combustibles aumentaron 584 % y la electricidad 1.081 %. Transportes y comunicaciones 805 % y las de industrias y servicios 1.690 %. Esto fue lo único del programa BB que fue menos gradual.
Tarifas públicas deflactadas por IPC, enero de 1989 = 100. Fuente: de Pablo (2005: 358)
Dado que julio es el pico de la hiperinflación, al deflactar con precios al consumidor los precios de los servicios públicos, los aumentos no son tan exorbitantes como se ven nominalmente. El nivel general subió casi 700 % nominal en un mes pero solo 159 % real (deflactado). Todos los demás meses de 1989, previos y posteriores a esa suba, los precios reales de las tarifas bajaron.

(2) Política fiscal:
  • (a) Ingresos: predeciblemente, la rapiña estatal se incrementó. Se creó la “contribución solidaria” con alícuotas de 0,5 % y 2 % según el nivel de ingresos obtenidos en 1988 para financiar un programa de asistencia social. Se estableció un “gravamen de emergencia” (por única vez) de 4 % de los activos financieros (depósitos en moneda nacional indexados, bonos externos, títulos públicos Letras ajustables del Tesoro, etc.) existentes al 9 de julio de 1989. Regímenes de facilidades de pago. Se estableció por tres años un impuesto de 1 % a los activos de las sociedades y personas físicas radicados dentro del país (los del exterior quedaron exentos), salvo Tierra del Fuego. Un impuesto de 0,3 % a los débitos en cuenta corriente. Un impuesto de entre 1 % y 2,5 % según modelo y origen (nacional o importado) al valor de autos, yates y aviones. Un impuesto de 30 % (por única vez y no deducible del impuesto a las ganancias) sobre las utilidades de entidades financieras determinadas por el incremento patrimonial entre el 30 de septiembre de 1988 y el mismo día de 1989. Un impuesto del 6 % del resultado neto de la empresa por los servicios prestados de entidades financieras. Y varios impuestos más (de Pablo, 2005: 359). Probablemente el factor más importante fue que la caída inicial de la inflación por el programa económico afectó favorablemente la recaudación real.
  • (b) Gastos: también de forma anticipable, los gastos no bajaron. Se otorgó una asignación especial para jubilados y pensionados (equivalentes a 8,5 dólares mensuales) entre julio y agosto. Crearon “Bonos nacionales solidarios de emergencia” por un equivalente de 60 millones de dólares, los cuales eran personales y únicos para personas que acreditaran estar en estado de necesidad alimentaria siendo otorgados quincenalmente para adquirir productos en comercios adheridos al programa de emergencia. Se creó un régimen jubilatorio y de pensiones especial para personal de buques incapacitos durante la guerra de Malvinas (82 % de la remuneración de activo). Una pensión mensual, inembargable y vitalicia (equivalente a la pensión mínima) para madres de 7 hijos o más (de Pablo, 2005: 359-60). 
Como consecuencia, no hubo un ajuste fiscal en 1989. Todo lo contrario, el gasto público subió considerablemente en ese año como se ve a continuación:

Gastos totales, ingresos totales y déficit fiscal
del Sector Público Argentino, como porcentaje 

del PBI. Fuente: Ferreres (2010)
La oferta monetaria siguió creciendo desmesuradamente. Solo entre julio y noviembre de 1989 la base monetaria aumentó 31,8 % mensual y 162,6 % deflactada por precios mayoristas, M1 creció 37,4 % mensual y 210,2 % en el periodo deflactada por precios mayoristas. El M2 aumentó 28,1 % mensual 134,6 % en el periodo, deflactada por precios mayoristas (de Pablo, 2005: 362).

En resumen: el "plan BB" se basó en acuerdos y controles de precios (las que se llaman "políticas de ingreso"), fijación arbitraria del tipo de cambio mientras se expandía la oferta monetaria, aumentos de salarios por decreto y evitar hacer un ajuste fiscal creando nuevos impuestos y aumentando el gasto.

Como suele ser usual en este tipo de planes graduales, al principio parecía funcionar. La tasa de inflación baja enormemente en agosto de 1989 y se mantuvo bajando hasta noviembre. Solo cuatro meses duró el aparente "éxito" del programa. La euforia del nuevo gobierno y un leve cambio de expectativas ayudaron. Pero dado que no se tomó ninguna medida que realmente resuelva el problema monetario, la inflación volvió a asomar su cabeza en con el aumento de noviembre y luego abruptamente en diciembre.

La brecha entre el dólar oficial y paralelo fue casi cero los primeros meses del plan BB hasta fines de septiembre. Desde entonces, aumentó de manera sistemática, oscilando entre 40 % y 60 % desde mitad de noviembre (de Pablo, 2005: 353). El aumento de la brecha revelaba que desde comienzos de octubre se puso en duda la efectividad del esquema antihiperinflacionario (de Pablo, 2005: 372).

Como se ve en el gráfico, la hiperinflación no fue derrotada con el plan BB y continuó con mucha fuerza. Es verdad que la inflación mensual cayó debajo del 50 %, pero no se mantuvo en ese nivel por un año. Por ende, la hiperinflación no había acabado, sino que continuaba. Con la inflación y devaluación de diciembre de 1989, la hiper mostró que solo había estado "durmiendo" unos meses para volver nuevamente. Y ni siquiera estamos tomando en cuenta que el plan tampoco ayudó a detener la recesión que venía desde el segundo trimestre de 1988. El fracaso fue total, en términos de inflación y actividad (las reformas estructurales del Estado que se comenzaron a hacer son otro tema a analizar luego). Con la hiperinflación todavía en pie, con un dólar fijado a un precio absurdamente bajo (por ende, con una devaluación inminente), con pocas miras de salir de la recesión y con la renuncia de Rapanelli el 18 de diciembre de 1989; terminó la etapa del gradualista plan BB.





* No es que antes de eso estaba "todo normal". En abril los precios al consumidor subieron más de 33 % solo ese mes y en marzo un 17 % con respecto a febrero. Había una inflación monumental previa, pero usando el criterio de ">50 %" la hiper empieza en mayo.




Cagan, Phillip D. (1956) "The Monetary Dynamics of Hyperinflation". En Friedman, Milton Ed. (1956) Studies in the Quantity Theory of Money. Chicago: University of Chicago Press.

de Pablo, Juan C. (2005) La Economía Argentina en la segunda mitad del siglo XX. Tomo II. Buenos Aires: Editorial La Ley. 

Ferreres, Orlando J. (2010) Dos Siglos de Economía Argentina 1810-2010. Edición Bicentenario. Buenos Aires: El Ateneo y Fundación Norte y Sur.