Mostrando entradas con la etiqueta segunda guerra mundial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta segunda guerra mundial. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de enero de 2016

Otro fracaso de la izquierda Premio Nobel


Ya vimos como el economista Ludwig von Mises destrozó las falaces e ignorantes críticas sobre la Ciencia Económica por parte del sociólogo Gunnar Myrdal. Pues bien, los grotescos errores económicos de Myrdal no terminan en ese antecedente.

Antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial, varios economistas, muchos de ellos keynesianos, predijeron una alta probabilidad de un “Apocalipsis” de desempleo masivo y depresión económica en Estados Unidos una vez que el gasto público, la inflación y la regulación disminuyeran al concluir el conflicto. Para ellos, el pasar rápidamente de una economía de guerra comandada por el gobierno a una de mercado sería un desastre. Paul Samuelson, keynesiano y futuro Premio Nobel de Economía, fue uno de los más famosos de ellos (Henderson, 2010). Pero además de él, otro futuro Premio Nobel, el socialista sueco Gunnar Myrdal, se sumó al “Club del Cataclismo”. Myrdal decía en 1944 (Henderson, 2010):
La incertidumbre económica en Estados Unidos hoy se centra en qué le va a ocurrir a este auge económico cuando 1) la demanda del gobierno por materiales de guerra disminuya y gradualmente desaparezca, y 2) el control central sea reemplazado por la empresa libre.  
Excepto por la Alemania Nazi y la Rusia Comunista (es decir, por las economías centralmente planificadas), no tenemos ningún precedente histórico sobre la estabilización de un boom. En una sociedad capitalista desregulada, parece que un auge debe siempre terminar en crisis y depresión… ¿Cómo se puede evitar el caos una vez que la enorme presión inflacionaria y los controles equilibrantes son simultáneamente removidos?
Además de eso, Myrdal creía que el “mucho mayor optimismo” que vio en Estados Unidos en 1944 comparado con el de 1941-42 estaba injustificado. Según él, perderían el empleo luego de la guerra un mínimo de “9 millones de las fuerzas armadas, 4 millones de la industria, medio millón del sistema de transporte y 1 millón de la administración pública”. Para que la economía pudiera continuar en “pleno empleo”, según el sociólogo sueco, debería haber “un enorme aumento en los salarios para poder crear suficiente base de poder adquisitivo”. Sin eso, Myrdal predijo “un grado muy alto de malestar económico” y “una epidemia de violencia” (Henderson, 2010).

En una sola cosa no se equivocó: un número muy importante de empleos del Estado se perdieron. De hecho, el empleo en la industria (relacionada con la milicia) cayó en 10,2 millones en 1945-1947, más del doble de lo predicho por Myrdal (Henderson, 2010). Pero no equivocarse en eso, no es ningún mérito. Era una obviedad que mucho empleo relacionado con lo militar se perdería. Con lo cual, el único “acierto” en todo este asunto de Myrdal, no vale casi nada.

En todo lo demás, erró patéticamente. La desmovilización se realizó rápidamente, los empresarios en el sector privado, llenos del optimismo que Myrdal había considerado engañoso, emplearon a millones de soldados, marineros, etc. despedidos de las fuerzas armadas y las industrias militares (Henderson, 2010). El pleno empleo se mantuvo incluso solo a un año del despedido de millones de trabajadores del sector público y hasta que la desmovilización terminó.

Y todo ello ocurrió, según estimaciones, con una caída del salario real ajustado por productividad (ergo, una reducción del poder adquisitivo) y con una desregulación importantísima en muy poco tiempo. Myrdal claramente había caído en la falacia del poder adquisitivo.

Un ejemplo increíble de como la torpe y prejuiciosa visión de un progresista sobre la economía de mercado hizo que su análisis sea un fracaso ridículo. 

Samuelson (keynesiano) y Myrdal (socialista), dos Premios Nobel y dos fracasos que pasaron a la historia por haber puesto la ideología por delante del análisis económico serio. 



Henderson, David R. (2010) “The U.S. postwar miracle”. George Mason University: Mercatus Center. Working paper 10-67.

jueves, 14 de enero de 2016

Podemos despedir a los empleados públicos sin crisis (I)


Argentina tiene actualmente un enorme problema fiscal y hoy en día está muy de moda hablar sobre despidos de empleados estatales. El país tiene aproximadamente 4,43 millones de empleados públicos. De ellos, 2 millones se agregaron durante la “década K”. La creencia popular es que no se los puede despedir porque solo engordarían las filas de desempleados, empeorando la situación económica y alimentando un descontento generalizado que podría terminar en una revuelta. ¿Puede Argentina despedir a miles o incluso millones de empleados estatales sin que ello provoque una crisis económica y un masivo desempleo? Un caso histórico nos ayudará a comprender que sí puede.

Luego de terminada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos bajó de manera brutal el gasto público. Millones de empleados del estado, soldados y civiles, fueron despedidos de la noche a la mañana. Con todo eso, la economía americana se mantuvo con pleno empleo y creciendo de manera formidable. La lección: se puede hacer un ajuste fiscal monumental, de manera rápida y sin crisis, ni desempleo, ni depresión económica. Como veremos, fue puro shock. No hubo nada de gradualismo. Las explicaciones keynesianas por el “milagro” de posguerra tienen tantos defectos que son descartables (Vedder y Gallaway, 1991; Higgs, 1999; Anderson, 2010).

Debido a la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos aumentaron el gasto público total (federal + state + local), principalmente defensa, desmesuradamente. Pasó de 18,82 % del PBI en 1941 a 51,79 % en 1945


Pero luego de la guerra, Estados Unidos bajó el gasto público total de más del 50 % del PBI de nuevo al 20 % en solo 3 años

Por otro lado, Argentina tiene hoy un gasto público consolidado (nación + provincias + municipios) de más del 50 % del PBI. La mayor parte del mismo no es otra cosa que salarios de empleados y jubilaciones.

Estados Unidos retrajo el nivel del gasto público* consolidado desde los 118 mil millones de dólares de 1945 hasta unos 79 mil millones en 1946. Es decir, el gasto estatal total cayó casi 33 % en solo un año. Luego, en 1947, se retrajo otro 27 % respecto al año anterior. Y finalmente disminuyó un casi 5 % en 1948. En total, el gasto estatal consolidado bajó un 53 % entre 1945 y 1948. El gasto público total se redujo a la mitad en solo 3 años.


Los déficits fiscales federales, dado el gasto total, para pagar la segunda gran guerra fueron monumentales. El rojo de las cuentas estatales absorbía el 29 % del PBI en 1943. Hacia 1944 bajó un poco hasta el 25 % para volver a subir el año siguiente hasta el 27 %. Terminada la guerra y con el brutal recorte de gasto de 1946, el déficit fiscal cae desde el 27 % hasta el 12 % del PBI (menos de la mitad de déficit en solo un año). Para 1947 el déficit era solo el 1 % (90 % de reducción en un solo año) y ya en 1948 se produce un superávit fiscal de más de 2 %.


En la actualidad, Argentina no tiene, ni de cerca, un déficit fiscal tan abultado. Pero aun así es muy elevado para un país que no está en guerra: un 8 % del PBI. El más alto de los últimos 28 años.

La FED tampoco realizó mucha expansión en esos años. El agregado de la base monetaria se estancó entre 1946 y 1951. Y la oferta monetaria M1 creció solo 9 % entre septiembre de 1945 y septiembre de 1948, mientras el M2 únicamente un 13 %. Nada fuera de lo normal.

Observen el siguiente cuadro que es el que presentan Vedder y Gallaway (1991) para Estados Unidos:


La Segunda Guerra Mundial terminó en septiembre de 1945. Solo en un año, desde junio de 1945 a junio de 1946, el gobierno despidió a casi 10 millones de personas. Leyeron bien: el gobierno en solo un año dejó sin empleo a 10 millones de americanos, 16 % de la fuerza de trabajo, que nosotros llamamos Población Económicamente Activa (PEA), de 1946.

En la Argentina actual, la PEA es de aproximadamente 19 millones de personas. Con lo que el total de empleados públicos representa un 23 % de la misma. Pero que ese porcentual sea mayor en el caso argentino no afecta el argumento. Ambos son porcentajes muy amplios de la PEA y ambos pueden bajarse a cero o un poco más de cero. En el caso argentino, si se quiere, se pueden despedir a varios millones, dejando solo el personal mínimo necesario para que el Estado realice las funciones básicas. Podemos incluso solo limitarnos a los 2 millones de empleados agregados en los últimos 12 años y que representan solo el 10,50 % de la PEA.

¿Acaso toda esa gente en la calle en tan poco tiempo provocó una subida fenomenal de la desocupación en Norteamérica? ¿Hubo una depresión luego de recortar drásticamente el gasto y empleo público como pronosticaban algunos economistas (varios keynesianos, claro) en años previos al fin de la guerra? ¿El sector privado pudo con toda esa mano de obre desocupada? Veamos:

A pesar de 10 millones de despedidos del Estado en solo un año, la tasa de desempleo llegó a un muy razonable 4,15 % en ese periodo. ¿Cómo fue posible esto?
  • 1) Hubo una caída en la oferta laboral: Noten que la población total apta para trabajar aumentó casi en un millón de personas en el año. A pesar de ese crecimiento neto del total, la PEA disminuyó en casi 5,6 millones de personas. Al terminar la segunda gran guerra mucha gente se retiró del mercado laboral. En particular, millones de mujeres voluntariamente decidieron salir de la fuerza laboral para volver a sus trabajos de madres, esposas y amas de casa**. Muchas otras, al igual que muchos hombres, decidieron también volver a la escuela o universidad. La participación de las mujeres en el empleo civil baja bastante, del 36,39 % al 29,65 %. Siempre recuerden que esta caída de la oferta laboral fue voluntaria. Con lo cual el desempleo potencial de 10 millones cayó en 56 % al ser absorbido por la salida voluntaria de 5,6 millones de personas del mercado laboral. La oferta de trabajo se contrajo y volvió a los niveles normales (históricos) que habían sido alterados por el hecho insólito de la guerra mundial (Vedder y Gallaway, 1991). Sin embargo, es falso decir que “el desempleo no fue alto solo porque las mujeres dejaron sus puestos en plantas y volvieron al hogar”. De las 4,9 millones de mujeres que entraron a la PEA entre 1941 y 1944, 2,4 millones permanecieron en el mercado laboral (Anderson, 2010).
  • 2) Ocurrió un aumento de la demanda del sector civil: A pesar de lo anterior, todavía quedaban 4,4 millones de desempleados. El otro factor que contribuyó a aminorar el desempleo fue que la industria civil (no empleo en el gobierno), en su mayoría sector privado, le dio trabajo a 2,7 millones de trabajadores en solo un año. El 27 % del desempleo potencial de los 10 millones fue absorbido por la producción civil entre junio de 1945 y junio de 1946 (Vedder y Gallaway, 1991). El restante 1,7 millón de personas, en adición a los 0,89 millones anteriores, son el 4,15 % de desempleo.
Alguien podría argumentar, mirando el cuadro, que el desempleo claramente subió desde más de 1 % en junio de 1945 hasta el 4 % en junio de 1946. Pero hay que aclarar que el desempleo de junio de 1945 está ficticiamente disminuido debido a que muchos trabajadores estaban “empleados” de soldado y peleando la guerra o haciendo municiones. En circunstancias normales (o sea, sin conflictos militares mundiales), menos de 5 % de desempleo es o “pleno empleo” o casi “pleno empleo”. Por si eso fuera poco, esa tasa menor a 5 % está por debajo de la tasa de desempleo promedio de Estados Unidos de todo el siglo XX. Es más, está incluso por debajo del promedio de los “prósperos” años 20s y 50s (Vedder y Gallaway, 1991). Para más inri, una intervención del Estado (los seguros de desempleo para veteranos) hizo que esa tasa de desempleo sea más alta de lo que habría sido sin la intervención (Higgs, 1999). Por lo tanto, el 4,15 % de desempleo de junio de 1946, ya terminada la guerra, es claramente “pleno empleo”.

Adicionalmente, el porcentaje de personas absorbidas por el sector civil fue mayor. Si incluimos las industrias de defensa, se despidieron en total a 11 millones de personas de las cuales 4 millones (más del 36 %) fueron absorbidos por la economía civil. Esto es debido a que, en el primer año de posguerra en que aumentó el empleo en 2,7 millones, las industrias de consumo todavía no alcanzaban la producción completa y también el empleo en fábricas de junio de 1946 estaba todavía más de 10 % debajo de los niveles de junio de 1945 (por la baja de producción relacionada con la defensa). Lo que implica que el crecimiento en el empleo no manufacturero y no del gobierno fue, de hecho, de 4 millones (Vedder y Gallaway, 1991). La tasa de desempleo continuó siendo asombrosamente baja hasta 1948. Entre 1944 y 1948, luego de que el gobierno despidiera a casi 11 millones de personas, el sector privado (comercio minorista y mayorista, servicios, construcción, vehículos y equipamiento, finanzas y bienes raíces, etc.) añadió 5,12 millones de empleos (Anderson, 2010).


Por otro lado, el PBI real norteamericano cayó un inédito 20,60 % en 1946, una bestialidad que superaba con creces el peor año de la Gran Depresión: 1932. También se desplomó antes en 1945 un 4 % y en 1947 un 1,5 %. ¿Qué ocurrió? ¿Hubo otra Gran Depresión en 1945-1947? No. Lo que hubo fue “magia estadística”. El PBI incluye el gasto público, el cual había subido tanto que absorbía gran parte del producto. Una baja desorbitada del gasto de gobierno implicaba una caída enorme del PBI. Si restamos el gasto público del PBI nos queda el producto del sector privado o Producto Bruto Privado (PBP). En 1946 el PBP real creció un increíble 29,50 %, cifra jamás igualada, mientras el PBI real caía 20,60 %. El PBP creció en 1945 aproximadamente 10 % y en 1947 un 3 % (Higgs, 1999). En total, el crecimiento del sector privado real en 1945-1947 fue de 33,80 % según cifras deflactadas con dudosos índices oficiales. Usando alternativos, el crecimiento pudo ser de 44,50 % (Higgs, 1999). En palabras simples, el sector privado surgió con toda su fuerza gracias a que el Estado se apartó.

¿Cómo ocurrió que el sector civil no manufacturero aumentó tanto como para absorber tamaña cantidad de empleados públicos despedidos?
  • a) Los salarios reales ajustados por productividad bajaron: se permitió que el mercado laboral hiciera los ajustes necesarios ante ese masivo exceso de oferta laboral de 11 millones en un solo año. Los mercados laborales actuaron rápido y eficientemente. Primero, como vimos, vía una reducción de la oferta. Segundo y adicionalmente, a través de una reducción de los salarios reales ajustados por productividad. Estos cayeron aproximadamente un 2,35 % en 1946 y un 7,15 % en 1947. Millones de trabajadores consiguieron trabajo y fueron contratados por empresas a pesar del futuro incierto simplemente porque “el precio era el correcto” (Vedder y Gallaway, 1991). Exactamente lo contrario de lo que ocurrió en la Gran Depresión, cuando el Estado no permitió al mercado laboral ajustar. Aun así, Higgs (1999) pone dudas de que todos hayan bajado.
  • b) Bajaron los impuestos: con la “Revenue Act” de 1945 se bajaron las tasas superiores de impuestos a los ingresos de las empresas y se eliminó el impuesto a las ganancias excesivas (un típico impuesto de guerra). Este último no era poca cosa. Solo entre 1941 y 1945 el acumulado de los pagos netos por ese impuesto fue de 40 mil millones de dólares (Higgs, 1999), que equivalen a 527 mil millones hoy. Con lo cual, las empresas disfrutaron de una suba de beneficios entre 1946 y 1948 (Higgs, 1999; Vedder y Gallaway, 1991). El ahorro bruto que permitían esos crecientes beneficios entre 1945-1948, habilitó buena parte de los fondos para el financiamiento de la gran inversión de posguerra que absorbió a los desempleados. La tasa marginal más baja también fue disminuida (Anderson, 2010).
  • c) Desregulación en tiempo record: la gran mayoría de los siempre cambiantes controles y regulaciones de guerra que asfixiaban la economía se quitaron en 1945, y en 1946 la mayor parte del resto (Higgs, 1999). Los controles de precios, regulaciones, prohibiciones, prioridades, programación de fechas, asignaciones físicas, conservación y limitación de órdenes, cuotas, subsidios, rechazos, racionamiento de bienes, racionamiento de crédito, control de tasas de interés, servicio militar obligatorio, la masiva inversión estatal, etc. desaparecieron en tiempo record (Higgs, 1999). En un lapso mínimo, dos años o menos, la economía norteamericana se despojó de una inmensa cantidad de regulaciones (Anderson, 2010). Ello validó la confianza e incentivó a los empresarios a actuar. Además, precisamente el hecho de que se esperaba que muchas regulaciones del mercado laboral fueran solo transitorias y se terminarían luego de la guerra, como finalmente ocurrió, fue otro factor fundamental para lograr el muy bajo desempleo.
  • d) El Estado no haciendo crowding-out: el Estado dejó de “desplazar” al sector privado al cancelar contratos militares inmediatamente, vender muchas fábricas estatales a privados, trasformar su déficit en superávit, etc. (Higgs, 1999)
Sí, es posible reducir el tamaño e influencia del Estado y despedir a todos los miles o millones de empleados públicos que se quiera en muy poco tiempo y sin un Apocalipsis de desempleo alto, crisis y depresión económica. En resumen, podemos “echarlos a todos”.

Vengan de a uno.




*Observen que el nivel del gasto público no regresa a la altura que tenía en 1940, sino que, luego de la tremenda subida, baja hasta una cota superior. Eso es lo que se conoce como "efecto trinquete" y es lo que refuta las absurdas teorías de Naomi Klein.

**Amiga/o feminista, si en caso de leer esto estás pensando en que yo quiero o estoy mandando a que las mujeres vuelvan a sus “roles” supuestamente “impuestos” por la “sociedad heteropatriarcal” o algo así, no entendiste nada. Contar los hechos históricos como fueron deja fuera cualquier intencionalidad que se invente el lector prejuicioso sobre quien escribe. 






Anderson, David R. (2010) “The U.S. postwar miracle”. George Mason University: Mercatus Center. Working paper 10-67.

Higgs, Robert (1999), “From Central Planning to the Market: The American Transition, 1945-1947”. The Journal of Economic History. Vol. 59, No. 3, 600-23.

Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell E. (1991) “The great depression of 1946”. The Review of Austrian Economics. Vol. 5, No. 2, 3-31.

martes, 12 de mayo de 2015

El mito de la "victoria soviética"


El 8 de mayo de este año se conmemoró el 70 aniversario de la rendición incondicional alemana de 1945 que puso fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa (aunque Japón seguía combatiendo en el Pacífico). La izquierda, por su lado, salió inmediatamente a unirse al actual discurso ruso de hacer propaganda sobre que "los soviéticos nos salvaron de los nazis".

Un medio "serio" como el diario con tendencia progresista, Washington Post, directamente titula: "No hay que olvidar cómo la Unión Soviética salvó al mundo de Hitler".

Por supuesto, no podemos esperar una mirada que no sea pro-soviética en RT (canal de noticias internacionales creado y financiado por el gobierno ruso) que, al menos, es honesto en su esfuerzo propagandístico cuando, en una tendenciosamente construida pregunta de encuesta, dice: "Tras 70 años de la Victoria soviética sobre el nazismo, ¿es posible una Tercera Guerra Mundial?". La táctica de Putin de revivir viejas glorias para sacar provecho personal se acopla a los deliberados desatinos históricos de gran parte de la izquierda.

Dada la alianza política venezolana-rusa, predeciblemente el canal de noticias internacionales creado y financiado por el gobierno de Venezuela, Telesur, se adhiere completamente al relato ruso.

La idea a transmitir, es que la victoria fue realmente soviética y que ellos, en definitiva, acabaron con los nazis (con, tal vez, algo de ayuda aliada). Cualquier idea en contrario es solo parte de la "propaganda occidental capitalista".

Ninguna de las notas mostradas, ni de similares que leí estos días, hace la más mínima mención a la ley norteamericana Lend-Lease (en español: Ley de Préstamo y Arriendo). El Lend-Lease fue una ley de marzo de 1941 pasada por el Presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt, para permitir al gobierno enviar suministros militares de todo tipo a los países que considerara. A cambio, Estados Unidos pedía permisos para desplegar bases. Para más deshonestidad, si uno busca "préstamo y arriendo" en RT, se encuentra desde un documental hasta una noticia referida de fin del año pasado. Sin embargo, en las notas sobre el actual festejo, ni se lo menciona. 

El historiador y profesor emérito de la Universidad de Nueva York, Dr. Albert Weeks, tiene un libro (Weeks, 2004) no muy largo dedicado a analizar la ayuda enviada a la Unión Soviética. En su forma original, la ley tenía como objetivo ayudar a Gran Bretaña, China y otros países. Pero desde noviembre de 1941 se incluyó mandar ayuda en forma de suministros militares a la Unión Soviética también, aunque de facto ya se le enviaba material desde septiembre (Weeks, 2004: 22-23). Previo a la caída de la Unión Soviética, los historiadores creían que el Lend-Lease solo proveía un 4 % del equipo militar que los soviéticos producían (porque las cifras de producción estaban artificialmente infladas). Luego del colapso socialista y con la desclasificación y mejor acceso a los archivos, se corrigieron las cifras. Así, el historiador ruso Sokolov demostró que, en realidad, el Lend-Lease representó entre 15 % y 25 % (en algunos casos, hasta 50 %) de los productos militares que los propios soviéticos producían (Weeks, 2004: 8). Es decir, la ayuda económica y militar de Estados Unidos a la URSS para combatir a los nazis fue considerablemente grande. 

El Lend-Lease fue, de acuerdo con historiadores (varios de ellos rusos), un "salvavidas". En el sentido de que, sin esa ayuda, la Unión Soviética se hubiera retrasado fatalmente en alcanzar la victoria o al menos no habría podido contrarrestar el embate nazi hacia los años 1943-44. Ese retraso le habría dado tiempo a Hitler, del cual carecía, para perfeccionar varias armas que estaban en diseño (alguna bomba atómica o misiles de largo alcance) (Weeks, 2004: 7-8).

Algunas cifras totales del programa norteamericano Lend-Lease (incluye las contribuciones de los "aliados anglosajones" Estados Unidos, Gran Bretaña y Canada) para ayudar a los soviéticos (Weeks, 2004: 67, 122):
  •  10.000 tanques
  •  10.000 piezas de artillería
  •  14.500 aviones
  •  100.000 toneladas de caucho
  •  500.000 toneladas de metales no ferrosos
  •  casi 500.000 camiones
  •  2.7 millones de toneladas de provisiones de comida
  •  cientos de barcos
  •  maquinaria por un valor de U$S 3.000.000.000 (incluyendo fábricas completas)
  •  vestimenta militar para 3.000.000 de soldados rojos
  •  alimento para que un ejército de 12.000.000 de soldados tengan media libra de comida por día durante toda la guerra
Difícilmente esto pueda considerarse que es una ayuda marginal. Weeks menciona otras muchas formas de asistencia norteamericana, pero solo me quedaré con eso. El Land-Lease costó entre 42 y más de 50 mil millones de dólares. Casi un tercio era la parte que le tocaba a la URSS, 12.5 mil millones (Weeks, 2004: 23, 128). Ajustándolos por inflación con el IPC norteamericano, los 50 mil millones de 1945 equivalen a 652 mil millones de dólares actuales. La URSS, por otro lado, recibió hacia 1945 el equivalente actual de 163 mil millones de dólares.

Todo ese equipo contribuyó enormemente a la movilidad y supervivencia del ejército rojo. Una parte se deterioró por la mala manutención por parte de los soviéticos y su ineficiente infraestructura, apilándose como chatarra (Weeks, 2004: 124). Sin embargo, la inmensa mayoría se utilizó inmediatamente.

Weeks es muy prudente en hacer un juicio definitivo sobre exactamente cuan crucial fue la ayuda (Weeks, 2004: 134). Pues es absolutamente imposible retroceder el tiempo y observar en aislado que habría ocurrido sin el Lend-Lease. 

A pesar de esto, es un completo non sequitur: 1) decir que fue una "victoria soviética", dado que recibieron enorme ayuda por parte de los norteamericanos con el programa Lend-Lease. Tanto para avanzar contra los alemanes como para resistir su invasión. En última instancia, lo históricamente correcto es decir "victoria de los Aliados". 2) creer que la mediocre economía planificada de Stalin podía, por sí sola, producir recursos suficientes para derrotar a los alemanes. De hecho, el acontecimiento histórico innegable de la gran asistencia norteamericana, pone en serias dudas que pudieran.

En resumen: la Unión Soviética recibió una ayuda enormemente importante (y posiblemente definitoria) de suministros militares y estratégicos por parte de Estados Unidos con el programa Lend-Lease. Tanto para combatir la invasión nazi como para la posterior ofensiva. No fue una "victoria soviética", sino una "victoria Aliada". 

La izquierda llama "ignorancia" a lo que se conoce sobre la Segunda Guerra Mundial en occidente mientras, por otro lado, deliberadamente oculta hechos históricos fundamentales que afectan mortalmente el relato que despliegan. El doble rasero que practican algunos de sus miembros es lamentable.

PD: Adelantándome a cualquier posible trolleo, quiero dejar claro que de ninguna manera se desprende, de los hechos presentados, que defiendo al gobierno americano o a los nazis. Ni tampoco he dicho que los soviéticos no hicieron nada contra Hitler ni que los norteamericanos hicieron todo. El blog tiene suficiente material criticando cualquier medida gubernamental y la propia esencia interventora del Estado (sea cual sea ese Estado). El que crea que señalar la existencia de un hecho histórico (deliberadamente obviado por algunos), que pone en serias dudas el relato de "victoria socialista", es una defensa del gobierno de Estados Unidos o del "imperialismo" o de los nazis; deberá agregar eso a su caja de falacias. Hacer evidentes las falencias argumentales típicas de una ideología, en absoluto implica defender otra tanto o más extrema.




Weeks, Albert L. (2004) Russia's Life-Saver: Lend-Lease Aid to the U.S.S.R. in World War II. Lanham, Maryland: Rowman & Littlefield Publishers, Inc. 2010.