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jueves, 11 de junio de 2015

El exceso de consumo


Además de la mala inversión, otro concepto fundamental en la Teoría Austriaca del Ciclo Económico, aunque pasado por alto en general, es el de exceso de consumo. Muy enfatizado por la rama misesiana de la Escuela Austriaca, no se puede entender completamente la teoría del ciclo si no se toma en cuenta. De hecho, como demuestra Salerno (2012), las críticas contra la teoría del ciclo austriaca de Paul Krugman, Bryan Caplan, Brad DeLong y otros son falsas precisamente porque no lo toman en cuenta.

El exceso de consumo (overconsumption) es desahorrar y desacumular capital, para poder aumentar el consumo temporalmente. Es decir, significa consumir el capital.

Un exceso de consumo es causado directamente por dos vías (Salerno, 2012): 

1) Beneficios ficticios: los empresarios consumen parte de los beneficios ilusorios del proceso inflacionario. Cuando el poder adquisitivo del dinero no varía de manera brusca y arbitraria (impredeciblemente); el cálculo monetario contable de los empresarios puede realizar la tarea de informar los beneficios con la mayor veracidad humanamente posible (Mises, 1949: 225). Sin embargo, durante el auge inflacionario, aparecen beneficios artificiales (Huerta de Soto, 1998: 291-92; Rothbard, 1962: 993-94; 1963a: 17-18; 1963b: 52-54; Mises, 1949: 546-47). Las "ganancias ilusorias" explican el aumento del consumo empresario a costa de la descapitalización (Machlup, 1935; Baxter, 1955; Bach, 1958; Baer y Simonsen, 1965; Lacey, 1944a; 1944b; 1953; Huerta de Soto, 2008). La inflación hace muy difícil para los empresarios el distinguir un aumento de demanda de los consumidores transitorio y artificial; de un aumento verdadero y permanente (Rothbard, 1963b: 52).

2) Efecto riqueza neta: las familias consumen más por el aumento artificial del valor de sus activos. El consumo de los hogares está determinado por a) sus ingresos y b) la riqueza de activos que poseen. Estos activos son, en general, el hogar donde viven (real estate) y la tenencia de acciones o títulos. Un incremento en el valor de alguna o ambas clases de activos (ya sea este aumento real o que los agentes solo perciban que son más ricos); tiende a provocar un aumento del gasto en consumo. Ello es así porque los agentes están más cómodos y seguros de su riqueza (De Bonis y Silvestrini, 2011; Sousa, 2009; Iacoviello, 2011; Sierminska y Takhtamanova, 2007; Shen, Holmes y Lim, 2013). La expansión crediticia tiende a elevar artificialmente el valor de los activos (Bagus, 2007): tanto los precios de los hogares (housing wealth effect), como el de los activos financieros (financial wealth effect), y además predispone a crear burbujas (Bordo y Landon-Lane, 2013a; 2013b; Taylor, 2007). 

Alguien podría preguntar ¿"exceso" con respecto a qué? Como ya se aclaró con la mala inversión, este consumo es mayor respecto a lo que hubiera sido sin la intervención inflacionaria que distorsiona del cálculo económico monetario. En la medida que el auge comienza, el consumo es mayor relativo a lo que era antes del boom y sin la distorsión.


Veamos un ejemplo simple de cómo se puede consumir el capital. Si una maquina se compra a $50.000 en el año 2004, y se estima que va a durar 10 años; entonces el porcentaje de amortización se calcula en base a ese costo histórico. Todos los meses se destina el mismo monto basado en $50.000. Suponiendo una cuota de amortización anual, en este caso se ahorra $5.000 al año. Para cuando llega el décimo año y la máquina ya no sirve, hay que reemplazarla para mantener la capacidad productiva. Como hubo inflación en el periodo, entonces para el año 2014 la maquina vale, digamos, $65.000. Sin embargo, el empresario solo tiene $50.000 y no la puede adquirir. El emprendedor no ha detraído suficiente amortización. Los beneficios aparentaron ser más grandes de lo que realmente eran. Los $1.500 por año que le ha faltado ahorrar, se consumieron o repartieron como dividendos, descapitalizando la empresa. El empresario gastó la renta neta más una parte de la bruta que debe dejar a un lado para mantener su producción en el mismo nivel. Su consumo aumentó temporalmente (los años que gastó los $1.500 adicionales), pero al costo de desacumular capital. Cabe destacar que el uso de números índice no ayuda a arreglar el problema (Hayek, 1931: 321; Salerno, 2012).

Al igual que el caso de la mala inversión, en el mercado continuamente se produce exceso de consumo ya sea deliberado o por error. También existe simultáneamente acumulación de capital (Mises, 1949: 488-89). Pero, a menos que sea inducida, el exceso de consumo no es un fenómeno generalizado y sistemático. Puede haber casos particulares de exceso de consumo producidos ya sea deliberada o erróneamente, pero el mercado no crea incentivos a la desacumulación de capital sino al contrario. 

A pesar de ser causado directamente por los beneficios ficticios y el efecto riqueza, el exceso de consumo se financia con la expansión monetaria; aun cuando posteriormente se impulse de la caída de la demanda de dinero a medida que aumentan las expectativas inflacionarias (Salerno, 2012). 

El mayor consumo por parte de empresarios y hogares eleva aún más el precio y rentabilidad de los bienes de consumo. Como consecuencia, más factores productivos y trabajadores se dedican a producirlos, quedando menos recursos disponibles para aumentar el stock de bienes de capital e incluso reponer los existentes. Esta es la esencia del consumo de capital (Salerno, 2012). Dado que el exceso de consumo provoca esta disminución de la oferta de bienes de capital, es inconcebible que ocurra un "exceso de inversión" (Salerno, 2012). Una razón más que se suma a la ya expuesta de por qué el llamar a la Teoría Austriaca del Ciclo Económico una teoría de "exceso de inversión" es un absurdo.







Bach, G. L. (1958) "How Important is Price Stability in Stable Economic Growth". En United States. Congress. Joint Economic Committee. (1958) The Relationship of Prices to Economic Stability and Growth. Compendium of Papers Submitted by Panelists Appearing Before the Joint Economic Committee. Washington, D.C.: United States Government Printing Office. 33-47.

Baer, Werner y Simonsen, Mario H. (1965) "Profit Illusion and Policy-Making in an Inflationary Economy". Oxford Economic Papers New Series. Vol. 17, No. 2, 279-290.

Bagus, Philipp (2007), "Asset Prices - An Austrian Perspective". Procesos de Mercado: Revista Europea de Economía Política. Vol. 4, No. 2, 57-93.

Baxter, W. T. (1955) "The Accountant's Contribution to the Trade Cycle". Economica New Series. Vol. 22, No. 86, 99-112.

Bordo, Michael D. y Landon-Lane, John S. (2013a) "What Explains House Price Booms?: History and Empirical Evidence". NBER Working Paper No. 19584.

Bordo, Michael D. y Landon-Lane, John S. (2013b) "Does Expansionary Monetary Policy Cause Asset Price Booms; Some Historical and Empirical Evidence". NBER Working Paper No. 19585.

De Bonis, Riccardo y Silvestrini, Andrea (2011), "The Effects of Financial and Real Wealth on Consumption: New Evidence from OECD Countries". Bank of Italy. Research and International Relations. Working Papers No. 837.

Hayek, Friedrich A. von (1931) Prices and Production. London: Routledge and Sons. En Salerno, Joseph T. Ed. (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Huerta de Soto, Jesús (1998), Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Madrid, España: Unión Editorial S.A. 2009.

Huerta de Soto, Jesús (2008), "Crisis Financiera: El Fracaso de la Reforma Contable". Universidad Rey Juan Carlos. España.

Iacoviello, Matteo (2011), "Housing Wealth and Consumption". Board of Governors of the Federal Reserve System: International Finance Discussion Papers No. 1027.

Lacey, Kenneth (1944a), "Commodity Stocks and the Trade Cycle". Economica New Series. Vol. 11, No. 41, 12-18.

Lacey, Kenneth (1944b), "Commodity Stocks and the Trade Cycle: A Reply". Economica New Series. Vol. 11, No. 43, 140-142.

Lacey, Kenneth (1953), Profit Measurement and Price Changes. London: Pitman Publishing.

Machlup, Fritz (1935), "The Consumption of Capital in Austria". The Review of Economics and Statistics. Vol. 17, No. 1, 13-19.


Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.


Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2004.


Rothbard, Murray N. (1963a) America's Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000.

Rothbard, Murray N. (1963b) What Has Government Done to Our Money? Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2010.

Salerno, Joseph T. (2012) "A Reformulation of Austrian Business Cycle Theory in Light of the Financial Crisis". Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 15, No. 1, 3-44.

Shen, Xin; Holmes, Mark J. y Lim, Steven (2013), "Wealth Effects and Consumption: A Panel VAR Approach". Department of Economics, University of Waikato.

Sierminska, Eva y Takhtamanova, Yelena F. (2007) "Wealth Effects Out of Financial and Housing Wealth: Cross Country and Age Group Comparisons". Federal Reserve Bank of San Francisco. Working Paper Series No. 2007-01.

Sousa, Ricardo M. (2009) "Wealth effects on consumption: evidence from the euro area". European Central Bank: Eurosystem. Working Paper Series No. 1050.

Taylor, John B. (2007) "Housing and Monetary Policy". NBER Working Paper No. 13682.

martes, 9 de junio de 2015

Sobre la mala inversión (III): Qué hacer con ella


Ya vimos qué es y cómo ocurre la mala inversión. Pero, una vez que ya se llevó a cabo, ¿Qué puede pasar con la inversión erróneamente realizada? Para saberlo, debemos entender el concepto de convertibilidad de los bienes de capital.

La convertibilidad es la oportunidad ofrecida por los bienes de capital para ajustar su utilización ante un cambio en los datos del mercado (Mises, 1949: 501). 

Una vez la inversión se realiza, y los bienes de capital se producen apuntando a algún fin; un cambio en las condiciones puede revelar que un error se ha cometido. Si en un determinado proceso de producción se cambia el objetivo al que ya se viene enfilando; entonces pueden ocurrir cuatro cosas con los bienes de capital ya producidos (Mises, 1949: 499-500):

1) Utilización: Es posible que, en un golpe de suerte o habilidad, el bien de capital sea tan útil para el nuevo fin como lo era para el primero.

2) Subutilización: El bien de capital es útil para el propósito cambiado sin alterarlo. Pero, si se hubiera sabido que se usaría para el nuevo fin, no se habría dedicado tanto esfuerzo a producir ese bien de capital. Se hubieran fabricado, a menor costo, otros bienes que rendirían el mismo servicio.

3) Adaptación: Que sean útiles para el nuevo fin, pero solo después de ser sometidos a un ajuste o a una adaptación muy costosa. Se habría podido ahorrar este costo si se hubiera empezado desde cero apuntando al nuevo fin y no al primero.

4) Desperdicio: Puede ser que los bienes de capital se vuelvan totalmente inservibles para alcanzar el nuevo fin y que todo el esfuerzo gastado en ellos fue una pérdida.

Lamentablemente, en el mundo real, la opción 1) es la menos frecuente de todas. Los bienes de capital no son perfectamente convertibles para todos los fines. Pero puede ocurrir que la inversión pasada en un bien que apunta al objetivo A no se pierda. Pues el mismo también sirve para el fin B, que es al que hay que apuntar en las presentes circunstancias.

Las opciones 2) y 3) son muy comunes. Bajo las nuevas circunstancias, los bienes de capital anteriormente creados para otra coyuntura, o bien se infrautilizan o hay que someterlos a un costosa adaptación. En ambos casos hay una pérdida. Pero, al menos, no es total. En términos coloquiales, algo se puede "salvar de la quema".

La última opción 4) es la pérdida total. No se puede salvar nada. Al cambiar las circunstancias, el bien es inútil y no se espera que sirva. Sin ser lo poco frecuente que es el punto 1); sí suele ser menos común que los puntos 2) y 3).

Pero estas frecuencias de ocurrencia cambian durante un periodo de mala inversión sistemática inducida (el auge del ciclo económico). Durante este, muchos bienes de capital están muy avanzados temporalmente en las etapas y, por ende, son menos convertibles. Por lo que una parte importante devienen en inservibles para los nuevos fines de consumo. Otros deben ser readaptados pagando un gran costo. Algunos, aún siendo útiles, se producen durante el auge en una escala mucho mayor de la necesaria. Finalmente, una minoría, es probable que sirvan perfectamente para los nuevos fines de la estructura productiva más orientada hacia el consumo.

El problema de la convertibilidad ante cambios en fines, no es un asunto que afecta solo a los bienes de capital. También ocurre con los bienes de consumo final. Si alguien adquiere un bien para consumirlo y luego cambian las condiciones bajo las cuales se compra en primer lugar; el adaptar su uso a las nuevas circunstancias es un problema de convertibilidad (Mises, 1949: 501-02).

Por regla general, en cualquier proceso de producción determinado, mientras más cerca del fin se encuentre el actor, más difícil es la reconversión de los bienes de capital hacia otro fin (Mises, 1949: 500; Huerta de Soto, 1998: 224-26).

Por ejemplo, el caso de los lingotes de acero recién salidos del horno (etapa inicial del proceso productivo). Estos pueden ser convertidos a una variedad de fines: acero para autos o, si cambia la demanda, se pueden usar para barcos, estructuras de edificios, tornillos, etc. Pero un vez que se usan los lingotes para hacer una lancha (bien de consumo), y a su vez se descubre que los consumidores demandan autos en realidad; ya no se pueden recuperar. 





Huerta de Soto, Jesús (1998), Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Madrid, España: Unión Editorial S.A. 2009.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

sábado, 6 de junio de 2015

Sobre la mala inversión (II): Como ocurre


Ya hemos visto la definición de mala inversión y su importancia. Ahora que sabemos qué es, hay que examinar como ocurre.

Como explica Mises (1931), la mala inversión puede surgir de cinco maneras: 

1) No se anticipan mejores métodos de producción o localización: la construcción de una planta de producción está justificada en el momento de hacerla, pero, como luego surgen mejores métodos de producción o se descubren mejores ubicaciones, ya no es rentable. 

2) Se anticipan mal los posteriores cambios del mercado: la planta construida en su momento era rentable, pero ya no lo es debido a un cambio de los datos del mercado. Como, por ejemplo, una caída en la demanda que no es anticipada. 

3) Se anticipa mal directamente al mercado: la planta construida nunca fue rentable desde el inicio. Su construcción es una mala especulación. A diferencia del caso 2), donde la planta al menos era rentable al inicio y luego, por un cambio imprevisto, deja de serlo; esta es una inversión errónea desde el momento de empezar a hacerla

4) Depende de una intervención estatal: es posible que la inversión sea ruinosa desde el inicio, como el punto 3). Pero es llevada a cabo gracias a una intervención estatal que, al ser quitada, deja en evidencia que es un error haberla montado. 

5) Falsificación de cálculo económico: La especulación incorrecta del punto 3) ocurre porque se falsifica el cálculo económico monetario del empresario sobre la rentabilidad esperada de la inversión. La tasa de interés bruta de mercado artificialmente baja por una expansión del crédito (medios fiduciarios); hace rentable un proyecto que, en ausencia de la financiación barata, resulta ser en realidad inviable. Esto es lo que describe la Teoría Austriaca del Ciclo Económico.

Observen que los puntos comparten algo en común: todos tienen que ver con la anticipación de circunstancias futuras y en todos se yerra. La única diferencia es que en unos casos el error es humanamente inevitable (1), 2) y 3)) y en otros es inducido (4) y 5)). 

De hecho, se podría interpretar que los puntos 1) y 2) son solo dos aspectos de los fenómenos que mutan permanentemente y que hacen que una inversión previamente rentable deje de serlo. Siendo el punto 1) un cambio tecnológico y el 2) uno de la demanda.  

Dado que ningún empresario tiene previsión perfecta sobre el futuro, la mala inversión en el mercado, es decir, los puntos 1), 2) y 3); es algo puntualmente recurrente. Sin embargo, que ocurra todo el tiempo no implica que sea un fenómeno general. Malas inversiones sectoriales o puntuales por anticipar mal las condiciones del mercado, ocurren siempre. El mecanismo de beneficios y pérdidas, junto con las quiebras, son el sano proceso por el cual el mercado evita que las malas inversiones se expandan y sigan desperdiciando recursos de forma general. Las pérdidas y las quiebras de empresas, lejos de ser algo que parezca negativo, son la forma de liberar recursos productivos para que se reasignen a satisfacer las verdaderas necesidades de los consumidores en los negocios que dan beneficios. El mercado es un proceso donde hay beneficios y pérdidas, necesariamente abarca ambos (Mises, 1951). Los beneficios de las empresas indican que un desajuste en la economía es encontrado por los empresarios que mejor anticipan el futuro y además está siendo combatido. Muchos factores de producción están siendo subvaluados con respecto al precio del bien terminado.

Mientras mayores sean las pérdidas, más grande es la contribución del empresario al desajuste de la economía. Los emprendedores, al tratar de evitar las primeras, reducen el segundo al mínimo posible. Debido a que las mismas no solo reducen su posición en el proceso de producción, sino que también los pueden hacer salir del negocio completamente con una quiebra (Rothbard, 1962: 514-16). Aun asumiendo que el empresario se empeñara tozudamente en seguir manteniendo y aumentando sus pérdidas, contribuyendo al desajuste, el mercado se encarga de ponerle un límite. Primero, al reducir su influencia al mínimo al darle una cuota cada vez menor en la producción. Y, segundo, saca al inversor completamente del proceso productivo con la quiebra. El mecanismo continuo de pérdidas y ganancias, por lo tanto, evita que las primeras sean un fenómeno general.

Por lo tanto, el problema de una economía no son las malas inversiones per se, siempre las hubo y las habrá porque los humanos no pueden anticipar el futuro con completa certidumbre. Pero los incentivos del mercado las mantienen siempre a raya para que no se generalicen. 

El problema real, sin embargo, son las políticas que incentivan a que haya malas inversiones adicionales. Muchas más de las que hubieran existido sin la intervención. Ahí es donde entra el caso 4) y, en especial, el 5). Como correctamente explica Mises (1949: 391-92):
"El hombre no es infalible. Una cierta cantidad de mala inversión es inevitable. Lo que debe hacerse es evitar políticas que, como la expansión crediticia, fomentan artificialmente la mala inversión."




Mises, Ludwig von (1931), "Inconvertible Capital". En Mises, Ludwig von (1933), Epistemological Problems of Economics. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2003.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Mises, Ludwig von (1951), "Profit and Loss". Paper para Beauvallon, France: Mont Pèlerin Society. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2008. También incluido en Greaves, Bettina B. Ed. (1952) Planning for Freedom: Let the Market System Work. A Collection of Essays and Addresses. South Holland, Ill.: Libertarian Press. 1952. Indianapolis: Liberty Fund. 2008.

Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2004.

viernes, 5 de junio de 2015

Sobre la mala inversión (I): Definición


El fenómeno de la mala inversión (malinvestment) es uno de los aspectos más fundamentales de la Teoría Austriaca del Ciclo Económico (TACE). A tal punto que su ausencia en exposiciones de esta última, muchas veces implica una mala forma de explicarla. La mala inversión es clave para comprender los ciclos económicos desde el punto de vista de la Escuela Austriaca de Economía.

Comencemos con la definición, tomando algunos elementos de Greaves (1974): 

El término "mala inversión" significa invertir en líneas equivocadas de producción debido a una anticipación errónea del futuro estado de los datos del mercado y que inevitablemente lleva a desperdicio y pérdidas de capital.

La esencia definitoria de la mala inversión es esa. Es "equivocada" en el sentido de que se llevó a cabo (en el pasado) un curso de acción que, dadas las circunstancias de ahora (en el futuro), se descubre que es menos satisfactorio de lo que otro curso de acción (que en el pasado se consideraba peor) hubiera sido, pero no se realizó por hacer el ahora considerado erróneo.

Difícil, ¿No? Lo hagamos más fácil.

Realizaste el acto A que antes, en el momento de hacerlo, parecía lo correcto. Pero ahora descubres que tuvo malos resultados y fue un error. Te das cuenta que deberías haber realizado el acto B, que previamente no te parecía bueno. 

Por ejemplo, tu gato que quieres mucho se enfermó y un amigo te dijo que le dieras la medicina Y. Se la suministraste y debido a ello murió. Mientras lloras, te das cuenta que deberías haberle dado otra medicina o incluso, posiblemente, no haberle dado nada y dejar que se cure solo.

Los errores se cometen al momento de la elección, pero solo se revelan en el futuro. Siempre hay un lapso temporal, más corto o más largo, entre la elección errónea y el descubrimiento de que es una elección errónea.

Se deben distinguir, por lo tanto, dos momentos: 1) cuando se comete el error y 2) cuando se descubre que se ha cometido un error. Durante el momento 1), la persona (empresario, trabajador, etc.) cree que está logrando el fin más importante de los que puede conseguir (es la etapa de auge artificial). Mientras más tiempo pase antes de ser descubierto, más decisiones se toman en base este erróneo supuesto. La crisis es el momento 2), cuando se descubre que la decisión es un error. Se revela la extensión del daño que ocurrió en el pasado. Se gana la visión de las opciones reales que la persona enfrenta (Hülsmann, 1998).

La inversión es "mala" porque está equivocada, no es correcta. Es una inversión incorrecta tanto desde el punto de vista individual de quien invierte, pues obtiene pérdidas no deseadas, como desde el punto de vista de la sociedad, dado que se desperdicia escaso capital que pudo haber sido invertido en satisfacer otras necesidades más urgentes de la gente.

Es necesario el énfasis en la palabra equivocado o erróneo de la definición porque hace décadas que la TACE se describe como una teoría de "exceso de inversión" (overinvestment). Ello, en sentido agregado, es erróneo. Lo que ocurre en cualquier economía durante un periodo de auge general insostenible del ciclo económico es inversión en líneas equivocadas (mala inversión), no exceso de inversión general.

En cualquier momento dado, en cualquier economía en agregado, hay una cantidad X de ahorro, trabajadores, materias primas, productos semielaborados, capital fijo, etc. No se puede invertir X + 1. Es imposible emplear más de X, porque el "1" adicional no existe en ese momento.

El término "exceso de inversión" solo es correcto cuando se aplica: a) a empresas, sectores, industrias o líneas de producción particulares y b) en términos relativos (a la inversión es un sector particular que se hubiera realizado sin la distorsión-expansión crediticia). Dado que la TACE analiza el fenómeno general de una economía (el auge general, la depresión general, etc.), si se la denomina como una teoría de "exceso de inversión" se puede entender que el exceso de inversión es general. Lo cual no es, ni puede ser, correcto.

La mala inversión generalizada surge debido a precios relativos erróneos. Y son erróneos porque fueron afectados por la expansión crediticia artificial. La contracción luego de la expansión, tenderá a corregir esos errores (Sechrest, 2006).


Por último, la dilapidación de recursos es la consecuencia inevitable de la mala inversión. Los errores se pagan.





Greaves, Percy L. Jr. (1974) Mises Made Easier. New York: Free Market Books. Edición online en www.mises.org. Desafortunadamente, cuando la página del Mises Institute cambió su tradicional forma, la muy simple versión en HTML que existía (entre muchos otros recursos) se perdió y no ha sido "resubida" nuevamente todavía.

Hülsmann, Jörg G. (1998) "Toward a General Theory of Error Cycles". Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 1, No. 4, 1-23.

Sechrest, Larry J. (2006) "Explaining malinvestment and overinvestment". Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 9, No. 4, 27-38.

lunes, 16 de marzo de 2015

La expansión crediticia de los años 20


La Teoría Austriaca del Ciclo Económico requiere, como condición necesaria, una expansión crediticia (relativa a la que existiría en una economía no intervenida). Para poder explicar la causa del auge insostenible de los años 20s que terminó en lo que debió ser una recesión normal, pero que acabó siendo una Gran Depresión gracias a la interferencia del Estado; hay que demostrar que hubo una expansión del crédito durante la época del boom. Y, como veremos, la mayoría de las series históricas lo demuestran. El siguiente gráfico muestra la evolución de la oferta monetaria según diversos autores con junio de 1921 = 100.

Expansión monetaria durante los años 20 según autores, junio de 1921 = 100

Murray Rothbard (1963: 92, columna 7), para construir la oferta monetaria en el mejor estudio austriaco de la Gran Depresión que existe, utiliza los únicos datos disponibles de su época (los años 60s): los del Board of Governors (1943: 34). Cuyas cifras están limitadas a junio de cada año hasta 1923. Luego, aparecen disponibles también para diciembre. Por lo tanto, solo había números para dos meses al año. La oferta monetaria verdadera o austriaca de Rothbard muestra un incremento de 62 % entre 1921 y 1929.

Benjamin Anderson (1949: 134), en su excelente estudio del periodo, pone solo los datos de junio de 1922 y abril de 1928. Él nos informa que la oferta crediticia creció casi 44 % entre esos años.

Phillips; McManus y Nelson (1937: 105, columna 5) muestran sus números anuales y los puse en junio de cada año. Este es, junto con el de Anderson mencionado, el mejor estudio clásico de la Gran Depresión en Estados Unidos y concretamente muestra una expansión monetaria de 48 %. Como dato adicional, comentan que los depósitos de todos los bancos aumentaron 55 % entre junio de 1921 y diciembre de 1929, una tasa geométrica anual de 6 % (Phillips; McManus y Nelson, 1937: 83).  

Friedman y Schwartz (1963: 710-12, columna 9), usando diversos métodos de interpolación y estacionalidad, obtienen datos mensuales. Sin embargo, escogí los valores de su "M2" correspondientes a junio y diciembre respectivamente para cada año. Según el estudio clásico monetarista, la oferta monetaria aumentó 45 % en los años 20s.

Gordon (1986: 803-04) tiene datos trimestrales. Por ende, tomé el segundo y cuarto trimestre para el gráfico. Para este autor (junto con Balke), la oferta monetaria aumenta un 41 % desde 1921 hasta 1929.

En palabras simples, tomen la serie estadística que quieran, pero la expansión crediticia de los años 20s fue, como mínimo, de más de 40 %. Un crecimiento muy importante y más que suficiente para desencadenar un ciclo de auge y recesión económica como el explicado por la Escuela Austriaca.





Anderson, Benjamin M. (1949) Economics and the Public Welfare. Financial and Economic History of the United States. New Jersey: Van Nostrand. 

Board of Governors of the Federal Reserve System (U.S.) (1943), Banking and Monetary Statistics, 1914-1941. Washington, D.C. 

Friedman, Milton y Schwartz, Anna J. (1963) A Monetary History of the United States, 1867-1960. Princeton, NJ: Princeton University Press. 1993. 

Gordon, Robert J. (1986) The American Business Cycle: Continuity and Change. Chicago: University of Chicago Press. 

Phillips, Chester A.; McManus, Thomas F. y Nelson, Richard W. (1937) Banking and the Business Cycle: A Study of the Great Depression in the United States. New York: The MacMillan Company.

Rothbard, Murray N. (1963) America's Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000.