jueves, 12 de febrero de 2015

La Gran Depresión en USA, 1930-31: La intervención en los salarios

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"Si todo lo posible se hace para prevenir que el mercado cumpla su función de balancear oferta y demanda, no debería sorprender que una seria desproporción entre ambas persista, que mercancías permanezcan sin vender, fabricas estén ociosas, muchos millones desempleados, que la miseria e indigencia estén creciendo y que finalmente, a raíz de todo esto, el radicalismo destructivo sea rampante en la política."

Ludwig von Mises (1931)


Ese pasaje de Mises resume muy bien la visión austriaca de la Gran Depresión: La política intervencionista del gobierno con los salarios a principio de los años 30s fue el factor causante principal (aunque no el único). Esa explicación ha sido confirmada por el análisis económico moderno como el del economista Lee Ohanian (2009). Ohanian comenta y demuestra, en paralelo con los austriacos, que esta política es el evento único más importante que precipitó la Gran Depresión.

La intervención estatal de los salarios

a) Ni bien ocurrió el crac de la bolsa en los últimos días de octubre de 1929, el Presidente de Estados Unidos desde marzo, Herbert Hoover, se puso a actuar inmediatamente. En noviembre convocó a los "capitanes de la industria" (los mayores empresarios industriales de la época, Ford, el presidente de la Standard Oil, de la cámara de comercio, DuPont, etc.) a una serie de reuniones en la Casa Blanca para "convencerlos" de que no bajaran los salarios o los redujeran menos que el costo de vida (Anderson, 1949: 220-21; Rothbard, 1963: 209-14; Ohanian, 2009). Afortunadamente tenemos acceso al comunicado de prensa que en una parte dice: 
"El Presidente fue autorizado por los empleadores que estaban presentes en la conferencia de la mañana para declarar de su parte que no van a iniciar ningún movimiento para reducir salarios, y que su mayor recomendación es que esta actitud debería persuadir a todo el país. Consideraron que, más allá de las consideraciones humanas, el poder de consumo del país será mantenido."
Veamos como se comporta del desempleo luego de la primera reunión.

NBER y FRED II
¿Por qué los empresarios "sedientos de ganancias" seguirían el consejo de Hoover? Porque básicamente fueron chantajeados. Si no mantenían sus salarios, el Presidente Hoover no iba a protegerlos de los sindicatos. En esos momentos, las empresas eran muy temerosas de los gremios (expropiaciones, huelgas para apropiarse de ganancias de capital, la mucho mayor prima por estar en el sindicato, etc.) y de las decisiones de la corte muy favorables a ellos y sus políticas (Ohanian, 2009; Baird, 2011). También eran temerosos de las acciones que la Casa Blanca pudiera tomar contra ellos (Horwitz, 2011). Muchas de esas políticas sindicales habían sido impulsadas y firmadas a leyes por el propio Hoover. Como secretario de comercio (1921-28), Hoover impulsó legislación (como la Railway Labor Act) que incrementó la probabilidad de organización sindical y aumentó su poder de negociación (Ohanian, 2009; Rothbard, 1963: 199-207). Claramente había serios incentivos y amenazas para los empresarios. Difícilmente puede decirse que seguir el pedido de Hoover fue algo completamente "voluntario" en muchos casos.

b) Incluso Hoover prohibió la inmigración por decreto para ayudar tanto a mantener los salarios altos como a solucionar el problema del desempleo. Los inmigrantes que "trabajaban por salarios bajos" desde Europa cayeron en un 90 % en unos meses (Rothbard, 1963: 243-44; Horwitz, 2011). Esto no debería extrañar dado que para Hoover: "[N]o muchos años atrás, el empleador consideraba que era de su interés usar las oportunidades que dan el desempleo e inmigración para bajar salarios" (Ohanian, 2009). El 9 de septiembre de 1930, el Presidente realmente pretendía decididamente prohibir por ley toda posterior inmigración para "salvar" empleos y mantener salarios altos. Evitando de esta manera que las fuerzas del mercado global establezcan los salarios.

c) Por si todo eso fuera poco, en marzo de 1931 Hoover firma la Davis-Bacon Act para aumentar aún más la intervención estatal de salarios y mantenerlos altos. Según esa ley todos los proyectos de construcción financiados o asistidos por fondos federales debían pagar los "salarios imperantes" (es decir, los salarios por encima del mercado de los sindicatos) y limitaba horas. Cerrando el paso completamente a la mano de obra no sindicalizada, en especial inmigrantes y no-blancos, en la construcción y además elevando el costo para los contribuyentes que ya estaban en una muy mala posición (Horwitz, 2011). 


Claramente Hoover estaba bajo la ilusión de la extremadamente falaz teoría del poder adquisitivo. El Presidente hizo todo cuanto pudo para mantener el "poder adquisitivo de los salarios reales" de los trabajadores. Como la mayoría de los intelectuales y políticos de la época, Hoover creía que si las principales empresas bajaban salarios, los trabajadores no tendrían poder adquisitivo para comprar los productos. 


Los austriacos reconocieron en su momento que esto era claramente un error con consecuencias terribles. Mises destaca lo pernicioso de ello en 1931 (Mises, 1931). Lionel Robbins en 1934 (Robbins, 1934: 69-72) reportaba que esta política implicaba que el consumo se mantenía a expensas del capital. Anderson (1949: 220) sabe que tuvo resultados no satisfactorios.


Como señala Vedder y Gallaway (1987) es cierto que los salarios terminaron bajando, la política de Hoover no podía seguir para siempre. Pero lo que fue definitivamente importante eran los momentos en que decrecían los salarios. La intervención estatal de Hoover impidió que los salarios se ajustaran rápidamente desde el inicio, exacerbando el desequilibrio e incrementando la severidad de la depresión (Vedder y Gallaway, 1987). Entre 1929 y gran parte de 1930, en promedio, los salarios industriales nominales (por hora) prácticamente no se movieron.

Las consecuencias nocivas de no permitir que los salarios se ajusten

Como consecuencia de que los precios de los bienes y servicios caían en el mismo periodo por la recesión, los salarios reales (el salario nominal ajustado por precios) aumentaban. Primero modestamente y luego ampliamente a medida que la depresión se profundizaba (Ohanian, 2009). La subida de salarios reales se debe, claramente, al mantenimiento constante o no caída proporcional de los salarios mientras los precios de los bienes se desplomaban. Esto se observa en el siguiente gráfico:

Ohanian (2009)
La forma de ver que este episodio de los años 30s es radicalmente diferente a los anteriores, es compararlo con una crisis importante previa. En la recesión de 1920-21 los salarios se ajustaron brutalmente a la no menos brutal caída de precios (recuerden que la caída de precios de 1920-21 fue más profunda que la de los años 30s). El ajuste de salarios y precios fue completamente diferente en 1920-21 que en la Gran Depresión. Durante la recesión 1920-21 los salarios eran mucho más flexibles (Caplan, 1996). En el gráfico de abajo se puede ver el salario real ajustado por productividad y la cantidad de empleo para los periodos 1920-22 y 1929-32. Es claro como el ajuste a la baja de los años 20s hace que el empleo vuelva a crecer. Mientras el ajuste abortado de los 30s hace que se pierda empleo todo el periodo.

Vedder y Gallaway (1987)
Vedder y Gallaway (1987; 1993) tienen el tino de ajustar los salarios reales con los cambios en la productividad. La caída de la productividad es importante porque es otro factor a tener en cuenta (Vedder y Gallaway, 1993: 14-16). Un decrecimiento en la productividad del trabajo disminuye la demanda por ese factor. Es cierto que los salarios nominales anuales promedio terminaron bajando (27 % entre 1929-33, similar a los precios). Sin embargo, esa disminución fue insuficiente para contrarrestar el efecto combinado de 1) la caída de precios y 2) la baja en la productividad (Vedder y Gallaway, 1987). Por dar un ejemplo simple: si los precios caen 8 % y la productividad 4 %, entonces los salarios nominales deben caer, como mínimo, 12 % para que el salario real ajustado no suba. Además de que la caída tardía de salarios no compensa los momentos en que debieron haber bajado. Por ejemplo, a principios de 1930.

Es esencial entender que precisamente el mantener los salarios por encima de sus niveles de mercado durante el primer año tuvo consecuencias nefastas que hundieron la economía los años siguientes. Los salarios artificialmente altos provocados por el gobierno tuvieron efectos secundarios que explican la caída brutal de la Gran Depresión. Cuando se mantienen los salarios sin variar mientras al mismo tiempo caen los demás precios y la productividad, las empresas sufren una demoledora reducción de beneficios. Observen los siguientes gráficos. En uno se muestran los beneficios antes de impuestos y no distribuidos. En el otro, los beneficios netos de todas las empresas en USA. Noten como se destruyen, e incluso a veces se vuelven negativos, entre 1930 y 1931.


FRED II y FRED II
FRED II
Para mediados de 1930 eso fue lo que ocurrió. Según Vedder y Gallaway (1987), los beneficios empresariales antes de impuestos cayeron 63 % entre 1929 y 1930, las ganancias no distribuidas pasaron desde 2.820 millones de dólares en 1929 a un negativo 2.613 millones de dólares en 1930. A mitad de 1929 menos de 6 % de las empresas perdían dinero, en el tercer trimestre de 1930 era el 29 % y la mayoría de las que quedaban no cubrían el pago de dividendos. Los beneficios en el segundo trimestre de 1930 eran menos de la mitad de nueve meses antes (Vedder y Gallaway, 1987).

Esa destrucción de beneficios provocó problemas financieros. Las emisiones de nuevo capital se desplomaron a menos de la mitad. El precio de las acciones (que en mayo de 1930 eran mayores que noviembre de 1929) se desplomó 36 % llegando a fines de 1930. Una caída mayor que el crack del 29 (Vedder y Gallaway, 1987).


Eliminar así los beneficios empresarios, tiene un efecto destructivo descomunal. La reducción brutal de ganancias implica menor demanda de acciones de la empresa. Esa disminución de demanda causa que la deuda corporativa sea menos atractiva. Por la incapacidad de las empresas de pagar sus deudas con su flujo de caja, el riesgo de prestarles aumenta enormemente. La prima de riesgo de los préstamos a empresas se dispara. Lo que Bernanke (1983) llama el "costo de intermediación crediticia" (el costo de canalizar fondos de los ahorradores a los prestatarios) se comienza a disparar. A ello se suma el hecho de que los balances deteriorándose provocan que la deuda corporativa tenga peor nota. La prima de riesgo en bonos empresariales subió más de 100 puntos en 1930 y todavía más en 1931 (Vedder y Gallaway, 1987).


Como si todo lo anterior fuera poco, la destrucción de los beneficios empresariales tiene otro efecto nocivo. Los ahorros caen en picada junto con las ganancias así como también lo hacen los fondos prestables. El ahorro cayó un brutal 40 % entre 1929 y 1930 y otro 47 % en 1931. Una baja de 68 % en 1929-31. Casi el 90 % de la destrucción del ahorro entre 1929 y 1930 es atribuible a la caída de las ganancias no distribuidas de las empresas. Mientras que solo causó la mitad del desplome del ahorro en 1930-31. 30 % de la caída se debió al financiamiento del déficit del gobierno. La bestial baja del ahorro contribuye a que la tasa de interés real aumente así como el costo real de financiamiento para las empresas que encima están en mala situación (Vedder y Gallaway, 1987).


Es muy importante notar que la reducción de los beneficios empresariales comenzó antes de las crisis bancarias. El ratio deposito/moneda aún en octubre de 1930 era relativamente alto. El miedo de los depositantes no se manifestaba todavía. Pero para octubre de 1930 los beneficios retenidos de las empresas ya eran negativos y las primas de riesgo asociadas con los préstamos corporativos ya estaban altas y en crecimiento (Vedder y Gallaway, 1987).


El colapso de los beneficios corporativos causa el deterioro del valor de mercado y calidad de los préstamos a las empresas. Disminuyendo así gran parte del valor neto de las instituciones financieras. A medida que los agentes se daban cuenta de que los activos de los bancos perdían valor, los depositantes  iban a retirar su dinero. Lo cual llevó a las corridas bancarias. La hipótesis tentativa de 
Vedder y Gallaway es muy convincente y soportada por muchos datos: La crisis bancaria fue la consecuencia del desajuste del mercado laboral. Los pánicos bancarios no fueron la causa de la profundización de la Gran Depresión y del desajuste en el inicio (Vedder y Gallaway, 1987). La tesis monetarista no es tan correcta, en este sentido. Observen como la oferta monetaria M1 y M2 según Friedman y Schwartz (1963: 712-13) cae muy poco, 4 % y 1 % respectivamente entre enero de 1929 y octubre de 1930 antes del primer pánico bancario que empieza en noviembre. Mientras tanto la producción industrial se desploma 23 % (Ohanian usa las horas industriales trabajadas per cápita en el mismo gráfico y caen aún más), lo que indica que la depresión ya estaba en marcha antes de la contracción monetaria severa.

Friedman y Schwartz (1963: 712-13) y FRED II
De hecho, Wicker (1996: 30-32) demuestra que el primer pánico bancario de noviembre de 1930-enero de 1931 fue solo regional y no una crisis nacional. Sin efectos macroeconómicos nacionales importantes.

Por supuesto que la caída de la oferta monetaria por la crisis bancaria y la segunda ola de deflación de precios que provocó mientras los salarios no caían en la misma medida y además luego de que ya las empresas estaban arrasadas por la destrucción de beneficios; fue un factor de agravamiento. Pero la historia no es tan simple como culpar a la caída de la oferta monetaria o a la deflación por la Gran Depresión. La causa iniciadora principal del cataclismo al comienzo y lo que hizo que la "contracción monetaria" posterior tuviera efectos más devastadores de lo que hubieran sido, fue la política de salarios del gobierno


Lo que explica esa gran y persistente no-neutralidad del dinero al contraerse (efectos reales sobre la producción y el empleo) es precisamente la falta de flexibilidad de los salarios (Ohanian, 2009). Rigidez provocada por la intervención estatal. Lo que no dejó actuar normalmente a las fuerzas del mercado de la forma en que actuarían para deshacer esa no-neutralidad monetaria, fue un factor exógeno y estatal (Ohanian, 2009). La contracción monetaria per se, que hizo desaparecer un tercio de la cantidad de dinero, no fue la causa principal del problema. Fue el impedir que salarios y costos se ajusten a la relación dineraria alterada. Como demostró la recesión de 1920-21, los salarios pueden adaptarse a deflaciones tanto o más importantes que la de la Gran Depresión. La causa no fue la deflación monetaria sino la rigidez salarial inducida por el gobierno.


La causa de la profundización de la Gran Depresión no fueron solo los pánicos bancarios. Estos son importantes luego de mitad de 1931. El segundo pánico bancario de abril-agosto de 1931 también fue regional y no nacional (Wicker, 1996: 72). La depresión en el sector industrial comenzó más profunda y severa de lo normal desde el inicio. Y lo hizo desde el principio porque la intervención en el mercado laboral del sector industrial fue inmediata. Las horas trabajadas y la producción industrial mensuales caen 20 % desde fines de 1929 hasta junio de 1930. Y casi 40 % en finales de 1931 (Ohanian, 2009).


Ohanian (2009) demuestra con un modelo de crecimiento que el programa de Hoover para mantener los salarios artificialmente altos explica 18 % de la caída del PBN real desde el cuarto trimestre de 1929 hasta el mismo de 1931. Es decir, las políticas de intervención en los salarios de Hoover son responsables de 2/3 de la Gran Depresión hacia finales de 1931.


Como señalaba correctamente Mises en 1931, el Estado hizo todo lo posible para mantener el precio del factor trabajo (salarios) artificialmente alto y evitó que este balancee oferta y demanda. 
Horwitz (2011) es muy certero al señalar que la política de salarios altos de Hoover es un ejemplo claro y contundente de que 1) el Presidente no tenía la más mínima fe en las fuerzas correctivas del mercado y 2) de su voluntad contundente de usar el poder del gobierno para combatir la depresión. Hoover no fue un presidente que "dejó hacer al mercado", ni tampoco "dejó que el mercado caiga", ni fue un "liquidacionista". Sino un convencido intervencionista cuyas acciones provocaron la mayor catástrofe atribuida sin ninguna justificación al capitalismo.



Anderson, Benjamin M. (1949) Economics and the Public Welfare. Financial and Economic History of the United States. New Jersey: Van Nostrand.

Baird, Charles W. (2011) "Freeing Labor Markets by Reforming Union Laws". CATO Institute.

Bernanke, Ben S. (1983) "Non-monetary Effects of the Financial Crisis in the Propagation of the Great Depression". NBER Working Paper No. 1054.

Caplan, Bryan (1996), "Wage Adjustment and Aggregate Supply in the Depression of 1920-1921: Extending the Bernanke-Carey Model". Princeton University.

Friedman, Milton y Schwartz, Anna J. (1963) A Monetary History of the United States, 1867-1960. Princeton, NJ: Princeton University Press. 1993.

Mises, Ludwig von (1931), "The Causes of the Economic Crisis: An Address". En Greaves, Percy L. Jr. Ed. (1978) The Causes of the Economic Crisis: And Other Essays Before and After the Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2006.


Horwitz, Steven (2011), "Herbert Hoover: Father of the New Deal". Cato Institute Briefing Papers. No. 122.

Ohanian, Lee E. (2009) "What - or who - started the great depression?". Journal of Economic Theory. Vol. 144, No. 6, 2310-2335.

Robbins, Lionel (1934), The Great Depression. Freeport, New York: Books for Libraries Press. 1971.

Rothbard, Murray N. (1963) America‘s Great Depression. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2000. 

Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell E. (1987) "Wages, Prices, and Employment: von Mises and the Progressives". Review of Austrian Economics. Vol. 1, No. 1, 33-80.

Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell E. (1993) Out of Work: Unemployment and Government in Twentieth-Century America. Oakland, Calif.: The Independent Institute. New York University Press. 1997.

Wicker, Elmus (1996) The Banking Panics of the Great Depression. Cambridge, UK: Cambridge University Press. 2004.

1 comentario:

  1. Este artículo toca más palos (no solo los salarios) aunque de manera mucho menos profunda. Creo que puede complementar.

    http://m.libertaddigital.com/opinion/autores-invitados/la-gran-depresion-48058/

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