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jueves, 26 de abril de 2018

DLC, pases de temporada, expansiones y micropagos: ¿La culpa es de las empresas?


Dentro de la comunidad de videojugadores, hoy en día es permanente escuchar quejas sobre que los juegos actuales ya no se venden “enteros” de salida. Es decir que, cuando un videojuego nuevo sale, ya no lo hace con todo el contenido incluido, sino “por partes”. Al ponerse un nuevo software en el mercado al precio estándar de salida, además, se suele anunciar que en un futuro se le agregará contenido extra por el que habrá que pagar adicionalmente. Lo que todos conocemos como DLC (downloadable content o contenido descargable), expansiones, pases de temporada e incluso las tan odiadas microtransacciones (pagar pequeñas cantidades de dinero real por extras dentro del videojuego que no vienen incluidas o son difíciles de desbloquear normalmente). La reacción común de la gente es directamente culpar a las empresas. Sin embargo, en un análisis profundo, ¿Son realmente las culpables de tener que realizar esta práctica por su avaricia? ¿O están forzadas a adaptar su negocio a factores externos? Desafortunadamente, la respuesta es un poco más complicada que simplemente quejarse de las compañías de videojuegos. Para saber si son o no las únicas culpables de esta práctica tan criticada, debemos comprender cómo reaccionan las empresas ante las circunstancias en las que vive la industria del videojuego. 

Primero hay que aclarar unos conceptos: ¿Qué es la inflación? La inflación es, en su definición estándar, el aumento constante (o sostenido) y generalizado de los precios de una economía durante un periodo de tiempo. En español simple significa que “todo aumenta todos los años”. ¿A qué se debe la inflación? A que la cantidad de dinero en sentido amplio en la economía aumenta constantemente en un periodo. ¿Quién hace aumentar la cantidad de dinero en sentido amplio? El Estado: principalmente el banco central orquestando, y los bancos comerciales siguiendo. Cuando el banco central decide aumentar la cantidad de dinero, se dice que se lleva a cabo una política monetaria laxa o expansiva. En resumen, la secuencia es: el banco central realiza una política monetaria laxa -> aumenta la cantidad de dinero -> hay inflación (los precios suben). 

Por Economía 101 sabemos que cuando se incrementa la oferta de dinero, los precios y costos nominales (permaneciendo igual todo lo demás) tienden a subir, aunque sin hacerlo al mismo tiempo ni en la misma proporción que el aumento de la cantidad de moneda. Los precios no se determinan de forma automática, sino que hay decisiones consientes detrás (tanto de oferentes como de demandantes). Y aquí viene una de las claves: para muchos empresarios, sobre todo los que se mueven en mercados cuya demanda es sensible al precio o “elástica” (las compras de los clientes y los ingresos totales de la empresa reaccionan mucho ante cambios de precio), que sus costos aumenten no significa que pueden simplemente subir el precio de los bienes y ya. Las empresas siempre tratan de establecer los precios que piden a un nivel tal que maximice sus beneficios, no ponen “el precio que sea o el que se les antoje”. Por encima de ese óptimo, las firmas estiman que sus ingresos disminuirían y, por ende, no lo suben más. Por lo tanto, para industrias con demanda previsiblemente sensible al precio, elevarlo implica perder ingresos y beneficios. 

Como demuestra la ciencia económica, dos estrategias son las principales (aunque hay otras menos relevantes) cuando los costos aumentan constantemente debido a un proceso inflacionario mientras al mismo tiempo el precio del producto final no lo hace: (1) disminuir la cantidad del producto y (2) disminuir la calidad del producto. También es posible alguna combinación de ambas. 

El punto (1) significa reducir la cantidad del producto manteniendo su precio nominal igual. Por ejemplo, un paquete de galletas de 12 unidades se vende a $12. Ello significa que cada galleta vale $1 (precio ajustado por cantidad = precio nominal/cantidad). Ante el hecho de no poder subir el precio del paquete mientras está sufriendo subas de costos, la empresa puede empezar a venderlo (advirtiendo con más o menos claridad) conteniendo solo 10 galletas. Luego de eso, cada galleta ahora vale $1,2. El precio nominal del paquete de galletas no cambió (sigue siendo $12) pero el precio efectivo sí lo hizo (aumentó desde $1 a $1,2). Los clientes seguirán comprando su paquete de galletas a $12 como antes, aun cuando ahora solo tenga 10 galletas. 

¿Por qué las compañías adoptan esta práctica? La reducción de cantidad sin subir el precio es un intento por parte de las empresas de mantener los beneficios cuando se enfrentan a clientes sensibles al precio mientras ven subir sus costos monetarios. Pero noten que esto no ocurre únicamente por “la infinita avaricia” de los empresarios, sino debido al incremento de la cantidad de dinero y, por ende, a la suba de precios y costos. A causa de esos aumentos, el empresario debe perder tiempo, dinero y recursos escasos ideando estrategias para hacer menores empaques de forma poco obvia. 

En otras palabras, debido a la política monetaria laxa del banco central, los costos dinerarios están subiendo. Pero al mismo tiempo el empresario sabe que se enfrenta a una demanda que reaccionará mucho (dejarán de comprar considerablemente) si eleva el precio del producto y sus ingresos totales caerán. Las empresas se encuentran entre la espada y la pared. Es la inflación lo que induce a los empresarios a adoptar este comportamiento dada la estructura de su demanda. Las prácticas generalizadas de reducir la cantidad o calidad de los productos para venderlo al mismo precio no son el resultado de “la voluntad codiciosa o de la avaricia desenfrenada de las empresas”, sino que ello es el producto de su esfuerzo de permanecer en el negocio en un entorno inflacionario y además competitivo. En lugar de ofrecer mayor cantidad de producto o de mejor calidad al mismo precio, la inflación (causada por el Estado) instiga a los empresarios a invertir sus escasos recursos monetarios, trabajo y tiempo para hacer que pase desapercibido el incremento del precio efectivo por la reducción de la cantidad o calidad. La inflación provoca que se bajen costos vía reducción de gasto en inversión e innovación que beneficia a los consumidores. 

Pero ahora viene la pregunta: ¿Qué tiene que ver todo esto con los videojuegos y los contenidos extra? Seguramente el lector atento ya estará intuyendo la respuesta. 

Hay que recordar que los videojuegos no son productos de necesidad. Es decir que son lo que suele llamarse “bienes de lujo”, su consumo no es absolutamente necesario para la vida o salud. Adicionalmente, los videojuegos compiten con muchas otras formas de actividades para disfrutar el tiempo de ocio (leer, ver series, el cine, TV cable, etc.). Todo ello hace que la demanda de videojuegos sea muy sensible (“elástica”) a modificaciones de precio. Como ya se aclaró, esto quiere decir que cambios de determinada proporción en el precio pueden ocasionar una reacción en los ingresos totales de la empresa de mayor proporción. La mejor prueba de ello son los enormes descuentos (pueden ir de 20 % a 90 %) en videojuegos que se suelen ver en plataformas digitales o en las versiones físicas. Incluso se pueden observar descuentos de 50 % o 60 % en juegos con unos pocos meses en el mercado. Hace años el presidente de Valve, Gabe Newell, contaba en una entrevista que experimentaron realizar un muy promocionado descuento de 75 % sobre un determinado videojuego en su plataforma llamada Steam. Para sorpresa incluso de ellos, sus ingresos totales por ese juego se multiplicaron por 40 (!). Por otro lado, en Suecia, una tienda online de venta de juegos bajó sus precios un 75 % y vio sus unidades vendidas aumentar un increíble 5.500 %, así como sus ingresos totales incrementarse un 1.300 %.

Además, hay que tomar en cuenta que, en Estados Unidos, así como en Europa también, ha habido una notable inflación de precios y costos (causada por el banco central) desde mitad de los 90s hasta hoy

Por lo tanto, tenemos en la industria del videojuego las características esenciales del contexto que describimos anteriormente de forma general: inflación de precios y costos que repercute sobre empresas que se desenvuelven en un mercado competitivo. Veamos unos datos para comprenderlo mejor. 

Usando el trabajo de Jonathan Gitlin en el sitio Arstechnica, tenemos un buen aproximado del precio nominal de los videojuegos de consola nuevos en disco desde 1996 hasta 2013. Desde 2013 en adelante, simplemente coloqué el que es, hasta hoy mismo, el precio estándar de los grandes lanzamientos: 59.99 dólares.


Como se ve, si tomamos de punta (1996) a punta (2017), el precio de los videojuegos prácticamente no ha cambiado. Pagabas, en general, casi 60 dólares en 1996 por tus juegos de PlayStation 1 y Saturn tal y como lo haces hoy en 2017 por los de PlayStation 4 y Xbox One. Siempre recuerden que estos son precios nominales, no se toma en cuenta la inflación, porque lo que nos interesa es ver cómo han variado a lo largo del tiempo lo precios que los consumidores ven en el mostrador. La competencia los hizo caer a lo largo de la segunda mitad de los 90s. Pero, en promedio, prácticamente los precios (nominales) de los videojuegos se han mantenido constantes.

Para mostrar que detrás del proceso inflacionario está un incremento en el circulante, a continuación, se muestra cómo ha evolucionado la oferta de dinero amplia en Estados Unidos (usando los agregados monetarios MZM, M1 y M2). Cualquiera sea el agregado que tomemos, claramente ha habido un aumento significativo desde 1996.


Para medir aproximadamente cómo aumentó el precio de lo que pagan los consumidores por los demás productos, se usa el índice de precios al consumidor (IPC) e igualmente para los mayoristas se usa el índice de precios mayoristas (IPM). Reflejando el hecho de que los costos laborales en general también aumentaron, se usa el índice de costo de empleo, que mide cuánto pagan las empresas en salarios más beneficios (vacaciones pagas, horas extras, seguros de vida o trabajo, aportes patronales, etc.) a los trabajadores del sector privado. Al hablar de precios en dólares, obviamente, estos son datos de Estados Unidos.


Para simplificar la exposición, he hecho que todas las series de datos comiencen en valor 100 en 1996 (a excepción del costo de empleo, el cual empieza en 100 en 2001 porque recién desde ese año arrancan sus valores).

Claramente pueden notar que entre 1996 y 2017 los precios de los videojuegos se mantuvieron prácticamente constantes (aumentaron casi 0 %) mientras los precios del consumidor, así como mayoristas, crecieron aproximadamente 56 % y 52 % respectivamente. Al mismo tiempo, solo entre 2001 y 2017, los costos salariales totales (salarios + beneficios) de las empresas privadas crecieron un 46 % (es seguro que, si pudiéramos tomar desde 1996, el aumento sería todavía mayor). Está más que claro que los videojuegos, en general, mantuvieron sus precios nominales casi sin cambios en una era fuertemente inflacionaria.

De hecho, si los videojuegos hubiesen subido como aumentaron los precios al consumidor entre 1996 y 2017, hoy estarían en aproximadamente 94 dólares. ¿Les parece muy caro? Pues el reciente Dragon Ball FighterZ vale prácticamente eso (está a 95 dólares) en su versión completa digital, así como el todavía más actual Far Cry 5 que cuesta 90 dólares con todo su contenido. En resumen, si sumamos todo, los videojuegos completos ya han subido de precio. El hecho de que, para muchos, leer esto sea una sorpresa o les suene extraño es una de las razones por las que las compañías deciden no hacer completamente explícito el aumento.

En conclusión, la política monetaria laxa de los bancos centrales ha causado una notable inflación en las últimas décadas. Debido a eso, solo en Estados Unidos, precios y costos han subido considerablemente desde 1996. Al mismo tiempo, las empresas productoras de videojuegos sufren el fenómeno inflacionario mientras se desenvuelven en un mercado cuyos clientes son muy sensibles a cambios de precio. Dada la estructura de su demanda, la inflación causada por el banco central indujo a las empresas a adoptar la táctica de reducir la cantidad de contenido de los videojuegos de salida mientras mantienen el precio. Antes obteníamos el software completo de salida a 60 dólares, actualmente y a causa de la inflación obtenemos el software menos cierta cantidad de contenido pagando lo mismo. Tal y como ocurría en el ejemplo del paquete de galletas que pasaba de tener 12 a 10 unidades manteniendo el precio, hoy
en los videojuegos se pasó de tener juegos completos de salida pagando 60 dólares a que salga el juego base a ese precio histórico más el resto en forma de onerosos DLC, expansiones o micropagos. Recibimos menos cantidad de (contenido de) videojuego pagando lo mismo.

Por
último, no voy a negar que detrás de la suba de costos de producción de videojuegos (sobre todo salariales y de cantidad de empleados) puede haber factores reales. Después de todo, la expansión de la industria del videojuego ha sido enorme las últimas décadas. Cuando una determinada rama de la producción promete una tasa de rentabilidad mayor a la de otros sectores, ceteris paribus, aumenta la inversión en ese sector (mientras se tiende a “desinvertir” en sectores de menor tasa) y, consecuentemente, el precio de los factores no específicos complementarios de producción también lo hace. Pero la caída del precio de los equipos informáticos, así como de los costos de distribución por la vía de descarga digital, puede, a pesar de la inflación, compensar en cierta parte la suba de costos de personal en el desarrollo de juegos. Sin embargo, es un hecho que la inflación importante que ha sufrido Estados Unidos desde 1996 es un factor que afecta a todas las industrias, incluida la del videojuego.

La causa de estas prácticas va mucho más allá de la visión superficial general de unas malvadas empresas avaras que explotan al pobre jugador. Detrás del telón, se esconde el origen principal de los problemas: el Estado.

sábado, 23 de abril de 2016

La muerte de la hiperinflación argentina: el decreto 435/90


Ya vimos que el plan gradual inicial de Menem fracasó. En enero de 1990 nuevamente surgen tasas mensuales superiores a 50 % y, por ende, la hiperinflación no había muerto. Luego del hundimiento de su gradualismo en los primeros meses, la economía argentina nuevamente se movía hacia el abismo en el fin de 1989 y los dos primeros meses de 1990. Menem tuvo entonces que emplear el shock para, por fin, enfrentar la situación extrema.

"Pensamos hacer un plan gradual y nos salió de shock" dijo un integrante del equipo económico (de Pablo, 2005: 390). Un día domingo, el 4 de marzo de 1990, Menem y su ministro de economía Erman Gonzalez, lanzan la ofensiva antiinflacionaria definitiva: el decreto 435/90. Acá les paso solo 4 artículos del mismo:

Artículo 1° — El Banco Central de la República Argentina, no podrá directa ni indirectamente, financiar el déficit operativo del Tesoro Nacional a partir de la entrada en vigencia del presente Decreto.
Artículo 2° — El Banco Hipotecario Nacional cesará su operatoria minorista a partir del 5 de marzo de 1990. El Banco de la Nación Argentina se hará cargo de la cartera activa y pasiva del Banco Hipotecario Nacional.
Artículo 3° - Decláranse de plazo vencido a la fecha de vigencia del presente Decreto las deudas de todas las entidades financieras con el Banco Central de la República Argentina por préstamos y toda otra modalidad de asistencia financiera otorgada por éste a aquéllas…
Artículo 7° — El Banco Central de la República Argentina no podrá realizar operación alguna de redescuento ni toda otra que implique expansión monetaria directa ni indirecta sin autorización previa expresa del Ministro de Economía.

Estas medidas también se conocieron como el "plan Erman III". Es poco usual algo tan claro y tan directo desde el vamos como lo expresado en el Artículo 1°. De entrada se atacó la raíz del problema: la expansión monetaria para financiar el déficit del gobierno. No hay dudas de la naturaleza de "shock" del programa. Como consecuencia, la hiperinflación llegó a su fin inmediatamente luego de firmarse el decreto. En el siguiente gráfico se señala el mes en que se firmó el decreto 435/90, el mes en que implementó la ley de convertibilidad, se muestra la inflación mensual del IPC y además agrego la inflación mensual de los precios mayoristas (Indice de precios internos al por mayor o IPIM) para mayor rigurosidad:

Tasa de inflación mensual del IPC e IPIM
de Argentina, 1988-1991. Fuente: INDEC

Recuerden que la hiperinflación termina el mes previo a que la inflación mensual caiga debajo del 50 % y permanezca allí por un año. Por ende, la hiperinflación argentina acabó el mismo mes en que se firmó el decreto 435/90 y se decidió terminar con la expansión monetaria para financiar el déficit gubernamental (y del banco central). Un año luego de marzo de 1990, la inflación mensual se mantuvo todos los meses muy por debajo del 50 % mensual.  

Hay otra conclusión interesante y que va en contra de lo que la inmensa mayoría de la gente cree: en términos de la definición estricta de hiperinflación y en términos de las medidas concretas que lo lograron, la hiperinflación argentina terminó gracias al decreto 435/90 y no debido a la ley de convertibilidad. Para cuando la convertibilidad se impuso, en marzo de 1991, la hiperinflación ya había casi muerto (un año sin inflación mensual de 50 % partiendo del mes en el que bajó de ese porcentaje). No estoy diciendo para nada que la convertibilidad no ayudó a combatir la inflación, nadie serio diría eso. De hecho, observen como su introducción en marzo de 1991 ayudó a detener un rebrote inflacionario entre enero y febrero producto de la suba de las tasas de expansión monetaria mensual a fines de 1990 (ver los gráficos de abajo) y de la expansión monetaria de febrero causada por Cavallo al pagarle a los proveedores del Estado. Pero el "mérito" de acabar solo con la hiperinflación es más de Erman Gonzalez que de Domingo Cavallo, si se quiere saber qué ministro de economía lo logró. 

La inflación interanual también comprueba como la hiperinflación comienza la retirada inmediatamente luego del decreto:

Tasa de inflación anual del IPC e IPIM 
de Argentina, 1988-1991. Fuente: INDEC

¿Fue magia? ¿Acaso el Estado puede combatir una hiperinflación "por decreto"? Claro que no. Solo las acciones concretas y correctas logran resultado. Ese combate definitivo contra la hiperinflación se ganó porque se redujo considerablemente la cantidad de dinero que se emitía, como se ve a continuación:

Tasa de variación anual de agregados monetarios 
de Argentina, 1988-1991. Fuente: BCRA

Observen como luego del decreto 435/90 la tasa a la que crecen la oferta monetaria más restringida (base monetaria y circulación monetaria) y la oferta monetaria más amplia (M1, M2 y M3) cae brutalmente. Atención a esto: no es que se contrajo el stock de moneda. La cantidad de dinero seguía creciendo, pero la tasa (interanual) a la que lo hacía disminuyó considerablemente. También se comprueba si vemos la variación mensual:

Tasa de variación mensual de agregados monetarios 
de Argentina, 1988-1991. Fuente: BCRA

Luego del decreto por el que se deja de financiar al gobierno imprimiendo dinero, la tasa de variación mensual de todas las medidas elegidas de oferta monetaria se reducen considerablemente y lo hacen por varios meses. 

En meses posteriores al decreto 435/90 el sector público deja de ser un factor preponderante entre los que expanden la base monetaria, tal y como fue durante 1989.

Factores de expansión de la base monetaria
de Argentina, 1989-1990. Fuente: BCRA

Para entender el gráfico de arriba se debe tener en cuenta que la base monetaria tiene factores que la expanden (hacen que aumente) o la contraen (hacen que disminuya). Supongan que la base monetaria pasa de 100 en enero a ser 300 en febrero, por ende, la base varió en 200 de un mes para el otro. Supongamos además que hay solo dos factores y uno expandió la base en 300 (llevándola a estar en 400) mientras el otro factor la contrajo en -100 (llevándola a estar en 300). Los 200 que varió la base son el resultado neto de sumar 300 y restar 100 a los 100 de base inicial. Si dividimos los 300 del factor que expandió en los 200 que varió la base, nos da 150 %. Y si dividimos los -100 del factor que contrajo nuevamente en los 200 que varió la base, nos da -50 %. Esos porcentajes son los que aparecen en el gráfico.  

Adicionalmente, con el decreto 435/90 se realiza un importante ajuste fiscal.

Gastos totales, ingresos totales y resultado financiero del
Sector Público Argentino en porcentaje del PBI. Fuente: Ferreres (2010)

El gasto público total del Sector Público Argentino medido como porcentaje del PBI pasa del 38% en 1989 a 31 % en 1990. Gracias a todo eso, la economía por fin empezó a reaccionar:

PBI real trimestral, 1987-1991. Fuente: Martínez (1999

Observen que luego del primer trimestre de 1990 (que engloba enero, febrero y marzo, este último mes es cuando se firma el decreto 435), la economía comienza a salir de la recesión que venía desde el segundo trimestre de 1988.

No hay espacio en este post para analizar el déficit cuasifiscal del BCRA que también contribuyó a la expansión monetaria y, por ende, a la hiperinflación y que se combatió en parte con otra medida previa: el Plan bonex en enero de 1990. 

En conclusión, este caso histórico ilustra que la forma de resolver definitivamente el problema de la inflación y la hiperinflación (que no es otra cosa que una inflación severa) en Argentina, fue parar de emitir tanto. Ya sea para financiar al gobierno o para financiar la deuda del banco central, la excusa es irrelevante. El gradualismo no funcionó, fue un shock severo de medidas adecuadas lo que resolvió el problema.








de Pablo, Juan C. (2005) La Economía Argentina en la segunda mitad del siglo XX. Tomo II. Buenos Aires: Editorial La Ley. 

Ferreres, Orlando J. (2010) Dos Siglos de Economía Argentina 1810-2010. Edición Bicentenario. Buenos Aires: El Ateneo y Fundación Norte y Sur.

Martínez, Ricardo G. (1999) "Recopilación de series históricas del producto y del ingreso". LC/BUE/R.242. Buenos Aires: CEPAL.

jueves, 21 de abril de 2016

El fracaso gradualista de Menem


Carlos Menem asume la presidencia de Argentina en julio de 1989. Lo hizo varios meses antes de lo previsto debido a que una hiperinflación se había desatado, sumada a la recesión que venía desde hacía un año y a un caos social muy importante. Ello provocó que el presidente anterior, Raúl Alfonsín, renunciara.

Pero empecemos con lo básico: ¿Cómo medimos una hiperinflación?

Siguiendo la definición clásica de Cagan (1956), una hiperinflación comienza en el mes en que la suba de precios excede el 50 % respecto del mes anterior. Es decir, cuando la inflación mensual es de más de 50 %, ha iniciado la hiperinflación. Y termina el mes previo a que la suba mensual de precios caiga por debajo de 50 % y permanezca así por lo menos un año. Cuando hablamos de "los precios" la medida standard es el Indice de Precios al Consumidor (IPC). Veamos ahora la inflación mensual de Argentina entre 1988 y 1991:

Tasa de inflación mensual según IPC
de Argentina, 1988-1991. Fuente: INDEC
La línea roja en al gráfico delimita el 50 % mensual de inflación. Por encima de ella, estamos en hiper. Estrictamente hablando, la hiperinflación argentina comienza en mayo de 1989*. En ese mes la suba del IPC fue 78,5 % mayor que la del mes anterior. Para que nos demos una idea de cómo es la situación, los precios subieron más de 78 % solo de un mes para el otro. 

Sin embargo, eso fue solo el precalentamiento. Un mes más tarde, en junio, esos precios (que ya habían subido brutalmente de un mes a otro) volvieron a aumentar. Esta vez, un inconcebible 114,5 % únicamente entre mayo y junio. Pero todavía faltaba el plato principal.

En julio de 1989 los precios se incrementaron 196,6 % respecto al mes de junio. Y recuerden que en junio los precios ya habían subido inmensamente. Imaginen lo que es que, a partir de un nivel ya aumentó 114 % hace un mes, los precios suban ahora otro 197 % adicional. La hiperinflación argentina en ese momento está en su climax. Es entonces cuando el presidente Raúl Alfonsín renuncia y asume anticipadamente el recientemente electo Carlos Menem

Luego de la salida anticipada de Alfonsín y en medio de la hiperinflación, Menem inicia su gestión con el llamado “Plan Bunge y Born” o “Plan BB”. Iniciado por Miguel Roig, el plan continuó con Néstor Rapanelli porque Roig murió a los cinco días de asumir. Por supuesto, uno de los objetivos inmediatos del plan es un ataque contra la suba masiva de precios. Las medidas para ello fueron (de Pablo, 2005: 351-75):

(1) Controles directos de precios:
  • (a) Fijar el tipo de cambio: un día después de asumir Menem, el BCRA saca la comunicación 1.482 que dice que fijaría diariamente el tipo de cambio. Se devaluó y se fijó inicialmente un precio del dólar artificialmente depreciado a 655 australes (¡un valor nominal en ese momento incluso más elevado que el paralelo!) sin determinar ningún plazo. No pudieron defender demasiado ese valor de dólar, para diciembre el oficial ya estaba en 1.010 australes y el paralelo en 1.540, una brecha con el mismo nivel pre devaluación. Desdoblaron el mercado oficial cambiario, en uno el BCRA tenía un dólar fijado diariamente y en el otro era oferta y demanda.
  • (b) Aumentos salariales por decreto: se convocó por decreto de forma urgente a convenios colectivos de trabajo para fijar remuneraciones del tercer trimestre aclarando que si los precios subían más de 15 % podrían volver a convocar paritarias para el periodo siguiente. Se acordaron aumentos de entre 160 % y 191 %. Se saco otro decreto creando una asignación especial no remunerativa de 8 mil australes (12,3 dólares). Un posterior decreto aumentó los salarios del sector público un 175 %.
  • (c) Acuerdos y congelación de precios: un día después de asumir Menem, 9 de julio, Comercio Interior congeló los precios al 3 de julio. Además fijaba (arbitrariamente, claro) cual sería el criterio para modificarlos. El 17 de julio se firma un documento entre el gobierno y 185 empresas y corporaciones acordando fijar los precios y no modificarlos de ahí en más mientras el gobierno mantuviera el tipo de cambio y las tarifas en sus valores actuales y la tasa de interés en línea con esas variables. En septiembre de volvieron a congelar los precios y los alquileres.
  • (d) Aumentos de tarifas: el nivel general subió 688 % solo en julio, pero no fue una suba uniforme. Los combustibles aumentaron 584 % y la electricidad 1.081 %. Transportes y comunicaciones 805 % y las de industrias y servicios 1.690 %. Esto fue lo único del programa BB que fue menos gradual.
Tarifas públicas deflactadas por IPC, enero de 1989 = 100. Fuente: de Pablo (2005: 358)
Dado que julio es el pico de la hiperinflación, al deflactar con precios al consumidor los precios de los servicios públicos, los aumentos no son tan exorbitantes como se ven nominalmente. El nivel general subió casi 700 % nominal en un mes pero solo 159 % real (deflactado). Todos los demás meses de 1989, previos y posteriores a esa suba, los precios reales de las tarifas bajaron.

(2) Política fiscal:
  • (a) Ingresos: predeciblemente, la rapiña estatal se incrementó. Se creó la “contribución solidaria” con alícuotas de 0,5 % y 2 % según el nivel de ingresos obtenidos en 1988 para financiar un programa de asistencia social. Se estableció un “gravamen de emergencia” (por única vez) de 4 % de los activos financieros (depósitos en moneda nacional indexados, bonos externos, títulos públicos Letras ajustables del Tesoro, etc.) existentes al 9 de julio de 1989. Regímenes de facilidades de pago. Se estableció por tres años un impuesto de 1 % a los activos de las sociedades y personas físicas radicados dentro del país (los del exterior quedaron exentos), salvo Tierra del Fuego. Un impuesto de 0,3 % a los débitos en cuenta corriente. Un impuesto de entre 1 % y 2,5 % según modelo y origen (nacional o importado) al valor de autos, yates y aviones. Un impuesto de 30 % (por única vez y no deducible del impuesto a las ganancias) sobre las utilidades de entidades financieras determinadas por el incremento patrimonial entre el 30 de septiembre de 1988 y el mismo día de 1989. Un impuesto del 6 % del resultado neto de la empresa por los servicios prestados de entidades financieras. Y varios impuestos más (de Pablo, 2005: 359). Probablemente el factor más importante fue que la caída inicial de la inflación por el programa económico afectó favorablemente la recaudación real.
  • (b) Gastos: también de forma anticipable, los gastos no bajaron. Se otorgó una asignación especial para jubilados y pensionados (equivalentes a 8,5 dólares mensuales) entre julio y agosto. Crearon “Bonos nacionales solidarios de emergencia” por un equivalente de 60 millones de dólares, los cuales eran personales y únicos para personas que acreditaran estar en estado de necesidad alimentaria siendo otorgados quincenalmente para adquirir productos en comercios adheridos al programa de emergencia. Se creó un régimen jubilatorio y de pensiones especial para personal de buques incapacitos durante la guerra de Malvinas (82 % de la remuneración de activo). Una pensión mensual, inembargable y vitalicia (equivalente a la pensión mínima) para madres de 7 hijos o más (de Pablo, 2005: 359-60). 
Como consecuencia, no hubo un ajuste fiscal en 1989. Todo lo contrario, el gasto público subió considerablemente en ese año como se ve a continuación:

Gastos totales, ingresos totales y déficit fiscal
del Sector Público Argentino, como porcentaje 

del PBI. Fuente: Ferreres (2010)
La oferta monetaria siguió creciendo desmesuradamente. Solo entre julio y noviembre de 1989 la base monetaria aumentó 31,8 % mensual y 162,6 % deflactada por precios mayoristas, M1 creció 37,4 % mensual y 210,2 % en el periodo deflactada por precios mayoristas. El M2 aumentó 28,1 % mensual 134,6 % en el periodo, deflactada por precios mayoristas (de Pablo, 2005: 362).

En resumen: el "plan BB" se basó en acuerdos y controles de precios (las que se llaman "políticas de ingreso"), fijación arbitraria del tipo de cambio mientras se expandía la oferta monetaria, aumentos de salarios por decreto y evitar hacer un ajuste fiscal creando nuevos impuestos y aumentando el gasto.

Como suele ser usual en este tipo de planes graduales, al principio parecía funcionar. La tasa de inflación baja enormemente en agosto de 1989 y se mantuvo bajando hasta noviembre. Solo cuatro meses duró el aparente "éxito" del programa. La euforia del nuevo gobierno y un leve cambio de expectativas ayudaron. Pero dado que no se tomó ninguna medida que realmente resuelva el problema monetario, la inflación volvió a asomar su cabeza en con el aumento de noviembre y luego abruptamente en diciembre.

La brecha entre el dólar oficial y paralelo fue casi cero los primeros meses del plan BB hasta fines de septiembre. Desde entonces, aumentó de manera sistemática, oscilando entre 40 % y 60 % desde mitad de noviembre (de Pablo, 2005: 353). El aumento de la brecha revelaba que desde comienzos de octubre se puso en duda la efectividad del esquema antihiperinflacionario (de Pablo, 2005: 372).

Como se ve en el gráfico, la hiperinflación no fue derrotada con el plan BB y continuó con mucha fuerza. Es verdad que la inflación mensual cayó debajo del 50 %, pero no se mantuvo en ese nivel por un año. Por ende, la hiperinflación no había acabado, sino que continuaba. Con la inflación y devaluación de diciembre de 1989, la hiper mostró que solo había estado "durmiendo" unos meses para volver nuevamente. Y ni siquiera estamos tomando en cuenta que el plan tampoco ayudó a detener la recesión que venía desde el segundo trimestre de 1988. El fracaso fue total, en términos de inflación y actividad (las reformas estructurales del Estado que se comenzaron a hacer son otro tema a analizar luego). Con la hiperinflación todavía en pie, con un dólar fijado a un precio absurdamente bajo (por ende, con una devaluación inminente), con pocas miras de salir de la recesión y con la renuncia de Rapanelli el 18 de diciembre de 1989; terminó la etapa del gradualista plan BB.





* No es que antes de eso estaba "todo normal". En abril los precios al consumidor subieron más de 33 % solo ese mes y en marzo un 17 % con respecto a febrero. Había una inflación monumental previa, pero usando el criterio de ">50 %" la hiper empieza en mayo.




Cagan, Phillip D. (1956) "The Monetary Dynamics of Hyperinflation". En Friedman, Milton Ed. (1956) Studies in the Quantity Theory of Money. Chicago: University of Chicago Press.

de Pablo, Juan C. (2005) La Economía Argentina en la segunda mitad del siglo XX. Tomo II. Buenos Aires: Editorial La Ley. 

Ferreres, Orlando J. (2010) Dos Siglos de Economía Argentina 1810-2010. Edición Bicentenario. Buenos Aires: El Ateneo y Fundación Norte y Sur.

domingo, 3 de enero de 2016

El 2003-2007 nunca fue sostenible


Los cimientos básicos del llamado “modelo K” ya se plantaron con el gobierno previo de Eduardo Duhalde por lo que, desde el punto de vista económico, lo correcto sería hablar del periodo 2002-2007. Pero en este post nos concentraremos solo en los herederos de la devaluación inflacionaria post-convertibilidad: los Kirchner. El periodo económico del kirchnerismo suele ser dividido en, como mínimo, dos partes: una es lo que podemos llamar el “milagro” o “Kirchner I” y va desde 2003 hasta 2007. El resto de años 2008-2015 pueden, a su vez, ser cortados en otros periodos (casi con seguridad el 2011 y el control de cambios conocido como “cepo” es otra división obligatoria).

La historia oficial, que comparten muchos kirchneristas y no-kirchneristas, establece que el periodo de auge 2003-2007 iba bien, era sólido y pudo ser sostenible con las medidas adecuadas. Lamentablemente, el mismo gobierno que encausó ese boom económico comenzó a tomar malas decisiones desde 2008. Por lo que no importa lo mal que termine el gobierno kirchnerista y, de hecho, terminó bastante mal, siempre será posible señalar al periodo 2003-2007 como lo que pudo haberse mantenido y lo bueno que habría sido el no desviarse de ese camino. Para muchas personas que comparten la creencia de que el Estado debe intervenir para ayudar a la economía de un país, es muy difícil defender hoy en día muchas decisiones de los Kirchner. Pero no dudan en señalar al periodo 2003-2007 como algo "rescatable".

Veremos, de manera simple aunque un poco extensa, que la “epopeya” kirchnerista jamás fue realmente sostenible.

Como ya analizamos antes, la devaluación no necesariamente mejora la productividad del país que la realiza. Así ocurrió en Argentina luego de la devaluación de enero de 2002: la productividad de la nación no cambió. La productividad total de los factores (PTF) representa las mejoras en el ahorro de costos medios de producción que no se deben a la sustitución de factores productivos más caros por otros más baratos debido a un cambio de precios relativos de esos factores. A pesar de ser un concepto mainstream, criticado y no utilizado por la Escuela Austriaca en general; es, en mi opinión, la forma más seria hasta ahora realizada para observar el comportamiento de la productividad de la economía en este país. Las alternativas supuestamente “heterodoxas” dejan bastante que desear. En palabras simples: “es lo que hay”.

Las ganancias de PTF “son un factor clave de la competitividad endógena de una firma, sector o país” (Coremberg, 2013). Por ejemplo, la productividad laboral puede aumentar porque se incrementa 1) la cantidad o calidad de (bienes de) capital por trabajador bien invertido (más y mejores maquinas, herramientas, equipos, infraestructura), 2) la calidad de la mano de obra o 3) la PTF que reúne un conjunto de fenómenos que permiten aumentar la producción independientemente de la acumulación y uso de factores (Coremberg, 2013). Es decir que sin aumentar la cantidad y calidad de factores, usando “los que hay”, pueden ser más productivos si están mejor organizados, complementados, asignados, si realizan economías de escala, etc.


Productividad Total de los Factores
ajustada y no ajustada. Fuente: Coremberg, 2014

Dados los cálculos disponibles (Coremberg, 2014) y en el caso más favorable al "modelo", la PTF sin hacer ajustes por capacidad utilizada y calidad de mano de obra, la productividad argentina no cambió con respecto al máximo la década pasada. Por otro lado, las ganancias de productividad sostenibles en el largo plazo una vez que se descuentan los efectos de recuperación (PTF ajustada), claramente muestran un decrecimiento (Coremberg, 2013) respecto al máximo de los 90s. EL nivel de la productividad argentina no ha superado el máximo de 1998. Ello quiere decir que la política del tipo de cambio “competitivo” en su mejor momento solo tuvo un efecto de corto plazo (gracias a los factores ociosos heredados de la crisis: la utilización del capital e intensidad laboral), jamás mejoró las variables reales de rendimiento de largo plazo de la economía argentina. La productividad de Argentina sigue siendo, como máximo, la misma. Y dado que la mejora competitiva no estaba basada en una mejora real sino en una perturbación monetaria, la reversión era inevitable y llegaría tarde o temprano. No debería extrañar que hacia fines de 2007 algunos indicadores de actividad económica se comienzan a estancar y ya en 2008 pierden el gran impulso que tenían desde aproximadamente mitad de 2002. El crecimiento extraordinario, pero no inédito (solo por dar un ejemplo: en 1991-1994, 1996 y 1997 también hubo “tasas chinas” de crecimiento anual del PBI como en otros periodos), del periodo 2003-2007 no era sostenible. 

Adicionalmente al factor de productividad, el volumen de comercio externo (al igual que el interno) depende en última instancia de diferenciales de precios que lo hagan rentable. El tipo de cambio, en este caso del peso y el dólar, está determinado en definitiva por el poder adquirido de la unidad de cada clase de dinero también conocido como la paridad del poder adquisitivo (Mises, 1912: 250-51; Rothbard, 1962: 828-31; Salerno, 1994a; 1994b). La devaluación (impulsada por expansión monetaria) solo puede perturbarla por un tiempo, pero se revertirá y tenderá al nivel que tenga ella de nuevo. Con lo cual los movimientos y los supuestos “beneficios” del periodo de ajuste solo son transitorios y aparentes

Ahora que sabemos que la productividad argentina no cambió, debemos preguntar ¿Cómo se sostuvo el tipo de cambio más alto de lo que debió haber estado? La respuesta simple es: emitiendo pesos.

Factores de explicación de la Base Monetaria. Fuente: BCRA

Recuerden que la oferta de Base Monetaria es lo que puede influenciar directamente el banco central (aunque los bancos comerciales, y las actitudes de sus clientes, también pueden influir). Como se observa arriba, entre 2003 y 2007 el principal factor de expansión de la base monetaria fue la compra de divisas para mantener el dólar artificialmente alto o lo que es lo mismo, el peso artificialmente devaluado.

Balanza comercial, en miles de dólares corrientes. Fuente: INDEC

Predeciblemente, ello provocaba que temporalmente las importaciones se encarezcan y las exportaciones se abaraten, impulsando superávits de balanza comercial. Noten que en el 2002, el año de la devaluación, las exportaciones en dólares no aumentaron sino que cayeron un poco y el superávit extraordinariamente alto se logró únicamente porque las importaciones se destruyeron. Ese superávit provocaba una entrada de divisas (un aumento de la oferta de dólares) que empujaba hacia abajo el precio del dólar en pesos. Esa revaluación del peso debió ser contrarrestada por el banco central emitiendo y comprando dólares (de paso, aumentaba sus reservas). El propio gobierno confesaba que si no emitía para comprar dólares el precio de este “bajaría hasta los $2,30”.

El banco central emitía pesos para comprar dólares (gran parte se los “compraba” a exportadores a los cuales obligaba por ley penal cambiaria a vendérselos), lo cual aumenta la base monetaria (como la aumenta la compra de otros activos por parte del banco central). Dado que todos en el banco central saben, aun cuando ridículamente lo nieguen en público, que esa gran emisión de pesos (que son un pasivo del central) tendría efectos inflacionarios, decidieron esterilizar (sacar de circulación pesos emitidos) buena parte de esa expansión con operaciones de mercado abierto. Es decir, vendiendo títulos de deuda, que también son un pasivo, del banco central con el sistema financiero (letras llamadas LEBAC y notas llamadas NOBAC. Por supuesto, todas pagan una tasa de interés y tienen plazos cortos y medianos respectivamente) y con operaciones de pase pasivo como hizo en gran parte durante 2003 y 2004. Entre ambas daban más de 80 % del total esterilizado (ver el gráfico de "factores de explicación de la base monetaria"). En 2005 y 2006, a medida que creció la liquidez, los bancos comenzaron a devolver la deuda contraída durante la crisis, por lo que el banco central necesitó esterilizar mucho menos con títulos y pases de lo que hubiera tenido que hacer sin esa devolución del sistema bancario. Los títulos y pases pasaron a ser solo el 57 % y 32 % del total esterilizado en 2005 y 2006 respectivamente. Además el banco central lanzó un programa en 2005 para acelerar la amortización de la deuda de los bancos con él (Frenkel y Rapetti, 2008). En 2007 los pases y títulos vuelven a ser preponderantes en la esterilización.

Sin embargo, esa esterilización en 2003-2007 jamás neutralizó toda la emisión de pesos adicionales ni se quiso que fuera así. Por ello la base monetaria se sigue ampliando, o sea, teniendo un resultado neto positivo aunque decreciente hasta 2005, como se observa en el gráfico de factores de explicación de la base monetaria. La compra de divisas permitía expandir la cantidad de dinero y crédito. La oferta monetaria más restringida (base y circulante) y la más amplia (M1, M2 y M3) llegaron a crecer en promedio a una tasa de alrededor de 25 % anual, como se va a continuación.

Variación anual de la oferta monetaria: circulante, Base Monetaria, 
M1, M2, M3 y promedio de todas. Fuente: BCRA

Como consecuencia de la intervención monetaria expansiva para comprar moneda extranjera y mantener el tipo de cambio "competitivo", la oferta de dinero creció rápidamente y los precios internos inevitablemente subieron.

Tipo de cambio nominal, salarios, precios mayoristas, costo de la construcción,
IPC y promedio de todas. Indice con diciembre de 2001 = 100.
Fuente: INDECCosas que PasanBCRA
 

La línea verde es el precio del dólar (tipo de cambio nominal o TCN, según datos del BCRA), la punteada azul son los salarios, la punteada amarilla son los precios mayoristas y la negra punteada el costo de la construcción, todos de acuerdo con el INDEC. La línea roja son los precios al consumidor según Natalio Ruiz, que hasta 2007 son iguales a los del INDEC y luego usa datos no manipulados por este último. Todos muestran el nivel de cada índice y parten con diciembre de 2001 = 100.

Claramente se observa cómo las “ventajas” de la devaluación  inflacionaria solo fueron temporales. Inicialmente, al ocurrir la devaluación, el precio del dólar (línea verde) creció muy rápido y se alejó mucho de los demás precios internos. Luego de tocar máximos empieza a bajar y es mantenido artificialmente cerca de $3 por el banco central. Además podemos ver como, en el inicio, los precios suben más rápido que los salarios, provocando la caída del salario real y, gracias a ello, la caída de la tasa de desempleo. Tal y como estipula la teoría económica, a medida que pasó el tiempo y debido a la expansión monetaria, los precios y salarios crecieron. Las aparentes ventajas de la devaluación fueron cayendo en la cuantía que precios y salarios iban ajustándose a las nuevas condiciones monetarias. El pilar principal del “modelo” era un engaño contradictorio: para elevar y mantener el tipo de cambio (nominal) por encima de los demás precios (para así ser “competitivo”) se necesitó expandir la masa monetaria. Ese aumento de oferta de dinero provoca una elevación de los precios que tiende a minar lo “competitivo” del tipo de cambio buscado.

Noten que la pérdida de competitividad comienza muy temprano. Es falso, por lo tanto, pensar que "a partir de 2008" se empezaron a tomar malas decisiones que tiraron abajo los pilares del "modelo". El tipo de cambio "competitivo" estaba minado por sus propias contradicciones, no por las decisiones posteriores al año 2008

El nivel general de salarios en dólares también muestra la tendencia decreciente de la “ventaja” del tipo de cambio “competitivo” (medido en esa moneda). Claramente la parte más “exitosa” de “el modelo K” se basaba en mantener el tiempo que se pudiera los salarios en dólares y reales bajos.

Nivel general de salarios en dólares. Indice con diciembre de 2001 = 100. 
Fuente: BCRA, INDEC

Los dólares se compraban emitiendo y con deuda del banco central. Pero el banco central no puede endeudarse a ritmo alto para siempre. La mayor deuda implica mayores pagos por intereses los cuales se pagan, al final, emitiendo pesos. Por supuesto que el central puede, a corto plazo, renovar las letras que van venciendo, pero no puede hacerlo exponencialmente a la larga. Eventualmente, si acumula demasiada deuda, un día le pueden reclamar. Entonces deberá pagarlas (capital e intereses) y, en definitiva, tendrá que emitir para cumplir. Es menos emisión e inflación hoy a cambio de mayor emisión e inflación mañana. Además al emitir LEBACS se disminuye el ahorro local privado disponible y se tiende a aumentar la tasa de interés. Lo cual va en contra del propio objetivo del tipo de cambio real artificialmente alto: mayor crecimiento.

Tasas de interés de LEBAC a 90 días y de pases pasivos a 7 días. 
En porcentaje nominal anual. Promedio diario para valores mensuales. Fuente: BCRABCRA

Observen como las tasas de interés de las LEBACs y de los pases pasivos (promedio mensual de saldos diarios) tienden a aumentar a lo largo del periodo. Aun cuando la tasa de LEBACs se mantiene constante por un tiempo por la baja de utilización de ese instrumento durante 2005-2006, pasó desde 1,13 % en 2004 a 10,75 % en 2007, multiplicándose por más de 9 veces.

El ritmo de crecimiento de la deuda del banco central tampoco era sostenible. Un problema adicional de la estrategia del tipo de cambio “competitivo” durante 2003-2007 era no el nivel de reservas y títulos del banco central (a diciembre de 2007 las reservas eran casi tres veces el monto en dólares de las LEBACs y NOBACs), sino la tasa a la que crecían.

Reservas internacionales y Letras y Notas del BCRA. 
En dólares, convertidos al tipo de cambio de valuación. 
Indice con enero 2003 = 100. Fuente: BCRA

Claramente se observa que, aun cuando en términos de nivel las reservas superaban los títulos, la deuda del banco central crecía mucho más rápido que las reservas internacionales (parte importante del activo). En diciembre de 2007 las reservas eran 4,6 veces las de enero de 2003 mientras que las LEBACs y NOBACs eran 17 veces lo que solían ser para la misma fecha comparada.

Por lo que la estrategia de endeudar al banco central para esterilizar la emisión, que parece funcionar al principio, tampoco es sustentable a la larga. Y en cuanto a la esterilización por el pago de deuda por parte del sistema bancario al central, esta se hizo una vez en esa magnitud y no puede hacerse de nuevo, por lo cual tampoco es sostenible. Hacia principios de 2006 ya la mayoría de los bancos habían cancelado sus deudas con la autoridad monetaria (Frenkel y Rapetti, 2008).

Tipo de cambio real (TCR) bilateral con Estados Unidos (usando el IPC argentino de CqP luego de 2007), tipo de cambio real multilateral (TCRM) y promedio anual del TCRM (verde). Fuente: BCRAFREDIICosas que Pasan

El mantenimiento del tipo de cambio real multilateral (TCRM) alto durante 2003-2006 se debió a circunstancias, más que a acciones deliberadas del gobierno. Mientras que para elaborar el TCR con Estados Unidos se utiliza solo el IPC americano, para realizar el TCRM se ponderan varios según la participación en el comercio internacional con Argentina. Los más importantes fueron (y son) Brasil, la Zona del EURO y Estado Unidos, con China en crecimiento. Tanto el real brasilero, como el euro, como el peso chileno (por nombrar otro), se apreciaron mucho frente al dólar buena parte de 2003-2007. Además, como durante ese periodo Argentina mantuvo un tipo de cambio relativamente fijo con el dólar, la depreciación de la moneda norteamericana en el mundo ayudó también a mantener al TCRM argentino alto. 

Pero incluso aceptando el “éxito” de mantener artificialmente depreciado en términos reales el peso, claramente se ve que el final comienza en 2007 (año que se incluye en el periodo de “gloria K”). La clara inconsistencia interna del modelo terminó por “comerse” la “competitividad”. El promedio de TCRM en 2007 es mucho más bajo que en 2006 y casi igual al de 2003. No quedan dudas que la insostenibilidad del “modelo K” estaba en su propia esencia. La brutal política expansiva del gobierno se encontró con la suerte de Brasil y otros socios revaluando y Estados Unidos depreciando, lo que le permitió temporal e insosteniblemente disfrutar de un TCRM más alto de lo que hubiera sido sin esa fortuna.

Este post ya es muy largo y, por lo tanto, no entraré ahora en discusiones sobre los argumentos a favor de la supuesta sostenibilidad del esquema de esterilización que hacen los defensores del periodo 2002-2007 (Frenkel, 2007). Basta con decir que la esterilización nunca fue completa. Deliberadamente se buscó que la oferta monetaria crezca, y así ocurrió. Concomitantemente los precios internos en pesos tendieron a subir. Lo cual, con un precio del dólar elevado y más o menos fijo, propendió a minar el tipo de cambio real artificialmente alto (“competitivo”) a lo largo del tiempo. Por lo tanto, y dados los hechos presentados, el principal pilar del “modelo K” no era sostenible a larga.

Vale destacar que este análisis no toma en cuenta otros pilares del cual “el modelo” era dependiente: los precios internacionales, el consumo de capital ya existente y la capacidad instalada ociosa heredada. Variables que el gobierno no controlaba y simplemente encontró al llegar. Es decir, suerte.

Mal que le pese a los defensores kirchneristas y no-kirchneristas del periodo 2003-2007, no hay nada rescatable de él. El “modelo” no tuvo una "etapa virtuosa", sino un auge inflacionario insostenible. Su esquema nunca fue sustentable a la larga. Fueron sus propias inconsistencias y no un “cambio de política o de persona a partir de 2008” lo que determinó muchos de los problemas que duran hasta hoy. La división entre 2003-2007 “bueno” y 2008-2015 “peor” es falsa. Así como lo es el argumento de que "de haber seguido con las políticas de Néstor Kirchner, muchos problemas posteriores a 2007 se habrían evitado".





Coremberg, Ariel A. (2013) “Competitividad Argentina: Por la inflación y la baja productividad, se perdió la década”. Universidad de Buenos Aires.

Coremberg, Ariel A. (2014) “Midiendo La Productividad y Las Fuentes del Crecimiento de La Economía Argentina. El Proyecto ARKLEMS+LAND.” En Coremberg, Ariel A. Ed. (2015) Progresos en Medición de la Economía. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Temas Grupo Editorial. Asociación Argentina de Economía Política.

Frenkel, Roberto (2007), “La sostenibilidad de la política de esterilización”. Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina. Documento de Trabajo Nº 17.

Frenkel, Roberto y Rapetti, Martín (2008), “Five years of competitive and stable real exchange rate in Argentina, 2002–2007”. International Review of Applied Economics. Vol. 22, No. 2, 215-226.

Mises, Ludwig von (1912), The Theory of Money and Credit. New Haven: Yale University Press. 1953.

Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2004.

Salerno, Joseph T. (1994a) "Ludwig von Mises’s Monetary Theory in Light of Modern Monetary Thought". Review of Austrian Economics. Vol. 8, No. 1, 71-115. En Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 61-114.

Salerno, Joseph T. (1994b) “International Monetary Theory”. En Boettke, Peter J. Ed. (1994) The Elgar Companion to Austrian Economics. Northampton, USA: Edward Elgar Publishing, Inc. En Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 153-65.