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martes, 7 de agosto de 2018

El fracaso histórico del gradualismo y la heterodoxia en Argentina

Imagen de The Economist

Emilio Ocampo tiene un excelente y reciente paper (Ocampo, 2017) donde analiza, de forma histórica y descriptiva (aunque no teórica), los más importantes planes de estabilización desde 1952 hasta 2015. 

¿Qué es un plan de estabilización? Un plan de estabilización es una serie o conjunto de medidas que se introducen principalmente para estabilizar la variación de los precios, es decir, para combatir la inflación. 

Las conclusiones de su trabajo son claras: (a) el gradualismo no funcionó. (b) los planes exitosos siempre incluyeron considerables restricciones monetarias y ajustes fiscales (no solo subir impuestos, también bajar el gasto). (c) los controles de precios y salarios no son condiciones necesarias ni suficientes para reducir la inflación. (d) los planes ortodoxos tuvieron mayor éxito que los planes híbridos y heterodoxos. (e) a lo largo del tiempo, los planes exitosos y los ortodoxos redituaron mayor tasa de crecimiento de PIB y salario real (Ocampo, 2017: 3).


En Argentina, entre 1952 y 2015, hubo 10 planes de estabilización que duraron 2 años o más. La mitad de ellos fueron exitosos mientras que el resto fracasaron (los que están en color gris en el gráfico). Exitoso significa que (1) redujo la tasa de inflación anual acumulada a 15 % o menos en el mes 24 o el promedio de los meses 23-25 y (2) permaneció en ese nivel en promedio en el periodo empezando en el mes 25 y terminando en el mes 48 (o el mes en que el plan terminó, si lo hizo antes) (Ocampo, 2017: 10). Noten que la definición de "éxito" no contempla las consecuencias de la inflación reprimida (vía controles o congelamiento de precios, tarifas o salarios) y la distorsión de precios relativos (Ocampo, 2017: 10).

¿Por qué 24 meses o más? Porque la evidencia de los 10 planes de estabilización muestra que el hecho de que reducir la tasa de inflación por debajo de 15 % los primeros 12 meses era condición necesaria pero no suficiente para el éxito. En cambio, reducir la inflación a ese nivel dentro de 24 meses sí era suficiente (Ocampo, 2017: 18). Los datos dejan ver que, si el plan no redujo la tasa de inflación anual debajo de 15 % dentro de los 24 meses, jamás lo hizo (Ocampo, 2017: 10).

Planes exitosos y fracasados

Los cinco planes de estabilización que tuvieron éxito fueron: Gómez Morales (1952), Álvaro Alsogaray (1959), Krieger Vasena (1967), Domingo Cavallo (1991) y Roberto Lavagna (2002)



Sobre Gómez Morales se debe tener en cuenta que él ideó el plan pero no era el ministro de hacienda encargado de implementarlo, cargo ocupado por Pedro Bonanni. Algo similar ocurrió con Raúl Prebisch y Eugenio Blanco y también, hasta cierto punto, con el FMI y Donato del Carril y Álvaro Alsogaray.

Por otro lado, los cinco planes de estabilización que fracasaron han sido: Eugenio Blanco (1955), José Ber Gelbard (1973), Martínez de Hoz (1976), Juan vital Sourrouille (1985) y Axel Kicillof (2013)



A pesar de que Gelbard duró solo 17 meses en el cargo, su plan no se fue con él. Gómez Morales regresó y lo sucedió, pero, en los tres meses que duró, no intentó ninguna medida seria para combatir los desequilibrios descomunales acumulados. Por lo que puede ser tomado como continuador del plan. Celestino Rodrigo, y luego Bonanni, lidiaron con las consecuencias del plan de Gelbard.

Ortodoxia y heterodoxia

¿Qué tan ortodoxos o heterodoxos fueron los planes? Ocampo realiza una escala simple que se basa en el grado de restricción fiscal y monetaria, la dependencia en controles de  variables clave como precios, salarios, tipo de cambio, flujo de capital, comercio exterior, etc.



La escala va desde 0 hasta 2, donde 0 es completamente ortodoxo y 2 es completamente heterodoxo. Los planes híbridos pueden mezclar cosas de ambos.

Inflación


Claramente los planes ortodoxos fueron efectivos y redujeron la tasa, mensual y acumulada anual, de inflación considerablementeMientras que los planes híbridos a pesar de también bajarla, en última instancia la mantuvieron muy alta. Los planes heterodoxos no solo mantuvieron la inflación alta, sino que terminaron aumentándola.



Y no solo eso, los planes ortodoxos redujeron la inflación TODAS LAS VECES, un ratio de éxito del 100 %. Por ende, tendieron a durar más, en promedio. Los planes híbridos solo fueron exitosos la mitad de las veces. Mientras que los planes heterodoxos tuvieron éxito el 0 % de las veces.

Oferta monetaria



¿Cómo controlaron la inflación los planes exitosos? ¡Reduciendo la tasa de expansión de la oferta monetaria! Predeciblemente, los planes que fracasaron no controlaron la oferta monetaria y, por ende, la inflación.

Por otro lado, los planes ortodoxos lo lograron y bajaron la inflación. Los híbridos lo hicieron a medias y no alcanzaron reducir la inflación de niveles elevados. Los heterodoxos, para sorpresa de nadie, jamás pudieron o quisieron controlar la tasa a la que se expandía el dinero.

Déficit fiscal


Una de las mayores diferencias entre los planes exitosos y los fracasados, es que los primeros lograron bajar el déficit fiscal, tanto en porcentaje del PIB como respecto a la situación previa al plan, rápidamente y de forma considerable. Los planes que fracasaron, no lo hicieron.

Los planes ortodoxos, en promedio, ya tenían incluso un poco de superávit al segundo año. Para los planes híbridos, la reducción fue lenta, pero el déficit siguió existiendo. Los planes heterodoxos mantuvieron déficits altos e incluso los amplificaron más.

Gasto público


En promedio, los planes exitosos lograron reducir el gasto público hasta el tercer año en general, en conjunción con aumentos de impuestos. Los planes fracasados, aumentaron el gasto los primeros años y dependían solo de subir los impuestos para bajar el déficit, sin lograr ninguna baja significativa al cuarto año.

Los planes ortodoxos sí redujeron el gasto mientras aumentaron impuestos. Los híbridos aumentaron impuestos pero ni siquiera lograron bajarlo. La heterodoxia aumentó el gasto.

Deuda pública



Acá hay una “trampa”. La deuda pública, a simple vista, sube más, en promedio, con los planes exitosos, en contradicción con el plano fiscal. La razón para esto es que los planes exitosos incluyen el periodo 2002-2005, el plan de Lavagna, cuando el ratio deuda/PIB explotó en 2002 desde aproximadamente 50 % en 2001 a 140 % en 2002 por la megadevaluación y la caída del PIB. Esa suba descomunal es lo que eleva todo el promedio de los exitosos.

Excluyendo excepciones como Lavagna y Gómez Morales, los planes exitosos terminaron con igual nivel de deuda pública que antes de lanzar el plan. Con los planes fracasados pasa algo similar: incluyen Martínez de Hoz y el aumento (al doble) de la deuda sobre PIB por la devaluación de 1981 (en 1980 era 12,4 % y en 1981 pasó a 26,1 %). Pero aun sacando a Hoz, los planes fracasados terminaron con más nivel de deuda pública que los exitosos.

En cuanto a los planes con “etiqueta”, los ortodoxos sí lograron reducir el endeudamiento público. Mientras que bajo los planes de estabilización híbridos y, en especial, los heterodoxos la deuda aumentó. Los híbridos incluyen Lavagna y Morales, y aun sacándolos la deuda aumenta.

Cuenta corriente


El fetiche heterodoxo favorito: el sector externo. El déficit de la cuenta corriente se redujo el primer año y desapareció en el segundo para los planes exitosos, luego reapareció y empeoró. Los planes fracasados también lo redujeron los primeros años pero luego se mantuvo.

Los planes ortodoxos y heterodoxos terminaron aumentando el déficit de cuenta corriente, mientras los híbridos sí lograron reducirlo. En el caso de los ortodoxos, el déficit de cuenta corriente reflejaba la mayor inversión del sector privado así como la apreciación real del peso dado el gran ajuste fiscal. Para los heterodoxos, el déficit podría reflejar una contracción de la demanda agregada. 

Por ende, lo que ocurrió con la cuenta corriente no tuvo la influencia exagerada sobre el éxito o fracaso de un plan que la heterodoxia le da.

Tipo de cambio real



Con la excepción de Cavallo y Alsogaray, en promedio, los planes exitosos lograron una inmediata depreciación real de la moneda que ayudó a las exportaciones y redujo el déficit externo. A medida que pasó el tiempo, la depreciación se evaporó. Los planes que fracasaron, terminaron apreciando en términos reales la moneda a lo largo del tiempo, lo cual explica el déficit de la cuenta corriente.

En cuanto a los planes ortodoxos, en promedio, ambos terminaron apreciando en términos reales la moneda. Lo contrario ocurrió bajo los planes híbridos y heterodoxos. La depreciación fuera de serie del tercer año de los planes heterodoxos se explica por la corrección de Celestino Rodrigo (el plan de Gelbard).

Crecimiento



Los planes exitosos comenzaron con una caída del PIB el primer año, de 1 % en promedio (excepto Cavallo), pero fueron extremadamente reactivantes, logrando “tasas chinas”. Los planes fracasados, no reactivaron del todo o estancaron el PIB.

Los planes ortodoxos lograron un MAYOR CRECIMIENTO que los híbridos y heterodoxos. Además, no tuvieron caída el primer año.

Salarios reales



Los planes exitosos lograron aumentar los salarios reales a lo largo del tiempo, mientras los fracasados los terminaron bajando como consecuencia de no controlar la inflación.

Los planes ortodoxos también aumentaron los salarios reales, incluso más que los híbridos. Los heterodoxos los incrementaron más, pero, como es esperable, esos aumentos probaron ser insostenibles.

Distribución del ingreso



Los planes exitosos resultaron ser significativamente mejores para la participación de los salarios en el ingreso que los fracasados. Esto puede ser por que la inflación resurge con venganza cuando fracasa un plan mientras los salarios se atrasan.

Dada la dispersión de datos de los planes ortodoxos y la falta de datos de la era Kicillof, las conclusiones deben tomarse con cautela. Con Gelbard pasó de 39 % a 46,7 %, pero esta suba resultó completamente insostenible. Cavallo logró una performance similar pero con Alsogaray la participación de los salarios bajó. La distribución del ingreso fue más benéfica para los trabajadores bajo planes ortodoxos que los híbridos.

Desempleo


En términos absolutos, los planes exitosos redujeron el desempleo mientras los fracasados lo aumentaron. Solo en términos relativos los últimos ganan.

Dado que hay cifras de desempleo desde 1961, el único plan ortodoxo utilizable es el de Cavallo y la redujo en más puntos que híbridos y heterodoxos. Los híbridos no consiguieron mucho resultado.

Contexto internacional/"Viento de cola"



Dado que Argentina ha sido tradicionalmente un exportador neto de materias primas agrícolas e importador neto de capital, las dos variables clave del "viento de cola" son el precio internacional de las materias primas y las tasas de interés. 

El resultado ha sido mixto: los planes exitosos han logrado triunfar a pesar de que enfrentaron precios de materias primas en caída los primeros años. Sin embargo, cuando vemos los términos de intercambio (índice de precios de exportaciones/índice de precios de importaciones) estos se mantuvieron. Enfrentaron tasas de interés internacionales reales a la baja y nominales relativamente constantes. Los planes que fracasaron tuvieron precios agrícolas al alza pero términos de intercambio decrecientes. Además, contaron con tasas reales de interés internacional a la baja pero nominales al alza.

Por otro lado, los planes ortodoxos, y en menor medida los híbridos, tuvieron la desventaja de precios de materias primas a la baja, mientras que los heterodoxos disfrutaron de la ventaja de subas enormes. Sin embargo los ortodoxos sí disfrutaron una suba de términos de intercambio mayor a los híbridos y heterodoxos. Los planes heterodoxos disfrutaron de tasas de interés reales decrecientes y nominales con pocos cambios.






Ocampo, Emilio (2017), “Fighting Inflation in Argentina: A Brief History of Ten Stabilization Plans”. Serie Documentos de Trabajo. Buenos Aires, Argentina: Universidad del CEMA.

sábado, 23 de septiembre de 2017

¿Son caras las consolas actuales?


Esta es una de las preguntas más frecuentes que se hace el público gamer. Una manera de responderlo, es comprar los precios de las distintas consolas históricamente. El evidente problema de esta comparación es que los dólares de los años 70s no valen lo mismo que los dólares actuales. Es por ello que, como mínimo, la comparación de precio debe tener un ajuste por inflación.

Usando los datos de IPC de Estados Unidos del Bureau of Labor Statistics (BLS) y los precios de salida reportados por el sitio de IGN, podemos ver cuanto costarían las consolas antiguas en dólares a agosto de 2017


Las barras de color naranja son los precios en dólares ajustados por inflación mientras que las de color azul son los precios el año que salieron. La lista está ordenada de mayor a menor de acuerdo a los precios ajustados por inflación.

Lanzada en octubre de 1993, es muy claro que históricamente la consola más cara fue, por lejos, la 3DO de Panasonic, con un precio entonces (U$S 699) que hoy equivale a 1.178 dólares. Seguida muy de cerca por la Neo Geo Advance de SNK que con sus actuales 1.170 dólares (U$S 649 al salir) superaba en potencia en 1991 a sus competidoras SNES y Sega Genesis llevando a los hogares la calidad que solo se veía en los salones de arcade. La consola más potente de su época, y vaya que lo valía.

Volviendo a la actual generación, la primera consola que aparece en el ranking es la Xbox One en el décimo lugar. Lanzada en noviembre de 2013, la última consola de Microsoft fue puesta a la venta a un precio de 499 dólares, que ajustados por la inflación que hubo en Estados Unidos en los últimos 4 años da un precio actual de poco más de U$S 525. Microsoft cometió una serie de errores al inicio de la generación y uno de ellos fue lanzar la Xbox One junto con Kinect en un pack a un precio muy superior a PlayStation 4. Los resultados negativos de esa disposición provocaron que Xbox One bajara luego de precio. Aun así, está muy lejos de los primeros lugares de consolas caras.

Detrás de Xbox One, en el undécimo lugar, se encuentra la futura Xbox One X, que tendrá en noviembre de este año el mismo precio de salida que Xbox One en 2013.

PlayStation 4 aparece recién en el decimonoveno lugar, por debajo de la mitad de la lista. Y PlayStation 4 Pro está todavía más barata en el vigésimo primer escaño.

Finalmente, la Nintendo Switch se corona no solo como la consola de actual generación más económica en su precio de salida, sino también como una de las más baratas de la historia al momento de entrar al mercado. 

En resumen, al menos en términos históricos, las consolas actuales no son caras. 

domingo, 23 de agosto de 2015

¿Cuánto tiempo fueron libres los precios en Argentina?


El socialismo, en su versión progresista de izquierda o conservador de derecha, suele culpar al mercado libre de numerosas crisis económicas. En particular, de las más importantes como el rodrigazo de 1975, el fin de la "tablita" de Martinez de Hoz de 1981 o la hiperinflacion de 1989. Achacando esas crisis al Liberalismo o a esa construcción sin sentido que los socialistas denominan "neo-liberalismo". Si eso fuera cierto, entonces una de las cosas principales que deberíamos confirmar para saber si "imperaba el Liberalismo" en Argentina es que los precios fueron libres todo el tiempo o, al menos, gran parte de él

En un no muy nuevo libro de FIEL (1990) podemos ver cuánto tiempo fueron libres los precios en los 274 meses que van desde febrero de 1967 hasta noviembre de 1989. El siguiente cuadro está basado en los datos de ese trabajo (FIEL, 1990
: 14):

Fuente: FIEL (1990: 14)

Del total de 274 meses entre febrero de 1967 y noviembre de 1989, los precios han sido libres solo 30 meses o el 11 % del tiempo. La mayor parte del tiempo, 95 meses o un 35 % del total, estuvieron regulados con precios máximos. También han estado controlados el 28 % del tiempo o 76 meses. Un 21 % del tiempo son los 57 meses que estuvieron vigilados. Y un 16 % y 13 % del tiempo estuvieron concertados y congelados respectivamente. Por último, casi el 10 % del tiempo estuvieron pautados.

Los precios en Argentina fueron libres solo el 11 % del tiempo entre 1967 y 1989. El restante 89 % estuvieron regulados de alguna manera por el Estado.

El supuesto "plan neoliberal", en particular desde 1976 en adelante, debía necesariamente incluir, como mínimo, completa libertad de precios (por algo es "liberal", ¿No?). Lo cierto es que NO la hubo casi la totalidad del periodo.

A pesar de esa abrumadora y evidente intervención estatal en el mercado la inmensa mayoría del tiempo, muchos socialistas siguen culpando al Liberalismo y a la libertad de las crisis. 


FIEL (1990), Control de precios e inflación. La experiencia argentina reciente. Buenos Aires, Argentina: Manantial.

lunes, 21 de abril de 2014

Fue la Crisis de 2001-2002 la "Peor de la Historia"?


No. En términos de las cifras de PBI con las que contamos.

¿Cuantas veces oímos que la crisis de 2001 fue la peor de la historia argentina? ¿O que fue una crisis nunca vista en la historia?

En general, a los socialistas (de izquierda y de derecha) les gusta mentir exagerar sobre lo mala que era la situación inicial que encontraron cuando llegaron al gobierno para ensalzar su actual gestión e inflar el impacto de sus políticas. Por ejemplo Allende lo hizo en Chile diciendo que estaban en una "depresión aguda" antes de él y actualmente los fanáticos propagandistas del gobierno kirchnerista llegan a decir que "[L]a crisis de 2001... se constituyó en la peor crisis económica y social de la historia argentina en términos de caída del Producto...".

Según Heymann; Centrángolo y Ramos (2007) eso es mentira:

Heymann et al. (2007)
Como se ve, en términos de PBI por habitante, la crisis de 2002 se ve superada por muy poco por la crisis de 1889-91, aunque el Siglo XIX se recuperó mucho más. También fue superada por el cataclismo de la Primera Guerra Mundial. La caída de 1998-2002 fue muy similar a la de la Gran Depresión (recuerden que la misma no fue solo americana, también fue un ciclo económico internacional), pero con una subida mucho más rápida.

Pero ¿Qué ocurrió con el PBI real? Veamos la serie de PBI real más larga de que disponemos, la de Ferreres (2010) que va desde 1810 hasta 2009:

Ferreres (2010)
El PBI real tuvo su mayor caída anual en 1897, una baja del 18,88 %. Bastante alejado del casi 11 % de caída en un solo año de 2002. Sin embargo, dado que no existían las cuentas nacionales en el Siglo XIX y solo tenemos estimaciones, deberíamos ver a otro autor para comparar si también observa una caída similar en el mismo año. A continuación tenemos la misma serie, en otro gráfico, que esta vez incluye la de Cortés Conde (2009: 308-09):

Ferreres (2010) y Cortés Conde (2009)
Con la serie más corta de Cortés Conde (2009) la situación cambia y observamos que 1) La tremenda caída de 1897 no fue tan grande y 2) La peor disminución del PBI real ahora es la que ocurrió en 1917: Una baja de 13,72 %. Cifra que sigue siendo mayor al 10,89 % [Error en el gráfico] de 2002. Es evidente que en términos de PBI real, de las investigaciones históricas más importantes, el 2002 no fue la caída anual más importante de la historia

Ferreres (2010)
¿Qué hay de la caída en la industria? La peor ocurrió en 1880 con un -15,07 % mucho mayor al -10,96 % de 2002. Además se notan varias caídas en otros años que también superan a la crisis de principios de 2000.

Ferreres (2010)
El salario real se desplomó un 19,01 % en 2002 producto de la devaluación y el salto inflacionario. Sin embargo, a pesar que 19 % es una caída muy considerable, la misma palidece ante la mayor caída de toda la serie. En 1976 el salario real colapsó un impresionante 34,50 %, aun cuando ya venía cayendo un 3,91 % en 1975. Mucho menor, pero mayor que la de 2002, fue la baja de 1959, un considerable 25,58 %.

Ferreres (2010)
Dado que no hay disponibles series fiables de desempleo del Siglo XIX, y ni siquiera de los primeros años del Siglo XX, no tenemos mucha "historia" con qué comparar, solo tenemos datos buenos a partir de 1963. No debería extrañar entonces que en esta categoría la crisis de 2002 sí gane con creces. Hay una estimación, por ejemplo, de Bunge para el periodo de la Primera Guerra Mundial que dice que el desempleo llegó a 19,4 % (Cortés Conde, 2009: 56). Aun así no supera el tremendo 22,64 % de 2002.

Ferreres (2010)
En cuanto a la oferta monetaria, por fin podemos decir que la crisis de 2001 fue la peor de la historia. Desde 1863 la mayor contracción monetaria en un año ocurrió en 2001: El M3 se redujo un 22,34 % con respecto al año 2000. Lo único que se acerca a eso es la contracción monetaria de 1900 con una baja de 17,92 %. Esto no debería extrañar pues el caso argentino de 2001 es un ejemplo de manual de la llamada Deflación Confiscatoria (Salerno, 2003) por parte del Estado. El corralito es un buen ejemplo.

Ferreres (2010)
Muchos también se fijan en la deflación de precios que comenzó en 1999 con una caída del IPC del 1,13 %, se aplacó en 2000 cayendo 0,15 % y se profundizó en 2001 con 1,07%. Por supuesto eso se queda chico en comparación con las grandes deflaciones anteriores, en especial la de 1841 cuando los precios cayeron el máximo registrado: 40 % en un año. O con el periodo 1848-52 donde cayeron: 6,51 % en 1848, 10,89 % en 1849, 1,93 % en 1850, 4,32 % en 1851 y un tremendo 21,68 % en 1852. Al lado de eso, la deflación de precios de 1999-2001 fue ínfima.

Como ya debería quedar claro, no estoy diciendo que en 2001-2002 no hubo crisis, ni tampoco estoy diciendo que fue una crisis pequeña o irrelevante. Porque claramente no lo fue. Lo que sí estoy diciendo es que, en términos de las variables vistas, no fue la caída más profunda de la historia argentina.

Lo de que venimos de la "peor crisis de nuestra historia" es otra mentira del realto kirchnerista. ¿Todavía soñas con ir a La Cámpora?





Cortés Conde, Roberto. (2009) The Political Economy of Argentina in the Twentieth Century. New York: Cambridge University Press.

Ferreres, Orlando J. (2010) Dos Siglos de Economía Argentina 1810-2010. Edición Bicentenario. El Ateneo y Fundación Norte y Sur, Buenos Aires.

Heymann, Daniel; Cetrángolo, Oscar y Ramos, Adrián (2007), "Macroeconomía en recuperación: la Argentina post-crisis". En CEPAL (2007), Crisis, recuperación y nuevos dilemas. La economía argentina 2002-2007. Documentos de Proyectos. Nº 20.

Salerno, Joseph T. (2003) "An Austrian Taxonomy of Deflation—With Applications to the U. S." Journal: Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 6, No. 4, 81-109.

miércoles, 14 de agosto de 2013

La Verdadera Industrialización Argenta: 1880-1914



Uno de los mejores papers de Historia Económica Argentina que he leído es el de Irigoin (1984). Usando gran cantidad de datos y muchas fuentes bien documentadas, que es como se debe hacer un paper, destruye uno de los mitos más grandes creados por los proteccionistas-intervencionistas argentinos: La tesis de que sin proteccionismo y una "política" estatal deliberada no se hubiera producido industrialización o sustitución de importaciones en este país.

Comencemos por esta "foto" de 1933: 

Irigoin (1984), MBPM per capita en el eje derecho
Es notable que ni siquiera sumando Brasil, Chile y Perú se podía alcanzar la producción manufacturera de Argentina. Lo cual da indicios de que algo ocurrió con anterioridad que le permitió tomar esa delantera.

La fecha del comienzo de la industrialización argentina es 1880. Por qué 1880? Porque entre 1810 y 1880, Argentina vivió en estado de guerra interna o externa, y además hasta 1853 sin organización que limitase la autoridad del gobierno en cuanto a derechos de propiedad. La Constitución no sirve de mucho para lograr inversiones cuando el país anda de conflicto en conflicto, ni tampoco fue suficiente para la pacificación total del país. Una vez el país estaba en paz, comenzó un proceso de industrialización espontáneo, vía mercado y sin ninguna dirección centralizada aprovechando las ventajas comparativas del país. 
"El avance industrial que se produce en el país a partir de la década del ochenta no puede interpretarse adecuadamente sin tener en cuenta los cambios profundos que se producen en ese período. Su omisión implicaría desconocer las causas mismas del progreso industrial, ya que éste fue el resultado espontáneo de un período de gran expansión económica. La generación de un mercado interno creciente y la demanda de productos industriales por parte de los sectores exportadores (especialmente de la agricultura) impulsaron la instalación de las primeras fábricas. Asimismo, estimularon el crecimiento del comercio, la banca y los seguros."
Desde entonces hasta la Primera Guerra Mundial, Argentina vivió lo que podríamos llamar su "Gran Expansión, 1880-1914". Sobre el mismo tema puede consultarse también Cortés Conde (1997).
   
Irigoin (1984), las toneladas de carga en el eje derecho
Irigoin (1984), fuerza motriz en el eje derecho
Irigoin (1984), capital invertido en el eje derecho
Irigoin (1984)
Irigoin (1984), toneladas de maiz en el eje derecho
Irigoin (1984)
Irigoin (1984)
Ferreres (2010)
Se puede ver en la serie de Ferreres (2010) que el PBI literalmente explota desde 1880, lo mismo se observa en Cortés Conde (2009). 

Una prueba bastante obvia de que la industrialización ya estaba en proceso, es que hacia 1887 ya comenzaron a surgir los primeros grupos lobbistas industriales y sindicales para pedir privilegios:
"En 1887 delegados de ambas instituciones se reunieron en asamblea en el local del Club Gimnasia y Esgrima luego de la cual quedó constituida la Unión Industrial Argentina, que fusionó las entidades predecesoras reuniendo inicialmente a más de 850 socios. La flamante organización se dedicó a promover y difundir los avances logrados en materia industrial a través de publicaciones y exposiciones y, fundamentalmente, a demandar cambios en la política arancelaria de la época con el fin de limitar la competencia de productos extranjeros… La importancia de las actividades sindicales a partir de la década del ochenta, y especialmente de 1891, cuando se constituye la primera central obrera ("Federación de Trabajadores de la Región Argentina"), es un fenómeno que señala que el proceso industrial ya estaba en marcha."
Sin embargo debe tenerse en cuenta que:
"Durante la década comentada se produce un cambio importante en la legislación aduanera. Se elevan aranceles de importación en forma diferencial según los distintos productos, a pesar de que el proyecto de ley de presupuesto remitido por el Poder Ejecutivo tenía un carácter meramente fiscal. Debe tenerse en cuenta que en esos momentos el déficit del gobierno era pronunciado, y que las autoridades estaban embarcadas en un plan de austeridad debido a la crisis económica que enfrentaban."
A pesar de que se aumentaron los aranceles con fines principalmente fiscales y también bajo la excusa de la falaz tesis de la “industria naciente” (ver acá, acá, acá y acá), la industrialización ya estaba en marcha:
"La historiografía sobre la evolución histórica de la industria argentina ha menospreciado sistemáticamente los pequeños establecimientos existentes en la época (y algunos autores nunca mencionan las grandes fábricas que se iban fundando). Desconocer este aspecto de la historia, sin embargo, puede oscurecer el hecho de que las industrias evolucionaron progresivamente, fueron invirtiendo capitales e incorporando tecnología en forma gradual. Son varios los ejemplos en los cuales inmigrantes que comenzaron a desarrollar sus actividades en pequeños talleres terminaron fundando empresas de una envergadura considerable."
Irigoin reconoce perfectamente que ese aumento arancelario pudo tener efectos distorsivos:
"Si bien excede los objetivos de este trabajo, sería muy interesante realizar una investigación acerca de las distorsiones introducidas en el desarrollo industrial por las tarifas aduaneras y las garantías especiales."
Al contrastar los datos se puede afirmar que:
"Hacia fines de siglo ya se había iniciado el proceso de expansión del tamaño de muchas firmas industriales, tal cual queda reflejado por las cifras de 1895. Afirmar que la industria argentina se dedicaba a "un simple aprovechamiento de las materias primas fundamentales", con "características artesanales" es caer en una generalización que queda ampliamente refutada por la evidencia empírica disponible."
Además el desarrollo industrial permitió un proceso de sustitución de importaciones sostenible y espontáneo, casi sin intervención o planificación estatal:
"Hacia 1914 se había producido un proceso espontáneo que, de acuerdo con las distintas ventajas comparativas, permitió la producción local de bienes que previamente debían importarse. De acuerdo con la proporción del consumo interno total (producido más importado) abastecido por industrias locales, los rubros en los que se produjo una mayor sustitución fueron el alimentario, el textil, la construcción y el de muebles y rodados."
Irigoin (1984)
Irigoin es demoledor:
"La evidencia empírica respecto del proceso natural de sustitución de importaciones ya iniciado en el país hacia 1914 refuta la hipótesis sostenida por la mayoría de los historiadores modernos, como Ferrer, según la cual "la primera fase del proceso de sustitución de importaciones [tuvo lugar] entre 1930 y fines de la década de 1940""
Ferrer sin embargo continúa, especialmente en esta época que trabaja en el gobierno, con su tesis aun ante los hechos históricos que lo refutan:
"Ni siquiera esta visión parcial del desarrollo industrial, pudo resistir la avalancha de la economía primario exportadora. La insuficiencia de sectores generadores de rentabilidad y empleo, distintos de la producción primaria y las actividades conexas, impidió el surgimiento de empresarios, clases medias y trabajadores, asociados a una estructura diversificada y compleja y, por lo tanto, portadora de un proyecto de desarrollo nacional… En un sistema subindustrializado, las variaciones de la paridad de la moneda repercutían directamente, sobre la distribución del ingreso, entre los productores y exportadores de bienes agropecuarios y el resto de la sociedad… El modelo primario exportador comenzaba a “quedarle chico” a la Argentina cuando el país festejaba el Primer Centenario y era preciso impulsar el demorado proceso de industrialización."
Hay que destacar que, además de las distorsiones causadas por la suba de algunos aranceles en 1887, la década del 80 estuvo marcada por un importante crecimiento monetario, en especial hacia el final. Lo que ocurrió luego fue “de manual”: Esto indujo un boom artificial impulsado por el aumento del crédito que terminó en la crisis de 1890 en cuanto el mismo se detuvo. En otras palabras la industrialización espontánea argentina puesta en marcha por el mercado tuvo numerosos obstáculos, pero aun así fue notable. 

Hacia finales de 1880 la expansión monetaria fue enorme. Como bien explica Cortés Conde (1989), entre 1886 y 1889 la oferta monetaria real paso de 154.31 a 316.16, una tasa anual de 27%. La oferta monetaria nominal pasó de 200.6 a 464.76 en ese periodo, un aumento del 131.68% y una tasa anual del 32%. Como se ve también el déficit era enorme.

No fue casual el aumento brutal de oferta monetaria desde 1886, pues coincide con el abandono del Patrón Oro (bimetálico). Según Villanueva (1994) se estableció en 1881 y se abandonó en 1884-85.

Cortés Conde (1989), Of Mon y Of Mon Real en el eje derecho y Ferreres (2010), M3
Sin embargo, y a pesar que la población casi se quintuplicó en el periodo, la industrialización vía mercado logró mejorar como nunca los salarios reales de los trabajadores así como su nivel de vida. Esto esta demostrado en otro gran paper histórico: Cuesta (2012). Observemos lo diferente de la situación en el periodo 1850-1880 y 1880-1914.

Irigoin (1984)
Cuesta (2012)
Cuesta (2012)
Por último vale la pena notar que la enorme acumulación de capital de finales del Siglo XIX y principios del XX permitió que esta última época surgieran, de la mano de emprendedores privados, casi todo lo que hoy conocemos como "servicios públicos" estatales. Es muy recomendable ver esta página de Facebook, donde hay recopilados algunos ejemplos históricos. Abajo se ve como el transporte y recolección de residuos fue creado por privados y manejado más eficientemente que su posterior administración estatal.


A que encuentro 1 millón de liberales antes queperonistas y radicales


A que encuentro 1 millón de liberales antes que peronistas y radicales


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A pesar de que luego del desastre de la Primera Guerra Mundial la economía argentina continuó su proceso de industrialización, mi objetivo es mostrar que el surgimiento y desarrollo industrial fue sin planificación central. No es necesario el Estado, ni un plan, ni una política para lograr que un país se industrialice. No solo la industrialización fue espontánea y vía el mercado en Argentina 1880-1914, admás fue mucho más sostenible y eficiente que la industrialización planificada centralmente que vino luego de 1930 pues la primera estaba basada en factores reales de competitividad relativa. Podemos pues, dejar la conclusión de Irigoin:
"La Gran Depresión no marca pues el inicio del proceso de industrialización. Éste ya había transitado un período de altas tasas de crecimiento, caracterizado por un avance considerable en el proceso de sustitución de importaciones (especialmente en las ramas que procesaban materias primas producidas en el país) y por un aumento constante del tamaño de las empresas."





Bibliografía

Cortés Conde, Roberto. (1989) Dinero, Deuda y Crisis: Evolución Fiscal y Monetaria en la Argentina, 1862-1890. Editorial Sudamericana, Instituto Torcuato Di Tella, Buenos Aires.

Cortés Conde, Roberto. (1997) La Economía Argentina en el Largo Plazo. Sudamericana, Buenos Aires.

Cortés Conde, Roberto. (2009) The Political Economy of Argentina in the Twentieth Century. New York: Cambridge University Press. 

Cuesta, Martín E. (2012) “Precios y Salarios en Buenos Aires Durante la Gran Expansión (1850-1914)”, Journal: Revista de Instituciones, Ideas y Mercados, Buenos Aires. Nº 56, Mayo.

Ferreres, Orlando J. (2010) Dos Siglos de Economía Argentina 1810-2010. Edición Bicentenario. El Ateneo y Fundación Norte y Sur, Buenos Aires. 

Irigoin, Alfredo M. (1984) “La Evolución Industrial en la Argentina (1870-1940)”. Libertas (ESEADE), Buenos Aires. Número 1, octubre. 

Villanueva, Javier. (1994) “Convertibilidad en la Argentina: Período 1878-1899”. Universidad Católica Argentina. Boletín de Lecturas Sociales y Económicas, Buenos Aires. Año 1 – número 1, octubre.