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lunes, 29 de febrero de 2016

El pons asinorum sigue en pie


Juan Ramón Rallo ha contestado a mi respuesta a su inicial crítica del teorema regresivo de Mises. Adicionalmente, ha recomendado la lectura de este humilde blog. Viniendo de quien considero uno de mis maestros, aunque jamás lo vi en persona y estando a un océano de distancia, es un halago supremo. Además, más que evidencia la generosidad que caracteriza Rallo. No solo lo digo por lo que uno lee sobre él, sino además por testimonio directo de algunos de sus alumnos. Desafortunadamente, no he encontrado su réplica a mi artículo inicial convincente. Este post es un poco largo y reiterativo porque no escatimé esfuerzo ni espacio para dejar perfectamente claro lo que dijo Mises y correctamente recogen Block y Davidson.

Rallo dice que el teorema regresivo no se refiere en última instancia al surgimiento de la primera forma de dinero, el que surge desde el cambio directo (trueque), para afirmar que una cosa debe tener un valor de uso no-monetario; sino que esa necesidad se aplica a cualquier objeto dinerario ya sea que surja desde trueque o desde una economía que ya tenía otro dinero establecido. Para ello él usa la siguiente cita de Mises (1912: 110), pero sin poner la parte final que contiene una frase importante:
If the objective exchange value of money must always be linked with a preexisting market exchange ratio between money and other economic goods (since otherwise individuals would not be in a position to estimate the value of the money), it follows that an object cannot be used as money unless, at the moment when its use as money begins, it already possesses an objective exchange value based on some other use. This provides both a refutation of those theories which derive the origin of money from a general agreement to impute fictitious value to things intrinsically valueless and a confirmation of Menger's hypothesis concerning the origin of the use of money.
Según Rallo: “Fijémonos en que Mises no está diciendo que ‘el objeto utilizado originalmente como primer dinero debe poseer un valor de cambio objetivo no monetario’, sino que está hablando de que cualquier objeto que pase a ser utilizado como dinero debe poseer un valor monetario previo.” 

Sin embargo, Mises en el mismo párrafo está afirmando que su teorema regresivo provee “una confirmación de la hipótesis de Menger respecto del origen del uso del dinero”. Rallo no desconocerá que la hipótesis de Menger refiere al nacimiento del dinero desde un estado de cambio directo, es decir, de lo que yo llamé “el primer dinero”. Por lo tanto, es evidente que Mises se está refiriendo a ese surgimiento desde un estadio de trueque. Mises solo establece que “cualquier objeto” (an object) para ser dinero debe tener necesariamente valor de uso directo si surge desde un estado de trueque. El teorema regresivo únicamente pide la necesidad de valor de uso directo cuando surge el dinero por primera vez desde una situación en que no había dinero antes y ello se desprende incluso del párrafo que Rallo usa para decir lo contrario. El surgimiento del dinero a partir de allí es lo que explica Menger y Mises dice que su teorema lo confirma. Por tanto, Ludwig se debe estar refiriendo a esa evolución a partir del trueque. Dado que (1) la hipótesis de Menger es sobre el surgimiento del dinero a partir de que no había uno (economía de trueque) y (2) Mises dice que su teorema confirma (1), entonces Mises debe estarse refiriendo en última instancia al surgimiento del dinero desde el cambio directo. Es decir, a “el objeto utilizado originalmente como primer dinero”. 

Una vez más debo reiterar que, para refutar la crítica del regreso hacia atrás infinito, el teorema regresivo retrocede, en términos de valor objetivo de cambio, hasta la génesis del dinero. Es decir, el que surgió por primera vez desde el trueque. Esta conclusión es innegable. Necesariamente el componente temporal del teorema y el “regreso” termina ahí. En el “último día” en que un bien era demandado exclusivamente por su uso directo (en consumo o producción) cuando se trocaba, todavía no comienza el elemento histórico que se refiere al momento anterior. Dado que inevitablemente el punto final del regreso del teorema es el “día previo”, por llamarlo de algún modo, al comienzo del uso de un bien de manera indirecta (medio de intercambio), el teorema explica desde, y se retrotrae hasta, el surgimiento del dinero primigenio. No se detiene en alguna de las ulteriores formas de dinero que evolutivamente surgieron luego. Mises (1912: 121) es muy claro:
If in this way we continually go farther and farther back we must eventually arrive at a point where we no longer find any component in the objective exchange value of money that arises from valuations based on the function of money as a common medium of exchange; where the value of money is nothing other than the value of an object that is useful in some other way than as money. But this point is not merely an instrumental concept of theory; it is an actual phenomenon of economic history, making its appearance at the moment when indirect exchange begins.
El “momento cuando el cambio indirecto comienza” no es otro que el inmediatamente posterior al cambio directo (trueque). Y esa interpretación es clara. La fuente de la discusión de Rallo sobre esto, posiblemente, es que Mises se está refiriendo al surgimiento del dinero mercancía. Su “an object” quiere decir cualquier bien que surja como dinero mercancía. Y este lo hace originariamente desde un estadio previo de trueque.

Supongamos que el Bitcoin es el dinero actual y que surgió sin valor de uso directo alguno, reemplazando al anterior dinero fiat. Como correctamente explican Block y Davidson (2015), lo único que requiere el teorema es que el valor de cambio del dinero nuevo pueda ser remontado hacia atrás secuencialmente en el tiempo hasta el final (lo que evita el problema del regreso sin fin). ¿Puede hacerse ello? Claro que sí. El valor de cambio del Bitcoin puede remontarse secuencialmente al momento cuando existía solo dinero fiat papel. A su vez, el valor de cambio del dinero fiat papel dólar se puede remontar a cuando existía, digamos, dinero crédito y luego a cuando solo había dinero mercancía. Finalmente podemos retrotraer el valor de cambio del dinero mercancía al punto terminal cuando una cierta (o algunas) mercancía fue usada por última vez exclusivamente en trueque y no como medio de intercambio. Todo lo que el teorema requiere, se satisface. Por ende, el surgimiento de un dinero sin uso directo previo, a partir de que ya hay precios monetarios en otro dinero ya establecido, no es impedido por el teorema. El teorema regresivo no prohíbe para nada que el Bitcoin (aunque no tuviera ningún valor de uso directo) se monetice o que el oro se re-monetice.

Si llevamos el valor de cambio objetivo del dinero hacia atrás hasta el final, por necesidad lógica llega al momento “uno” del cambio indirecto. Es decir, hasta la situación inmediatamente posterior al cambio directo. El teorema no se detiene en el reemplazo de un dinero previo por otro posterior sino que continúa retrocediendo, pasando por otras formas de dinero que fueron evolucionando*, hasta llegar al primero que dio origen a dicha evolución. Porque el “hilo” que seguimos es el valor de cambio y no el uso directo.

Detenerse en un eslabón de la cadena evolutiva del dinero, como hace Rallo, y pensar que este debió surgir nuevamente (y necesariamente) con un valor no-monetario no es lo que dice el teorema. Pues este, al regresar hacia atrás, toma en cuenta el valor de cambio objetivo y no frena en un eslabón, sino en el inicio de toda la cadena evolutiva del dinero.

Mises (1912: 110), en otro pasaje que cita Rallo, expresamente dice que:
This link with a preexisting exchange value is necessary not only for commodity money, but equally for credit money and fiat money. No fiat money could ever come into existence if it did not satisfy this condition.
¿Cuál es la condición a satisfacer para nuevas formas de dinero cuando ya hay uno previamente establecido? ¿Es el valor de uso directo no-monetario? No. Claramente la condición a satisfacer es el link con un preexistente valor de cambio, y no un uso no-monetario. Tanto el dinero crédito (credit money) como el dinero fiat (fiat money) son otra clase de dinero o “nuevos dineros”, en el sentido de que surgieron posteriormente a que otro, el dinero mercancía (commodity money), ya estaba establecido. Mises se refiere al surgimiento de los dos primeros sin siquiera mencionar la necesidad de que deban tener un uso no-monetario, pero sí destaca palmariamente la obligación de un link a un valor de cambio objetivo. Por ende, para Mises y su teorema, no es necesario que exista un uso no-monetario para ellos.

Lo que Mises resalta como una “condición”, y esta es la clave para el correcto entendimiento del teorema, es el “link con un preexistente valor de cambio”. Para nada el austriaco habla de que las ulteriores clases de dinero que surgieron, el dinero crédito o el fiat, necesiten un valor de uso directo. Como sí lo necesitó el dinero (mercancía) que surgió primigeniamente desde el trueque. El dinero fiat y el dinero crédito solo necesitan el link a un anterior valor de cambio objetivo dinerario, lo que implica un sistema de precios monetarios. De la misma manera que ocurrió con el dinero fiat (sin uso directo), no hay absolutamente ninguna razón para que no pueda ocurrir con el Bitcoin o cualquier bien sin utilidad directa o con ella. Esa es la interpretación correcta de Mises y la que hacen Block y Davidson en su paper.

En igual forma en que el dinero fiat no pudo haber existido sin una estructura de precios (monetarios) previa para calcular, cualquier bien que lo reemplace tampoco puede hacerlo sin ella. Y es irrelevante para el teorema que ese bien tenga o no un uso directo no-monetario, como también fue irrelevante que el dinero fiat no tuviera ninguno. En otras palabras, así como el teorema regresivo establecía rigurosamente la posibilidad del dinero fiat, que no tiene valor de uso directo, gracias a la existencia previa de un sistema de precios; es que es posible que otro dinero (Bitcoin o el que sea) evolucione desde el antes mencionado y tampoco tenga utilidad no-monetaria. Este se apoyaría en la existencia de un sistema de precios en nuestro actual y manipulado dinero papel.

Mises no dice que el dinero fiat tuvo que tener un uso no-monetario. Sino que, como evolutivamente su valor de cambio objetivo estaba ligado continua e históricamente (regresivamente) al del dinero mercancía, el link; el dinero fiat podía existir sin violar el teorema. En el estadio posterior al cambio directo, no es relevante la necesidad de uso no-monetario para ulteriores clases de dinero pues ya hay uno y precios monetarios en uso previamente.

El hecho de que (1) tanto el dinero fiat como el dinero crédito aparecen con posterioridad al dinero mercancía (por ende, son clases de dinero que inician cuando ya había una economía dineraria previa) y (2) para explicar el surgimiento de ambos, Mises no recurrió a una necesidad de que tengan un uso no-monetario sino a que estuviera presente un preexistente valor de cambio; demuestra que la interpretación de Block y Davidson es la correcta y no la de Rallo.

Debe haber una estructura de precios en alguna forma para que cualquier dinero pueda emerger. Si hay precios de trueque (en una economía de cambio directo), el dinero necesariamente va a emerger de un bien que tenga algún valor de uso directo. ¿Por qué? Porque el intercambio que produce esos precios de trueque se realiza por el uso directo que proporcionan los bienes intercambiados. Si hay precios monetarios (en una economía de cambio indirecto), el dinero no tiene por qué emerger de un bien con uso directo, no hay ninguna necesidad pues no estamos en situación de trueque. Puede ser que lo tenga o puede ser que no, pero no hay obligación. No hay nada en el teorema regresivo que implique la necesidad de valor de uso directo, con la excepción obvia de que partamos de una economía de cambio directo y emerja por primera vez un medio de intercambio. El ambiente de cálculo económico cardinal con precios monetarios ya está presente cuando surge un nuevo dinero que se quiere superponer a uno ya establecido y es todo lo que se necesita para establecer un link, no un uso directo previo del bien que empieza a ser monetizado.

Por otro lado, no es que, en una economía monetaria, “el valor de Bitcoin ya está históricamente determinado…” sino que Bitcoin se monta (piggyback) sobre el sistema de precios (monetarios) ya existente. Si solo puede surgir si hay un sistema de precios monetarios ya existente, entonces es irrelevante que el bien tenga o no uso directo. La nueva clase de dinero utiliza la estructura de precios en moneda antigua para poder realizar cálculo económico, pero no está, para nada, “ya históricamente determinado”. Usar algo de punto de partida para estimar no es en absoluto lo mismo que estar determinado por eso.

La estructura de precios monetarios existente gracias al dinero previo brinda un punto de partida para calcular y estimar el poder adquisitivo de otra clase de dinero. Por ende, el elemento central de teorema regresivo sigue vigente: un marco de cálculo económico. Como correctamente dicen Block y Davidson, y yo mismo ya dije: “En resumen, el teorema solo prohíbe la adopción de una nueva moneda sin un marco de cálculo económico.” Para refutar el teorema, se debe refutar esto. Rallo no lo ha hecho.

Rallo dice: “¿Por qué, entonces, sí es posible establecer una relación de intercambio (un precio presente) entre el dólar, el yen, la libra o el euro y Bitcoin a partir del cual proyectar nuestras expectativas de poder adquisitivo futuro de Bitcoin pero, en cambio, no es posible establecer en una economía de trueque una relación de intercambio (un precio presente) entre las vacas, los corderos, las gallinas o las vasijas y el Bitcoin? Dicho de otro modo, o aceptamos que el primer dinero tampoco necesita contar con una utilidad no monetaria previa (en cuyo caso el teorema regresivo deja de significar nada) o aceptamos que los nuevos dineros también requieren contar con una utilidad no monetaria previa, al menos en su origen (lo cual provocaría que Bitcoin violara el teorema regresivo del dinero).”

En una economía de trueque o cambio directo el intercambio se
hace entre un bien con uso directo (en consumo o producción) por otro que también posee algún uso directo. Porque en el momento en que algo (con uso directo) se cambia por otra cosa que no se necesita directamente (no tiene uso directo) sino que se adquiere para cambiarlo luego, estamos en cambio indirecto y no en trueque. Bajo trueque, un intercambio (mutuamente beneficioso) entre A y B solo se realiza si coincide que A tiene los bienes que B necesita y además B tiene los bienes que A desea. Si A tiene los bienes que B necesita pero B solo tiene Bitcoins, el intercambio no se producirá pues B posee algo que A no necesita dado que, suponemos, las monedas digitales no tienen ningún valor de uso directo.

Mientras estemos bajo cambio directo las cosas solo se intercambian por (la apreciación subjetiva de) sus usos directos de consumo o producción (ya sea para consumir o producir ahora, o para guardarlos y consumir o producir luego). En una economía no de trueque se intercambia para usar un bien (dinero) en futuros o inmediatos ulteriores intercambios. La primera clase de dinero que surge puede mantener su uso directo y adicionalmente servir de medio de intercambio general (por ejemplo el oro), pero incluso en esas circunstancias ya no estamos en una economía de trueque. Lo que no hay razones para que ocurra, sin embargo, es que en una economía de trueque, y mientras sigamos en ella, se intercambie algo con valor de uso directo por algo que se sabe no lo tiene.

La respuesta a la pregunta de Rallo, “[por qué] no es posible establecer en una economía de trueque una relación de intercambio (un precio presente) entre las vacas, los corderos, las gallinas o las vasijas y el Bitcoin?”, es clara. Asumiendo que Bitcoin no tiene absolutamente ningún valor de uso directo**, este no se va a intercambiar (por ende, no se puede establecer una relación de intercambio) en una economía de trueque***. Las vacas, los corderos, las gallinas o las vasijas tienen un reconocido uso directo, Bitcoin no. En una economía de puro trueque solo se intercambian dos cosas que necesariamente se espera que tengan valor de uso directo. Por lo tanto, Bitcoin (que se sabe no tiene uso directo) y vacas, corderos, gallinas y vasijas (que sí tienen algún uso directo esperado) no van a intercambiarse en una economía de cambio directo.

Rallo está asumiendo que algo (Bitcoin o lo que sea) sin valor de uso directo (en consumo o producción) puede intercambiarse en una economía de trueque, situación que es completamente incompatible con los intercambios que se realizan bajo cambio directo. Por ende, en el momento en que se produce un intercambio de trueque entre Bitcoin y otro bien, Juan Ramón está suponiendo implícitamente que Bitcoin o lo que sea tiene necesariamente algún valor de uso directo previo. Lo cual es perfectamente compatible con el teorema regresivo. De hecho, Block y Davidson (2015) explícitamente despliegan un escenario hipotético en que Bitcoin aparece desde una economía de trueque y demuestran que el teorema regresivo debe implicar que cuando surge por primera vez, el bien dinerario debe tener algún previo valor en uso directo. 
Por otro lado, si se asume que Bitcoin o el bien que sea no tiene ningún valor de uso directo, entonces no va a intercambiarse en una economía de trueque. Lo que tampoco viola el teorema. 

La dicotomía que plantea Rallo no es correcta en absoluto. Por lo ya explicado, según el teorema regresivo de Mises ni es cierto que hay que aceptar que “el primer dinero tampoco necesita contar con una utilidad no monetaria previa…” ni tampoco es acertado que haya que reconocer que “los nuevos dineros también requieren contar con una utilidad no monetaria previa, al menos en su origen…”.

En otro ámbito, el ejemplo de Rallo por el cual en la primera transacción de Bitcoin se podría lanzar un precio arbitrario de 10 mil dólares y que otro lo acepta se debe a que, al momento de poner ese valor en dinero fiat (dólares), ya había una estructura de precios monetarios (en dólares). Es similar a lo que ocurrió cuando se pasó de una moneda papel fiat a otra (ambas sin uso directo no-monetario) y lo que explica Block y Davidson (2015). La razón por la que tanto el Bitcoin en el ejemplo de Rallo, como el Rentenmark en Alemania de 1923, como el Euro desde 1992, como los Créditos de Argentina en 2002 pueden usarse para el cálculo económico es que la “memoria” de la estructura de precios todavía existía bajo el dólar, el marco papel (aun con su hiperinflación), las viejas monedas fiat europeas y el peso argentino. El teorema explica que es imposible que esas ulteriores monedas surgieran o se impusieran sin un sistema de precios o al menos una memoria a la cual apelar, eso es todo. Es irrelevante para el cálculo económico monetario, el cual usa el sistema de precios monetarios, que la nueva moneda tenga valor de uso directo o no. Lo que se necesita son precios previamente establecidos en la antigua moneda. Dado que, al momento de pedir por primera vez el precio arbitrario de 10 mil dólares, había un sistema de precios en dólares (Rallo admite que hay “una miríada de precios de bienes, servicios o activos en términos de dólares…”); se puede realizar un cálculo económico estimativo. Existe un sistema de precios que permite conocer el valor de cambio objetivo y poder adquisitivo de cada dólar, y de los 10 mil dólares en conjunto, gracias a ello los participantes del mercado pueden estimar hacia arriba o abajo el precio pedido por el Bitcoin y su valor de cambio objetivo.

De hecho, intercambiar dólares por Bitcoin, por más arbitrario que sea el precio o no, y que ello provea la liquidez inicial es algo tenido totalmente en cuenta por Block y Davidson. Adicionalmente, ello no viola el teorema tampoco:
Bitcoin does not need to have a direct-use value in order to be a medium of exchange, because it did not emerge from a pure barter economy. This medium of exchange therefore does not violate the theorem. Clearly, it does have such a value, because it was directly exchanged for other goods, including the U.S. dollar. This provided the initial liquidity, which helped it to become a medium of exchange.
Las dos condiciones que pide el teorema, (1) que haya un sistema de precios previamente para el cálculo económico (cardinal en caso de en una economía monetaria) y (2) que podamos remontar secuencialmente hacia atrás en el tiempo el valor de cambio (hasta el momento en que solo había dinero mercancía y en última instancia al punto en que la mercancía fue usada por última vez únicamente en trueque), se cumplen. En ninguna forma es necesario que el bien dinerario nuevo que surja tenga un uso directo previo, cuando ya estamos en una economía monetaria. Esa necesidad ni es exigida por el teorema ni es lo que decía Mises.

Yo dije que no se pueden formar expectativas sobre el poder adquisitivo del dinero de la nada y Rallo intenta mostrar que no es necesariamente imposible suponiendo que se lanza un primer precio arbitrario en dólares y que alguien lo acepta y paga. Sin embargo, el hecho de pedir un precio arbitrario en dólares para la primera transacción de Bitcoin en absoluto significa que las expectativas surjan “de la nada”. Solo el hecho de que se intercambie por dólares, implica necesariamente la existencia de una economía dineraria. Y si ya hay una economía monetaria, necesariamente hay precios monetarios preexistentes, ya existe un valor objetivo de cambio del dinero que se cambia por Bitcoins. Por ende, estos se pueden tomar como referencia en cual basarse.

Por
s arbitraria, fluctuante o fija que sea la tasa a la que inyecten los Bitcoins, no deja de ser cierto que no se introdujeron de novo. Sino que se pudo intercambiar por dinero. El teorema regresivo sigue intacto. No solo porque podemos estimar su poder adquisitivo con preexistentes precios monetarios, sino además porque podemos retrotraer el valor de cambio de Bitcoin hasta el momento en que se empezó a cambiar por dinero fiat a precio arbitrario. Y, a partir de allí, podemos seguir regresando secuencialmente hasta el dinero mercancía primigenio.

De hecho, como muestran los casos históricos de cambio de moneda por ejemplo luego de una hiperinflación (Block y Davidson, 2015), la fijación entre una moneda fiat y otra nueva que la reemplace puede ser incluso a un arbitrario tipo fijo. El Bitcoin, asumiendo que surge solo como dinero nuevo sin usos directos, no se introduce de la nada. Dinero fiat existía antes de insertarlo y el Bitcoin se intercambió en términos de esa moneda existente previamente. Sin importar que se haya introducido a tasa fija o que la determine el mercado, lo relevante es que ya había precios monetarios existentes.

Bitcoin o cualquier nueva clase de dinero tangible o intangible que surja hoy o hace 20 años claramente tiene y tuvo una estructura de precios en dinero fiat (el cual a pesar de estar manipulado por el gobierno aun así sirve para el cálculo económico monetario). Para esa necesidad de existencia de un sistema de precios, es irrelevante el hecho de que la nueva moneda que surge apoyada en él tenga o no un uso no-monetario. Dicho sea de paso, explicar la forma en que se establezca el precio de Bitcoin o el bien (a ser monetizado) que sea en términos de dinero existente tampoco toca la validez del teorema regresivo. En palabras de Block y Davidson (2015):
Since an existing price structure was in place, the regression theorem has nothing more to say on the matter. And it is not incumbent upon advocates of the regression theorem to explain how the price of bitcoin in terms of the existing currency was established in the absence of any legally-imposed conversion process, when the theorem has nothing to say on the matter.
Por último, en absoluto Mises estaba “consternado”. No solo porque, como ya vimos, Mises explicaba el surgimiento del dinero crédito y fiat sin dificultades vía un preexistente valor de cambio. Sino que además, como explica Salerno (2010: 50), el teorema regresivo establecía rigurosamente la posibilidad lógica del dinero fiat, algo que hasta otro gran austriaco previo como Menger o un importantísimo fellow-traveler como Wicksteed e incluso Marx en sus obras principales habían creído difícil que pudiera existir, siendo solo Wieser el que realizó un intento por probarlo. Aun cuando su teorema demostraba que era posible la existencia del dinero fiat, Mises, incluso en 1966 cuando revisó la última edición de Human Action, no estaba seguro de que alguna vez en la historia se hubieran dado las condiciones para su presencia. Ser consciente de que uno ha demostrado la posibilidad de existencia de algo que probablemente todavía no existió pero que podría existir un día y que muchos grandes autores anteriores erróneamente negaron, difícilmente puede ser tomado como causa de consternación.

En conclusión, Mises no estaba equivocado con su teorema regresivo ni lo están Block y Davidson al interpretarlo. La crítica de Rallo no ha demostrado ser lo suficientemente efectiva. La liquidez, aunque importante en temas monetarios, no lo es todo. Centrarse en ella en exceso llevará y ha llevado a graves errores (tal y como le ocurrió a la rama lachmanniana de la Escuela Austriaca al excederse, en su caso, con el subjetivismo). Los teóricos de la liquidez están en un terreno muy resbaloso.




* El término “evolución” no debe entenderse estrictamente como que “siempre ocurrió de forma ‘natural’ en el mercado”. El dinero fiat actual existe por diversas intervenciones del gobierno, no surgió espontáneamente del mercado. Aun cuando esas intervenciones distorsionaron y minaron la elección espontanea de dinero mercancía, el progresivo establecimiento del dinero fiat estaba sujeto a la ley fundamental del mercado: el dinero fiat sí o sí necesitó una referencia a un preexistente valor de cambio objetivo del dinero que surgió previamente sin intervención. La larga serie de intervenciones estatales que dieron lugar al dinero fiat es lo que demuestra el “teorema progresivo” de Rothbard (Salerno, 2010: 49).

** Tanto en esta parte como a lo largo del post este supuesto se hace solo por el bien del argumento. Es muy cuestionable, y no se va a entrar en esa discusión acá, que Bitcoin no poseyera algún valor de uso directo (de consumo o inversión) en su origen, por más limitado que estuviera. De haberlo tenido, y es seguro que lo tuvo (Block y Davidson, 2015), el caso específico del Bitcoin convirtiéndose en dinero no violaría el teorema de Mises ni aceptando la crítica de Rallo.

*** Observen que ni Rallo ni yo nos hemos detenido en el punto evidente de que es imposible que Bitcoin surja de una economía de trueque. El detalle “técnico” se obvia solo para utilidad del argumento. Los límites enormes del cambio directo, en particular su imposibilidad de efectuar cálculo económico monetario, hacen impracticable que se pueda establecer una estructura productiva tan compleja como para crear computadoras, así como la infraestructura eléctrica y de internet para que funcionen y permitan el Bitcoin. Block y Davidson (2015) notan esto en su ejemplo hipotético.





Block, Walter y Davidson, Laura (2015), “Bitcoin, the Regression Theorem, and the Emergence of a New Medium of Exchange”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 18, No. 3, 311-38.

Mises, Ludwig von (1912), The Theory of Money and Credit. New Haven: Yale University Press. 1953.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

miércoles, 20 de enero de 2016

Rallo se equivoca sobre el teorema regresivo


Rothbard (1988) decía que el teorema regresivo era el pons asinorum (ver “Otros usos”) de los críticos de la teoría monetaria de Mises, y lo sigue siendo. Juan Ramón Rallo publica una parte pequeña de su próximo libro contra la teoría monetaria de Mises. El post se trata de una crítica a su teorema regresivo del dinero. Es apenas un precalentamiento de lo que podríamos llamar “el ataque de la liquidez” contra la rama misesiana de la Escuela Austriaca. Sin embargo, como veremos, la crítica de Rallo no invalida para nada la idea de Mises.

Rallo dice que el surgimiento de un nuevo dinero no necesariamente requiere que el objeto dinerario haya tenido un uso directo, es decir, una utilidad no monetaria. El teorema regresivo de Mises supuestamente establece que “sólo” los bienes económicos con utilidad no monetaria previa pueden convertirse en dinero. En sus palabras resumidas: 

[L]a utilidad subjetiva del dinero no estará, por necesidad, históricamente ligada a su utilidad no monetaria originaria, sino que puede estarlo, simple y llanamente, a la aptitud que se espera que exhiba ese bien para actuar como dinero (como medio de cambio indirecto con valor objetivo de cambio estable)... 
Por consiguiente, un objeto podrá pasar a actuar como dinero aunque carezca de utilidad no monetaria previa...  
Si Mises se hubiera limitado a decir que los bienes con una utilidad no monetaria previa tienen muchas más probabilidades de convertirse evolutivamente en dinero que aquellos objetivos sin utilidad no monetaria, habría estado en lo cierto: pero es falso que sólo los bienes económicos con demanda no monetaria previa puedan convertirse en dinero. 

Walter Block y Laura Davidson lanzaron hace poco un paper (Block y Davidson, 2015) que trata de responder si el Bitcoin viola o no el teorema regresivo de Mises, cosa que se viene discutiendo desde la blogósfera e Internet en los últimos años. Coincidentemente, el trabajo de ambos autores contiene una respuesta completa a la crítica de Rallo. Lawrence White ya había ensayado un argumento similar al de ellos en la primera de sus dos posibles respuestas al desafío. Pero Block y Davidson realizan un análisis mucho más detallado

La clave del teorema de Mises es, básicamente, que es imposible para ninguna forma de nuevo dinero (ya sea el primero que surgió o uno nuevo que surja luego de que otro ya está establecido) emerger sin que exista alguna clase de sistema de precios con antelación. Sin precios previamente presentes en alguna forma, los actores no pueden calcular usando el nuevo dinero. Si antes de establecer la novedosa moneda no había precios monetarios para los bienes y servicios, entonces la única manera de obtenerlos es vía el cambio directo de una economía de trueque. En resumen, el teorema solo prohíbe la adopción de una nueva moneda sin un marco de cálculo económico (Block y Davidson, 2015).

Debe quedar claro que Mises, para evitar la acusación de que apelaba a un regressus in infinitum (ir hacia atrás sin límite), se refiere al surgimiento del primer dinero desde un estado puro de trueque, donde no existen precios monetarios (Block y Davidson, 2015). Mucha atención a la palabra “primer”. Es decir, se está explicando el surgimiento del primer dinero original, no de otra clase de dinero que surge luego de que previamente hay uno establecido. El austriaco se refiere al trueque y al uso directo del bien solo y en cuanto al surgimiento del dinero a partir de una situación en que este no existía previamente.

Por lo tanto, el teorema no debe ser interpretado como que, una vez establecido un dinero y el cálculo monetario con precios (monetarios) que permite, todo ulterior medio de intercambio o moneda necesite siempre tener previamente utilidad no monetaria (Block y Davidson, 2015). 

Mises reconoce que un nuevo medio, como el dinero fiat, puede montarse en el existente entramado de precios aun cuando jamás fue valuado directamente como mercancía en sí mismo (Block y Davidson, 2015).

Hay dos circunstancias separadas en las cuales un nuevo medio de intercambio puede surgir como dinero: 1) el nuevo medio emerge de una economía puramente de trueque, en cuyo caso sí necesita tener algún previo valor de uso directo o 2) el nuevo medio emerge cuando ya previamente existe una estructura de precios monetarios o al menos una memoria de la misma. En este caso, el nuevo medio (sea tangible o intangible) no necesita tener ninguna utilidad no monetaria. Ni tampoco ser respaldado o redimible por otra cosa, ni necesita ser establecido a una tasa fija. Nada de eso viola ni invalida el teorema regresivo (Block y Davidson, 2015). Mientras que existan precios (monetarios) en términos de la antigua moneda, eso es todo lo necesario para satisfacer el teorema.

No hay ninguna necesidad praxeológica de que cualquier nuevo medio de intercambio tenga un uso directo a menos que emerja de una situación de puro trueque, en cuyo caso solo lo hace porque no hay ninguna estructura de precios monetarios previa. Debido a que el “primerísimo primer” medio de cambio en emerger lo tuvo que haber hecho necesariamente sin precios monetarios previos, ese bien debió haber sido originalmente valuado, y cambiado, en trueque. El teorema regresivo de Mises NO dice que TODO ulterior medio de cambio deba haber sido intercambiado directamente o necesite tener valor de uso directo. Ni tampoco hay necesidad praxeológica de que el dinero deba tener uso directo para ser vendible, la liquidez del dinero depende de la confianza de los participantes del mercado en que será aceptado luego (Block y Davidson, 2015).

Un nuevo dinero, como por ejemplo el Bitcoin si algún día llegara a serlo, no necesita para nada tener un uso no monetario para emerger como un medio de intercambio, por el simple hecho de que no surge desde una economía de trueque puro. Por lo tanto, ello no viola el teorema regresivo para nada (Block y Davidson, 2015).

Dicho sea de paso, a pesar de usar términos como “regresivo”, el análisis monetario austriaco-misesiano tiene mucho de prospectivo. Para decidir el tamaño de sus tenencias monetarias, a los agentes les interesa el poder adquisitivo futuro esperado del dinero. Pero para poder intentar anticipar la futura estructura de precios, deben fijarse en los precios inmediatamente pasados. Nadie mecánicamente proyecta o extrapola los precios de “ayer” al futuro. Sino que usan los precios de “ayer” para estimar (appraising) la estructura de precios que emergerá y prevalecerá “hoy” como resultado de los cambios anticipados que intervinieron en los datos de la economía ayer (Salerno, 2010: 85-86). Rallo extrañamente parece decir que se puede esperar que un dinero tenga un esperado valor de cambio objetivo futuro estable sin recurrir a la experiencia pasada. Ergo, que las expectativas se pueden formar "de la nada" y no usan de punto de partida el pasado inmediato o no tan inmediato. Lo cual, claramente, es falso.

En resumen, Rallo tiene razón en que “un objeto podrá pasar a actuar como dinero aunque carezca de utilidad no monetaria previa”. Pero es falso que ello sea una crítica al teorema regresivo de Mises o que lo invalide. Rallo erra completamente en pensar que el teorema implica que “sólo los bienes económicos con demanda no monetaria previa puedan convertirse en dinero.”




Rothbard, Murray N. (1988) “Timberlake on the Austrian theory of money: A comment”. The Review of Austrian Economics. Vol. 2, No. 1, 179-187.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Block, Walter y Davidson, Laura (2015), “Bitcoin, the Regression Theorem, and the Emergence of a New Medium of Exchange”. Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 18, No. 3, 311-38.

domingo, 17 de enero de 2016

Otro fracaso de la izquierda Premio Nobel


Ya vimos como el economista Ludwig von Mises destrozó las falaces e ignorantes críticas sobre la Ciencia Económica por parte del sociólogo Gunnar Myrdal. Pues bien, los grotescos errores económicos de Myrdal no terminan en ese antecedente.

Antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial, varios economistas, muchos de ellos keynesianos, predijeron una alta probabilidad de un “Apocalipsis” de desempleo masivo y depresión económica en Estados Unidos una vez que el gasto público, la inflación y la regulación disminuyeran al concluir el conflicto. Para ellos, el pasar rápidamente de una economía de guerra comandada por el gobierno a una de mercado sería un desastre. Paul Samuelson, keynesiano y futuro Premio Nobel de Economía, fue uno de los más famosos de ellos (Henderson, 2010). Pero además de él, otro futuro Premio Nobel, el socialista sueco Gunnar Myrdal, se sumó al “Club del Cataclismo”. Myrdal decía en 1944 (Henderson, 2010):
La incertidumbre económica en Estados Unidos hoy se centra en qué le va a ocurrir a este auge económico cuando 1) la demanda del gobierno por materiales de guerra disminuya y gradualmente desaparezca, y 2) el control central sea reemplazado por la empresa libre.  
Excepto por la Alemania Nazi y la Rusia Comunista (es decir, por las economías centralmente planificadas), no tenemos ningún precedente histórico sobre la estabilización de un boom. En una sociedad capitalista desregulada, parece que un auge debe siempre terminar en crisis y depresión… ¿Cómo se puede evitar el caos una vez que la enorme presión inflacionaria y los controles equilibrantes son simultáneamente removidos?
Además de eso, Myrdal creía que el “mucho mayor optimismo” que vio en Estados Unidos en 1944 comparado con el de 1941-42 estaba injustificado. Según él, perderían el empleo luego de la guerra un mínimo de “9 millones de las fuerzas armadas, 4 millones de la industria, medio millón del sistema de transporte y 1 millón de la administración pública”. Para que la economía pudiera continuar en “pleno empleo”, según el sociólogo sueco, debería haber “un enorme aumento en los salarios para poder crear suficiente base de poder adquisitivo”. Sin eso, Myrdal predijo “un grado muy alto de malestar económico” y “una epidemia de violencia” (Henderson, 2010).

En una sola cosa no se equivocó: un número muy importante de empleos del Estado se perdieron. De hecho, el empleo en la industria (relacionada con la milicia) cayó en 10,2 millones en 1945-1947, más del doble de lo predicho por Myrdal (Henderson, 2010). Pero no equivocarse en eso, no es ningún mérito. Era una obviedad que mucho empleo relacionado con lo militar se perdería. Con lo cual, el único “acierto” en todo este asunto de Myrdal, no vale casi nada.

En todo lo demás, erró patéticamente. La desmovilización se realizó rápidamente, los empresarios en el sector privado, llenos del optimismo que Myrdal había considerado engañoso, emplearon a millones de soldados, marineros, etc. despedidos de las fuerzas armadas y las industrias militares (Henderson, 2010). El pleno empleo se mantuvo incluso solo a un año del despedido de millones de trabajadores del sector público y hasta que la desmovilización terminó.

Y todo ello ocurrió, según estimaciones, con una caída del salario real ajustado por productividad (ergo, una reducción del poder adquisitivo) y con una desregulación importantísima en muy poco tiempo. Myrdal claramente había caído en la falacia del poder adquisitivo.

Un ejemplo increíble de como la torpe y prejuiciosa visión de un progresista sobre la economía de mercado hizo que su análisis sea un fracaso ridículo. 

Samuelson (keynesiano) y Myrdal (socialista), dos Premios Nobel y dos fracasos que pasaron a la historia por haber puesto la ideología por delante del análisis económico serio. 



Henderson, David R. (2010) “The U.S. postwar miracle”. George Mason University: Mercatus Center. Working paper 10-67.

miércoles, 6 de enero de 2016

Mises alecciona a un Premio Nobel

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Mejor dicho, Mises alecciona a un futuro Premio Nobel.

Gunnar Myrdal fue un sociólogo y economista sueco de orientación social demócrata que ganó el Premio Nobel de Economía* en 1974 compartido con el economista austriaco Friedrich von Hayek. Dada la fama de liberal de Hayek por entonces, la Real Academia de Ciencias de Suecia probablemente pensó que otorgarle el sexto del recién creado premio solo al austriaco sería ir demasiado para un lado del “espectro ideológico”. Por lo tanto, le impregnó cierto “balance” al galardón del año 74 al darle la mitad a alguien de izquierda y, además, un compatriota como Myrdal. De este suceso, darle un premio a un socialista y a un liberal, proviene el chiste de que el Nobel de Economía es el único galardón que se otorga a dos personas por decir cosas opuestas. Al parecer, los de la academia perdieron el “miedo” dos años luego al dárselo íntegramente a Milton Friedman. 

Myrdal publicó en 1953 un libro llamado El Elemento Político en el Desarrollo de la Teoría Económica (Myrdal, 1953). En él (Myrdal, 1953: 199-200), el sueco realiza una crítica que hasta el día de hoy se escucha en contra de la Ciencia Económica por parte de algunos que se llaman “heterodoxos” o de gente no muy habituada a estudiarla profundamente: la Economía se enfoca en que las acciones humanas “están motivadas únicamente por intereses económicos”. Donde “intereses económicos” significa “el deseo por mayores ingresos y precios más bajos y, además, tal vez estabilidad de salarios y empleo, razonable tiempo para ocio y un ambiente conductivo para su uso satisfactorio, buenas condiciones laborales, etc.”

Una vez expuesto esto, Myrdal triunfantemente declara que es un error. “Afortunadamente” los hombres no se dejan guiar “solo” por intereses económicos. También les interesan los “objetivos sociales” y los “ideales” que la sociedad debería conformar. Por lo que, en lugar de ser los “intereses” (económicos), las personas se guían por “actitudes” (sociales). Una “actitud” significa “la disposición emotiva de un individuo o un grupo para responder en cierta forma a situaciones reales o potenciales”. Este es, según Myrdal, la “dificultad más fundamental” para que la Economía este en un “camino satisfactorio”.

En la actualidad, mucha gente critica a los economistas porque, dicen, que ellos se concentran únicamente en un “homo economicus” que solo se interesa por maximizar sus ingresos, comprar barato y ser egoísta.

El economista austriaco Ludwig von Mises realizó un muy breve pero demoledor review de la obra de Gunnar Myrdal en 1954 (Mises, 1954) y en un libro de 1957 (Mises, 1957: 205-08) concentrado en la crítica anterior. Básicamente Mises lo acusa de un error fundamental: el argumento de Myrdal es una falacia del hombre de paja. Gunnar simplemente construyó una caricatura sobre los economistas y no le costó dificultad rebatirla. Una acusación gravísima para alguien que todos consideran un intelectual respetable. Adicionalmente, lo inculpa de una ignorancia negligente.

Los economistas nunca dijeron lo que Myrdal les adscribía. Los más respetables, al menos al momento en que Myrdal los criticaba, jamás expresaron que la gente se movía “únicamente” por intereses económicos de ganar más, comprar barato y tener más lujos. Cierto es que, dada su muy incorrecta teoría del uso-valor, los economistas clásicos nunca pudieron explicar bien la conducta de los consumidores. Debido a ello, se concentraron prácticamente solo en el comportamiento de los hombres de negocios que servían a los consumidores y tomaban los gustos de estos últimos como “dados”.

Cuando hablaban del principio de comprar en el mercado más barato para vender en el más caro, trataban de interpretar las acciones de los hombres de negocios en su función de proveer a los consumidores, no en la función de consumidores o gastadores de sus ingresos. Los clásicos no entraban en análisis sobre los motivos de los consumidores para consumir o comprar. No investigaban si los compradores solo querían saciar sus terrenales anhelos físicos o si gastaban por otros motivos de obligaciones éticas, religiosas o de conciencia social. Cuando los clásicos distinguían entre motivos puramente económicos y otros motivos, era solo para enfocarse en los primeros. Pero los clásicos jamás negaron ni dejaron completamente fuera del análisis que a los hombres los guían otros motivos además de lo puramente económico. De hecho, Mises (1957: 206-07) incluye una cita de Mill que lo demuestra. 

Pero incluso asumiendo que los clásicos hayan dicho lo que Myrdal les atribuía, las críticas del sueco estaban orientadas a la actual economía en ese momento (1953) y ni siquiera eso era cierto. 

La moderna Economía, que superaba por mucho a los economistas clásicos, es la surgida de la Revolución Marginalista posterior a 1870. Y esta traza todas las acciones humanas a juicios de valor de los individuos. Jamás fue, ni es, lo torpe que Myrdal dice como para creer que toda la gente únicamente actúa para adquirir mayores ingresos, menores precios y más riqueza material. Al actuar, el hombre prefiere ciertas cosas sobre otras y elije entre varios modos de conducta. El resultado del proceso mental que hace a la persona preferir una cosa por sobre la otra se llama juicio de valor. No importa cuales son los contenidos de esos juicios de valor. Para la Economía es irrelevante el que un sujeto apunte como miembro de un sindicato a aumentar su salario o como santo al mejor cumplimiento de su deber religioso o como reformador social al empoderamiento de cierta clase sobre otra. El hecho “institucional” de que mucha gente desea obtener más bienes materiales es un dato de la historia económica, no un teorema económico (Mises, 1957: 207-08). 

Mises señalaba, además, que uno de los grandes teóricos marginalistas y su maestro, el austriaco Eugen Böhm-Bawerk, en su primer aporte a la teoría del valor en 1886 (Böhm-Bawerk, 1886), deliberada y explícitamente usaba términos como “bienestar” para, precisamente, evitar que se entendiera que su análisis se centraba solo en consideraciones comúnmente entendidas como egoístas. Sino que su estudio comprendía todo lo que a un individuo le pareciera deseable y digno de ser alcanzado. Por lo que la crítica de Myrdal, una vez más, no se aplicaba en absoluto bajo ninguna circunstancia al moderno análisis marginalista-subjetivista, particularmente el de la Escuela Austriaca. Es que incluso el propio Myrdal en páginas previas (Myrdal, 1953: 98) reconocía que Bawerk rechazaba el análisis “hedonista” que él mismo estaba criticando. Pero el sueco añadía, tratando torpemente de desdeñar, que ese rechazo del austriaco vino luego en “ediciones posteriores” de su tratado. Algo que, como vimos y como señalaba Mises, era claramente falso pues estaba presente desde la primera aportación de Bawerk a la teoría del valor. A esta altura, Mises (1954) ya no solo acusa a Myrdal de realizar una caricatura absurda de los economistas, sino además de “negligencia reprensible”. Y no es de extrañar. La ignorancia supina de Myrdal era no solo indignante, sino un serio obstáculo para tomar seriamente lo que decía.

El resto de sus críticas, sobre este tema, contra el utilitarismo y hedonismo se basaban en su errónea concepción sobre el carácter formal y tautológico de los términos "utilidad" y "felicidad" como son usados por los economistas. Cuestiones ya aclaradas y criticas ya refutadas por el propio Mises antes de que Myrdal escribiera su libro (Mises, 1949: 14-15). Poco queda por decir ante tan abrumadora refutación. 




*Sí, ya sé que no hay un “Premio Nobel” estrictamente hablando para la Ciencia Económica. No es un galardón en el cual pensara Nobel en su última voluntad, sino que es un premio financiado por el banco central de Suecia. 



Böhm-Bawerk, Eugen von (1886), “Grundzüge der Theorie des wirtschaftlichen Güterwerts”. Jahrbücher für Nationalökonomie und Statistik. Vol. 13, No. 1-2, 477-541. Traducido por Hans Sennholz como (2005) Basic Principles of Economic Value. Grove City, Pennsylvania: Libertarian Press.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Mises, Ludwig von (1954), “Myrdal’s Economics”. The Freeman. Vol. 4, No. 14, 496.

Mises, Ludwig von (1957), Theory and History: An Interpretation of Social and Economic Evolution. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2007.

Myrdal, Gunnar (1953), The Political Element in the Development of Economic Theory. London, UK: Routledge & Kegan Paul, Ltd. 2002.

domingo, 29 de marzo de 2015

LA función del dinero


"El dinero se cambia por productos y servicios."

Homero Simpson (minutos 01:55 a 02:30 de este capítulo)



Como suele ser usual, la serie animada Los Simpsons dan una lección de sabiduría económica asombrosa. Observen que, para Homero, la función principal del dinero es la de ser un medio de intercambio generalmente aceptado. Como vamos a ver, él tiene mucha más razón de lo que podría imaginar.

Si tomamos cualquier libro de texto de macroeconomía o de economía en general y vamos a la parte donde se estudia el dinero, casi siempre suele haber un apartado llamado "Funciones del dinero". En él se listan, valga la redundancia, las numerosas funciones que se le atribuyen al mismo. Comúnmente son tres o cuatro: a) depósito de valor, b) unidad de cuenta o de valor, c) medio de intercambio o pago y, a veces, d) patrón de pagos diferidos. En ocasiones son más aún, siempre se le pueden encontrar funciones adicionales al dinero. Rara vez se les da un orden específico o algún grado de importancia. Sin embargo, como veremos, ello es un error. El dinero tiene una función única esencial y las demás son secundarias y derivadas de la primera.

Comencemos, una vez más, con la definición de dinero. El dinero es un medio de intercambio generalmente aceptado o comúnmente usadoLa definición, claramente, tiene dos partes: 1) medio de intercambio y 2) comúnmente usado o generalmente aceptado. Un medio de intercambio es un bien económico (es decir, escaso) que no se demanda ni para consumirlo directamente ni para usarlo en la producción. Se adquiere con la intención de cambiarlo ulteriormente por los bienes que realmente se quiere consumir o los que se desean usar en la producción.

Un bien solo puede cumplir su rol o función de unidad de cuenta cuando ya es un medio de cambio de aceptación general. Es decir, cuando ya es dinero. Debido a que el bien dinerario es un medio general para todos los intercambios, puede servir como unidad de cuenta para precios futuros o presentes. El dinero no puede ser una unidad de cuenta abstracta salvo mientras sea un medio de intercambio general. Es más, debido a que es un medio de intercambio general, se tiende a elegir como unidad de cuenta. Además, precisamente porque el dinero es un medio general, es el bien más aceptado y, debido a ello, puede ser almacenado para cambiarlo en el presente o futuro (es decir, ser usado como depósito de valor). Un medio de intercambio se elige entre bienes durables de valor estable y, por tanto, adecuados para ser depósito de valor. Tan pronto como la práctica de emplear cierto bien se transforma en general, la gente comienza a guardarlo en preferencia sobre otros bienes. La función de medio de cambio aceptado es la condición necesaria de las otras (Mises, 1912: 35; Rothbard, 1963: 11-12; Hülsmann, 2007: 216; Fillieule, 2012).

Para ser claro, nadie ha dicho que las demás funciones del dinero no existan. Sino que, el dinero solo tiene una única función importante y esencial para ser dinero: ser un medio de intercambio generalmente aceptado. Las restantes, son corolario, se deducen y son dependientes (en resumen, son secundarias) de esa función primordial.

Carl Menger, fundador de la Escuela Austriaca de Economía, dedica una sección entera de su revolucionario libro (Menger, 1871: 272-80) a las funciones de "medida de los precios" y depósito de valor y dice lo siguiente sobre las mismas (Menger, 1871: 280): 
Pero me parece a mí que las funciones de ser una "medida de valor" y un "depósito de valor" no deben ser atribuidas al dinero como tal, dado que estas funciones son de naturaleza meramente accidental y no son parte esencial del concepto de dinero.
Desde sus mismos inicios, la Escuela de Viena ha puesto la función de medio general de intercambio como principal y de la cual derivan las demás. Luego de Menger, la segunda generación de la Escuela Austriaca no dedica demasiado tiempo al estudio del dinero, concentrándose en temas referidos al capital, valor y precios. Ni Friedrich von Wieser ni Eugen Böhm-Bawerk escribieron mucho al respecto del dinero en sí. Ludwig von Mises es parte de la tercera generación que sí estudia en profundidad la materia monetaria y uno de los más grandes teóricos monetarios de todos los tiempos. Su primer libro importante es un tratado sobre el dinero (Mises, 1912). Para Mises (Hülsmann, 2007: 216; Gabriel, 2012; Fillieule, 2012), claramente LA función del dinero es ser un medio de intercambio generalmente aceptado. Las demás, son solo corolario de la misma. Mises (1912: 34-35) escribe: 
Sin embargo, ciertas tendencias en la literatura reciente sobre el dinero hacen recomendable examinar brevemente estas funciones secundarias (algunas de las cuales son unificadas con la función básica por muchos autores) y mostrar una vez más que todas ellas pueden ser deducidas de la función del dinero que es ser un medio común de intercambio.
Posteriormente, Mises (1949: 398) es aún más explícito: 
El dinero es el objeto que sirve como medio de cambio generalmente aceptado y comúnmente usado. Esta es su única función. Todas las demás funciones que la gente le adscribe son meramente aspectos particulares de su primaria y única función, la de ser medio de intercambio.
Posteriormente, el Premio Nobel de Economía, Friedrich von Hayek (1976: 55, 67) dice: 
Servir como el medio de cambio ampliamente aceptado es la única función que un objeto debe cumplir para calificar como dinero, a pesar de que un medio de intercambio generalmente aceptado, en general, va a adquirir además ulteriores funciones de unidad de cuenta, depósito de valor, estándar de pagos diferidos, etc… Tratar estos usos como diferentes "funciones" del dinero es común pero no realmente apropiado. Ellas son, en realidad, simplemente consecuencias de la función básica del dinero como un medio de intercambio...
Otro de los más grandes economistas monetarios de toda la Escuela Austriaca, Murray Rothbard (1963: 11), expresa claramente: 
Muchos libros de texto dicen que el dinero tiene varias funciones: medio de cambio, unidad de cuenta o "medida de valores", "depósito de valor", etc. Pero debe quedar claro que todas estas funciones son simplemente corolarios de la única gran función: el medio de intercambio.
Joseph T. Salerno es, por lejos, el mayor economista monetario vivo de la Escuela Austriaca hoy en día. Salerno (2010: 65-66, 592) comenta: 
Como el bien más generalmente vendible de la sociedad o "el medio general de intercambio", el dinero emerge paso a paso desde un proceso de mercado evolutivo impulsado por las acciones de individuos esforzándose conscientemente para obtener el máximo beneficio de su cooperación en los intercambios y la división del trabajo. Todas las demás funciones del dinero, es decir, "depósito de valor", "unidad de cuenta", "estándar de pago diferido"; son y deben permanecer como subsidiarias frente a la función primaria del dinero como medio de intercambio… Los austriacos, comenzando con Carl Menger en 1871, consideraban la función del depósito de valor del dinero como secundaria y derivada de su función primaria como medio de cambio general.
Esto no es recurrir a la falacia de autoridad, sino simplemente mostrar que hay consenso entre los mayores teóricos monetarios de la Escuela Austriaca sobre este tema.

Homero Simpson tiene toda la razón.





Fillieule, Renaud (2012), "The Monetary Theory of Current Textbooks in Light of The Theory of Money and Credit". En Hülsmann, Jörg G. Ed. (2012) Theory of Money and Fiduciary Media. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Gabriel, Amadeus (2012), "Why was the Reception of the First Edition of Mises’s Theory of Money and Credit so Lukewarm?". En Hülsmann, Jörg G. Ed. (2012) Theory of Money and Fiduciary Media. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.


Hayek, Friedrich A. von (1976) Denationalisation of Money -The Argument Refined. Institute of Economic Affairs. 1990.

Hülsmann, Jörg G. (2007) Mises: The Last Knight of Liberalism. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Menger, Carl (1871), Principles of Economics. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2007.

Mises, Ludwig von (1912), The Theory of Money and Credit. New Haven: Yale University Press. 1953.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Rothbard, Murray N. (1963) What Has Government Done to Our Money? Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2010.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

jueves, 12 de febrero de 2015

La Gran Depresión en USA, 1930-31: La intervención en los salarios

Fuente

"Si todo lo posible se hace para prevenir que el mercado cumpla su función de balancear oferta y demanda, no debería sorprender que una seria desproporción entre ambas persista, que mercancías permanezcan sin vender, fabricas estén ociosas, muchos millones desempleados, que la miseria e indigencia estén creciendo y que finalmente, a raíz de todo esto, el radicalismo destructivo sea rampante en la política."

Ludwig von Mises (1931)


Ese pasaje de Mises resume muy bien la visión austriaca de la Gran Depresión: La política intervencionista del gobierno con los salarios a principio de los años 30s fue el factor causante principal (aunque no el único). Esa explicación ha sido confirmada por el análisis económico moderno como el del economista Lee Ohanian (2009). Ohanian comenta y demuestra, en paralelo con los austriacos, que esta política es el evento único más importante que precipitó la Gran Depresión.

La intervención estatal de los salarios

a) Ni bien ocurrió el crac de la bolsa en los últimos días de octubre de 1929, el Presidente de Estados Unidos desde marzo, Herbert Hoover, se puso a actuar inmediatamente. En noviembre convocó a los "capitanes de la industria" (los mayores empresarios industriales de la época, Ford, el presidente de la Standard Oil, de la cámara de comercio, DuPont, etc.) a una serie de reuniones en la Casa Blanca para "convencerlos" de que no bajaran los salarios o los redujeran menos que el costo de vida (Anderson, 1949: 220-21; Rothbard, 1963: 209-14; Ohanian, 2009). Afortunadamente tenemos acceso al comunicado de prensa que en una parte dice: 
"El Presidente fue autorizado por los empleadores que estaban presentes en la conferencia de la mañana para declarar de su parte que no van a iniciar ningún movimiento para reducir salarios, y que su mayor recomendación es que esta actitud debería persuadir a todo el país. Consideraron que, más allá de las consideraciones humanas, el poder de consumo del país será mantenido."
Veamos como se comporta del desempleo luego de la primera reunión.

NBER y FRED II
¿Por qué los empresarios "sedientos de ganancias" seguirían el consejo de Hoover? Porque básicamente fueron chantajeados. Si no mantenían sus salarios, el Presidente Hoover no iba a protegerlos de los sindicatos. En esos momentos, las empresas eran muy temerosas de los gremios (expropiaciones, huelgas para apropiarse de ganancias de capital, la mucho mayor prima por estar en el sindicato, etc.) y de las decisiones de la corte muy favorables a ellos y sus políticas (Ohanian, 2009; Baird, 2011). También eran temerosos de las acciones que la Casa Blanca pudiera tomar contra ellos (Horwitz, 2011). Muchas de esas políticas sindicales habían sido impulsadas y firmadas a leyes por el propio Hoover. Como secretario de comercio (1921-28), Hoover impulsó legislación (como la Railway Labor Act) que incrementó la probabilidad de organización sindical y aumentó su poder de negociación (Ohanian, 2009; Rothbard, 1963: 199-207). Claramente había serios incentivos y amenazas para los empresarios. Difícilmente puede decirse que seguir el pedido de Hoover fue algo completamente "voluntario" en muchos casos.

b) Incluso Hoover prohibió la inmigración por decreto para ayudar tanto a mantener los salarios altos como a solucionar el problema del desempleo. Los inmigrantes que "trabajaban por salarios bajos" desde Europa cayeron en un 90 % en unos meses (Rothbard, 1963: 243-44; Horwitz, 2011). Esto no debería extrañar dado que para Hoover: "[N]o muchos años atrás, el empleador consideraba que era de su interés usar las oportunidades que dan el desempleo e inmigración para bajar salarios" (Ohanian, 2009). El 9 de septiembre de 1930, el Presidente realmente pretendía decididamente prohibir por ley toda posterior inmigración para "salvar" empleos y mantener salarios altos. Evitando de esta manera que las fuerzas del mercado global establezcan los salarios.

c) Por si todo eso fuera poco, en marzo de 1931 Hoover firma la Davis-Bacon Act para aumentar aún más la intervención estatal de salarios y mantenerlos altos. Según esa ley todos los proyectos de construcción financiados o asistidos por fondos federales debían pagar los "salarios imperantes" (es decir, los salarios por encima del mercado de los sindicatos) y limitaba horas. Cerrando el paso completamente a la mano de obra no sindicalizada, en especial inmigrantes y no-blancos, en la construcción y además elevando el costo para los contribuyentes que ya estaban en una muy mala posición (Horwitz, 2011). 


Claramente Hoover estaba bajo la ilusión de la extremadamente falaz teoría del poder adquisitivo. El Presidente hizo todo cuanto pudo para mantener el "poder adquisitivo de los salarios reales" de los trabajadores. Como la mayoría de los intelectuales y políticos de la época, Hoover creía que si las principales empresas bajaban salarios, los trabajadores no tendrían poder adquisitivo para comprar los productos. 


Los austriacos reconocieron en su momento que esto era claramente un error con consecuencias terribles. Mises destaca lo pernicioso de ello en 1931 (Mises, 1931). Lionel Robbins en 1934 (Robbins, 1934: 69-72) reportaba que esta política implicaba que el consumo se mantenía a expensas del capital. Anderson (1949: 220) sabe que tuvo resultados no satisfactorios.


Como señala Vedder y Gallaway (1987) es cierto que los salarios terminaron bajando, la política de Hoover no podía seguir para siempre. Pero lo que fue definitivamente importante eran los momentos en que decrecían los salarios. La intervención estatal de Hoover impidió que los salarios se ajustaran rápidamente desde el inicio, exacerbando el desequilibrio e incrementando la severidad de la depresión (Vedder y Gallaway, 1987). Entre 1929 y gran parte de 1930, en promedio, los salarios industriales nominales (por hora) prácticamente no se movieron.

Las consecuencias nocivas de no permitir que los salarios se ajusten

Como consecuencia de que los precios de los bienes y servicios caían en el mismo periodo por la recesión, los salarios reales (el salario nominal ajustado por precios) aumentaban. Primero modestamente y luego ampliamente a medida que la depresión se profundizaba (Ohanian, 2009). La subida de salarios reales se debe, claramente, al mantenimiento constante o no caída proporcional de los salarios mientras los precios de los bienes se desplomaban. Esto se observa en el siguiente gráfico:

Ohanian (2009)
La forma de ver que este episodio de los años 30s es radicalmente diferente a los anteriores, es compararlo con una crisis importante previa. En la recesión de 1920-21 los salarios se ajustaron brutalmente a la no menos brutal caída de precios (recuerden que la caída de precios de 1920-21 fue más profunda que la de los años 30s). El ajuste de salarios y precios fue completamente diferente en 1920-21 que en la Gran Depresión. Durante la recesión 1920-21 los salarios eran mucho más flexibles (Caplan, 1996). En el gráfico de abajo se puede ver el salario real ajustado por productividad y la cantidad de empleo para los periodos 1920-22 y 1929-32. Es claro como el ajuste a la baja de los años 20s hace que el empleo vuelva a crecer. Mientras el ajuste abortado de los 30s hace que se pierda empleo todo el periodo.

Vedder y Gallaway (1987)
Vedder y Gallaway (1987; 1993) tienen el tino de ajustar los salarios reales con los cambios en la productividad. La caída de la productividad es importante porque es otro factor a tener en cuenta (Vedder y Gallaway, 1993: 14-16). Un decrecimiento en la productividad del trabajo disminuye la demanda por ese factor. Es cierto que los salarios nominales anuales promedio terminaron bajando (27 % entre 1929-33, similar a los precios). Sin embargo, esa disminución fue insuficiente para contrarrestar el efecto combinado de 1) la caída de precios y 2) la baja en la productividad (Vedder y Gallaway, 1987). Por dar un ejemplo simple: si los precios caen 8 % y la productividad 4 %, entonces los salarios nominales deben caer, como mínimo, 12 % para que el salario real ajustado no suba. Además de que la caída tardía de salarios no compensa los momentos en que debieron haber bajado. Por ejemplo, a principios de 1930.

Es esencial entender que precisamente el mantener los salarios por encima de sus niveles de mercado durante el primer año tuvo consecuencias nefastas que hundieron la economía los años siguientes. Los salarios artificialmente altos provocados por el gobierno tuvieron efectos secundarios que explican la caída brutal de la Gran Depresión. Cuando se mantienen los salarios sin variar mientras al mismo tiempo caen los demás precios y la productividad, las empresas sufren una demoledora reducción de beneficios. Observen los siguientes gráficos. En uno se muestran los beneficios antes de impuestos y no distribuidos. En el otro, los beneficios netos de todas las empresas en USA. Noten como se destruyen, e incluso a veces se vuelven negativos, entre 1930 y 1931.


FRED II y FRED II
FRED II
Para mediados de 1930 eso fue lo que ocurrió. Según Vedder y Gallaway (1987), los beneficios empresariales antes de impuestos cayeron 63 % entre 1929 y 1930, las ganancias no distribuidas pasaron desde 2.820 millones de dólares en 1929 a un negativo 2.613 millones de dólares en 1930. A mitad de 1929 menos de 6 % de las empresas perdían dinero, en el tercer trimestre de 1930 era el 29 % y la mayoría de las que quedaban no cubrían el pago de dividendos. Los beneficios en el segundo trimestre de 1930 eran menos de la mitad de nueve meses antes (Vedder y Gallaway, 1987).

Esa destrucción de beneficios provocó problemas financieros. Las emisiones de nuevo capital se desplomaron a menos de la mitad. El precio de las acciones (que en mayo de 1930 eran mayores que noviembre de 1929) se desplomó 36 % llegando a fines de 1930. Una caída mayor que el crack del 29 (Vedder y Gallaway, 1987).


Eliminar así los beneficios empresarios, tiene un efecto destructivo descomunal. La reducción brutal de ganancias implica menor demanda de acciones de la empresa. Esa disminución de demanda causa que la deuda corporativa sea menos atractiva. Por la incapacidad de las empresas de pagar sus deudas con su flujo de caja, el riesgo de prestarles aumenta enormemente. La prima de riesgo de los préstamos a empresas se dispara. Lo que Bernanke (1983) llama el "costo de intermediación crediticia" (el costo de canalizar fondos de los ahorradores a los prestatarios) se comienza a disparar. A ello se suma el hecho de que los balances deteriorándose provocan que la deuda corporativa tenga peor nota. La prima de riesgo en bonos empresariales subió más de 100 puntos en 1930 y todavía más en 1931 (Vedder y Gallaway, 1987).


Como si todo lo anterior fuera poco, la destrucción de los beneficios empresariales tiene otro efecto nocivo. Los ahorros caen en picada junto con las ganancias así como también lo hacen los fondos prestables. El ahorro cayó un brutal 40 % entre 1929 y 1930 y otro 47 % en 1931. Una baja de 68 % en 1929-31. Casi el 90 % de la destrucción del ahorro entre 1929 y 1930 es atribuible a la caída de las ganancias no distribuidas de las empresas. Mientras que solo causó la mitad del desplome del ahorro en 1930-31. 30 % de la caída se debió al financiamiento del déficit del gobierno. La bestial baja del ahorro contribuye a que la tasa de interés real aumente así como el costo real de financiamiento para las empresas que encima están en mala situación (Vedder y Gallaway, 1987).


Es muy importante notar que la reducción de los beneficios empresariales comenzó antes de las crisis bancarias. El ratio deposito/moneda aún en octubre de 1930 era relativamente alto. El miedo de los depositantes no se manifestaba todavía. Pero para octubre de 1930 los beneficios retenidos de las empresas ya eran negativos y las primas de riesgo asociadas con los préstamos corporativos ya estaban altas y en crecimiento (Vedder y Gallaway, 1987).


El colapso de los beneficios corporativos causa el deterioro del valor de mercado y calidad de los préstamos a las empresas. Disminuyendo así gran parte del valor neto de las instituciones financieras. A medida que los agentes se daban cuenta de que los activos de los bancos perdían valor, los depositantes  iban a retirar su dinero. Lo cual llevó a las corridas bancarias. La hipótesis tentativa de 
Vedder y Gallaway es muy convincente y soportada por muchos datos: La crisis bancaria fue la consecuencia del desajuste del mercado laboral. Los pánicos bancarios no fueron la causa de la profundización de la Gran Depresión y del desajuste en el inicio (Vedder y Gallaway, 1987). La tesis monetarista no es tan correcta, en este sentido. Observen como la oferta monetaria M1 y M2 según Friedman y Schwartz (1963: 712-13) cae muy poco, 4 % y 1 % respectivamente entre enero de 1929 y octubre de 1930 antes del primer pánico bancario que empieza en noviembre. Mientras tanto la producción industrial se desploma 23 % (Ohanian usa las horas industriales trabajadas per cápita en el mismo gráfico y caen aún más), lo que indica que la depresión ya estaba en marcha antes de la contracción monetaria severa.

Friedman y Schwartz (1963: 712-13) y FRED II
De hecho, Wicker (1996: 30-32) demuestra que el primer pánico bancario de noviembre de 1930-enero de 1931 fue solo regional y no una crisis nacional. Sin efectos macroeconómicos nacionales importantes.

Por supuesto que la caída de la oferta monetaria por la crisis bancaria y la segunda ola de deflación de precios que provocó mientras los salarios no caían en la misma medida y además luego de que ya las empresas estaban arrasadas por la destrucción de beneficios; fue un factor de agravamiento. Pero la historia no es tan simple como culpar a la caída de la oferta monetaria o a la deflación por la Gran Depresión. La causa iniciadora principal del cataclismo al comienzo y lo que hizo que la "contracción monetaria" posterior tuviera efectos más devastadores de lo que hubieran sido, fue la política de salarios del gobierno


Lo que explica esa gran y persistente no-neutralidad del dinero al contraerse (efectos reales sobre la producción y el empleo) es precisamente la falta de flexibilidad de los salarios (Ohanian, 2009). Rigidez provocada por la intervención estatal. Lo que no dejó actuar normalmente a las fuerzas del mercado de la forma en que actuarían para deshacer esa no-neutralidad monetaria, fue un factor exógeno y estatal (Ohanian, 2009). La contracción monetaria per se, que hizo desaparecer un tercio de la cantidad de dinero, no fue la causa principal del problema. Fue el impedir que salarios y costos se ajusten a la relación dineraria alterada. Como demostró la recesión de 1920-21, los salarios pueden adaptarse a deflaciones tanto o más importantes que la de la Gran Depresión. La causa no fue la deflación monetaria sino la rigidez salarial inducida por el gobierno.


La causa de la profundización de la Gran Depresión no fueron solo los pánicos bancarios. Estos son importantes luego de mitad de 1931. El segundo pánico bancario de abril-agosto de 1931 también fue regional y no nacional (Wicker, 1996: 72). La depresión en el sector industrial comenzó más profunda y severa de lo normal desde el inicio. Y lo hizo desde el principio porque la intervención en el mercado laboral del sector industrial fue inmediata. Las horas trabajadas y la producción industrial mensuales caen 20 % desde fines de 1929 hasta junio de 1930. Y casi 40 % en finales de 1931 (Ohanian, 2009).


Ohanian (2009) demuestra con un modelo de crecimiento que el programa de Hoover para mantener los salarios artificialmente altos explica 18 % de la caída del PBN real desde el cuarto trimestre de 1929 hasta el mismo de 1931. Es decir, las políticas de intervención en los salarios de Hoover son responsables de 2/3 de la Gran Depresión hacia finales de 1931.


Como señalaba correctamente Mises en 1931, el Estado hizo todo lo posible para mantener el precio del factor trabajo (salarios) artificialmente alto y evitó que este balancee oferta y demanda. 
Horwitz (2011) es muy certero al señalar que la política de salarios altos de Hoover es un ejemplo claro y contundente de que 1) el Presidente no tenía la más mínima fe en las fuerzas correctivas del mercado y 2) de su voluntad contundente de usar el poder del gobierno para combatir la depresión. Hoover no fue un presidente que "dejó hacer al mercado", ni tampoco "dejó que el mercado caiga", ni fue un "liquidacionista". Sino un convencido intervencionista cuyas acciones provocaron la mayor catástrofe atribuida sin ninguna justificación al capitalismo.



Anderson, Benjamin M. (1949) Economics and the Public Welfare. Financial and Economic History of the United States. New Jersey: Van Nostrand.

Baird, Charles W. (2011) "Freeing Labor Markets by Reforming Union Laws". CATO Institute.

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Mises, Ludwig von (1931), "The Causes of the Economic Crisis: An Address". En Greaves, Percy L. Jr. Ed. (1978) The Causes of the Economic Crisis: And Other Essays Before and After the Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2006.


Horwitz, Steven (2011), "Herbert Hoover: Father of the New Deal". Cato Institute Briefing Papers. No. 122.

Ohanian, Lee E. (2009) "What - or who - started the great depression?". Journal of Economic Theory. Vol. 144, No. 6, 2310-2335.

Robbins, Lionel (1934), The Great Depression. Freeport, New York: Books for Libraries Press. 1971.

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Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell E. (1993) Out of Work: Unemployment and Government in Twentieth-Century America. Oakland, Calif.: The Independent Institute. New York University Press. 1997.

Wicker, Elmus (1996) The Banking Panics of the Great Depression. Cambridge, UK: Cambridge University Press. 2004.