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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Milton Friedman sobre el verdadero Patrón Oro


Milton Friedman nunca se ha caracterizado por defender irrestrictamente el Patrón Oro sino al contrario, lo ha criticado por sus supuestos "altos costos" de recursos (Friedman, 2002 [1962]: 42). Sin embargo, Friedman (1976) luego admitiría correctamente cuál sería la forma de un auténtico Patrón Oro (traducción mía): 

Un real y verdadero Patrón Oro tiene muchas ventajas. Si tal patrón pudiera existir, sería uno en el que el oro fuera literalmente dinero y el dinero literalmente oro. En el cual las transacciones serían hechas literalmente en términos del propio metal amarillo o piezas de papel que fueran 100 por ciento certificados de almacén de oro. Bajo un Patrón Oro de este tipo, o uno ligeramente modificado, los gobiernos tendrían muy poca libertad de acción para adoptar política monetaria. 

Luego, también describía cómo posteriormente a 1914, y con el abandono del Patrón Oro Clásico, jamás se retornó a un verdadero Patrón Oro (traducción mía): 

El Patrón Oro que emergió luego de la Primera Guerra Mundial era mucho más débil de lo que supo ser antes y se debilitó todavía más luego de 1934. Era copiosamente endeble porque los gobiernos se estaban convirtiendo en criaturas muy diferentes. De ser elementos menores en la economía, con presupuestos pequeños y poca intervención, pasaron a jugar un rol cada vez mayor y a aceptar ser más y más responsables del curso de los eventos. 

Pasamos de un Patrón Oro real o, al menos, una aproximación a uno; a un sistema que he llamado un pseudo Patrón Oro, un Patrón Oro falso. Un sistema en el cual, en lugar del oro ser dinero y determinar la política del país, el oro era una mercancía cuyo precio era fijado por los gobiernos. En lugar de dejar que los flujos de entrada y salida de oro dominaran la política monetaria doméstica, era la política monetaria doméstica la que ahora determinaba qué ocurría con el precio del oro y con los flujos del metal. 

Sin entrar en discusión de cosas muy cuestionables sobre su artículo (por ejemplo, si es correcta o no su tesis de que no se puede ni es "deseable" retornar a algo similar al Patrón Oro Clásico hasta que el gobierno vuelva a ser 10 % del PBI y que reine el laissez faire), incluso el lider de la Escuela de Chicago reconoce que luego de 1914 solo se impusieron pseudo Patrones Oro (como el Patrón de Cambio Oro I y el Patrón de Cambio Oro II). 










Friedman, Milton (2002 [1962]), Capitalism and Freedom: Fortieth Anniversary Edition. Chicago: The University of Chicago Press.

Friedman, Milton (1976), "Has Gold Lost Its Monetary Role?". En Meyer, Feldberg; Kate Jowell y Stephen Mulholland Eds. (1976) Milton Friedman in South Africa. Cape Town and Johannesburg: Graduate School of Business of the University of Cape Town and The Sunday Times. 34-41.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Pseudo Patrones Oro: El Sistema de Bretton Woods (1946-1971)


Mientras que, terminada la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña impuso su inflacionario y manipulable pseudo Patrón Oro llamado “Patrón de Cambio Oro”; al finalizar la Segunda Guerra Mundial, llegó el turno de los norteamericanos. El nuevo Patrón de Cambio Oro impuesto en 1945 sería conocido con el nombre de “Sistema de Bretton Woods”, pues surgió de las conferencias en Bretton Woods, New Hampshire, en julio de 1944. Esta vez, el Patrón de Cambio Oro anduvo mucho mejor que el impuesto entre 1925 y 1931, pero aun así no era otra cosa que otro inflacionario y manipulable pseudo Patrón Oro. 

Para demostrarlo, volveremos a hacer lo que ya hicimos antes, fijarnos si cumple con las características esenciales de un auténtico Patrón Oro:

(a) El oro es el dinero. Por ende, no existen monedas distintas ni tipo de cambio fijo. El oro no es el dinero. En Estados Unidos desde 1933 estaba prohibido coactivamente que los ciudadanos tengan cualquier tipo de oro (monedas, bullion o certificados de oro). Única y exclusivamente los gobiernos y bancos centrales extranjeros pueden obtener bullion. Es un sistema de tipo de cambio fijo: el oro es comprado y vendido por la autoridad a un precio fijo de un dólar = 1/35 de onza o 35 dólares la onza. Los demás países y sus autoridades monetarias mantienen un tipo de cambio fijo con el dólar.

(b) Su cantidad está determinada por las fuerzas del mercado: la demanda y también la oferta. No existe peligro de que una nación no tenga suficiente dinero. El banco central goza del monopolio de la oferta monetaria. Puede incrementar la cantidad de circulante independientemente de la proporción a la producción o existencias de oro.

(c) La unidad monetaria es (de hecho y legalmente) definida en términos de peso de oro de una determinada fineza. Las reservas bancarias están completamente centralizadas en una agencia del gobierno (banco central) y se vende oro por dólares a un “precio fijado” a los bancos extranjeros. La unidad monetaria ya no es un nombre, sino que hay un precio fijado.

(d) Las notas de banco y depósitos a la vista son redimibles instantáneamente por oro a valor par. Los dólares, otras notas de banco y depósitos a la vista ya no son redimibles instantáneamente en monedas de oro, ni en bullion, ni en nada de oro para los norteamericanos a ningún valor. Solo se permite a los gobiernos y bancos centrales extranjeros, en bullion.

(e) Las monedas de oro, así como el bullion, circulan con total libertad junto con las notas de banco y depósitos (es decir, sustitutos monetarios). Dada la prohibición completa de oro para todos los ciudadanos, ni las monedas de oro ni el bullion son usados en los intercambios diarios. Circulan en su lugar las notas de banco de la Fed (dólares) y los depósitos denominados en ellas.

(f) Se permite funcionar correctamente lo que se conoce como mecanismo Flujo Precio-Especie. El mecanismo de flujo especie no funciona. Ya no hay proceso de reversión que detenga la expansión monetaria ni que equilibre la balanza de pagos. Inflación y desequilibrio crónicos.

Veamos en más detalle cada punto:

En cuanto a (a), básicamente el sistema de Bretton Woods es un nuevo sistema monetario internacional de divisas con tipo de cambio fijo basadas en el dólar.

Toda posesión de oro por parte de los estadounidenses quedó absolutamente prohibida con la Orden Ejecutiva 6102 del 5 de abril de 1933. En uno de los actos más ridículamente dictatoriales y criminalmente expropiadores de la historia humana, el presidente Roosevelt obligó a los ciudadanos norteamericanos a entregarle antes del 1 de mayo todo el oro que tuvieran en monedas, bullion y certificados de oro bajo multas de 10.000 dólares de entonces (¡¡¡Casi 186.000 dólares hoy en día!!!) o hasta 10 años de prisión o ambas si no cumplían. Todo el oro debía ser depositado en algún banco miembro de la Reserva Federal. A cambio, les darían dólares al precio de 20,67 dólares la onza. Por supuesto, luego esos dólares serían devaluados hasta 35 dólares la onza, aun cuando los ciudadanos no podían ir a adquirir oro ni por ese precio. Solo ciertas personas que por necesidad usaban oro en sus actividades podían conseguirlo, teniendo licencia y llenando papeleo. Por ejemplo, los dentistas adquirían oro únicamente para propósitos de ser utilizado en prestar sus servicios. Las personas ni siquiera podían tener oro fuera de Estados Unidos, en alguna cuenta en el exterior.

A diferencia del anterior sistema de Patrón de Cambio Oro, donde lo eran el dólar y la libra, esta vez únicamente el dólar es la divisa clave. Solo el dólar era directamente convertible en oro al precio fijo y previamente devaluado de 35 dólares la onza. Los únicos que podían convertir sus dólares a oro por ese precio eran las “instituciones oficiales” (bancos centrales y gobiernos extranjeros). Como ya se mencionó, los ciudadanos americanos no solo no podían convertir sus dólares a oro, sino que además hasta tenían prohibido si quiera poseer el metal.

Todas las demás divisas, podían ser convertidas en dólares a un tipo de cambio fijo aunque ajustable. Es decir, que las demás naciones y bancos centrales del mundo no tenían como reservas oro para “respaldar” sus monedas, sino dólares. Esa es una de las claves del sistema.

Además y punto (b), la Fed puede expandir la oferta monetaria con un enorme grado de discrecionalidad. Tenía mucha seguridad de que, a diferencia del Patrón Oro Clásico, los dólares que se acumularan en el exterior se quedarían allí, siendo usados como reservas para inflar la oferta de divisas de los bancos centrales extranjeros. En palabras simples, “[E]l dólar de Estados Unidos podía disfrutar del prestigio de estar respaldado por oro y al mismo tiempo no ser realmente redimible en el metal” (Rothbard, 1983: 250). Y es que, además, la inflación que realizara Estados Unidos podía ser “exportada” a los demás países. 

Es muy claro que la Fed podía expandir, había enormes incentivos para hacerlo y adquirió un margen de control de la oferta monetaria brutal. El mercado no determinaba la cantidad de dinero.

(c) Bajo el Patrón Oro Clásico, existían muchas “piscinas” (pools) con oro separadas unas de otras en el mundo, muchas veces en sus respectivos bancos centrales. Por otro lado, una de las características esenciales del sistema de Bretton Woods era propender a poner las reservas de oro del mundo en básicamente una sola gran “piscina”. Por supuesto que, afortunadamente, la centralización no fue completa y todavía quedaban varias reservas de oro en otros bancos centrales cuando el modelo colapsó en 1971. Pero bajo el sistema de Bretton Woods, únicamente un banco convertía sus notas (dólares) a oro: la Fed. Todos los demás bancos y bancos centrales, tendrían gran parte de sus reservas en dólares o convertirían sus respectivas notas a la divisa americana (Hülsmann, 2008: 217).

Debido a circunstancias históricas, Estados Unidos controlaba la mayor reserva de oro del mundo al inicio del sistema y, obviamente, ello fue uno de los factores que contribuyeron a que el dólar sea la “divisa clave”. Durante la Primera Guerra Mundial y mucho después, el país norteamericano se convirtió en un gran refugio para el oro europeo, lo que lo convirtió en uno de los dos países con mayor “piscina” de oro durante el primer Patrón de Cambio Oro (1925-1931). Terminada la Segunda Guerra Mundial, USA ya poseía la mayor reserva de oro vista en la historia. Dado el extraordinariamente grande stock de oro de Estados Unidos, podía perder reservas y el sistema “funcionar” (aguantar) por un periodo de tiempo más largo de lo normal.

En cuanto a (d), con lo explicado en el punto (a), es evidente que ni las notas de banco de la Fed (dólares) ni los depósitos denominados en ellas podían ser redimibles instantáneamente en ningún tipo de oro por parte de los ciudadanos norteamericanos. No solo no eran redimibles, sino que estaba “prohibido” que lo fueran, pues incluso poseer y atesorar oro era ilegal.

Lo que nos lleva al punto (e). Es evidente que, con la prohibición coactiva de poseer oro en cualquiera de sus formas para los ciudadanos americanos, el mecanismo fundamental de control interno de un genuino Patrón Oro queda inutilizado. Ya no es posible pedir que se rediman al instante las notas de banco o depósitos por oro y mucho menos atesorarlo. El “drenaje interno” de oro (internal drain, la pérdida de reservas de los bancos debidas al incremento de la conversión por parte de los clientes nacionales de las notas y depósitos en monedas de oro o bullion), que tiende a mantener a raya las aventuras expansionistas de los bancos, desaparece.

Al desvanecerse ese límite, el banco central y los bancos comerciales amplían el rango de expansión de medios fiduciarios que son capaces realizar. En el lugar del metal precioso circulan las notas de la Fed (dólares) como efectivo, las cuales, a diferencia del oro, se pueden crear.

Por último el punto (f) implica que al quedar anulado el dispositivo de “drenaje interno”, como vimos en (e), se pierde una parte fundamental del mecanismo de reversión clave de un auténtico Patrón Oro. Uno podría pensar que, al menos, queda el “drenaje externo” para tender a revertir las aventuras inflacionarias de Estados Unidos; sin embargo, tampoco es el caso.

Una de las características principales del Patrón de Cambio Oro en cualquiera de sus formas es que, de facto o de jure, la contra partida (el Activo) del balance del banco central que emite la divisa en circulación incluye, además de oro y deudas en moneda nacional, una gran parte de divisa extranjera convertible en oro. Como ya vimos, esas divisas extranjeras en el periodo del Patrón de Cambio Oro de 1925-1931 eran el dólar americano y la libra esterlina; pero en este caso, es únicamente el dólar americano. Esas divisas, aunque son propiedad de los bancos centrales extranjeros, permanecen depositadas en el país de origen (Rueff, 1972: 15-16). El banco central puede expandir la oferta monetaria no solo contra el oro y deudas denominadas en la moneda nacional, sino también contra dólares o deudas en dólares.

Los flujos que salen de Estados Unidos hacia un país bajo el sistema de Bretton Goods (Patrón de Cambio Oro 2) incrementa la oferta monetaria en el mercado receptor SIN reducir de ninguna manera la oferta monetaria americana. El banco central que obtiene los dólares emitidos, y hace que entren directa o indirectamente como sus reservas, los deja depositadas en el mercado de New York. Allí pueden, como antes, dar respaldo para expandir el crédito, dando préstamos a los nacionales (Rueff, 1972: 17-18).

Tal y como ocurría antes con el primer Patrón de Cambio Oro y las libras, el Sistema de Bretton Woods hace que el resto de los países piramiden sus respectivas ofertas monetarias sobre los dólares.

Si Estados Unidos expande su oferta monetaria, tiende a tener un déficit de balanza de pagos pues, ceteris paribus, los precios en el país americano suben por encima de los del resto del mundo y las importaciones aumentan mientras caen las exportaciones relativamente. Pero acá viene la clave de todo el sistema: lo que sale de Estados Unidos hacia los otros países no es oro, sino los dólares. Dólares que no vuelven a Estados Unidos a ser cambiados por oro, sino retenidos externamente para usarse para expandir oferta monetaria. USA recibe bienes y servicios reales del país exterior (importaciones) y cambio le da dólares. Los exportadores foráneos que vendieron a Estados Unidos van al banco central en su país y a cambio piden moneda doméstica. El banco central nacional imprime su divisa y compra los dólares. Por lo tanto, las ofertas monetarias y precios internos de ambas naciones (Estados Unidos y el país que le vendió bienes) crecen. En palabras simples, el Sistema de Bretton Woods tendía a crear inflación mundial.

En resumen, la Fed piramida sus notas (dólares) y depósitos (denominados en dólares) sobre sus (aumentadas) reservas de oro. Esas notas y depósitos son ulteriormente usados por los bancos comerciales como respaldo para piramidar sus depósitos. Y, a su vez, los depósitos en los bancos comerciales de Estados Unidos de los bancos centrales extranjeros son usados de respaldo para piramidar sus divisas y depósitos de la banca comercial de allá. Únicamente Estados Unidos redimía por oro los dólares o depósitos en dólares (Rothbard, 1983: 250).





Hülsmann, Jörg G. (2008) The Ethics of Money ProductionAuburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute

Rothbard, Murray N. (1983) The Mystery of Banking. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Rueff, Jaques (1972), The Monetary Sin of the West. New York: The Macmillan Company.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Pseudo Patrones Oro: El Patrón de Cambio Oro (1925-1931)


Enorme es la confusión siempre que se habla del Patrón Oro. Tanto historiadores como incluso economistas profesionales suelen expresarse sobre él genéricamente, como si el Patrón Oro de fines del siglo XIX fuera el mismo que el de entre guerras. En este post vamos a ver que hay diferencias brutales entre un verdadero Patrón Oro y el sistema impuesto entre la Primera y Segunda Guerra Mundial que ha sido denominado como Patrón de Cambio Oro.  

Luego de terminada la Primera Guerra Mundial, el mundo se encontraba en medio de un caos monetario puesto que, para desenvolverse en el conflicto bélico, la mayoría de los países habían abandonado el Patrón Oro Clásico. El sistema de flotación sucia de tipos de cambio que quedó luego de la conflagración global llevó a un desastre monetario en Europa. Las devaluaciones "competitivas" y emisión sin restricción de dinero causó hiperinflaciones en Alemania, Austria, Hungría, Rusia, Polonia, etc. Durante ese caos, se decidió que era necesario retornar de alguna forma al oro para paliar el desorden.

El origen del Patrón de Cambio Oro se encuentra en las conferencias de Génova de 1922. El objetivo de estas no era otro que intentar volver al Patrón Oro. Pero el retorno no sería al Patrón Oro Clásico, pues este constreñía demasiado la capacidad de expandir el dinero, sino a una versión distinta y más manipulable por parte de los gobiernos y bancos centrales.

¿Es el Patrón de Cambio Oro similar al Patrón Oro Clásico? ¿Es el Patrón de Cambio Oro un Patrón Oro auténtico siquiera? Para saberlo, veamos si el Patrón de Cambio Oro cumple con al menos las características mínimas de un verdadero Patrón Oro:


(a) El oro es el dinero. Por ende, no existen monedas distintas ni tipo de cambio fijo. Salvo por Gran Bretaña y Estados Unidos, en los demás países el oro no era el dinero, sino que ese lugar lo ocupaba la libra o el dólar. Y en Gran Bretaña tampoco el dinero era el oro por completo: se prohibió que circularan las monedas y el bullion solo se permitía a extranjeros. Es un sistema de tipo de cambio fijo tanto porque el bullion de países centrales (por ejemplo Gran Bretaña) se compra y vende a precio fijo y también porque los demás países tienen tipo de cambio fijo con la moneda reserva.


(b) Su cantidad está determinada por las fuerzas del mercado: la demanda y también la oferta. No existe peligro de que una nación no tenga suficiente dinero. Al permitir convertir las divisas solo en bullion (para extranjeros), se hizo posible incrementar el circulante independientemente de la proporción a la producción de oro.


(c) La unidad monetaria es (de hecho y legalmente) definida en términos de peso de oro de una determinada fineza. Las reservas en oro de gran parte del sistema bancario están centralizadas en una agencia del gobierno (banco central) y, por ende, estas se vendían a un "precio fijo" a los bancos. La unidad monetaria ya no es un nombre sino que hay un precio.


(d) Las notas de banco y depósitos a la vista son redimibles instantáneamente por oro a valor par. Las libras esterlinas, las notas de banco y depósitos a la vista ya no son redimibles instantáneamente en monedas de oro por parte de los británicos, ni en bullion (a los extranjeros con libras, sí).


(e) Las monedas de oro, así como el bullion, circulan con total libertad junto con las notas de banco y depósitos (es decir, sustitutos monetarios). Las monedas de oro no son usadas en los intercambios diarios. Solo se redimía bullion para transacciones grandes y para los extranjeros.


(f) Se permite funcionar correctamente lo que se conoce como mecanismo Flujo Precio-Especie. El mecanismo de flujo especie no funciona. Ya no hay proceso de reversión que detenga la expansión monetaria ni que equilibre la balanza de pagos. Inflación y desequilibrio crónicos.



Veamos más de cerca cada característica:

Sobre el punto (a) debe quedar claro que, bajo el Patrón de Cambio Oro, un país (en este caso Gran Bretaña, aunque también Estados Unidos) se queda en el Patrón Oro (su divisa libra esterlina es redimible por oro, no obstante solo bullion para extranjeros, o dólares) mientras el resto de los estados, aunque nominalmente bajo "Patrón Oro", realmente están bajo Patrón Libra Esterlina. Es decir, solo dos bancos (la Fed y el Banco de Inglaterra) cumplirían la tarea de banco central. Todos los demás bancos centrales nacionales mantendrían como reserva notas dólares americanos o notas libras esterlinas (ellas serían las "divisas clave"). Cualquier país europeo tendría como reservas para su divisa ya no oro, sino libras esterlinas (letras o depósitos pagables en libras en Londres) (Rothbard, 2002: 385). Por dar un ejemplo, cualquier español que fuera con pesetas al banco a pedir redención, recibiría libras en lugar de oro. Además, parte del acuerdo es que el resto de países europeos mantengan sus saldos en Londres y eviten usar su derecho legal a reclamar el oro (Rothbard, 2002: 386). A todos usos prácticos, el oro deja de ser el dinero.


Los demás países que usan la divisa clave como reserva, en lugar de oro en sí, tienen un tipo de cambio fijo respecto a ella. Más aún, en las naciones que sí están bajo Patrón Oro (Gran Bretaña y Estados Unidos), y gracias a la creciente monopolización de emisión de notas y centralización de reservas vía bancos centrales, el oro es comprado y vendido a un "precio fijo" en términos de divisa nacional (Salerno, 2010: 351). Por ende, existía a usos prácticos un sistema de tipo de cambio fijo.

En cuanto a (b), las notas de banco y libras esterlinas ya no son redimibles en monedas de oro, como sí lo solían ser en el Patrón Oro clásico, sino que ahora solo se cambian por barras de oro (bullion) a los extranjeros poseedores de libras. Las monedas que en el curso de las transacciones llegan al banco central no son vueltas a poner a circular, sino que son fundidas en barras. De esta forma, se quita de circulación buena parte de ellas. En la medida que se funden monedas en barras es posible para los bancos centrales sustituir el oro circulante por notas y depósitos en divisa en montos varias veces mayores a la cantidad de piezas de metal que previamente se movían en el comercio. En resumen, se incrementa la cantidad de objetos monetarios fuera de cualquier proporción a la producción actual de oro, así como muchas más cuentas por las ahora mayores reservas auríferas en el central, muy por encima de la producción de las minas.

Los bancos centrales adquirían un cada vez mayor porcentaje de la producción de oro de la minería desde 1914. Ya para 1931, retenían prácticamente todo. El oro de las minas iba directamente al banco central. Es precisamente en base a esas reservas en el banco central que el crédito era creado.

En síntesis, el banco central no solo tomó el oro directo de las minas, sino que además se apropió como reservas de gran parte del metal precioso que antes circulaba como monedas. Por ende, el banco central y el gobierno tienen ahora el control sobre la oferta monetaria y ya no el mercado (Phillips et al., 1937: 45-46, 49; Rothbard, 2002: 383).

Vamos al punto (c). Como ya se mencionó, la monopolización de la emisión de notas y la centralización de las reservas de oro llevadas a cabo por parte de bancos centrales controlados por el gobierno, dieron origen a la ficción de que esas notas y los depósitos de los bancos privados denominados en ellas ya no eran meras reclamaciones a dinero mercancía, sino dinero en sí. En ese momento, las notas y el oro se perciben como dos bienes distintos y, por ende, el banco central "compra" y "vende" el metal precioso a un "precio fijo" en términos de la divisa nacional. El oro es una "reserva" que "respalda" la oferta de dinero notas (Salerno, 2010: 351). 

En cambio, bajo un Patrón Oro auténtico, las divisas nacionales no existen como entidades independientes y distintas del oro (Salerno, 2010: 350). Con el Patrón Oro Clásico el dinero es el oro y la unidad monetaria es simplemente un (nombre para un) cierto peso del metal; mientras que, por otro lado, bajo Patrón de Cambio Oro el dinero es la divisa.

En (d) una de las características esenciales del Patrón de Cambio Oro es que tanto las notas del Banco de Inglaterra (libras esterlinas) así como los depósitos a la vista ya no serían redimibles en monedas de oro para los británicos. Solo se permitiría redimir las libras en bullion. Es decir, en barras de oro (de más de 400 onzas) que, al tener un valor mucho mayor que las monedas, se usaban para transacciones grandes. Pero ni siquiera eso era completo. Los residentes de Gran Bretaña tampoco podían adquirir oro bullion libremente, sino que solo se redimía a extranjeros tenedores de libras. Lejos de ser un verdadero Patrón Oro, era un "Patrón Oro Bullion Internacional" (Rothbard, 2002: 381-84). 

Cuando a un banco central se le da el monopolio legal o de facto para centralizar las reservas de oro del público, sus notas y depósitos ya no son tratados como títulos de propiedad inmediatamente redimibles al dinero verdadero guardado en sus baúles (oro). Como ya se dijo, ahora el oro entra en la categoría de "activos" del banco central que sirven como "reservas" para emitir notas y depósitos. Estas, a medida que pasa el tiempo, pasan a ser generalmente aceptadas como dinero en sí en lugar de ser lo que son en realidad: reclamaciones de dinero (Salerno, 2010: 504).

La característica (e) es muy importante. Como consecuencia de que las monedas de oro ya no circulaban en transacciones diarias de la gente en el mercado británico, uno de los mecanismos esenciales del verdadero Patrón Oro que restringía las expansiones desmesuradas de crédito quedó trunco. Aunque esto, per se, es más que suficiente para demostrar que el Patrón de Cambio Oro jamás fue ni podría haber sido nunca un verdadero Patrón Oro, vale la pena aclarar que ni siquiera los británicos podían al menos pedir bullion por sus libras. Solo los tenedores de libras extranjeros estaban habilitados.

La ausencia de monedas en circulación crea un obstáculo muy grande para el ciudadano ordinario tanto para pedir la redención de las notas o depósitos en oro, así como para el atesoramiento del metal.

Técnicamente en Estados Unidos todavía se podía redimir en monedas de oro. Sin embargo, los bancos ya no tenían reservas en monedas sino en notas de la Fed. Las reservas de oro fueron centralizadas en el banco central (la Reserva Federal) por ley en junio de 1917 y a los bancos se los incentivó a entregar notas de la Fed para redimir en efectivo los cheques y depósitos. Por lo tanto, muy poco oro circulaba para transacciones diarias en los años 20s incluso en Estados Unidos (Salerno, 2010: 573-74). Claramente, una intervención coactiva del Estado que terminó con una de las características centrales del Patrón Oro auténtico.

Finalmente, (f) es fundamental. El eliminar la circulación de monedas y bullion a los británicos no fue el mayor obstáculo para el funcionamiento del mecanismo flujo precio especie.


Antes, bajo Patrón Oro clásico, si Gran Bretaña inflaba la cantidad de libras provocaba un déficit de balanza de pagos que hacía que la divisa escapara fuera del país y cayera en manos de países extranjeros que pedían oro a cambio. El oro salía del banco central disminuyendo sus reservas, lo que provocaba una reversión y el abandono de su inicial política inflacionaria e incluso contraer el crédito. Con Patrón Cambio Oro la cosa era muy diferente. La expansión de libras, nuevamente, provoca un déficit de balanza de pagos y que estas se acumulen en manos extranjeras. Hasta allí, todo igual. Pero ahora viene el cambio radical: las demás naciones han sido "inducidas" (presionadas) a usar libras como reservas en lugar de utilizar el oro en sí. Las libras ya no vuelven desde el exterior a Gran Bretaña para reclamar el oro (deteniendo el intento inflacionario británico). Esas divisas ahora son guardadas y usadas por los países como reservas para expandir sobre ellas su propia moneda. Por ende, ya no hay reversión. Gran Bretaña aumenta su oferta monetaria y, sobre esa expansión, los demás países inflan la de ellos. Los británicos "exportan" su inflación al resto del mundo. Gran Bretaña podía continuar la expansión monetaria, su déficit acumularse y las demás naciones expandir sin mecanismo de reversión del mercado que los detuviera (Rothbard, 2002: 385).

Pero el vértice de la pirámide expansionista monetaria no tenía que ser solo la libra, pues también era redimible en dólares. Los americanos, asimismo todavía en el Patrón Oro, también podían participar de "catapulta inflacionaria". La Fed piramidaba su oferta monetaria de dólares sobre las reservas de oro, muchos de esos dólares creados iban hasta Gran Bretaña. El Banco de Inglaterra usaba esos dólares en reserva para piramidar un ulterior aumento de libras. Muchas de esas libras viajaban hasta países europeos, los cuales las usaban como reservas para piramidar sus respectivas ofertas monetarias. El dólar y la libra eran las "divisas clave", iniciadoras del proceso expansivo.

¿Podía continuar ello indefinidamente? Claro que no. A medida que se acumularan los desequilibrios en los demás países, la mínima pérdida de confianza llevaría al colapso. En 1931 llegó ese día: Francia venía reclamando oro a cambio de las numerosas libras que tenía desde 1927 y además la bancarrota de varios bancos en Europa llevó a los británicos a abandonar el Patrón de cambio oro completamente.

En conclusión, el Patrón de Cambio Oro no es ni jamás fue un Patrón Oro auténtico. No tenía ninguna de las características esenciales de un auténtico Patrón Oro. Por otro lado, el Patrón Oro Clásico sí las cumplía. Nunca hay que confundir ambos. Ni el Patrón de Cambio Oro era igual al Patrón Oro Clásico, y ni siquiera llegaba a ser un verdadero Patrón Oro. Solo fue un pseudo Patrón Oro.







Phillips, Chester A.; McManus, Thomas F. y Nelson, Richard W. (1937) Banking and the Business Cycle: A Study of the Great Depression in the United States. New York: The MacMillan Company.

Rothbard, Murray N. [Salerno, Joseph T. Ed.] (2002) A History of Money and Banking in the United States: The Colonial Era to World War II. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

sábado, 8 de octubre de 2016

Funcionamiento del Patrón Oro: los efectos de cambios en la demanda de oro


En un post anterior vimos que la oferta de oro respondía a cambios en los costos de producirlo. Ahora veremos que la oferta no es el único factor. Bajo un contexto de Patrón Oro, la cantidad de dinero también responde a fuerzas del lado de la demanda. Supongamos el caso de que, ceteris paribus, aumenta la demanda de dinero (monedas de oro, por ejemplo) por la razón que sea (mayor incertidumbre futura o por aumento del ingreso real/producción nacional). La consecuencia principal será, en principio, una caída de los precios de la economía. Entre ellos se incluyen los precios de los recursos empleados en la minería (Rueff, 1947: 242-43; Salerno, 2010: 345, 359). Al incrementarse la demanda de dinero, cae la demanda de todos los demás bienes y de los recursos que los producen.

Ahora vamos a analizar que modificaciones en la demanda de dinero provocan:

(1) A corto plazo, que el poder adquisitivo (precio) del dinero y la rentabilidad de producirlo cambie

(2) Como consecuencia de (1) y a largo plazo, que la producción de oro (dinero), así como su acuñación y emisión de sustitutos monetarios, cambie

(3) También debido a (1), cambia el valor y la disponibilidad de oro para usos de consumo y producción

(4) Desequilibrios en la balanza de pagos que cesan cuando la modificada demanda de dinero está satisfecha y el proceso de ajuste monetario se completa

Si un trabajador decide aumentar sus tenencias de dinero (manteniendo todo lo demás constante, incluida la demanda de dinero del resto de la sociedad); necesariamente su abstención de gastar tiene como consecuencia la disminución de las tenencias de dinero de otros miembros de la sociedad por debajo de lo que desean mantener (recordar que su demanda de dinero no cambió). Para volver a tener el efectivo (oro) atesorado que estiman correcto, estos últimos agentes deben ofrecer adicionales bienes y servicios a cambio de dinero. Es decir, que aumentan la oferta de bienes, sin gastar en otros, para así recuperar moneda. Esto provoca una tendencia a la baja de los precios de los bienes y servicios en términos de oro, así como también de los costos de minarlo (los factores de producción necesarios para extraer oro se consiguen a menor precio). Pero hay un precio que no baja, a pesar que todos los demás están cayendo: el precio del oro (Rueff, 1947: 242-50). Como ya notamos antes, este es fijo respecto a sí mismo y se valora a la par. Una onza de oro se cambia por una onza de oro siempre. Hay, por lo tanto, una transferencia de recursos desde las industrias donde los precios están bajando (consumo e inversión) por la abstención de gasto producto del atesoramiento, hacia las industrias donde los precios no bajan (extracción de oro). La producción de bienes de consumo o inversión cae y se expande la minería del bien metálico que se usa como dinero (oro o también la plata). 

Entre los bienes que bajan relativamente de precio están los elementos que entran en los costos de las mineras: explosivos y otros químicos, maquinaria e insumos necesarios para que funcionen (repuestos, gasolina, neumáticos, etc.), la cal, la energía eléctrica, el agua, los salarios del factor trabajo necesario para operar las maquinas, hacer ingeniería o geología, etc. Dado el precio fijo del oro, esta circunstancia impulsa la rentabilidad de las empresas extractoras, entre otras.

La producción de oro se vuelve relativamente más rentable respecto a producir otros bienes y servicios. Por ejemplo, una minera producía/extraía antes del cambio en la demanda de dinero, digamos, 100 onzas de oro al mes mientras pagaba un total de 95 onzas en salarios a los trabajadores y en precios de otros factores complementarios por esa producción mensual. Otorgándole un margen de beneficio de 5 onzas o un 5,3 %. Pero ahora, luego del aumento en la demanda de oro como dinero, los precios han caído hasta el punto de que actualmente la minera gasta 80 onzas por lo que antes pagaba 95 mientras continúa reportando ingresos por 100 onzas. Su margen pasó de 5,3 % hasta un 25 % con las 20 onzas que ahora gana. 

Ante esta nueva situación, los empresarios responden (a) incrementando la tasa de producción de las minas que ya operan, (b) reabriendo viejas minas previamente montadas y abandonadas porque al precio del oro anterior eran irrentables, (c) iniciando por primera vez la explotación de depósitos de oro submarginales ya conocidos pero nunca emprendidos por ser considerados muy costosos y (d) aumentando la inversión en buscar nuevas fuentes de oro desconocidas y también en desarrollar novedosos métodos menos onerosos de extracción. Y todavía más que eso, el mayor valor monetario del oro le da a los agentes incentivos para reasignar cantidades adicionales de oro desde su uso en consumo e industria hacia empleo dinerario (Salerno, 2010: 345, 359).

Por lo tanto, el incremento de la demanda de dinero metálico inicialmente, a corto plazo, se satisface con un aumento del poder adquisitivo de la unidad monetaria. Es precisamente eso lo que al mismo tiempo produce una gradual expansión de la oferta dineraria que tiende a, en el largo plazo, satisfacer la aumentada demanda de dinero del resto de la sociedad y contrarrestar la declinación inicial de precios restaurando el poder adquisitivo (Salerno, 2010: 345, 359). La caída de precios y el consecuente traslado de factores productivos destinados a aumentar la oferta de dinero metálico continúan mientras la causa (la insuficiente tenencia de efectivo actual con respecto a la deseada) persista. El aumento de la demanda de dinero, traslada mano de obra desde la producción de bienes de consumo e inversión donde no se necesitan; hacia la producción de metal que es monetizado para satisfacer la necesidad de dinero de la gente (Rueff, 1947: 243-44). 

Y aun en el caso extremo de que se agotara todo el oro a minar, los agentes tienen serios incentivos para usar su función empresarial en buscar otro sustituto próximo cuya producción sí se pueda ampliar. Los empresarios y la gente seleccionarán otra mercancía que pueda ser usada como dinero. Por ejemplo, se moverán desde el oro a producir plata. Y si la plata se agotase también, podrían pasar a, digamos, el cobre, etc. 

Incluso es posible suponer que el país es incapaz de producir oro o plata porque no tiene ninguna mina. En ese caso, puede satisfacer su mayor demanda de dinero metálico exportando bienes y servicios de consumo o de inversión a cambio del requerido oro. Dado que la demanda monetaria por bienes de consumo e inversión cae por el no gasto debido a la incrementada tenencia de saldos de tesorería, esos bienes liberados pueden venderse a otros países a menor precio para conseguir dinero metálico. El país exporta más mercancías, servicios y activos financieros al resto del mundo mientras importa menos. Los factores desempleados del sector consumo e inversión, entonces, encuentran empleo en industrias de exportación (Rueff, 1947: 245). De esta forma, oro (dinero) adicional fluye hacia el país a través de un superávit de balanza de pagos incrementando la cantidad de dinero. Vender (exportar) bienes, activos financieros y servicios a países que sí tienen minas de oro o que sin tenerlas están dispuestos a entregar la moneda que tienen porque les urge demandar productos, se puede considerar una forma, un tanto indirecta, de “producir” o conseguir metal precioso. 

El exceso de demanda de dinero en una nación implica un superávit de balanza de pagos a medida que los agentes desean incrementar sus tenencias de efectivo aumentando lo que venden (exportando más) y disminuyendo lo que compran (importando menos). Es decir, al desear mayores saldos de tesorería, los agentes tienden a exportar más bienes, servicios y activos que antes e importar menos durante el tiempo necesario para adquirir el efectivo adicional. Que la gente dentro del país haya dejado de demandar bienes para retener más dinero no implica que en el mercado mundial también cayó la demanda (Salerno, 2010: 170; Hayek, 1937: 353). La oferta de oro mundial se distribuye entre los países de acuerdo a las demandas de saldos de tesorería de los individuos habitantes de cada nación. A largo plazo, y descontando modificaciones en el stock global aurífero, las transferencias netas de oro de un territorio a otro ocurren solo por cambios en la demanda relativa de dinero entre ambos. No hay ninguna razón para que el oro se apile excesivamente en un lugar y haya carestía en otro, pues cada agente se encargará de no permitir que sus saldos de tesorería excedan o estén por debajo de lo que estima necesario en vista de su ingreso y riqueza (Salerno, 2010: 390-91).

Al aumentar los deseos de dinero, su poder adquisitivo (precio) tiende a ser mayor de lo que sería en otra circunstancia y es precisamente ello lo que pone inmediatamente en funcionamiento los incentivos para producir más dinero y moderar la caída de precios. Cualquiera sea la razón por la cual los agentes desean tener más liquidez, en la media en que el incremento de la demanda de dinero se esparce de un agente a otro, pone sucesivamente presión a la baja sobre los precios. Aun asumiendo que ciertos precios son “rígidos a la baja” o no se ajustan inmediatamente y ello provoca un exceso de oferta (desempleo) en algunos bienes de consumo, de capital y trabajo; el proceso de ajuste continua. El exceso de oferta de esos recursos significa que están disponibles para la minería, lo cual puede reducir sus costos aun sin bajas nominales. La empresa minera, por ejemplo, puede ahora conseguir dos trabajadores por mismo el precio que pagaba uno antes o el doble de horas alquiladas de maquinaria por el mismo precio de alquiler. Tanto el efecto precio como el efecto cantidad estimulan producción de metal precioso (Garrison, 1985: 64).

La propensión a la baja de los precios como consecuencia del aumento de poder adquisitivo de la unidad monetaria debido al actual exceso de demanda de dinero, tiende también a facilitar el ajuste de determinados otros precios. Por ejemplo, dado que los precios de los bienes y servicios han caído o están cayendo, es más sencillo renegociar a la baja salarios nominales en la industria minera u otras pues sus salarios reales pueden permanecer iguales. Esa disminución nominal reduce los costos de los productores de dinero. Aun bajo el supuesto de que ciertos precios son “rígidos”, el sistema da incentivos para ayudar que se coordinen.

No solo la minería es incentivada, también lo es el servicio de certificación y acuñación de monedas metálicas. Luego de producido el mayor atesoramiento de dinero, el valor de las monedas de oro ha aumentado relativamente y además la demanda de recursos para producir los demás bienes que no son dinero ha caído. El precio de los insumos de las empresas encargadas de la acuñación disminuye mientras el del producto que acuñan y su demanda sube. Como consecuencia obtienen mayores beneficios y, concomitantemente, aumentan su producción de servicios de certificación. A medida que producen y ofrecen más, su precio cae. Además, al incrementar la demanda por recursos los precios de estos suben. La tasa de beneficios que en un principio es alta, es a la larga reducida para ulterior producción (Herbener, 2012). Junto a las mineras, esto emplea recursos y factor trabajo adicional. 

Hay que tener en cuenta que, debido a que se cambia según peso, todas las formas de oro pueden potencialmente ser dinero. Un collar, un anillo, un reloj, un diente o cualquier ornamento de oro puede, aparte de su utilización exclusiva como bien de consumo o producción, ser usado como medio de intercambio. El problema es que la forma que adopta el oro en esos usos podría no ser la más conveniente o adecuada para los intercambio. Sin embargo, existe la posibilidad de fundirlos nuevamente para hacer barras bullion o, con más trabajo, acuñarse en monedas para ser usadas correctamente como dinero. Por supuesto, cambiar el oro de una forma a la otra consume recursos, en especial pasar desde bullion a monedas; fundir las monedas u otras cosas para hacer bullion suele ser menos caro (Rothbard, 1962: 33). 

Al aumentar la demanda de dinero metálico oro, se vuelve más rentable y atractivo transformar bienes ornamentales, así como insumos de producción dorados usados para esos y otros productos, en bullion o monedas. Esta oferta se suma a la de la extracción minera para satisfacer la creciente demanda. Además, esas actividades generan demanda de trabajo y otros recursos complementarios en fundición y todo el procesado del metal.

Por seguridad o conveniencia los agentes tal vez pueden desear mantener sus aumentados saldos de tesorería metálicos en los bancos. Si estos últimos producen certificados de dinero (sustitutos monetarios completamente cubiertos por dinero que equivalen a títulos de propiedad sobre un monto), su rentabilidad también aumenta. A diferencia de los medios fiduciarios, producir certificados de dinero es un negocio costoso y riesgoso aunque al menos insertado en el ámbito de cálculo económico monetario*. Los bancos, en estas circunstancias, producen y mantienen cuentas corrientes si los clientes que las usan están dispuestos a pagar honorarios que generen ingresos suficientes para cubrir los costos de administrarlas. Al incrementarse la demanda por cuentas corrientes, los bancos ofrecerán más para intentar captar los beneficios. Al aumentar la oferta de servicio de cuentas corrientes, los honorarios que cobran tienden a bajar. Además al demandar más recursos para administrar la mayor cantidad de cuentas hacen subir sus precios. Los beneficios extraordinarios caerán con la adicional producción de cuentas corrientes (Herbener, 2012).

En resumen, el aumento de la demanda de dinero metálico (oro, plata, etc.) se satisface o acomoda (1) a corto plazo ajustando al alza su poder adquisitivo y (2) a largo plazo incrementando gradualmente su cantidad. Cuán fuerte va a actuar cada uno de los dos factores dependerá de las condiciones de oferta de la industria minera (Garrison, 1985: 64) o capacidad exportadora. 

Los recursos (mano de obra, bienes de capital y usos de la tierra) liberados o desempleados desde el consumo y la inversión por el aumento de la demanda de dinero mercancía, encuentran empleo en: (a) principalmente minería y extracción, (b) industrias de exportación, (c) fundición, acuñación y certificación, (d) sector bancario administrando cuentas adicionales. Por supuesto, el empleo no se tenderá a expandir exclusivamente en estas actividades, sino también en ramas que surgen alrededor de ellas. Es falaz pensar que, en un régimen monetario respaldado con algún metal, al disminuir el gasto en consumo e inversión para demandar dinero necesariamente no hay más o no hay suficientes oportunidades de empleo.

Por otro lado, una caída de la demanda de dinero produce, mutatis mutandi, efectos inversos. La suba general de precios consecuente, eleva los costos de producción de las mineras. A medida que los beneficios de las compañías extractoras de oro caen, la tasa de producción anual se reduce. Minas antiguas y submarginales se abandonan, se deja de invertir en buscar nuevas y las actuales funcionando reducen su tasa de producción. Esa misma elevación de precios se transmite a todos los insumos industriales, incluyendo el oro, por lo que se incentiva a reasignar unidades de metal precioso desde los saldos de tesorería (demanda de dinero) hacia los usos de consumo o industria. Los factores se trasladan desde la producción de oro (las minas) hacia las industrias de consumo y de inversión. Eventualmente, a largo plazo, la oferta monetaria se contrae contrarrestando el efecto de corto plazo inicial de suba de precios, reestableciendo así el poder adquisitivo de la unidad monetaria (Salerno, 2010: 345, 359-60).

Irónicamente el Patrón Oro es el único sistema monetario contra el cual se usan dos argumentos contradictorios entre sí para criticarlo. Algunos dicen que el esfuerzo de minar oro usa demasiados recursos (monetaristas) y, por tanto, es un sistema con mucho desperdicio. Otros afirman que, por el contrario, utiliza demasiados pocos recursos (keynesianos) y, consecuentemente, deja muchos recursos desempleados.





*El hecho de si, como indica Mises, la libertad bancaria y un patrón dinero mercancía tendería a eliminar tanto la emisión de medios fiduciario como también la de certificados de dinero (Salerno, 2012) no entra en este post.



Garrison, Roger W. (1985) “The ‘Costs’ of a Gold Standard”. En Rockwell, Llewellyn H. Jr. Ed. (1985) The Gold Standard: An Austrian Perspective. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. Año 1992, pp. 61-79.

Hayek, Friedrich von (1937) Monetary Nationalism and International Stability. En Hayek, Friedrich von [Salerno, Joseph T. Ed.] (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Herbener, Jeffrey M. (2012) “Written Testimony by Jeffrey M. Herbener Professor of Economics Grove City College Before the Subcommittee on Domestic Monetary Policy and Technology Committee on Financial Services U.S. House of Representatives”.

Rothbard, Murray N. (1962) The Case for a 100 Percent Gold Dollar. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. Año 2001.

Rueff, Jacques (1947), “The fallacies of Lord Keynes’ General Theory”. En Hazlitt, Henry Ed. (1960) The Critics of Keynesian Economics. Irvington-on-Hudson, New York: The Foundation for Economic Education, Inc. Año 1995, pp. 238-63.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2012) “Ludwig von Mises as Currency School Free Banker”. En Hülsmann, Jörg G. Ed. (2012) Theory of Money and Fiduciary Media. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, pp. 95-125. También en Procesos de mercado: revista europea de economía política. Vol. 9, No. 2, pp. 13-50. Año 2012.